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HISTORIA
POLÍTICA Y MILITAR
DE LAS
RlPBBLlCiS DÍL PlíTi
DESDE EL AÑO DE 1S-2S DASTA ti, D8 1866
POR ANTONIO DÍAZ
PARTE TERCERA — TOMO VÍU
><i"«*l.*^ •.
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^^7
r-- .
MONTEVIDEO
IMPRENTA DE lEL SIGLO» CALLS 25 DE MAYO NUMERO 58
1878
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TOMO VIH
CAPITULO I
OOIVCLUYE KL OAflTUtiO AXTKHIOIí
BASES PARA LA PACIFICACIÓN DEL RIO DE LA PLATA PRESENTADAS
POR LAS POTENCIAS MEDIADORAS ( 1 )
Montevideo, Agosto 18 do 181G.
Los Gobiernos de S. M. la Reina de la Gran Bretaña y de S. M.
el Rey de los Franceses, han lomado en consideración las pro-
posiciones hechas por el General Rosas á los plenipotencinri ?>
de las dos potencias como base de pacificación de la Ropnblici
Argentina y Oriental, con fecha de 26 de Octubre de 4843. Apio-
ciando la solicitud que espresa el General Rosas para el resta-
blecimiento del orden y de la paz, y la vuelta á las buenas
relaciones comerciales que hasta aqui han unido á las dos
Repúblicas, con los Gobiernos de Inglaterra y Francia, estos
sintiendo no poder acojer tales proposiciones en su forma pre-
sente, no tienen sin embargo ninguna vista interesada, y no
teniendo otro desoo que ver seguramente establecida la paz e.i
los Estados del Plata, tales como están reconocidos por los tra-
tados : confiados también en el deseo espresado por el General
( 1 ) Estos importantes do(!?imcntos lian sido traducidos do !a versión
oficial publica<la oii las Cortos d(í Inglaterra y Francia.
yola del autor. -
■dtf^síi.u.
4 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
Rosas de cooperar al restablecimiento de la traaquiliJad, con
arreglo á los principios de justicia y de equidad, han acordado
de concierto las proposiciones siguientes, con el objeto de
llegar k un arreglo completo y definitivo de las diferencias
actuales.
h. El General Rosas reunirá sus esfuerzos á los de las dos
potencias, á efecto de obtener una suspensión inmediata de
las hostilidades entre las fuerzas orientales de la ciudad de
Montevideo, y, las que ocupan la campaña. Aceptación del Go-
bierno de la República del Uruguay — primera base — El Go-
bierno de la República asociado anteriormente á todas las ten-
tativas hechas por los representantes de las potencias mediado-
ras ó por sus almirantes para obtenerla suspensión de hostili-
dades, y ha hecho esfuerzos repetidos aunque infructuosos,
para obtener el cambio de los prisioneros y la regularizacion
de esta guerra cruel. Acepta pues esta base con satisfacción ;
y no solamente hará todo lo que dependa de él para que el ar-
misticio se realice lo mas pronto posible, pero todavía propone
al mismo tiempo, la de estenderla á todos los puntos del terri-
torio donde existen fuetizas sometidas á su autoridad.
2"*. Establecido el armisticio los plenipotenciarios inglés y
francés reclamarán del Gobierno de Montevideo el desarme in-
mediato de la lejion estranjera asi como el de los demás estran-
geros armados que forman la guarnición de Montevideo, ó que
p:iedan estar en armas en toda otra parte déla República Orien-
tal.
3^. Al mismo tiempo que se ejecute el desarme, el General
Rosas hará evacuar todos los puntos del territorio Oriental,
por la totalidad de las tropas argentinas, oficiales y soldados
segunda y tercera.
Segunda y tercera bases — Las instrucciones de los Gobier-
nos mediadores á sus Plenipotenciarios, y las notas reiteradas
de estos habían presentado la evacuación del territorio Oriental,
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 5
por las tropas argentinas por nna medida esenciafmente prea-
lable que debía preceder toda negociación para el restableci-
miento de la par. En ese pensamiento, varias Teces espresado,
el Gobierno aceptó la mediación en el momento en que le filé
propuesta. Sin embargo, la evacuación del territorio no forma
mas que una de las bases de la negociación. Por otra parle el
desarme de los extranjeros del cual no se habla en las instruc-
ciones de los Gobiernos mediadores, sino en las notas de sus
plenipotenciarios, no habla sido prometido según los últimos
documentos, sino después, r como consecuencia de la evacua-
ción ,- V hov, ella debe tener iuijar inmediatamente y al mismo
tiempo que esle. — En fin, esas mismas notas de los plenipo-
tenciarios no se ocupaban sino del desarme de sus nacionales
respectivos, mientras que ahora es cuestión de desarme de to-
dos los extranjeros.
Sin embargo, el Gobierno de la República acepta la 2* y laíi^
proposicioií en todo su contenido como habría aceptado las pro-
posiciones precedentes, lisonjeándose que ios señores pleni-
potenciarios pensaran quesería conforme al principio de reci-
procidad exijir del Jefe délas fuerzas sitiadoras (]ue al mismo
tiempo que se desarmen los estrangeros que están al servicio
del gobierno, se proceda á desarmar otros estranjeros, no ar-
gentinos, que sirven en las filas de Oribe. Parece que se puede
con justicia dar esle senlido anterior de segunda base que pres-
cribe el desarme de los cstraníícros no solamente e.i Montcvi-
deo, sino en todo el territorio de la llej)ública. En ese número
se encuentran particularmente los subditos españoles ipie el
(ieneral Oribe conserva á su servicio, á pesar de las rochimíicio-
nes del Encargado de Negocios de S. M. C. cuando el Gobierno
ha licenciado todos los que estaban á su servicio e:i el momento
en que eso se le exigió. Esta medida de reciprociihid, tan justa
en sí misma, hubiera sin duda influido de una manera especial
como prueba de la imparcialidad de las potencias mediadoras, si
6 HISTOBU POLÍTICA T MILITAR
ellas hubiesen sido exactamente informadas de la composición
de los ejércitos belíjerantes.
4*". En el momento en que la legión extranjera y demás ex-
tranjeros residentes en Montevideo hayanse desarmado, y que
las tropas argentinas hayan sido retiradas del territorio de la
República Oriental, el bloqueo de Buenos Aires se levantará, la
Isla de Martin García será evacuada, los buques de guerra ar-
gentinos serán devueltos armados tan pronto como sea posible
en el mismo estado en que estaban cuando fueron tomados.
El pabellón de la República será saludado con veinte y un
cañonazos y todos los buques mercantes con sus cargamentos se-
rán restituidos de una y otra parte á sus propietarios respec-
ti vos.
Cuarta base — El Gobierno acepta esta proposición no so-
lamente á causa de las garantías que ella le ofrece, para la eva-
cuación de su territorio, sino por la obligación que ella le
impone de evacuar la isla de Martin García:
o."* La navegación del Paraná será reconocida navegación in-
terior de la Confederación Argentina, y sometida solemnemente
á sus leyes y reglamentos mientras que la República continué
ocupando las dos riberas de dicho rio.
6."* Es plenamente admitido y recenocído que la República
Argentina está en posesión y goce incontestable de todos los de-
rechos sean de paz ó guerra, que pertenecen á un Estado inde-
pendiente; si el curso de los acontecimientos que han tenido
lugar en la República Oriental ha puesto á las potencias aliadas
en la necesidad de interrumpir momentáneamente el ejercicio
de derecho de guerra de parte de la República Argentina que los
principios por los cuales ellas han obrado, hubiesen sido
en circunstancias análogas aplicables á la Gran Bretaña y á la
Francia.
Quinta y sesta bases — El Gobierno no tiene ninguna diGcul-
tad en dar su aceptación plena y entera á esas dos bases, cuyo
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 7
cobtenido no le concierne. En cuanto á los principios que se
encuentran establecidos en ellas no son sino el reconocimiento
de la soberanía nacional que existe de la misma manera en la
República del Uruguay.
7.' Cuando el desarme de las tropas extranjeras de Montevi-
deo tenga lugar, y las tropas argentinas hayan evacuado el terri-
torio Oriental, se procederá por la Presidencia de este Estado
auna nueva elección según las formas proscriptas por la Cons-
titución. Esta elección será hecha libremente y sin presión de
ninguna parte que sea, declarando anteriormente el General
Oribe que admitirá el resultado.
Sétima base — £1 Gobierno de la República acepta esta base
con toda la fuerza de su mas vivo reconocimiento. Por obtener
lo que ella establece se ha derramado mucha sangre, y so han
impuesto muy dolorosos sacrificios en esta República.
Cuando llegue el momento tan deseado de su ejecución, el
Gobierno tendrá gran cuidado de dar órdenes conformes á la
institución y á la ley electoral, para que se proceda á la nueva
elección en las formas prescritas, con toda la libertad necesaria,
y libre de la presencia y de la intervención de toda fuerza armada.
Es del caso hacer notar aqui á los señores plenipotenciarios,
que después de un trastorno como el que el pais ha sufrido es
imposible esperar que la paz que se celebre sea sólida y durable
si el nuevo Gobierno creado por consecuencia de esta elección,
no se encuentra sostenido por la garantía estipulada de las dos
potencias que concurran ásu creación, y que tienen interés en
que se consolide, á fin de que las circunstancias que motivaron
su intervención no se renueven.
8.® Una amnistía general y completa, se proclamará, con toda
la seguridad para las personas y las propiedades, con el olvido
del pasado. Los derechos de los extranjeros serán respetados,
y sus reclamaciones lejitimas, de cualquier naturaleza que sean
admitidas. Pero esta amnistía no impedirá que los emigrados
8 BISTORU política T IflUTAft
ai^entinos residentes en Montefidteo íf&e pnedao espareir justas
sombras al Gobierno de Baenos Aires y eomprMieter b iMiena
armonía entre ambas RepúbKcas, sean trasportados á sn elec-
ción al puerto extranjero mas vecino 6 transferidos bajo buena
escolta á lagares citados sobre la costa ó sa Tecindad en cnal-
qnier otro lugar del interior que ellos pudiesen designar.
Octava base — La amnistía general j completa sin ninguna
restricción para las personas j propiedades, y el olvido mas
sincero de todo el pasado, no son para el Gobierno sino la con-
firmación de su doctrina, y la aplicación de una disposición
lejislativa, que se ha apresurado á proponer á la Asamblea Ge-
neral el 11 de Agosto de 1845, anunciando la mediación de las
dos potencias — - En cuanto á los derechos y á las reclamación
nes lejítimas de los extranjeros, el respeto mas inviolable es
una ley de la nación y el principio de su Gobierno.
d."" Cuando .el General Rosas y el General Oribe hayan dado
su adhesión á las estipulaciones que preceden, si el Gobierno
de Montevideo rehusa licenciar las tropas extranjeras, y parti-
cularmente desarmar las que hacen parte de la guarnición de
Montevideo, ó retardasen sin necesidad la ejecución de esta
medida, los plenipotenciarios declararán que han recibido la
orden de cesar toda comunicación ulterior, y se retirarán en
consecuencia, en el caso en que sus recomendaciones y su
desempeño quedasen sin efecto.
En ese mismo caso sin embargo, ellos deberán antes de re-
tirarse obtener del General Oribe la promesa oflcial de una
plena amnistía como queda dicho, así como las garantías para
la seguridad de los estrangeros que habitan sea la ciudad, sea
la campaña por todas las eventualidades ulteriores que pudieran
presentarse.
[Firmado] — • Guizot.
Barón Deffaudis.
Es copia conforme.
París, 3 de Mayo de I&16.
DK LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 9
Noveno. £1 Gobierno Oriental considera, qae esta l!>ase no liga-
ra en el proyecto síeó como una garantía para que elGobierno de
Buenos Aires acepte las que preceden ; porque el Gobierno de
la República, ha aceptado ya hace mucho tiempo las que le
coociemen en este proyecto, y por consecuencia él debe sola-
mente decir con respecto á esta noiena base, que no tiene apli-
cación ; ni cree que ella pueda tenerla, desde el momento que
se tiene la certeza, de que la ejecución estricta, fiel y leal de
todas tas otras, no sea interrumpida en su parte por actos que
puedan ser reprobados con justicia, y que por consiguiente las
consecuencias de esta estipulación son aceptadas, si la estricta
y leal ejecución de las precedentes hiciese necesaria su recla-
mación. \
Montevideo, Agosto 27 do 1846.
Es copia conforme.
Firmado — Francisco Magariítos.
•
Como se vé, pues, el primero de estos articulos parece que
hiciese completo abandono de un punto establecido por las
negociaciones seguidas hasta entonces. Es decir, que el General
Rosas era el autor y el principal instigador de esta guerra. Pero
no era así : por el contrario, el nuevo tratado declaraba, no que
debiese cesar inmediatamente toda hostilidad, sino que se
uniría y ají taria en combinación con las dos potencias para obte-
ner la suspensión de las hostilidades entre las fuerzas dé la
ciudad y las de la campaña, cambiando así el carácter de la
guerra, en el de guerra civil entre los dos partidos de la Repú-
blica Oriental é introduciendo esta ficción como base sirviendo
también de llave á los demás artículos.
Un inconveniente resultaba sin embargo de esta hipótesis y
era reconocer en el General Oribe el carácter de principal beli-
gerante, cerca del cual el General Rosas no aparecía sino como
aliado. De ahí resultaba la necesidad de comprender al General
10 HISTORIA POLÍTICA Y MlLITAk
Oribe en las negociaciones^ io que introducía nuevas dificulta
des desde que el General Rosas no cesaba de reconocer á Oribe
como Presidente legal de la República Oriental ; calidad que le
habia sido constantemente negada por las potencias mediado-
ras. La consecuencia natural de estas bases ficticias era faltar
al objeto propuesto en los otros artículos, porque aunque aque-
llos fuesen aceptados en apariencia por el General Rosas con
algunas modificaciones (la suspensión del bloqueo) al mismo
tiempo que el establecimiento del armisticio, esta aceptación
se hacia condicional, mediando la de Oribe. El General Rosas
decia : « los principales artículos no me conciernen personal-
« mente ni se relacionan con el Estado que jo represento : ellos
« atañen mas bien al General Oribe como mandatario de jure
« del Uruguay. » Desde que toda negociación era imposible con
Oribe, esta no tuvo ningún resultado y las cosas quedaron en
el statu quo. En tal situación ningún cambio tuvo lugar : con-
tinuó el sitio de Montevideo por el General Oribe y el bloqueo
de Buenos Aires por las escuadras combinadas.
Los Gobiernos de Francia é Inglaterra resolvieron hacer toda-
vía un esfuerzo, y en consecuencia en el mes de Abril del año 47,
el Conde Walewski, partió de Inglaterra con instrucciones para
negociar una vez mas sobre las bases que habia dejado estable-
cidas Mr. Hood, y en caso necesario arreglar una convención
militar con el General Oribe. Véanse cuales fueron los resulta-
dos. Después de nuevos esfuerzos para encaminar la negocia-
ción. Lord Howden concluyó por declarar que la intervención
de la Gran Bretaña habia cesado en el Rio de la Plata, retirán-
do en seguida los buques que bloqueaban á Buenos Aires, y
dejando á la Francia entender sola en la cuestión, sin la inter-
vención de la Inglaterra, según conviniese mejor á sus intereses.
Debemos esponer, sin embargo, en algunas lineas, las princi-
pales circunstancias que se agregaron á esta negociación fraca-
sada, apoyándonos en lo posible en los documentos que hablan
DE US REPCBLICAS DEL PLATA 11
por si mismos y á los que oportunamente dedicaremos algunos
comentarios.
Apenas llegado al Rio de la Plata Lord Howden se dirijió á
Buenos Aires, sin detenerse en Montevideo. El conde Walewski y
el almirante Lepredour habian desembarcado en Buenos Aires
el7 de Mayo, y ellO llegó el plenipotenciario inglés ; los dos
Ministros entablaron sus negociaciones desde ell 1 , haciendo
conocer al Gobierno Argentino el objeto de su misión — La car-
ta dirijida por Lord Howden al Ministro Arana, está concebida
en estos términos : « El abajo firmado, par del Reino Unido de
« la Gran Bretaña é Irlanda, caballero de varias órdenes, coro-
ne nel del ejército de S. M. B., enviado extraordinario y Ministro
< Plenipotenciario cerca de la corte de S. M. el Emperador del
« Brasil, y en estos momentos encargado de una misión especial
« cerca de la Confederación Argentina y de la República Orien-
te tal del Uruguay, ha recibido orden de su Gobierno, de infor-
« mar á S. E. el señor D. Felipe Arana, Ministro de Relaciones
« Exteriores de la Confederación Argentina, que, á consecuencia
« de la aceptación por todas las partes interesadas, de los arti-
ce culos que forman las bases de pacificación presentada por
4( Mr. Hood, los Gobiernos de la Gran Bretaña y de la Francia,
« tomando en consideración el único obstáculo que impedia la
« ejecución plena de este arregto, han resuelto de común acuer-
« do acceder á la demanda hecha por los Generales Rosas y
« Oribe, levantando en consecuencia el bloqueo en ambas ribe-
« ras del Plata, y estableciendo al mismo tiempo un armisticio
4( con la suspensión bonafide délas hostilidades entre los héli-
ce jerantes. Al hacer esta notificación á S. E. el Sr. D. Felipe
« Arana el abajo firmado rueg:i á S. E. quiera tener la bondad de
« señalarle el momento mas próximo para poder ponerse en re-
« lacion con él, á fin de que el presente arreglo sea acordado y
4( ejecutado inmediatamente. »
Firmado — Howden.
Buenos Aires, 18 de Mayo de 1847.
<2 H1ST0«U POLÍTICA T MILITAR
V
Como medida pretíminar k)s plenipotenciarios pidieron la
suspensión de las hostilidades entre los beligerantes por medio
de la intervención de los Jefes de las escuadras, arribándose
ett consecuencia á una convención que faé firmada.
La primera conferencia sobre el arregfo principal tuvo lugar
eM3 de Mayo, y el 14 los plenipotenciarios dirijieron al señor
Arana su proyecto de arreglo concebido en estos términos :
CONVENCIÓN PABA LA PACIFICAGiaN DEL PLATA
A nombre del Gobierna Francés y
A nombre del Gobierno de la Gran Bretaña por una parte ;
A nombre del General Rosas, Gobernador de la Provincia de
Buenos Aires encargado de las Relaciones Exteriores de la Con-
federación Argentina, y . . . .
A nombre del General Oribe, calificándose Presidente provi-
sorio de la República Oriental del Uruguay por la otra ;
A nombre de D. Joaquín Suarez Presidente provisorio de la
República Oriental del Uruguay en tercer lugar ;
Se ha convenido en los artículos siguientes, cuyo objeto es
poner fin á las hostilidades que tienen lugar desde algún tiempo
en el Rio de la Plata y los paises vecinos, y de confirmará la
República Oriental del Uruguay, en el goce de su independen-
cia, que todos los contratantes desean mantenerle por la pre-
sente convención.
Art. 1.® Desde el momento que la presente convención sea
firmada por todas las partes contratantes, se suspenderán inme-
diatamente todas las hostilidades en mar y tierra entre las
citadas partes, suspendiéndOvSe en el acto el bloqueo.
Art. S.** La legión extranjera así como todos los demás extran-
jeros armados que forman la guarnición de la ciudad de Monte-
video, (V(|ue estén en armas en cualquier otra parte de la
República Oriental, serán inmediatamenle desarmados, y los
comandantes de las ftierzas navales de Francia é Inglaterra
DE LAS REPaSLICiS DEL PLATA 13
autorizados y obligados á asegurar el camplimieaio de esta
disposición,
Art. 3.** Los Generales Rosas y Oribe se obligan á retirar
inmediatamente de todos los puntos del territorio Oriental la
totalidad de las tropas Argentinas que existen en él.
Art. 4.** Los buques de guerra argentinos serán inmediata-
mente restituidos al Gobierno Argentino, en el mismo estado si
es posible en que se encontraban cuando fueron tomados : la
isla de Martin García será también restituida al Gobierno Argen-
tino : todos los cañones y banderas tomados por cada una de
las partes serán también restituidos á los que hayan sido toma-
dos, y todos los buques mercantes apresados, así como sus
cargamentos, serán devueltos en todas partes ásus propietarios
primitivos.
Art. 5." Los rios Paraná y Uruguay serán reconocidos como
aguas interiores, cuya navegación está sometida á los derechos
territoriales, que según la ley general de las naciones son apli-
cables á las aguas interiores.
Art. 6.° Queda plenamente admitido y reconocido que la
República Argentina y la República Oriental del Uruguay que-
darán positivamente en la |)osicion incontestable y el ejercicio
de todos los derechos sea de paz sea de guerra que posee toda
nación independiente, y si la marcha de los acontecimientos
que han tenido lugar en la República Oriental, ha puesto á las
potencias aliadas en la necesidad de ocasionar una interrupción
momentánea al ejercicio del derecho de guerra de la República
Argentina, queda formalmente admitido, que los principios por
los cuales las dos potencias han obrado, habrían sido aplicables
en iguales circunstancias ya sea á la Inglaterra, ya á la Francia.
Art. 7.** Después de operado el desarme de las tropas extran-
jeras en Montevideo y que las de la República Argentina hayan
evacuado el territorio Oriental, se procederá á una nueva elec-
ción para Presidente de esta República, según las formas pres-
14 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
criptas persa Constitución. Esta elección será libre, sin presión
de ambas partes, y el General Oribe declara por el presente
acto que acepta el resaltado de dicha elección.
Art. 8.** Se publicará una amnistía general y completa, por
ambos Gobiernos, de Buenos Aires y Montevideo, con entera se-
guridad para la vida y las propiedades, así como el olvido del
pasado. Los derechos de los extranjeros serán igualmente res-
petados y sus acciones legítimas admitidas, de cualquier natu-
raleza que ellas sean.
En fé de lo cual los infrascritos debidamente autorizados por
sus respectivos Gobiernos firman y sellan la presente.
El 28 de Mayo se propusieron algunas modificaciones á estos
artículos: un contraproyecto apoyado por una memoria fué
presentado á los plenipotenciarios por orden del General Ro-
sas. Su Ministro el señor Arana sostenia que aquel proyecto,
estaba de todo punto conforme á las bases presentadas por M.
Hood y aceptadas por tocias las partes — Véase ese documento.
CONVENCIÓN DE PAZ PROPUESTA POR EL GENERAL ROSAS PARA LAS
I
REPCBLICAS DEL RIO DE LA PLATA
Art. 1°. El Gobierno Encargado de las Relaciones Exteriores
de la Confederación Argentina, consiente en la suspensión in-
mediata *de las hostilidades entre las fuerzas Orientales déla
ciudad do Montevideo, y las de la campaña, desde el momento
en que esta convención haya sido firmada y ratificada por S. E.
el Presidente D. Manuel Oribe.
2". Establecido el armisticio con el consentimiento de S. E. el
Presidente D. Manuel Oribe SS. EE. los plenipotenciarios de la
Gran Bretaña y de la Francia, e?L¡jirán del Gobierno de Monte-
video, el desarme inmediato de la legión estranjera, y de todos
los estranjeros que hayan podido tomar las armas y que hagan
parte de la guarnición de la plaza de Montevideo, y que subsis-
ten armados en todo otro punto de la República Oriental.
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 15
S"*. Ai mismo tiempo que tenga lugar la ejecución del articu-
lo precedente, el Gobierno Encargado de los Negocios de la Con-
federación Argentina hará retirar de todos los puntos del ter-
ritorio Oriental las tropas de Buenos Aires, oñciales ó soldados,
al momento que su aliado el Presidente D. Manuel Oribe haya
firmado y ratificado la presente convención, la cual contendrá
una estipulación espresa para su consentimiento á esta medida.
í"". El bloqueo de Buenos Aires se levantará al mismo tiem-
po que tenga lugar la suspensión de las hostilidades, é inme-
diatamente después la legión y demás estrangeros de Monte-
tideo serán desarmados y las tropas argentinas retiradas del
territorio Oriental ; la Isla Martin García y todos los buques
restituidos en el estado en que se encontraban en el acto de su
captura ; la bandera de la República Argentina será saludada
con 21 cañonazos ; los cañones y las banderas tomadas por una
y otra parte serán devueltos, y las partes contratantes restitui-
rán á sus legítimos propietarios los buques y cargamentos que
hayan sido apresados.
5^. La navegación del Paraná quedará reconocida navegación
interior de la Confederación Argentina y sujeta únicamente á
las leyes en reglamento de ese país : en igual caso se considera-
rá la navegación del Uruguy, común con el Estado Oriental.
6*. Los Gobiernos de S. M. B. y de S. M. el Rey de los Fran-
ceses que han declarado de su propia voluntad en su proposi-
ción de paz el 5 de iLayo de 1846, que la República Argentina
seaen tiempo de paz ó de guerra, goza del derecho incontes-
table que pertenece á toda nación independiente ; y que si los
acontecimientos que han tenido lugar en el territorio Oriental,
han obligado á las potencias aliadas á interrumpir por el mo-
mento los derechos de beligerante, de parte de la República
Argentina; sin embargo que ellos admiten plenamente que los
principios por los cuales han procedido serian aplicables en
análogas circunstancias, ya sea á respecto de la Gran Bretaña
16 Misratu roilTici t muitia
va de la Francia, admilen eo cuaoto á esta últiiiu dedaradoo
q«e el Gobieroo Argeotiiio se reserra ei derecho de discalir en
üempo T lagar oporUiao coo ambos Gobiernos, eo lo concer-
nieole á la aplicacioa de ese principio.
7.* Si el Gobierno de MooteTideo se rebosase al desarme de
las tropas eilranjeras, y sobre todo, al de las qae forman la
gnaroicioQ de Montevideo, 6 si, sin necesidad se retrocediese
en la ejecución de esta medida, los plenipotenciarios declaran
que han recibido orden de cesar toda intenrencioo interior, y
en consecuencia se retirarán en el caso en qoe sus recomenda-
ciones y representaciones sean inútiles. ^
8.*" La presente couTencion será firmada, en tres ejemplares
para ser ractificada, etc.
A este documento se adjuntaba una nota espKcativa del seiíor
Arana. Esta nota recomendaba b aceptación del provecto ane\o,
fundándose en que él era en sustancia completamente semejante
alas proposiciones de M. Hood.
Los principales argumentos contenidos en esa nfita, tenían
por objeto provocar una réplica de parte de los plenipotencia-
ríos. Esta tuvo lugar en efecto, y es la siguiente :
^ot<ft eoloetlT>tt atrljidtt por loes 3klin litros PlonipotencÍ43urio«
Buenos Aiivs Junio i de 1^7.
« Los plenipotiHiciaríos abajo firmailos ban recibido b nota
qne S. E. el señor Ministro de Relaciones ExtiHiores les ha
diríjido con fecha ¿8 de Mayo, asi como la memoria es|riicaliTa
y el provecto de convención qne se anexan.
» IVspues de un nicHlar\> examen de todas esas pieía^ kis ple^ <
ni|>olenciaríos que suscnUní tienen el ht^nor de espiHier lo q«í
sigue áS. K. el Sr. Ai^^^na^ Mini$tnM)e Relacloni^ Exterior»^ de
la OonitHler^cion Ar^i^nliiKi.
Totlas laj» )^rtt>» tvj^t^l^n de acn^nxlo u^obiv es# imnUn qoe las ha-
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 17
ses do pacificacioQ presentadas por M. Hood, son lapíeJra fun-
damental sobre la cual debe reposar la negociación cuyo objeto
es restablecer la paz entre las Repúblicas del Plata, asegurando
la perfecta y absoluta independencia del Estado Oriental del
Uruguay.
Pero las proposicioaes de M. Hood no son en si mismas, sino
un elemento informe, al cual es indispensable dar una contesta-
ra regular y práctica.
En efecto, la misión de M. Hood se limitaba á negociar con las
diferentes partes interesadas, para obtener suadbesion á ciertas
liases, quedebian servir de punto de partida, para arribar á un
arreglo definitivo, Mr. Hood, después de haber obtenido la ad-
hesión de las partes, se remitió á sus instrucciones, que eran,
remitir la aceptación de los interesados á los plenipotenciarios
de Francia é Inglaterra, k los cuales competía convertir las ba-
ses preciUidas en un instruímnlo que |)ermiliera proceder re-
gularmente á la ejecución de las partes que acjuellas encerra-
ban. Asi, pues, no se creaba un discusión relativa á la época de
la cesación del bloqueo, y terminando la misión de Mr. Hood,
empezaba la de los plenipotenciarios-, que consistía, como seh a
dicho antes, en dar una forma práctica y regular, á lo que no era
todaviasino un simple preliminar, que contenia sin embargo
todos los elementos de la negociación.
Mas tarde resolvieron acceder los Gobiernos de Francia é In-
glaterra á la modificación propuesta por los Generales Rosas y
Oribe, relativamente á la época de la cesación del bloqueo, úni-
co disentimiento que impedia á las partes esUu* de acuerdo,
ocupándose ellos mismos en encontrar la forma mas propia pa-
ra dar á un documento, entera v esclusivamente fundado sobre
las bases aceptadas.
Ambos Gobiernos han pensado que en un negocio correlativo
entre varios interesados, y del cual los unos hacen depender
la ejecución de sus compromisos del consentimiento de los
18 nSTORIA POLÍTICA T MURJlft
Otros, el único modo que permite llegar á ana soIndoQ satis-
£ietoria, ern el ile ODa conTeocioa en la cual toUos los üilerese:»
tomasen parte.
Pero, actos separados, presentaron i la ejecoeion, dificulta-
des e^6\ insuperables. El proyecto de tratado que S. E. el se-
ñor Arana acatia de transmitir á los plenipotenciarios, es la
demo.stracíon mas clara de este hecho.
Los plenipotenciarios ruegan pues á S. E., que se conrenza,
que ellos no cesarán de contribuir en estos debates, con el mas
sincero deseo de conciliación, esperando que el Ministro de
Relaciones Esteriores tomará por su parte en su verdadero
sentido, las observaciones que siguen, con disposiciones seme-
jantes.
La ejecución de los tres primeros artículos del proyecto
del señor Arana, í|ueda completamente subordinada al con-
sentímifrnto de un tercero, S. E. el General Oribe, que no
forma df; ninguna manera parte en el tratado, para intenre-
nír entre los dos Gobiernos y el Gobierno Argentino. Esos tres
artículos que encierran las estipulaciones mas importantes de
la negociación, pueden ser invalidados ipso fació, por el hecho
de rehusarse el General Oribe, quedando desde luego ilusorias
y sin objeto.
Pero, se dirá, en la aceptación de las proposiciones Hood,
S. E. el (iobernador de Buenos Aires había estipulado que no
consentiría en la retiñida de sus tropas sino en caso de consen-
tirlo así el General Oribe etc. etc. Eso es cierto, y es justa-
mente en vistíi de esos intereses correlativos, de esos com-
promisos condicionales , resultantes de la aceptación de las
proposiciones Hood, que los Gobiernos de Inglaterra y Francia,
después d^; un maduro examen, han acordado la forma de una
convención en la cual tomarían parte todos los intereses, como
el mejor medio de poner en ejecución las bases Hood.
En efecto, siendo parte en la convención el General Oribe, y
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA \9
aceptnndo todas las cláusulas, no quedaba aí Gobierno de Bue-
nos Aires ninguna refereuda ni reserva que hacer. Dee§lo, U
gran ventaja, de una convención general, única, sobre varias
convenciones particulares.
Los plenipotenciarios que suscriben penetrados de esta con-
vicción, tienen el honor de trasmitirá S. E.el Ministro de Re-
laciones Exteriores, un proyecto db convención, la que tanto en
la forma, como én el fondo, es enteramente conforme á las ba-
ses^ de pacificación do Mr. Hood, salvo las modificaciones quo
los Gobiernos de Francia é Inglaterra, han creido deber intro-
ducir para tomar en justicia cuanto fuese posible las observa-
ciones con que los Exmos. Generales Rosas y Oribe, han
acompañado su aceptación -de dichas bases.
Los plenipotenciarios sienten* vivamente, que el Gobierno
Argentino no haya mirado esta convención, como el medio mas
seguro y satisfiíctorio de arribar al it?suUado, al cual deben ten-
der los esfuerzos dfe todos.
LosGobiernosde Francia ó Inglaterra, profesan en sus rela-
ciones con los demás Estados, supremo respeto por las suscepr
tibilidades nacionales, para dejar subsistir on esíe proyecto do
convenio la menor enunciación, cuya naturaleza sea producirla
menor sombra de atentado (i la dignidad del Gobierno Argenti-
no. Sin embargo, si la repugnancia de Buenos Aires, para una
convención general, es invencible, los abajo firmados no desean
otra cosa, que esclarecerla, y buscar con el Sr. Arana los me-
dios de convertir las bases de pacificación, en una forma á la
vez ejecutable y conveniente.
Será fácil á los pl^nipotenciarros que suscriben, demostrar
que el prospecto de? conrencion que se les ha propuesto, no
responde á ninguna de esas dos condiciones — Para ello, basta
examinar imparcialmente, cuál sería en esta convención, la po-
sición respectiva de cada parte.
Por unlado, los Gobiernos dfe Francia é Itiglaterra se com-
20 HISTORIA POLÍTICA T MILlTAft
prometen á levantar el bloqueo : á la restitacion de los boqaes
(le guerra Argentinos, buques mercantes, etc-, etc., ala devo-
lución de la Isla de Martin Garcia, comprometiéndose ademas,
á reclamar el desarme de los estranjeros en Montevideo.
¿Que ofrece en cambio el Gobierno Argentino? -una cosa
ñnica — el retiro de las tropas Argentinas del territorio Orien-
tal — Pero esta cláusula subordinada á una primera condición,
el desarme de los estrangeros, se encuentra completamente
anulada por el fin del parágrafo, que somete la ejecución á la
voluntad absoluta de S. E. el Sr. General Oribe. ¿Sería equita-
tivo tal arreglo ? — los plenipotenciarios que suscriben, lo so-
meten á la consideración del Sr. Arana — Por un lado, en lugar
de una convención que puede ser ejecutada inmediatamente, se
redacta bajo forma de tratado, el proyecto trasmitido, sujeto á
ratificación, para lo cual se deja un interregno de ocho meses
— Es imposible admitir que pueda ser sometida esa ejecución
en circunstancias tan apremiantes, en el pensamiento del Go-
bierno Argentino.
Los abajo firmados esperan pues, que después de considerar
las observaciones que han creido deber mencionar, el Gobierno
de Buenos Aires reconocerá, que el proyecto de tratado trasmi-
tido por S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores, no es admi-
sible.
Animados de un deseo de conciliación tan vivo como sincero,
los plenipotenciarios suscritos, están prontos á renunciar al
proyecto de una convención general firmada por todas las
partes, aunque ese procedimiento les parezca el mas propio para
alcanzar el común objeto : reunirán sus esfuerzos á los de S. E.
elSr. Arana, para encontrar una forma que permita establecer
una convención particular entre los Gobiernos de Francia é In-
glaterra, y el Gobierno Argentino, sobre las bases de pacifica-
eion presentadas por Mr. Hood.
En la memoria esplicativa presentada por el Sr. Arana se lee
DE LAS BEP0BL1CA5 DEL PLATA 2i
lo siguiente : « El Gobierno Argentino considera como esencial,
la división de la negociación para distinguir lo que concierne al
Gobierno de la Confederación, de lo que respecta al Estado
Oriental. »
Los plenipotenciarios están prontos á adoptar ese principio
formulado, en la primera consecuencia, y sin la obligación de
poner fuera de cuestión toda referencia á S. E. el General Oribe.
Si el Gobierno Argentino no cree poder empeñarse sin el
consentimiento de S. E. el General Oribe, nada le impide con-
sultar á dicho General, antes de toda discusión ulterior ; pero
los plenipotenciarios no vacilan en declarar por su parte, que
no podrían en ningún caso poner su firma, á una convención
definitiva, cuyas principales cláusulas hubiesen sido subordina-
das á la voluntad de un tercero, estraño á dicha convención.
Habría, sin embargo, todavia un medio de remover esta difi-
cultad. Los plenipotenciarios podrían resolver prealablementa
con S. E. el General Oribe : el Gobierno Argentino no tendría
desde entonces objeción, sin duda, para estipular separada-
mente y sin ninguna referencia. Si tal fuese el deseo del Go-
bierno Argentino, los plenipotenciarios en su sincero deseo de
llegar á una solución satisfactoria se concertarán á ese respecto.
Pero ante todo será indispensable convenir con precisión los
términos del acta que intervendría entre los Gobiernos de Fran-
cia é Inglaterra y el Gobierno Argentino.
Los plenipotenciarios piensan antes que todo que el preám-
bulo de una Convención, de^e contener una enunciación del
objeto que se proponen las partes contratantes. El objeto de la
presente Convención, es el de poner fin á las hostilidades, que
tienen lugar desde algún tiempo en el Rio de la Plata y los paises
vecinos, y de confirmar á la República Oriental en el goce de
su perfecta independencia.
Tal preámbulo seria por otra parte enteramente conforme
con las declaraciones y los principios enunciados en diferentes
ocasiones por el Gobierno de Buenos Aires.
32 HISJOUIÁ POiíIIGA Y MIUTÁR
Los artículos I", ü^ y 3", meaos lo reíeronte ú un tercero es-
traño á la convención, deberán sin duda satisfacer á todas las
partes. Los plenipotenciarios tomarán biyosa responsabilidad
adoptar lo concerniente en el articulo í>", dejando al señor
Arana la misión del texto exacto de las bases Hood ó el texto del
articulo 5" del proyecto trasmitido el 14, pero cuya redacción
no ha sido acordada por los gobiernos de Inglaterra y Francia
sino en via de satisfacer ias observaciones del gobierno de Bae-
nss Aires, consignadas en la aceptación de las bases con rela-
ción al artículo 3", la declaración espontánea que los gobiernos
de Francia y de Inglaterra han consentido en hacer, lo que debe
parecer i)lenamente sati&íactorio al gobierno ^irgeutino, que en
tanto que la parte á la cual os concedida se consideraría como
enteramente satisfactoria y la aceptaría como tal, sin que pueda
ser admitida ninguna reserva en una convención. El gobierno
argentino no conservaría por esto menos derecho para discutir
por la vía diplomática tal ó cual principio. O, si el gobiei'uo
argentino lo ])refiriese, se podria suprimir totalmente en la
convención el artículo 6*" ; los plenipotenciarios se obligan á
hacer ese caso objeto de una comunicación adicional, que
seria remitida al Exmo. señor Arana, cu el momento de firmar-
se la convención, y sóbrelas cuales entonces podría S. E. guar-
dar toda reserva acusando recibo.
Por lo (|ue respecta al articulo 7", las bases precisan á la
verdad la marcha que tendrán que seguir los plenipotenciarios
en el caso en que el gobierno de Montevideo no se aviniese á
sus representaciones : los abajo íirinados no vacilan en reiterar
aquí la seguridad que si el gobierno de Montevideo se rehusase
á licenciar las tropas estrangeras ó particularmente á desarmar
las que forman parte de la guarnición de la ciudad, ó retardase
sin necesidad la ejecución de esta medida, hai^án cesar toda in-
tervención estcrior y se retirarán. Pero esta declaración muy
normal en simj)les preliminares no es de una naturaleza que
I>I tÁS RSPtBLlCAS DfiX. PLAtA 23
•
pa^da considerarse insertada en una convención defínitiya, á
menos que nO se admita que el Gobierno de Montevideo al fir-
mar las bases no se conforma 'estrictamente k la ejecución de
las cláusulas que ellas encierran.
Los plenipotenciarios tendrían que presentar todavia algunas
observaciones relativas al armisticio, y á la admisión de los
deredlios y de las reclamaciones legítimas de los estrangeros ;
las consideraciones en las cuales S. E. el señor Arana con mo-
tivo de su memoria esplicativa y los hechos que espone, dan
la esperanza á los abajo firmados, que á este respecto, así co-
mo algunos detalles de formia, las partes se entenderán sin
dificultad.
Los abajo firmados han creído de su deber responder categó-
ricamente y por escrito á la memoria esplicativa de S. E., á fin
de no dejar ninguna duda sobre las intenciones conciliadoras dé
sus Gobiernos respectivos, relativamente á la negociación que
se prosigue en este momento, é intenciones á cumplimiento de
las cuales tienden todos los esfuerzos de los abajo firmados y
que pueden reasumirse así : Encontrar nna forma de conven-
ción regular y practicable que sea la creación mas exa<:ta, la
espresion mas completa de las bases de pamficacion presenta-
das por Mr. Hood,
Los abajo firmados espera! que después que S. E. haya pe-
sado las consideraciones que someten á sus luces les propor-
cionará el medio de completarlas por esplicaciones verbales
fijando una conferencia inmediata, en la cual acabarían, así lo
esperan, de ponerse de acuerdo con S. E. el Ministro de Re-
laciones Exteriores.
A. WaLEWSKI — HOWDEN.
Estas esplicaciones tuvieron lugar y ellas exigieron largas y
acerbas discusiones incesantemente sostenidas por la parte del
General Rosas, el señor Arana, á quien no se habia acordado
24 BisTOiii rouncí t muitjji
níngan poder discrecional, de manera que á la menor dificultad
sojerída, se hacia necesario dirigirse al fieneral Rosas mismo*
los que ademas de un continuo retardo producia desagradables
Téjamenos á los altos p^Tsonajes encargados de la misión.
A pesar de esos olistáciilos, los plenipotenciarios continuaron
hacíearJo sus esfuerzos para obtener la adhesión del General
Rosas al principal objeto que los guiaba. Ofrecieron aun S3ncii>-
nar toda modificación ó concesión que no se opusiese «lirada-
mente á la letra de sus instrucciones. Sus esfuerzos, sin em-
bargo, fueion infructuosos porque después Je haber agotado
toda especio de argumentos, y todo medio de persuasión, des-
pués de haber llevado sus concesiones á los úllimos limites, las
negociaciones se rompieron el 30 de Junio sin resultado algu-
no, sin que se hubiese creado para ello ninguna dificultad aban-
donándolas los plenipotenciarios sin esperanza y declanuidolas
cerradas.
Véase, sin embargo, de qué modo el General Rosas reseña
las fases de esla negociación en su mensage oficial á la Cámara
deRH. Empieza por la esposicion de las proposiciones de .M.
Ilood en 1846, apoyadas como bases en otras proposiciones
confiadas, en Octubre de 1845, por el Gobierno Argentino á M.
íle Maariel; esplica en seguida el motivo porque han fracasado
aquellas proposiciones, y da cuenta de la llegada de los Sres.
Walewski y Howden, y la abertura de las conferencias.
Reconoce la intención espresada por los nuevos plenipoten-
cia rios de conformarse á las bases de un arreglo según el testo
espreso propuesto por M. Hood, agregando « que esas bases
eran redactadas de una manera mas segura bajo la forma de
una convención, y^ y que el Ministro Argentino habia dado su
adhesión á ellas, pero que habia cuidado de subordinar su con-
•entimiento á la condición espresa que el nuevo proyecto sería
conforme á las bases de M. Hood, á las que se agregarían las
modificaciones reclamadas por el Gobierno Argentino.
DK LAS BEPtBLICAS DEL PLATA 25
Después de haber desenvuelto el proyecto de convención de
los plenipotenciarios, el contra-proyecto con notas esplicativas,
y la nota colectiva de los plenipotenciarios, el mensage conti-
nuaba diciendo :
« El Gobierno antes de fijar un día para la conferencia, res-
pondió por escrito el 13 á la nota colectiva y espresó su deseo
de entrar en discusión. En consecuencia tuvo lugar un reunión
en ese día y en ella los plenipotenciarios antes de recibir la nota
de esta fecha comunicaron confidencialmente un punto que
deseaban ver arreglado ante todo ; se trataba del carácter que
tenia que atribuirse al General Oribe en aquella convención,
conviniéndose sin embargo que el Gobierno Argentino no podia
escusarse de dar á este General el titulo de Presidente del Esta-
do Oriental, desde que estaba reconocido en ése carácter en
toda la estension de la Confederación Argentina; pero que era
difícil según los plenipotenciarios, y hasta imposible recono-
cerle por parte de ellos, por ser contrario á la política desús
Gobiernos; y para los que no estaban en manera alguna autori-
zados ; pero á fin de adoptar un plan conveniente á todos les
parecia que uno de los modos siguientes podría adoptarse :
4 .** Que cuando fuese necesario nombrar al General Oribe en
la convención el Gobierno Argentino podría servirse de esta
frase : « Mí aliado, bajo las órdenes del cual, ó á la disposición
del cual se encuentran las tropas argentjnas. »
O bien :
2.** Que en la columna española de la convención podría ser
designado por los títulos que el Gobierno Argentino tiene cos-
tumbre de darle ; y en la columna Inglesa y Francesa se le daría
el título de General, debiendo ser hecha esta declaración en las
columnas Inglesas y Francesas ; á lo cual no se hizo ninguna
objeción.
Los plenipotenciarios agregaron (|ue su deseo era acordar
con el Gobierno los puntos de la Convención, sin firmarlos, re-
3ñ HISTORIA POLlnCÁ Y MfLlTAR
mítiéndolos en seguida al General Orilie por los jefes de las es-
cuadras, para asegurarse de ese modo si consentía en todo lo
que le era concerniente, para según su resultado firmar ó no la
Convención.
Declararon también que creían eso el mejor espediente para
impedir todo obstáculo, sobre todo, si tenian que debatir con el
General Oribe la misma dificultad relativa a su carácter pi!ibli-
co; que conociendo la política inconmovible de sus gobiernos,
no podrían reconocer al General Oribe como Presidente.
El Ministro argentino respondió, que lo dicho con referencia
al General Oribe era completamente nuevo, que lo sometería á
su gobierno y contestó mas tarde.
Los plenipotenciarios hicieron conocer entonces su intención
de someter otro' proyecto de convenio.
En la conferencia del día siguiente, i i de Junio, se volvió á
discutir sobre el titulo dd General Oribe; los plenipotenciarios
lo declararon punto principal y reclamaron su solución antes
de entregarse al examen de cláusulas menos importantes. Agre-
garon que no podrían tomar en consideración ninguna parte
del proyecto sin levantar esta nueva dificultad; considerándola
de tal naturaleza que si no se encontrase el medio de allanarla
las negociaciones no podrían terminar, no pudiendo como Mi-
nistros entrar al fondo de la negociación, desde que nada se ob-
tenía por un ari'eglo provisorio, ni divulgar la estension de sus
posesiones desde que mas tarde todo debía anularse á causa de
no haber resuelto la cuestión preaiable.
Por lo domas, el Gobierno del General llosas podría repro-
charles faltas de sinceridad, si sobre un punto sobre el cual
tanto insistían, no hubiesen declarado que no tenian á ese
respecto ningún poder discrecional, y que debían remitirse com-
pletamente al ullimatmn de sus Gobiernos. Por lo demás re-
conocieron al Gobierno Argentino el derecho de mantener su
política respecto al General Oribe.
DE LAS AEPCBUCAS DEL VlklÁ 27
Los negociadores {uoposieron que ias i^seiTas no fuesen in-
sertadas en uao ódos artículos adicioBales ; que su objeto era
evitar una dificultad encarnada en la esencia misma del ik^o-
ció ; queLaUian hecho todo lo que tie 'ellos d^^endia en lavia
de las concesiones sin ser discredoaales sus jioder-es hacién-
dose im:practicable una Convección gej^Tal -entre los cantil
taates.
£1 Ministro ArgeiHino respondió igualmente que su Gobierno
no tenia poderes del General Oribe; que aquel general era re-
conocido como Presidente legal por todas las .provincia.< de la
('onfederacion Argentina, pero que resf)ond<;r¡a en la próxima
conferencia á las reservas propuestas por los plenipotenciarios-
Aquella confei^encia tuvo lugar el <G de Junio, Lejos de dar la
respuesta prometida el JUinistro Argentino preguntó á los Ple-
nipotenciarios si tcnian nuevas observaciones que hacer.
Aquellos que contestaron que habían expuesto los motivos do
esta opinión debía reconocer la primera dificultad y que mien-
tras no se adoptasen esos medios creían inútil enti'ar en el
examen del fondo haciendo renacer la discusión, que en conse-
cuencia era esencial resolver qué titulo debía darse al General
Oribe.
Después de largos debates los plenipotenciarios leyeron un
nuevo proyecto de convención, pero sin presentarlo oficialmen-
te. Este [iroyecto no presentaba nuevas tnibas : se presentaba
porque el Gobierno Argentino insistía en la ratificación de la
convención. Se declaró por parte de los negociadores que la
(I i ficnllad que sé presentaba era insuperable; que parecía ade-
mas que el Gobierno Argentino no deseaba un arreglo sino un
tratado, y en tal caso se verían obligados á procederá nombre
de sus gobiernos ; que la conclusión no tendría menos peso
cualquiera que fuese la fórmula adoptada, convención ó trata-
do ; que hacían esa:> observaciones por que sino se arreglaba el
primer punto, le seria imposible ultrapasar sus poderes.
28 HISTORIA política T MIUTAB
Al siguíeote dra los negociadores enTiaron las copias de los
artículos del proyecto de cooTencioo adjuntando sus creden
cíales.
En la conferencia del 22 de Junio el Ministro Argentino insis
tío en la ratificación del convenio propuesto, en lo que convi-
nieron los plenipotenciarios á condición de que la ratificación
no impediría el éxito de las estipulaciones : este punto quedó
suspendido. El Ministro Argentino insistió en la primera pre-
tensión de presentar otro proyecto. Cuando los plenipotencia-
rios lo conocieron, declararon que no pudieron resolver sobre
él, pero que desde luego encontrat)an la dificultad de la decla-
ración que en él hacia el Gobierno Argentino, que el General
Oribe era el presidente legal de la República Oriental ; que eso
hacia necesario presumirse para el caso en que aquel General
no fuese elejido presidente, así como para el caso en que el
Gobierno Argentino rehusase su aquiescencia á esta medida,
y persistiese en sostenerlo como tal presidente legal; tanto mas
cuando no habia ninguna estipulación á ese respecto, y que en
el arreglo que se hiciese el General Oribe tenia que declarar,
que se conformaria con el resultado de la elección.
El Ministro Argentino respondió que su Gobierno habia re-
conocido en uno de los artículos presentados la legalidad del
presidente Oribe ; pero que si aquel consentía en admitir una
nueva elección, el Gobierno Argentino habia constatado ya su
no intenencion en los negocios internos del Estado Oriental.
Se exigió por parte délos negociadores que se hiciese una de-
claración en dicho artículo obligándose las tres partes contra-
tantes á reconocer como Presidente toda persona elejida por
efecto del sufragio.
El Ministro Argentino les recordó que ese caso no estaba pre-
visto por las bases de Mr. Hood : que era evidente que no podía
responderles sin recibir previamente instrucciones de su Go-
bierno : que si querian redactar el artículo conlestaria en la
DE LAS REPOBLICAS DEL PLATA 29
•
próxima conferencia. Esta proposición fué aceptada por los
plenipotenciarios. Se discutieron entonces los artículos: se
aceptó el preámbulo propuesto por el Gobierno y el proyecto
anexo á la nota del 13 de Junio.
El 25 de Junio tuvo lugar otra conferencia : los títulos del
General Oribe, y algunos otros asuntos fueron discutidos larga-
mente sin resultado. Finalmente los plenipotenciarios espresa-
ron d deseo de saber la opinión del Ministro Argentino respecto
. del articulo sobre la navegación de los rios. Este contestó que
le discutirían en la forma que había «idoptado en su contra-
proyecto de 28 de Mayo. A esto declararon los negociadores que
no se encontraban autorizados sino para aceptar la forma del
primer proyecto ó las bases de M. Hood. El señor Arana con-
testó que no podía retroceder de la línea que se le había traza-
do : que sometería una vez mas ese punto á su Gobierno ; pero
que no dudaba que este seria inconmovible en su resolución.
Los negociadores preguntaron si ese punto era tan importante
que en caso djd no ser acordado se rompiesen las negociaciones,
ó bien si ellos no podían redactar el artículo con la reserva de
derecho acordada al Gobierno Argentino de discutir en la forma
diplomática. Arana respondió que era un punto de gran impor-
tancia del cual no se podía hacer cuestión ni ser rehusado, y
mucho menos hacerlo objeto de una duda, sin contestar los de-
rechos de soberanía de la Confederación Argentina : en fin, que
' era la realización de lo que había sido ya estipulado con M . Hood
y que no veía en ese artículo sino la escusacion mas positiva de
reconocer al Gobierno Argentino el derecho perfecto que tenia
sobre los rios interiores.
La última conferencia tuvo lugar el 29 de Junio. En ella pre-
guntaron los plenipotenciarios al Ministro Arana si tenia alguna
cosa que comunicarles respecto de los rios, á lo que respondió
que en la conferencia precedente los artículos <**.,2*. y3^ del
proyecto de convención habían quedado en suspenso, asi como
30 HISTORIA política Y MILITAR
lo concerniente al titulo del (ieneral Oribe : qae en la disensión
(le dichos artícníos los plenipotenciarios hnbian jnzgado conve-
niente promover la cuestión de los ríos, y qne aunque la Opi-
nión que él había admitido entonces fnese propia, htTbia recibí
do órdenes de su Gobierno, debiendo declarar que eso no im-
portaba conceder nada ni desviarse de niní^una manera de la
proposición hecha por él on la última confiMvncia, concluyendo
por pedirá los Ministros que no se pasase ;i la discnston de
ningún otro punto sin haber sido admitido aquel previamente,
cerrándose á toda discusión sobre otro asnnto con una persis-
tencia obstinada.
La correspondencia oficial se declaró concluida y rotas en
consecuencia las negociaciones.
Los pleni[)Otenciarios espresaron entonces confidencialmente
lo sensible ([ue les era (á causa de no entenderse sobre la
forma de un artículo) ver fracasar un arreglo qae habían teni-
do tanta esiwranza en terminar : que deseaban no abando-
nar las negociaciones en el estado en que se encontraban en-
tonces, y (¡lie no habiéndoles sido posible ajustar una con-
vención sobre las bases Hood, opinaban por la formación de
un protocerlo. Para dicho protocolo se obligarían estos con el
íiobierno Argentino á acordar los artículos y las bases Hood,
que se juzgasen practicables, sin perjuicio siempre de la dis-
cusión <pte pudiese empeñarse sobre los puntos no acordados ;
que al efecto presentarían al Ministro una nota dirijida oficial-
mente, si el Gobierno aceptíiba la idea y quería conformarse
con ella. Arana contestó que la proposición eni nueva, que no
podía admitir una opinión, pero que, á Fa primera lectui-a ese
proyecto le [>arecia tener inconvenientes serios : que esos in-
convenientes, después de una madura reflexión parecerían
todavía mas serios cfue á primera vista ; que miraba como
inadmisible un mod^o de proceder cpiedejaria subsistentes to-*
das las dificultades, y haria nacerlas mismas pretensiones, y
/
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 34
discusiones que las ya sostenidas, y que en consecuencia el
Gobierno no podía aceptar. Los Ministros declararon que da-*
ban este paso con el único fin de evitar las dificultades desde
que ellos no podian arreglar una convención deseando no dejar
los negocios en statuqtu), pero queriendo ejecutar á lo menos
una parte de las bases propuestas por Mr. Hood ; que esto no
obstante el Gobierno no tendría que abandonar sus derechos
plenamente reconocidos en esas bases, ya fuese respecto de los
unos 6 de los otros puntos que se arreglasen posteriormente.
Arana contestó que era inútil hablar de derechos mientras no
se contestaran al Gobierno Argentino los mas evidentes ó im-
portantes ; que esos mismos derechos que tanto se vacilaba
en conocer con ciertas restricciones habian sido concedidos
por el Gobierno Británico por el tratado de 1826.
Los negociadores dijeron entonces que si este paso era consi-
derado una ofensa para el gobierno, no enviarian la nota, ni
aun la presentarían en la forma del protocolo; que reflexiona-
rían, pero que muy probablemente abandonarían aquella idea.
El Ministro respondió que su opinión no era necesariamente la
del Gobierno ; que si querían presentar su proyecto, les haría
conocer la decisión, de ese Gobierno, aunque miraba como ino-
portuna la idea sola de semejante proyecto.
Los plenipotenciarios no juzgaron conveniente enviar el pro-
yecto y lo dieron al Ministro. Al siguiente dia, 30 de Junio, diri-
gieron las notas colectivas 32 y 33.
Después de haber dado cuenta de lo respectivo á los plenipo-
tenciarios el mensaje continúaasí :
<( Mas tarde el Gobierno Argentino recibió del General Oribe
las notas que habian. sido cambiadas entre él y los pleaipoteu-
ciarios, y el detalle sobre las negociaciones. Por la exposición
que precede, dice el mensaje, vosotros estáis instruidos de
toda la. Convención, de la cual solo el preámbulo fué acordado
quedando los artículos 1v2 y 3, no convenidos después de su dis^
32 HISTORIA POLÍTICA T MILITAS
cusion. Los artículos 4, 6 y 7 no examinados, lodos ellos bases
de Mr. Hood ; y también sin arreglo definitivo aunque igual-
mente discutidos, los artículos insertados respecto de la ratifi-
cación que se relacionaban con los títulos de S. E. elFresidente
de la República Oriental del Uruguay, Brigadier D. Manuel Orí-
be; la ruptura de las negociaciones tuvo lugar á consecuencia
del artículo 5.**.
Es diñcil engañarse sobre las vistas positivas que prenseta
esta cuestión respecto de la completa inde|)endencia de estos
países y los demás estados Americanos. El carácter real de la in-
tervención Anglo-Francesa no es otro que el anunciado desde
el prínci|)io; porque no se puetle invocar en apoyo de esta me-
dida ni la conservación de la independencia de la República
Oriental del Uruguay, ni los clamores de la humanidad, ni los
intereses generales de todas las naciones.
Firmado — JUAN MANUEL DE ROSAS.
FELIPE ARAIÍA.
Tal documento probaba que la paz 6 todo arreglo con Rosas,
que no fuese una entera sumisión ú sus decisiones, era imposi-
ble, y en la esposicion que él mismo ha hecho de sencillez, con-
temporización y tenacidad arrogante, todo agrupado en una
política sistemática se encuentra el poco escrúpulo que empleó
en los medios y su carácter indomable.
Es indudable que convenia á los proyectosdel General Rosas
lanzar el peso de la opinión sobre los Gobiernos Europeos y
presentar las negociaciones interrumpidas con motivo del asun-
to de los ríos. En consecuencia cuando cesaron las negociacio-
nes sus ajantes y sus órganos asi como los del General Oribe se
ocuparon en esparcir esta idea á términos que llegó á posesio-
narse de algunos de los diarios de mas circulación en la metró-
poli. Entre tanto el General Rosas decía en su mensaje que
las negociaciones se habían interrumpido á causa del artículo
•i
DE LAS REPC&LICAS DE LA PLATA 33
o"". No obstante este hecho era inexacto ; nadie negó que la
raptara soto tuTO lagar después de la discusión del articulo S'',
pero de esto no se sigue que sea cierto que aquella ruptura
tuviese lugar á causa del citado artículo, ni aun con ocasión
de él. £1 mismo General Rosas convino en que no habia sido
aceptada ninguna parte de la convención esceptuando el preám-
bulo. Lo que hay de cierto en esto es que las negociaciones
fracasaron á causa de las pretensiones que el General Rosas se
empeñó en crear para el General Oribe, quien es sabido no
tenia otras que la que el mismo señor Rosas quería reconocerle.
La admisión del carácter político del General Oribe en el
hecho supuesto que se debatía, de contiprometcr la independen-
cia constitucional del Estado Oriental, era efectivamente el pun-
to de la negociación reconocido como fundamental, y declarado
repetidas veces en*los actos oficiales y en los despachos délos
Gobiernos de Inglaterra y Francia.
Verdaderamente después de la nota colectiva de los plenipo-
tenciarios, asi como por el mensaje del General Rosáis, claro es
que los medios de transacción habian desaparecido. Los Minis-
tros declararon expresamente que les era imposible reconocer
al General Oribe en calidad de presidente por ser contrario á
la política de sus Gobiernos, y porque no tenían poderes dis-
crecionales para proceder así.
Por una parte el General Rosas aseguraba que no tenia pode-
res al respecto, porque en todas las provincias de la Confede-
ración el General Oribe era proclamado presidente. De este
modo las partes se encontraban desde el principio sin los me-
dios de poder arribar á una conclusión.
Las bases de la$ negociaciones que se digeron mutuamen-
te aceptadas, no lo fueron realmente aunque en resumen se hu-
biese adherido á ellas con las modilicasiones exigidas por el
General Rosas ; tal consentimiento y aceptación fueron falsa-
mente interpretados por ambas partes.
31 HISTOBIA POLÍTICA T HILITAB
I.n restricción ilel General Rosas en cuanto al titulo del Ge-
neral Oribe y el hecho de su reserva eran conocidos por M.
Hm(1 : y era necesario que este se hubiese resuelto á cerrar los
ojos á su Gobierno [>ara declarar que el único punto de discu-
sión eni el bloqueo, después de haber negociado y he:ho su5
representaciones.
El proveció de Convención de 1817 conlenia en sustancia las
liasen de M. Hood con algunas moditicaciones del General Ro-
>:is : con la íinica diferencia que el proyecto habia sido arregla-
da y escrito con mas i>rec¡s¡on. Sin embargo el Genend Rosas
que habia aceptado en 1816 esas bases con las modificaciones,
nuMiaíi'ila convención del 17 en su totalidad.
I.:i verJad es que la iiltim.í Convención era clara y definida y
no tlejaUa ninguna espt^ranza á interpretaciones. L't convención
abrazaba todos los puntos, y siniéndose de designacimes ver-
daileras presentaba una inniOiliata conclusión,
l.i^s nombres y los tilulos enunciados eran los siguientes: 1^.
y ¿\, los gobiernos metliad ores: :í'\ El General Rosas cnm.» eít-
cjvad "^ «lo las 1 elaciones exteriores de la Cfufederacion Ar::en-
lin;>. 4\ El General Oribe y su pretendida c^iüda.l de Presiiieuie
lie li Rom'it'ücri Oriental v .>■ . El sefu^r Suarez como Presi<lerj!f
riv*\isori':» :^^ h misma RepüMica. Verdridenjmoiite !oJc» 1"» qur
Y'r :ivl:M>:;i:vi c:'ni]»renJid;M-nl;iSb:íSes e interpretad:» [•■.•rlis
^ . * .orr.;kS rr,:\li:i l»ros : per» n^ sie:v.lv« esplicitamenle e\j»res::-
<: > ^] Gjlvorn;» Vivoní-n:' p>iia conforme ;i sus miras r^reiea-
,í . j::.^ el GM'ií-m "» rUvto en M;»Tttevi.loM tío fnese o\rj iinv el
<* •: ^rc] Orii>r, 1..'; nu^'V.-i :■ :iverí:\'.iii deslrnia ivxíi'snl»irrfnd ■ ;i
.^' respe:!-;.
V ver.lriilrro espiriin .If] r,rnrr:il R;ts;iS Sí* dejal»:i vtT er. sa
.: . ■y'^ic\:¿ ki ti Treta Mf-rmuli' «i el (O Av .igoslo.
:: :. ■. .: iV:;.- .](' >:is p;ir!V:f js. f >;'• e>;vrii"ne:jta m.ii s.^rpres:;
:■.: >,. :. l.'i l:'-:.::r; .I" sr-r/.t-ir-nlr iir-ve:!-» thí'Í'T ::-i.v.-:ado n «
: :-v:ir:.r :::in r»:.: iv ,:v>a v \r:\h 1;t.. sin:* i«:.r> elu.Iir-
DE LAS REPOfiLICAS DE LA PLATA 35
la. £1 tratado exigía de las Repúblicas del Rio de la Plata y de
sus Gobiernos legales el reconocimiento de una legalidad des-
conocida, la de los rebeldes y salvajes unnitarios ; la aquies-
cencia al escándalo causada por el armamento de extranjeros
en Montevideo : la anulación del carácter y de los derechos del
único Gobierno legal, los de S. E. el Presidente de la República
Oriental, Brigadier D Manuel Oribe, gobierno instituido y he-
roicamente sostenido por la Nación Oriental. »
«El tratado exigía también el sacrificio de las prerogativas de
soberanía y de independencia de las dos Repúblicas, el abando-
no de los derechos esenciales de control y de dominación sobre
sus rios interiores, y la sanción de la intervención europea en
la política, en la guerra y en todos los .negocios de los Estados
Americanos. »
De este modo es evidente que la ruptura de las negociaciones
no tuvo por causa la cuestión rios, sino por que el General Rosas
rechazó enteramente el proyecto de Convención desde que no
se acordaba que el General Oribe y no otro seria Presidente del
Estado Oriental. Es sorprendente que los Gobiernos europeos
hayan comprendido tan poco al General Rosas para creer que
consentiría en tal Convención.
Pero volviendo sobre los rios ; el órgano del General Rosas
declaró que las pretensiones de la Francia y la Inglaterra á este
respeto tenían tendencia á despojar á las Repúblicas del Plata
de sus derechos de soberanía. Para destruir semejante subter-
■
fugio solo era suficiente consultar los documentos publicados
por el mismo General Rosas.
La primera mención que se hizo sobre rios tuvo lugar en
las bases presentadas por el señor Rosas en 1845 á M. de Ma-
reuil; esas bases suj i rieron en el artículo 5** el tratado Hood
relativamente á la navegación del Paran*. Pero ese artículo
estaba tan lejos de ser una pretensión estraordinaria, que no es
realmente favorable sino á una de las partes contratantes, á
36 HISTORIA POLÍTICA T XILITAB
líi República Argcnftifia, á la vez (jue el General Rosas contesta-
ba oficialmente, qnc no aceptaba ese articulo por(|iie ese de-
recho (le la Confederación, quedaría intacto y no se suspendería
<3n nrnguna época, ni «le ningún modo ni aun por la insurrec-
ción de nna sofla provincia argentina, reclamando al mismo
tiempo en común con el Estado Oriental un derecho de sobe-
ranía semejante sobre el Rio Uruguay ; de eso surfín f¡ue et
articulo 3" de la convención del 45 fuese objeto de las invec-
tivas de la Gaceta MercaniiL Sin embargo, ese articulo estaba
fuera de toda controversia, desde que reconociaesplícitamente
ambos ríos como navegación interior , y se agregaba en él
Kjue dicha navegación quedaba sujeta á los derechos terriloria-'
les, sin entrar á definir ni á discutir tales derechos, lo que
hubiera constituido de parte de la Inglaterra y la Francia una
verdadera intervención. Lejos de eso aquellas potencias los
abandonaron ^al control de las leyes que rijen todas las nacio-
jies, único tribunal al que ocurren todos los Estados civilizados.
Desde que el General Rosas rehusó someterse á ese tribunal
se vio desde luego obligado á confesar que su Gobierno no
estaba en la categoría de aquellos Estados. Pero el General
llosas tenía un motivo, y aunque ese motivo ha quedado ocul-
to por mucho tiempo se encont«*ará sin embargo transparen-
itado en el articulo correspondiente al contra-proyecto.
La evidencia surjirá de una pequeña esplicacion. Los rios
Taraná y Uruguay tienen puntos navegables que no pertenecen
al territorio Argentino, pero que son limítrofes del Brasil y del
Paraguay. Por consecuencia, declarando, como lo hacía el Ge-
i^ral ftesas en 4a modificación del articulo, que la navegación
del Paraná estaba sujeta solamente á las leyes de la Confedera-
ción Argentina, ó á las del Uruguay, y en comnn k los dos Esta-
dos, desconocía evidimtemente los derechos que tienen sobre
esos dos TÍOS d Brasñ y -el Paragaay. Las rdaciones deíl «General
Rosas con cfl^asfl -no podran llamarse amigables j'es indudable
c|ue alimentó siempre designios hddtiles* cdatifafel' fóvafuay;
perO' eso bo: eca una razoik para atacaír U^soberaftia de* aqwllbs.
E^iftskáos, po€ Biiedii} de uik artkato íatrodiiddo erb an^ Irata-
áí^ ; y sí tes neg<M{iadoresv Imbiestíii; beeho* anai eMficta«kin
mas precisa en el pmectade coaveacionv <}tte la que «weiiraba
aquel artículo, habrían merecido de parte de aqaeHas^p«ten(ríflB
et Fep>P9eb& %iia el fieoeral; llosas las hiee m a^ueVas cipcms-
taaeiaí^ ; pero coalqaiera q,tte* f iMse la in-teoeioa de los plenipo-
teacíaitíos^ no podiaa estar antoroados» pep(|fte;níngtta Gobíefino
puede dar semejiante aiiAorizaeioos. á haeep la declafacioiif qioe
el tieasral Rosas exíjia de ellds^ siuh emba^rgo de que pore^
mensaje de este General se vé <iue estalKiOi dispuestos- ái in tan
lejos eomO' tes permitiesen sus proyectos.
El 2d de Jonio, víspera del diák en qne se cerraron Lis eonfe-
Fencias, Lord Howden Uamú al presidente de la aseeiacion de
negociantes ingleses ea Buenos Aires y lediijo que creía áe su
deber info^rmar ;d com^eiicio de lo que podia afectar sus inte-
reses; y Qfie dieseaba hacerle saber, (^oe consideraba como
rotas las aeg^iacianes coa el Gobierno^ de aquella pirovineia..
Lo^ q,ue Lord Mo^wdeo había previsto* sucedió» en efecto en
otra conferencia qíUe tuvo lugar ; el; mensaje del GenefalAosas
dice á ese respecto lO' que le coB^eniia publicar ; pero en de-
finitiva el resultado pareció hacer la rup4«ra mas- visible y
completa. Cott este motíivo lo<> plenipioleBei<uria6 pidJeron sus
p^isaportesv Lord Howden. dejó 4 Buenos* Aires el 3 dei^uoíe y
el conde de Walewski cWñxM m p:a:tida algunos días por causas
privadas. Sin embargo antes de embarcarse hizo dirijir una
nota oficial al Mnistro de Relaciones Exteriores del Gobierno
de Montevideo por el conlra AlmiraAie Lepredour, arvisándole
que se trasladaba á aqiuella» eaf)i-ta( k iin. de hacer un aimis-
ticio con el General Oribe, y que durante este arm i siieio» en-
trarían á Mootevideo productot^ decam^pattai hasta que k)s^ Go-
biernos de Europa tomafsen «na resolución.
38 HISTOBIA POLÍTICA T MILITAR
Este docamento fué el único de carácter oficial, que se envió
al Gobierno de Montevideo con motivo de las negociaciones se-
guidas con el gobierno de Buenos Aires, sin que anteriormente
fuese consultado para lo mas minimo, ni menos informado ofi-
cialmente ni de los detalles de aquel asunto ni del carácter de
las discusiones.
A su llegada á Montevideo los plenipotenciarios se traslada-
ron á casa del Presidente de la República y le significaron sus
intenciones de tratar con el General Oribe, pretendiendo obtener
la prolongación de un armisticio. El conde de Walewski se
domicilió en el consulado francés, mientras que Lord Howden
permaneció á bordo de la fragata Raleigh.
Los negociantes ingleses residentes en Montevideo, que de-
seaban aprovechar de la presencia del plenipotenciario para
tratar con él distintos negocios, desearon verle y al efecto se
dirijíeron i él, solicitando una audiencia. Lord Howden hizo
contestar por su secretario que en el momento en que había una
negociación pendiente no terminada aun, debia abstenerse de
recibir ninguna persona, cuyo objeto fuera el de solicitar su
opinión y obtener conocimientos sobre cualquier asunto, porque
le era imposible emitir juicio alguno en aquellas circunstancias
sin falsear el objeto de la misión que le habia encargado Su
Magostad Británica.
Una vez en el campo del General Oribe y después de la pre-
sentación de las credenciales acabaron por confeccionar un
armisticio acordado en estos términos :
Propomtciono* Ael «rinl«tioio
Art. I J^ Se establecerá un armisticio por cinco meses.
Art. i.'^ Las partes belijerantes conservarán sus posiciones
actuales.
Art. ^J^ La ciudad de Montevideo será aprovisionada, esta-
bleciéndose una libre comunicación entre esta y el interior del
país.
DE US BEPIJBLICAS DEL PLATA 39
Art. í."" Se levantará inmediatamente el bloqueo de ambas
riberas del Plata por las fuerzas navales inglesas y francesas.
De conformidad con esta comunicación, los plenipotenciarios
hicieron el 9 de Julio su primer visita oficia.1 al General Oribe
en su campo, y las proposiciones fueron recibidas por él con un
cambio en el artículo r. Ese cambio tenia por objeto prolongar
los términos del armisticio á seis meses en lugar de cinco, con
la supresión de esta parte esencial del artículo 3^, suprimiendo
la libre comunicación entre la ciudad sitiada y la campaña. Se
declaró también que la provisión de carne se reduciria i !,500
cabezas de ganado por mes que debían ser pagas en Montevideo
á tres patacones y tercio por cabeza.
La misma dificultad que se habia presentado en la discusión
con el General Rosas respecto al título de Presidente legal, debia
hacerse una vez mas evidente, á medida que se aproximaba el
momento de firmar el armisticio, y para evitar toda dificultad
sobre la proposición de los Plenipotenciarios el documento
se presentó de este modo :
« Armisticio concluido entre las partes beligerantes, dentro y
fuera de la ciudad de Montevideo, bajo la mediación délos Go-
biernos de Inglaterra y Francia, contenido en los artículos si-
guientes. (Seguían los artículos 1^, 2**, 3** y 4* tales como
fueron cambiados con el General Oribe, labrándose tres copias,
ana en inglés, otra en francés, otra en español. )
Eldia 14 de Julio, aquellas proposiciones tales como habían
sido modificadas por el General Oribe, fueron trasmitidas por el
conde de Walewski al Ministro de Relaciones Exteriores de
Montevideo para recibir su aprobación, incluyéndose la siguien-
te pieza confidencial.
40 mST^BIA POLÍTICA T MILITAR
( TBAJȆCCI0N. )
Monteyideo, 14 de JuUo de 1847.
Señor :
El PleoipoteDciarjo de S. M. B. y yo, hemos entrado en ne-
gociaciones con el General Oribe á fin de de convenir en un
annisticío entre los beligerantes : las condiciones siguientes
podrían ser adoptadas por el General Oribe.
Art. 4 ."^ Un armisticio de seis meses.
Art. 2.'' Los beligerantes conservarán sus respectivas posi-
ciones.
Art. 3.^ La ciudad de Montevideo será abastecida de ganado
por el General Oribe que se compromete á proveer á las auto-
ridades de esta ciudad, 4 ,-^00 cabezas de ganado por mes. El
día de la entrega se fijará por los comisarios francés, inglés y
oríental. ,
Art. 4"". Los bloqueos establecidos en ambas márgenes del
Plata por las fuerzas navales de la Inglaterra y Francia serán
levantados.
Os ruego, señor, me hagáis saber lo mas pronto posible sí
será aceptado por el Gobierno de Montevideo un armisticio es-
tablecido por estas bases.
Os serviréis comprender que en un arreglo de esta naturale-
za, cuando se trata de conciliar dos partidos sería inconve-
niente dar publicidad á las medidas que deben tomarse. En
consecuencia os suplico tengáis esta nota por confidencial, y
participarla á las personas que deben deliberar sobre este
punto.
Aceptad etc.
( Firmado ) — Walkwski. .
I>E Lis REPÜ£L1CÁS J)£I. FLAf A 44
£1 fiobfterno f ei Consejo <le Estado se reunieron para deli-
berar Mmedíatameate j se decidió por onaBÍBtklaá que aque-
llas proposkJ0»es tafes como se presentaban eran inadmi^ldes.
Bé aquí los mas mportanles párrafos de la nota que pasó
eneoatestacíon coa fecba 18de JaUo de 1847.
€ Ufi aroüstieio que abre la mar al General Oribe, j que no
abre al Gk^emo el interior del pais, nos atreremos i decirlo,
no era eqniiatiTO. El levantamiento del bloqueo tendría por
efecto reducir i nada todas nuestras rentas, iiacer pasar todo el
oomercáo al Boceo, puesto en posición del General Oribe ; por
con»guienl6 crearle nnevos recursos para contioaar la guerra^
qintáod0DOS ¿ nosotros todos los que podíamos tener. Que
nos sea permitido añadir aquí, Mtiord, que una cesación de
hostilidades entre una ciudad sitiada y un ejército sitiador, no
es real sino cuando d ejéncito sitiador suspende los efectos
del sitio. Porque todas las hostilidades no cesan porque no se
tiren jra cañonazos. La mas grande, la mas peligrosa hostilidad
es impedir toda comunicación con la ciudad que se sitie. La
introdttcctoade mil quinientas rese&, suponiendo que esta in-
troducción faiüiiese tenido lugar legalmente, seria de natura-
leza á bacer bajar el precio de la carne, j por consecuencia á
disminuir ia miseria. V.E. tendrá á bien observar que el Go-
bierno faabria tenido que pagar estas mil quinientas cabezas
de ganado al Genend Oribe^ j el estado de decadencia á que
estaríamos reducidos por el alzamiento del bloqueo, no nos
habría permitido tal Tez, ni aun bacer ese pago. Por otra parte,
la carne no es lo que mas folta, pueden las embarcaciones
traerla del Brasil, j aun de las costas argentinas, por poco di-
nero que haya para pagarlas. El Gobierno de la República del
Uruguay no ha podido pues hesitar un solo instante en desechai*
las comliciones de armisticio k que habría suscríto el General
Oribe, popqie esas condiciones serian su ruina. El 43 de Julio
por la mañana, el Ministro de Beladones Exteriores transmitió
42 HISTORIA política T MILITAR
por escrito ¿ S. E. ei Plenipotenciario de Francia su parecer so-
bre las condiciones propuestas, y sin otra intimación, sin mas
advertencia de género alguno, algunas horas después, la toz
pública vino á hacer saber al Gobierno que la Inglaterra levan-
taba el bloqueo y cesaba la intervención. Ayer f 7 del corriente,
también sin precedente advertencia, las tropas inglesas que
ocupaban su puesto sobre Id línea interior, lo dejaron lleván-
dose sus cañones sin mas que un simple aviso verbal. ¿ Cómo
espresar semejante tratamiento ? — ¿ Puede admitirse que, sin
graves motivos, el Gobierno de S. M. B. deque nadie conoce
mas que nosotros la política generosa, se decida á terminar su
mediación en estos parajes, haciendo cesar las medidas coer-
citivas contra los fuertes recalcitrantes que aun acaban de re-
chazar en Buenos Aires las aberturas de conciliación transmi-
tidas por V. E. para abandonar al débil lleno de confianza en la
justicia de sus decisiones ? Si V. E. tiene algunas quejas contra
el Gobierno de la República Oriental, debería participárselas ;
su mas grande anhelo será hacer justicia á esas quejas ; pero
si no es asi, que le se^i permitido al Gobierno de la República
quejarse del poco miramiento con que V. E. le ha tratado y de
la forma de que se ha servido : que le sea permitido declarar
solemnemente que él nada ha hecho para atraer sobre si seme-
jante tratamiento por parte del Gobierno de S. M. la Reina de
Inglaterra, y de apelar de todo ala alta justicia de la Soberana,
por la que cualquiera que sean los hechos presentes, no expe-
rimentará menos eterno reconocimiento por los servicios de
todo género que se ha dignado acordarle hasta este dia.
« El infrascripto saluda á V. E. con la consideración debida.
« Miguel Barreiro. j>
En cuanto al Gobierno de Montevideo, véase de qué modo le
juzgaba Lord Howden, en sus notas referentes al acto de le-
vantar el bloqueo por la escuadra inglesa en las aguas del Plata.
DE LAS RSPÜBLICAS DKL PLATA 43
« Fragata de S. M. fi. Raleigh, frente á Montevideo,
Julio 15 de 1847.
Exmo. Sr.
« Habiendo rehusado el Gobierno pro^visional de Montevideo
asentir al armisticio que yo considero razonable, justo y muy
de desear en el sentido de la humanidad, he determinado en con-
secuencia levantar el bloqueo de ambas riberas del Rio de la
Plata, en la parte que corresponde á los buques de S. M. B. y
cesar toda ulterior intervención.
€ Espero que Y. E. me dará la gran satisfacción de confirmar
el empeño de una amnistía en los mismos términos que ha sido
acordada entre Y. E. y el Sr. Hood, si Y. E. por la suerte de las
armas entrase en la ciudad de Montevideo.
« No tengo duda que los sentimientos personales de Y. E.
le impulsarán á concederme esta amnistía sin esplicacion algu-
na por mi parte.; pero que será altamente agradable, no solo
ámi Gobierno, sino al pueblo inglés, que yo tenga la garantía
de ella bajo la firma de Y. E.
4( Dios guarde á Y. E. muchos años,
HOWDEN.
« AS. E. el Sr. General D. Manuel Oribe etc., etc., etc. »
El Presidente Legal de la República Oriental del Uruguay.
«Cuartel General en el Cerrito do la Victoria, Julio 15 de 1847.
«Exmo. Señor:
« He tenido el honor de recibir la nota de esta fecha de Y. E.
en que expresa que, habiendo rehusado el Gobierno provisio-
nal de Montevideo asentir al armisticio que Y. E. considera ra-
zonable, justo y muy de desear en el sentido de la humanidad.
U HISTOBIA POUnCA T KHaTAE
lin «loloriuiuatlo V. E. levantar el bKM]ueo de ambas riberas del
Rio lie U rUl:i, en cuanto tiene relación á ios buques de S. M. B.
\ oosar toda ulterior intenrencion. Y. E, ei^pera que le seni
dada por mi |varto la gran satisfacción de confirmar el empeño
de utia amnistía aconkula C4h\ et Sr. Hood, y en los mismos tér-
miiH^. si |M>r la suerte de las armas entrase yo eu la ciudad de
M«mlevideiK ¥ conclaye V. E. diciendo que no tiene duda de
qno mis sentimientos personales me impolsaiáu i conceder es-
la amnislia sin nii^na esplicaciim por parte de V. E.; pero qme
^attíi altan^eute agradable no solo a su Gobierno sino al pueblo
^t^fW^ el que > . K. tenga la garantía de la eHa bajo mi fiíma.
« Kn lai ctiaice|4(> me apoi'snro á contestar qne nícoBUM y
%\MiÍrm^^ ett todas sus partes la |M\¥nessa de amnistía oloi|^
|v^r mi en liV< mism^vs^ teimíMS prv^Hiestas y aoíptaákks en el ar-
Ih^nK^ ti^ . «le la %>^\vik^í«^ %v)etoida ixm t^ caballero D. Tomas
Samuel Htvd^ <\miisKmado ^)W<ial i|«e teé pic los GúfeÑfiMts
iileSx Msit > Je:v¥Hel lte> ^los PtuMss^^á qve Sier^Mv
X . i^. e^. su oiuda »%4a %ie lun. ^
i\v,^ ;\vt^ m.^l)^>^ :sahi<i> a ^ F. ^iM) mi mas dissinpéia c.:4k
l^vm^A S«. >l:iiust^> Meií^>)^^'^a;'»<' > Cxxvaoo Eun«.'Cuá34fcrj>
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 45
« idea de recoDOcímíento de derechos, sino iimítándosc á la
« admisión del hecho de que ciertas personas están á la cabeza
« de ciertos cuerpos de tropas . »
« Obrando de acuerdo con el espíritu de esta autorización, y
deseoso de evitar la terrible pérdida de vidas que se sacrifican
cruel c inútilmente en una guerra como esta, en que sin embar-
go de ser los encuentros diarios sin objeto ni gloria, la suma
total de muertos al fin de cada mes es muy considerable — Pro-
puse en concierto con mi colega el Conde de Walewsky al
Gobierno de Montevideo y al General Oribe un armisticio justo
y honorable (|ue duraría seis meses, durante los cuales el Gene-
ral Oribe proveería la ciudad con i ,500 cabezas de ganado men-
suales al mas bajo precio de primer costo.
« El General Oribe aceptó este armisticio no solo con la
condición propuesta, sino de manera que el título de Presidente
legal que asume no apareciese en la firma para facilitar á los
Ministros Plenipotenciarios de Inglaterra y Francia el firmar el
<locumento.
« El Gobierno de Montevideo ha rehusado este armisticio que
no vacilé en decir era ventajoso á sus intereses, por estar sin di-
nero, sin crédito y sin tropas nacionales.
<( Considerando primero, que los Orientales de Montevideo
no tienen en este momento libre voluntad, sino que están ente-
ramente sometidos á una guarnición extrangera; segundo, que
habiendo este bloqueo perdido enteramente su carácter primiti-
vo de medida coercitiva contra el General Rosas, ha venido á
ser exclusivamente un medio de proveer de dinero al Gobierno
de Montevideo y ciertos extrangeros residentes allí, en perjuicio
del valioso comercio inglés en estas aguas — Pido á V. Señor
que levante el bloqueo de ambas riberas del Rio de la Plata, y
que tome las medidas necesarias para hacer cesar toda ulterior
intervención en estas aguas.
4( Después de obrar de acuerdo por tanto tiempo, permitidme
46 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
que aprovecho esta oportunidad para agradeceros sioceramente
la conforme, benévola y eficaz cooperación que me habéis pres-
tado en todas ocasiones para el mejor suceso del servicio de Su
Majestad durante una negociación díncil y prolongada.
« Tengo el honor de ser, etc.
« Firmado — Howden.
Al Almirante Naval de las fuerzas británicas en el Plata.
En cuanto al Conde de Walewski no se miró como autoriza-
do, para seguir una linea de conducta igual ala de su colega j
así es que el 21 de Junio, algunos días antes de su embarque pa-
ra Francia se dirigió al Gobierno de Montevideo, diciéndole:
« que la misión que le habia sido encomendada por el Gobierno
de S. M. el Rey de los Franceses, y cuyo objeto era hacer un ar-
reglo establecido por las bases propuestas por M. Hood, arreglo
que debia procurar la paz, de estos paises, no habia tenido re-
sultado á pesar de todos sus esfuerzos y los de su colega de In-
glaterra, tanto en Buenos Aires como en el Cerrito ; que todo
quedaba, en consecuencia, en el mismo estado que antes; que
las fuerzas navales de S. M. el Rey de los franceses, continuaría
en el bloíiueo de las costas orientales ocupadas por el General
Oribe y las de Buenos-Aires, y concluia diciendo : « que su go-
bierno tomaría el mas vivo interés por la República Oriental,
supuesto que los franceses recibian en ella lamas generosa hos-
pitalidad ».
El Sr. Walewski dejó Montevideo el 2 de Agosto, y en ese
mismo dia rompió el General Oribe las hostilidades, sin adver-
tirlo 24 horas antes, como estaba estipulado por el art. 6" del
armisticio preliminar.
Lord Howden permaneció á bordo hasta el 25 de Julio en
que se hizo á la vela para Rio Janeiro.
Tales son las consecuencias de la línea de conducta adoptada
tanto por el General Rosas como por el gobierno de Montevideo
DE LAS REPÚBLICAS i)EL PLATA 47
— Aquella conducta fué tan opuesta á la política, aconsejada
por los verdaderos intereses de ambos países, y fué de tal ma-
nera desastrosa, que causo la ruina de la República Oriental, de
cuya postración no ha podido levantarse en mas de 30 anos
que se han seguido á aquella época, luchando con repetidas
convulsiones políticas, nacidas del jérmen de aquellos sucesos.
.1'
CAPITULO II
Sosion parlamontarla ©n. F^iranciu sotopo \oh asuntos
do la Iloi>iil>lioa Arg^ontina.
Véase entretanto, cómo fué discutido en el parlamento fran-
cés, el resultado de la negociación Howden y Walewski.
DEBATES SOBRE LOS ASUNTOS hfH RIO DE LA PLATA
Cámara de Diputados. Sesión del 4 de Febrero — Presidencia
de M, Sanzet.
El párrafo 8 está concebido así :
« La Cámara espera que las medidas adoptadas por vuestro
Gobierno, de acuerdo con el Gobierno de la Reina de la Gran
Bretaña, restablecerán al fin nuestras relaciones en las márge-
nes del Plata, »
Tiene la palabra M. Levavasseur:
M. Guizot. Presidente del Consejo. No tengo de ningún mo-
do el designio de impedir á los honorables miembros que se
han hecho inscribir para hablar sobre este párra/o, el que tome
la palabra. Tendré mucho gusto en oírles, y aprovechar sus
consejos, y las miras que puedan manifestar en la tribuna :
pero debo prevenirles, y al mismo tiempo prevenir á la Cámara,
que me es imposible ninguna discusión sobre este punto.
La negociación que se sigue en este momento por nuevos
48 HISTORIA política t ulitar
negociadores, se liga intimamente á la negociación anterior, y
í ia discrepancia entre ambos negociadores. Me seria imposible
explicarme sobre lo pasado, sin comprometer el acuerdo resta-
blecido entre los dos Gobiernos de Francia é Inglaterra.
Mi deber me impone, paes, la necesidad de guardar silencio.
:¥. Lemvassenr se empeña en demostrar la funesta influencia
do ia política seguida [)or la Francia en los sucesos del Plata.
Piensa desde luego que el interés de nuestro comercio ha sido
abandonado muy fácilmente, y que alemas nuestro Gobierno,
j)or sus debilidades, ó por las inlluencias que ha ejercido, es la
causado todos los desastres a que est;in sometidos aquellos
paises: que es sobre lodo al Gobierno Francés á quien se debe
atribuir la funesta división ((ue reina desde tanto tiempo sobre
las márgenes del Plata.
.lí. Brouin de llluis. Señores, sé que ha i)asado el momen-
to de |)ronnnciar largos discursos sobre los asniítos exlrangeros;
y por otra parte, lo que acaba de decir el seuor Ministro de Ne-
gocios Exlrageros hubiera desinteresado mi curiosidad encaso
de((ue hubiera yo querido asociar á ejia la Cámara; pero creo
que hay siempre lugar en nuestras discusiones para explicar
iin voto de conciencia.
Yo repelo el párrafo, porque contiene una materia. Hace siete
años que se nos dice que los negocios del Plata Tan iteimínar,
y no sok) nada se adelanta en ellos después de siete anos, sino
que, como se ha dicho hace [K>co, se atrasa.
¿ Qoé nuevos documentos nos han sido presentados? ¿ Oué
detalles se nos han dado ? Ningunos : siempre se nos viene
eon la necesidad de ftn silencio dipiamático. Bien ! á falta de
detalles ; de explicaciones, nos vemos obligados á referirnos á
documentos que nos hemos podido procurar privadamente.
¿Sabéis , señores, cómo ha terminado la negociación (foe
acaba de interrumpirse f Ahora Rosas reclama indemnizacio-
nes por un Moqueo que ha durado tres años. Asi Rosas (|niere
/"
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 49
trakimos como vencedor, ahora que la negúciacion no lia te-
nido resultado.
Ante su Cámara él es mas rescrvadí) : declara quo la nego-
ciación se ha malogrado por la mala voluntad de ambos nego-
ciadores, los señores Walewski y Howden ; y dice que espera
que el Rey de los Franceses y la Reina de Inglaterra considera-
rán la cuestión. Asi, dei^pues de siete anos de negociaciones,
Rosas os pide (jue estudiéis mejor la cueslibu.
El orador hace la lectura ée las proposiciones de llosas. En
estos pormenores Rosas habla de los nuevos nc^gociadoros; y
dice que son siempre los mismos frailes con las inisraas alfor-
jas. Los frailes, dico-cl orador, son los ncgocialores, y las al-
forjas, las carteras que contienen las instrucciones del /ríink^ír.)
de Negocios Extrangerus,
¿Se quiere saber el respeto que se i)rofesa á la Francia ? Por
resolución de la Cámara, Rosas da un decreto que manda ha-
cer salvas de arlilleria y rep.i(|U'js do campanas para celebrar
la repulsa de astutas proposiciones- de paz hecíias por la Fran-
cia y la Inglaterra.
Pero, se nos dice, nada IsieniDS ya (¡u í espejar de llosas :
vamos á dirigirnos á Oribe; nos apoyaremos en los Estados
UnitlüS, en el Brasil : es un error.
El orador lee algunos trozos de periódicos de los Estados
Unidos. A'eis, agrega, ([ue no (¡ebemos couír.r, ni con los Es-
tados Unidos, ni con el Brasil. Se ha hablado di* la cntc^ií'cor-
(Hale con la ln;,'laterra ; pero ademas de qne los casarni-iütos
Esparioles>y los negocios de Suiza le han dailo fiiertes j;.)ipes,
no se puedo negar que ya lia teuid ) Ingar nna uposicioii depi)-
r^ble eíitre los Plcnipotenciarii)s Inglés y I'rani^.és. 7A coinaii-
daníe Inglés ha declarado qu;; levaníaba ei blu([:ieo , y lia
retira-.io sus tropas, mientras ;¡ue el coinandaiite Fiancés :na:i-
tiene las snvas.
Hav mas ; mientras aue nosolros eslamos en frias relaci Jnc.^
4
50 HISTOIU POLÍTICA T HaiTAl
con Montevideo, el comandaDte Inglés ha escrito mu carta 4e
agradecimiento ¿ Rosas por la benevolencia con que le ha eiv-
viado una bandera Inglesa que había sido tomada en la Repú-
blica Ai^entina. En fin, dijo el orador concluyendo, nos pedís,
por el párrafo que se discute, nuestra confianza, y no podemos
tenerla por lo que habéis dicho : ella no puede nacer de lo que
hemos averiguado por nosotros mismos. Es por esto que dese-
chamos el párrafo.
M. Lacrosse : No tengo la esperanza de hacer que el señor
Prefiidente del Consejo rompa el silencio que se ha impuesto :
solo pretendo determinarla situación en que ese silencio coloca
ala Cámara. En 1846, á principios de los negocios del Plata,
el señor Ministro de Negocios Estrangeros no dudó, interpdado
por uno de nosotros, en depositar en la secretaría las instruc-
ciones dadas á un Encargado de Negocios que no había aun
llegado al lugar de su destino ; y hoy, que graves inconvenien-
tes han sobrevenido, rehusa dar esplicaciones. ,
La resolución del señor Presidente del Consejo ha sido muy
repentina, porque en la sesión del 24 de Enero último, el
honorable M. Berryer, habiendo pedido la comunicación de los
documentos oficiales, el señor Presidente del Consejo respon-
dió que habría inconveniente en esta comunicación, hasta que
se restableciese el acuerdo entre los Gobiernos de Francia é In-
glaterra ; y de estas palabras era muy difícil deducir que su
intención era dejar la discusión sin resultado.
M. Guisot, Presidente del Consejo. Ruego al honorable N.
Lacrosse que se persuada, de que tengo tanto respeto como
él á los derechos de la Cámara, y á la libertad del debate. El
mismo ha confesado que yo no he trepidado en dar comunica-
ción de los documentos en un momento en que se abrían las
negociaciones. Sí lo he hecho es porque entonces no habia
ningún inconveniente en esto.
Hoy la situación es diferente. A vista de los sucesos que han
w LAS repOblicas del plata 51
teñido lagar, como creo'que la discusión podría tener incon-
venientes, y ejercer una funesta influencia sobre el futuro, fai
repelo por ser inoportuna.
üf. LacrossB insiste para que el miembro informante de la
Comisión se esplique sobre e( punto de saber, si la Comísíoii
ha tenido conocimiento de 1 os documentos oficiales, jr si la
cuestión del Plata ha sido discutida en el seno de la comisioD.
¡H. Vitet, miembro informante. En el seno de la comiston el
señor Presidente del Consejo se ha encerrado en el mismo si-
lencio; esto es lo que esplicala diferencia que existe entre el
párrafo del discurso del trono y el del proyectó de contestación.
Solo por haber afirmado el señor Presidente del Consejo á fai
Comisión, que estaba convencido de que el acuerdo entre la
Vrancia y la Inglaterra llevaría á una solución feliz los asuntos
del Plata, sobre esta afirmación, la Comisión ha espresado en
el profeeto de contestación, no una certidumbre, no una con-
fianza, sino una simple esperanza.
Jf. Lacrosse insiste en sus observaciones, y desecha el pár-
rafo*
Vuelve sobre sus anteriores observaciones : el levantamiento
de un bloqueo que cuesta tres millones por ano, y que ha do-
rado siete años, seria para el pais una noticia muy buena, para
complacerse en hacérselo esperar, si esa esperanza fuese seria;
pero le parece difícil contar con ella. ( ¡ A votación t já vota-
ción I )
M. Blanquí. No quiero sino llamar la atención del Sr. Presi-
dente del Consejo sobre un hecho. Hace veinte y cinco ó treinta
años que un gran número de nuestros compatriotas se bailan
establecidos en las márgenes del Plata : á consecuencia de la
última expedición, y en represalia de las medidas coercitivas
adoptadas por la Francia, nuestros compatriotas han sido ar-
restados por orden de Rosas, conducidos como prisioneros
atravesando un pads de 60 á 80 leguas, y encerrados : uno solo
Si HISTORIA POLlXlGi Y JULIZAft
4e Vosotros en el carácter áe Nuestro Mimstro Plenipoten-
ciaño.
No dudamos que él merecerá vuestra aprobación y beoevo-
leacta^ por oaa estricta observancia de las instrucciones que ha
recibido de Nosotros, para probaros nuestra constante amistad,
y el si acero deseo que mantenemos de promover y adelantar en
tedas ocasiones, los intereses y la felicidad de ambas naciones.
Per lo taftto Os suplicamos concedáis una favorable recepción
á Nuestro dicho Ministro PlenipotenGÍario« y le deis entero cré-
dito á todo lo que Os diga en nuestro nombre, especialmette
cuando, en obediencia á nuestras órdenes. Os asegure de núes-
tfa afecto, y consideración, y de nuestros cordiales deseos por
vuestro bienestar y prosperidad.
Y con esto os recomendamos á la protección del Todo Pode-
roso.
Dado en nuestra Corte, en el Palacio de Buckingham^ el día
treinta y uno de Mayo en el año de Nuestro Señor mil ochocien-
tos cuarenta y ocho, y en el undécimo de Nuestro Reinado.
Vuestra Buena Amiga —
VICTORIA R.
PALMERSTON.
La conducta de Lord Howden quedaba completamente affror
bada, y el Sr. Southern recibido en Buenos Aires, después de
presentar sus credenciales, como Ministro Plenipotenciario.
El plenipotenciario inglés traía plenos poderes, y acabó con
d Gabiemo Argentino un completo arreglo amistoso dejando
afirmadas las relaciones políticas y comerciales entre la Gran
Bvetaia y la República Ai-gentina. La siguiente carta regia, filé
la. kase de aquellos ¿urreglos, en lo que para uada entró lo pasa-
do eo las anteriores interrenciones.
AS US R£P£BUCÁa »£L PUTA 55
VICTORIA R.
Victoria, por la gracia de Dios, Reina dd Reino Unido de la
Gran Bretaña é Irlanda, Defensora de la Fé, etc., etc., etc.
A todos j cada ano á quienes las presentes llegaren — Salud I
Por cuanto, habiendo juzgado conveniente nombrar una per-
sona propia para n^ociar y concluir un Tratado ó Convención
entre nosotros y la Coniéderacion Argentina, con el objeto de
poner un término á Jas ^diferencias existentes, y de restablecer
las perfectas relaciones de amistad entre Nosotros y dicha Con-
federación : sabed por tanto que Nosotros, reposando especial
crédito y confianza en la Sabiduría, Lealtad, diligencia y Cir-
conspeccian de nuestro fiel j bien amado Enrique Southern,
Caballero, nuestro Ministro Plenipotenciario en dicha Confede-
ración, lo hemos nombrado, hecho, constituido, y ordenado,
como por estas Presentes lo nombramos, hacemos, constitui-
mos, y ordenamos, nuestro indubitable Comisionado, Procura-
dor y Plenipotendarío : dándole toda clase de Poder y Autori-
dad para tratar, ajustar y concluir con cualesquiera Ministro ó
Ministros que fueren investidos con igual Poder y Autoridad
de parte de dicha Confederación Argentina, cualquier trata-
do, Convención, ó Ajuste qae pueda conducir á conseguirse el
objeto ya mencionado ; y para firmar por Nosotros, y en Nues-
tro Nombre, todo cuanto asi se ajuste y concluya; y para efec-
tuar y negociar todas y cualesquiera otras materias que puedan
tener relación i la condosion de dicha obra ; en una manera y
forma tan amplias, y con igual fuerza y eficacia que lo pudiéra-
mos hacer Nosotros, si estuviésemos Presentes personalmen-
te : comprometíéndoaos y prometiendo bajo Nuestra Real Palar
bra, que todo cuanto fuere de este modo tratado y concluido por
Nuestro dicho Comisionado, Procurador y Plenipotenciario, se-
rá admitido, reconocido, y aceptado por Nosotros del modo mas
ü6 HISTOBIA política Y MIUTAR
phnio ; y qiio íiunca permitiremos, cuanto estuviesi? eii nuestro
Toder, que toilo ó en parle, cualquiera Persona lo infrinja, ú
obre en contravención á ello.
E;: te.sliuKjriio de lo mal, Hemos Cnlenaílo qne el Oran Sello
(lo Nneslr.) Uoiuó l'w'ul) di» la Tiran Uretaña é Irlanda sea anexa-
m
(lo á oslas Présenles, las cuah's Hemos Hrmartí.) con Nuestra Mu-
ño Ilegia.
Dado en nuestra í'.'jrle «'n HalmcralelST de Agosto en el ano
d(:l SíMlor de I8M), v en r\ I :i' de Nuestro Reinado.
VICTÜRÍ.V U.
PALMEÍSTON.
I.:l anterior es copia liel — ¡ikxrique shoütkr?:.
■
El íií^neral Urquiza iiahia invadido la provincia de tlorrientes.
El (Venera! Paz que conservaba e! alio cargo de director de la
giierrí!, y pennaneoia en su campamento de Vilianueva, diu al
rieieral 1). Juan Madariaga, el m:indo de la vanguanlia del ejér-
ciU) corrontino compuesta de 1800 hombres de caballería, con
mas una División de 800 h:íriil)res mandada por el (icneiTil ( Jo-
s'^ Domingo Avalos\
El rJiTcito del (ieneral Paz se C(:)mponia, en su totalidad, de
S.")00 hombres, de los cuales, 1200 eran Paraguayos, y los res-
taníes Correnlinos, armados 3000 de infantería con 12 piezas
di» arlillería de cam|)a'"ia, y los demás de caballería regularmente
montada.
Paz habi'a reí:ibido de Montevideo oOO carabinas, 500 sables,
y 200 pares de pistolas, y del continente brasilero oOO fusiles y
800 es|)adas, n(»gociados por casas de comercio de Rio Grande.
Entre los Gobiernos d(d Paraí^iav v Corrientes se había con-
cluido un tratado de alianza ofensiva v defensiva, el 1 1 de No-
viembn» de I8i8, y jm)I' uno de los artículos reservados, el
Gobi(»riio correntino hizo conresi(ni de una parte del territorio
al E<t(nlí< a(|n(»lla provincia, comprendido, desde la Tranquera
DB LAS REPCBLIGAS DEL PLATA 57
i
deLoreto, tocando por las puntas del Aguapoy, hasta dar con
el territorio brasilero sobre la costa del Paraná, la que le habia
sido cedida ya por el tratado, de í84i, en lo que fueron comi-
sionados Valdez y Arrióla, y por otro articulo igualmente reser-
vado, le estaba prohibido al Gobierno de Corrientes, y al Direc-
tor de la Guerra, entrar en arreglo de ninguna clase con ningún
Gobierno de la Confederación Argentina sin el consentimiento
y aprobación del Gobi'erno Paraguayo.
Por el mencionado tratiido, finalmente, el Gobierno del Sr. Lo-
pez, quedaba en el compromiso de auxiliar al Gobierno de Cor-
rientes con lü mil hombres, de los cuales formaban parle los
mencionados i mil.
Por una urden general del 22 de Enero do 1846, el General
Paz habia dado una nueva organización á las fuerzas aliadas.
El ejército tomaba el p.ombre de Ejército aliado pacificador.
Nombró, como queda dicho antes, Jefe de la vanguardia al
General D. Juan Madariaga, al Coronel D. José Joaquín Baltar
Jefe de las fuerzas que cubrían la línea de Santa Lucia y al co-
ronel D. Félix M. Gómez Jefe del Estado Mayor de dichas
fuerzas.
Una vez en operaciones en la provincia de Corrientes, el Ge-
neral ünpiiza marchó sobre Paz, y encontrándole en la Tran-
quera de Loreto le derrotó completamente, dejantlo las fuerzas
aliadas 300 cadáveres, igual número de prisioneros, entre estos
gran número de Jefes y oh'ciales y el General 1). Juan Mada-
riaga.
El General Paz fué á detenerse en la frontera del Brasil v el
coronel Hornos á Uruguayana de donde se trasladó en seguida á
la Banda Orient.d.
El 6 de Junio de <8i6, un inmenso convoy procedente de
Corrientes custodiado por buques de guerra de las escuadras
aliadas pasó por frente á las baterías de San Lorenzo en el Para-
ná defendidas por el General I). Lucio Mynsilla, después de tres
58 HISTORU POLÍTICA Y MIUTAA
horas de combate ea el que los aliados sufrieroD alguaas ave-
rías. Á este respecto, Téase aoa carta del Almirante HothauL.
ionio 6, frente de Obligado.— Cuarenta y ocho horas después
que Vd. redhia esta, espero estar con Vd.; no espere, pues« una
larga relación. La pérdida de la Obligado que llevaba cooiunica-
ciones anunciando la revolución de Corríentes, me ha impedido,
tener á Vd. tan al corriente de los asuntos como hubiera querido
y puede imaginarse que después de tal lección, la pérdida del
buque, no me espuse á enviar otro buque solo.
Al bajar tocaré en Ibicuy, con el objeto de saber las últimas
noticias que me sea posible adquirir del estado de los negocios
politices del £ntre-Rios antes de reunirme á Yd.
Nunca ha habido gentes tan afortunadas, nosotros, los vapo*
res pesados, tuvimos un tiroteo por tres horas y medía con la$
baterías de San Lorenzo^ y aunque nos dieron tres veces en el
casco, algún hombre en ninguna de las escuadras ha sido herí-
do ó muerto. Nos vimos precisados á qu^uai* tres buques de
comercio : uno de ellos la barca inglesa Caicedatii, varó debajo
de las baterías que le habian introducido cinco balas en el casco
antes que la quemásemos. El número de buques del convoy
es de no. De Vd. — Carlos Hotham.
' El convoy contenia 340,000 cueros vacunos. En Corrientes
se cargaron 250,000 y en Goya de 70 á 80,000 y quedaban aun
en Corrientes de 80 ¿ 400,000 cueros.
El personal de la escuadra Aoglo-Francesa se componia del
siguiente modo : 1 2 buques de guerra que montaban 85 piezas
desde 24 á 80 : en la noche anterior habían colocado ademas en
un islote frente á las posiciones argentinas una batería de píe^
zas á la Congréve.
Las posiciones de Hansilla estaban guardadas por 500 infan-
tes y 17 piezas de artillería, de 42 á 24. El combate duró tres
horas desde las once de la mañana, hasta las dos y cuarto, y^n
él quedaron ardiendo, no un buque, como dice el capitán Ho-
than, sino la barca inglesa, dos goletas y un pailebot.
DE LAS REPDBUCIS D£L PLATA 59
En €i mat^ial qne eendiida tufo el coovoyfiMchas pérdidas,
porque eu medio del conflicto del combale, para no ?arar y
poder airarse «as fácilmente, «uchoa buques arrojaron las
trojas al agua, los tercios de yerba, cueros, y caanto los alqe^
raba, se fieros boyando entre los cadáveres, y sin embaído el
capitán Hothan no los tío.
El vapor Lizard de los aliados bubiese quedado en el sitio
del combate si no hubiera sido suspendido por dos vapores de
mayor cuerpo que lo sacaron.
En cuanto al resto de los buques de guerra, también sufrie*
ron avería. La línea de las posiciones argentinas tomaba legua
y media. £1 costado derecbo estaba a cargo del coronel D. Ma-
nad Virto : el izquierdo era mandado por el coronel 0. Martin
Santa Coloma, y el centro por los coroneles D. Juan Bautista
Tbome y D. José Cereao. El iioroad Tfaorne quedó herido de
una metralla en el hombro. Las balerías de San Lorenzo solo
tenían en línea 50 tiros por pieza, y gastaron 80. La escuadra
aliada jugaba en-consecuencia un número extraordinariamente
superior de disparos, por ser cinco veces mayor el número de
artillería. El 21 del mismo mes la escuadra aliada que bajaba
con el convoy, incendió en el puerto de la Ensenada los siguien-
tes buques mercantes con carga y sin ella : goleta Fama Argén-
tina, sarda, pailebot Bella Mita sardo, zumaca Beatriz, sarda,
tres goletas mas que estaban en Ul Enuíiada, sardas, goleta
sarda Riia cargador José Gregorío Lezama ídem idem Fama
Argentina^ cargadores Dickson y€/, idem idem Lo$ Arnigoi,
cargadores Freyer hermanos, Ktsso y Rosa; zumaca sarda
Beatriz, cargador Juan Descbnglie, goleta sarda Catalina,. No
habia abierto registro y era de la propiedad de D. Bartolomé
Áccineli, y un pailebot de los prácticos.
De la derrota de la Tranquera de Loretjo, ó del Potrerito
como se le llamó también, snrgió el tratado de Ahxtíraz el 1 4 de
Agosto del mismo año. El General Rosas, que entendía la su-
60 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
misión de todas las provincias, como base de nazon y de derecho
pn'tendió en seguida, que el General Urquiza no figuraba en el
tratado de Alcaraz, como Gobernador de Entre-Rios sino como
General en Jefe del ejército de operaciones, representando al
mismo General Rosas, en virtud de órdenes que este le babia
impartido — >\ida era menos cierto sin embargo; Urquiza como
(iobernador do una provincia, tenia igual derecho que los dem;is
Gobernadores, incluso el mismo señor Rosas, para tratar de
paz en esa, como en cualquier otra negociación, y una prueba
de ello, es el tratado cuadrilátero del que fueron signatarios
los cuatro Gobernadores, de Buenos Aires, Entre-Rios, Santa
Fé, y Corrientes. Por el artículo 4.** de aquel tratado, se recor-
dará que se pactaba, que ninguna de aquellas provincias podría
hacer tratados con otra, sin previo avenimiento do las tres res-
tantes, quedando determinado mas esplícitamente en el IG**, que
las referidas provincias tendrían una representación. Una de las
atribuciones de ar[uella representación. era la siguiente : « Cele-
ü brar tratados de paz, á nombre de las tres provincias espre-
« sacias, conforme á las instrucciones que cada uno de los
« Diputados tenga de su respectivo Gobierno, y con la calidad
«desínneter dichos tratados á la ratilicacion de cada una de
<c las tres proviíicias. Hacer declaración de guerra, contra caal-
« quier otro poder, á nombre de las tres provincias litorales,
« toda vez í[ue estén acordes en que ^e haga tal declaración. )*
Ninguna de las cuatro provincias tenia pues mas derecho que
las otras |)ara hacer guerra 6 celebrar tratados de paz, y si dos
de ellas, se habian puesto de acuerdo para concluir sus disen-
siones, el General Rosas no tenia ningún dorecho.de suprema-
cia, para imperar absolutamente sobre tales convenciones. Sin
embargo, por su mensaje se vio que desconocia los derechos de
Urquiza para tratar, y continuaba la guerra con la provincia de
Corrientes, así como habia rechazado las proposiciones referen-
tes á la paz del Gobierno de Montevideo con la provincia de
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 6*1
Entre-Ríos ; y que no aceptaba nada que no fuese un someti-
miento absoluto á su voluntad — No recibiendo maniatada la
provincia de Corrientes por el pacto de Alcai^az, eran inútiles
todos los esfuerzos del General Urquiza para terminar un con-
venio que no fuera humillante para los correntinos.
El General Paz, fué informado de todo, pero no pudo evitar
que se llevasen adelante los trabajos del General Urquiza, cuyas
proposiciones empezaban por establecer, que quedaría reco-
nocido Gobernador y Capitán General déla Provincia de Cor-
rientes, el Genéralo. Joaquín Madariaga, quien debiaá su vez
reconocer al General Rosas, como encargado de las Relaciones
Exteriores de la Confederación Argentina : que el General Paz y
sus adictos saliesen de su provincia ; que Corrientes no tendría
relaciones con los agentes Anglo-Franceses, concluyendo por
prestarse al reconocimiento de la Independencia del Paraguay,
previa la condición de que se suspendiese la remisión de las
tropas, estipulada en el Convenio, y las operaciones de las que
estaban en la Provincia de Corrientes.
El General Urquiza se retiraba al Entre-Rios ¿esperar el re-
sultado.
Eíitre tanto el Paraguay por su parte habia dicho y estipulado
de una manera solemne que haría la guerra hasta obtener ga-
rantías completas y valiosas de su independencia y soberanía,
como del derecho y comunidad de la navegación libre por los
ríos Paraná y Plata, puntos á que el General Rosas tenia que
oponerse tenazmente, para no abdicar el predominio que prc-
teadia estender sobre todos los países de esta zona de la Amé-
rica.
La situación de Corrientes quedaba desde luego en peores
condiciones desde que los, resultados del tratado de Alcaraz pu-
sieron al General Paz fuera de la escena, dejando al General I).
Joaquín Madariaga en una situación embarazosa.
El General Paz, con su comitiva compuesta del General Ava-
62 HISTORIA POLÍTICA T MILITAK
ios T el coronel Ocampos, correntinos, se díríjíó al PsiragnaT.
— Llevaba la pretensión de obtener el mando del ejército pa-
n^ajo, pero no lo consigoíó, y le dieron sos pasaportes para
Boliyia — En sn tránsito por el Chaco se apoderó de nn pequeño
convoy del General López, lo que facilitó sn tránsito.
El coronel Hornos, qae había pasado á la Provincia de Cor-
rientes con la intención de levantar algunas faerzas, mientras
se pactaba el Convenio de Alcaraz, lanzando la especie, de qne
el General Madariaga estaba vendido á Rosas, fnc^ descubierto y
perseguido activamente y algunos de sus parciales ejemplar-
mente castigados. Jorge Cardossi ( alias el Griego) y 6 mas de
los cabecillas de aquel movimiento cayeron en poder del Gene-
ral Urqníza, apresados por el comisionado Rosales, del Ibícai.
Bajaban el Paraná en una balsa ó angada.
Asi permanecieron las cosas en aquella Pi*ovincia Argentina
hasta el mes de Noviembre de I8i7 en que el General ürqniza
dio nn golpe mortal al Gobierno de aquella provincia por medio
de un sangriento heclio de armas que cambió completamente la
faz de sn política. El General D. Joaquín Madariaga se bailaba
campado con su ejército en Maleva ó rincón de Vences cnando
fué sorprendido por las fuerzas del General Urqníza, trabándo-
se un combate de cuyos resultados dá cuenta detallada y exacta
el parte oficial del General Urqníza que va i continuación, el que
da, por otra parte, estensa cnenta de los acontecimientos que
precedieron á este suceso.
DE US REPÜBLICAS DEL PLATA 63
¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I
{MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS I
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios,
General en Jefe del Ejército de Operaciones contra los sal-
vajes unitarios.
Campo de bataUa en la boca del Potrero de Vences,
Noviembre 28 de 1847.-Año 38 de la Libertad, 23
de la Federación Entre-Riana, 32 de la Indepen-
dencia, y 18 de la Confederación Argentina.
Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de
Buenos Aires, Encargado de las Relaciones Exteriores de la
Confederación Argentina, Brigadier General D. Juan Manuel
de Rosas.
En una de mis últimas comunicaciones dirigidas á V. E. por
medio del Exmo. Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, Cama-
rista Dr. D. Felipe Arana, significaba que la continuación de mis
marchas seria sin interrupción. Desde entonces el ejército de
mi mando ha luchado y vencido á la naturaleza de un pais que
presenta aterrantes obstáculos para soldados menos valientes
que los que tengo la fortuna de mandar, habiendo andado de bue-
no y mal camino mas de ciento cincuenta leguas. En su tránsito
y en seguimiento del ejército de los salvajes unitarios se ejecuta-
ron tres delicadas operaciones, que para realizarlas se necesitó
la concurrencia de acertadas enérgicas disposiciones, y el valor
á toda prueba de nuestros soldados: tales son los pasajes á nado
del caudaloso rio Corrientes con sus extensos malezales, el Batel
y el correntoso Santa Lucia. De ellos, el segundo solamente se
encontró vadeable, y estas inaccesibles barreras, particular-
mente la primera y la última, los salvajes unitarios que hablan
empezado á retirarse desde las situaciones que ocupaban en la
margen derecha del antedicho Corrientes, las interponían entre
64 IIISTOKIA POLÍTICA V XILITAR
el Ejército «le Operaciones y ellos como !)astanio inconveniente
para detener nuestra triunfnnle marcha. Pero, faera terror que
¡nfaiiditMamos vA eiiemig.i, ó su plan de campaña conducirnos
al interior de esta Provincia para decidir la suerte que debía ca-
berle en una l)al<dla decisiva en el centro d.í sus recursos, fueron
consideraciones que, aunque las conoció, no les presté aten-
ción, pues desde la apertura de la campana estaba resuello á no
dejarla ofensiva. Esla invariable coriducUi me hizo llegar el 2->
con la vanguardia al pai'age d'üominado Pmiío, que presenta
un estrecho deslüadero douile ha!)ia un:i división de los salva-
jes unitarios, que mandé atacar con el primer escuadrón ib? la
división de servicio, el qa."^ acuchilló á los salvajes unitarios,
habiéndoles muerto seis, y tomado cuatro prisioneros, los cua-
les ratificaron la noticia tenida hacia dias, de que el enemigo se
íia:)ia fortificado e:i id potrero <le Vencen: después de este suceso
la vanguardia y ejército acamparon á su inmediación. En este
(lia dis[)USo que el ejército sr* 5)reparara |>ara combatir, pues la
pcrmaní»ncia á mi fi'oate de los puí»stos avanzados del enemigo
revelaba estar en aquellas crcanias todas sus fuerzas. El 2ü á
las dos de la tarde me [)use en nioviiu'enlo, y ordené al beno-
mérilo (leneral Garzón (|ue, mientras yo dirigiami ataque con
!a vanguardia por nuestra dereciía, él con el ejército deliia
practicar el suyo per la ¡zquiíírda.
La operación seejojuín con rapidez simuluinea : los salvajes
unitarios fueron empujado^ de la primt^ra p.ísicion, y á las í
de la tarde nuestras masas dcsnlcLTaban ha::ie:id() fiamear los
estandartes Federales frente al camp.» forLüicüdo en (¡ue se
iiallaba todoo! ejécvMío salvaje iiailario : (juedand > así lleno mi
objeto de hacer un re::onocimienio i^^enera', apreciar las obras
de campaña que ha'.)ian levantado, su fuerza física y material,
y las ventajas locales de que estaban apoderados. íloncluido
mi prolij.) reconocimiento, se tomaron consiguienlementc to-
das las dis|)OSÍciones para atacar á las S do la mañana del ilia
DE LAS REPÜBLIGAS DEL PLATA 63
próximo : la tarde estaba nebulosa y ardiente : al ponerse el
sol empezó á llover copiosamente hasta las 1 1 de la noche, y por
consecuencia preciso fué postergar la hora ; pero no el afortu-
nada dia. Nuevas órdenes se impartieron para dar la batalla al
medio dia, después de secar y asear de nuevo armamento y
monturas.
El ejército salvaje unitario se habia fortificado en la misma
embocadura del Potrero de Vemes, sobre una colina elevada
que tiene la extensión de 830 varas, toda ella foseada en donde
lo necesitaba, y terraplenada su parte exterior, dejando solo dos
espacios sin cerrar de corta distancia en lugares los mas promi-
nentes, donde estaban establecidas sus fuertes baterías de arti-
llería : sus dos flancos perfectamente rodeados de esteros ; en
el frente otro de estos que inutilizaba completamente el ceñido
terreno en que podian únicamente maniobrar mis tropas. Ade-
más, circuía toda la retaguardia del campo enemigo un grande
y hondo malezal, por manera que la naturaleza le hacia mas
formidable después de los trabajos que habia empleado el arte,
tras los cuales sí? hallaban colocadas doce piezas de artiliería
híon servidas, 900 infantes y mas de 3,300 hombres de caball.í-
ria, mandados por los salvajes Unitarios traidores Madariaga,
y el pelafustán Juan Pablo López.
El momento de la batalla se acercaba, Exmo. Señor, y mis
disposiciones desde el dia anterior fueron las siguientes. Yo
CDH la vanguardia debia doblar la posición de los salvajes Uni-
tarios por su izquierda : al valiente (leneral (larzon, con ol
ejército compuesto de las tres armas, cometí que atacase de
frente, y ílinq?iease la derecha de aquellos que se creian iii-
voncjbles, ó cuando menos, contaban con seguridad rechazar-
nos.
El Sr. (lenerahíarzon, hechocargo de mi propósito, me pre-
senta ¡os detalles con que debia ejecutarle, que merecieron rni
entera aprobación, y á las diez y tres cuartos me puse en mar-
66 HISTORIA POLÍTICA Y MIUTAR
cUa para anticiparme á penetrar el bañado que tenia mas de una
legua, maciegoso, y el agua llegaba á la espalda del caballo.
Cuando el hábil General Garzón advirtió que yo salia á la espalda
del ejército enemigo, desenvuelve con rapidez la combinación
de su ataque, que supo ocultar con gran tino á los salvajes Uni-
tarios hasta cinco minutos antes de la hora (ijada : 5 piezas de
artillería al mando del valiente comandante D. Marcelino Marti-
ncz rompen sus fuegos; los acreditados batallones Enh^e-Riano
y lírquiza marchan de frente en una dirección dada sobre el
único terreno que conducia al centro fortificado enemigo, el
cual harria la metralla de su artillería, y en el centro de ellos
seguían 2 piezas de artillería mandadas por el intrépido Mayor
Sotelo, ejecutando un fuego activo y certero : este ataque era
sostenido por el valiente comandante D. Doroteo Salazar, que
con su bizarro escuadrón fué inseparable de nuestros batallo-
nes hasta las líneas enemigas.
Trabada así la batalla por un fuego vivo de artillería y mos-
quetería por los referidos batallones, que dirigían sus valientes
comandantes D.José María Francia y D. Manuel Basavilvaso,
el denodado General Garzón, en cumplimiento de mis órdenes,
se pone á la cabeza de la caballería, penetra al trote un bañado
que los salvajes Unitarios, en la orilla que disputaban, sostenían
con cien infantes en la extremidad del foso que hasta allí llegn-
ba, donde habían colocado también un número considerable
do estacas, cuevas de lobo y palmas tendidíis, que formaban un
vallado. Estos eélorbosno lo detienen: el muy intrépido co-
mandante D. Mauricio López con su escuadrón de Alcaraz, que
esa mañana iiabia sido armado de fusil v bavoneta, iba á la ca-
beza do la columna. Los salvajes Unitarios vienen con un bata-
llón y caballeria escalonada á la lengua del agua á parar este
golpe y cruzar sus armas: en este ái'duí) empeño el expresado
(".)ma:ulante López echa pié al agua, como se le había preveni-
do, con sus valientes Dragones improvisados, y rompe sus fue-
DI LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 67
gos. El Sr. General Garzón á su vez hace que la caballería se
precípite ; manda tocar la carga con su corneta de órdenes, y
los intrépidos coronel D. Apolinario Almada, comandantes don
Juan Castro y D. Mariano Salazar, con sus intrépidos cuerpos
embisten k la vez sobre los salvajes Unitarios, que ejecutaban
el mas vivo fuego de fusil y tercerola ; pero que instantánea-
mente dieron la espalda viendo que los valerosos Federales pi-
san sus trincheras. Tan valeroso ataque iba fortalecido por la
reserva de la 6.* División mandada por el bien acreditado coro-
nel D. Manuel Antonio Palavecino, y los intrépidos comandan-
tes Borrajo, D. Juan Luis González, D. Feliciano Palavecino, y
por los vSarjentos Mayores Gómez, Soto, Barras, Cevalles, Are-
nas, y el Gefe de detall, Doldan. Cuando conocí que mis tropas,
habiendo atacado la derecha enemiga y sus demás líneas de for-
tificación, obtenían sucesos remarcables, dispongo sin vacilar
que las divisiones que traia conmigo ejecutasen sus^cargas para
completar la derrota de los salvajes Unitarios, y evitar se re-
hicieran ni para intentar nuevos choques.
Así sucedió: Los bravos coroneles D. Miguel Gerónimo Ga-
larza, D. CríspinVelazquez, D. José Virasoro, D. Antonio Borda
y D. Nicanor Cáceres; el comandante Carvallo, valiente Gefe de
mi escolta; su segundo, el intrépido capitán D. Manuel Navarro;
el denodado Mayor D. Juan J. Paso, y el arrojado comandante
D. Fausto Aguilar, dirigen acertados ataques con sus respectivos
cuerpos, siendo apoyados por la división Victoria armada tam-
bién de fusil y bayoneta que se batió pié á tierra. Con esta ope-
ración conseguí derrotar la caballería que se me oponía, que
con 2 piezas de artillería hacían terrible fuego abala rasa y me-
tralla, cuando no podía acelerar mis cargas por lo pesado del
bañado. Ligada asi la batalla y la victoria que obteníamos en
todos los puntos que el Ejército de Operaciones alcanzaba con
embravecimiento sobre la artillería, infantería y caballería de
los salvajes Unitarios, verificándose propiamente dicho un asal-
68 HISTORIA POLÍTICA 'T HIUTAR
to que ínmorlaliza y hará pasar ¡jl la posteridad el Tictorioso
ejércilo de mí mando, que en una hora había debelado á su
enemigo tras sus lincas bien fortiflcadas, haciendo rendir sus
armas á toda la infantería con sus dos bandas de música y tam-
bores, tomadas 13 piezas de artillería, lanceada y puesta en
derrota la caballería, do la que hay en el campo mas de seis-
cientos muertos entre jefes, oficiales y tropa, quedando en
nuestro poder su inmenso parque, dos banderas y nueve es-
tandartes, como setenta prisionei'os jefes y oficiales, cerca de
1 ,300 de tropa, carruajes de los salvajes unitarios Madariaga,
en que se encontró su correspondencia, y un número conside-
rable de caballada.
Las cuatro de la tarde eran cuando regresé al campo de bata-
lla, después de haber hecho en persona una tenaz persecución
de mas de tres leguas (por uh fuerte bañado de dificilísimo trán-
sito) á los salvajes unitarios que despavoridos iban á ocultarse
entre los cercanos montes. Los cabecillas Madariaga, que fue-
ron los primeros en huir, asustados de sus criminosos hechos,
no pudieron ser alcanzados por nuestros valientes escuadrones
que en su busca cruzaban casi á nado los esteros. Antes de hacer
mi contramarcha destiné á los coroneles D. Crispin Yelazquez,
D. José Vírasoro y D. Nicanor Cáceres á la continuación de aque-
lla, los que aun no han vuelto ; y á mi arribo al glorioso campo
de batalla me recibió el esclarecido General Garzón presentán-
dome nuestros valiosos trofeos.
Ahora paso, Exmo. Señor, á cumplir con el deber que me
impone mi calidad de General en Jefe del Ejército de Operacio-
nes, al cual he conducido en cuarenta días de tan heroica cam-
paña á laestremidad de la infortunada Corrientes, para manifes-
tar á V. E. que el hábil, el esforzado General Garzón ha concur-
rido á la consecución del triunfo en una parte muy principal,
poniendo en ejercicio la misma infatigable actividad y acreditada
pericia con que supo libertar á la Provincia de Entre-Ríos, con
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 69
solo un puiíado de valienles dirigidos por aquellas aptitudes,
ser presa del poder comparativamente colosal con que á fines
de 1843 la invadieron los salvajes unitarios Madariaga. Tanto
en los preparativos que improvisadamente he puesto á su in-
mediata dirección para emprender la campaña, como en todas
las operaciones que en ella se efectuaron, y muy esencialmente
en la ejecución de la importantísima parte de ataque de que
en la batalla le he encomendado, ha justificado que no es en
vano que la opinión general en ambas Repúblicas del Plata lo
designa como un esperto y denodado General; y le es tanto mas
apreciable, cuanto que tengo incontestables pruebas para ase-
gurar que ademas es un virtuoso patriota, decididamente adicto
ala causa eminentemente Americana quo con tanta gloria sos-
tienen la Confederación Argentina y la República Oriental.
Digno es por lo mismo de la estimación general y de la especial
de V E., á cuya alta consideración lo recomiendo.
Interminable seria esta nota si entrase á individualizar igual-
mente el relevante mérito que el dia de la batalla contrajeron
todas las clases de este ejército, por la bravura y disciplina con
que se comportaron ; y me reduciré por lo tanto á exponer en
resumen que todos á porfía rivalizaron, excediéndose en el hon-
roso empeño de llenar mis disposiciones, cumpliendo eficaz-
mente sus respectivos deberes como dignos hijos de la Patria,
manifestando también resignación para sufrir las privaciones
y constancia para acabar empresa tan ardua, sin haber tenido
que castigar ningún crimen desde el dia que hice mi primer
movimiento déla benemérita Entre-Rios.
Mis Ayudantes de campo se desempeñaron en la comuTiica-
cian dé mis órdenes con rapidez y valor : entre ellos se hallaba
el Comandante D. Antonio 8iWa. Los del ilustre General Garzo»
tuvieron igual honrosa comportacion en el calor de la batalla : el
comandante D. Lnis Molina era el primero de ellos. El coman-
dante del Parque, sargento mayorD. Gil Diana, y todos sa^ em
70 HISTORU política T MILITAR
ploados sr lian roiuluciilo con la mayor actividad en la distribu-
;ion do anu.is y municiones desde la víspera de la batalla, asi
roHKMMi lt>sanv^lt>s do totlos los elementos d^ guerra tomados
til eiionii>;o. Kl Dr. 1>. Ani^ol Donado, primer facultativo del ejér-
ritt», ha desple<i[ado todo su celo y conocimiento para atender
;o;i esn\erada asistencia á nuestros heridos, en cnva tarea los
«
niphviilos de esta repartición le han ayudado con eficaz pro-
It^iila L
l.os documentos que tenido el honor de incluirá esta nota son
para «|ueniascuniplidamenle se iiíslruya V. E. de las ocarren-
oias hahidas en la jornada de ayer, asi como de la formidable
p »sic't>n di» los sal\aje> unilarios,
l\ira xon.orlos en ella toi\.*nios ipie lamoatarla irreparable
p.Mdula d;* aljianos líeles > vállenles Federales. Entre Iv^s beri-
vliw hallara \ . K. el nomhre del beMemérilo comandante D. José
Mana Francia, que .o esí.i ¿iravemenie de nuiralla. y cuyo esta-
dio lasiimoso es penoso para el tíeaeral en Jefe, de quien Fran-
,*»a h,t suK> inseparable compafien^ de ti>das sus campañas.
Fl documento Niiiu. I — F.\p;vÑ.\ el numero de los inJividuos
muerios > hondos del ejei\'¡io de oivrjk::one5.
NiV.u i - riano del cam¡v> atrin;herA,!.^ Je K^s sulvaje^ uní-
:;^nsv<. > .^U.juo del ejorví:x^ \enve.!,K.
\um S Rcla;uM\ de h ArLIler»:; AprcsAÍA íri liS tri:i:heris.
\am. i — \ isiA n,^:uinA! ií l.vfi :;;uía.5.x> jeíes y .;i:;i!e5,
vi,- \. ves u:i;Urux>. hívh.^s pr,su^:;ír.>>, ^ ;j*íí namérír: ie ;>>>
,\H<^5.\s t^>:uAd,v< o« K ;j;n\;v ,íí Na:jiI",a.
\ .'jTsV^iív.'v ^> Va cv^:\\vr?vrA a \s. r;*ÍAÍírAíuv?:ii \-¿ífflLridi,
>¡;frf \KA s«^ fyt;;ftr,NS .\^ ;fr.v< <w 7?; v;^^ca a ?w iuí> 1a jc»sa
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 71
del funesto bando salvaje unitario, que consolida la paz en toda
la República, afianzando su régimen federativo, que ha destruí-
do de un solo golpe el apoyo y la oculta política que aun conduce
obstinada á la intervención extranjera, es un acontecimiento de
inmenso alcance, que contribuirá eficazmente para que Y. E.
concluya esa grande obra que los Argentinos hemos confiado á
su alta capacidad y esclarecidas virtudes» para defender con
gloria el honor nacional, y la independencia de la Confederación
Argentina : y por lo mismo dirijo á V. E. á mi nombre, y al de
todo el ejército vencedor, las mas cordiales entusiastas felici-
taciones, que se dignará aceptar con la consideración y alta es-
tima que le tributo.
Dios guarde á V. E. muchos anos.
JUSTO J. DE URQUIZA.
Adición — El General en Jefe, justo apreciador del recomen-
dable mérito de sus valientes jefes que á la cabeza de sus divi-
siones, escuadrones y demás respectivos puestos han concurrido
eficazmente á alcanzar la gloriosa victoria de Vences, quiere no
omitir los nombres de los que por una casualidad no se hallan
en el lugar que les correspondía en este parte, cuando todos al
frente de su tropa cargaron intrépidos á los atrincherados sal-
vajes unitarios : por lo tanto trasmito á V. E. sus nombres, pues
que igualmente son acreedores á la consideración de V. E. y do
la Confederación ; á saber :
Comaíídantes — D. Francisco Hermelo, D. Manuel Artigas,
D. J. de la Cruz Gallardo, D. José Antonio Reyes, D. Salvador
Bejarano, D. Domingo Hereníi,D. Valentin Gutiérrez, D. Pedro
Torres, D. Clemente Paredes.
Sargentos Mayores — D. José Luis Garrido, D. Pedro Gonzá-
lez, D. Simón Maidana, D. Victoriano Olguin, D. Juan Martinez,
D. Elias Várela, D. Santos Cabrera, D. Evaristo Martinez, D.
Pascual Sotelo, D. Alejandro Azula, r. Lorenzo Haedo, D. Isido-
73 mSTtWIl POIÍTICA Y HILnAR
ro Aquino, D. Joaquín Ganarra, D. J. Maaoel Aitamirano, D.
JoséBaHejo, D. loocencio VillaimeTa, D. S. Maciel.
UBQUIZi.
NÚID. I.
i TIYA lA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I
i MUEVAN LOS SALVAJES UNITARIOS !
Ejército de Operaciones,
Estado Mayor.
Demoslnicion de los señores jefes, oficiales y tropa muertos y
heridos que tuvieron los cuerpos del expresado Ejército Confe-
derado en la gloriosa batalla obtenida el día de ayer en el Po-
trero de Vences.
Sigue la relación, por la que consta lo suguientc :
Muertos 20
Heridos (57
Ñola — No van comprendidos los muertos y heridos que
hayan tenido las Divisiones de Vanguardia, que no han pasado
sus relaciones por hallarse fuera del campo, unas persiguiendo
á Ins vencidos salvajes uniUirios, y otras en diversas comisiones.
Cuartel j^onoral sobro ol campo do batalla,
Noviombrn 58 do 1847.
Por orden de S. E.
Antonio Kzequiel Silm.
Núm. i.
El plan de la batalla.
t£ 1A9 KEPÜBIiCá« DfiL PltATA 73
NúnL 3.
j viva la confederación argentina i
i ircteran los salvaje» 9nítam0s i
Estado Mayor.
ndacion de la artrlieria tofnhda á los salvajes unitarios en
la gloriosa batalla obtenida el dia de ayer en ei Potrero de
Vences.
Dos carroñadas calibre de i 8
Dos cañones de bronce, calibre de á 6
('aatro idem de fierro, calibre de á 6
D-os idem de bronce, caJibre de ¿ i
Dos^ idem de idem, calibre de á 3
Cuatro carros conductores de las municiones del tren.
Cuirtul general sobre el campo de halalla, Noviembre 28 de 1847.
Por Orden de S. E.
Anión 10 Ezequiel SUca.
*
j VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA !
i MUERAN LOS SALVA/ES UNITARIOS !
Ejércih de operaciones
Estado Mayor.
Listii nominal délos tilwlados Jefes,' Oficiales y total numérico
de tropa, hechos piisiofieros en la gloriosa batalla obtenida el
dia de ayer en el Potrero de Vences.
(Este estado muy detallado, i^n que se especifica el giíado,
nombre y patiia de los prisioneros, da por resultado :)
74 HISTORU POLÍTICA T MILITAR
Jefes 5
Oficíales 71
Tropa 1240
Nota — Según las últimas noticias recibidas extrajadicial-
mente, también ya tienen prisioneros las faerzas federales per-
seguidoras á otros varios titulados Jefes, Oficíales y tropa de los
salvajes unitarios.
Cuartel general sobre el campo de batalla, Noviembre 28 de 1847.
Por orden de S. E.
Antonio Ezequiel Silva.
Núm. 5.
¡VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I
I MUERAN LOS SALVAJES ÜNFFARIOS I
^¿rcito de operaciones
Estado Mayor.
Relación del armamento, municiones y demás bagajes toma-
dos en la gloriosa batalla obtenida el día de ayer en el Potrero
de Vences.
Quinientos noventa y seis fusiles.
Catorce tercerolas.
Trescientas noventa y siete lanzas.
Ciento ochenta cananas de infantería y caballería.
Cincuenta y nueve sables para artilleros.
Veinte y tres sables latón.
Cinco cornetas.
Ochenta cajones con novecientos cuarenta y ocho cartuchos
do cañón & bala del calibre de 3, 6, y 8.
Veinte y ocho cajones con tres cientos veinte y ocho tiros de
metralla de los mismos calibres.
Veinte y dos clones con mil ochocientos setenta y seis paque-
tes cartuchos á bala de fusil.
DE LAS REPÜBLICAS DE LÁ PUTA 75
Cuarenta y cuatro cajones con tres mil setecientos setenta y
cuatro paquetes cartuchos á bala de tercerola.
Un cajón con lanza-fuegos.
Uno Ídem con cuerda-mecha.
Dos cpjones, y dos cuñetes piedras de chispa.
Siete barriles pólvora.
Cinco carros capuchinos.
Veinte y nueve carretas de parque, de ellas una con herra-
mienta para la maestranza de herrería, y otra con la que corres-
ponde á la de carpintería.
Seis carretas de comisaría.
Dos galeras.
NOTA — No vá comprendido el considerable número de arma-
mento tomado por las divisiones en el campo de batalla, y que
se halla distribuido entre ellas.
Cuartel General sobre el campo de batalla, Noviembre 24 de 1847.
Por orden de S. E. — Antonio Ezequiel Silva.
Oontostaolon del Ooneral Rosas
I VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA !
¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS!
El Gobernador de Buenos Aires, Encargado de las Relaciones
Exteriores y de los asuntos de paz y guerra de la Confedera-
ción Argentina.
Palermo de San Benito, Enero 13 de 1848. — Año 39 de
la Libertad, 33 de la Independencia, y 19 de la Con-
federación Argentina.
Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de
Entre-Rios, Brigadier D. Justo José de Urquiza, General en
Jefe del Ejército de Operaciones contra los salvajes Unitarios.
Con la mas intima satisfacción se ha instruido el Gobernador
infrascripto de la muy interesante nota de Y. E. datada el 28 de
76 HISTOIHA POLÍTICA Y MILITAR
Noviembre íillimo desde oí campo de batalla en la boca del To-
trero de «Vences)^, instruyendo detídladamente de la gloriosa y
espléndida batalla ganada o\ dia anterior contra el ijércilo de
Jos salvajes Unitarios al mando de los traidores Madariaga, vid
pelafustán Juan Tablo López; y de haber sido estos debeUilos
en una hora tras sus líneas bien fortilicadíis, haciendo rendir
sus armas á toda la infantería con sus dos bandas ile música v
•
tambores, y habiéndoles tomado doce piez^is de arlilleria, ian-
cea<k), y puesto en derrota la caballería, de la que había &l\ el
campo mas de setecientos muertos, entre Jefes, Oficiales y tro-
pa; (|uednnd() en poder dol victorioso Ejército, el inmenso par
que del de los salvajes Unilarios, dos banderas, nuove eslandaí*-
tes, como setenta prisioneros, Jefes y Oficiales, cerca de rail
trescientos de tropa, los carruajes de los salvajes unitarios Ma-
dariaga, en (¡uc se encontró su correspondencia, y un número
considerable de caballada.
t'.on no menor satisfacción so ha instruido el riobierno do los
heroicos y muy recomendables esfuerzos que en esa mem.ora-
ble jornada hicieron V. E., el General I). Eugenio (rarzon, y de-
máf. Jefes, Oficiales y tropa que V. E. rccomientla, y de las muy
acertadas operaciones practicadas por V. E., asi como de las re-
laciones y doci^nentos que V, E. adjunta á su glorioso parle.
La batalla de «Vences» es una página ilusUe para la historia
de la Confe<]eracion, en la (pie V. E., y el denoda<lo Ejército de
Operaciones contra los salvajes Unitarios, brillarán siempre con
gloria inmortal. La Confederación reconocida, mira en ella, el
término do la gttwra civil, por el toUú e\lei*minio de aquellos
hijos desnaturalizados del suelo Argentino, (jue d'jminaban la
apreciablc Provincia de (corrientes, hoy Jil»re y triunfante, y que
alentaban las miras de la.injusta intervención Europea en las
Repúblicas del Piala.
El Gobierno vahn*a en toda su exlentiion los importantísimos
resultados que esta esclarecida victoria debe dar para el porve-
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 77
nir (le la República, y píü'a el afianzamiento del sagrado sistema
Federal que ha proclamado. Las armas federales, y el intrépido
Ejército de Operaciones, tan sabiamente conducido por V. E.,
en una campana de 40 dias, se bau cubierto de inmarcesible
gloria.
Lleno del mas intenso júbilo el Gobierno, en nombre de toda
la Confed(Tacion Argentina, justamente agradecida, y en el suyo
propio, felicita cordialmente á V. E., y al heroico ejército de su
mando, por tan señalada victoria.
El Gobierno se reserva manifestar oportunamente á V, E., al
General, álos Jefes, Oficiales y tropa, ulterior testimonio hono-
rable, en consonancia con el acendrado aprecio que le han me-
recido, por haber llenado tan cumplidamente su deber en ese
dia inmortal para la República, y tendrá muy presente este ser-
vicio tan recomendable, y tan honorífico á la Confederación.
Vivamente complacido el Gobierno Encargado de las Rela-
ciones Exteriores, paz y guerra de la República, cumple con el
muy justo deber de declararles, que al haberse cubierto de
honor en la jornada y en la victoria de Vences, han merecido
altamente el aprecio de la Confederación, y que le es muy satis-
factorio retribuir á V. E., y ú todo el virtuoso valiente ejército,
que tan dignamente manda el invicto General Urquiza, las entu-
siastas felicitaciones que le han Jirijidoy que ha aceptado por
sí y á iiom;)re de todos los Gobiernos Confederados con los dis-
tinguidos sentimientos de la mas elevada estimación.
Dios guarde á V. E. muchos anos.
JUAN M. DE ROSAS.
FELIPE ARANA.
>^ ' >-»-»'..*'. i T CUTii
# f
(T 'ti-»:..,* *.:**Jí.^ «Ta::-
AI Kií/i'/ Sf , i\h\t('iwAt9r V i,;if»iUin íieníTal de la Provincia de
Mijíííioi Aifíf'í, <;fi'';ir;(;ido d<; las Kelaoionírs Exteriores de la
r/>rifrd<7r;irir,ii Ai^^^ntinrj, Kri^^'adier f). Juan Manael de Rosas.
Ton \iirU'\'\ti\\i\:A al part^* d<f(allado d*; la gloriosa jornada de
VíMM'i.., \i't'A\tut <rl iíiíra;w'riio [i.'irlí*» de los jefes de división que
fví'f/íiMfi l.'j (ler ,iM',ijrií,íi, por l/»s niales resulta haberse tomado
í\vmU' í'iiloní'i". pn ioneros de, los salvajes ufíilarios trece titu-
I.mIoi jí'li'i y olin.ilíM, y ¿K"} de tropa ; habiendo indicios vehe-
iiMfiile •. df fuií! enlre los niuerlos se cuentan el titulado coronel
jelinlr iirldleii.i C.i'irlos T;!/., y el instituidor perverso Federico
llin.i. Iitiilado scrivtarío dd ríd)erj|la t.'unbien salvaje unitario
iloiiipiin M.'id.in;i|.;:i.
hiM't guarde .í V. I!, Milichos aíios.
JUSTO J. DK ITHOlilZA.
r.Mla lial;ill;i. romo era \W t^'iptMMrse, produjo el sometimiento
dt* l.i pKiMiin.i iliH;on'it«ht(«s. Kl (longivso (loueral do aquella
honibió (iobeni.ulor.d coronel h. Henjamíii Virasoro. quienes-
1 nbio a IoiUm laN proNÍnrias conretloratlas tlando cuenta de su
eb«\.icioii id poder, Y aM'^inaiulo «pie su marcha política seria
vontplolnueule unifoiutada «"^.la del (ieneral Rosas, en quien
lecouiMMi olo\{ida*4dispoMCiones para dírijir los deslinos de la
Uop)1blic«i Ardonlnu
DE US BRPDBLICAS DEL PLATA 79
El General ürquiza devolvió al nuevo Gobierno Correnlino,
todos los prisioneros y elementos de guerra que le habian sido
tomados en la última batalla.
Corrientes quedaba pues sometida por entonces á la política
del General Rosas, y el 12 de Diciembre de 18i7, Yirasoro elevó
su mensaje al Congreso General instalado en 18i3, reunido
después de la victoria de Vences.
En el mismo ano de 1847, las fuerzas navales de S. M. B.. hi-
cieron una nueva invasión en el Estrecho de Magallanes, levan-
tando una población á 50 leguas al Norte del Estrecho. El Go-
bierno Argentino juzgó este hecho« como una nueva usurpación
que reagravaba la antigua cuestión de las Islas Malvinas, y pro-
testó nuevamente aunque sin fruto. f
El General Rosas, abrigaba la pretensión de que la Repúbli-
ca del Paraguay era una de las provincias Argentinas, desde que
el primer acto de soberanía popular había sido ejercido por la
autoridad de Buenos Aires en 1810, quedando por aquel acto
como las demás provincias libre de la dominación española, á
consecuencia de los sacriflcios y de las victorias de la Repúbli-
ca Argentina en la guerra de la emancipación.
Pretendía igualmente que la repartición política que existía
antes del nuevo orden de cosas en América, h^bia servido, y
debía seguir sirviendo de base alas nacionalidades Americanas,
mientras estas mismas no consintiesen expontáneamente en que
se restringiera ó modificara, y recordaba en apoyo de su doctri-
na, que para efectuar la separación del Estado Oriental, provin-
cia argentina entonces, se hizo necesaria la renuncia expresa
que hizo la República de sus derechos, por la convención de 27
de Agosto de 1828, por la cual quedó sancionada permanen-
temente, la absoluta independencia de la República Oriental del
Uruguay.
Sosteniendo que la República del Paraguay, era parte inte-
grante del Yíreínato de -Buenos Aires en 4810, Yireínato que
Sil HISTORIA POLÍTICA Y MIUTAR
fonnnua una proviucia española, con snilescripciongeogrática,
politica, leyes, admíutstiacion y fueros, y reasumida por las
provincias españolas su soberanía á consecuencia de la acefalia
en que quedó la corona por el tratado de Bayona, pretendía que
el Yireinato de Buenos Aires estableciendo junt;is, y niaaleníen-
d(»su integridad territorial y cohesión política, conservaba sus
lerecli »s de soberanía sobre el territorio paraguayo, tanto mas
manto se había declarado indisoluble el vinculo entre los pue-
blos d*l Vireinato por el acta del So de Mayo de 1810.
Tero igual cosa sucedió en toda la América. En los Estados
l'nidüs, por ejemplo, subsistió el pacto entre los condados ó pro-
vincias, y en el Brasil se conservó el que se hallaba establecida
en el régimen portujués, bien entendido que los pueblos se re-
servaronó no el derecho de ingresar en aquel pacto sin renunciar
por eso á la emancipación política. Guatemala se se]>aró de bi
comunidad y todo el cuerpo político tuvo que convenir en aquel
acto libre. La misma República Argentina tuvo que renunciar á
la soberanía qae pretendía ejercer sobre la tjue aquella llamaba
provincias de Potosí, Cliuquisaca, C.ochabamba y la Paz que Si^
congregaron á Bi»!¡via. La misma provincia de Tarija se sepriró
de la CíKifederacron usando de sus derechos de libertad, v sa-
bido es cuantos esfuerzos hizo el (icneral llosas por volverla
bajo el ilomiuio ile la Confederación teniendo que renuiicirtr á
aquella después de declararlo asi en el r.ongres j General.
Finalmente la República del Paraguay no concunió jamás á
autorizar ninguno de los actos detiue acabamos de ¡lar cuenía,
i'mpoz iii lo por la instalación del cungr-so cuyos miembros se
verán lígurar en el acia de instalación de la .lunta argentina
del mismo afio 1810^0. El Paraguay conservó siempre el mas
1 V.n la nuiy ¡loMo y n.uy Loal Ciui!a«! «If Ki Saníisima TríTii.itiil,
Puerto «lo Santa María ilo lUiruos Airo<. á ^o il - Minjo de I SU» : <\\\ ha-
iHTse soparatlo ile la Sala CapilularlosSofionsiii'l rxino. Gil«ilclo, so
coloor. ro u á la hora sonalada bajo o! «lo<t^l. tí^ii sitial por «!i-l:!nl.\ y i n
él la imáj(»!i do! Cruiilyo y los Santos Kvanjt* lios ; y co:i>pün\'ii.»ro:\ lo»
D£ LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 81
absoluto aislamiento y separación, y una prueba ile que pedia
conservarla, es el desastroso contraste que sufrió el General
Bolgrano cuando por urden de la misma Junta Argentina, inva-
dió el territorio paraguayo para someterlo, no á la obediencia ¿
que jamás habia estado sujeto, sino al nuevo orden de cosas, es-
tablecido por la revolución.
En virtud de tales antecedentes la opinión pública no pudo
menos que ser sorprendida en Enero de 1848 por una reclama-
ción entablada por el dobierno Argentino ante el Representante
del Austria porque aquella potencia habia reconocido la inde-
pendencia del Paraguay, protesta en la cual no se hacia otra
cosaque repetir las ya enunciadas pretensiones,á las que el Go-
bierno Austríaco no dio mayor importancia.
Con respecto al estado de las relaciones entre la República
Argentina y el imperio del Brasil peimanccian por entonces en
un carácter .dudoso.El memorándum del Vizconde de Abrantes,
Señoros Pn-sidciitü y Vocales do la Nuera Jvnía Prorisoria Guhirnati"
ca D. Cornolio (Jü Saavedra, Dr. D. Juan José Castolli, Licenciado 1). Ma-
nuel Bííigrano, I). Miguel de Azcuénaj^a, Dr. 1). Manuel Alkrdi, D. Do-
mingo Mat'U y D Juan Larrea ; y los Señores Socrttarios Dr. D. Juan
José Passo y ¡)r. I). Mariano Moreno, «luitiies ocuparon los re^s; «'divos
luffares que' l(\s estaban pre[jarados, colocándose en los denías los Pre-
lados, J(*res, Comandantes y personas de distinción que concurrieron.
Y Iiahiéndoso Icido por mí,' el arluario, la acia de elección, antes de ju-
rar expuso el Sr. Presidente electo, que (íi el dia anterior lial»ia hecho
formal renuncia dtíl car;LíO de Vocal de la Primera Junta eslahlecida, y
que solo nor contribuir ¿i la tranquilidad pública y á la saluil del pueblo,
adiuitia el quo le conferían de nuevo ; |j¡flien«io*se sentase en la acta
esta su e.\{)osic¡cn. •- Seíjuidaniente, ! meado de rcdil'.as, y poniendo
la mano «lerecha sobre los Santos Kvaiíixclios yircílú jurainenlo de de-
sempeñar legalmente el car¿ío, conservar í]ií(>fia esta parle de América
á Nueslro Augusto Soberano, el señrr D. l'eniai:do Vil y sus lej:i'(i:::ns
sucesores, y guardar puntualmente las leyes del rrino. ~ Lo ¡ restaroM
en los misLMOs l.rminos l(;s demás siñor(?s vocales \^v yudiílin, y les
señores Secnftarios contrabidos al exacto í!esenípoño d(; sns re^i^ecliva.s
obligaciones; habiendo esprcsado el señor D. Mijíuel de A/.<iunaxa,
que admitía el car^'o de Vocal de la Junt.i, para (pie por el !■ \i::o. Ca-
bildo y por una paile del pueblo babia smío nonibirdo en esti^ dia,
atOTitoal interés de su buen orden y Iranijuilidad : mas íju».- debiendo
serla opinión no solo dd Ki^mo. Callildo, sino la universal de te«!o el
vecinda2Ío, Pueblo y Partido.", ile.'-u dependencia, pedia se tí!n:;ira la
«pie fallase, y !arepresrnl(í, pan; la ivcií.:rc-:í con.íi;;:;7.n, y se;uir!dad de
K2 HISTORIA política T MILITAR
por el (¡uc solicitó la intervención armada de la nran Bretaña y
la Francia contra las repúblicas del Plata, no habia tomado un
carácter definido en las deliberaciones del Gefe del Imperio, y
ol (iobiorno Argentino á cuyos intereses no podia convenir mía
politica de tal naturaleza, ordenó á su Ministro en la corte del
Janeiro que pidiese la aprobación ó el rechazo del memorán-
dum do Ábranles ú fin de precisar un actitud entre ambos Go-
biernos. En virtud de tal determinación el señor Guido pasó el
ti de Noviembre de 18i7 al Ministro de Relaciones Esteriores
del Imperio una nota oficial, manifestándole en ella que la nota
verbal del Barón de Cairú de fecha 19 de Agosto relativa á la
misión ilel Vizconde de Abrantes elevada al Gobierno Argentino,
habia llamado seriamente la atención del General Rosas, el cual
se sontia obligado á renovar observaciones sobre un acto de la
diplomacia del Brasil que, aun inspirado que fuese poruña fu-
nesta imprevisión y sobre el pn>pósito de sucitar unaguerra,ha-
\aU(1of iltMoio proi\HÍimionto. Finalizada la ceremonia, dejó el Cxmo.
r^hiMo el lugar que ocuiviba Iwgo «le da<(*K y lo tomaron los señores
Prosiilonlo \ Vooali»s «le Ia Junta : y ol señor rrtviMeute exorló al Con-
cunu\ y al l^ueMo á mantener W ónion. la unión y la fraternidad, como
tauUnon á inianiar n>sjvto, y haivr el apnvio deíüdo de la persona del
Kimo. señor D, Baltasar Hidalgo de Cisneros. y toda su familia : CQTa
eiortaoion n^pitió en el Balotan principal de las'Casas Capitulares, din-
jiéndoso a la nnichi>1umhn^ «)ue (vupaha la piara.
Con lo que se (>>ncluyó la acta de instalación, retirándose dicho señor
rresidente« y demás st^'ñores vtvaU^ y secretarios á la Real Fortaleza*
|vt^r entn* un inmonsí^ concurs^^, con lepique* de campanas^ y salva de
anUlería en aquella, donde no ]\as(i (hv entonces el FAmoT Cabildo,
(\^mo lo hahia e>\nita«io la tarvie de la instalación de la Raimen Junta,
a cAUva de la lh)\ia que sohnnino, > de aruenio wn los señores Voca-
U^ reser\ando hacer el cumplido d dia de mañana. Y lo ñn»aron de
que di\\ fe,
Juan JiX^é Léxica— Manin Oivcorío Tanis^ Manuel
Mansiila - Manuel Jix<<^ de OcAinLii^ - Juan de Llano—
Jatme Nadal > Onania—ATHlresIVímininiei— Tomás
ManueJ de Anchorena— Ñanliago Gutiemz— Hr. In-
lian de Loiva— <V>melio d^ SAavoira—Dr. Juan José
CJistelIi-Mannel Betgrano—Micad de Azcocnairt—
Dr. Mamiel ^lt«eni- domingo MateQ— Juan de Lar-
roa— nr. Jnan José Tass»-» - Dr. Mariano Mowsno—
i ÚT%í^4f4^, n. Ju^o ^oí^c Nuñci, Eftenhamo PúbUto
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 83
bia comprometido la confianza de la República en la rectitud
del Gabinete imperial.
El señor Guido protestaba contra los términos de aquel me-
morándum, que al fijarse en la administración del señor Rosas,
atribuia á este pretensiones á disponer de la suerte de la Banda
Oriental agregándola ala Confederación Argentina, ya fuese por
medio de la prepotencia ó por el de la alianza. En efecto, el señor
Ábranles habia dicho: «Ningún Gobierno que tenga relación con
el del General Rosas, puede desconocer cuanta aspiración tiene
este Gefe, á uncir al yugo de Buenos Aires, por los lazos de una
federación nominal, las provincias que formaron el Yireinato
español conocido bajo aquel nombre, comprendidas las de
Montevideo y Paraguay».
El Vizconde de Abrantes no se contenia sin embargo todavía
en aquel círculo y solicitaba la aquiescencia de la Inglaterra y
PALABBAS DE LA GACETA DE BUENOS AIBES
Extraordínaña, de iS de Noviembre de 4840
« El depositario del poder supremo de estas provincias, ¿ donde bus-
cará la regla do sus operaciones ? Las leyes de Indias no se hicieron
para un Estado, y nosotros ya lo formamos : el poder supremo que se
erya, debe tratar con las potencias ; y los pueblos de Indias cometían un
crimen, si antes lo eieculaban : en"una palabra, el que subrogue por
elección del congreso la persona del Rey, que está impedido de regimos,
no tiene reglas por donde conducirse, y es preciso prefijárselas ; debe
obrar nuestra felicidad, y es necesario designarle loscammos ; no debe
ser un déspota, y solamente una constitución bien reglada evitará que
lo sea. Sentemos, pues, como base de las posteriores proposiciones, que
el congreso ha sido convocado, para erigir una autoridad Suprema, que
supla la falta del Sr, D. Fernando VII ; y para arreglar una constitución,
que saque á los pueblos de la infelicidad, en que gimen. »
A esto agregamos los siguientes datos que no carecen de Interés his-
tórico :
Creación de la Biblioteca Pública Sbre. 13 — 1810.
Libertad de Imprenta Abril 20 — 1811.
Estatuto Provincial, primer ensayo de Constitución
Política Nbro. 23 — 1811.
Creación de la. moneda nacional Abril; 13 — 1813.
Abolición del Tormento Mayo 12 — 1813.
Abolición de Títulos de Nobleza Mayo 12 — 1813.
Independencia de la Iglesia Junio 28 — 1813.
El 35 de Mayo declarado fiesta nacional en las Pro-
vincias Unidas del Rio de la Plata Mayo 5 — 1813.
8i HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
la Frunri;:, para una combinación que diese por resulUido des-
armai" al (lohierno Argentino, empezando por cooperar á que la
República del Paraguay se consonase independiente. Esto era
mirado (M)r el General Rosas como un alentado producido en la
interferenria para dirimir una cuestión interna <Je soberanía
nacional, aun suponiendo que fueran perjudicadas las demás
naciones porque aquel territorio se mantuviese adherido á la
liga Argentina.
El Gobierno Brasilero contesln á la nula del señor Guido que
eslaüdo ya i-efutados por distintas veces lus argumentos que
nuevamente acumulaba el señor Guido, el Gobierno del Brasil
podia satisfacer las exijencias del Gobierno Argentino, con la
simple respuesta d(^ (jue la naturaleza y efectos de \m memoran-
d///M dirigido á un Gobierno que no fuese el Argentino, no obli-
gaban al del Brasil á tal declaración, máxime cuando por el con-
tenido (le la misma nota quedaba evidenciado que por dicho
memorándum, no había buscado el di Brasilaliados para que
concurriesen á intervenir con fu(M*za armada en la contienda de
los Re¡)ú¡jlicas del Plata ; pero que á lin de que se pudiera apre-
AROLiaoN !)E Ll r.SCLAVITtÜ
LEY I)K LÁ ASAMBLEA (iliXKRAL CONSTITUYEME
BuíMios A iros, FobriTo > do 1813.
Sioiido tan desdoroso, como ultrajante a la hun-aiiidad, el <jiie ou los
mismos puoblos, (|ue coa tanto icsoii y (-sraiír/.o caíniíiaii hacia su libur-
tnd, iK'.rmanczcaii por mas li*'m¡)o (Mi'la esclavitud los nifios «juo uacon
cii todo v\ l(.'!TiU)rio do las Proviiiüi:'.*; Unidas doi liio de la Plata; orde-
namos süaii considerados y tenidos por lihn'S, todos los (\\h) en diclio
twrntorio l^nb¡^'^icn nacido "^dcsdo (^l 31 de Knoro do J813 inciusivo en
adilaní -', dia consa^Tado á h Ül)ertad por la i(í!iz instalación de la
Asiimbliía Gi'Ticral, bnjo las resanas y disposicioncís (juo al electo decro-
(«rá la Asambb'a ííonorcd Consiiluyentc. Lo tcndril asi cutcndido el Su-
premo P< <lor I'jccutivo para su dijbida oljSiiiTancia.
LüV sonni-: la intuoduccion ue i:s(:l.\V(»s
BuíMios Aires, Febrero 4 do 1813.
La Asnt.íbloa Gen(íral ordena, (¡ue todos los esclavos *ic paiscs oxtrau-
j(»ros, «pie de cualíjuier modo si» mtroduzcan desdo osle dia en adelante,
<|uedcn libnis por solo el hecho de pisar el territorio do las Provincias
Unidas.
DE LAS REPl'DLiaS DEL PLATA 85
cícar la rectitud del (lOliieruo del Im{)erJo respecto de los deina«
Crobieraog, ^e ocuparía de los principales puntos de la mencio-
nada nota, revelaiKlo así su política en el gran episodio que te-
nia lugar en e^ta paile de América y restablecer la confianza á
(juo tenia incuestionable derecho.
En tal virtud, el Ministit) Brasilero reseñó la política seguida
por el Gobierno Argentino hasta la época del memorándum del
Vizconde de Abiantes, historiando al mismo tiempo, la trasmi-
sión de derechos sufrida en el Estado Oriental desde la época de
1). Juan 6"., y el plan de osle mx)narcí/ sobre el territorio de este
Estado. Deslindó igualmentie los derechos que ha})ian tenido el
Brasil y la Confederación Argentina á titulo de fundadores del
Estado Oriental, observ;jndo que tal vez ganase el Brasil recor-
dando el Gobierno Argentino, que fué arrancado por la fuerza
el voto que unió la Banda Oriental al Reino de Portugal y al Im-
pf.T¡o del Brasil ; pero advirtió igualmente que si no hay delibe"
ración libre donde existe la fuerza armada, tal argumento se
convenía conti-a los propios intereses de la politica Argentina,
desde que no cesaba el Gobierno del señor Rosas en preconizar
la adhesión de los Orientales al General Oribe, y su estrecha li-
ga con la Confederación, para destruir el bando que según eí
longUc'íjc del señor Guido entregaba encerrado en Montevideo
la patria á merced del estrangoro ; pero esta adhesión y esta li-
ga se manifestaba solamente, después queel (ieneral Oribeal
fronte de un ejército argentino, aguerrido y entusiasmado con
la victoria, pasó el Uruguay para sentar sus reales al pié de los
muros de Montevideo.
El Ministro Brasilero creyó justo vindicarla memoria de D.
Juan 6"*., á quien el señor Guido acusaba de haber ocupado m¡-
lliurmenle el territorio Oriental, con manifiesta transgresión
de los tratados de 1777 y 78, observando que ademas de que
aquellos tratados no existían desde 1801, nadie podía negar á
un Gobierno el derecho de ocupar militirmente todo ó parte de
86 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
un Estado para hacer cesar en él la anarquía, desde que ella per-
turbase y perjudicase á sus subditos. En cuanto á la máxima
política del General Rosas, que era la división de los Estados
Americanos, opinaba el Gobierno del Brasil, que de ahí resul-
taba la negativa del General Rosas á reconocer la Independencia
del Paraguay, y que una política tan cautelosa autorizaba al Go-
bierno del Brasil á abrigar temores de que se quisiese incorpo-
rar á la Confederación el Estado Oriental que ya habia formada
antes parte de ella.
Finalmente concluyó el Ministro Brasilero, dilucidando la
parte histórica de la abdicación del General Oribe en 1838, la
correspondiente al General Rosas con las provincias Argentinas,
la misma observada con el Brasil por este Gobernante, y la
resolución en que estaba el Gobierno del Imperio de conti-
nuar, de acuerdo con sus mas esenciales intereses, en la actua-
lidad lenitiva que lo hacia mero espectador en la guerra del
Pj^ta, en la que le correspondia, sin recurrir á hostilidades,
intervenir para su pacificación, empleando los recursos que el
derecho de gentes y su práctica ofrecian con tanta ventaja de
ios pueblos cultos.
En Febrero de 1848, el Gobernador de Santa Fé señor Echa-
güe^ promulgó un decreto disponiendo, que quedaba en rigo-
rosa vigencia y observancia en aquella provincia, la anterior
resolución de 7 de Febrero del Gobierno general de la Confede-
ración en todas sus partes, y con las mismas calidades de su
contesto, declarando, el mismo Gobierno de Santa Fé, hasta
nueva resolución del Gobierno General, libre la comunicación
comercial de los puertos del Paraná correspondientes á la
provincia,; en buques Argentinos, hasta la Provincia del Para-
guay.
En Abril del mismo ano, el General Rosas fué autorizado por
la Sala de Representantes, al aprobar el presupuesto de gastos
de aquel ano , para invertir en aquel servicio la suma de
58.956,898 pesos papel moneda.
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 87
El 12 de Mayo, el General Rosas lanzó un decreto imposible,
para la fundación de una casa de corrección para las mujeres.
Esta pieza no carece de originalidad y la hacemos conocer in-
tegra.
Buenos Aires, Mayo 12 (mes de América] de 1848.
Año 39 de la Libertad, 33 de la Independencia, j
19 de la Confederación Argentina.
El Gobierno, vista una nota del jefe interino de policía, fecha
3 de Abril último, en que proponía se remitiesen las piusas en
la cárcel de Cabildo al Cuartel General de los Santos Lugares,
para que fuesen destinadas á los trabajos de la sastrería del
ejército, decretó lo siguiente :
« Abril 5 de 1848 — No estando conforme el Gobernador de
ia Provincia en que las presas relacionadas sean destinadas al
servicio en la sastrería del Cuartel General, pero si que lo sean
á una que se forme al cargo é inspección del jefe interino de
Policía en la ciudad, vuelva al mismo este expediente con las
clasificaciones de las presas enunciadas, en las que han recaido
los correspondientes decretos, para que proceda del modo si-
guiente :
1 .^ Buscará una casa aparente y segura, con la comodidad y
extensión necesaria, en un punto saludable, y con suficiente
terreno aparente para huerta y jardín, que alquilará por cuenta
del Estado.
2. En dicha casa serán colocadas las presas, y las demás que
á esa prísion y servicio fueren destinadas.
3. Tendrá una guardia de Policía, á cuyo efecto se creará una
compañía de línea, ó se aumentará la que existe.
t. Tendrá la casa cárcel un Alcaide y una Alpaidesa, para el
cuidado, orden, moralidad, y demás correspondiente.
5. Habrá una pieza destinada para capilla, y un sacerdote
capellán pagado por el Gobierno el último dia de cada mes, pa-
88 HISTOÜTA POLÍTICA T IILITAK
ra que confíese, diga misa los Domingos j ilias de ambos pre-
ceptos entre semana, y los de oir misa t trabajar.
6. Tendrá la casa cárcel nn médico, cuva asistencia á las en-
fermas será p:ígada el último dia de cada mes por el Estado.
7. Las presas ganarán por su trabajo de cuarenta á sesenta
pesos mensuales, según su mas ó menos desempeño. Y serán
abonadas el último dia de cada mes.
Eslai'án las presas aseadas en su vestido, y recibirán un ves-
tuario el dia de su entrada á la casa cárcel. Después será de
su cuenta vestirse con decencia con el jornal que ganen.
9. Tendrá cada presa un catre, un colchón, dos almohadas,
dos fundas para cada una de estas, dos pares sábanas, dos fra-
zadas y una colcha, un lavatorio, un espejo, un baúl y peines,
todo costeado por el Estado, á la entrada de las presas á la cár-
cel, y conservado después por ellas en el mejor estado, con su
jornal.
10. Habrá una muje^* aparente, pagada por el Estado el úl-
timo dia de caila mes, para enseñarles los rezos necesarios, ha-
cer coro en la oración, y el rosario \)0v la noche en la capilla.
11. Ten<!rá un sastre pagado por el (lObíerno el último dia
de cada mes, í|uo será encargado de corlar las piezas de vestua-
rio del Estado, y demás (|ue deban cuser l;.s presas, en la caí^a
cárcel sastrería del Estado, y de examinar las prendas al reci-
birlas de las presas.
12. Los géneros necesarios serán entregados por urden del
Gobierno al Jefe interino de Policía, v habrá en la casa cárcel un
almacén |)ara su depósito, y para la ropa hecha que allí debe
irse conservanilu á la disposición del Gobierno.
'13. En la casa cárcel de presas no poJrá introducirse ningu-
na persona que no sea de los empleados que la custodien y !a
sirvan, ni licores de ninguna clase, y estará sngetaal reglamen-
to y órdenes vigentes, respecto de la cárcel de Cabildo.
14. El Jefe interino de Policía, si considerase convenienle
DE LAS REPÜBLICAS BEL PLATA 89
esta resolución, la irá poniendo en práctica^ y proponiendo todo
el aumento j mejoras de que pueda ser susceptible, pues que
la presente es solamente una base en compendio reducido, su-
geta á todas las reformas que aconseje un maduro examen, y
sobre todo la práctica.
15. Si por el contrarío, el Gefe interino de Policía, piensa
que esta resolución no puede ser conveniente, ni realizable, ni
provechosa á la moral, á los intereses del Estado, y á las pre-
sas, devolverá al Gobernador de la Provincia este expediente
cen las clasificaciones que le son adjuntas. »
Y habiendo el Gefe Interino de Policía manifestado al Gobier-
no que considera en todo muy conveniente esta resolución, y
en su virtud dado principio á su cumplimiento, publíquese el
presente decreto á los fines consiguientes, é insértese en el
Registro Oficial.
ROSAS.
Por urden de S. E., el Oficial 1 ." del Ministerio de Gobierno.
RenedictQ Maciel.
Esta medida como todas las de su género, tocó desde luego
con graves inconvenientes, empezando por la clasificación de las
que debían ser recojidas, y acabando por la resistencia invisible
y sorda que opusieron aun los mismos ejecutores para que se
llevase á efecto ; resultando de ahí, que unas cuantas desgra-
ciadas fueron detenidas provisoriamente, quedando en su tota-
lidad libres las mas célebres meretrices.
Las relaciones entre los gobiernos de Buenos Aires y Bolivia
permanecían interrumpidas desde el ano de 48í5 á consecuen-
cia de actos ejercidos por las autoridades de uno y otro Gobierno
en las fronteras de ambos países. Esta desíntelígencía se agravó
con la muerte del Coronel D. Manuel Rodríguez, enviado en mi-
sión especial por el Gobierno Boliviano, la que tuvo lugar en
Buenos Aires, rodeada de circunstancias que derramaron sos-
90 HISTOBIÁ POLlTICi T MILITAR
pechas sobre el fia qae tuvo el referido Rodrígaez, siendo el
General Rosas acusado de intervenir siniestramente en el hecho .
El Gobierno del señor Ballivian se dirigió mas tarde al de
Buenos Aires por medio de una nota ell 4 de Diciembre del año
1846, con el fin de reclamar amistosa y fraternalmente sobre
varios cargos, que se deducirán del conocimiento de los docu-
mentos que mediaron en este asunto.
Uno y otro Gobierno reclamaban satisfacción por la invasión
de su frontera y actos de vandalaje ejercidos en ellas. El Gobier-
no Argentino negaba estos cargos, asi como de haber tratado de
desmembrar la República de Bolivía, pretendiendo ademas in-
vadirla por un ejército del mando del General D. Manuel Oribe
en el curso del año 1843. En cuanto á otros cargos el Ministro
Argentino decía lo siguiente:
« Es estraño, por cierto, que se haya formado materia de
cargo, que el Gobierno Argentino no hubiese celebrado un tra-
tado de amistad y comercio con Bolivia, y mas estraño, que por
solo este hecho, se haya debilitado en su Gobierno la acción
represiva y fuerte, para contener á los emigrados Argentinos
en la linea de sus deberes, como asilados en un país neutral y
amigo. Si este hecho pudiese admitirse como materia de agra-
vio, y como antecedente de desprecio de las personas que pre-
siden la administración que acredita al Enviado, es claro que la
Confederación Argentina se hallarla agobiada del peso de mu-
chos otros iguales reproches, porque ala par del Gobierno de
la República de Bolivia se encontrarían agraviados los de S. M.
el Rey de los Franceses, S. M. la Reina de Portugal, de los Esta-
dos Unidos, de S. M. el Rey deSuecia, de S. M. el Rey de Dina-
marca, y de S. M. el Rey de Prusia, que habiendo propuesta
tratados de amistad y comercio, no han podido ser discutidos.
Las mismas razones que se presentaron al finado señor Co-
ronel Rodríguez, para aplazar la negociación del tratado que
propuso á nombre del Gobierno de Bolivia, como que eran evi-
BE LAS REPOBLIGáS BEL PLATA 91
(lentes y justas, las mismas han sido admitidas sin hesitación,
y sin disgusto por aquellos ilustrados Gobiernos. Ofensivo es
persuadirse, y mucho mas enunciarlo, que ellas fuesen presen-
tadas como pretextos para eludir la discusión de un tratado.
Menos han podido tomarse como un desapego y desafección al
Gobierno deV. E. )>
« El Gobierno á quien se manda un Agente, es arbitro de
aceptar, rechazar, ó aplazar los objetos de la misión, sin que
en ningún caso, su conducta, sí se ajusta al derecho público,
pueda ser motivo de agravio. En este punto, el de V. E. menos
que ningún otro puede tomar pretexto de un incidente como el
que indica para formular un cargo con el Gobierno Argentino.
Ni el Gobierno de V. E., ni el finado coronel Rodríguez perso-
nalmente, han sufrido la menor desatención ni la menor ofensa.
Si no se realizó la negociación no fué por falta de atención á
ella, y del debido aprecio que les mereció. Notorio es que este
Gobierno se ocupó de reunir datos para la celebración del tra-
tado propuesto. Otras y mas vitales atenciones lo cercaron, y
(e impidieron darle ulterioridad. Si el Ministro Argentino acre-
ditado cerca del Gobierno de V. E. hubiese podido continuar su
marcha á Bolivia, y ocuparse de los objetos de su misión, entre
los que se hallaba la discusión de este tratado, como ya el in-
frascrito tuvo oportunidad de asegurarlo á Y. E., se habría
demostrado luminosamente la sinrazón del inmerecido cargo
que se formula contra el Gobierno Argentino.
De buen grado quisiera el Gobierno del infrascrito acojer co-
mo efectivas estas manifestaciones, y lisongearse con que tal
habia sido la política de Y. ' E. ; pero los hechos prueban lo
contrario.
La invasión de los salvajes unitarios Florentín Santos y La
Madrid, está demostrado no pudo verificarse sin el auxilio y to-
lerancia de las autoridades Bolivianas.
02 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Laf|ue tuvo lugar en Octubre de 1845 sobre la frontera de Ju-
jüy con tropas, oficiales y jefes bolivianos, t en que figuraron
los hermanos Lobos, garantidos con un pasaporto de S. E. el
Sr. Prositlcntc, según lo informó el subilelogado de Puna al
Exmo. (Jubierno de Jnjuy, esU'i también demostrado no pudo
efectuarse sin el previí) asoiilimioiilo del (iobierao y autorida-
des do Bolivia.
Y nada seria esto si otras circunstancias mas flagrantes toda-
vía no viniesen á reagravar la serias responsabilidades del Go-
bierno Boliviano, y á destruir toda la obra de V. E. para justifi-
car su política para con ia tlonfederacion Argentina.
Entre la correspondencia del salvaje unitario Crisostomo Al-
varez, gefe délas tropas Bolivianas, que S. E. el Sr. Presidente
puso á sus órdenes para invadir las Provincias de la República
limítrofes á Bolivia, cuarrlo fué hecho prisionero en las aguas
del Paraná ; entre dicha correspondencia figura la orden autó-
grafa del Exmo. Sr. Presidente de Bolivia, General D. JoséBa-
llivian, dirigida a este á Tarija, datada en Sucre á 29 de Julio
de 1815, en qui3 le decia lo siguiente—
«El Sr. Rojo debe dirijir á V. esta, y con su acuerdo obrar
V. en todo muy reservadamente y con toda prudencia, ponién-
dose á sus órdenes para obrar desde que estalle un movimiento
en las provincias limítrofes á esta república».
«El Prefecto debe darle áV. una partida de 50 hombres nacio-
nales de caballería armados para cuidjir la frontera que V.
manda de los indios bárbaros: al recorrerla V. se cargará se- '
cretamente hacia La Quiaca ó Mojo para estar próxijiiaen el caso
arriba indicado: si no tuviese lugar, regresará V. á su destino.
Espero de V. prudencia y sigilo».
A esta carta estaba unida la correspondencia toda del salvaje
unitario Anselmo Rojo á Crisóstomo Alvarez, las órdenes origi-
nales y relativas instrucciones dei Prefecto de Tanja, D. José
Pareja, para dicha invasión, y del Comandante General del De-
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 93
parlamento de Tarija, D. Juan Maauel Davalos, así como la cor-
respondencia particular del Prefecto Pareja con el salvnje unita-
rio Alvarez.
Este conjunto de documentos autógrafos délos que el infras-
crito adjunta copias legalizadus y señaladas con los números 4
á 18, hace resaltar con toda evidencia los actos de hostilidad, y
mala correspondencia del Gobierno Boliviano contra la Confede-
ración Argentina. El continuo fomento y cooperación que las
maquinaciones de los salvajes unitarios han encontrado en S. E.
el Sr. Presidente Ballivian y las autoridades de su dependencia,
son hechos que no admiten controversia, ni justilicacion. Y pa-
ra que nada quede que pueda hacer poner en duda la verdad
que ellos revelan, la declaración que el mismo Crisostomo Alva-
rez prestó en Ramallo el 26 de Diciembre de i8iG, después de
su captura, que se adjunta en copia, y la carta que este dirigió
á dicho Exmo. Sr. Presidente en Octubre de 1845, que también
vá en copia, prueban concluyentemente que la refwida invasión
fué combinada, mandada, y costeada contra la ConfeJeracion,
por el Gobierno deBolivia.
Relativamente al último punto de la nota de V. E. sobre la
oferta de premios á los primeros buques que lleguen al territo-
rio Boliviano por los rios que fluyen de él, y aceptación hecha
de dicha oferta por el salvage unitario Lafone, residente en
Montevideo, es claro que el Gobierno Aagentino no ha podido
mirarla sino como un ataque á sus derechos territoriales, y so-
beranía nacional. Esos buques no podían internarse á Bolivia
sino con violación de las aguas fluviales de la República en toda
la extensión que ellas corren por su territorio, y la oferta de
Lafone no era reducida á hacer la navegación con un buque ar-
gentino y con autorización de este Gobierno, sino con buque
cxtrangero. Tampoco la ley que llama la concurrencia para op-
tar á ese premio, habla de los buques Argentinos, únicos en con-
dición natural y legal para esa navegación de aguas interiores;
94 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
sino todos y cualesquiera buques, sean de la nacionalidad que
fuesen.
y. E. pues, al aceptar la oferta del extrangero salvage unitario
Lafone, lo alentaba á esa violación, por la que es evidente se
contaba con la divergencia que entonces existia entre Corrientes
y el Paraguay con la Confederación Argentina, y con la soñada
tolerancia de la Provincia de Entre Ríos. Y. E. no podía deseo*
nocerla muy justa desconfianza que este Gobierno ha debido
abrigar en este punto, y la nota que dio margen á esos cargos,
la justifica mucho mas, á pesar de las nuevas esplicacíones con
que hoy se quiere cohonestar la desagradable impresión que ha
debido producir, y en efecto ha producido.
Lo que el infrascrito deja expuesto en esta nota, cree será lo
suficiente para que el Exmo. Gobierno de Bolivia se decida á
hacer justicia al Gobierno Argentino sobre todos los puntos de
su reclamación de i I de Diciembre de 1845. Y espera con con-
fianza, que, elevándose á la altura de la justicia y de la. razón,
procurará con una politica ilustrada y amistosa y cual corres-
ponde á un Gobierno Americano; estrechar en lo futuro, de un
modo sólido, los lazos de perfecta cordialidad con la Confede-
ración Argentina, que siempre ha debido existir con la República
Boliviana, fundándola en los respetos debidos al derecho de
gentes, y en las conveniencias recíprocas de ambos países.
Dios guarde á Y. E. muchos años.
FELIPE ARANA.
Los siguientes son los documentos justificativos, desde el
núm. I al 19, á que st refieren los precedentes párrafos.
DE LAS KEPOBLICAS DEL PLATA 95
Núm- 1.
Seaor teniente coronel D. Crisóstomo Alvarez .
Sucre, Julio 29 de 1845.
Mi querido Alvarez :
El señor Rojo debe dirigir á Vd. esta, y con su acuerdo obrará
Vd. en todo, muy reservadamente y con toda prudencia, po-
niéndose á sus órdenes ; para obrar desde que estalle un mo-
vimiento en las Provincias limitrofes á esta República.
El Prefecto debe darle á Vd. una partida de 50 hombres na-
cionales de caballería armados, para cuidar la frontera que Vd.
manda, de los Indios bárbaros ; al recorrerla Vd. se cargará
secretamente hacia Laquiaca ó Mojo, para estar próximo en el
caso arriba indicado : si no tuviese lugar regresará Vd. á su
destino. Espero de Vd. prudencia y sigilo.
Su afectísimo seguro servidor
c Ballivian.
Mm. 2.
Instrucciones que se dan al teniente coronel D. Crisóstomo Al-
varez, á las que se sujetará en su comisión, mientras reciba
otras directamente de S. E. el Presidente.
Después de hacerse cargo de los cincuenta jiombres en el
pueblo de la Concepción, tomará su marcha como para la fron-
tera del Oran, y secretamente se dirigirá hacia la línea Argen-
tina sin tocar en ella. La recorrerá hasta Laquiaca, dando avi-
sos oportunos de cuanto notara y tuviera relación con los
negocios Argentinos.
No podrá pasar la línea divisoria sino después de que tenga
lugar el pronunciamiento que se espera de los pueblos de Ju-
juy, Salta y Tucuman.
En comisión ostensible á recorrer la línea y los fuertes, te-
96 HiSTORU política t militar
niendo cuidado y la mayor reserva en el objeto principal que
lleva.
No hará uso del vestuario que lleva para la tropa, sino en el
caso de proteger los pronunciamientos arriba espresados.
Tarija, Agosto 13 de 18^15.
José Pareja.
Núm. 3.
REPÚBLICA BOLIVIANA
Comandancia General del Departamento de Tarija.
En la Capital, á 14 do Agosto do 1845.
Al señor Coronel Crisóstorao Alvarez.
Es urgente el servicio que V., con 25 lanceros y otros tantos
infantes, marche inmediatamente á recorrer los fortines de la
frontera de Salinas, al mismo tiempo que á situarse en la línea
divisoria con la República Argentina, para observar las opera-
ciones do una expedición que sobre el Cliaco hacia nuestras fron-
teras disponen en el Oran. A cuyo efecto se le autoriza para
que, como Comamlante militar de aquella frontera, obre con
toda la |)recaucion necesaria, pasando los parles que sean del
caso.
Dios guarde á V.
Juan Jí. Davalos.
REPCBLICA BOLIVIANA
Prcf celara de Tarija
(Hay un sello especial de la República Boliviana. )
Casa de Gohicriio en la Capital, á 14 de Agosto de l&to.
Al señor Teniente Coronel, Juan Crisóstomo Alvarez, Coman-
dante militar de la frontera de Salinas.
La Prefectura tiene á bien comisionar á V. para que al mando
de cincuenta hombres que le serán entregados del r"" Escua-
/"
DE LÁ8 REPÚBLICAS DEL PLATA 97
dron (le Guardia Nacional de la provincia de la Concepción,
marche inmediatamente á la frontera de Salinas á inspeccionar
los fortines existentes allí. . Así mismo, y habiéndose obtenido
avisos de que en el Oran se disponía una expedición contra los
salvajes de las fronteras limítrofes con las nuestras, cree igual-
mente necesario esta Prefectura comisionar á V. para que, po-
niéndose en observancia de aquellas operaciones con la circuns-
pección correspondiente, y sin pisar territorio extraño, sujetán-
dose á las intrucciones que le serán comunicadas por separado,
dirija frecuentes avisos del carácter que tomasen esos movi-
mientos.
La tropa que marcha á sus órdenes disfrutará un j'eal y medio
diario por plaza, á cuyo lin se ha mandado abonar el presu-
puesto de su haber.
Dios guarde á V.
José Pareja.
Kúm. 3.
repCblica boliviana
Prefectura de Tarifa
(Hay un sello oficial de la República de Bolivia. )
Casa do Gobierno en la capital, á 24 do
Setiembre do l&4ó.
Al señor teniente coronel Juan Crisóstomo Alvarez.
En el momento de recibir esta, procederá Vd. á retirar la
fuerza que tiene ásu mando, y pasará á esta á recibir órdenes,
trayendo consigo para entrega, en el Parque, todos los artículos
de guerra ((ue se le dieron.
Dios guarde á Vd.
José Pareja .
98 HISTORIA política Y lULITAR
■S'úm. 6.
repcbliga boliviana
Prefectura de Tarija
(Hay un sello oficial de la República de Bolivia. )
Casa (le Gobierno on la Capital, Octubre 1.* de 1815.
Al señor Teniente Coronel D. Juan Crisjstorao Alvarez.
En comunicación de 24 de Setiembre próximo pasado, ordenó
(i vd. esUi Prefactura, que inmediatamente procediei*a á retirar
la fuerza que tiene á su mando, y se presentase en esta ciudad
á recibir órdenes ; y no habiéndose dado hasta hoy el debida
cumplimiento á aquella disposición, la reitera por la presente,
dejando contra vd. pendiente la responsabilidad á que hubiese
lugar.
f)ios<ruarde ávd.
o
Jone Pareja
yúm. 7.
Sefior D. Juan Crisóstomo Alvarez.
Tarija, Sííliíinbre i5 de 184ó.
Muy estimado amigo :
Contestare á su iipreciable del 3, asL'gurán»lole del deseo posi-
tivo (juc longo de ayudar en cuant.) esté en mis manos aquella
empresa, (jne para mi tiene un santo objeto.
Celebraria mucho que llegasen los momentos esperados, pero
YCí) (pie ellos están aun un poco lejos [)or la misma relación que
iiie h:ice el agente que pasó á lo de S. E., cuyo regreso entiendo
ijiie será á fines de este. ¿ V entrotanlo ? La gente que tiene vd.
á sus órdenes debe consumir algo. Vd. conoce la escasez de
este tesoro, y que hoy no cuent > con un s jlo peso: este conflicto,
agregado al retardo en el regreso de aípiel agente, justamente
debo obligarnos á la medida (¡iu> !.^ iiidiijuí'» en mi anterior. No
DE LAS REPÜBLIGAS DEL PLATA 99
entiendo como en este caso le puede sujetar á vd. á un consejo
de guerra que por naturaleza debe ser público : esto seria pre-
venir á los federales de nuestros negocios secretos, y compro-
meter por otra parte nuestro Gobierno por su propio gusto en
un asunto, que por si y de suyo debe quedar entre nosotros.
Espero con vehemencia el correo de mañana, y ojalá me
vengan nuevas órdenes para tener el gusto de complacerlo en
todo.
Su affmo. y sincero amigo Q. B. S. M.
José Pareja.
Nüm. 8.
Sr. D. Juan Crisóstomo Alvarez.
Tarija, Sctiombro 7 de 1845.
Mi querido amigo :
^[Considero á V. tan apurado como lo estoy yo por falta de pla-
ta. Sin embargo de nuestra miseria, he hecho buscar dinero, y
he dispuesto que le manden los pesos necesarios para el socor-
ro al completo de un mes, porque no es regular que V. vaya
gastando.
Asi contesto ú su eslimada última ; y me repito su afectísimo
amigo y S. S.
José Pareja.
Núm. 9.
Sr. Teniente Coronel D. Juan Crisóstomo Alvarez.
Resercada.
Tarija, Octubre 2 de 181.3.
Amado amigo :
En mi poder su apreciable del 24, que Mojo, se ha servido
dirigirme, por la que veo el semblante de los negocios que hoy
tienen Vdes. entre manos. Celebraré mucho que los resultados
correspondan á los deseos, y á lo que se lia empezado á hacer.
100 HISTOBU POLÍTICA T MILITAR
La prisión del Teniente Gobernador de Yavi, y todos los mo-
vimientos en la Puna, si no estaban apoyados y segundados por
Jujuy, Saltay Tucuman, ledíré, mi amigo, que nada valen, y
que solo la desesperación podria abrazar un partido también
desesperado. Bien sea que la combinación sea grande, cuando
ella no ha desarrollado en aquellas capitales, es asunto perdido.
y por el que Vd . entiendo que no desea comprometer su coope-
ración como jefe boliviano. Le liablaré á Vd. muy francamente
y como á amigo de S. E. ; pienso pues quo si esos movimientos
son enteramente aislados, como hasta hoy se presentan, el ob-
jeto de sus autores no os otro que el de comprometernos, pro-
curando la guerra entre esta y aquella República ; y es en lo
que menos debemos pensar. Por lo mismo Vd. debe guardar
mucha circunspección y obrar de un modo que no debe desa-
gradar al Gobierno.
Si Jujuy, Salta y Tucuman no están pronunciados, Vd. no de-
be apoyar nada, sino cumplir las órdenes que le han ido para
retirar su fuerza. Al haber dado estas órdenes, le diré Vd. que
no he obrado por antojo; ademas he dado conocimiento al Go-
bierno supremo. Como jefe de observación, Vd. no puede pa-
sar la raya, mucho menos con tropa Boliviana y como auxiliar,
porque el hacerlo, es declarar la guerra, faltando á todo princi-
pio reconocido. Vd. ni yo estamos autorizados para esto. Dejé-
mosles obrar y ayudémosles secretamente ; esto si podemos.
Concluyo repitiéndole la amistad con que soy de vd. afectísi-
mo amigo y servidor.
José Pareja,
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 101
Núm. 10.
Sr. Teniente Coronel D. Juan Crisúslomo Alvarez.
Reservada
Tanja, Septiembre :24 fie 1845.
Estimado amigo :
El correo de arriba que acaba de llegar, me ha dado lugar
para dar la orden que con esta debe ser á V. entregada. Si hasta
la fecha no ha habido un movimiento por los pueblos de Salta y
Jujuy, es demás la partida de observación que tiene V. El prin-
cipal objeto que ella llevó fué apoyar los pronunciamientos de
aquellos ; tal que no habiendo nada, nada debemos hacer, y
cualquier paso nuestro inútil, comprometería al Gobierno. La
orden que va no tendrá efecto siempre que aquellos pueblos es-
tén ya clara y fuerlememte pronunciados contra el Gobierno
Federal: pero si no lo están, V. no tiene mas que cumplirla y
venirse.
Su afectísimo servidor y amigo Q. H. S. M.
José Pareja.
Núm. M.
Sr. D. Juan Grísóstomo Alvarez.
(Reservadiiima.)
Potofif , iulio 7 de 1845.
Mi querido amigo :
En el casa que reciba V. esta, es de todo panto necesario que
V. se venga solo, si es posible hasta Saipocha, desde donde me
pasara V. un aviso á Tapica, para ir yo á Yerme cod Y. y arre-
glar nn asante delamajFor impMtancia. Lo eíto á V. al panto de
Haipacha, porqae de aingan modo eovfiene que lo vean en Ta-
piza. Hay cosas de tal ioiporlancía j magnitad que solaaiente
hf blando se puedea arreglar. Su misma venida á verse conmigo
102 HISTOBU P0LÍTIC4 T MILlTll
*
(*,s por ahora un asunto reservado. Después que V. haya hablado
conui¡i{o un par de horas, regresará k poner en ejecución me-
didas que V. solo sabrá. Yo marcho á Tupiza dentro de dos
días.
El s^fior Trefiícto de ese Departimentc no debe poner ningún
(Mnharazo asa viaje do V., pidiendo una licencia verbal para
ausentarse [lor seis dias, ilenlro de los limites del departamen-
to, ruíf.li» V. pedir su licencia para Inagache, por ejemplo, y
venirse á Suipacha, seguro de que á su regreso llevará V. lo
nca»s:irio para entenderse con el señor Prefecto. Llevará órde-
nes relativas á este asunto.
(Hiarde V., amigo mi«), lamas |)rofunda reserva, y vuele V.
á verse con suaffmo. compañero.
Amelmo Rojo.
Núm. 12.
ScHor I). Juan Crisóstomo Alvarez.
Tupiza, Agosto 19 de 1845.
Mi querido amigo :
He demorado el chasque que me trajo su carta apreciable del
1 3 del piesente, por aguardar el correo del interior que llegó
anoche recien.
Estoy muy contento con todo lo que V. ha hecho sobre mis
encargos. Es preciso que V. se empeñe en aumentar lo posible
el número de los argentinos y armarlos del modo que se pueda.
Le encarga encarecidamente la instrucción y disciplina de esos
hombres. De un dia á otro le irá la orden de moverse ; y enton-
ces se indicará la ruta que debe tomar, y los objetos que ha
de abrazar su movimiento. Por ahora espere V., en la inteli-
gencia que no se pierde tiempo en esperar. Yo le haré un chas-
que con las últimas órdenes. Entretanto mucha reserva en todo.
DeV. como siempre, amigo sincero.
Ámelmo Rojo.
« I
DE LAS BEPÜBLICAS DRL PLATA 103
Núm. 13.
Señor D. Juan Crisóstomo Alvarez.
Tupiza Agosto 35 de 1845.
Mi estimado amigo :
Mientras llega el momento de hacer uso de todo lo que se ha
confiado á las manos y á la prudencia de Y., es absolutamente
indispensable que le recomiende á Y. se ciña estrictamente á las
prevenciones que le tengo hechas, tanto en las cosas como en las
personas. No lleve Y. á su campo á hombre alguno en cla-
se de oficial ó paisano, sin que para ello le yaya un aviso
mió. Conserve Y. áD. B. Martínez solamente, como se lo había
indicado antes, y no nos espongamos á que todo se nos venga
abajo de un momento á otro. No dude Y. que corremos ese
riesgo desde que nos separamos un punto de lo convenido.
Ha habido ya algunas ocurrencias tan desagradables, que
casi me han puesto en el caso de abandonarlo todo y retirarme
al interior. A cada instante estamos espuestos á que nos arro-
jen de esta frontera, y ú perder hasta la esperanza de regresar
á nuestra patria. Apercíbase Y. bien de lo que importan estos
avisos, que confidencialmente le comunico como amigo.
Por no duplicar un mismo asunto, le encargo al señor Alva-
rado le pasea Y. mi carta, para que se imponga de las noticias
de abajo.
Le saluda, yB. S. M.
Amelmo Rojo,
Núm. 14.
Señor D. Juan Crisóstümo Alvarez.
Tupiza, Süt¡ernbrc3 de 1845.
Querido amigo :
Deseo saber como le vá á Y. en esos mundos, y con sus 50
hombres. Muy pronto se empezará el fandango. Todo vá bien y
cada dia mejor.
104 HISTORIA POLÍTICA Y BOLITAR
Santa Fé y Cúrdoba ocupados por nuestras armas, y el Gene-
ral Paz de este lado del Parama. ?ío tengo tiempo para mas.
Dígame como lo pasa, y si los 190 pesos que le mandé [>odráQ
estirarse hasta que salgamos, que será pronto. Ese es el último
esfuerzo que se ha hecho.
De V. affmo. y amigo.
Ámelmo Rojo.
Núm. lo.
Señor coronel D. Juan Crisóstomo Alvarez.
Mojo, Setiembre ¿3 do ISió.
Mi estimado amigo :
Desde que despaché al teniente Rivera, con la orden [)ara que
V. marchase, nada he sabido de V. Los sucesos se agolpan, y
cada insUmte que se pierde es de gran trascendencia. Por lo
mismo mando este chasque, haciéndole saber que toda la Pro-
vincia de la Puna está por la causa de la libertad, y es necesario
aiioyarla. Dírijase V. á este punto de Mojo, como se lohabia
prevenido ya, y procure acelerar sus marchas cuanto sea posi-
ble. Aquí lo aguardo con todo lo necesario para su tropa. Há-
game V. volar un aviso, anunciándome la ruta que trae, y el
día (jue llegará V. á este lugar.
i\o escribo al señor Prefecto Pareja, |)orque dudo que este
chasque llegue hasta Tarija, pues debo suponer que V. estai*
va en camino.
DeV. affmo. com panero.
Anselmo Hoja,
Núm. 1(5.
Señor D. Juan Crisóstomo Alvarez.
(Reservado.)
Mojo, Setiembre 34 de 1845.
Mi estimado amigo :
Recordará V. los términos de la carta reservada de S. E.,
Ir*
Dfi HA BEFÜU^BAS 0IL PLATA A^O
euqueordeaa pase Y. en pcotacciou de aigun movimieiQt^^qjiiie
estalle en el terrüom ArgeatíacL Acaba V. de sev íastraidoiile
lo&que han tenido lugar ea elfiíicato de CernUos^ y oíros pua-
blo6 de la Puna, y es ttegado- el caso de llenar debidanente la
ónlen del señor Sresidoate. Eaesa virtud no demore Y., .su
mareba, debiencloi pasar lM)iy eni todoel día el Rio de Laquiaca,
en donde loaguarda sa affmow compalniota y amigo.
Anselmo Rayjo.
¡VIVA LA GOSIIEMBACION ABGEIÍTIKA !
I KUEBAN LQp SALVAJES ÜNITABICS !
Declaración tomada al titulado coronel, salvaje unitario, Cri-
sóstomo Alvarez-
Dice que se llauía Crisustomo Alvarez; naiural: del Tucuman,
de estado ca^do, ejercicio militar, de edad de veinte y siete
anos. Dice que empez-6 á servir en ciase de PorU*-£stai)dai*te,
en la Escolta del Exmo. señor (k>bernador y Qipitan tieaoral de
la Provincia, BrigaiUer D.. Juan ]\Ianuel de Rosas, en el ano de
1834': que sirvió cu dicho cuerpo hasta JGLnes de t8i0 ; que en
dicho tiempo se haiI6 ea tres fuficiones de giu^rra, dos contra
los indios liái'baj^os, y en la bataila de Cliascomus contra los
«salvajes unitarios sublevados ea el Sud; en cuya béilalla, y en
clase de teniente I.", mandó tres escalo nos de la derecha, yeien
indios amigos, con cuya fuerza destrozó á los enemigos y los
persiguió, regresando desíMiesal campo de batalla del qne que-
dó en posesión. Que endicho campo de batallase le reunieron
después, primero el Teniente Otironel D. Ramón Bustos, y en
seguida dos Coroneles, D. Prutiencio Rosas, Jefe de la División,
y el Coronel Jefe de la Escolta, D. Nicolás Gra<iada. Que por su
comportacion en dichos combates obtuvo varios premios de
9. E. Que estando en Dolores con sucíerpo, recibió una orden
urgenle del Exmo. señor (k)bernador para iacorporarse en la
106 HISTORU POLÍnCi T MILITAR
marcha al salvaje anitario Gregorio Araoz de la Madrid, al que
alcanzó en la ciudad de Tucuman. Que inmediatamente de lle-
gar á dicha ciudad, casó con una señorita, sobrina del salvaje
unitario Madrid. Que cuando este traicionó la causa de la Re-
pública, el declarante quiso regresar á Buenos Aires con cin-
cuenta hombres de caballería y el Comandante D. Salvador Gon-
zález ; pero que fué impedido en su designio por mismo salva-
je unitario Madrid, quien lo hizo rodear con dos batallones.
Que las relaciones de familias, y su demasiada juventud lo hi-
cieron adoptar una causa que no era U suya, porque habia com-
batido en favor de la buena causa, y tenia muchos motivos para
querer y estar muy grato al Exmo. señor Gobernador Rosas.
Que peleó en diez combates generales ó parciales bajo la direc-
ción del traidor salvaje unitario Madrid. Que después de haber
triunfado completamente las armas de la Confederación, emigró
á Solivia en el año de 1841 , é inmediatamente entró al servicio
en el ejército de aquella República, en clase de Teniente Coronel,
en la que ha servido por el espacio de cerca de cinco años. Que
el 24 de Setiembre invadió la República Argentina, por una or-
den de puño y letra del Presidente de Bolivia José Ballivian. Que
creyendo este que se habia malogrado la empresa, lo hizo re-
plegar al territorio Boliviano, por conducto del Prefecto de Ta-
rija José Pareja. Que habiéndose presentado á su regreso al
Presidente Ballivian, y no encontrando en él la buena disposi-
ción con que antes lo distinguía, pidió su separación del ejér-
cito Boliviano, la que obtuvo. Que de Bolivia pasó al puerto de
Arica, de allí al de Valparaíso, de ese á Montevideo, y de Monte-
video á Corrientes, embarcado hasta la Bajada del Paraná, en
el vapor de guerra inglés Firebrand, en el que llegaron hasta
la esquina de Corrientes. Que su objeto era incorporarse al
ejército que comandaba el salvaje unitario manco Paz, pero que
este habia emigrado ya al Paraguay, á consecuencia de los últi-
mos acontecimientos de Corrientes. Que en dicha ciudad sufrió
% DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 107
una larga enfermedad de seis meses, después déla cual, cre-
yendo al Gobernador Madariaga unido & la causa federal, le
ofreció sus servicios : que no habiendo sidolc estos admitidos
por haber terminado la guerra en que se hallaba aquella provin*
cia, resolvió pedir su pasaporte para Buenos Aires con el objeto
de acogerse al indulto del Exmo. Sr. Gobernador pero que al ha-
cer su presentación para pedirlo, el Mayor de Plaza de Corrientes
le dijo i]ue no era prudente por entonces pedirlo directamente
para Buenos Aires, sino para los puertos del Brasil : que asi lo
obtuvo, y tomó pasage en la ballenera del pirata Jorge Cardazi,
pagándole onza y media hasta ponerlo á una legua tnas arriba de
San Nicolás en las costa firme de esta Provincia, pero que ha-
biendo sido cañoneados por el pailebot de guerra Federal, en
la tarde del 18 del corriente, el pirata Griego resolvió regresar
á Corrientes : que el declarante le exigió cumpliera con su com-
promiso, mas que«in duda el Griego, desconfiando de él, que
pudiera dar noticias que condujesen á la captura de su ballene-
ra, no quiso cumplir su oferta, y solo se convino en dejarlo en la
isla, en la costa hacia Entre-Rios ; por que decia, que el dejar-
lo en la costa á la parte de tierra firme, era hacer mas camino y
lo exponía á ser apresado por el Federal que lo perseguía. Que
después de haber andado perdido por la isla seis dias, atrave-
sando pajonales y cañadones, llegaron á la costa de Pavón el
declarante,el titulado mayor Elorga, y el soldado Juan Vázquez :
que encontraron una chalana, en la que se embarcaron con el
objeto de arribar á San Nicolás, ó á San Pedro, á cuyos puertos
se dirijian á la ventura, por que ninguno era baqueano, y de
consiguiente no sabían el rumbo fijo á donde podrían salir. Que
el finado Elorga le aseguró que tenia un indulto de nuestro Go-
bierno, que le había remitido la madre desde Buenos Aires.
Que habiendo navegado como tres leguas, aguas abajo por el
Pavón, fueron alcanzados por los botes del Federal : que él
pensó en pararse y aguardarlos para presentarse, en cuyo pen-
108 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
saittiento estaban los otros dos ; ma& qufi haciendo muclios ti-
ros á bala el bote que lossej^ía mas4e€erca, se vieron en la
precisión de saltar en tierna en la isla que teuian á su izquierda
hacia la costa del £ntre-4\ios ; pero siempre con la intención de
entregarse al primer oficial que se presentara. Que ya los soU
dados que saltaron en tierra habían pasaido í alguna di^taucia
de donde ellos estaban ocultos, cuando el declarante descubrió
al oficial por el gz\&ñ de la gerra, y el mismo lo llamó ú voces
para presentársele, dicíóndote cual era su destino y objeto, y
que si b¿tbia huido, era solo temiendo de que fueran soldados
los que tripulaban el l>ote. Que en todo su viaje se le opuso
siempre á Cardazi á que tiniraun solo tiro. Que una legua antes
del rincón de Santa Fé, desembarcaron un oficial, nueve sóida*
dos con tres mujeres, de los Santafecinos emigrados en Corrien-
tes, que vinieron á ]>resentarse al Ex.mo. Sr. Gobernador de
Santa Fé, Brigadier D. Pascual Ecliagüe, cuyos individuos bar
bian tomado pasaje en Goya, contratando con Cardazi, el ser
desembarcados á una legua mas arriba de Santi Fé, lo mismo
que se había comprometido á hacer Cardazi con el declarante y
sus compañeros, á desembarcarlos una legua mas arriba de
San Nicolás.
Que es todo cuanto tieíieque deoir, y que en prueba de ser
verdad lo expuesto, firmáosla declaración.
Caartel Goiieral Divisionario en Ram^rllo, Diciombro S6 de 1846.
Oisóstomo Airaren.
JHum. 4^.
Potosí, Odubre.
Mi respetado General :
Me veo obligado á dirij irme á V..E. en una coyuntura bien
extraña y fuera de mi alcance. Necesito volver atrás para ex-
plicarme.
En mi carta de 24 del próximo pasado di cuenta á V. E. desde
DE LAS BEPCBLIGA9 DEL PLATA 109
Mojo que iba á pasar al territorio Argentino con la partida que
traje de Tarija. Los sucesos que entonces acababan de tener
lugar en aquel territorio me ponian en el caso de cumplir la
orden reservada de V. E. de 29 de Julio, y pasé Laquiaca para
apoyarlos en conformidad de esta misma orden. He dado este
paso sin traspasar en nada las intenciones de Y. E. He prestado
una ciega obediencia á la voluntad de mi General, y le acabo de
dar nueva prueba de mi subordinación obedeciendo la orden
del señor Prefecto de Tarija, de 1 .** del presente, en la cual me
manda regresar á esta República.
No me toca, mi General, como jefe Boliriano, avanzarme á
hacer reflexiones sobre las consecuencias de mi regreso en las
circunstancias en que se me ha mandado volver.
Soy un jefe sin mas pretensiones que el deseo de obedecer
y dar gusto á V. E. Pero no podré dejar de representar á V. E.
que, si me ha sorprendido la orden del señor Prefecto de Tari-
ja para que regrese, no me ha sorprendido menos la que me ha
notificado el Comandante de la frontera, para que entregue la
partida de Tarija y me constituya preso á disposición de la Pre-
fectura de Potosí. Aquí estoy, mi General, sin saber la causa de
mi prisión, ni atinar con el crimen que la haya ocasionado.
Mi único pesar, si debo tenerlo en esta ocasión, seria el de ha-
ber desagradado á V. E. en algún paso de mi conducta. Por lo
demás, para responder á cualquiera acusación que se me haga
no tengo sino apelar al testimonio de mi conciencia y á la de
V. E. mismo. Por cumplir sus órdenes nada puede espantarme.
En este momento lo único que me aflije es la situación de mi
familia á quien he dejado abandonada en Tarija. Sé que mi
esposa está enferma de gravedad, aguardando además su parto
de un dia y otro, y sin mas socorro que el que yo pudiera ofre-
cerle en mi situación actual.
Ruego á V. E. se digne tomar sobre mi persona una resolu-
ción definitiva pronta, y disponer de su affmo. S S.
Q. B. S. M.
410 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Núm. 19.
Un sello — N". 4.
Sumí, Abril 30 do 1846.
A S. Cí. el Ministro Plenipotenciario y Enviado ExtraorcI¡nr>no
' de Bolivia, cerca del Gobierno Encargado de las Relaciones
Exteriores de la ('onfederacion Argentina, General D. Ense-
bio Guilarte.
Por el tenor de las notas pasadas por Y. G. á este Ministerio,
en 24 de Enero y 6 de Febrero último, marcadas con los núme-
ros 14, 16 y i 7, ha sido impuesto el Presidente de la posición
en que se ha colocado V. G. prematuramente en esa capital do
Montevideo, tomando en las cuestiones que provoca la inter-
vención Europea en el Rio de la Plata, una participación mayor
y mas directa de lo que permitía y marcaba á V. G. su carácter
de Agente diplomático, destinado á una nación, agena por aliora
á esas cuestiones, como es el Imperio del Brasil. Esta circuns-
tancia, que el Gobierno pudo prever cuando nombraba á V. G.
en 16 de Febrero último, de Ministro Plenipotenciario cerca del
Gobierno Argentino, con orden é instrucciones para pasar desde
luego á Buenos Aires, exije ahora como precaución indispen-
sable, el comunicar á V. G. nuevas órdenes de S. E. para los
diferentes casos en que V. G. pueda encontrarse al recibo de
esta nota.
En cuanto á la conducta de V. G., reservándose el Gobierno
tomar en la debida consideración los fundamentos y graves inte-
reses, que en concepto de V. G. militan para cooperar á la men-
cionada intervención, debo limitarme de su urden á recomendar
á V. G. la circunspección propia del carácter de neutralidad que
corresponde á Bolivia, según el espíritu de las diferentes ins-
trucciones de que está V. G. en posesión.
Con respecto á la disposición diplomática de V. G., ó bien
DE LAS REPUBUaS DEL PLATA III
habrá pasado V. G. á la sazón á Buenos Aires^ y sido recibido
en su carácter público ; y en tal caso no debo prevenirle otra
cosa por ahora, qué la estricta sugecion á las instrucciones que
para este caso se le comunicaron en i O de Febrero último : ó
bien.por efecto de las manifestaciones á que ha dado lugar V.(i.
en la prensa de Montevideo, no ha podido presentarse al Go-
bierno de Buenos Aires, hasta la fecha, y en tal caso tiene á bien
S. E. ordenar que V. G. siga su viaje al Brasil, á llenar la misión
de que V. G. fué encargado ; á menos que V. G. tuviese alguna
fundada certidumbre de ser bien recibido por el Gobierno de
Buenos Aires, á pesar de las expresadas manifestaciones ; pues
entonces aun convendría que V. G. se apersonase mas bien en
Buenos Aires que en el Brasil. En resumen, V. G. debe llenar
la misión de Buenos Aires de preferencia, siempre que no haya
inconveniente para su recibitniento, y en el caso contrario, se-
guir su viaje al Brasil. ^
Tales son, por ahora, las únicas órdenes de S. E. que me
apresuro á transmitir á V. G. para su mas exacto cumplimiento
reservando comunicarle las que en adelante exijiere el desen-
volvimiento de 1Q3 sucesos pendientes en esos paises.
Dios guarde áV. G.
S. 31. Tomás Frías.
Hay una rúbrica del Presidente de Bolivia.
Un sello — !V. 7.
Sucre, Abril 30 de 1846.
A S. G. el Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de
Bolivia cerca del Gobierno Encargado de las Relaciones Exte-
riores de la Confederación Argentina, General D. Ensebio
Guilarte.
S. M. :
He puesto en conocimiento del Presidente de la República las
^-^" ♦
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- . ■ t #•
DE LAS BEPÜBUCAS DEL PLATA 113
O arta dol Oonoral JBolllvlaiiL
Valparaíso^ Junio 28 de 1849.
Mi estimable amigo :
Al mismo tíempo he recibido dos cartas de Yd. al de-
sembarcar en este puerto, después de dos mesas de uua nave-
gación penosa, y en que he corrido inmensos peligros, habiendo
escapado solamente por la decidida y noble protección de la
marina Francesa, en el Pacífico, especialmente del noble Almi-
rante Tromelin, mi buen amigo.
Todo Boliyia, desde un estremo á otro, y hasta en los canto-
nes mas pequeños, me invocaron y llamaron á principios de
Marzo; pero mientras marché, los partidarios del General
Santa-Cruz, dirigidos secretamente por el General Bmun, los
Yillamiles, y los sobrinos de Santa-Cruz, sublevaron la canalla
bruta, y los Indios, é invocando el saqueo, el degüello de todos
los blancos y aristócratas, derramando plata, han hecho des-
bordar el populacho y saquear todas las casas, matar á muchos
amigos mios, destei;rar á todos los estrangeros, hacer salir
todo almacén de comercio de Bolivia al exterior, prohibiendo
todo comercio estrangero, y han . desterrado toda mi familia,
inclusa mi madre, hermanas, cunadas, y todos mis deudos de
ambos sexos.
Continúan los asesinatos y excesos hasta ahora ; y aquel pais
se sume en la barbarie si no se pone algún remedia estraño,
poderoso y pronto.
Escribo al Príncipe Napoleón dándole las gracias por los ser-
vicios que he recibido de su marina : si mandase una orden
para que continúen protegiéndome seria muy oportuno; y si Vd.
puede dar algún paso sobre esto seria muy bueno que lo haga.
A pesar de mis urgencias, si Vd. toma del seuor Devis cin-
cuenta libras esterlinas para esos peíiuonos gastos y ayuda de su
8
114 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
correspondencia, los abonaré yo aqui en vista de su letra, su-
puesto que dicho amigo se ha ofrecido.
Si consiguiera vd. que Lord Palmerslon diera una orden
recomendándome igualmente á la estación Británica, sobre todo
en el Pacifico ; y si tanto él como el Ministro Francés autoriza-
sen una persona para entenderse conmigo ; por ejemplo ai
Almirante, ó ambos Almirantes, cuidando mucho de guardar el
secreto aqui y alli, en donde todos los agentes Americanos, y en
especial los de Rosas, lo descubren y lo avisan todo : si esto se
consiguiera, seria muy oportuno, y debe ser sin perder mo-
mentos.
El Gobierno de Chile me presta protección decidida ; pero
teme, y no puede contra el del Perú que se opone á mi regreso á
Bolivia, porque de acuerdo con Rosas quiere dividirse Bolivia,
haciéndola la Polonia de la América, ó como lo que sucede hoy
en Italia, el objeto es estender la Confederación en toda la Amé-
rica del Sud, destruir el Imperio del Brasil, y excluir de la Amé-
rica toda influencia europea y monárquica, encerrándose como
los chinos : idea absurda y ridicula, y contraria á los intereses
de esos pueblos, pero que encuentra apeyo en las masas bru-
tas, y que es preciso destruir pronto y en su origen.
Mando á V. varios ejemplares del manifiesto que di para re-
gresar á Bolivia, para que Vd. los mande á quienes crea conve-
niente, y los dé alas personages arriba indicados, porque allí
están consignados mis principios y lo que pasa en Bolivia.
D. Pedro Guerra está oculto en Bolivia sin haber podido es-
capar, todavia expuesto á perecer por que lo buscan para ma-
tarlo : ha perdido todos sus intereses en el saqueo, y la señora
todas sus alhajas.
Pensé mandar á Vd. sus titulos para los Consulados que le
ofrecí, y las instrucciones luego queme hiciera cargo del man-
do ; pero la Providencia la ha estorbado por ahora, y dispuesto
de otro modo.
/-
DE LAS REPIjBUCáS DKL PLATA 413
No puede durar este estado de confusión y desorden, pero se
necesita pensar en un remedio serio. Esperaré con ansia la
respuesta de Vd. para saber si debo contar o no con la coopera-
ción y protección de ambos Gobiernos, ó con alguno de ellos,
encargándosele solamente al concluir el que ^ guarde un pro-
fundo secreto, sea cualquiera la resolución, y que me conteste
Vd. con el resultado.
Su affmo. amigo y servidor.
/. B.
Por la misma casa que vá esta, puede venir su letra de que
hablo arriba, de cincuenta libras esterlinas. Los impresos van
iguajmente por la misma.
(En la cubierta. ) De los ejemplares impresos del manifiesto
que le mando, puede vd. rotularle y despachar, al Príncipe Luis
Napoleón, al Ministro Palmerston, a Odillon Barrot, y á los que
vd. crea conveniente.
Es copia.
El Oficial Mayor.
J. Vicente Derad.
Con la carta del señor Presidente del Perú, á que corresponde
la contestación que sigue, venia la copia de la de Ballivian, igual
á la que habia sido transmitida por el Ministro de las Relaciones
Exteriores de la República Boliviana, y certificada por el mismo
General Castilla.
116 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
OontovtQCion aol Ooxioz-Ql Itoaaic ol l^rosidaonto d^el l*erA
8ol>ro oí iiilsmio oniuiito
i VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I
Exino. Sr. Pi'esideirte de la República del Peni, General D. Ra-
món Castilla.
Palcrmo de San Benito, Octubre 8 de 1850.
Señor üeueral de toda mi estimación :
Tengo el mayor placer en contestar la muy apreciable de vd.
fecha 29 de Mayo último, en que se sirve comunicarme copia
de la carta de Balliviau, dirijida á uno de sus corresponsales en
Europa.
La G'irrera llena de insidias ó indignidades de Ballivian en la
que, para conseguir sus planes tontra la sagrada causa de la
América, ha empleado los medios mas reprobados y degradan-
tes, no podia pararse ante el baldón de implorar el apoyo de Eu-
ropeos para vender á su patria, que lo ha expulsado de su seno
por su nefanda traición.
Los planes que nos atribuye sobre la República Boliviana pa-
ra dividirla, extendiendo la t'.onfederacion enlódala América
del Sud y destruir el Imperio del Brasil, son tan absurdos y ri-
diculos, que apenas merece decirse una palabra sobre esa in-
vención hija de la villania mas consumada, y de la mas refinada
prostitución.
Por mi parle solo deseo la felicidad de todas las naciones del
mundo, solo (¡uiero la gloria de un renombre inmortal para la
América, para mi Palri:., la conservación incólume de su honor,
sus derechos, su liberlad, y su paz interna. El mundo me hará
justicia, y la historia prochiinará «pie jumas he ambicionado pa-
ra la Confeileracinn Argentina mas engrandecimiento territorial
qm» el (pie sin tiuda le pertenece.
Mucho aprecio la lina amistad y confianza con que Vd. me ha
honrado con su correspondencia ; y siento el mas vivo placer al
DE LAS REPCBLICA« DE lA PLATA 117
ser instruido por ella, que osa nacron Btgoe en paz consigo mis-
ma y con todo el mnndo ; y que en cuairto de Vd. depende estre-
cha cada dia mas los Tínculos de antigua é inalterable amistad
que le unen á las domas Repúblicas hennanas, y especialmente
con la Gonfederaoion Argentina, á cuyos hijos les ha prestado
Vd. la mas pronta y eficaz protección, p3r laque le soy tan agra-
decido. Iguales sentimientos han guiado constantemente mi
política para con el Perú y sus ciudadanos.
Al acoger con vivo reconocimiento las felicitaciones que Vd.
me dirije por la renovación de confianza (pie han hecho á mí
persona tos pueblos Argentinos, le deseo la mejor salud y acier-
to, y tengo la mayor satisfacción en repetirme de Vd. muy aten-
to servidor y amigo.
JUAN MAjNÜEIDE rosas.
CAPITULO III
Muorto <lo»l r>r. i>. Santiago Vaxqiiox — MulAonado — Suco-
sos políticos y iivilLtaros oii ucíuloI punto — IMíuoirto del
l^í^^nlonto Ooronol r>. José »!• 0«l>alloro — Otros siico-
Mou parclul4«!S — l-*ri«loii >' d.c3c»tlci;*r*o <lol Oonoral I^ivoira
úNantu Outulliia — Iiiiportuxit<rs clociiineiitov do la x*o-
f<^roiiciu -r AIoiit<)vlcLoo, .su sltuueloii. política -y lullltar
— ft*itiooAos on ol cajnpainonto MitiaUor' — Castado {Reno-
val dol rcHto de la Xloi>úl>lioa.
El 6 de.Abi'il de 4847 falleció en la ciudad de Montevideo el
sefior D. Santiago Vázquez, víctima de una afección pulmonar.
Este ciudadano era una de las inteligencias políticas de la
Re[)úl>lica Oriental, ante la cual se liahian doblegado las situa-
ciones mas criticas de su partido. Como orador ocupó uno de
los mas distinguidos puestos en la tribuna. Pertenecía también
al foro, en cuya profesión tenia altos conocimientos.
Los hombres de su partido publicaron sobre su vida privada
y política algunas particularidades desde su nacimiento hasta
su muerte, enumerando los servicios que hizo al país, los car-
118 i HISTORIA política T MILITAR
gos y comisiones que desempenó» la parte que tuvo en la eman-
cipación política, en las instituciones creadas» en la organi-
zación y progreso de la República. En el eloeio que se hizo del
señor Vázquez, habia apreciaciones de indisputable verdad ;
pero también se silenciaba muchos ó la mayor parto de sus he-
chos, que le constituyeron el principal elemento de anarquia
en épocas de funesta transición.
Desde el año de 1839 hasta el dia de su fallecimiento el señor
Vázquez habia cambiado completamente en la guerra civil, y no
era ya el hombre de la Independencia ; sin embargo, necesita-
mos ser justos dejando sus cenizas en el descanso imperturbablet
cualesquiera que hayan sido sus errores ó sus crímenes sobre
la tierra ; pero os también de nuestro deber evitar que al abrigo
de este respeto, la narración apasionada do la hermandad polí-
tica sacrifique la verdad de la historia á los intereses del partido.
No procederíamos de este modo respecto del señor Vázquez,
si sus apologistas de la ¿poca se hubiesen concretado al rol de
biógrafos imparciales. No tendríamos entonces la necesidad de
rectiGcar algunos hechos muy relacionados con la historia de
esta República que se han desfigurado según la conveniencia ó
el propósito.
El señor I). Santiago Vázquez fué un hombre activo, inteli-
gente, laborioso, y dotado por la naturaleza de cualidades de
tribuno, dotes que moderadas por un juicio recto, y dirijidas
por el instinto del bien, habrían hecho de él, un hombre públi-
co eminente,benéíico á su patria y bendecido por la posteridad;
siendo igualmente cierto, que abandonado sin esos correctivos
á los impulsos de un natural indócil, no fué otra cosa en el poder
y fuera de él que un faccioso oficial, destruyendo de este modo
los bienes que hacía á su país, al impulso de sus desaciertos, y
de sus funestas consecuencias. Este juicio que podrá parecer
severo, no lo es sin embargo : su vida política dejó las huellas
en el Pueblo Oriental, testigo y víctima de sus errores, y juez
mas competente del mérito de sus hombres públicos.
DE LAS REPOBLICAS DEL PLATA 149
Sin alejarnos mas allá de su última administración, el señor
Vázquez fué reconocido como cabeza y alma de los excesos co-
metidos, de las estorsiones y asesinatos jurídicos, de que fué
victima la ciudad de Montevideo en los últimos cuatro años de
su asedio, así como de los inconvenientes que trajo la última in-
tervención Europea.
La desaparición del señor Vázquez fué sin embargo un golpe
serio para los defensores de Montevideo, y sobre todo para su
política en cuyas supremas necesidades, estaba iniciado el señor
Vázquez.
Creemos que este juicio muy breve, en nada destruye las
opiniones que respecto de su personalidad política, hemos emi-
tido sobre los primeros días de su carrera pública.
MCuerto d.ol «Teniente Ooronel !>• Jos^ MCarfa Oaballero
El 7 de Marzo de 18&7, tenia lugar frente al asedio de la ciu-
dad de Maldonado la muerte de este. Jefe, Comandante General
del Departamento de San José y que con la división de su depar-
tamento concurría á las operaciones militares sobre aquella
plaza.
En ese día á launa y media de la mañana se aprximó á las trin-
cheras la división de caballería del comandante Caballero con la
intención de hacer un reconocimiento. Atacado por la infante-
ría de la plaza se empeñó la refriega, trabándose un combate
á lanza, comprometiendo su situación de tal modo que los sitia-
dores aproximaron su infantería y artillería, logrando reducir á
la plaza á sus defensores.
Cuando la caballería fué cargada al principio por los infantes,
se retiró á una distancia en donde se rehizo, y cargó para sacar
el cadáver del comandante Caballero, quien habia desmontado
á 50 pasos de distancia de los infantes que lo perseguían, con el
objeto de acomodar la cincha de la montura. Acto de temeridad
del que hizo un inútil alarde y del que debía resultar el sacrificio
de su vida.
120 HISTOBIA POLÍTICA Y HIIITÁR
Muerto el comandaiite Caballero, los J^Iaragatos (asi se califi-
caban los vecinos de San José que formabaD aquella división )
se dispersaron en el acto en gru()os de 20 á 30 bombres de re-
greso á su departamento.
Dejamos al General Rivera refugiado en Maldonado después
de su derrota del Cerro de las Animas.
Las operaciones militares en el Uruguay hablan tenido mal
éxito, y el Gobierno de Montevideo, que no encontraba los me-
dios de deshacerse del General Rivera que ya se había hecho
perjudicial á la marcha general en su política, se felicitó deesa
coyuntura (pie le proporcionaba la ocasión de confinarlo en
aquella zona de la República que para el mismo Rivera no po-
día importar otra cosa que un disimulado destierro.
La ciudad do Maldonado estrechamente sitiada por las fuerzas
del General Oribe al mando del coronel Barrios, disponia de una
pequeña guarnición casi desmoralizada, y reducida á la estre-
chez de recursos, sin tener otros (|ue los que le eran enviados de
Montevideo por la via fluvial.
La guarnición de Maldonado sufria una seria deserción, ha-
biéndose pasado á las fuerzas Oribistas mas de 300 hombres en
2 meses — El General Rivera permanecía, en su cuailel general,
en la quinta de Agnilar. J-as otras quintas que estaban bajo el
tiro de canon do la plaza, y de los cantones de estramuros, des-
aparecieron bajo el hacha, por orden del Sr. Rivera — Se des-
truyeron también los ranchos y toda clase de habitación próxima
á los suburbios; todo con el objeto de despejar el cíimpo neutral.
De la guarnición del pueblo sitiado. Rivera desi)rendió una
|)arlida con deslino á tomar ganado en Solis Grande, encabezada
por los oliciales Ordonez y Esteche. Sor[)rendida por las fuer-
zas Oribistas, fueron muertos los referidos oficiales, así como
algunos soldados, quedando el resto prisioneros.
Para reemplazar las bajas que la deserción habia dejado en
sus tropas, el Sr. Rivera pidió al gobierno de Montevideo se le
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA Í2i
reforzase — Se pretendió entonces enviarle parte del Batallón
de Extramuros y el núm. 2; pero caando supo la tropa el desti-
no que llevaba, se resistió á marchar, gritando que no querían
morir de hambre como sus compañeros habían sucumbido en
Maldonado, y no marcharon á pesar de las amenazas de sus jefes
y déla intervención directa que tomó en el asunto el Sr. Muñoz,
Ministro de la Guerra.
Aquel punto no podia ser el teatro aparente para las aspira-
ciones de un hombre acostumbrado á disponer de grandes ele-
mentos. Reducirlo á Maldonado ora someterle á una prueba de
la que no podían salir triunfantes ciertamente, la resignación y
patriotismo ifecesarios para superar, las virtudes, especialmente
la primera, que el General Rivera no poseiaen grande escala.
La permanencia de este General en aquel pueblo se señaló al
fin por actos que desagradaron no solamente al Gobierno de
Montevideo sino íi las mismas fuerzas cuvo mando había asu-
mido, asi como á los habitantes de aquella ciudad cuyos desti-
nos habian quedado bajo su salvaguardia.
Véase de qué modo se produjeron aquellos sucesos — Deja-
mos la palabra á los hombres de la misma congregación política
del Sr. Rivera, y nada menos que á las mas altas y conspicuas
personalidades de la defensa de Montevideo.
I*u.l>licacioii oficial do los (loouiiiGn.tos roforontos ú. la dcs-
tltixcion y clestiorr*o del I3rl{j;adLoi- Oonoral I>. Fructuoso
Rivoi'a.
Montevideo, 16 de Octubre de 1847.
BREVE EXPLICACIÓN
Ministerio de Gobierno.
Vil mlcresado por el bien del país, con el objeto de no per-
mitir que la opinión se extravie, ha publicado parte de la cor-
respondencia que se ha cambiado entre el Gobierno de la Repú-
blica y el (ieneral D. Fructuoso Rivera; y al hacerlo, ha ingerido
relaciones liütóricas y observaciones sobre los procedimientos
122 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
ilel Gobierno que, por despreciables y ridiculas que parezcan,
no deben pasar inapercibidas. Ya en otra ocasión se ha hecho
jugar la misma arma para trastornar los espíritus y promover
conflictos, tan vergonzosos como funestos; y seria, por consi-
guiente, imprudencia criminal no sacar partido de esa expe-
riencia.
El Gobierno se ha propuesto guardar, en todo lo relativo á
los sucesos de Maldonado, la mayor circunspección posible. El
honor y el crédito del país, la moral y las conveniencias mas
vitales de la República, le prescribían esa conducta y esa reser-
va : pero hoy ya no puede guardarla sino de un modo relativo.
Esto es ciertamente de lamentarse ; y por esa razón ha mirado
con verdadero enojo que ese pretendido interesado por el bien
del país le haya suscitado el conflicto en que hoy se encuentra.
En la necesidad de vindicarse y justificar sus actos, él tendrá
que abandonar aquella posición, y atacar la reputación de un
hombre que, cualesquiera que sean sus defectos y sus nulidades
ha ocupado una alta posición en nuestro país, y nada puede de-
cirse de él que no pese sobre nuestra sociedad, y semejante
suceso el Gobierno nunca lo ha deseado ni podido desearlo.
Este es uno de los muchos inconvenientes que tiene la tole-
rancia mal entendida, y sobre todo, el funesto error de querer
hacer imperar, en una ciudad sitiada, y en épocas de crisis mor-
tal para una nación, esa latitud de instituciones que, aun en
tiempos normales y ordinarios, y en otros paises en donde tienen
otro arraigo y otros correctivos que no tienen en el nuestro,
está sujeta á abusos tan caros. Ojalá esta nueva lección sea
fructífera para los hombres bien intencionados, y que verdade-
ramente quieran la salvación del pais y la consolidación de sus
libertades. Sin embargo, el Ministerio dirá lo menos, y solo
aquello que sea necesario para explicar los actos del P. E.
La situación del General Rivera en la escena política, ha mucho
tiempo que era violenta y difícil de conservarse. Vuelto á la vida
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 123
pública, contra la voluntad del Gobierno, y apoyado solo en las
exijencías de un motin, desde sus primeros pasos manifestó
que no comprendía su época, ni á los hombres ni á las cosas
que predominaban en su país.
Acostumbrado á gobernar desde la campaña : lejos del con-
tacto de la parte mas civilizada de la población : nutrido en esa
omnipotencia de poder y facultades que le hacian dueño de
vidas y haciendas sin consideración ñi responsabilidad de nia-
guna especie: acostumbrado, en fín, á no mirar las formas
legales sino como una pantalla, cuya sombra le convenia para
ocultar la deformidad de su existencia política, el General Rive-
ra entró á figurar, después del I ."^ de Abril de 1 846, como habia
figurado en las épocas anteriores. En la desgracia nada habia
aprendido : en lo que le rodeaba nada veia ; y entregándose á
una conducta injustificable é incomprensible, marcó su nueva
carrera con los actos mas escandalosos y mas funestos para la
causa que defiende la República. Las propiedades violadas, las
personas atacadas, sin distinción ni respeto de ninguna clase,
la autoridad del Gobierno desconocida y despreciada al mas
alto grado, produjeron, como era consiguiente, un conflicto de
posición, entre el Gobierno de la República, que no podia ni
quería consentir en aquellos atentados, y el General Rivera que,
apoyado en la fuerza que mandaba, y en lo espinoso y grave de
las circunstancias en que se encontraba la República, pretendía
un absolutismo de facultades, incompatible con las disposicio-
nes constitucionales y el orden público, y que cubría de ridiculo
al Gobierno, cuya acción paralizada por consideraciones de alta
política, aparecía como un instrumento ciego de las voluntades
del citado General. Todos los habitantes de esta capital conocen
esos hechos hasta en sus mas pequeños detalles : nadie puede
haber olvidado la gravedad de los momentos por que entonces
pasó el país : la resistencia, la exaltación, el descontento gene-
ral que producía cada noticia que se recibía en los puntos que
Í3í HlSTOfilA POLÍTICA Y MILITAR
eslabaa bajo la depcndeiicía del General Uivera; y dígase si
eso no es exacto, y si ese estado podía durar y no concluir como
ha concluido.
Lo que al General ha sucedido, era lo natural : el primer
contraste, no podía dejar de hacerlo un objeto especial de la
atención y alarma del GobiiTno. Lo que liabia pasailo, lo habí-
lítal>a para set* mas cauto, y empeñarse en colocar su autoridad
á una grande altura, depurándola al mismo tiempo de todas las
sombras con ((ue había aparecido empañada. La opinión pú-
blica, manifestada, por otra parte, del modo mas expreso en el
pueblo y en el ejército, no le permitían tampoco volver al Gene-
ral Rivera la importancia de posición que antes había ocupado,
y que él solicitaba con todo el imperio y tenacidad de un hom-
bre que está acostumlirado á mandar y ser ol>edoc¡do ; y he aqui
el princi|)ío de las hostilidades á que el General se refiere en su
nota de 23 de Setiembre de I8i7. El quería e! mismo mando,
el mismo poder : quería otro ejército, á mas de los tres que ya
había perdido, y el Gobierno no quería darle stJio ese mando y
Hive poder restringido, y ese poder limitado a una guarnición y
á un punto en que el General no pudiese hacer lo <|ue antes ha-
bía hecho, i Y á esto llama él hostilidad, y por e:fto es que se
propone acusar al Gobierno ante la nación ! Esto solo hace
comprender mas al General Uivera, que todo cuanto puede de-
cirse de sus exigencias.
Pero ¿por qué se queja de su posicionf ¿Quién sino él la ha crea-
do? ¿Cuáles son los títulos con que el General se presenta á soli-
citar que el Gobierno le confiase nuevos ejércitos? ¿D^mde esta-
ban los que antes le había confiado? ¿Dónde el que se le entregó
después de i"", de Abril do {8i3? ¿Qué esplicacíon ni justifica-
ción había dado de los desastres y crueles desgracias que lo
habían reducido á la nulidad mas completa ? ¥ sobre todo ¿ con
qué personería, con qué antecedentes quiere hacer pesar sobre
el gobierno la re9ponsal)ilidad de las operaciones de la guerra ?
DE LAS BEPÚBUCAS DEL PLiTA 1S3
Si alguQos e?LÍstían ¿no son los que él mismo habia creado?
Perdido el último ejército que se leconfló, perdidos todos los
puQtos de la República que se habian adquirido á costa de
tanta sangre yde tantos sacrificios, desmoralizada la acción do
la defensa nacional, por el decaimiento consiguiente ú tantas
desgracias y tantos contrastes, como los que vinieron de golpe,
en el corto periodo de 30 días, ¿conque elementos podia con-
tarse en aquellos momentos, para abrir una nueva campana,
que no presentasen en toda la perspectiva de mayores desgra-
cias y mas grandes desastres ? Y sin embargo, el General Rivera
tiene valor para decir que el Gobierno es quien le ha deshecho
el ejército 1 1 ... y quiere hacerle cargos porque no le ha creido
capaz de dirigir nuevas operaciones de guerra II ... Esto no
tiene esplicacíon, sino en un hombre que, en el largo periodo
de 30 anos, por primera vez se encuentra obligado á subordi-
narse y obedecer.
Pero no es aqui solamente que el General es injusto y poco
acertado. El inventa también, para tener ocasión de desaliogar
sus resentimientos y encono contra el Gobierno, á quien no de-
bia sino sumisión y consideraciones, por la generosa y noble
conducta que habia obsen^ado en sus desgracias. Y él inventa,
se dice» porque es moralmente imposible que el coronel Baez
haya tomado el nombre del Gobierno para referir lo que el Ge-
neral asegura, en su citada nota de 23 de Setiembre, que le fué
dicho. Es un absurdo tan manifiesto que no puede haber sido
concebido por una razón fria y que no estuviese afectada por
vehementes pasiones. Solo habiéndose abandonado el sentido
común, podía haberse dicho lo que el General asevera. ¿Es
creíble que, aun cuando tal fuese la resolución traidora del Go-
bierno, se la dijese al coronel Baez con toda la desnudez que
aparece T Hay ciertas cosas que en si mismas llevan su mejor
refutación, y esta es una de ellas.
Por lo demás, el espíritu que domina en esa nota es bien co-
136 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
nocido: concitar los ánimos, aparapetado de las formas y dis-
posiciones constitucionales, y, desde esa altura, contemplar el
incendio, para tener el placer de Nerón cuando pegaba fuego á
Roma. Pero esta vez sera menos feliz en su intento, porque
con los hechos mas notorios, lo descubriremos y mostraremos
tal cual es.
El General Rivera, que tanto proclama esas formas, que tan
poderosas las encuentra para que le salven de lo que él llama
atentados del (lobierno, es el mismo que en presencia de todo
este pueblo, arrebató de su seno, y en medio de la mas grande
tranquilidad, al benemérito y respetable ciudadano D. Luis La-
mas, lo llevó á su campamento, le ultrajó, le vejó de todos
modos ; y, no contento con eso, le arrojó fuera del país por
tiempo indefinido. Todos recuerdan este hecho, la violencia y
la calculada firmeza con que se ejtMxió, y sobre todo su injusti-
cia atroz. Hasta ahora se sabe lo que^)udo hacer olvidar en el
General Rivera la dignidad y los deberes del magistrado, del
ciudadano y del hombre que, en el alto puesto en que le habia
colocado la confianza de sus compatriotas, tenia mas obligación
que ningún otro, de respetar las formas y disposiciones consti-
tucionales. El General Rivera es el que, de público y notorio,
ha mandado siempre en la campana como amo absoluto, y ja-
mas ha permitido que allí las propiedades ni las personas ten-
gan garantías de ninguna especie contra sus voluntades. El
General Rivera, que tanto reclama las garantias constituciona-
les : que tanto las quiere hacer valer para si : que tanto las
proclamó en el mes de Marzo de 1 846, es el mismo que entonces,
apenas bajado á tierra del buque que habia constituido en cas-
tillo, para desde alli batir la autoridad del Gobierno, abusando
así del asilo que se le habia dado, lo primero que hizo fué en-
sañarse con los coroneles Diaz, Tajes y Lezica : y en presencia
del Gobierno, y de las autoridades de la República, él, simple
General, y sin mas motivos que las animosidades personales.
DE LAS REPCBLIGAS DEL PLATA 127
les (lió la órdea de destierro, y se empeñó de llevarlo á cabo
contra la resistencia del Gobierno. Los periódicos de Abril de
ese año contienen las notas que con ese motivo se cambiaron
entre el Gobierno y el General Rivera. Véanse y avalórese, la
importancia que dicho General dá á esas garantías tutelares,
con que hoy quiere combatir una medida justa, necesaria y con-
veniente, tomada por el Gobierno, y la sinceridad y buena fé
con que él y sus amigos las alegan. En fin, ese mismo General,
que tan manso y constitucional se muestra, es el que, aun no
hace dos meses, tomó á un comisionado del Gobierno, le exi-
gió la entrega de las comunicaciones que conducia para otro
destino ; y porque ese comisionado, cumpliendo con su deber,
se resistió á acceder a sus deseos, lo mandó prender á bordo
del buque en donde permanecía, y, só pretcsto de resistencia á
la fuerza encargada de la ejecución de las órdenes del General,
se le asesina vil y cobardemente 1 1 (i )
Si de estos hechos pasamos á otros de una importancia mas
alta, veremos al General Rivera, en el orden administrativo,
marchando sin cesar en abierta oposición con las mas expresas
¡1) Vóanso la carta del capitán Arrióla y las doclaracioncs dol patrón y
marineros del buque, que existen en el Ministerio de la Guerra.
El asesinato de Arrióla tuvo lugar do este modo. Para mandar comu-
nicaciones al coronel Brijido Süveira, oscogiorou los del Gobierno de
Montevideo, al capitán Arrióla, cuñado de aquel jefe, y lo embarcaron
en un bucjuecillo perteneciente á un español llamado José Masera, con
orden á Arrióla de llegar hasta la cosía de Castillos, sin entregar al Ge-
neral Rivera las comunicaciones, á su paso por Maldonadó, auncjue
aí|uel las exigiera. Llegado AiTiola á dicho punto, el General Rivera,
que sin duda abrigaba ya alguna desconfianza, pidió las comunicacio-
nes, Arrióla se negó según sus órdenes á entregar los pliegos, y en pre-
visión de alguna violencia envió á pedir protección al buíjuo blocjueador
francés, cuyo comandante mandó un bote armado, el que después de
algún tiempo se mandó retirar, en la persuasión do que el General Ri-
vera había desistido de su pretensión. Pero no fué así: porque inme-
diatamente que desapareció el bote francés, llegó á bordo una ballenera
con algunos hombres armados, y un oficial (¡ue los comandaba derribó
al capitán Arrióla de un pistoletazo, haciéndole ultimar.
Kl cadáver do Arrióla fué sepultado en Maldonadó.
Nota del Awfor
428 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
disposiciones constitucionales, y ser un obstáculo insuperable
para toda organización regular, para el orden interior, la paz ex-
terior, la mejora y el bien del pais.
Considerándose siempre el Presidente de la República en
ejercicio de sus funciones, cualquiera que haya sido su posición
social, y las circunstancias en que se encontrase, en donde quie-
ra que personalmente se hallase establecido su gobierno, siste-
maba su administración, hacia prevalecer su política, rompía
convenciones las mas solemnemente hechas, hacia otras, por si
y ante si, sin mas autorización, ni requisito, ni objeto, que los
cálculos de su conveniencia individual : gobernaba, en suma, á
su modo.
Es así como le ha enajenado á la República sus mejores alia-
dos, llevándolos hasta constituirlos en una especie de hostilidad
pasiva. Ahí está Corrientes.
Es así como ha contrariado, vann hostilizado á la revolución
Argentina, que los mas claros y vitales intereses del pais acon-
sejaban que se protejiose y fomentase á toda costa. Ahí está lo
que hizo con el General Lavalle hasta la batalla del Sauce Grande,
y con el General Paz, antes y después de Caaguazú.
Es así como nos alejó las simpatías de la Francia, cambiando
su cooperación en la guerra por unos cuantos miles de pesos
tomados bajo una promesa que no cumplió, y contribuyendo
asi poderosamente al triunfo del Gobernador de Buenos Aires.
Ahí está el tratado Mackau.
Es así como dio la batalla malhadada del Arroyo Grande,
contra las terminantes y expresas órdenes del Gobierno que,
esperando por momentos el resultado de las negociaciones pen-
dientes en Europa, comunicado ya por el mismo Mandoville,
sobre la intervención para hacer cesar la guerra, no quería
correr los azares de los combates. Ahí está la comunicación que
se le dirijió á fines de Noviembre de 1812, y su contestación del
dia antes de la batalla.
DE LAS KEPÜBLIGiS DEL PLATA 129
Es asi como, tomando el nombre del Gobierno falsa y teme-
rariamente, se constituyó en comisario, plenamente autorizado,
y celebró un tratado de alianza ofensiva y defensiva con los
revolocionaríos del Rio Grande contra el Gobierno de S. M. el
Emperador del Brasil, dando asi lugar á que el Imperio, con
quien tantos intereses nos ligan en una estrecha y leal manco-
munidad de objetos políticos, tomase en la lucha en que hoy
se encuentra empeñada la República, esa posición de especta-
tiva que tanto ha contrariado los esfuerzos del pais para su
salvación. Ahí están las reclamaciones oficiales, ahi están los
tratados publicados, ahí están los hechos que son sus conse-
cuencias.
Es asi, en fin, como el General Rivera, sabedor de la negocia-
ción que se había iniciado con el Gobernador de Entre-Rios,
para que tuviese lugar la cesación de la guerra, y de los compro-
misos solemnes que el Gobierno había contraído, se lanzó sobre
el pueblo de Paysandú, derramó á torrentes la sangre Oriental,
destruyó uno de sus mas hermosos pueblos, perdió el fruto de
todas las conquistas que se habían hecho, y desbarató todos los
proyectos de paz del Gobierno.
En vista de tales hechos ¿ puede caber la mas pequeña duda
sobre la sinceridad de las protestas del General, de su amor á
las formas, de su respeto y subordinación á los mandatarios
del Grobierno, de su conformidad con vivir quieto y tranquilo
en su casa, lejos del poder y todos los halagos que tiene para
hombres de sus haUtndes T ¿ No hay en esto solamente sobra-
dos motivos para justí&car la resolución del Gobierno, á quien
está confiada la conservación del orden y tranquilidad pública,
como base ime qua non de la defensa y seguridad de la Repú-
blica T ¿Puede pontt*se en cotejo lo que el Gobierno hace hoy
con el General, y lo (fue él ha hecho como Presidente del Estado
y como stanple General ? ¿Podrá haber quien dude, enunapa-
labra, déla conveníeocía y necesidad de separar del pais al
General Rivera ? g
130 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Pero esto no es de estrañarse. Esa táctica empleada en otra
ocasión, ya se ha dicho que le dio los mejores resultados, y
con ella, sin hacer distinción de épocas, ni de circunstancias,
se quiere representar las mismas escenas. Sin embargo ellas no
tendrán lugar. Fuerte en su conciencia, en sus convicciones y
en el apoyo que le dá la opinión pública, el Gobierno sabrá des-
baratar esas maniobras criminales con firmeza incontrastable.
El apelará al buen sentido público, y con la verdad y la fran-
queza que le caracterizan, hará comprender las razones de con-
veniencia general, de justicia y de necesidad, que abogan .por
los procedimientos que él ha adoptado con el General Rivera.
En primer lugar, en todos los paises del mundo, aun en
aquellos en que las libertades individuales y las instituciones
tienen una extensión y consolidación que entre nosotros no
tienen, ni pueden tener, aquellos actos son de forma estable-
cida, en circunstancias menos calamitosas aun que las presen-
tes de la República. Sin ir á la España, en donde esos actos son
repetidísimos en las disensiones intestinas, en Francia, en
Inglaterra y aun en los Estados Unidos, sus legislaciones, usos
y costumbres tienen establecido medidas excepcionales para los
casos graves de insurrección ó conmoción, como una práctica
inconcusa : y no se dirá que en esos pueblos las instituciones
liberales no existen, ni que la opinión pública no tiene poder
ni fuerza. La razón es muy obvia. La represión de todo acto
que puede conmover las pasiones y comprometer el orden y la
tranquilidad pública de un modo trascendental, no puede ser
abandonada á las formas morosas de un juicio ordinario, esta-
tuido para casos comunes, porque se correrían, entre tanto,
todos los riesgos y contingencias de sus dilaciones, sacrifican-
do asi, tal vez, la vida toda de un pueblo. En aquellos casos se
vá á la fuente del mal directamente, y por los caminos mas cor-
tos, porque ellos hacen una escepcion de la regla coman ; ó por
mejor decir, entonces prevalecen otros principios y doctrinas
DE US REPÜBLIGAS DEL PLATA 131
(le una bondad relativa, y que están reducidos á hacer lo es-
tricta y absolutamente necesario para curar el mal y prevenir su
contagio. Deaqui, la ley marcial, el habeas cor pus, dentado
de sitio y tantas otras disposiciones de ese genero que han
adoptado las naciones mas civilizadas de la Europa. Y si esto
está justiiicado, ó á lo menos admitido, cuando hay simples
amagos de desórdenes y trastornos públicos, i (jué no será
cuando existe una plaza asediada, y una nación está jugando su
existencia presente y futura I
Por principios análogos, el Gobierno ha dejado para después
el juicio que absuelva ó condene definitivamente al General Ri-
vera, y se ha contentado con separarle temporalmente del país ;
(lando de este modo una prueba inequívoca de la liberalidad y
filantropía de sus principios. Y lo ha dejado, porque sus con-
vicciones hoy, son á este respecto las mismas que manifestó el
Consejo de Estado en 23 de Marzo de I84G. Entonces dijo :
<i el General Rivera pretende que se le juzgue, y ([ue se observen
en su persona las formas tutelares que garanten los derechos
del ciudadano !!.... Pero, ¿dónde, cuándo, cómo puede te-
ner lugar ese juicio ? Habiendo llegado á ser el General Rivera,
por su largo tiempo de mando, una especie de poder ca la Re-
pública ¿dónde estarían esos jueces que no fuesen los partida- .
rios del caudillo, ó los defensores do la autoridad legítima ? ¿El
Gobierno, las clases todas del pueblo, podrán prescindir de !ia-
cerse parte en ese juicio, y darle todo el interés del drama que
él presentaría ? ¿ Es en estos momenlos que la suerte do la
patria puede jugarse enlamas pequeña aventura ; en que los
esfuerzos comunes necesitan de la unión mas compacta : en que
toda distracción del gran panto de mira, que hoy debe ocui)ar
solo la atención de los defensores de la República, puede per- .
derla : en que todo sacudimiento social es el mas encarnizado
enemigo do la defensa nacional : en que li'.s susceptibilidades
son mas poderosas y ardientes que nunca : es e;) estos momen-
133 HISTORIA POIitlCi T HILITAl
tos, decimos, qne puede tenerse el joícío que qniere el General
Rirera? ¿ Ha?, ni paede haber buen fe en semejante proposi-
ción ? ¿ Quién no re el sofisma ndícnlo, el grande aboso de pa-
labras qne se pretende hacer raler, como razones, cnando se
equipara al General Rivera con cualquiera de los demás ciuda-
danos ? ; Cuál de ellos es, ni puede ser como él, una bandera
de partido á cuyo derredor encuentran abrigo los descontentos
con el orden actual de cosas ? ; Quién puede ofrecer ni prometer
como él ? Déjese para otra época ese juicio, que entonces ha-
brá otra libertad para la acusación y la defensa, que la que hoy
no puede ni debe permitirse. »
Ni qué otro motiro puede haber tenido el Gobierno para no
acordar ese juicio ? Sí él hubiese sido capaz de descender de su
puesto para sostener una lucha individual : si la rectitud, la
imparcialidad y el patriotismo sincero que han dictado sus
medidas, hubieren dejado su lugar para que le reemplazasen
los odios Y animosidades de partido, ¿no habría estado en sus
intereses el decretar ese juicio? ¿Se puede desconocer la oca-
sión que le presentaba la fortuna, para satisfacer sus pasiones T
¿ Pfo está ahí el cuerpo del delito, confesado y escrito por el
mismo General? ¿No son expresas y terminantes las prohibi-
ciones y las penas del código militar? Las prevenciones y el
encono contra el General ¿ podian ser mas universales ? En el
mismo Maldonado ¿ cuál era la disposición de los espíritus ? ¿ Le
hubiera sido diñcil al Gobierno dar en el tal caso á la condena
del General todas las formas de la ley, y obtener la aprobación
general ? ¿ O se dirá que el delito del General no era tal, desde
que dio cuenta á S. E. el señor Presidente de la República ?
Pero semejante cosa es un absurdo en toda la fuerza de la ex-
presión. En primer lugar, el General no cumplía con dirigirse á
S. E. el señor Presidente por medio de tma c(»rta particular
7/ de amigo i amigo : su obligación era hacerlo oí Gobierno
oficialmente. Sin embargo no es esta la grave falla dei General :
DE LAS REPÚBLICAS DE LA PLATA 433
sa delito consiste en no haber esperado la contestación del Go-
bierno ; en haber continuado por su cuenta, recibiendo y man-
dando comunicaciones al enemigo , admitiendo y haciendo
proposiciones de arreglo, que hasta ahora se sabe qué objeta
tenian. ¿Se contestará también á esto que el General lo igno-
raba, ó que no tuvo tiempo de comunicarlo, por la razón ver-
daderamente ridicula que dá en su carta particular del 27 de
Setiembre ? Seria curioso oirlo .
El 22 tuvo la conferencia con los coroneles Barrios y Acuña :
antes y después habia habido un cambio de comunicaciones,
que dio aquel resultado que el General atribuye á un fracaso :
¿es creíble que él ignorase el 27 lo que se trataba? El contestó
con ocho artículos á la propuesta del estrañamiento : este era el
punto mas grave del negocio. Y el General no tuvo diez minu-
tos para copiarlos, cuando tenia allí á su ex-secretario, el doc-
tor Vidal, y tantos otros individuos de confianza á quien encarr-
gar ese trabajo ! | El General con un motivo de tanta importan-
cia, no tenia facultad, ni medios, ni el deber de demorar un
cuarto de hora el buque que salió ese dia, aunque eran á penas
las tres de la tarde 1 1 .... ¿ Qué revela esta misterio ? ¿ Por
qué hacerlo tal, si se trataba de una cosa honrosa, digna, y tan
conveniente parala República? ?Por qué, si el General tenia
intenciones y objetos tan patrióticos como él lo asegura ?
El Gobierno lo repetirá una y mil veces : — el General no ha
sido juzgado por las consideraciones de justicia y de alta políti-
ca que se ha mencionado. El ha sido separado del país, porque
era lo menos que podía y debia hacerse. Al hacerlo, le con-
serva sus grados y honores, le dá seiscientos pesos men-
tales de pensión, cuando su sueldo apenas monta á doscientos
cmcaenta, y el tiempo de su destierro se lo limita al de la dura-
ción de la guerra. ¿Qué cargo puede hacérsele por esto ? Si hay
alguno, es el de ser demasiado magnánimo y generoso ; el de
elevar su caballería mas allá de lo que al país conviene y sus in-
134 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
ftereses reclaman imperiosamente. ¡ Quiera el Cielo que algún
dia no se le formule una acusación I
Sobre aquello de que en cuatro meses no se habia recibido
verba, tabaco, jabón, etc., la comunicación del Ministerio de la
(luerra dice lo basUmte. Sin embargo se añadirá, ({ue la guar-
nición se moriade hambre, porque no tenia (pie comer, á pesar
Ác (|ue, renglones alimenUirios nunca dejó de remtirseles en la
proporción y número de raciones (juc constan en los estados de
k Comisaria General : que por consiguiente, la guarnición no
se entregaba á la desesperación por falta de tabaco, yerba, ja-
ban, etc., sino porque la incuria, la desmoralización mas crimi-
nal, la dilapidación mas escandalosa, el sistemado desorden que
el General Rivera lleva siempre consigo á donde quiera que
üja una administración, la obligaba á buscar el sustento en los
yuyos é inmundicias mas re[>ugnantes, y á cosía de. la mas tor-
pe abyección. Duro es tener que decirlo, pero es indispensable:
el pais y nuestra sociedad tienen que pedir al General Rivera
cuenta severa de lo que ha hecho en Maldonado. El y ella deben
protestar altamente y probar, ([ue los hechos del General son
puramente personales. De otro modo, habría algo mas que ver-
güenza para los hijos de esta tierra, que tan á pecho tienen la
vindicación de su honor, de su crédito y de sus intereses.
En cuanto á los documentos oficiales, ellos no necesitan co-
mentario de ninguna especie. Decidido el Gobierno á hacer im-
perar el principio de la defensa nacional sobre cualquiera
consideración, sea de la gravedad que fuere, y linnemente re-
suelto á no consenlir (|ue ningún hombre sea obstáculo para la
síilvacion de la República, ha querido establecer un antecedente
íncontroveríible de la fuerza de sus resoluciones, y que expli^-
cara, en lo suco^¡vo, todos sus actos administrativos. El presti-
gio de la autori lad, el respeto que se le debe, el arraigo de su
poder, y la libertad de su acción, son indispensables, y absolu-
tamente necesarios para que pueda llegarse al fin de esa gran
/*
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 133
lucha, que hace 57 meses que dilacera y aniquila á nuestra Pa-
tria, y de que está pendiente la existencia de su nacionalidad,
la consolidación de sus libertades, el porvenir de sus hijos, y
los mas caros intereses de todos aquellos que se han consagrado
al sosten de una causa tan santa como justa.
Ese pensamiento es el fundamento de la medida que se ha to-
mado con el General Rivera : es él quien basa el programa po-
lítico y administrativo de la presente administración, y con él
es que el P. E. gobernará y dará cuenta á la nación de todos sus
actos. El dia que ese pensamiento y ese principio no puedan
prevalecer, por cualquier razón ó motivo que sea, los hombres
que componen la administración dejarán de pertenecerle ; por-
que no comprenden que hoy pueda tenerse otro objeto en vista
que el de la defensa de la Patria y su salvación.
MANUEL HERRERA Y OBES.
Ministerio de Gobierno.
Montevideo, Octubre 9 dü 1847.
El P. E. acaba de hacer uso de una de las mas importantes
atribuciones que le confiere elart. 81 de la Constitución ; y de
conformidad con lo que dispone el art. 2^. del Estatuto Nacio-
nal, vieneá dar cuenta á la H. Asamblea de Notables.
Los documentos que se acompañan con los números i á 5 cree
el P. E. que bastan por si solos para dar un conocimiento cabal
déla necesidad y justicia con que están revestidos sus actos, j
sobretodo, déla circunspección y liberalidad de sus procedi-
mientos.
LaH. Asamblea de Notables verá desde luego que el P. E. ha
limitado sus resoluciones á quitar los medios de dañar á la cau-
sa pública. Pudiendo castigar severamente, se ha contentado
con una corrección temporaria : en medio de sus conflictos, no
136 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
ha olftdailo qae la nación tiene, para con los hombres que la
han representado en altos puestos y consagrádole sus servicios
por largos anos, forzosos y sagrados deberes de honor, de mo-
ral y aUa conveniencia pública : el P. E. en fin, ha tenido muy
presente que el Brigadier General D. Fructuoso Rivera, bajo el
peso de una acusación grave, no es aun un criminal convicto.
Tales consideraciones espera el P. E. que no se escaparán á
la seria atención de la H. Asamblea de Notables, y que ellas le
merecerán la mas completa aprobación de todos sus actos, co-
mo expresamente pide el P. E.
Dios guarde muchos años á la H. Asamblea de Notables. .
JOAQUÍN SUAREZ.
MANUEL HERRERA Y OSES.
Exmo. Sr. Presidente D. Joaquín Suarcz.
Maldona<io, Setiembre 27 de 1847.
Mi señor compadre y particular amigo :
Son las 3 de la tarde, v va hov á marcharse la Comolacion,
y me dá tiempo para dirigirle esta, y poner en su conocimiento
particular, que hoy, á las diez de la mañana, llegaron al frente
de nuestros puestos avanzados los coroneles Barrios y Acuña, y
me hicieron decir, por medio de un particular, que tenían
orden de sa Presidente Oribe para proponerme el que yo me
eitrafiase del pais mientras se arreglaba la paz ; que se me
acordaría ana mesada, etc. : pero que no estaría distante de
oír mis apantes. Que en esta virtud los referídos coroneles es-
perarían 24 horas para reoojerlos por escrito, y trasmitirlos al
nenenU Oríbe. Esta fué, mas ó menos, la relación que se hizo
4 $tt iMMBbre : en cuya virtud, deseoso de ver el término de la
gAerra* no tuve iucoiáveníente en Tertir mi opinión por escrito,
y bajo mi lírma ; y por el mismo que me trajo el recado de
DI LAS REPtUENTAS llfL FlftTA (37
palabra, se la trasmitf en ocho artienlos, ^ne do penilo á tí. es
este momento porqne tengo qnofitceifos poner en Impí», fmts
están en borrador de mi letra qne td. conoce. Hasta este moh
mentó nada ocurre. ( 1 ) ^^ gnaomcíon tendrá tWeres para cineo
días, j las familias nada tienen ya qne comer.
Le salaba sn affmo. compadre y aonigo.
Fructuoso Rivera.
Piexa rolatlva á, la destitnoion y dostlerro ael Brigadier
Oenerol I>. Fruottioso nivora
En Montevideo, á TánlrniieTe de Setíemíbre de mil ochocien-
tos cna renta y siete, reunidos en el despaclio de S. E. el señor
Presidente de la República, el citado Sr. Prcsideirte, y los Sres.
Ministros del P. E., D. Mannel Herrera y Obes, D. Lorenzo
Batlle y D. Bruno Mas, con asistencia, por citación especial
qne se les hizo, de ios Sres. Presidente de la H. Asamblea de
Notables, Sr. Provisor D. Lorenzo Fernandez, y el del H. Coa-
s€^ de Estado, Brigadier íleneral D. Ruftiio Bafizá ; compare-
cieron los Sres. Comandantes D. Juan de la Cruz Ledesma, y
Capitanes I). León de Palleja y D. Api^inarío Sánchez, llegados
de Maldonado, los Sres. Ledesroay Paliejael dia 25 del cornea-
te, y el Sr. Sandiez el dia 28 ; y después de cambiado» los
cumplimientos de costumbre, S. E. el Sr, Presidente de la
República les hizo saber, que los había hecho venir para qae le
informasen con entera verdad y franqueza, en presencia délos
seiores presentes, sobre el estado de tranquilidad, seguridad y
disposición de espíritu de la gnamicion de aqnel punto, porque
el Gobierno, en virtod de esa manifestación, íbaá acordar las
( 1 ) El dia 10 de Setiembre «M el eomaei Bm» eondudend» H»
víveres que á su llegada á esta capital estat>an ya prontos para salir.
El eáicuk) de lo que se reontía era el de ^ dias de suf)Ristencta. 8in
embargo, se vé (fueá la fecha de la carta del ^onoml jr4 se habianeou-
sumido : y no por esto el hambre y la miseria se habían mitigado.
f38 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
medidas que faesen mas conducentes á su defensa y seguridad ;
y les pedia por esta razón, que le hablasen sin reserva alguna
sobre los puntos que liabia indicado, y demás que considerasen
necesario mianirestar para el mejor acierto de aquellas medidas.
A esto se siguió una sumaria información, prestada por los
referidos jefes y oficiales, que dio por resultado el acuerdo que
sigue :
ACUERDO DE DESTITUCIÓN Y DESTIERRO DEL BRIGADIER GENERAL
D. FRUCTUOSO RIVERA.
Montevideo, Octubre 3 de 1847.
Teniendo presente que el Sr. Brigadier General D. Fructuoso
Rivera está en comunicación con el enemigo que asedia el pue-
blo de Maldonado, y ha abierto negociaciones sin autorización
de ninguna especie y de un carácter alarmante, por cuanto, por
el tenor de su comunicación confidencial á S. E. el Sr. Presi-
dente de la República, se vé que el objeto del enemigo no es
otro que obtener la entrega de aquel punto y su guarnición, ha-
ciendo para conseguirlo, proposiciones de interés personal pa-
ra el citado General — Considerando ; que este hecho se halla
corroborado y aun explicado por las deposiciones hechas ante
el P. E., reunidoen consejo de Ministros, y con asistencia de los
Sres. Presidentes de la H. Asamblea de Notables y Consejo de
Estado, por el Sr. Comandante D. Juan de la Cruz Ledesma, y
Capitanes D. León da Palleja y D. Apolinario Sánchez, según
acta labrada en 29 de Setiembre próximo pasado, y deposi-
tada en el Ministerio de Gobierno, y las comunicaciones que
al Gobierno se le hacen con orígenes, cuya respetabilidad no
puede desatender, aunque sean de un carácter reservado, y no
tengan el de la evidencia : no pudiendo el Gobierno, en tal caso,
continuar prestando al Señor General Rivera la confianza que le
hizo acreedor a que se le encargase de aquel punto y mando
de la fuerza que lo guarnece ; y siendo urgente proveer á su
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 139
reemplazo, tomando al mismo tiempo todas aquellas medidas
de seguridad y buen gobierno que sean necesarias : y finalmen-
te, debiendo el Gobierrto tomar todas las precauciones posi-
bles para que la alteración del orden y la tranquilidad públi-
ca no pongan en conflicto su autoridad, comprometiéndose
de ese modo los mas caros intereses de la República <jue de-
penden de la eficacia y vigor con que se baga la defensa de esta
capital : el P. E., en Consejo de Ministros, con asistencia de los
Sres. Presidentes de la H. Asamblea de Notables y Consejo de
Estado, ha acordado:
r. Que el Sr. General D. Fructuoso Rivera sea destituido del
mando de la guarnición que defiende el pueblo de Maldonado, y
se entregue á quien el Sr. Ministro de la Guerra y Marina consi-
dere mas conveniente.
2*. Que al efecto dicho señor Ministro se traslade i aquél
punto, con amplias facultades para hacer y deshacer, en todo
lo que sea necesario á la seguridad de la defensa y mejor go-
bierno de su guarnición, aquello que considere mas conve-
niente.
3°. Que el señor General Rivera sea inmediatamente sacado
de aquel destino, y mandado para puertos extranjeros, dán-
dole una pensión de seiscientos pesos mensuales, entregados
en el paraje que elija para su residencia, debiendo durar este
estrañamiento solo el tiempo que dure la.presente guerra.
4**. Que en previsión de los acontecimientos que puedan te-
ner lugar, el señor Ministro vaya acompañado de una fuerza de
infantería, bástante para robustecer la acción del Gobierno, y.
no permitir que sufra la moral de la guarnición.
3**. Que con este objeto se apronte un buque de guerra, y se
ponga á la absoluta y esclusiva disposición del señor Ministro-
JOAQUÍN SUAREZ.
Manuel Herrera y Obes.
Lorenzo Batlle.
Bruno Mas.
140 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
Hinisteno de Gobierno.
Montevidüo, Octubre 3 de 1647.
El Gobierno ha sabido con sorpresa, y el mas alto desagrar
do que Y. E. se ha poesto en comunicación con el enemi-
go que asedia ese punto, y signe con él una negociación, cayo
objeto ingnora aun, y sin que V. E. haya recibido para elle
ninguna especie de autorización.
Á un acto semejante el Gobierno no se ati*eve á darle califica-
ción ; pero por los males trascendentales que hace al país, no
puede mirarlo sino como un crimen de lesa-patria.
Asumiendo V. E. un carácter y una misión que no tiene : in-
cncrieodo en un delito que los códigos de todas las naciones cas-
tigan con penas severas, Y. £. no ha hecho mas que comprome-
ter la defensa y seguridad de ese punto, cuyo mando y custodia
le está confiado, alentar al enemigo, y darle en las filas de nues-
tros soldados un lugar que hasta ahora no ha tenido, por fortu-
na, y que no debe ni puede tener.
Con este hecho, Y. E. ha roto los vinculos del entusiasmo, de
la disciplina y de la subordinación de esa guarnición, introdt-
ciendo el desaliento, las desconfianzas, las divergencias de opi-
niones, y sobre todo, la idea que con el enemigo cada uno puede
tratar por su cuenta, y que, con tal que se tengan buenos protes-
tos, se puede defeccionar, y sacrificar asi la suerte de la nación^
Con él Y. E. ha dado lugar, ademas,, á que la autoridad y atri-
buciones exclusivas del Gobierno sean desconocidas; y que su
acción, que nunca ha nece<ado de mas unidad y poder que en
los momentos actuales, se quiebre ante el extravio délas ideas,
las susceptibilidades y exclusión de los intereses individuales.
Con aquel hecho, en fin,, en el estado que tienen ios negocios
públicos, y en vista de los compromisos solemnes que la Repú-
blica ha contraído, Y. E. ha comprometido su honor y todos los
intereses de existencia y destinos futuros que tiene empeñados,
y que tanto pueden del carácter definitivo que asuma la inter-
Tencion Europea.
DE US REPÜBUGÁS DEL PLATA 441
Tantos males, consideraciones deesa gravedad, han colocado
al Gobierno en el caso forzoso de tomar medidas vigorosas, y
capaces de neutralizar las consecuencias funestas de la ii^astijS-
cabl e conducta de V. EU
En cirouBStancias ordinarias, d Gobierno no se hubiera con-
tentado coa despqiar á Y. E. del mando que le tenia confiado:
un juicio habría tenido higar, y ante él esa conducta, analizada
y juzgada con todo d rigor de las leyes, hubiera encontrado ad^
mas la sanción popular, mas temible en sus fallos que ia de la
ley escrita. Pero hoy no puede ser : las críticas circunstancias
del pais no lo permiten: intentarlo solo, seria servir á los intere-
ses de nu^ros enemigos, y sacrificar la causa que la República
sostiene á costa de tantos sacrificios. El Gobierno no lo hará por
esta razón, y solo por ella; asegurando á Y. E. que con esa resolu-
ción sufre de todos modos. El pais tiene un interés muy positi-
vo en la vindicación de Y. E., desde que entre sus primeras nota-
bilidades figura el nombre de Y. E. ; y si esa resolución es tan
firHkecomo es, Y. £. debe persuadirse que la causa no es otra,
que la de ser ese interés muy secundario, comparado con el de
la salvación de laBepública. Esa vindicación, ó ese juicio es pa-
ra oira e^^oca.
Entre tanto, no pudiendo el Gobierno hacerse blanco de los
justos reproches que se le harían si se mostrase impasible é
indiferente á aquellos sucesos, ha acordado separar á Y. E. del
pus, por el tiempo ^ue dore la guerra, dejándosele la elección
del lugar, y pasándose á Y. E. 600 pesos mensuales, que le serán
entregados religiosamente, por una casa de comercio del paraje
en que Y. E. fije su residencia. Por cuenta de esas mensuali-
dades Y. E recibirá 1 ,800 pesos en el momento de desembarcar
en dicho paraje, y del húsbio modo se harán los libramientos
subsiguientes.
Por esta manera de proceder, V. E. eompreoderá que el Go-
bienio dá un paso que le es doloroso ; y que, prevaliéndose de
142 HlSTOniA POLÍTICA Y MILITAR g
la facullad (|ue tiene, mientras la ley no le impide tener para
con V. E. las consideraciones debidas á su rango, procura cuan-
to le es posible dulcificar la acritud de esa posición. El espera,
por consiguiente, que V. E. valorará ese procedimiento en lo
que vale, y que no aumentará la gravedad de su situación coü la
de los del)eres que le impondrá su autoridad si, como n j es do
esperarse, V. E. no la respeta obedeciendo las órdenes que sé
le trasmitirán por el señor Ministro <le la Guerra, á quien se le
han dado las respectivas instrucciones.
Dios guarde, etc.
JOAQUÍN SUAREZ.
MANUEL HERRERA Y OBES.
Exmo. Sr. Brigadier (ieneral D. Fructuoso Rivera — Maldonado.
Ministerio de Gobierno.
Montevideo, Octubre 3 de 1&47.
El Gobierno ha resuelto separar á V. E. del mando de la guar-
nición de ese punto, y que de él se encargue interinamente el
señor coronel Baez, á quien, así como áV. E., dará las órdenes
competentes S. E. el señor Ministro de Guerra y Marina, porta-
dor de esta comunicación.
Dios guarde, etc.
^Manuel Herrera y Ores.
Exmo. seuor Brigadier General 1). Fructuoso Rivera. -^ Maldo-
nado.
Señor]). Fructuoso Rivera.
Montevideo, vSetiembre 30 de 1847.
Compadre y amigo :
He recibido "SU apreciable de 27 del corriente, y quedo im-
puesto, por su contenido, de la invitación que le han hecho tos
DS LAS lEPCBLICAS DEL PICATA 143
coroneles Barrios y Acuña, á nombre de su Presidente, para
que Vd. se extrañe del país, dándole alguna pensión para que
pueda vivir en el extrangero, y hac^^r así la paz no sé con quien.
Veo también qué Vd. ha contestado en ocho artículos «bajo su
firma» aunque ignoro su contenido. Todo eso, compadro, lo
considero una trampa, como la que intentaron ponernos en
esta. A Vd. no le conviene tampoco andar en esos pasos con el
enemigo, porque lo han de comprometer, y nuestra fuerza ha
de mirar con desconfianza todo lo que es misterioso. ¿ Cómo
no se dirigen al Gobierno? Porque nosotros estamos l)ien pre-
venidos. Créame V.: del enemigo no hay que esperar mas que
mala fé y halagüeñas propuestas para los incautos. Su comu-
nicación al Ministerio de la Guerra, llena de quejas contra el
Gobierno, y referencias de documentos que Vd. dice tener en
su poder para justificar que le ha hostilizado, etc. etc., le diré
por última vez, compadre, que Vd. se queja sin justicia : (jue
el Gobierno no tiene porque arrepentirse de lo que ha hecho :
que los sucesos lo» justifican ; y que nadie podrá arrancarle la
mucha gloria que ha adquirido en los últimos cinco años de
esta guerra desastrosa.
Ademas, todo cuanto el país ha tenido ¿ no es en manos de Vd.
y bajo su dirección que se ha perdido ? ¿ Qué cargo le ha hecho
á Vd. el Gobierno por esto? Compadre, recorramos nuestra
conciencia, y el que se encuentre sin culpa tire la primera pie-
dra. Lo que sí aseguro á Vd. es, que para salvar al país, el
Gobierno no se ha de parar en nada, con tal que convenga al
interés público ; porque esa es la suprema ley de las socieda-
des, y porque á la República pertenecen todos los ciudadanos ;
pero ella, á nadie mas que á sí misma. Al coronel Baez le dije
de palabra, como una opinión particular mia y con franqueza y
lealtad, que creía conveniente y útil á la causa, que el señor
General se retirase, durante esta guerra, al punto que gustase :
que el Gobierno le daría una cantidad suficiente para su cómo-
tu flUTf Ui POLlfiak V 11U7A1
da manuteneiiOQ : que ei ertos moBdiilos bo pedia ¥d. mr
útil al país, porque ios sueesM dtsgraeíados de la guerra le han
hecho perder sa eonfiaiiBa, 7 parque el pai5 eetaba participando
de sus infortunios, corriendo asi un pdígre tmnineBle. Esto
dife á Baez como opinión parUenlar mía : ahora coa mas mot»-
¥0S se lo repito, agrando qae lacreo honoriic^ para Vd.,
útil para el país j de conveniencia para la causa. Mi franqueía
le probará á Vd. dos cosas : primera, que sej amigo d^ pais;
segunda, que lo soy de Vd. con lealtad, j como lo son los hoHH
bres de bien cuando el interés de mas de una generaron está
por medio.
Su amigo como siempre y afectísimo compadre.
JOAQUm SÜAREZ.
En consecuencia de esta resohicioB, el coronel BatUe, Minis-
tro de la Guerra, se embarcó en la noche del i de Diciembre
con el coronel Tajes y 1 60 soldados de su cuerpo, en el bergan-
tin de guerra Mmpú que se puso i la Tela para Maldonado, á
cuyo puerto llegó al siguiente dia á las í 4 .
El MÍDÍstro Batlle encontró la guarnición de aquel pmnlo en d
mayor desorden, debiendo estelar en aquel dia una rerotucfon
contra el General Rivera, la que iba á costar algunas vidas y talvez
la del mismo General. El señor Batlle comprendió la grave(hd
del asunto y tomó en el acto todas las medidas» para soreglarto
sin efusión de sangre. A media tarde el enviado del Gobierno
fué invitado por el General Rivera á tener una conferencia que
aceptó el señor Batlle. En ella espresó este á Rivera el estado
de su situación, y el objeto que le llevaba á Maldonado, el cual
era quitarle el mando y poner al corona Baei á la c^dbeía de las
foenas, concluyendo por entregarle el decreto del Gobierno que
asi lo disponía, leyéndole al mismo tiempo las instrucciones.
Informado el General Rivera, contestó que estalNt dispuesto á
obedecer las órdenes del Gobierno siempre que no se atacasen
M lAS REPÜBLIGáS I>BL FÜyfA 445
sm doechos, lo que hasta ese momento peeoQoeia ef misiiio
Anarai' no suceder. Bu esta confiánca se preparaba el señor
Batlbi dar por tenmoada su conferefiGÍa, dísponiéodoseá salir,
atando el ^ener^ iü?era poniéndose áe pié, é iiiter€epten(k) la
salida dijo á Battie : a no señor ; vd. no puede h*se: la venida
de ¥d. con aparato de foensa ha alamado ámis jefes, j á mi me
tiene disgustado^. Etios^ acaban de salir de aquí, j sin consultar-
los Mievamente jo no^ puede^ acceder á lo que se me exi je. » El
señor Salile contestó que con aqudto no hada Rirera sino agra-
var su posición, que ^Gobierno guardaría para con él todas las
conirideraciones á que se hiciese acreedor, iperty que á la vez
estaba resuelta á Hevar i cabo sus determinaciones j que asi se
haria ; y en cuanto ai poder que suponía conservar aun, que no
se hiciese ilusiones : que si amboaievantaban la voz, inrocando
aMitoridad, sería respetada la del Gobierno, concluyendo por
asegurar que su objeto aibajár á tierra, no d^iendo hacerlo
hasta el siguiente dia, habia tenido por único fin salvarle contra
et rencor de sus mismos soldados, que querían e& esa misma
noche perpetrar en él los mas sangrientos designios.
El General Rivera se preocupó de estas palabras y cambian-
do de tono dijo al señor Batlle que habia entendido mal, que lo
que habia querído decir era, que siendo el coronel Baez nom-
bradO' para reemplazarle, creería oportuno darle conocimiento
de aquello antes de retirarse el comisionado. El coronel Baez
fué llamado é impuesto de todo, asumiendodesde ese momento
el mando de la guarnición.
Al siguiente dia como á la una de la tarde se presentó el co-
ronel Tajes en el alojamiento del General Rivera, siendo porta-
dor de la orden de deportación á los puertos del Brasil, y de
otra para que en el acto de su desembarco en Santa Catalina el
capitán de la ¡ktipA que debia conducirie le entregase t,800
patacones, importe del prímer trimestre de la pensión m^oisual
de 600 pesos que el Gobierno le asignaba para su subsistencia.
10
146 HISTORIA POLÍTICA V MILITAR
En los momentos de llegar Tajes se encontró en el alojamiento
del rieiieral Rivera con el comandante del vapor francés Chive-
re, con quien proyectaba el General ponerse bajo la protección
de la bandera francesa, y asi lo significó á Tajes, a quien puso en
já incertidumbre, á término de volver á dar cuenta al Ministro
de la Guerra de lo que pasaba. El señor Batlle tuvo que trasla-
darse á casa del (leneral donde se empeñó una ardiente dis-
cusión en la cual el mismo jefe francés hizo entender al Gene-
ral Rivera que no podia considerarse bajo su pabellón sino á
bordo de su buque, terminando el jefe francés por hacerse res-
ponsable en conducirlo á Santa Catalina. El General se puso en
marcha al siguiente dia, acompañado del coronel Baez y del co-
mandante D. Camilo M'ga.
El paso del Gobierno de 31ontevideo satisfizo ala guarnición
de Maldonado, que aflijda por una parte por el hambre motivada
por los desarreglos mas escandalosos, habia llegado á temer
un orden de cosas dudoso entre su General v las fuerzas ene-
migas. Preparada ya contra el General Rivera por la primera
causa, la segunda habia colmado la medida, á términos de ha-
cerse muy oportuna la presencia del delegado del Gobierno para
evitar un conflicto sangriento.
Véase, entre tanto, de qué modo se habia procedido con la
guarnición de Maldonado y la población aflijída, durante la
permanencia del General Rivera como jefe de aquel punto.
Damos traslado á documentos oficiales, como siempre basa-
dos en coni|)elenle autoridad.
Ministerio de Guerra v Marina.
Montevideo, Oilubre 11 de 1847.
Exino. señor Presidente :
Cedieudo alas indicaciones de V. E. para que diere cuenta
circunstanciada, por escrito, de los detalles sobre la guarnición
de Maldonado, que tuve el honor de manifestarle de palabra,
DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 147
voT íi verificarlo con toda verdad, y sin recargar de colores
demasiado sombríos un cuadro triste en su desnuda realidad.
Antes de mi arribo á aquel puerto yo sabia, por lo que consta
del acta que levantamos, y por las declaraciones contestes de
cuantas personas venidas de Maldonado había interrogado, que
el General Rivera era universalmente detestado allí, y tenido
como el causante de todos los males que ellos sufrían. Acordes
todos, decian, que no ignoraban que el Gobierno enviaba lo
muy suficiente para racionarlos, pero que no alcanzaba, porque
mas de la mitad de las raciones se vendían y regresaban á Mon-
tevideo, ó bien se daban allí mismo en pago de gastos que el
General mandaba hacer. Así pues, con los alimentos del sol-
dado se hacia frente á las prodigalidades y desarreglos del Jefe.
¿ Cómo sufrir el hambre con estoicidad tal que no se amonto-
nase sobre el corazón el odio y deseo de venganza contra quien
los sometía á aquellas penalidades ? Todo, Exmo. Señor, con-
currió á acrecer estas malas impresiones. La muerte desgra-
ciada del capitán Arrióla, haciendo invencible el apartamiento
en que vivian el General y el Coronel D. Brígido Silveira, hizo
desmayar á los que allí confiaban que Silveira fuera á auxiliar-
los, y vituperando los mas ese atentado como un crimen puni-
ble.
De todos estos datos estaba en posesión muy de antemano,
y aun so me habia dado á entender que los respetos que son
inseparables al hombre que ha dominado por largos años, po-
dían solo tener á raya los designios que contra él se fraguaban.
Predispuestos ya á mirar las acciones todas del General bajo
una luz desfavorable, empezaron sus conferencias y notas con
los sitiadores ; y á punto creció la desconfianza, que muchos
oficiales se determinaron á escribirme, pidiendo licencia para
venir ala capital ó á los demás puntos que ocupamos. V. E.
sabe, Exmo. Señor, que amas de las revelaciones que nos ha-
cían los que venían de Maldonado ; íi mas de la carta confiden-
Ue HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
cial-que^i señor General leeecribió, tan peco liecha para traa-
qailizarnos, twimos avisos, de personas las mas respetables,
y que por su'elevada posición están en el caso de tener buenos
informes, que ilecian se prq>araban dentro de pocos dias suee-
sos los mas extraordinarios é inesperados, que darían fin á la
guerra con el triunfo de nuestros enraiigps. V. £. records ¿
que, aun cuando no se nos dijo categóricamente lo que impor-
taba esa noticia estupenda, se nos úió bien á entender fuese la
<leiéccion del General Rivera, y la esperaua de que tras de ella
la anarquía nos devorase aquí adentro.
Gen todos estos precedentes fui yo ¿ Maldonado. Por casua-
lidad se encontraba el seüor comandante Carrion en la playa,
cuando mandé el primer bote con el intento de esplorar el es-
tado de las cosas y de los ánimos. Este jefe se embarcó apenas
supo mi llegada á la bahía, y me reveló que la noche antes debía
haber estallado un movimiento para matar á cuatro jefes, y en^
tre ellos al General Rivera ; que no se efectuó, porque habJéa-
dole convidado á él para que le encabezara, había accedido, á
condición de que no hubiese sangre.
Que apercibiéndose á última hora que se quería ultimar á va-
rios de ellos, detuvo el curso de los sucesos que se preparaban
en la noche, trasmitiéndolos a la siguiente, y confiando que am
este retardo podría disponer las cosas á su sabor. Dy orne tam-
bién, que estaba desanimado de poder cortar desgracias, por-
que en esa mañana estallan los ánimos uias exasperados que
nunca, habiendo él perdido de su influencia, porque le culpa»
hau de b morosidad : y {unt lin, que si no estallaba el moTimien-
lo 4le dia, era ^lorque temían que ^ enemigo sacara m<^
partido que durante la noche. El comandante Carrion bendecía
mi arrttio mírámlolo c^^mo imividwcial, |hm$ de todas maaenis
on>ia tan avealurado lo que ¡Ion á hacer, que le parecía q«e eu
medio ^M desacuerda* no sacarían irf |MPovedwi los sitiadores :
no iHurque la a|uiuim «rtuvie;» ba>atio»ada m al pmUo,
DE LAS REPÜBUCÁS DEL PLATA 449
que todos los cuerpos estaban á ooa, pero temieude sí, de la
confusión, y de las cofiseeuencLas no previstas de un paso de
aquella trascendencia»
De cuáles fueron las instrucciones^ órdenes que le di, he
dado ya cuenta á V..E., asi como de habeime enviado á decir
que de nada podía responder, porque conoció no bacian alto en
sus palabras. Ponia en mi conocimiento haberse avanzado la
hora de la insurrección a la puesta del sol ; y el movimiento
debia efectuarse replegándose todos los cantones á la plaza
hasta que fuera pasada la crisis.
Cuando desembarqué di mis órdenes para que nadie se mo-
viera, so pena de desobediencia al Gobierno; Ufaron tan esca-
samente á tiempo, que un cantón del 1^ de linea habia ya em-
prendido su retirada, costándole al comandante Carrion hacerle
volver á su puesto. Este primer acto de insubordinación alarmó
al seuor comandante ReboUo, á quien vi ocupado en indagar la
causa.
Ya yo en la plaza después de la conferencia con el señor Gene-
ral, y ya bastante oscura la noche, vinieron á prevenirme mu-
chos oficiales de la guarnición, que estaban trabajando para con-
trarestar mi autoridad : hombres á quienes escasamente podia
distinguir las facciones, solicitaban de mí que los dejara hacer,
que ellos darian breve término á todo. Los oficiales mas influr
yentes de las fuerzas de los comandantes Vega y Ledesma, y al-
guno que otro del 1** de linea, fueron llamados á casa del Gene-
ral : los mas no fueron ; pero al capitán Borgesy otros mas que
asistieron, les preguntaron si podian contar con las fuerzas.
Mi situación era en extremo critica^ pues que duró mas de dos
horas esta ansiedad sin que apareciera el señor coronel Tajes
con la gente ; á causa de los escasos medios de desembarque
que poseíamos.
A mí me desammaba solo la inquietad : á los oficiales de la
guarnición los arrebataba el rencor, j me dieron una prueba
I
I'iO HISTORIA política Y MILITAR
de subordinación conteniéndose. Mas no tanto, que sin previas
órdenes mias, guiados por dedeos del bien general, según las
disculpas que me dieron, marchan á la plaza con sus escuadro-
nes. Esta actitud hostil asustó k algunos de los jefes, y aun á mí
me desazonó bastante :j)ues que, avisándome de este movi-
miento el coronel Baez, 61 presenció los esfuerzos que hice para
aplacar y conciliar los espíritus, imponiendo i la vez con mis
mandatos. Por felicidad á este tiempo llegó el coronel Tajes con
su fuerza ; y entonces me fué dado dominar las cosas, hallándo-
se el orden y la confianza completamente restablecidos á los
pocos minutos. Desde aquel instante, señor Presidente, una
sola voz no se ha levantado allí que no haya sido para acatar al
(iobierno y su rc*i>resentanle : los mas próximos al General
Rivera, como eran el oficial y clases de su escolta, vinieron á
poneise á mis órdenes, y recibieron mis instrucciones para
permanecer al lado del General hasta el punto de su embarque..
A la mañana siguiente pude aun convencerme mejor de que
era yo allí mirado como un libertador que iba á salvjirlos de un
yugo ominoso y tiránico. Las familias se agolpaban ámi alrede-
ílor implorando una limosna para sustentarse ; muchas mujeres
y niños estaban estenuados por el hambre, y en sus rostros*
macilentos st? notaban rastros visibles de este tormento. Varias
madres me contristaron con la relación de habérseles reciente-
mente muerto algún hijo íi otro deudo á causa de la necesidad,
(luando Dios para castigo de los mortales envia estos azotes, la
resignación viene á veces á templar la tortura que se sufre ; pero
cuando estos males vienen de la incuria de aquellos que deben
velar en nuestra conservación y bienestar, es imposible pade-
cer en silencio. Y mas, si junto á la miseria (jue se sufre se ad-
vierte la malversación de aquello que debia aplacar nuestra
necesidad ; v sobre todo, si se hace de ese mismo sustento un
tráfico escandaloso y criminal, en que la débil criatura no huye
del hambre sino para arrojarse á los brazos de la infamia. Todo
I
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 451
<}sto quisiera haber pasado en silencio, y mucho mas que por
pudor callo, si á hacer estas aclaraciones no me viese provoca-
do, y en cierto modo impelido á protestar en favor del país y
ante los extraños que lo han presenciado, y que juzgan de toda
nuestra tierra por lo que allí observaron. No: lo que euMaldo-
nado ha pasado es un borrón para nuestras costumbres, como lo
seria para cualquiera otro pueblo de la tierra ; y lo prueba la
indignación y el enojo de sus moradores.
La misera disculpa que el Gobierno los desatendía, ni si-
quiera merece contestación, pues que por los estados de comi-
saría consta que han recibido puntualmente los víveres mes
por mes con arreglo á mil doscientas raciones de tropa, y mil
de familia.
Por lo que hace á tropa, no alcanzaba á mas de la mitad del
número de raciones que se daban ; y de las familias, no reci-
bían sino unas pocas favoritas y otras tantas privilegiadas, en
razón de los respetos que se tenían á sus maridos ó deudos que
se encontraban en la guarnición. Lo cierto es que no se distri-
buía la mitad de todas aquellas raciones diarias. ¿Cómo se es-
plica que á pesar de esto, no había mes que no se viese obli-
gado todo el mundo, durante mas ó menos dias, á sostenerse
únicamente con vejetales silvestres que se recogían en el campo?
El comisario Cabot, á quien el coronel Tajes el dia de mi
partida, cumpliendo mis órdenes, pidió sus cuentas, le respon-
dió, que seria imposible darlas ; pues que á mas de no enten-
der ep la contabilidad había entregado muchos víveres para
pago de deudas del General, y en especial una partida de 2,000
patacones : entregas que la mayor parte de las veces hacia por
órdenes verbales y rara vez escritas.
Quemas? Cuando regresó el Sr. coronel Baez, á principios
de mi ministerio, á indicaciones, sí bien recuerdo, de este jefe,
nombré una comisión de inspección para los víveres. Seguro
como yo estaba que nuestros envios sobraban para las nccesí-
f 53 HlSTOftlA POLlTT€A T MIUTAB
dades de aqoel destino, babia ceDÍiado ^e la dtada comisioD,
integrada de toéos los jefes de cnerpos, estableceria las mejoras
que reclamaba la adlnínistracion. El General se opnso á ella no
permítiemfo sh kisfadbeion. Si se baee raler que por macho
tiempo no se les remitió t^aco, yerba j jabón para la tropa, en
mis remesas ha ido lo que coresponde á cada mes, sin qne por
esto mejorase en nada la condición del soldado. Escnsado j mo-
lesto seria relatar mas sobre este asunto, en que creo V. E. y
la inmensa mayoría de mis compatriotas tienen su juicio ya for-
mado,
Daré solo ahora una pincelada al otro tópico de la grita de
desconflanía, y probaré también, que cuando menos fué el Ge-
neral sobrado imprudente en sus comunicaciones con el ene-
migo.
El General protesta que la casualidad proporcionó la entre-
vista con Acuña y Barrios ; y todo el pueblo de Maldonado sa-
be que, estando él tranquilo en su casa, fué hecho llamar por
aquellos que estaban en conversación con el Sr. Aguilar; a cuyo
efecto mandó este al primer oficial que acertó á pasar. Todos
saben que el General se apresuró á ir á la cita, y que perma-
neció en ella mas de cuatro horas. Por fin, su tema favorito era
hablar contra los extrangeros y las legiones, sembrando esta
simiente de zizaña entre sus subalternos y nuestros auxiliares,
propendiendo con todo esto á llegar al mismo término.
Ko teniendo cierta la prueba de que su intento fuera traicio-
nar la causa, me abstendré de hacer otros relatos que he oido,
porque no ofrecen tampoco un convencimiento pleno ; no obs-
tante debo asegurar que todos reunidos hacen un conjunto ca-
paz de hacer titubear al mas confiado, de lo qne suministra idea
suficiente aquello que ya V. E. conoce.
• Lo positivo es que hasta el presente se sabe de cierto que ha
hecho proposiciones contenidas en ocho artículos : y que ha
cuidado mucho de no mostrarlas á nadie.
DE LIS REPÚBUCÁS DBL PLÁfÁ 153
Cerraré este manifiesto, asegurando que mi misión en sus
fines ha sido antes bien humanitaria que política : qne mi prin-
cipal trabajo ha consistido en ¿tajar el mal y obligar á cada
cual á no exceder sas limites naturales ; que ne cabe la satis-
facción de haber conseguido que no hubiese habida ni un solo
acto personal de insulto, ni gritos, ni otra manifestación alguna,
á costa de mucha persuasión y esfuerzos, como lo han presen-
ciado todos aquellos que han estado alli, y oido de la boca mis-
ma de los oficiales y tropa de la guarnición cuales eran sus
designios y cuanta era su exaltación.
Dios guarde á Y. E. muchQS años.
LORENZO BÁTUE.
Exmo. señor Presidente de la República, D. Joaquin Suarez.
Respecto del hecho principal en que se fundó la medida del
destierro del General Rivera, que es el de la comunicación con
las fuerzas del General Oribe, que asediaban la plaza de Maldo-
nado, hay inexactitud en la aserción del General Rivera, en su
carta confidencial del señor Suarez. £1 documento que damos
á continuación denuncia otro procedimiento. Si la autoridad de
este, por su procedencia no fuese bastante, siempre deben tomar-
se en consideración para formar juicio los documentos de los
mismos señores Batlle, Herrera y Suarez, asi como la resolución
del Consejo de Estado.
¡VIVAN LOS DEFENSORES BE LAS LEYES I
¡MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS I
Asedio de Maldonado, Setiembre 23 de 1847.
Exmo. Sr. Presidente de la República D. Manuel Oribe,
mi querido señor Presidente y amigo :
Ayer recibió una carta el señor coronel D. Antoiiío AcoSa, de
D. Francisco Aguilar, en la que le decia, tenia que hablar con él
un asunto de importancia. Luego me hice cargo que fuese obra
154 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
del Pardejón : sin embargo, le dije al coronel que fuese, y que
si él salía hasla inmediato á nuestras guardias, que hablase con
él, quiero decir, que lo oyese á ver lo que queria. El resultado
ha sido que el Pardejón primeramente comenzó á hablar de
los extrangeros, del titulado Gobierno de Montevideo, que ni
era gobierno ni cosa que se pareciese, porque ni era constitu-
cional, y que últimamente estaba mandado por los franceses.
En resumidas cuentas, que él lo que queria era arreglarse con
V. E. : que si en él pendía la tranquilidad del país, aunque no
deseaba salir de él, pero que sí fuese preciso que lo haria, ha-
ciéndolo retirar con alguna dignidad ; que entregaría inmedia-
tamente á Maldonado con la guarnición, y que saldrá á fuera si
V. E. lo mandase : en fin, prometiendo grandes ventajas, muy
compadecido de la ruina del país, culpando ;i los estrangeros,
cuando no hay nadie que no sepa que él es el origen de todos
los males. Le hizo grandes promesas al coronel Acuña encar-
gándole que, si le fuera posible, se las trasmitiese de viva voz á
V. E. á ver si mandaba alguna personada su confianza, á arre-
glar con él el indicado asunto, y que deseaba fuese lo mas breve
posible. También agregó que él mucho puede hacer sobre
Montevideo : que la comisión últimamente nombrada de Orien-
tales en ese punto, para hacer la paz con V. E., había sido
promovida por él ; que por un descuido se dejaron sofocar
por los estrangeros. Entre tanto yo no hago mas que poner en
conocimiento de V. E. lo que dice este malvado.
Nada mas tiene que decir á V. E. por este momento su affmo.
amigo y S. S. Q. B. S. M.
Juan Barrios.
Las órdenes que el General Oribe impartió á sus subordina-
dos, fueron, que se hiciese saber al General Rivera, que su
resolución acerca de lo que prometía, debía ser tomada y cum-
plida sin discusión alguna, dentro de 24 horas, pasando las
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 155
cuales, no se oiría mas proposición de su parte: que en el caso
de efectuar su oferta debia salir fuera de cabos, entregándole
veinte mil patacones en el acto de verificarlo, sin perjuicio de
atenderle con mas recursos para vivir cómodamente, en el país
que eligiese para su residencia mientras lo requiriese el bien
del Estado, si su conducta lo hacia digno,
Hé aquí la petición sobre la paz, á la que alude Rivera en su
entrevista con Acuña.
Exmo. señor-
ee Los ciudadanos que subscriben, con el mas profundo res-
peto, usando del derecho que les otorgan las leyes de la Repú-
blica, comparecen ante V. E. exponiendo: -Que los momentos
en que se encuentra la República son los mas apremiantes y so-
lemnes desde que la invasión puso i prueba el patriotismo y el
orgullo nacional, y que fatigada la República, aunque no agota-
do el entusiasmo, necesita á la vez poner en juego los resortes
que deben preparar el término de ese estado de cosas, ya para
dar al pueblo Oriental la paz que necesita, como para afianzar
su independencia y su libertad. Para conseguí runo ú otro re-
sultado, preciso es que el pueblo Oriental se levante en masa,
y bajo los auspicios del Gobierno promueva directamente los
medios de arribar k la püp¿ y si por desgracia se frustrasen las
negociaciones que ¿e entablen, se pongan en acción los elemen-
tos de resistencia que encierra Montevideo, para asegurar el
triunfo por el poder délas armas.
Es en este sentido que los ciudadanos ((ue subscriben, po-
seídos del fuego santo de la libertad y del deseo de poner un
término á esta lucha desastrosa y fratricida, se ofrecen al Go-
bierno, para que haciendo un llamamiento general, asuma la
capital la posición imponente que le corresponde; y de ese mo-
do, las mez(|uindades de la individualidad se estrellen ante las
aras de la patria. Que se nombre una comisión de ciudadanos
156 HISTORIA POLínCA Y MlLITAh
patriotas y (le confianza, para qae, acercándose al campo del
General sitiador, se le proponga, en nombre de los intereses
de la patria, una paz qae concillando el bien general, salve la
dignidad nacional y la independencia de la República. V. E. en-
contrará, para llerará cabo ese pensamiento, á toda la Repúbli-
ca: si para la paz. siendo honrosa y meritoria, el asentimiento
do todos; si para la guerra, el entusiasmo y la perseverancia
hasta aliaiizarla por el estré|)ito de las armas, llevando la resis-
lohcia hasta los extremos do la desesperación. Probaremos en-
lenoes, Kxmo. Sr., á nuestros enemigos y al mundo entero,
(|ue los hombres <|ue han sabido resistir un asedio de 53 meses,
totlavia l'mmx el convencimiento de la justicia de su causa, y
horoisiuo necesario para sepultarse bajo las ruinas de esta ciu-
dad nii^rtir.
ti los ciudailanos que subscriben, á V. E., suplican que,
oytuidi» ol clamor público, se digne preparar ese porvenir hala-
HÍloño, dando á la República la paz por medios equitativos, jus-
to»* y admisibles, ó el triunfo por la decisión del pueblo Oriental,
que, unido al (lobierno, segundará su marcha para el logro de
tan altos fines. »
te Kxmo. señor—
(Siguen las firmm)
Oí|¡aso, ahora al tieneral Rivera, cuyas cartas publicamos —
\^\k}\ do ollas o;» dirigida al Sr. Suarez, Jefe del Gobierno de
Montovidoo, y la soi^nnda, al Sr. Dr. Herrera y Obes, datada en
UÍm do J^noiro -*E$ta última es tomada del Archivo Ámericafio .
Si^ov U. Jvvaquiu Suarez :
Maldonado, Setiembre 33 do 1847.
Mi softor otwpíuire, y particular amigo.
K) IsH i^^üiivhA on la Consolación el señor coronel Baez, des-
imo^do m vii^o do mas de cuatro dias á cansa de lo contrario
^1^ ivvji \ louUK^ ; )a *o hará cargo cuántas serian nuestras penu-
DI LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 457
rías j aflicción, cuando con nada contábamos^ mochos, y a para
poder conservar esta admirable gnamicion, ya estedeswntara-
do pueblo que con nada- cuenta para existir. Se han hecho mi-
lagros para conservarnos nueve días sin tener víveres de ninguna
clase. El dia que llegó la Consolación estábamos aprontándo-
nos para salir sobre los enemigos con la esperanza de vencerlos
ó morir combatiendo, pues que lo preferimos á ser víctima del
hambre j la miseria que nos rodeaba. Ella continuará siempre
hasta que el Gobierno no tome otras medidas que mejoren la
posición en que esto se encuentra ; asi es que no he rehusado
desprenderme en estos momentos del señor coronel Labandera
para que vaya á recabar todo lo que sea posible del Gobierno
respecto a víveres para esta guarnición y para las familias que,
como he dicho, están pereciendo ; yo no dudo, señor compadre
y amigo, que V. y el Gobierno harán cuanto se pueda para me-
jorar esto.
El Sr. coronel Baez me ha transmitido de viva voz los deseos
del Gobierno respecto á mi persona, lo que no me ha dejado de
ser extraño, á pesar que Yd. en su carta me indica algo que-es
lo mismo que se me ha transmitido. En esta vez yo escribo al
Gobierno lo único que puedo hacer muy gustosamente para lle-
nar sus deseos y subsiguientes medidas : nunca he sido ni quie-
ro ser un obstáculo á la marcha del Gobierno de mi patria;
siempre me he consagrado á su obediencia toda vez que sus de-
liberaciones no estén fuera de la órbita que le determinan laS'
instituciones de la República : por eso es que he meditado mi
contestación para no dejar una puerta á los derechos de los de-
mas ciudadanos que se consideren en mi caso.
Si el Gobierno no necesita por ahora de mis servicios está en
su derecho el separarme del mando de sus tropas; iré al lado de
mi familia ácuídarde mi salud que bienio necesita, para cuan-
do e) Gobierno de mi patria me llame á su serriciou. Si hay al-
guna otra circunstancia que yo no conozco, el Gobierno no de-
158 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
be rehusar el manifestármela» y yo convencido de que es un in-
terés para el bien de la patria, haria por ella ese y cualquier
otro sacrificio : pero exigirme que me extrañe del país para lle-
var al extrangero la ignominia y un borrón eterno hacia el suelo
que me vio nacer, en las circunstancias de una lucha gloriosa
en que se encuentra, sin otro principio que el que el Gobierno
dice, que soy un obsUiculo á su marcha — eso no hace el Gene-
ral Rivera. Ordéneme el Gobierno que me retire á la vida priva-
da, y serán llenados sus deseos, y yo quedaré satisfecho, sin
que por esto pueda haber motivos de queja; nada pido : he lle-
nado mi deber para con mi patria, combalientlo siempre por
su libertad y sus dereí:hos inalineables. Si mi conducta no cor-
responde á mis principios y á los que.€l Gobierno desea, ella
me hará digno de un severo castigo ante la ley. Ya lo dije, Sr.
Presidente y mi amigo, en olra ocasión, que poco importaba
que corriese mi cabeza en na patíbulo, si se salvaban sus formas
constitucionales que Vd. Sr. Presidente, yo y todos los Orien-
tales juramos sostener con nuestia sangre ante las aras de la
patria; y quebrantarla ahora sería faltar al artículo lo I déla
Constitución.
.\o quisiera traer á consecuencia los sucesos de Abril del ano
jnmimo [)asadü, que eran tendentes á estos mismos sucesos
en ([ue corriü sangre Oriental, y sucesos, mi señor compadre y
amigo, que no es-el General ¡Uvera quien tiene que respouder
de ellos : entonces se querían romper las instituciones que la
Constitución prescribe ; y esío, hasta hoy lo he pensado hacer
yo: de escribirle solo siento una emo-ion (|ue horroriza. La
exigencia que se me hace estoy inhibido de poder asentir áella.
Determíneme el Gobierno que quiera que yo haga en servicio
de la República, que nada me arredrará para cumplir sus ór-
denes: pero lo repito, no me presto á dejar mi patria sin que
se me convenza que es un bien real y positivo que con ello vá á
obtener. Algo he hablado al Sr. Coronel Labandera á este res-
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 159
pecio, si Vd. halla á bien oirle, él podrá aoadir de viva voz la
lirme resolución en que estoy de hacer por la patria cuanto pue-
da por libertarla de sus enemigos. Nada indico, ni lo haré ya
por no contrariarlos planes del Gobierno: si como lo creo, de
aquí me retiraré á la vida privada, no haré mas que contribuir
como un simple ciudadano á la par de los demás por la fortu-
na del país. Sírvase decirme si debo ó no renunciar la presiden-
cia de la Asamblea y del Consejo de Estado, pues que descando
íntimamente no ser obstáculo á la marcha gubernativa de la
República, será mejor separarme de todos los destinos públi-
cos, y evitar así toda clase de compromisos.
A otra cosa, pero muy particular, que como tal se lo trasmito.
Ayerá las dos de la tarde se presentó en nuestras avanzadas el
coronel Acuñado las tropas sitiadoras, y corriendo yo nuestra
línea, un fracaso nos hizo que nos parásemos á hablar : iba en
compañía del comandante Rebollo y varios otros. Tuve una con-
ferencia con él de mas de una hora : me ha hablado en un senti-
do muy favorable ( según se espresó ) á que podíamos dar tér-
mino á la guerra, dándonos los Orientales las manos para con*^
seguirlo : me habló que habia una general disposición en todos
los que se encontraban en el Ejército de Oribe, que este mismo
no estaría distante de asentir á ello, si se buscaban medios
razonables y provechosos para todos : habló en este sentido con
mucha franqueza, que le oi y le contesté de igual modo, conclu-
yendo con decirle que siempre que el señor General Oribe obrase
paramente como oriental, y se sometiese á las deliberaciones
del Gobierno eonstitucional que debía establecerse, estaba se-
guro que nada le sería mas honorífíco y mas digno de su nom-
bre, que nada otra cosa importaba ni era mas digno para los
Orientales, que estrecharse y olvidar para siempre las animo-
sidades que le habían puesto en el caso de combatir. Mas ó
menos concluyó nuestra conferencia, ofreciéndome que él en
oportunidad hablaría á su Presidente Oribe en ese sentido, y
160 HISTOIÜA POLÍTICA T XaiTAR
que me comunicaría su resolución. Dígame si puedo ó no con-
tinuar esas conferencias por lo que ellas puedan valer si hay
buena fé, y deseos de hacer la paz con honor y con dignidad,
como hemos sostenido la guerra, etc.
FRUCTUOSO BIYERA.
Sr. D. Manuel Herrera y Obes :
üL Ayer leí un folleto que has publicado contra mis principios
y antecedentes. Por él, y como está tu firma, y me quieres ha-
cer aparecer ante los extrangeros indigno del respeto y conside-
raciones que les merezco, ¿ pesar de todo, debo decirte que
nada importaría si tú hubieses escrito solo para el país que me
conoce y sabe la historia de su ser, de mis glorias y adversida-
des : pero yo que respeto tanto la dignidad de mi país, no pue-
do dejaren silencio esas atroces calumnias que es preciso hacer
conocer como de memoria.
« No quiero agraviarte ; pues que tú y solo tú asi lo has pro-
curado desde que te has lanzado á saciar al público con las in-
justicias que le has hecho. Has olvidado, Bfanuel, el respeto que
debía merecerte por mis antecedentes, y la deuda tan sagrada
deque eres deudor. Vas á parecer, Manuel, ante el mundo con
el borrón de ingrato. Tus inocentes hijos han de quejarse algon
día; las lágrimas de tu anciana madre te llenarán de rubor, y la
sombra de tu respetable padre te ha de seguir hasta el sepulcro;
pues estoy cierto que si el creador le volviera la existencia, él
preferiría volver á morir con el pesar de haber sido el hacedor
de un hijo ingrato que había abortado ia naturaleza parí des*
crédito é ignominia de ia especie humana. ¿ No soy yo, Manoel,
el General Rivera, que en 1817 rehusó dar cumplimientd ¿ kt
terminante orden del General Artigas para fusilar á tu virtaose
padre, de cuyos resultados arrastré compromisos, qve á no ser
lo que merecía por mis servicios ¿ la Patria, aa me hubiera dísí*
DE US BEPÜBLIGAS DE£ PLATA 161
mulado esta falta? Tú ignoras, Manuel, esta circunstancia que
te refiero: no la ignora tu madre, y no la ignora el resto de tu
familia que yo tanto respeto. ¿No soy yo, Manuel, el mismo
General Rivera, que tú insultas atrozmente, quien te volvió á
colocar en el rol de la sociedad cuando te habias perdido en el
seno de ella, presentándote fallido, y dejando reducida á la mas
completa miseria á tu anciana madre, yá tus hijos? Acuérdate
que yo con la mayor generosidad te éí la plata que tenia de mi
propiedad ; que acordé con el Ministro de Hacienda, D. Santiago
Vázquez, para que se te diese la suma de 54,000 pesos para res-
catar laca'sa de tu familia, y que pudieras arreglar tus negocios
con tus acreedores al término que lo verificaste. Tú sabes,
porque no puedes negarlo, que es la verdad positiva lo que te
indico ; lo sabe todo el pueblo de Montevideo, consta en los
despachos de la administración, y yo quiero pedir á la Conta-
duría la publicación de las letras que se te dieron en la época
que reasumí los altos poderes de la República por mi declara-
ción de 1838. Probaré también la realidad de la orden del Gene-
ral Artigas á que me refiero, y entonces el mundo entero cono-
cerá quien eres, quien soy yo, y lo que tú puedes ser para el
mundo.
« Un hombre ingrato á su bienhechor no puede clasificarse
de otro modo sino de hombre indigno de vivir en la sociedad ;
porque con justicia merecería el desprecio de sus semejantes.
« T hazme el favor de recordar tu conciencia ; decirme si al-
guna vez yo he podido ofenderte en alguna cosa, si he tenido
contigo la mas pequeña conversación de intereses públicos ni
privados que haya podido ofenderte. No negarás que jamás de-
lante de mi te has atrevido á hablar una sola palabra ; así es
que me ha sido estraña tu conducta : sin embargo de que se me
ka dicho que te espresabas desagradablemente á mi respecto,
lo que yo miraba con desprecio, atribuyendo (pie no pasaría
déla costmbveqae tienen los mozoi^ de hablar cuando no es-
II
163 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
tyn en estado de pesarlas cosas y conocer los hombres como
son en sí. Tú me has puesto en el caso de abrir contigo esta
correspondencia, que terminará cuando uno délos dos quedemos
vencidos. Yo voy á probarte, para ante la República y el mun-
do, (¡ue tú no mereces ser un hombre público : voy í des-
mentir con documentos solemnes las palabras que has inser-
tado en tu folleto : la opinión púl)l¡ca ha de dar su fallo, y algún
(lia que yo tenga la fortuaa de volver á mi Patria, de la que tú
con unos pocos, han querido arrojarme ignominiosamente, y
privarme de contribuir á su defensa gloriosa, ó perecer con
ella, si se pierde, como han sido siempre mis votos : sí llega
pues el caso do que nos veamos, estoy cierto de que ha de ser
para ([ue agradezcas mí franqueza y la lección que voy á darte,
para que puedas dejar con experiencia una doctrina á tus hijos
de cómo se puede vivir con honra y morir gloriosamente. Aues-
tro a'sunto vá á empezar á ocuparnos de particularidades que
yo lo siento, pero en el curso de nuestras relaciones, que no
dejaré de continuar, á pesar de (\\ie tú guardes silencio en ellas,
han de versarse los intereses públicos de la República : no he
de omitir tampoco lo que otros hayan hecho para el bien ó mal
de la Patria, sin ofensa de nadie ni de tí mismo ; he de mirar
los hechos, he de probarlos con documentos : publicaré toda
la correspondencia oficial con el Gobierno del país, y la cor-
respondencia particular de todos los hombres influyentes de la
República, de los que viven y de los que han muerto ; y enton-
ces esos mismos documentos bastarán para desmentirte en
todo lo que tan gratuitamente has querido hacerme odioso para
con la República y páralos estrafios.
« Por ahora es mi primera carta, que mañana la haré publicar
en los diarios de la corte, en tres ó cuatro idiomas para que la
conozca lodo el mundo. Te repito que no te agravies ; yo ten-
go (|ue desmentirte, tengo que justificarme de tus acriminacío-
nos, yo lo haré como pueda y como sé; porque no me parece
DE LAS REPÜBUCAS DEL PLATA 163
que esté bien recibir una estocada con uoa daga, y la quiera re-
peler con una vela de esperma.
« Aquí cuentan que has hecho desterrar á un joven Bravo que
servía en la tesorería del ejército, y al Dr. Vidal. Al primero por
que publico en un papel suelto una correspondencia que tenia
en su poder. Uno y otro son inocentes : nada saben, nada han
hecho, y ninguna otra cosa harán que servir á la Patria digna-
mente, porque esos son sus nobles deseos. Ambos son ami-
gos, y si estoes un crimen, creo que no haces bien en aflijirlos
por eso.
« También se ha dicho, y he visto por los diarios de Montevi-
deo y del Cerrito, que se expresan desfiívorablemente contra el
Sr. Aguilar, á quien, dicen, se le ha retirado el exequátur délos
Consulados de Sueciay Portugal. Ese señor es inocente ; nada
ha hecho, nada ha dicho. Los enemigos de la República podrán
decir todo lo que quieran contra él, contra mi, contravos y con-
tra todos los que no son los miserables siervos de sus lírinci-
pios. Ten presente que el Sr. Aguilar es hijo del finado D. Fran-
cisco, que es padre de una familia inocente, que no es extran-
gero del país, y que es muy provechoso y muy acreedor á consi-
deraciones.
ü La declaración de Ledesma, y de un oficial español que no
•conozco su nombre, están desmentidos, el primero por la mis-
ma orden del Gobierno que lo mandó buscar á Maldonado con
tres ó cuatro hombres de su confianza. El español á que me
refiero, fué á Montevideo á pedimento del comandante Beracier •
to, como tú lo verás en su carta que mandaré publicar. Todo
esto te hará obrar en justicia respecto al señor Aguilar. No te
ocupes de él ni aflijas á mas nadie. Vamos á seguir nosotros el
pleito que tú has promovido. Si yo lo consigo me será muy
satisfactorio ; porque tengo la positiva convicción de que el
bien se lo voy á hacer á la patria, y darte á tí y los que están en
tu caso, una lección que ha de serles provechosa. Eeta carta te
164 HISTORIA POLÍTICA T MRITAR
será entregada en mano propia por el señor comandante del
bergantín Alsacienne que me condnjo á esta corte. Espero qne
te dignarás acosarle recibo para su satisfacción.
Concluyo por hoy, diciendo que por qué no has publicado los
artículos que yo mandé á Oribe, y al señor Presidente Saarez
para entrar en arreglo ó transacción, como tú llamas? Eso era
mas significativo que todo lo demás. Hazme el bien de saludar
en mi nombre á tu madre, lo mismo que á Bernabelita, con mu-
chas cosas para tus chicos ; y tú manda á tu S. S. Q. B. T. M.
FRUCTUOSO RIVERA.
« El oflcíal español á que me refiero se llama N. Palleja : ser-
via en el batallón del señor coronel Labandera : pero ignoro si
conocía, 6 nó á D. Francisco Aguílar. »
El 20 de Setiembre fué muerto en el Departamento de Minas,
el comandante general de dicho departamento D. Manuel Mel-
gar. Su muerte tenia que ser consecuente con los hechos de su
vida, muriendo miserablemente á manos de un asesino— Esta
tuvo lugar de la manera siguiente :
El famoso asesino Chico Lemus, que cruzaba de Maldonado en
dirección á la barra de CeboUatí, fué alcanzado por el coman-
dante Melgar, quien logró derrotarle completamente, matándole
mas de 20 hombres, escapando muchos heridos en los bosques'
y entre estos el mismo Chico Lemm, con una pierna fractu-
rada.
Empeñado Melgar en la persecución y matanza de los bando-
leros, vio caer uno de ellos mortalmente herido. Melgar des-
montó y al inclinarse con el cuchillo en la mano para degollar
al bandido moribundo, estécenlas ansias de la muerte, y sin
levantarse del sitio donde había caido, tuvo aun fnenas para
clavar su puñal en el corazón de Melgar, que cayó cadáver sobre
•1 cuerpo del mismo á quien pretendía ultimar.
El bandido Lemus, y el resto de forajidas que le acompaña-
DE LAS BEPOBLIGAS DKL PLATA 163
ban se refujiaron en los Tre$ Arboles, estancia de D. Gregorio
Moreno. (1)
Por mucho tiempo Lemus y sus companeros de crímenes
tenían asolados los departamentos de Maldonadoy Minas, y aun
cuando eran activamente perseguidos, la fragosidad y bosques
de aquellos sitios les garantía de un pronto esterminio, que sin
embargo debia efectuarse al fin— Esta gavilla contaba ya 32
hombres, cuando eH3 de Setiembre sorprendieron al teniente
Carreras que marchaba con 40 hombres conduciendo una tropa
de ganado, resultando caer en poder de Lemus el teniente don
Francisco Fuentes con 9 soldados que fueron degollados en se-
guida. El mismo número de compañeros tenia Lemus cuando
fué derrotado por Melgar, que salió de Minas con igual fuerza á
perseguirle.
No fueron sin embargo estos los últimos hechos de Lemus, á
quien volveremos á encontrar jugando un rol siniestro en el
curso de esta historia.
En la capital de la República, se habían desarrollado también
acontecimientos de otro orden.
El Sr. Muñoz presentó una memoria reseñando en pocas pa-
labras la situación del Gobierno, documento notable que no
queremos dejar pasar inapercibido — es este :
4( Exmo. Señor :
« Considero de mi deber esponer brevemente en esta memo-
ria nuestra verdadera situación para que V. E. considerándola
(1) En esto encuentro ocurrió un episodio do aquellos que produce el
heroísmo en presencia de la muerte, y sin mas testigos que su verdu-
go — Uno de los compañeros de Lemus, perseguido muy de cerca, r
llevando ya el caballo cj^nsado, desmontó, y empezó á correr á pié. Al-
canzado por sus perseguidores, se detuvo repentinamente, v sacando su
mchillo se degolló después de decir estas textuales palabras que nos
trasmitió el coronel BernardinoOlid, uno de su» perseguidores. « Blan-
cos hijos de . . ! . no han de tener el gusto de degollarme» ~ Después
de estas palabras se cortó el pescuezo muriendo en el acto.
N. del Á.
IC6 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
con el Consejo adopte desde hoy aquellas medidas que puedan
considerarse eficaces para hacerla cambiar, porque no puedo
clasificar su actualidad, sin al menos ser alarmante y peligrosa.
« Los di\^astres del Uruguay y Rio Negro, nos hicieron perder
en po'os dias varios puntos importantes délas costas de estos
LÍOS, y el ejército que operaba bajo la dirección del Brigadier
í'ft>:ioral I). Fructuoso Rivera se lia auiquilíido sin otro hecho de
.¿rmas que la toma de Paysandíi, cuya victoria costóla lamenL'i-
bloé irreparable pérdida de mas de una tercera parte de su
personal.
a Sus restos cuyo número el Ministerio ignora por las vias ofi-
ciales Iiasla iioy, se halla en Martin Garcia careciendo de todo, y
ro le:i lo de mas de 2,'>00 personas de diferentes sexos y edades,
c 10 coiií^íirren naturalmente á recordarlas consecuencias la-
liKMitahlesde e>>tos desastres. El aspecto de todo lo recogido en
la Isla (le Martin Garcia, y de todo lo que se halla disperso por
las Islas del Uruguay, presenta un cuadro de miseria y aflicción.
• «V. E. ha visto por las comunicaciones oficiales del jefe de
la Colonia, (jue esta plaza importante estaba completamente
ílesguarnecida y careciendo de armas y municiones de todas
clases. Inmediatamente que lo supo el ministerio proveyó de
aquellos artículos y víveres, y no pudiendo distraer del diminu-
to p:'rsonal disponible que hace la defensa de la capital ninguna
para enviar á guarnecer aquella plaza, ordenó al General Rivera
«ju»? del personal salvado remitiese inmediata y directamente
200 h )ia!)res al mando del comandante Rebollo, ciivo jefe ha-
bia pertenecilo á aquella guarnición. El G<^ner.il Rivera no ha
dalo cumplimiento ansia orden á pesar de haberla recibido en
!a Isla del Vizcaíno, de manera que la Colonia no cuenta con
una g.nrnicion r.^galar, y su seguridad es confiada á las esta-
ciones que han situado en aquel puerto los jefes de las fuerzas
interventoras.
^ La situación de Maldonado á pesar del esfuerzo qne se hizo
/
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 167
para reforzar con 80 hombres su poca é irregular guarnición,
me tiene constantemente en inquietud, no pudiendo ser consi-
derada la ocupación de la ciudad ventajosa, para hacer una de-
fensa apoyada por el auxilio de los buques que los inter-
ventores han estacionado en su puerto. Demanda, pues, una
guarnición fuerte y obras análogas á su localidad, para darle la
segundad de que ahora carece. Se han remitido municiones,
artillería y fusiles, y algunos víveres que ya se pedian con ur-
gencia.
« La capital, cuya conservación es la base de nuestra resis-
tencia á las pretensiones de Rosas y Oribe, y en la que están
comprometidos los Gobiernos de Inglaterra y Francia, presenta
hoy señor Presidente, un aspecto positivamente alarmante.
«Naturalmente, la duración de un servicio tan continuo y
monótono ha criado el cansancio. En los cueiT)OS del país, la
disciplina se ha relajado al estremo que los jefes no pueden
salir del sistema contemporizante á fin de obtener su servicio,
que es considerado siempre como penoso.
« El espítitu de partido, ciego siempre por el furor llegó hasta
traer la imprudencia de emplear los medios detractores, con-
citando la última clase del ejército. Desde ese momento el gran
resorte para mantener la disciplina quedó completamente roto,
y no ha habido ni tiempo ni recursos para templarlo y resta-
blecerlo.
« La desnudez, la pérdida de muchos oficíales que no hay
con quien reemplazar y otras causas, hacen normal esta situa-
ción, y la permanencia de esta fuerza en el buen camino es tan
incierta, como la vida del enfermo que tiene la aneurisma en el
corazón.
« Los cuerpos voluntarios se mantienen generalmente en buen
sentido y puede decirse que no obran en otro que en el que les
inspiran las influencias de sus jefes.
« El personal de los cuerpos que están situados en la parte
168 HISTORU POLÍTICA Y MILITAR
exterior de la trinchera, no excede de 700 hombres ; de este
número por lo relajado del servicio no concarrirán en la noche
mas que 500. Esta fuerza es pues la que cubre nuestro estenso
frente. Las obras empezadas para hacer mas seguro y tolerable
el servicio demandan con urgencia su conclusión y la aplicación
de ana cantidad diaria para pagará los trabajadores y obreros.
«Nuestro parque se halla totalmente desprovisto de toda
clase de municiones. Si no se hubiera dispuesto de las balas
que se encontraban en el bergantin Cagancha, no hubiera sido
posible dotarlas baterías de la ColoniayMaldonado con cien
tiros por pieza. Las que tenemos en la defensa de la capital no
están dotadas con veinte y cinco tiros. Ro existen mas que como
treinta arrobas de pólvora de fusil y canon, sin que resulte mas
que un depósito de treinta mil tiros de fusil para atender ó nu-
trir los consumos* diarios del ejército.
« La mayor parte del montaje en servicio debe considerarse
en un estado deplorable. Las piezas que guarnecen la trinche-
ra en la mayor parte, están montadas en cureñas que reconoci-
das no se consideran en estado de sorportar tres ó cuatro tiros.
Demanda pues, el parque una provisión urgente de pólvora,
plomo, balas de canon y todos los demás artículos que son con-
siguientes ; y nuestra maestranza una provisión inmediata para
la reparación de montajes.
€ No hay mas fusiles que los 500 entrados este mes en Co-
misaría, de los cuales se han remitido á Maldonado sesenta y
con el resto deben armarse los 200 hombres que actualmente se
están enrolando para la guarnición de Maldonado, y 200 que
hoy reclama el Jefe del Regimiento de Vascos, para armar los
individuos de este cuerpo, que ayer se remitieron. Queda,
pues^ sin proveer el armamento para la guarnición de la Colo-
nia, que reclama sa Jefe.
€ La provisión de víveres para la Capitsd, que llega hoy al
prodii^oso número de 30,000 raciones, se obtiene de los pro-
i
Bl LAS REPÜBUCÜS BEL PLrTA 469
veedores con trabajo y dificHlta(|, y de coDSigiüente el Ministro
no encoentra el espediente para Henar con la regularidad que
el bnen servicio aconseja, la provisión que es preciso hacer
diariamente páralos diferentes puntos qne sostiene el Gobierno
fuera de la Capital.
« El Ejército, señor Presidente, está completamente desnaáo;
el vestuario dado hace dos meses á nuestros cuerpos, como nn
suplemento indispensable para cubrir sns carnes, esta hoy re-
ducido á miserables andrajos.
a Doscientos uniformes deben aprontarse para los 200 hom-
bres que deben ir á Maldonado, 300 para vestir los 200 vaseos
que van á armarse, y 1 50 vestuarios que pide con urgencia el
jefe de la caballería de la Colonia. Armas y equipo para este
mismo, y finalmente para llenar por lo pronto estas necesida-
des, son reclamados con urgencia 2,000 vestuarios.
« Aquí tiene V. E. bosquejado apenas el estado moral y ma-
terial de las fuerzas que dependen del Gobierno. Ahora pasaré
á informar sobre algunos incidentes del dia, que sien otra si-
tuación pudieran considerarse no graves, en la aGtnalid.id pue-
den comprometer el principio de la defensa de la Capital, que
como he dicho antes no solo está confiada al Gobierno, sino á
las Potencias interventoras que concurren á ella con sus fuenas.
« Con el pretesto deque se hace una injusticia y un agravio
al General Rivera por haberle retirado el Gobierno el título de
•General en Gefe del Ejército de Operaciones, el espíritu de par-
tido excita la desconfianza; supone esta resolución hija deán
espíritu de. partido contrario y aumenta á las causas materiales
de nuestra actual impotencia, una tan grave y trascendental qae
puede traer uno de estos dias de conflicto, que mas de una vez
hemos presenciado dentro de nnestras trincheras, y que si he-
mos podido dominar hasta ahora no es prudente fiamos en esa
esperanza.
«V. E. sabe que muy luego de sabidos los desastres del
170 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Uruguay y Rio Negro, y en los primeros días que me encargué
del Ministerio de Guerra y Relaciones Exteriores, fuimos llama-
dos el Sr. Ministro de Gobierno y yo, por los SS. Ministros in-
terventores, para hacernos saber loque SS.EE. con los jefes de
las fuerzas de sus respectivos Gobiernos habian acordado. Esta
resolución estaba reducida á que si el Gobierno consideraba al
General Rivera con el carácter de General en Jefe, los Ministros
interventores cortaban con el actual Gobierno todas las relacio-
nes, 7 en ningún caso comprometerian sus fuerzas con las de
la República. El Ministro de Guerra aseguró al Coronel Pozólo
que los Ministros interventores habrían deducido esta pretensión
ante el Gobierno en una nota oficial. Esto mismo ha sido asegu-
rado después por el Ministro de Relaciones Exteriores á D. Juan
León de las Casas. No era de nuestra competencia ni posición
disentir, ni controvertir los fundamentos y razones para esta re-
solución.
« El Gobierno entonces obtuvo una dilación sobre las conse-
cuencias de este acuerdo esplicando á SS. EE. que si como se
creia el ejército habia sido perdido, el General Rivera no podría
conservarse en un mando ilusorio y ridículo, y que esto no obs-
taría á aprovechar los servicios del General Rivera que el Go-
bierno esperaba utilizar en beneficio del País . . . . Eh bien
pues, Sr. Presidente, este incidente que justifica la prudencia y
dignidad con que el Gobierno ha procedido, dá lugar a que el es-
píritu de partido se lance ciego á sembrar especies alarmantes»
que no han dejado de sentirse en algunos de nuestros cuerpos.
Hay mas, Sr. Presidente, persona formal, y de crédito ayer
mismo me han hecho saber que en la misma Asamblea de Nota-
bles se trabaja para que el Gobierno encuentre dificultades en
obtener los recursos legales que ha pedido a aquel cuerpo para
poder seguir la defensa de la Patria.
« Ayer ha sido comunicada esta nota á los Ministros interven-
lores por el Ministerio de Relaciones Exteriores, según resolu
DE LAS REPÜBLICAS DEL FlkTK 171
cion tomada en consejo de Ministros. Así lo ha asegurado el mis-
mo Ministro de Relaciones Exteriores á D. Juan León de las Ca-
sas. Es decir que se trasmite á los Ministros Estrangeros al
mismo tiempo que al Consejo de Estado.
« Ya he concluido el cuadro de nuestra situación, todo nece-
sitamos porque nada tenemos. Mis esfuerzos no son bastantes
para dominar en mi Departamento esta situación. Mi respon-
sabilidad quedará cubierta si V. E. se sirve poner en conoci-
miento de los Ministros interventores esta memoria comarque
están tan interesados en la conservación del Gobierno espueslo
en mi opinión á caducar prolongándose este estado de cosas.
« Montevideo, Febrero 22 de 18-47.
« Francisco J. Mufioz.
4( Al Exmo. señor Presidente de la República.
« La Comisión ha presentado al Honorable Consejo de Esta-
do el análisis de la memoria que le ha sido sometida, ajus-
tándolo á la evidencia de los hechos. Siente no haber podido
hallar en ella las cualidades por las cuales el Gobierno las reco-
mienda. Pero está muy lejos de pretender que su juicio preva-
lezca : por el contrario, respetando el del Gobierno cuanto lees
debido, cree que antes de adoptar una opinión el Consejo, y de
abrir el dictamen que corresponde, convendría obtener nuevos
datos relativos á los objetos que abraza la memoria, y al efecto
resolver :
« 1 .** Que se remita este informe de la Comisión al Gobierno
al solo objeto de que, si lo tuviese á bien, añada las esplicaciones
que juzgue convenientes.
«2.* Que declare, si después de haber sido provisto de los
recursos necesarios para continuar la defensa, considera com-
prometida la suerte de la República en el grado que espresa la
memoria.
172 HISTORIA POLÍTICA Y MIUTAR
« 3/ iioe se acompañea los documeDtos relativos al hecho de
no haber dado eomplimieato el Brigadier General D. Friictaoso
Rivera, entonces General en Gefe del Ejército de la República, A
la orden del Gobierno y á los motivos en que haya fundado ése
hecho.
« i.* Que se informe igualmente si los señores Ministros
interventores han presentado oficialmente al Gobierno su ges-
tión sobre el General Rivera y notrficádole la resolución tomada
por ellos para el caso de que aquella no fuese atendida, acom-
pañando los decumentos que puedan comunicarse sobre este
asunto.
« S."" Que se diga si la memoria del Ministro de la Guerra fué
remitida á los Sres. Ministros interventores; y se explique los
motivos que se tuvieron en vista al hacerlo, adjuntando igual-
mente la nota con que la memoria haya sido acompañada.
a 6.* Que mientras se expide el Gobierno, la memoria origi-
nal sea conservada en el archivo del Consejo, para poder expe-
dirse cuando llegue el caso, con mas acierto, en el dictamen
que presente el Gobierno.
(Firmado) 4i Enrique Martínez.
€ Rufino Bauza,
n Estanislao) Vega.
— En la sesión del Consejo de Estado de 4 del presente Marzo
foé sancionado este díetámen de la Comisión por unanimidad
de sufragios, y remitido al Gobierno el dia 5 del mismo. »
El documento que precede es por si mismo muy instructivo,
y arrojagran luz de verdaíl sobre la situación en que se encontra-
ba Montevideo — Mas bien que un cuadro en el que se retrataba
la fisonomía moral de un cuerpo político, parecia la disección
de un cadáver, del que se ponian en trasparencia las distintas
partes de su estructura.
A principios de Abril, llegó á la rada de Montevideo un vapor
DE US REPÚBUCiS DEL PLATA 473
de guerra cDüdaciendo Uüa porcioa de fsüsiíUas que el Geaeral
Rivera habia sacado de sus hogares eu la costa del Uruguay, para
llevarlas á la Isla de Martia García— El cuadro de su desembar-
co fué ailigente— Estaba el muelle Heno de mujeres y niños casi
desnudos y enflaquecidos por el hambre. Aquellas desgraciadas
gentes habian sufrido un tratamiento cruel solo semejante al em-
pleado con las tribus de h Argelia por los franceses,. muchos de
ellos actores en aquel drama, que venían á continuar en el Rio
déla Plata— Muchos niños de 14 á 13 años fueron arrancados
del seno de sus familias, para destinarlos al servicio de los in-
terventores — « El honor y la moral del sexo débil ha sido atro-
je pellado (decia un padre justamente ofendido, D. José Yilla-
« nueva, vecino laborioso y pacifico habitante de la costa del
« Uruguay) por estos perversos, brutales é infames hombres-*-
« A bordo del vapor Fulten, se ha jugado á los naipes por los
4c oficiales la posesión de dos infelices jóvenes, aparadas vio-
a lentamente de &us padres » i | ty esto» á nombre de la huma-
« nidad y la civilización III — »
Desde el 2 de Mayo de 1 847, las reyertas entre italianos, fran-
ceses y españoles, empezaron, siguiéndose á ellas los asesina-
tos y robos en plena calle, sin que la poUcia pudiese dominar
las turbas desenfrenadas. En la mañana del 28 de Mayo, fué
alevosamente asesinado por un legionario italiano, el coman-
dante de un buque sardo, llamado D. Juan Bautista Solari, y la
misma bala, hizo victima del atentado al Sr« Dikson negociante
inglés— El Sr. Solari subia por la calle de Misiones, seguido por
el asesino, qu^cuando llegó á distancia de seis pasos, descargó
su fusil sobre la espalda de Solari, que quedó sin vida — La bala
atravesó el pecho del Sr. Dikson, que llevaba el camino de la
mistta vereda, apoyada eo el brazo de un oficial de la marina
Britiiiica--^El ase^no regresó tranquilamente á su cuerpo de
guardia que estaba ea el muelle.
Asegurado el aMsino pasó á la jurisdicción ordinaria, que
I Ti HlSTOniA POLÍTICA Y MILITAR
(liólos primeros pasos (!el sumario; perca pretesio de que el
criminal dehia ser juzgado militarmente, fué sometido aun con-
sejo compuesto del Goneral Gajibaldi^VieMáento—Dellong
}fa lacrida— Va rodi—Marchetíi— Caroni - Mon taldi—y Sacci,
La situación de MontevKleo era tal que se levantaron distin-
tos clubs, ó centros deliberantes sobre la suerte del parí: Jo co-
lorado, y sobre el término déla cuestión por la paz.
Uno de estos clubs, <lel cual era presidente el provisor Fer-
nandez, y por vice ;i D. Andrés Lamas, se reunió el 15 de Junio,
en número de 40 á 59 individuos que babian confeccionado un
proyecto de defensa. Después del discurso inaugural del señor
Fernandez, en el que trató de demostrar la utilidad del pro-
yecto ilel CMihy tomó la palabra el coronel D. Venancio Flores,
que babia concurrido á la invitación acompañado de los seno-
res Barrciro y Sayago, y trató al vice-presidente D. Andrés La-
mas, en los términos mas despreciativos, diciendo « que no
« concebia la impudencia de a(|uel bombre, que en lugar de
«ocultarse, seatrevia aun á salir al público, tratando deinge-
« rirse nuevamente en los negocios, después de haber sido el
« mas cruel azate de sus compatriotas, y el baldón eterno de su
« patria : que no solo se le debia negar toda participación en
« cualquier acto de la administración pública, sino que si por
« casualidad ó intrigase apersonase en ellos, debería arrojársele
« ignominiosamente. » El coronel Flores se retiró de aquella
reunión seguido de los amigos que le habían acompañado.
Un poco después salieron también el General Garibaldi, An-
zaniyMundell, que también habían sido invitados.
Hé aquí las palabras del coronel Flores reproducidas en la
prensa de la capital :
«Señores I Yo encuentro esta reunión inoportuna é intem-
pestiva, desde que según el contenido de la invitación, escbn el
objeto de « uniformar» la opinión de todos los ciudadanos «pa-
ra repeler al invasor ». Hay pendientes negociaciones de paz, y
/
DE LAS REPÚBLICAS DE LA PLATA 175
mientras ellas, se ha. negociado un armisticio y declarado una
suspensión de armas. En consecuencia miro como una especie
de atentado ocuparse, sin colisideracion ai compromiso del Go-
bierno, de medios que tan manifiestamente lo contradicen. Se
ignora absolutamente el resultado que puedan tener eslas ne-
gociaciones ; y si es conveniente ocuparnos de la guerra si no
se obtienen, es por lo menos imprudente hablar ya de « repe-
ler » al enemigo, como si los medios pacíficos apareciesen frus-
trados. Ademas, Señor Presidente, en el reglamento, que cier-
tamente parece limitado á la influencia en los comicios públi-
cos, y que por lo mismo, tal vez, no llamó la atención ac los
que firmaron, veo disposiciones tales, que es imposible que (A
Gobierno pueda consentir una asociacien con tales atribuciones.
Ni concibo cómo d mismo Sr. Fernandez ha creido mas con-
ducente descender de su carácter de Presidente de la A. de No-
tables, á presidir una sociedad particular. Mucho mas adecua-
dos y regulares le serian los medios que le ofrece aquella po-
sición.
« Últimamente, por la acta de instalación que acaba do leerse,
veo entre esos pocos hombres que componían la sociedad, fi-
gurando algunos nombres cuyos recuerdos funestos al país son
muy poco á propósito para inspirar confianza. Ellos como hom-
bres públicos tuvieron ;i su disposición los pechos de los milita-
res, cuya sangre han prodigado mil veces, y cuyas vidas han
estado éspuestas k todos los peligros, cada y cuando se ha
precisado. Éntrelos ciudadanos particulares han podido dis-
poner, y han dispuesto k toda hora de sus fortunas y de las de
sus hijos, y se han conducidq 4an mal, que sin sacar el menor
provecho de tantos medios y de tantos sacrificios nos han con-
ducido, ellos precisamente; al término que está á la vista de
todos. ¿Y esos hombres en estas circunstancias tienen todavía
frente para aparecer á vista de nosotros ? ¿ y hay quien quiera
peñeren sus manos ni la menor parte de nuestra dirección?
176 HlSfOlUi POLlTICá r HILÜTA*
Me fijaré principalmente en el sefior Lamas, ¿ qué recuerdo que
no sea el mas ominoso no nos ha dejado ese hombre? -* Azote
de nuestro país, vergüenza y escándalo de una época de gloría
y sacrificios ¿ cómo puede dársele la menor injerencia en núes*
tros deslinos, con los aotecedentes que nos ha dejado?
Sin duda, hay muthos patriotas de precedentes honorables y
entre ellos algunos que ademas haya sufrido sus persecuciones,
violencias y vejaciones, que por delicadeza se creerá en el caso
de no acordarse hoy mas que de la patria, y contribuir á la fusión
y fraternidad de todos : |)ero esto solo puede llegar hasta el lí-
mite que impone el interés general. Una cosa es tener la gene-
rosidad de perdonarle, y otra darle mano en asuntos de conve-
niencia general, á cuya confianza él ha correspondido tan mal.
Todos lo conocemos — desecharlo, es aprovechar las lecciones
de la experiencia. Amigo y defensor de la Constitución ¿cómo
podremos confiadamente creer que la defienda, de qué freno
puede servirle,qué interés puede tener en la Constitución, quien
tantas veces y tan indignamente la ha hollado ? Puede algo com-
pararse á su insolencia en ese género? Insistir, después de tales
datos, en querer todavia mostrarse en medio de patriotas ver-
daderos, ; no es querer apurar la paciencia, insultar la opinión
pública y querer forzarnos á echarlo á palos ?
Por todo lo dicho, no creo decoroso pertenecer á semejante
asociación. »
Flores y Garibaldi empezaban á dominar la situación á térmi-
nos que quisieron ejercer presión sobre el Gobierno de Monte-
video, que se encontraba sin autoridad real, al capricho del
embate de los bandos, que le agitaban en la ciudad sitiada.
La facción de Flores consiguió al fin triunfar, derrocando el
ministerio de Muñoz, Bejar y Chucarro, que fué sustituido por
Gabriel Pereira, Miguel Barreiro y Coronel Correa ( ManveL )
Anteriormente, ya habia conseguido el nuevo circulo arran-
car al vacilante Ministerio un decreto de Junio 23, dando una
DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 477
nieTa organización á las faenas del ejército de la Deíensa. Por
aquella disposición se formaban dos diTisiones, componiendo
laprin^ra todas las ft^rzas reputadas del pais, y la segunda la
Legión Italiana, la segunda de Guardias Nacionales» j el batallón
de Cazadores Vascos — El coronel Villagran tomó el mando de
la primera ; el coronel Thi^baut el de la segnoda^ quedando el
todo á las órdenes del General Garíbaldi.
El 7 de Julio el mismo GaribaMi tuvo una entrevista con el
coronel Flores, en la cual se pusieron en'desinteligenG!a,de cuyo
resultado renunció Garibaldi el puesto de Comandante en Je-
fe que poco antes se le habia conferido, siéndole admitida la
renuncia.
El nombramiento de Garibaldi habia levantado resístMeia
entre los jefes de las fuerzas nacionales, parte de las cuales*^
amotinaron.
El comandante Lai^raya con su batalloh se acuarteló en Ra-
mírez y tuvo que constituirse el señor BatUe, Ministro de la
Guerra, al paraje del motin para someterle. Habia sucedido lo
siguiente: En la tarde del 15 de Agosto el Jefe de las Armas que
lo era aun Garibaldi dio cuenta que el batallón 2 de linea se ne-
gaba á dar un servicio de treinta hombres para la fortaleza del
Cerro tomando una actitud de resistencia armada.
El Ministro de Guerra se trasladó al cuartel, y espuso al jefe
amotinado las consecuencias de ese paso, ordenándole que hi-
ciese tocar llamada y formase elbaLallon. Una vez formado el
cuerpo el Sr. Batlle habló á la tropa en el sentido de la obedien-
cia, a lo que contestaron los soldados que saldrían del cuartel
todos ó ninguno. Entonces el Ministro de Guerra apostrofó
fuertemente al jefe y á la misma tropa sobre su conducta, tra-
tándolo de infame, concitándoles* finalmente á que volviesen á
sus deberes. Ni el jefe ni el batallo-i obedecieron al ministro y
este tuvo que retirai-se. £1 46 perma necia aun sublevado el bata-
llón, negándose á marchar del cuartel y pidiendo á gritos que se
12
180 HISTORIA política Y MILITAR
Quedaban para amortizar la deuda
en esa fecha $ 259,565
Producto liquido en los dos aQos y
3 meses que faltaban para alcan-
zar á Diciembre del 49, en pro-
porción del ingreso que tuvo la
caja de la Sociedad en los tres úl-
timos meses, y deducidos ya los
gastos de administración respec--
to de 40,000 & anuales . . . $ 3.450,690
Dividendos ya percibidos ...» 373,000
$ 3.825,699
Deducido el resto de la Deuda que
existía afín de Setiembre . .» 259,565
Utilidad liquida afínes de 1849. . {f 3.566,134
Tales fueron las ganancias que realizó la sociedad extrangera
en los contratos de Aduana de Montevideo, en la desgraciada
guerra que causó la ruina de esta República.
¿Cómo podia ser posible la paz bajo la influencia de tales ne-
gocios?
En cuanto ai carácter de los créditos con que se descargaba
el Directorio entregándolos como plata, procedían todos de su-
ministros de carácter dudoso, ó exageradamente aumentados,
que la nación pagaba después de haberlos liquidado.
Este derroche ó criminal administración de los dineros pú-
blicos traia su origen desde el ano de 1838— El Sr. D. Santiago
Vázquez como Ministro del General Rivera, firmó nada mas que
desde el 38 al 39, las siguientes órdenes, que fueron abonadas
por la tesorería del Estado, sin que esto importe el total de ellas,
que omitimos por su estension.
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 184
1831» Y 3L8SO
De NOYIEMBRS Y DlCIEHBBE Á EMBRO
D. Francisco Aguilar por empréstitos. . . . ^ 408,000
» José Bejar por ¡dem )► 63,210
» Ídem ídem por ¡dein )► 14,000
» Ídem ¡dem por ¡dem ........ j^ 4,000
» Domingo Vázquez por Ídem )► 48,000
» ídem ídem por suministros » 15,378
» Juan Apóstol Mailinez por ídem » 6,000
» Mateo S. de la Vega por Ídem » 6,000
» ídem ídem por ¡dem ...» 1,000
» JuanT. Nuñez, por ídem » 20,000
» José Toribio, por suplementos » 7,000
» Bertrán Cadiilon, por suministros . . . . » 7,000
Srcs. KemsleyyC.^, sin rubro J^ 14,205
D. Teodoro Vilaza, ¡dem » 8,460
» Dámaso Correa, por ídem » 3,981
» Antonio P. Vasconcellos, artículos y dinero . )► 35,000
» José A. González, suplementos en las campa-
ñas pasadas » 18,000
» José Ríos, suministros » 1,888
» Manuel Gradin, empréstito » 10,600
General D. Tomás triarte, manuscrito sobre
táctica militar » 2,000
» Antonio Rodríguez Souza, dinero efectivo. . » 20,000
y^ Diego Antunes de la Patria, %\í[\q,xsíqü\o^. . » 5,022
» Antonio Fernandez, por cuenta de sus acre-
encias y^ 4,000
» ídem por ídem >► 2,150
» Carlos Navia, empréstito sin ínteres. . . » 12,516
» ídem para gastos » 8,000
182 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
1). Andrés Rivas, efeclos y dinero ^ 36, ¡10
» Francisco Pintos, urgencias del ejército . . y> 6,000
» Luis Vasconceilos da Silva, Ídem Ídem. . . » 6,000
» Fabio J. Mainez, para gastos reservados del
General en Jefe del Ejército » 6,000
» Ignacio Castillo, gastos del Ejército. ...» I6,OCO
» Dionisio Monteros, suministro » 3,000
» Juan Garate, suministros » 9,540
» Solano García, ganados » 400
» Pedro Chucarro, empréstito » 2,000
» Francisco Pcroira de Sousa, suministros . . » 3,930
y> José Albuíjuerque, suministros » 4,000
» Juan Nin, Ídem ; . . . » 3,131
» Manuel S. de la Sienra, Ídem » 13,000
» Pablo Duplessis, apoderado por idem. . . » 12,030
» Joaquín Araujo, adelantos » 6,311
» José Ilodriguez Barbosa, suministros. . . » 24,044-
» Mariano Labandera, empréstito » 707
» Antonio Machado, idem '. . » 3, i 37
» Pedro M. Fagundes, suplementos . . . . » 2,000
» Dámaso Correa, sin rubro » 2,000
» Nepomnceno Madero, suministros . ...» 1,000
» llamón Monteros, empréstito » 1,000
» Juíiii Pelit, servicios hechos » 300
»• Daniel Vidal, empréstito » 4,330
» Pablo Vera, adelantos » 300
» Agustín Guarch, suministro » 1,000
» Luis A. de los Santos, urgencias » 20O
» José M. Esteves, suministro » 3,844
» Manuel Ximenez, idem » 1,100
General Fructuoso Rivera, para atender á va-
rias familias desgraciadas » 20,000
» José M. Esleves, urgencias » 2,722*
DE LAS REPÚBLICAS DE LA PLATA 483
D. Enrique Heibert,' Ídem ^ 2,540
» Manuel Olivera, idem » 928
Solo estas órdenes importaban la cantidad de ^ 075,538
próximamente, y tenian su origen de gastos del Ejército en
campaña, y del mismo emigrado en el Brasil.
En el año de 1840, el ingreso total de las rentas generales
ascendia á la cantidad de ^* 2.608,770. Los gastos ordinarios y
<3Straordinariosde guerra á 2.225,374 y la deuda pública á
0.129,378.
En 1841 el ingreso subió á ,^ 2.705,038 ; los gastos ordina-
rios y estraordinarios de guerra á ^ 2. 138,364, y la deuda pú-
blica á 5.807,315. Los gastos estraordinarios de guerra, sola-
mente en los tres últimos años citados importaron ^ 0.340,00 1
y las cantidades en metálico pasadas alas cajas del ejército en
el mismo periodo para pagos particulares de los que no existe
razón, ni quedó documento alguno que los comprobase, ascen-
dieron á la cantidad de $ 1.606,256. En el año de 1847, la
bancarrota habia cerrado toda posibilidad á los números, lle-
gando á su punto mas culminante.
El 15 de Julio apareció en Montevideo el General 0*Brien,
irlandés, que estuvo al servicio de las armas Argentinas en la
guerra de la independencia, y del que ya hemos hecho men-
ción al principio de esta obra con motivo de un rasgo de carác-
ter de alta estravagancia, respecto de las Memorias del General
Miller. El General O^Brien se presentó ámediodia en las calles
<le Montevideo, con un cuñete de tinta y una brocha, y al pasar
por el Correóse puso á escribir tranquilamente en la pared,
«ntre aquel edificio y la Aduana, en letras que se distinguían á
la distancia, estas palabras : « Pueda la sangre de los bravos
« orientales, que riega y liñe los campos de su país ; puedan
« sus hijos y viudas, maldecir de corazón, para siempre, á los
-« Lores, y álos Sires. Hablo de los dos mazorqueros de Ro-
« sas. »
184 nSTOBlA POLÍTICA T MILITAR
El señor 0*Brien siguió su viaje para Chite, sin que su ins-
cripción enigmática hubiese sido mejor esplicada en su ausen-
cia.
Separado del narido, y en cierto modo anulado Garíbaldi,
por su renuncia que se siguió á los acontecimientos del motin
militar del que hemos dado cuenta, consiguió que se pusiera á
su disposición la goleta de guerra Maipú que había pertenecido
á la escuadra ai^gentina, y en ella se lanzó á la persecución del
cabotaje á las costas del Plata y sus rios interiores. En esa car-
rera hizo algunas presas, que sometidas al Tribunal instituido
al efecto en Montevideo, fueron declaradas mas 6 menos legiti-
mas, lo que ocasionó reclamos de toda clase entre los damni-
ficados.
Entre los buques apresados se encontraba una zumaca sarda
á la que se atribuía patente de cabotaje ; pero el Barón Tolozza-
no, agente del ReydeCerdeña, salió al frente de los intereses de
su compatriota y reclamó del Gobierno de Montevideo la devo-
lución del buque. Habiéndole sido negada por el Ministerio
respectivo, el señor Tolozzano hizo tomar el buque apresado y
conducirlo al costado del Colombo, buque de guerra de la mari •
na italiana.
En virtud de estos actos el Almirantazgo inglés tomó medidas
para privar los escursiones de la Maipú, y ya se aprestaba el
vapor de guerra Lizard, para salir á darle caza, cuando entró
la Maipú al puerto dirigiéndose á su fondeadero.
A fines del 47, marchó para Rio Janeiro D. Andrés Lamas (1),
(1) El 24 de Enero de 1848, el General Díaz, iba á ser enviado por el
Sr. Oribe al Imperio del Brasil — Con este motivo diio el Dr. Várela
Dicese, que la Corte del Cerrito vá á ser representada cerca de la Cor-
te del Janeiro por D. Antonio Diaz, que debe marchar, dentro de poco,
para aquel destino, con el carácter de Ministro Plenipotenciario de D.
Manuel Oribe; bigo seg[uridades que este dice tener <Je que será recibi-
do. El objeto de la misión, según sus fabricantes, es una bagatela. Trá-
tase, dioen, de ({ue se reúnan en el Janeiro los Plenipotenciarios de In-
glaterra, de Francia, de Buenos Aires, del Mi^ruelcto y del Brasil, para
arreglar allí definitivamente la cuestión del Rio de la Plata. Del Pleni-
DE LIS REPÜBLICAS DEL PLAIi. 485
en calidad de Enviado del Gobierao de Montevido cerca de
aquella corte, llevaado uo viáíic^ de 20,000 pesos fuertes, diez
mil en plata, y diez mil en letras pagaderas á la vista giradas
por Esteban Ántonini, corredor en la plaza de Montevideo. La-
mas se reunia á Rivera, Paz y Pacheco, á quienes la suerte varia
de la guerra habia arrojado hasta allí. Rivera gastaba el dinero
que le diera el Gobierno de Montevideo ; Paz habia organizado
una granja, y Pacheco tenia una fábrica de vinagre, con cuya
industria se mantenía.
Escenas de horror y escándalo se repetían con frecuencia
por parte de las turbas armadas en la Capital. En la noche del
4 9 de Noviembre, transitaba un matrimonio por las calles, y
acertando á pasar por un cuerpo de guardia servido por legio-
narios franceses, dos de estos se desprendieron del puesto,
asesinaron al hombre, y violaron á la mujer. En esos momen-
tos se retiraba al muelle el capitán de un buque, y al presen-
ciar aquel acto de barbarie, corrió á la guardia y dio parte del
hecho. Esta formó en el acto, y echó de menos á los crimina-
les, pero no se tomaron medidas para otra cosa, que retenerlos
en arresto simple.
Al principió de Diciembre el Gobierno de Montevideo fué in-
formado de que se aglomeraban fuerzas en el campamento del
General Oribe, con el fin de dar un asalto á la plaza. Los fran-
potenciario del Gobierno Oriental nada se dice; y esta parte parece á los
autores del proyecto, aquí afuera, lo mas natural del mundo. De la ma-
nía que atormenta á D. Manuel, de hacerse Presidente quand méme todo
puede esperarse: ya comunicó ofícialmcnte al Gobierno del Brasil su
mstalacion y la de sus Cámaras en el Miguelete, aUá por Marzo de 1846;
¿qué habría que estrañar si ahora se le ocurríese la iaea de nombrar un
plenipotenciario? Lo estraño es que vaya Diaz y no Villademoros, que
ya estuvo allá en ese carácter, y deqó recuerdos gue dan gozo. £1 gobier-
no imperíal, por su parte, ha segmdo una DoUtica de tira y afloja, que
autoriza para no estrañar muchas cosas. ¿Pero esta? . . . . »
Las cansas esfnresadas aoul por Várela eran exactas en lo referente al
Congreso Diplomático que debia reunirse en el Janeiro bajo los auspicios
y direocion del célebre estadista Pimenta Bueno.
488 HISTORIA POLÍTICA Y XILITAR
cia; ¿seria preciso, pues, que la Francia enviase á la vez dos
ejércitos por las dos causas opuestas, según lo exijen sus nacio-
nales, é hiciese combatirá nuestros valientes compatriotas unos
contra otros para sostener las voluntades contradictorias de sus
emigrados? Un absurdo semejante no es menos opuesto al pa-
triotismo que al buen sentido. Sin embargo, esto es literalmen-
te lo que los emigrados beligerantes de Montevideo reprochan
ala Francia porque no ha querido hacerlo por ellos, y lo que la
Francia desgraciadamente tía dicho á medias y por un tiempo
demasiado largo.
«Tales han sido siempre, señor, y tales son todavia mis cre-
encias sobre los asuntos de Montevideo. Ellas no alteran en nada
los sentimientos que me afectan y que puedo haber manifestado
en conversación á Mr. John Le-Long, celoso representante de
los intereses de nuestros compatriotas de Montevideo, ni mi
consideración sincera y merecida por este delegado ; pero Mr. .1.
Le Long y los otros delegados de Montevideo se acordarán tam-
bién con él, que cuando me han hecho el honor de venir varias
veces á hablarme de sus asuntos, rogándome que sostenga su
causa en la tribuna, me he desviado invariablemente de hacer
uso de esta confianza.
«Id á buscar, les digo, con sentimiento, otros defensores en-
« tre aquellos que aprueban las irregularidades de nuestra con-
« ducta diplomática en las riberas del Plata ; yo me compadez-
« co de los desgraciados franceses comprometidos por la impre-
« visión y connivencia de nuestro gobierno ; — yo también los
« deiendería en caso de necesidad, á mano armada y con rostro
« descubierto contra las consecuencias de sus faltas ; pero yo no
« les sacrificaré ni el derecho de las naciones, que ellos han vio-
«lado, ni el tesoro público que ha sido gravado en su nombre,
€ ni la paz que han comprometido, ni la sangre de la madre pa-
« tria que se les deja empeñar en una contienda que no perte-
« nece á la Francia. »
BE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 489
« Bien lejos de ofrecerles el apoyo de mi voto y de mi opinión,
me prometo á mí mismo combatirlos en todas ocasiones, y de-
fender perseverantemente contra ellos la diplomacia, el honor,
los tesoros y la sangre del pais : «yo sé, > añadiré, «que en
«estos momentos no puedo ser popular á este precio, pero yo
« esperaré. »
AL De Lamartine, Diputado porMeine.
Un nuevo desorden se produjo en Montevideo el 8 de Enero
de 1848 con motivo de la elección de Alcalde Ordinario, .que pu-
so en agitación todos los círculos, empezando por el gubemigta,
que pugnaba naturalmente por su candidato, sostenido desde
las columnas del Conservador y órgano oficial, redactado, por
D. A. Navarro y Francisco Pico.
A fin de asegurar la elección, el Gobierno hizo declarar por
donde correspondía, que la calidad de ciudadano, era innece-
saria para votar, y que todo vecino podía usar de aquel dere-
cho. Esta estraña é ilegal declaración moviólos partidos, que
se formaron aprontándose á la lucha, para obtener el triunfo,
componiéndose estos partidos, de los nacionales, los italianos,
los vascos, y hasta los negros y emigrados Argentinos, cada
uno de cuyos centros quería llevar su candidato á la magistra-
tura. La tormenta preparada ya desde esa mañana, estalló en
el momento de llegar varias compañías de italianos y vascos á
la mesa, pretendiendo posición de ella, convirtiéndose el sitio
en un campo de Agramante, en el que lucieron los puñales, se
enarbolaron los garrotes, y se descargaron tiros. La policía que
se presentó á intervenir fué corrida y perseguida gran trecho ;
la me^a electoral fué derribada, y el presidente y escrutadores
molidos á palos, suspendiéndose las elecciones.
Con tal motivo algunos ciudadanos] protestaron contra ese
proceder, hijo del mas completo desorden, en el que había ju-
gado un rol electoral la autoridad á cara descabierbí haciendo
190 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
sostener SU lísUi por la policia. El Gobierno hizo prenderá los
ajitadores entre ios que se encontraban los hermanos Pedro,
Teófilo y Federico Diaz, Santiago Botana y Eugenio (lomez. El
primero fué puesto en libertad, y los otros condenados al ser-
vicio de las armas, con condición de poner personero á escep-
cion de Botana, que fué destinado á último soldado del Batallpn
de Extramuros, sin serle admitido el personero.
A consecuencia de i^sto conHicto en el que se quiso hacer
tomar parte áTliiebaul, enviándole una comisión compuesta de
D. Enrique Marliuez, D. Carlos de San Vicente, D. José Augus-
to Possolo, D. Pascual Costa, y D. José L. Bustamante (a) Es-
pumilla, antiguo secretario del (leneral Rivera, á lo que el
coronel francés se negó, perdió su empleo de Capitán del Puer-
to, el General D. Enrique Martínez, que fue reemplazado por el
comandante 1). José M. Muñoz, asi como San Vicente y otros que
fueron destituidos.
Fueron también [)resüs en esta ocasión, los jefes Guerra, Es-
pinosa, Dupuy, Ortega, Gómez, Clemente y un tal Torres (a)
Duque de Viseo. El Go!)ierno esplicó esta medida, al dar cuen-
ta á la Asamblea de notables, en nota fecha 13 de Enero, di-
ciendo que se trataba do una revolución para derrocar al Mi-
nisterio. ( I ) Finalmiiutc, en aquella crisis, el Gobierno se vio
( 1 ) El Gobionio dio ontoiKOS í3Stn docroto.
La Asamblo.i de Notables do la Ropública Orioiital del Üruí^uay, en
uso de las atribucioiios qiio le eo:npeteii \nr Estatuí ) y en coutbrmidad
í\q su Reglamento, ha acordado y resuelve :
Artículo 1." Toda conspiración ó ma<piinaoion directa, contra la so;;u-
ridad interior ó exterior de la República, se declara delito de Alta Trai-
ción.
Art. 2." Hay tambiiin conspiración cojilra la se;[:uriilad de la Repúbli-
ca, en lodo acto de s-idicion, asonada, t:ifnuKo, que toii.ij^a por objeto el
derrocamiento díí las autoridades constituidas ó el oponerse á sus man-
datos.
Art. 3.° Los promotores, 6 cinnplices y perpetradores de esos delitos,
quedan sujetos á una misma pena.
Art. !.• El conocimiento do las causas de Alta Traición, con\¿)3i0 ¿la
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA '191
obligado á buscar apoyo ú costa de grandes cantidades, entre
los mismos elementos militares que tenia a su servicio. Tal era
la situación en que se encontraba la defensa de la capital de la
República en 1848. (1)
En cuanto al Ejército sitiador, y el resto del país, su estado
en general no era mucho mas satisfactorio — Cansancio en el
primero y miseria y desesperación en el segundo.
jurisdicción Militar en la forma proscrita por las ordenanzas dtíl jjército.
5." Comuniqúese etc.
Salón de Sesiones — Montovidno, Febrero 15 do 1848.
• LORENZO A. FERN'ANDKZ, PTííSideUte.
Narciso D. Tenor ¿o y Secrc[ario.
Tal resdiucion tuvo también por causa priucipal, la tímtativa para
entreí?ar la fortaleza del Cerro en Diciembre de 1847, al General Oribe.
El Gobierno do Montevideo mandó instruir un sumario al Comandante
de aquella fortaleza. Con tal motivo se establecieron dudas, sobre la
competencia de ía jurisdicción para el juicio mandándosíí suspenderlos
pfoccdiraientos del Tribunal Militar aue estaba ya conociendo de la cau-
sa, que fué sometida al Tribunol Orninario.-
Nota del autor.
(11 En los primeros dias del mes de Febrero de este año, falleció en
las cercanías del Miguelete el Dr. D. Dámaso Antonio Larrañaga, Vica-
rio Apostólico de la iglesia de la hepública Oriental. El señor Larraña-
ga era hijo de Montevideo ; hombre de ciencia, de costumbres intacha-
bles y de alta piedad cristiana, á la que unia una mansedumbre verdade-
ramente evangélica, empezó por figurar como literato y orador sagrado.
Fué después Representante en varios cuerpos deliberantes constituyentes
y legislativos, desdo el Congreso Cisplatino de 1821, hasta la Asamblea
Constituyente, y posteriormente en el mismo cuerpo cuando tenia ya
carácter consUtucional. Poco después perdió la vista, pero á i)esar de su
estado no dejó jamás de desempeñar fas funciones do su ministerio. Los
últimos años de su vida los pasó en su quinta que lleva hoy mismo su
nombre como el camino en que está situada.
Nota del autor.
Con motivo de la muerte del Sr. Larrañaga, los gobiernos beligeran-
tes nombraron cada uno por su parte un Vicario Apostólico.
El de Montevideo obtuvo el siguiente decreto fundado en el despacho
del Nuncio Pontificio en Rioi^Qeiro, que confería á D. Lorenzo A. Fer-
nandez aquella dignidad.
Ministerio de Gobierno.
DECRETO
Montevideo, Octubre 30 de 1848.
Visto el parecer de la Exma. Cámara do Justicia, y sin peijuicio de las
regalías de la nación en casos de esta naturaleza, acuérdase el pase al
493 HISTORIA política T MIUTAR
CAPITULO IV
Anuncio do la misión Crox-o y Oros — Asesinato dol doctor
don Florencio \^arcla — I>ocumento» diplomáticos —
Sucosos do la Oolonia — Asalto y toma do esta ciudad
— íSitu ación do ^lontovidoo — Oarta dol Ooncral Oritoe
so1>ro XJrquisBa— I^asaporto li I*aclioco y 01>ros-- de-
clamación y protesta de la IL<eglon Argentina — Invo-
sion del :Baron de TTaculiy (a) Chico I*odro — Secunda
invasión y derrota de este — Actitud del IBrasll — Sus
antecedentes políticos respecto del JQstado Oriental —
Instrucclonoii resera' ada4 para el>Iarqués de SSanto
Aniaro — 3Cemorandum del \rizoondo de A1>r antes.
Así marchábanlos sucesos en Febrero de 1 848 cuando se
anunció el próximo arribo al Plata, de una nueva misión di*
plomática, encomendada á los comisionados regios de Ingla-
terra y Francia los señores Gore y Gros, al mismo tiempo que
la sociedad de Montevideo era sorprendida con la noticia del
asesinato del Dr. D. Florencio Várela redactor "principal del dia-
rio titulado El Comercio del Plata.
La propaganda política que desde mucho tiempo venia ha-
Breve Pontificio que inviste al Reverendísimo Sr. Provicario D. Loren-
zo A. Fernandez, con la alta dignidad de Vicario A|K)stólico, en reem-
plazo del fmado Dr. D. Dámaso A. Larrañaga. En consecuencia, pubii-
quese el presente Decreto con el Oficio del Encargada de la Nunciatura
y el de la pre^ntacion, devolviéndose los orijinalesal interesado.
Rúbrica de S. Bw
Herrera t Obes.
Basada en otras consideraciones fundó su decreto el General Oriba* y
es el siguiente :
¡ VIVAN LOS DRPEIISORISM LIS LETI8 I
I MUERAN LOS SALVAJES UmTARIOS !
Ministerio de Gobierno — Cuartel General en el Cerríto de la Victoria,
Octubre 16 de 1848 — Considerando los crecidos males que trae al Esta-
do y á la Religión la orfandad en que se encuentra la Iglesia Nacional
por la moartftde su prelada y Goberaador Edesiástíoo ei Vicario Apos-
tólico D. Dámaflo A. Larrañaga :
DB Lift repdbli(;ís pbl puta 493
dendo el seoor Várela, y los importantes trabajos obtenidos
<^n el concurso poderoso del Sr. Thiers cuya voluntad supo
propiciarse, haciéndole tomar una parte activa en la cuestión del
Rio de la Plata, habían constituido á Várela en el primer paladín
del partido unitario.
Envista de estos antecedente^, un grito unánime se alzó
desde el momento de su muerte para designar á los Generales
Rosas y Oribe, como autores de ella.
Para ayudar á formular tal juicio, empezaron á producirse
casi inmediatamente sucesos que pasaron á registrarse en do-
-cumentos de carácter jurídico, los que nos iremos ocupando en
presentar.
Según el General Rosas, y el mismo General Oribe, el señor
Várela venia á ser un obstáculo para la terminación de las ne-
gociaciones suspendidas por la partida de los señores Howden
yWalewski, aunque todo concurría á autorizar un juicio con-
trario, desde que los nuevos plenipotenciarios venían al Plata
bajo los auspicios mas favorables á la causa de los señores Ro-
Considerando quo no hay en la actual organización do la ger^rquia
eclesiástica nacional, autoridad ninguna á ella perteneciente que pueda
evitar los graves inconvenientes anexos á su estado presente de ace-
falía:
Considerando que, en este caso extraordinario, es del deber de la Su-
prema Potestad Civil, en virtud de su alto Patronato y de la necesidad
^e atender á los grandes intereses públicos de que está encargada, ha-
cer cuanto esté de su parte para proveer de algún remedio á tan perni-
ciosa situación :
Considerando, por último, el bien que á este propósito debe resultar
del nombramiento de una Autoridad eclesiástica Superior, q^ue, hasta
donde lo permitan los Cánones y Leyes Civiles de la materia, pueda
■contribuir á atigar esos males, el Poder ejecutivo de la República ha
•acordado y decreta :
Art. l^ Queda nombrado Provisor Eclesiástico el Cura Párroco de la
Villa de Rocha D. Manuel Rivero.
Art. 2*. Comuniqúese á quienes corresponda y publiquese.
ORIBE.
BsaiuBiK) P. Bmo.
Este decreto juiciosamente considerado al introducir una novedad de
^x>nsecu6ncia, venia á sembrar dificultades peligrosas en la Iglesia de la
194 HISTORIA POLÍTICA Y XILITAR
sas y Oribe, tomando por base la negociación Hood, continuada
por Lord Howden, y aprobada últimamente por los Gobiernos
de Inglaterra y Francia.
Y esta convicción parece presentarse en las primeras líneas
de una carta dirigida al General Oribe por el señor Rosas, con
motivo de la próxima llegada de los plenipotenciarios Oore y
Gros, la que creemos de interés dar á luz.
COPIA
Muy rose r\' acia
Exmo. Sr. General D. Manuel Oribe etc.
Buenos Aires, Fehroro 11 de 1848.
Señor General y amigo:
Por avisos directos y de buen origen, procedentes de Lon-
dres, tenia conocimiento de que debían partir en Misión al Rio
de la Plata, los nuevos plenipotenciarios Gore y Gros, misión,
que como Vd. sabe se presenta bajo los mejores auspicios, pa-
•
República. Prosciiulieinlo do la mas o iulmiíis loíraliíJad que pudiera re-
presentar (il General Oribe, r en consecuencia, de los derechos que pu-
dieran asistirlo nara formular su decreto, este debia ser desdo luego
muy justaniento considerado defectuoso, por que en ninf,^uncaso abso-
lutamente, puede la potestad secular (trear Vicarios do la Iglesia, violan-
do los principios fundamentales del caso, por demás conocidos.
Kl (¡eníTal Oribe sin embar;2:o procedió conociendo que carecía do fa-
cultíídn^, il:'Síle <iue al morir el Sr. Larrafiaí¿:a, s.> dirigió al Nuncio Apos-
tólico (MI Rio Janeiro, pí)stulau(io un re(?m{»lazante — el nombrado.
Kl AinKio, sin entrar á desconocer derechos de uno y otro gobierno,
s«^ guií» en su proceder transitorio, por los antecedentes, y encontran-
do en el Sr. Fernandez, el provisor indica<io por el mismo* señor Larra-
naga, l^» nombró interinamente sometiendo no obstante á la dehbera-
cion de la Santa Sede, las propu(iSt¿is í[ue le habian sido presentadas.
Kn t:uanto á los términos (iuí? viste el decreto del nombramiento he-
cho porol General Oribe, faltaban completamente en su base, empe-
zando |ior examinar con qu»'} derecho nombrarla el {)oder temporal un
vicario [)ara la iglesia, ni (|ué Cánones ni leyes civiles podian conciliarso
con el considerando á que aludimos, desdo que un provisoriato no ha
sido nunca un cmnleo con facultades y funciones fijas y establecidas, y
los vicarios generales foráneos, no son otra cosa, que representantes de
los obispos, con funciones y facultades determinadas.
íi
DE LAS REPÜBUCÁS DEL PLATA 193
ra la sagrada causa de estas Repúblicas, tan digaameDte sos-
tenida por Yd. en esa.
El Barón de Gros, comisario regio por parte de la Francia,
ha debido salir del puerto de Tolón el 2 del corriente en un va-
por de guerra, y casi en la misma fecha de los puertos de In-
glaterra, el Sr. Gore, comisario Británico.
Ahora me avisan del Janeiro, la llegada de aquellos señores
ala corte Imperial, con pocos dias de intervalo, y que deben
ponerse sin demora en camino para el Plata, á mediados de Mar-
zo próximo, con el fin de ratificar en absoluto las estipulaciones
Hood y Howden, con las modificaciones introducidas por el Go-
bierno Argentino, que ya son del dominio de usted.
Este golpe para los salvajes perversos unitarios, encerrados
en Montevideo, entre los que se halla como agitador en prime-
ra línea, el malvado salvaje unitario desembrista Florencio Vá-
rela, tiene, como Vd. lo comprende, que producir en ellos un
efecto fatal, y es muy posible que pongan en juego, todas las
maquiavélicas intrigas de que se han valido hasta hoy, para de-
tener el triunfo de las armas que sostienen la justa causa de la
Confederación y de la América manchada mil veces por estos
seides déla anarquía, siendo el mas perverso de todos, el refe-
rido salvaje unitario Florencio Várela, asesino principal del
ilustre Exmo. Sr. D. Manuel Dorrego.
Los males que este malvado acarreó primero al pueblo Ar-
gentino, que ha enlutado contribuyendo á ensangrentar su his-
toria en la persona de la mencioaada ilustre víctima, y los que
ha causado en general á las Repúblicas Americanas, desde las
columnas del pestífero pasquín que escribe, y los que finalmen-
te puede causar aun, á la llegada de los plenipotenciarios Gore
y Gros, en los que debe fundarse en la seguridad de un desenla-
ce tan justo como favorable, aconsejan la adopción de medidas
tales, y tan eficaces, que inutilícenla perniciosa acción de este
malvado, y estas medidas se hacen tanto mas urgentes, dósde
196 BISTOMA PdLfnCÁ T MAlTAft
qne se trata de los intereses y el pbrrenir de dos paeblos
hermanos, cuyo largo sufrimiento no se debe, sino á las infa-
mes maquinaciones del bando perverso salvaje «nitarío, que
este hombre, y otros no menos funestos de su logia, pnsieroa
enjuego para anarquizarlos, empezatido por derrocar las insti-
tuciones, atropeliando la autoridad emanada de la soberanía
popular, y atentando de un modo injustificable é inaudito, á la
persona y- la vida del Gefe del Estado, que nada habia hecha
para merecer tan nefando crimen.
En este sentido, la cuestión que se presenta entraña para es-
tas Repúblicas, un interés capital, y creo firmemente que Vd.
convendrá conmigo, en la necesidad de remover todo obstáculo
que pudiera hacerlo fracasar— No me detengo á esplicar ni cla-
sificar los medios porque no conozco aun ni su alcance ni su
eficacia.
Tengo entendido que una vez iniciadas las negociaciones los
*
plenipotenciarios pasarán á Montevideo ctffb Gobierno como
Vd. sabe, está hoy completamente sometido á la dirección del
pérfido salvaje unitario Várela y su circulo— Sin tiempo para
mas y reservándome ser mas es tenso en primera oportunidad,
tengo el gusto de ofrecerme como siempre, su afectísimo atento
s. s.
Juan Manuel de Rosas.
Dados los antecedentes políticos del General Rosas, y su
completa abstención de firmar nada que no fuesen documentos
pi'iblicos de carácter dado, pues sus principales disposiciones
políticas, tomaban siempre el carácter indirecto y privado, ha-
ciéndolas firmar por sus secretarios, edecanes, ó el capitán del
Puerto ; dados, decíamos, aquellos antecedentes, la carta del
General Rosas, asume una seria responsabilidad en el drama
que se desarrolló en seguida en la calle de Misiones.
No es menos grave el rol jugado por el General Oribe en este
DE LAS ftEPDBLICAS DEL PJUxA 497
caso, perd:sin anticipar los acontecimientos que reprodujeron,
nos limitaremos á darlos á conocer gradualmente, aun cuando
en la narracioB de estos ténganlos alguna vez que retroceder en
la investigación de los datos, ó avanzar hasta el fin de este pro-
ceso, para complemenlarlos.
Asesinato dol I>x>. I>. Floronoio Varóla
El 20 de Marzo del año de 1848, á las 7>í de la noche, según
la prensa de la época, que fué muy parca en datos, salia el Dr.
Várela de su casa can la intención de detenerse fuera de ella
muy pocos instantes, diciendo en la oficina de su diario, en el
momento de salir — üwe/üo en el acto — Casi en seguida del
Dr. Várela salió un operario, 6 empleado en la imprenta, y al
cerrar la puerta quedó el picaporte montado — Várela volvia un
cuarto de hora después, y llamaba á la misma puerta. Simul-
táneamente con el golpe del llamador se oyeron dos quejidos —
Uno de los individuos que se hallaba en el interior salió á la
puerta y vio que una persona atravesaba la calle. Era el Dr. Vá-
rela, que yacilando sobre sus pies, cayó sin vida contra una
puerta frente á su casa. La puerta se abrió al golpe ocasionado
por el cuerpo, y un hermano de Várela, le recojió en sus brazos
en los que exhaló el último suspiro.
Un gran golpe de puñal le habia sido inferido en la parte su-
perior de la espalda, saliendo la punta del puñal por el centro
de la garganta. El matador tenia el brazo robusto, y el alma
connaturalizada con el crimen.
A las 2 de la tarde del siguiente dia, no se habia dado con el
asesino, á pesar de toda la actividad desplegada por la policía.
La herida que habia atravesado el pecho del Dr. Várela, tenia
en su parte posterior cinco pulgadas de estension, tomando ana
dirección oblicua de abajo arriba, correspondiendo á la que se
notaba en la parte anterior y un poco lateral del cuello en el la-
do derecho, de diámetro de una pulgada, colocada precisamen-
198 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
te, en un paraje en que se encuentra la arteria carótida, y la ve-
na ytt^jular.
El instrumento que produjo la herida, fué un puñal cuya ho-
ja era semejante á la de una espada — Várela fué herido por la
espalda, en el momento de levantar el brazo izquierdo para lla-
mar. Su rostro después de muerto, manifestaba la sorpresa, pe-
ro su fisonomía no se descompuso por efecto de las extorsiones
del dolor. La muerte fué casi instantánea.
Várela fué muerto por un español, nacido en las Islas Cana-
rias, llamado Andrés Cabrera, de oficio pescador, y que se ocu-
paba en viajes del campo sitiador á la plaza, por mar.
En la misma noche del 20, y en el acto de cometer el asesinato,
siguió á paso lento la calle de Misiones, hasta el paraje conocido
por la Peña del Bagre donde le esperaba una barca.
En su camino encontró mucha gente que corria y celadores y
soldados, muchos de los cuales le buscaban, ó buscaban al ase-
sino sin conocerle— Cabrera no alteró su marcha, ni se denun-
ció por ningún acto de temor ; pero al llegar á la embarcación
que le esperaba, y después de estar ya en su interior, cayó re-
pentinamente desmayado, á términos de dificultar por un mo-
mento la maniobra de los tripulantes de la lancha para zafar
de la costa. La embarcación se dirigió al campo enemigo y
atracó en el muelle de Lafone, donde desembarcó Cabrera alas
1 2 de la noche, dirigiéndose á la casa de un sargento Antonino,
que servia con D. Francisco Oribe, y que tenia su residencia en
el Paso del Molino, á la que llegaron acompañando á Cabrera el
mismo Antonino y otro individuo de los tripulantes del bote.
Una vez en el interior de la casa, Cabrera refirió á la familia del
sargento, los episodios de su empresa, diciendo que al fin ha-
bía logrado su intento matando á Várela : que le había dado una
pms\^d^ ala gallega; tales eran las ganas que le tenia por
lo que le hdbia hecho caminar, que le habian dado 5,000 pe-
sos por la refmda puñalada, y un terreno con algún ganado
en las Piedras.
BE LAS REPÜBLIGAS DEL PLATA 199
D. Florencio Várela fué herido en la calle de Misiones, puerta
número 90, y cayó sin vida á treinta pasos de distancia, en la
puerta número 91 . La noche era de luna ; el crimen se come-
tió á sesenta varas de la calle 23 de Mayo (antes del Portón,
conocida también por su primitivo nombre de San Pedro) y sin
embargo, el asesino desapareció sin ser visto.
Inmediatamente acudieron facultativos, pero ya estaba muer-
to. La herida, cuya dirección como se ha dicho, era de abajo
arriba, y el rastro de la sangre que quedó en lo alto de la mo-
. cheta de la puerta, indicaron que la persona que le hirió era de
baja estatura.
A las diez de esa misma noche, llegó la noticia del crimen al
campo sitiador, y á Buenos Aires, antes de las cuarenta y ocho
horas.
La muerte del señor Várela fué un asesinato político denun-
ciado desde el principio por la opinión pública. La venida al
Plata del Barón de Gros, con quien era necesario á ciertos fines
políticos, que no comunicase, ocasionó su muerte.
^ Respecto de este hecho ^a^mjpfínn^ algiinofí fHinlftü de p^íp 1
\ céíebré procesff': "
<< P8r todas partes, por todos conductos, en la vasta corres-
pondencia que mantenian en aquella época las familias del cam-
po enemigo y de la plaza, llegaba á esta la confirmación de lo
que se acaba de leer: — el asesino era Andrés Cabrera, y la mis-
ma noche del dia20, á las diez, se encontraba en el campo ene-
migo y en el cuartel general de Oribe : refiriendo ademas los
pormenores del suceso, que Cabrera comunicaba á todos cuan-
tos le hablaban de él. Pero ya en esta parle de la obra pasaremos
íi relaciones de un carácter jurídico.
« El 6 de Abril se presentíirpn á la plaza dos j$yene§, en CAÜ-
dad ^e^ scapacíqs'del campo enemigo y conducidos al Ministerio \^í'^
de la Guerra para prestar aljí algunas decTaracioñes sobre las
causas íle sií veniáa etc., y preguntados sucesivamente sobre -. ^ "^
•■íí*r.*'* ■■■^."•t í*"'**'
V.
^^: ^ /
Qi^^Ar^ .:^ V^í> \ "*/ V" ^ . ^^i
N
200 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
qué sabian, ó habían oido decir, de nn asesinato cometido en
esta plaza, uno de ellos contesta : — « Qne habia oido hablar de
nn asesinato cometido en la persona de un señor Várela ; que se
nombraba aun tal Cabrera como el asesino ; que habia Tisto á
ese Cabrera en el cuartel general : que lo hal)ÍA^YÍsíai¡fl^flit9-
mentos en que mostraba el cuchillo con que habia coinetido el
crimen, á las personas que lo rodeaban, las cuales se ponian
alegres y festejaban el suceso ; quigharla apenas seis dias que
Jiabja yflídlaÍJíer.,4., C paseando los campamentos, ha-
blando de su crimen y enseñando el cuchillo : que lo había visto
con gorra de oficial ; que corría que Oribe lo había hecho capi-
tán ; y el declarante dio ademas algunos detalles de la persona
de Cabrera. )>
4( El que daba esta declaración está en una edad de la vida en
que no hay en el hombre bastante corrupción ni bastante coraje
para mentir delante de las autoridades : — tjene deséanos.
El otro joven, preguntado sobre el mismo asunto, nombró
también á Cabrera, como el hombre á quien en el campo ene-
migo se designaba por el asesino del señor Várela, y agregó que:
<( A todos presentaba el cuchillo con que lo habia muerto ; que
se repetía que Oribe le habia regalado onzas de oro, dándole
además el grado de oficial, y^
«Posteriormente llega á la plaza una mujer del campo ene-
migo. Llamada ante elMinisterio de la Guerra, entre otras íle^
claraciones espuso: — « Que la noche del 20 de Marzo á las
doce de la noche, llegó un hombre llamado Andrés Cabrera, á
la casa del sargento Antoníno, que sirve á las órdenes de D.
Francisco Oribe, y que Cabrera contó allí á la familia que habia
logrado matar á Várela ; que por mil pesos se mataba á cual-
quiera ; que se había embarcado por la Peña del Bagre. » La
mujer continuanda su declaración, dice : — Que un rato des-
pués llegó i lo de Antonino un Ayudante del Cuartel Creneral de
Oribe j lo llevó á presencia de éste. »
DE LIS RIPÚfiUCAS ML PLATA
« Ei día 8 de Jimio, el canutan D. Maimel Garaza, recibe orden
del sc^uor coronet Tajes, eDtonces Jefe Politíco en MonteTÍdeo,
de aprehender cierto!^ indÍTÍduos, que habiaii llegado del cam*
po, enemigo, sobre los cuales habia sospechas de complicidad
en el suceso del 20 de Uarzo, segon los avisos que recibió la
Policia.
« El capitán Caraza, acompañado de ^u hermano el teniente
Caraza, de un Comisario de Policía j dedlgunos soldados, dá esa
misma noche cumpliBiiento á su comisioxL
« Se transporta á hordo del pailebot Joven Petroiía donde
debiande hallarse los individuos indicados. Encuentra en él dos
hombres y un niüo. Uno de ellos se pavoriza á la presencia de
policia. El capitán Caraza quiere aprovecharse de esta situa-
ción de ánimo, y lo llama súbitamente : «Asesino del Dr. Váre-
la. » Aterrado aquel hombre, dice : — « Que nó, que no es él ;
que él se UarnaAntonioSuarez; que los asesinos del Dr. Várela^
fueron su hermano Federico Suarez y Andrés Cabrera ; que este
último fué quien ejecutó el crimen ; que en la vereda en frente
de aquella en que se dio la puñalada, estaba su hermano Federi-
co para ayudar á Cabrera en caso que necesitase ; que él los es-
taba esperando en un bote ; que en él estuvo hasta que llegaron ;
que Oribe, según se le habla dicho, habia dado á Cabrera, cinco
mil pesos y un terreno con ganado en las Piedras. y>
« El capitán Caraza, consigna esta relación en ei parte dado
al Jefe Político en el siguiente dia 9 de Junio, remitiendo al De-
partamento los individuos aprehendidos en la noche anterior y
en la mañana de ese dia.
Entonces el Jefe Politico, con fecha del mismo dia 9, decreta
la información competente, y comienza un s umario q ue to nfem os
¿Jav^sta, no menos célebre^l' til leuillSlOo que lia tenido que
por las abundantes revelaciones que contiene.
Fijemos primero todo lo que presenta á Cabrera como ejecu-
tor del asesinato, asociado á Federico Suarez para cometerlo.
202 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
«Eq la informacioD levantada por la Policía sobre los apre-
hendidos el 8 y 9de Julio, la primera declaración que figura, es
la del patrón del pailebot Jór^n Petrona. En ella se halla, que
estando el declarante en el Buceo y conversando con uno 'de sus
marineros, cuyo nombre cita, sobre las cantidades de dinero
que perdia en el juego Andrés Cabrera, su marinero le dijo que:
— « Ese dinero lo habia obtenido Cabrera como precio de la pu-
ñalada que le había dado á Várela. »
Otro de los individuos detenidos en la Policía, llamado Juan
Silva, natural de Portugal, de ejercicio pescador, y casado con
una hermana de Federico Antonio Suarez, dice lo que testuai-
mente copiamos : — « Que quince dias después del suceso, oyó
decir con generalidad sin poder determinar personas, que : su
cunado Federico Suarez habia sido compañero de Cabrera ( \ )
en el asesinato del doctor Várela, lo que creyó el daciaraata,
porque desde la primera noche en que tuvo lugar la muerte del
doctor, ya la Policía perseguía á Cabrera como autor de esa
muerte, y ya Cabrera habia desaparecido ; y como su cuñado
Federico era inseparable de Cabrera, y tampoco se volviese á
ver mas desde aquella noche, el declarante dedujo que habían
de ser cómplices en ese crimen. Que eran inseparables desde
mucho tiempo ; que los dos vivian juntos en el campo enemi-
go; que juntos paseaban, que juntos comían y dormían. Que
en el tiempo anterior á la muerte del doctor Várela, anduvieron
juntos en esta ciudad ; que Cabrera tenía entonces patacones
que gastar, y que gastaba en efecto, acompañándolo Federico en
todas sus voraceadas. »
« El niño tomado á bordo del pailebot Joven Petrona en la
noche del 8 de Junio, declara haber oído decir abordo, que An-
drés Cabrera y Federico Suarez « fugaron juntos de Montevideo
por haber hecho juntos una muerte. »
( 1 ] Cabrera era primo hermano -do los Suarez. y todes ellos naturales
de las islas Canarias.
DE LAS REPUBLiaS DEL PLATA
203
« Una testigo, citada por otra cuya declaración es poco impor-
tante, dice : « Que algunos días antes de ejecutar el crimen, veia
ella que Andrés Cabrera pasaba con frecuencia por su calle,
notando que unas veces vestía poncho y chiripá á la porteña;
otras pantalón y poncho diferente ; á veces con gorra punzó, á
veces con gorra azul, y algunas ocasiones con sombrero ; en una
palabra, variando siempre de traje. » Y respecto á la ejecución
del crimen, declara haber oído decir : « Q\xe Federico Suarez y
un tal José Manuel estaban en una buceta en el Cubo, mientras
que Andrés Cabrera vino á matar al Dr. Várela ; que perpetrado
el crimen, Andrés Cabrera fué á embarcarse en la buceta para
pasar al campo enemigo ; que llegó á ella asustado y llorando, y
tan asustado que José Manuel tuvo que cargarlo y meterlo en el
bote. »
« Otro ' testigo declara «que desde hace algún tiempo An-
drés Cabrera llevó á su familia al campo enemigo ; que des-
pués vio que él y su amigo y primo Federico Suarez iban y ve-
nían al campo enemigo con frecuencia, siempre con dinero y
sin que se supiese de donde lo sacaban. » Refiere que en la tar-
de del 20 de Marzo los halló juntos. Continuando sus declara-
cio^nes dice, haber oído después á todos los que venían del .tí|»ivi\í^
campo enemigo y conversaban en las pulperías, «que Cabrera
estaba bien en el campo enemigo ; que Oribe le había dado una
chacra ^^gj?cesfiataba. xan jEgifruelas de^p apero.^» ., ,
« Poco mas ó menos como lo que se acaba de leer, se encuen-
tra en todas las declaraciones de los once individuos que entre
presos y testigos componen el número de los que figuran en la
sumaria. Pero váse á ver lo que forma el complemento de to-
das ellas y lo que estingue la última sombra que pudiese quedar
en la conciencia mas escrupulosa, que quisiera abstenerse de
dar su fallo en este asunto.
« Antonio Suarez, hermano de Federico Suarez y primo de
Andrés Cabrera, que confesó en presencia de los oficiales Ca-
20i HISTORIA POEPnCA T MILITAR
raza, de na Comisario de Polreta t los saldados que h> aeompa-
ñaban, haber esperado á lo9 asesinos H»eiilras iban i ejecatar
el crimen , para conducirlos al campo enemigo, declara : —
« Que su hermano Federico Suarez es uno de les que concur-
rieron con Andrés Cabrera al asesinato del doctor Tárela ; que
en una noche, cnya fiecha no recuerda, fueron llamados en el
Buceo á la Capitanía del Puerto, los individuos José Manuel el
Burro, Pedro Rubín y Federico Suarez ; que reunidos allí, pre-
sente Andrés Cabrera, eí Capitán del Puerto ( ♦ ) ordenó i les
tres primeros, montaran un bote de Domingo Moreira j reci-
biesen á bordo de éf á Andrés Cabrera ; que lo condujesen al
Baño de los Padres, dónde debia saltar en tierra ; que allí se
esperasen hasta que Toliríese Cabrera, y después hiciesen lo
que este les mandara : que obedecieron en efecto, y llegados al
Baño de los Padres desembarcó Cabrera. Que al cabo de un
rato volvió diciendo que había muerto á Várela y entonces se
hicieron á la vela y fueron á encallar por la Playa de la Aguada,
de donde alzaron el bote en carretas. » . . . .
« Los días anteriores al 20 de Marzo habían sido de grande
agitación para los habitantes de Montevideo. Por momentos eran
esperados los nuevos agentes que la Inglatt3rra y la Francia en-
viaban para poner término á la desgraciada situación de estos
países.
€ Los compromisos políticos de Vareta, y la suerte de su lar-
ga familia, íntimamente ligada al resultado de la negociación
que iba á entablarse, habían acumuhdo en esos días s(íbre su
espíritu, sombríos presentimientos ó temores, que le habían
puesto en un estado de desaliento é inquietud, que nunca le
conocimos antes en las mas espinosas situaciones.
« Puede ser una preocupación ; pero nosotros creemos en los
presentimientos fatales. A eso atribuimos el abatimiento de
( 1 ) Ignacio Soria — primo hermano de Oribe.
f
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLAtTA 205
Várela en los días que precedieroa á su .muerte, y la desazón en
•que le tenían las dificultades domésticas que le rodeaban en se-
mejante crisis.
« Al fiUi el 20 de Marzo los Coiaisaríos regios, llegados á esta
rada, debian empezar el desempeño de su misión. La proxi-
míchad de un desenlacen, la posición neta en que finalmente iban
á colocarse los sucesos, operaron una reacción sobre el espíritu
de Várela, inclinado por naturaleza á afrontar con serenidad
toda clase de embates. Pocas veces le hemos visto tan alegre,
tan dispuesto, como en aquel funesto dia.
« Concluido el trabajo del diario que debia aparecer el 21 , se
dispuso, ya de noche, á hacer una visita; — y para que tenga-
mos nuevos motivos para creer en presentimienjtos — su seño-
ra le rogó que no saliera, diciéndole que era tarde; pero en rea-
lidad, porque no le gustaba que saliese de noche á la calle.
« Debemos advertir que, por varios conductos, hablan llega-
do á oidos de Várela indicaciones que debieron hacerle vivir
con cautela ; pero él, tranquilo en su conciencia, despreciaba
altamente esos avisos, y los miraba como sombras que solo
podian tener cabida en cabezas pusilánimes.
« Aquella noche, no hizo caso de los temores de su Justa
amada ; procuró distraerla, hablándola de cosas alegres y con-
cluyó— este hijo ejemplar 1— recordando á su esposa que el
dia 25 era el cumple años de su madre y que era preciso que
no olvidase los regalitos que los nietos debian llevar aquel dia
á la abuela. Este piadoso pensamiento fué la última recomen-
dación que debia hacer á la tierna compañera de su vida, á
quien vio en aquel momento por última vez.
« X^^i?jaJ5^1 J.iw«a áesftuesi su, sefiam salió tmhm á
ocuparse euja compra dalos objetos con que debia festejarsq el
4iaSÍp. \
4c Al volver la señora á casa, vi6 en la acera de enfrente, un
hombre que le pareció sospechoso — nada mas que por presen-
206 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
timiento. Entró aprevenir de esto á su marido, pero aun no
había vuelto ; y apenas subió, se acercó á los postigos del bal-
cón para observar á aquel hombre que la tenia inquieta. La luz
de la habitación en que estaba, la impidió distinguir nada en lo
esterior.
« Várela regresó de su visita, muy contento. Halló en su es-
critorio algunos amigos, y sin necesidad ninguna, — tal vez por
el solo deseo de hacer un servicio, tal vez porque así lo queria
esa suerte en quien él no creía — volvió á salir, diciendo á sus
amigos que volvería en el acto. Su objeto era dar al Sr. Mac
Lean una contestación relativa á un asunto judicial que este le
íiaBíaencomendado. Salió acompañado de un amigo.
« En esos momentos, uno de sus hermanos se ausentó tam-
bién de la casa por diez mTnulos *; Tiajó la calle hacia el muelle
y regresó por el lado opuesto. En su tránsito en toda la cuadra
nada vio que le llamase la atención ; solo recuerda que la. calle
estaba muy sola, tal vez porque la gente habría afluido á la del
2o de Mayo, por donde á la sazón pasaba un batallón que mar-
chaba á embarcarse. Al entrar en casa salian dos de los opera-
' rios de la imprenta, y estos cerraron la puerta, que aquel halló
í abierta al entrar.
i;
« Entretanto Várela volvía á su casa por la calle del 25 de Ma-
vo ; cerca de la Sala de Residentes habló un momento con un
jefe de marina extranjero ; en la cuadra siguiente se detuvo
otro instante con el señor Ministro de Hacienda. Enseguida
continuó solo.
« Tres minutos, á lo mas, haría que el hermano, de que se
ha hecho mención, habia entrado al escritorio, que dá á la calle
cuando las cuatro personas que estaban un él oyeron tres gol-
pes á la puerta.
« E inmediatamente que el último golpe habia sonado, llegó
á sus üidos un corto ruido de pasos precipitados y dos ayes las-
limeros de agonía, en los que uno de los presentes reconoció en
r
DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 207
el acto la voz del. infortunado Víbrela. Corrieron á abrir ; nadie
estaba en la puerta ; pero algo se veía en una de la acera de
enfrente : allí volaron y encontraron el cadáver de Várela,
bañado en su propia sangre !
«Avista de este cuadro de las desgracias imprevistas de esa
familia, algunos Argentinos se reúnen, se convienen, se consti-
tuyen en Comisión, y promueven una suscricion en favor de la
viuda é hijos de Várela.
« Este pensamiento encuentra una aceptación general, casi
podemos decir, entusiasmo : y una cooperación franca y gene-
rosa, es la respuesta que dan todas las personas, á quienes !a
Comisión sedirije.
«La Comisión trabaja con actividad, y luego que cree con-
cluida su noble empresa, convoca á todos los donantes y álos
hermanos del Sr. Várela, á una sesión general.
« En ella manifiesta el pormenor de las cantidades recibidas,
que son las siguientes, presentadas aquí, no como individual-
mente fueron obladas, sirio según la suma que resulta en cada
nacionalidad de los donantes :
Ingleses <j i,290 640 reis.
Argentinos » 3,331 320 »
Españoles » 2,6G6 160 »
Franceses » 2,220 320 »
Alemanes » 1,079
Norte-Americanos » 556
Orientales » i39 160 »
Brasileros » 413
Italianos/ » 166
Personas no conocidas » 315 480 »
^ 15,077 480 reís.
« Un caballero italiano, donó también un documento de cré-
dito contra el Estado, valor de 2,000 ^ y posteriormente se re-
208 HIStORU P6UnCA r MILITAR
cibió de Rio Janeiro, la cantidad de 348,480 rei^, tMnidMeii^
tro ocho personas ; tres españoles, caatro ai^entínos f un
alemán.
« Pasaron aquellos días de estupor, j en cada otro que trans**
curria, se hacia mas ardiente el anatema popular, lanzado des*
de los primeros instantes contra los abominados asesinos ; por
que ese pronunciamiento que en aquella noche desgraciada so-
lo fué, puede decirse, la espresion de un sentimiento instintivo,
iba tomándose dia á dia en una convicción profundamente re-
flexiva. Mientras mas se analizaba este negro acaecimiento,
mientras mas se traian á cuenta los antecedentes, mientras,
mas se ligaban sus circunstancias, mas se robustecian las pri-
meras creencias : y por si algo faltase aun para completarlas,
la Providencia quiso deparar ocasiones de las que brotasen
pruebas de otro género.
« A las once de la noche del dia 20 de Marzo, es decir, tres
horas después de haberse ejecutado j^L asesinato, los puestos
avanzados de Oribe sobre las lineas de la plaza, recibieron
v todos oficialmente la noticia del acontecimiento, y en el silencio
I de la noche sus soldados victoreaban la muerte del Sr. Várela,
:¡; y decian á gritos á los soldados de la plaza que : les mandasen
-^l Comercio del siguiente dia. »
Hasta aquí solo resultaban congeturas, y hasta indicios ve-
hementes sobre el origen del crimen.
Veremos muy pronto de qué modo las circunstancias pusie-
ron al asesino en manos de la justicia, y lo que resultó de las
investigaciones practicadas por esta.
/ El 21 de Mayo finalmente á las diez de la mañana, un hombre
? llegaba á la Villa de la Ünion, bajaba de su caballo, y entraba
I en la pulpería de Manuel Grande, portugués conocido por este
nombre, y cuya casa de comestibles y bebidas estaba situada en
el estremo de la calle riBal de aquella Villa. Este hombre era Ca-
brera. Pidió alguna bebida que tomó, y ensenó álos concurren-
'Á
/
BS UB 1SF0M.ICAS DA PUTA
309
este cuchillo maté nnoehe al iaÍM9fr faítbu. El aiidor de esta
obra vivía frente á la casa de Mantid 4}rand$i y se preparaba a
marcnar á su servicio cnando al tiempo d^ lOiQQtar á caballo
vino su asistente a darle cuenta de lo ^e pasaba*
En e! acto Sé trasladó á la pulpería, y íüvo ocasión de cono-
cer á Cabrera. Era este hombre en esa época, joven como de
86 á 28 años; de mediana talla, cuerpo bien formado, sin ser
grueso; color atezado id aire del mar, ojos verdosos, facdones
regulares; pelo rubio largo y rizado — ^^Yestia un poncho imita*
cion de vicuña, un pantalón piel de cabra, á cuadros plomo y
negro; un paltó, ó chapona de paño, y llevaba un sombrero de
paño ordinario, bajo, pero de copa armada, y color plomo os-
curo.
Este era Andrés Cabrera.
Tales fueron los primeros datos sobre la muerte de Várela.
Entre tanto analicensa algunas causas que á nuestro juicio
concurrieron poderosamente al fin de este hombre, prescin-
diendo de las ya conocidas hasta aquí.
De notoriedad son los resultados que la misión Walewski y
Howden produjo en los beligerantes del Plata, en cuya emer-
gencia hizo Várela esfuerzos inauditos para encaminar favora-
blemente al Gobierno de Montevideo, y sobre todo contra el
General Rosas, la opinión de los plenipotenciarios, logrando
propiciarse la de Walewski á términos de disentir este, com-
pletamente con su colega, siguiendo la ruta de los señores Ou-
seley y Defaudis. Y cuando estos esfuerzos se estrellaron en la
resolución del señor Howden, el doctor Várela acompañó al
plenipotenciario inglés al ausentarse del Rio do la Plata, con
una publicación de tal carácter, que no podia. menos que llamar
la atención de los Generales Rosas y Oribe, tanto mas cuanto
ella no era mas que un apéndice á la cuestión sostenida, con el
innegable talento de Várela, cuestión en la que se habían for-
^
14
210 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
mulado tremendas acusaciones contra estos Generales, mas ó
menos autorizadas con documentos públicos.
Esta es la carta del doctor Várela :
.4/ muy honorable Lord Hovcden, ministro plenipotenciario de
S. M. B. en la Corte de Rio Janeiro.
Milord :
La inmediata salida para ese destino del trasporte brasilero
Pavuíia me proporciona la primera oportunidad que esperaba
de tener el honor de dirigiros esta carta, en cumplimiento de lo
que considero un deber.
Por muy diferente que sea el modo como habéis mirado la
cuestión política del Rio de la Plata, y el modo en que yo la miro
y la comprendo, puedo aseguraros, Milord, que esa diferencia
no ha alterado en lo mínimo la opinión que siempre tuve déla
independencia de vuestro carácter y de la rectitud de vuestras
intenciones. Jamás he creido, que, conociendo la verdad, pu-
dierais prestaros, por género ninguno de consideraciones, á
dar deliberadamente á la injusticia, 6 al delito, la poderosa san-
ción moral que la opinión de un hombre de vuestro rango y en
vuestra posición, puede dar á cualquier hecho ó á cualquier
causa. He deplorado sinceramente vuestros errores ; pero he
respetado el fondo de honor y de buena fé que os arrastró á co-
meterlo.
A esas cualidades me dirijo á esa. Si no contara con ellas —
con vuestra buena fé, con vuestro honor — no perdería tiempo
en escribiros. Convencido de que obrabais en el sentido de la
verdad, de la justicia y de los intereses de vuestro país, habéis
favorecido inmensamente la causa de la dictadura personal, in-
moral y sangrienta de D. Juan .Manuel Rosas. Si hechos de cuya
verdad no podáis dudar, os convencen de que este hombre no
merece el apoyo, la estimación, las consideraciones siquiera de
un caballero de honor ; de que es, por el contrario, digno de
(
DE LAS BEPÜBLICAS DEL. PLATA 211
la reprobación severa de todos los buenos, no me es permitido
dudar deque le retirareis, Milord, el apoyo moral que le habéis
dado : mas todavía, de que os apresurareis á reparar, en cuan-
to posible sea, el mal que vuestras primeras opiniones han
causado.
Entiendo, Milord, que obrar así, es honor vuestro. Debo agre-
gar que seria igualmente interés mió — por la causa política á
que estoy deliberadamente ligado ; y, si me permitís alegar
motivo tan pequeño, también individualmente por mí. Eso os
esplicala libertad que me tomo de distraer ahora vuestra aten-
ción.
Sois militar, conocéis la alianza estrecha de la generosidad
con el valor en los caracteres elevados y nobles ; habéis de-
sempeñado en Europa una misión cuyo objeto era, en parte,
mitigar la sevicia cruel de la guerra del Norte en España ; sa-
béis derramar, con la espada, la sangre del enemigo que tenéis
al frente, sabéis esponer también la vuestra; pero tenéis horror
de ver derramar, por el cuchillo, la del enemigo que está pri-
sionero, desarmado , y cuya garganta se corta sin riesgo. En
una palabra, Milord : sabéis medir la honda sima que separa
la noble profesión del guerrero y el vilísimo oficio del verdugo.
Cualquiera que ejerza este último, usurpando el nombre y el
uniforme del primero, no puede menos de escitar vuestro des-
precio, vuestra indignación. . •
Pues esa es precisamente la conducta sistemada, y erijida en
principio, de D. Juan Manuel Rosas, y de cuantos mandan sus
ejércitos. Mil veces lo habéis oido decir : no lo creíais; juzga-
bais que eran embustes de enemigos sin escrúpulo : por eso es
que me tomo hoy la libertad de presentaros la prueba irrecusa-
ble de esa verdad.
Al mismo tiempo que esta carta, recibiréis, Milord, el núme-
ro 727i déla Gaceta oficial de D. Juan Manuel Rosas, fecha 4
del corriente, que tengo el honor de remitiros por la estafeta.
349 HISTORIA POLÍTICA T MIUTAA
En ella veréis todos los partes oficiales relativos á la batalla (Iq
27 de Noviembre del aao pasado, que acaba de decidir ckla
suerte de Corrientes. Leed sus pormenores : en vano buscareis
el número de los heridos correntinos. Urquiza tuvo en su ^ér*
cito tres veces mas heridos que muertos, cosa que el corond
Cradock sabe bien que sucede generalmente : los correntinos
no tuvieron ni un solo herido. Los muertos de Urquiza fueron
veinte ; los de su enemigo, setecientos I ! La esplicacion es una
sola : el cuchillo del asesino penetra siempre hasta las fuentes
de la vida. ¿Dudáis, Milord, de esta esplicacion que horroriza?
Rosas no es persona que deje el consuelo de la duda. Esa mis-
ma Gaceta oiícial contiene en la pág. 9, una nota firmada por el
general vencedor Urquiza, en que avisa á Rosas haber fusilado,
inmediatamente después de pmioneros, k los coroneles don
Carlos Paz, D. Manuel Saavedra, y D. Cesario Montenegro, y al
teniente coronel León ; agregando que otros varios jefes han
sido igualmente fusilados, después de prisioneros, en los
distritos donde fueron aprehendidos; es decir, asesinados
por el primero que los tomaba prisioneros en la persecución.
Al pié de esa nota, hallareis también otra de D. Juan Manuel Ro*
sas, fechada el 34 de Enero de esle ano, en la que no solo aprue-
ba plenamente esos asesinatos, sino que dice haberse instriiido
de ellos con intima complacencia', asi mismo, con esas pala-
bras. (I)
Supongo, Milonl, que esos documentos no os permiten ya
dudar de la horrible verdad.
Es muy probable que el General Guido, representante del
gobierno que profesa ese derecho de guerra, y á quien honráis
con vuestra amistad y confianza, os diga — no por convencí
miento, sino por lo que él llama deber — que los jefes fusilados
eran criminales famosos, y que murieron solo en castigo de sus
(1) Tanto la nota de Urquiza, como la de Rosas, se hallan también
publicadas en nuestros números del 14 y 15 del corriente.
I*. ■
DI LA9 BEPÜVLICAS Dü PUTA 313
crímenes. Eso mismo diee Unfióza. No*^ milord ; no creáis en
cosa semejante : etla agrega al horror del asesinato la barbarte
de calumniar la Hiemoría de la Tictima. Esos jefes eran miem-
bros do familias distinguidas dd' país ;• pertenecían, por su
origen, y por su edoeacíon, á (a clase á que pertenece el Geno-
ral Guido. Saavedraes un hombre histórico en nuestro país.
El vastago que acaba de cortarse de ese tronco, lo mismo que
el Coronel Paz y otros ¿e sus compañeros de martirio, obtuvo
el rango á que había alcanzado, en^ las campañas de la guerra
de la Independencia y del Brasil. Como individuos privados jar
más se mancharon con acción ninguna que les hiciese indignos
del aprecio de los hombres de honor : como militares merece-
rian aun. apoteosis en vez de ultrajes calumniosos. Esa es la ver-
dad ; y dudo sinceramente de que el General Guido se atreva á
deciros ío contrario.
Y no creáis, milord, que el sacrificio de los jefes y oficiales
en la batalla deYences sea un ejemplo único, sin antecedentes.
¡ Ojalá que eso pudiera decirse I Seria siempre un atentado, pe-
ro no un sistema de atentados. Entretanto la verdad es que es un
sistema. Fácil os será, milord, procuraros el N*. 3,067 del Dia-
rio la Tarde de Buenos Aires, de 22 de Octubre de 4841 : en
él hallareis, bajo la firma del General D. Ángel PachecOy á
quien tal vez conocisteis en Buenos Aires, el aviso oficial que el
mismo dio á Rosas de haber hecho decapitar al General D. Ma-
riano Acha, que sehabia rendido prisionero, bejo capitulación
un mes antes. Tal vez tampoco os será difícil procuraros, mi-
lord, la Gaceta Oficial deD. Juan Manuel Rosas, n^. 5,483, de
6 de Diciembre de 1841 . Veréis en ella comunicaciones, firma-
das por un coronel D. Mariano Maza, que figura entre los prime-
ros jefes y amigos personales del Dictador, cuyo tenor literal es
el siguiente:
« Catamarca, 29 del mes de Rosas de 1841 . — Exmo. Sr. Go-
bernador D. Claudio A. Arredondo .... Después de mas de
/
214 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
dos horas de fuego, y pasada á cuchillo toda la infantería, ha
sido derrotada toda la caballería, el cabecilla solo huye por el
Cerro de Ambasle con 30 hombres ; se persigue y pronto esta-
rá la cabeza en la plaza, así como están las de los titulados
ministros González y Dulce, y también la de Espeche, gober-
nador que puso el pilón. » — Mariano Maza.
« I VIVA LA FEDERACIÓN I — Relaciou nomiual de los salvajes
unitarios titulados jefes y oficiales, que han sido peculados
después de la acción del 29. — Coronel Vicente Mercao. Co-
mandantes, Modesto Villafañe, Juan Pedro Ponce, Damacio
Arias, Manuel López, Pedro Rodríguez. Sargentos Mayores,
Manuel Rico, Santiago de la Cruz, José T. Fernandez. Capita-
nes, Jnunáe Dios Ponce, José Salas, Pedro Araujo, Isidoro»
Punce, Pedro Barros. Ayudantes, Damacio Sarmiento, Eugenio
Novillo, Francisco Quinteros, Daniel Rodríguez. Teniente hamel
Diaz. — Catamarca, Noviembre i de \8Í\.— Mariano Maza. )>
«Exmo. Sr. Gobernador D. C. A. Arredondo- Catamarca,
Noviembre í de 1841 .... En fin, mi amigo, la fuerza de este
salvaje unitario tenaz, pasaba de seiscientos hombres, y todos
han concluido, pues así les prometí pasarlos á cuchillo — Ma-
riano Maza. »
« Sr. D. Juan Ortiz de Rosas — Catamarca, Noviembre 4 de
Í84I — Ya anuncié á V. que habíamos derrotado en esta plaza
completamente al salvaje unitario Cubas, que era perseguido y
que pronto tendríamos la cabeza de este bandido. En efecto fué
tomado en el Cerro de Ambaste ; fué tomado en su misma cama.
Queda pues, también la cabeza de dicho foragido Cubas etc. en
la plaza de esta ciudad.
Después de la acción han sido tomados, entre jefes y oficiales
como 1 9 que iban en el alcance de Cubas : no he dado cuartel :
el triunfo ha sido tan completo que uno no ha escapado --^ Ma-
riano Maza.»
En ese propio número de la Gaceta Oficial de Rosas ; en el
1
BE LAS REPÚBLICAS BEL PLATA 315
3,067, antes citado, del Diario de la Tarde, y en un boletín ofi-
cial de Mendoza, hallareis, Milord, documentos firmados por
D. Manuel Oribe, por ese mismo hombre á quien hacéis el ho-
nor de escribir cartas, de las que él hace uso muy poco discre-
to. Esos documentos dicen literalmente así :
» Cuartel General en el Ceibal, Setiembre U de 184<— Entre
ios prisioneros se halló el traidor salvaje unitario, ex-coronel
Facundo Borda, que fué al momento ejecutado, con otros titu-
lados oficiales, de entre los de caballería é infantería. . . (fir-
mado) Manuel Oribe.
« Cuartel General en Metan, Octubre 3 de 1841— Los salvajes
unitarios que me ha entregado el comandante Sandoval, (que lo
fué de la escolta de Lavalle) Marcos M. Avellaneda, titulado go-
bernador general de Tucuman, coronel titulado J. M. Videla,
comandante Lucio Casas, sargento mayor Gabriel Suarez, capí-
tan José Espejo y teniente primero Leonardo Souza. . . . han
sido al momento ejecutados en la forma ordinaria, á escep-
cion de Avellaneda k quien hanbé cortarla cabeza quesera
colgada á la espectacion pública en la plaza de Tucuman— Ma-
nuel Oribe.
Cuartel General en las barrancas de Coronda, Abril 1 7 de
1845.— Treinta y tantos muertos, y algunos prisioneros , entre
los cuales quedó el salvaje titulado jeneral Juan Apóstol Martí-
nez, al qtie le fué ayer cortada la cabeza, fué el resultado de
este hecho de nuestras armas federales. . . Felicito á V. por
este glorioso suceso, y me repito su muy atento servidor, etc.
(firmado) Manuel Oribe».
No agregaré mas ejemplos : mi carta se alarga demasiado, y
creo que bastan los ya citados, para llenar cumplidamente mi
objeto.
Si, al recibo de esta carta, se hallase en esa capital el como-
doro Sir Tomas Herbert, os ruego, milord, que tengáis la bon-
dad de darle conocimiento de su contenido, y de la Gaceta que
216 HISTORU POUTICÁ T IULITA&
tengo el koaor de acompauams. El pertenece, cono tos, á la
profesión de las armas ; los qoe le tratan intimamente — paes
yo nunca tufe ese honor— le dan las cualidades que distíngueft
á un caballero : su amistad con D. Juan Manuel Rosas ha sido
de inmenso servicio para este; y tengo tanto interés en poner
ante los ojos de Sír Touias los hechos de su amigo, como ante
vuestros ojos, milord. Si el bizarro comodoro no se hallase ya
en el Janeiro, yo cuidaré, á su regreso aqui, de comunicarle
esta carta.
Os ruego, milord, que disculpéis la libertad que me he to-
mado ; la importancia del fin que me propongo es la mejor es-
cusa que puedo dar á un hombre de corazón y de honor.
Entretanto, me repito
Vuestro muy humilde y atento serndor
El Editor priDCipal de El Comercw delFlata.
A SU tiempo, según el orden de los acontecimientos, tendre-
mos ocasión de examinar el proceso seguido al asesino Andrés
Cabrera. El derrama abundante luz, sobre las tinieblas en que
quedó sumergido el hecho en su origen, y sobre todo nos fija-
remos con la detención posible en las confesiones del que fué
reo y la conclusión de sus jueces.
Pocos dias después de la muerte de Várela, el General Rosas
hizo circular un folleto, del cual daremos una ligera idea ex-
tractando sus mejores párrafos.
<(Los salvajes unitarios (dice) han causado hondos males á la
República Argentina, cuyo penúltimo paso, alentó el tumultua-
rio incendio promovido por el malvado salvaje unitario Floren-
cio Várela, que levantó un caudillo, que rebelado contra la au-
toridad suprema, 6 instigado por el círculo del fanático Várela,
mandó pasar por las armas al primer magistrado del pueblo
porteño. En tan grave conflicto, un solo hombre afrontó el pe-
ligro, y se puso al frente de la opinión pública para perseguir
DE LAS REPOBU€AS DEL PLATA 2t7
á los traidores — Este faé el General D. Juan Manael Rosas I —
El devohió sa libertad y sus leyes á la República Argentina. Sus
émulos no obstante, y el principal de ellos el fanático malvado
Várela, pretendieron levantar el estandarte de la rebelión, no
pudiendo medrar á la sombra benéfica de las instituciones y la
paz, y se prepararon á ejecutar el epilogo del sangriento drama
que habia tenido lugar en la persona y administración del Go-
bernador y Capitán General de la Provincia de Buenos Aires,
D. Manuel Dorrego. (*)
Un pronunciamiento unánime de la República Argentina en
favor de la persona del General Rosas, lo habia llamado por se-
gunda vez al mando supremo — La sublevación de Casteli, fruto
de las maquinaciones del circulo salvaje unitario á que pertene-
cía Várela errante de su patria, fué vencida, por los amigos del
orden que rechazaron la invasión. •
Las maquiavélicas intrigas con los estrangeros han pretendi-
do la destrucción de los americanos, para dominar sobre las
ruinas de un pueblo libre.
No de otro modo pueden considerarse los sucesos.
Arrójese una mirada retrospectiva sobre el desgraciado pue-
blo de Montevideo, y se verá que allí no hay orientales que em-
puñen las armas contra los principios legales : toda la tropa es
estrangera : los tenaces enemigos de la Confederación, se han
refugiado en Montevideo, Bolivia, Chile, y el Brasil, donde sos-
tienen periódicos que atenían al honor y crédito esclarecido del
General Rosas.
(1) A({uí copia la carta de LavaUe que se registra al principio de esta
obra, dirigida al Ministro General, dando cuenta de haber hecho fusilar
á Dorrego, y la que sigue célebre por su ternura conjugal, y magnani-
midad cívica.— iV. delÁ.
< Navarro, 13 de Diciembre de 1828 — Mi querida Angelita — En este
momento me intiman que dentro de dos horas debo morir: ignoro por-
qae: — La Divina Providencia en la cual confio así lo quiere — Perdo-
no á mis enemigos» y recomiendo á mis amiffos no den ningún paso en
desagravio de mi sufrimiento. — Mi vida; eúisca esas cariñosas cria-
turas, y sé feliz, ya que no has podido serlo al lado del desgraciado
— Manuel Dorrego,
218 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAh
« Veacidos en todas partes los salvajes unitarios no han deja-
do mas que ua pesado catálogo de sus crímenes y atentados.
Uno de sus audaces hechos, es el consumado con el subdito es-
pañol, D. Ignacio Galindes. Este hombre llega á Montevideo
por asuntos de comercio. En el momento el salvaje unitario
Várela, le forja en el pasquín que escribia, una declaración Ar-
mada con el nombre de Galindes, contra el Gobierno de Buenos
Aires. Atónito Galindes al ver semejante falsificación, se dirige
en persona al Presidente de la República, manifestándole el
perjuicio que le causa semejante publicación á la cual se dispo-
nía á dar un cabal desmentido, consiguiendo con esto hacerse
atender.
« Muerto el salvaje Lavalle, acaba para el traidor Várela la
esperanza de los lucros que ambicionaba en el desgraciado
pueblo argentino. Otro funesto caudillo, Gregorio Araoz de La-
madrid, reducido á la mayor miseria, se presenta en Buenos
Aires buscando la protección del General Rosas. Lamadrid es
nombrado pacificador de los Pueblos de Salta y Tucuman disi-
dentes en aquella época, y en vez de dar cima á su misión con
los sentimientos de un caballero, manchó de nuevo su reputa-
ción, y su nombre, y después de perder la vaga esperanza que
habia alimentado contra su protector, batido y derrotado en
los campos de Tucuman, emigró á Chile, encaminándose des-
pués á Montevideo á reunirse con su colega en la revolución y
asesinatos de Diciembre, el traidor Florencio Várela, quien en
combinación con el famoso Rivera ensangrentaba aquel desgra-
ciado país, escarnecía las leyes, y ponia en juego todos los me-
dios para armar toda clase de hombres inmorales, y avezados
al crimen, sin ocupación, ni honra, ni beneficio.
« La desaparición de este fanático malvado ha sido un día de
júbilo para los amantes del orden, de la prosperidad y de la paz
de ambos pueblos del Plata, y los 37 años de Independencia que
han trascurrido su inmortalizacion en el gran libro de los Ame-
* :x í.
DE LIS RIPCBUCAS DEL PLATA 219
ricanos del que la Divina Providencia ha eliminado á aquel cri
minal famoso.
Misión Oore y Oros
La Inglaterra habia renunciado al rol activo en los negocios
del Rio de la Plata, retirando el apoyo de sus tropas y su dine-
ro al Gobierno de Montevideo, dejando existente la interven-
ción de la Francia constituida ya en beligerante de los mas ac-
tivos.
La misión Gore y Gros aparecía trayendo la última tentativa
(le conciliación entre los pueblos del Plata que se destruían sin
tregua.
PROTOCOLO
A mediados de Marzo, llegó á Montevideo la corbeta de
S. M. B. iMonstant, procedente del Janeiro, de cuyo puerto
habia salido el 9 del mismo mes. Traia á su bordo al Honorable
Sir Roberto Gore, encargado de negocios de S. M. B. en la Re-
pública Oriental del Uruguay y comisario regio, encargado de la
cuestión del Rio de la Plata.
El Barón de Gros, encargado por la Francia con el mismo co -
metido que Gore, habia llegado al Janeiro, en la noche del 5
de Marzo, á bordo del vapor de guerra francés Maguellan, pro-
cedente de Tolón de cuyo puerto salió el 2 de Febrero.
El Magiiellari salió del Janeiro eH4 de Marzo con destino á
Montevideo donde llegó el 49 del mismo mes, encontrándose
allí con el plenipotenciario inglés — Ese mismo dia escribió el
Dr. Várela su último artículo sobre la 4' misión que venia al
Rio de la Plata.
El 21 de Marzo, al siguiente dia de la muerte violenta del
Dr. Várela, los nuevos enviados hicieron la apertura de las ne-
gociaciones, en una nota colectiva, en laque anunciaban al Go-
220 HISTORIA ROLlTICA T MIUTáK
bierno de Montenrideo, qae acababan da llegar á la rada en
aquel carácter, y que el primer deber que tenian que llenar era
declarar que los Gobiernos de Francia é Inglaterra estaban dis-
puestos á restablecer, poruña acción común, el orden y la paz
de los pueblos del Rio de la Plata.
El Dr. D. Manuel Herrera, Ministro de Relaciones Exteriores,
contestó de conformidad, de acuerdo con los sentimientos es-
presados por su Gobierno, y quedaron establecidas las nego-
ciaciones.
Por una nota del 28 de Marzo, los plenipotenciarios hicieron
saber al Gobierno de Montevideo que habian recibido del Gene-
ral Oribe, una declaración esplicita en la que confirmaba sin re-
serva alguna, y bajo su firma, las promesas que habia hecho ya
en otras ocasiones. Con tal motivo invitaban al Gobierno de
Montevideo á tratar con el General Oribe, tomando por base de
toda negociación, la amnistía completa respecto de los ciudada-
nos Orientales, y la seguridad de las personas y las propieda-
des, respecto de los extrangeros residentes en Montevideo, acor-
dadas por el mismo General Oribe, para el caso en que por
cu<alquier emergencia le fueren abiertas las puertas de la ciu-
dad. Los plenipotenciarios prevenían á la vez que sí el Gobierno
de Montevideo creia deber rehusarse á tratar con el General
Oribo, se consideraría como terminada la misión, levantándose
el bloqueo de ambas riberas del Plata, por la escuadra france-
sa, no debiendo perder de vista el Gobierno de Montevideo,
que la última negativa á tratar con el General Oribe, pondría á
los plenipotenciarios en la alternativa de tomar un temperamen-
to conforme á sos insti'ucciones — A ese fin acompañaron la
nota del General Oribe, que es la que sigue:
n LAS REPÜniGAíS DIL PULTA 3S1
COPIA,
Núm. 4.
El Presidente de la República Oriental del Uruguay.
Cuartel general, en el Cerrílode la Victoria,
Marzo 24 de 1848.
Al Exmo. señor Ministro Plenipotenciario de S. M. el Rey de
los franceses, Barón Gros, etc.
El que firma. Presidente legal de la República Oriental del
Uruguay, ha recibido la nota, que el Exmo. señor Ministro Ple-
nipotenciario de S. M. el Rey de los franceses Enviado en misión
especial al Plata, le ha hecho el honor de dirigirle, con fecha 22
del corriente, en la que expresa que : no habiendo cesado los
Gobiernos de Francia é Jnglaterra de estar animados por el
deseo de restablecer por una acción común, el orden y la paz,
sobre la costa Oriental del Plata, S. E. viene hoy á recordarle
los compromisos que en varias ocasiones contrajo el infrascrito,
y que ahora á los Exmos. señores Plenipotenciarios de Francia
é Inglaterra, les seria grato recibir á su turno — S. E. agrega,
que ellos se permiten esperar de los sentimientos personales
del infrascrito, que hará constar por una declaración oficial,
dirigida á los representantes de los dos poderes, esos mismos
compromisos en lo que pertenecen á una amnistía completa
respecto de los indígenas, y la seguridad de las personas y pro-
piedades de los estranjeros residentes en Montevideo, en el caso
en que por la suerte de las armas, ú otra causa le sean abiertas
las puertas de aquella ciudad.
S. E. termina asegurando al infrascrito, del alto agrado con
que los dos poderes que representan SS. EE., los señores Ple-
nipotenciarios, verán de parte del infrascrito ^na deciaracion
en el sentido espresado.
Impuesto del contenido, y bien lejos de abrigar la 'laenar re-
sistencia á laTeproduccion de las promesas que el 'Euno. Sei«r
222 HISTORIA POLÍTICA T MaiTAR
PlenipoteDciario de S. M. el Rey de los Franceses se sirvió traer
á la memoria, siente al contrario ana satisfacción al asegurar
denuevoH V. E., qaeuna amnistía completa, es desde ahora
acordada, para lo futuro álos hijos de este pais, y entera segu-
ridad para las personas y propiedades de los subditos estranje*
ros residentes en Montevideo en el caso en que la suerte de las
armas, ú otra causa cualquiera, abriesen al infrascrito las
puertas de aquella ciudad.
Con tal motivo el infrascrito, etc., etc.
MANUEL ORIBE.
Por orden de S. E.
CARLOS G. VILLADEMOROS.
Está conforme.
• BARÓN OROS.
El Gobierno de Montevideo contestó que* cualquier arreglo
que tuviese lagar en aquella ocasión, ó en lo sucesivo, fuese
por los acontecimientos que fueren, seria un base invariable el
acuerdo de la amnistía mas completa en beneficio délos que hu-
biesen tomado parte en aquella guerra, fuesen estrangeros ó na-
cionales, con la seguridad de la devolución inmediata de las
propiedades de que estuvieren desposeídos aquellos.
A esa contestación siguió esta nota :
*
Núm. 6.
(Traducción.)
A bordo del Magallan^, Puerto (io
Montevideo, Abril 5 de 1848.
Los infrascritos Plenipotenciarios han recibido del Señor Mi-
nistro de R. E. la nota que S. E. les ha hecho el honor de di-
rijirles el 2 de este mes, en contestación á la que ellos le pasa-
ron el 28 de Marzo último. Ellos ven con placer que el Gobier-
no de la República de Montevideo se presta á la invitación que
/"
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 223
tuvieron el honor de hacerle, que consiste en tratar sobre la
pazcón S. E. el señor General Oribe, y que acepta también sus
buenos oficios para facilitar ó hacer posible las transacciones
que deberán tener lugar con el objeto de dar á la República
Oriental la paz de que tanto necesita.
No corresponde en manera alguna á los dos gobiernos el dic-
tar las disposiciones de los arreglos que puedan tener lugar,
pero los infrascritos Plenipotenciarios tienen orden de indicar
aqui las principales bases, y son las siguientes :
r S. E. el señor General Oribe retirará las tropas Argentinas
que se hallan bajo su mando.
a*" Los estranjeros organizados en batallones en Montevideo
serán licenciados y desarmados.
3' Ambas operaciones se verificarán simultáneamente.
4" Los Comandantes de las fuerzas francesas é inglesas pres-
tarán su concurso en ambas operaciones.
Estas bases esenciales, y que fueron asentadas ya en anterio-
res negociaciones, parecen de tal naturaleza que podrán produ-
cir al fin una reconciliación sincera entre hijos de un mismo
pais, y los Plenipotenciarios que suscriben están persuadidos
que todos los Orientales, sean cuales fuesen sus opiniones, no
aspiran mas que á darse cordialmcnte las manos, á olvidar lo pa-
sado y á cicatrizar las llagas de su patria común, y que su ilus-
trado patriotismo encontrará la necesidad de hacerse mutua-
mente las concesiones indispensables para borrar funestos re-
cuerdos y para no dejar, sobre todo, ningún germen que pueda
dar tristes y peligrosas inquietudes en el porvenir.
Felices en tener que hacer oir palabras tan llenas de esperan-
zas, los infrascritos Plenipotenciarios ofrecen á las partes intere-
sadas, si fuese necesario; sus buenos oficios como mediadores
y concluyen manifestando un'deseo que no puede dejar de ser
atendido : los infrascritos verian con placer que, en los momen-
tos en que la idea de una próxima paz hace renacer la esperanza
224 HI5T0RIA PdLfTIGA T MILITAR
en todos los corazones, tuviese logar una sospeusion de hostili-
dades por ana y otra parte.
Es innecesaria toda esplicacion áeste respecto: todos los orien-
tales comprenderán el sentimiento qae dicta este deseo, así co-
mo los que suscriben sabrán, por su parte, apreciar el motivo
que le haga dar acogida.
Los infrascritos Plenipotenciarios aprovechan con placer esta
ocasión para renovará S. E. el Ministro deR. E. la seguridades
de su alta consideración.
BARÓN GROS.
ROBERTO CORE.
A S. E. el Sr. D. Manuel Herrera y Obes, Ministro deR. E. etc ,
etc.
Se accedió por parte del Gobierno de Montevideo á lo pro-
puesto en la nota anterior, y se suspendieron las hostilidades.
Las negociaciones sometidas á los Generales Rosas y Oribe,
y mas que todo, á la esclusiva deliberación del primero, toma-
ban un carácter moroso, y poco adecuado al fin que los señores
Plenipotenciarios se proponían. El Gobierno de Montevideo
instaba porque aquellas se activasen recabando del General
Oribe una contestación que parecia hacerse indefinida.
Al fin contestó el General Oribe después de mucho tiempo de
vacilaciones y subterfugios, que no tenian otra causa, que el
meditado retardo del General Rosas, á quien el señor Oribe
sometia todos sus actos, con una nota en la que se veian tra-
zadas por la mano de Rosas las condiciones bajo las cuales el
Gobierno de Montevideo debia declarar su sometimiento sacri-
ficando á la vez algunos hombres importantes, pertenecientes
al partido unitario, para quienes venia ya de antemano decre-
tado un indefinido destierro.
Yéase el carácter de aquellas proposiciones.
DK US REPÚBUfi^S jDBL PUU 225
€OPU.
Núm. 13.
Cuartel General en el Cerrito de la Victoria,
Abril 20 de 1848.
El Ministro de Relaciones Exteriores del Estado Oriental del
Uruguay, al Exmo. señor Plenipotenciario de S. M. el Rey de
los Franceses, etc.
Ha recibido el Exmo. señor Presidente de la República, Bri-
gadier General D. Manuel Oribe, la nota colectiva de los Exmos.
señores Plenipotenciarios de S. M. el Rey de los Franceses y de
S. M. B., fecha en la rada de Montevideo.
Impuesto detenidamente de todo, y no menos ansioso de ver
lucir sobre su patria diaz de paz y de tranquilidad, siempre que
ellos reposen sobre bases sólidas, honorables y dignas, ha orde-
nado al infrascrito contestar que por su parte está dispuesto á
entrar en arreglos para la pacificación de la República, acep-
tando con agrado la mediación ofrecida por los Exmos. señores
Plenipoteaciarios, bajo las bases siguientes :
Art. r. El Gobierno actual de Montevideo, reconoce y respe-
ta en la persona del Exmo. señor Brigadier General D. Manuel
Oribe, al Presidente legal de la República Oriental del Uruguay.
2*. Queriendo por su parte el Exmo. señor Presidente D. Ma-
nuel Oribe echar un velo sobre lo pasado, y preparar á gu
patria una paz durable, se compromete á anular las confisca-
ciones que han tenido lugar por causas políticas, en cuanto á
los bienes raices que aun estuviesen bajo el dominio del Estado,
ó á indemnizar á los que fueron propietarios, de aquellos de
que se hubiere ya dispuesto .
3"^. Queda concedida amnistía completa, para los hÍ|os del
país, y garantida conforme á las leyes j á la fé de los tratados, la
entera seguridad de las personas y propiedades de los subditos
extranjeros residentes en cualquier parte del Estado.
15
22tí HISTORIA POLÍTICA T MILITAB
.T. La amnistía ron elida por el drticalo anlerior, no impe-
din! íjiie aquellos de los emigndos argentinos, cuja residencb
en Montevideo pinliese dar justos recelos al Gobierno de Bue-
nos Aires, y ooin[»r.')rne!er la buena armonía entre las dos Repó-
biicas, sean á s;i elf. :ciua trasportados al puerto extranjero mas
ví'cino ó tra-iporialos de los lugares situados sobre la costa, ó
en la ceivanii de ella '• -ualquier •)tr.j lugar del interior que
[lodrán de¿:gn:i¡'.
.'V'. Los extranjeros armados ^mi Montevideo, ó en cualquier
otro |)ünlo por el (W)bierno de aípiella ciudad, serán licenciados,
y e!itre;íar:'in las armas (¡m* se b'S hablan confiado, á las perso-
nas noni'HaJ.K i e.^t • ef»M:to por la autoridad reconocida con
arít'glo á la preseníQ cjí. vención.
C*. EjíM-cieíi'lo ya e! Exmo. Sr. Presidente Brigadier Gene-
ral I). M.'imelOribo, en virtud de las bases prece'lentes, la ple-
nitud de sus d<'re/ii')s, y oonsideran'lo. en consecuencia inne-
cesarios los socorros i\\w había obtenido de su ilustre aliado
e! Tiohieino de la rjj:ifo:leracion Argentina, se compromete á
rosütuir á este, l.is tropas auxiliares argentinas, poniéndose
jiiévi.nne:ite de aciir/r¡!'» con él mismo, sobre las medidas mas
á piopi'ísit) pai'a >n i^lirada del territorio de la República.
7". LasopencitHios !'s;)resada> en los dos artículos anterio-
res, es d.ícir, !.! ííntifga <le las armas por los extranjeros, y la
reliraílade las tropas argentinas, teii'lrán lugar, en su caso, <¡-
inn!lá:ieanie:ili'.
I*.:ra «•oin¡):(»:n''!it() :¡e tlichas bases, a«:epta Su Escelenciaj
(•0:::o (• )iisí"*iiein'ia iia!ural é indispensable de las mismas, y en
la .) arle í|í1': Iií ^•/)rrí;>po:i le, la declara-iion íuie confidencial-
mí'nle ban iií^h) al i:iíV;.s.:r¡pti)losExmos. señores Plenipoten-
ciarios, c')ncc!)!'!a eri los términos siguientes :
*' Los PÍMnipoleiniarios Je Francia é Inglaterra teniendo co-
« ii'X'imieüí ) (!(' los artÍNilos convenidos arri!)a, entre las fuer-
« Z'.s <Mi armas (VI l;i -leoñblici Orienlal <](»! {'laiííuav, se com-
DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 227
« prometen en nómbrele sos respectivos Gobiernos, cada uno
« en límites de sus atribuciones, y como consecuencia natural
« de esta convención, á hacer levantar el bloqueo de las riberas
« del Plata, á hacer evacuar la Isla de Martin García, y á volver
a al Gobierno de la República Argentina los buqués de esa na-
« cion que han sido capturados, y que volverán á tomar su pa-
« bellon. Este pabellón será saludado con veinte y un cañona-
«zos, y e\ saludo será contestado inmediatamente: se com-
« prometen también á prestar el concurso de las fuerzas navales
ü de las dos Potencias en lo que podría concernir á la ejecución
« de las dos operaciones mencionadas en el art. 7*. de la pre-
« senté convención. »
En cuanto á esta última parte, sin embargo, creyendo S.E. el
Presidente de la República, que la mejor garantía para el cum-
plimiento de lo pactado, es el interés de los contratantes en su
ejecución, ha ordenado al infrascrito presente, sin aceptar la
cooperación ofrecida de las fuerzas navales, sus mas sinceros
agradecimientos á los Exmos. Sres. Plenipotenciarios por tal
oferta, así como por el noble y honroso deseo que manifiestan
de la pacificación de este Estado.
Por lo demás el infrascrito declara por orden de S. E. que la
presente convención es contraida solo á la pacificación del Es-
tado Oriental del Uruguay, y en nada entiende afectar intereses
de otro orden, vitales para la República, como son los que la li-
gan con la Confederación Argentina, por emergencias de la lu-
cha que se pretende hacer cesar.
Con tal motivo el infrascrito, tiene el honor de saludar á los
Exmos. Sres. Plenipotenciarios con su alto aprecio y conside-
ración.
CARLOS G. VILLADEMOROS. *
Está conforme ;
RAHON OROS.
ROBERTO GORE.
{.*
229 lOTOUA poiincí T aiurAi
A ffst^ noU roDtesti el Dr. Herrén. Ministro de RebdoBes
Exteriorffr del Gobierno de Mooierídeo.con ubi laiiga
cíon eri la qrjr^ í^e re$eriabu anteceiente^ producidos en bs
Urriores inísiones diplomítiras, de los caale« parecía qaererse
de.s\íar d General Oríl>e en aquella emergeocia. Citaremos al-
gunos [(árrafos de la nota del Dr.Herrera.los que por sa carácter
importante creemos delier dar íntegros- n Después de f 6 días de
demora. Mire el señor Herrera^ halló á bien el General Oribe,
respondí^ á los señores plenipotenciarios, en los términos que
resultan en <n nota del 21 y que SS. EE. han reputado equivo-
cadamente ser una aceptación de las bases propuestas. Esta
contestación no es otra cosa mas que una serie de artículos, que
no se sabíí si son exigencias perentorias que aquel General emi-
te, como condiciones de la aceptación: ó si son meras propues-
tas de arreglos que él presenta. En fin, es todo, menos lo que se
le ha pí'dido, suponiendo que la exigencia de los señores pleni-
potenciarios haya sido la misma que se hizo al Gobierno el 5 de
Abril (íróximo pasado. Para asegurarlo asi el infrascrito tiene
presente que, si en lo que ha dicho el señor Villademoros hay
aceptación, es indisputable que no es lisa y llana sino condicio-
nal; y en este caso SS. EE. no pueden admitirlas; y sí ellas se
reducei» á (proposiciones de arreglo, el General Oribe entabla
una cuestión prematura é inusitada, que solo daría por resul-
tado cstraviar el giro que el Gobierno y los plenipotenciarios
han querido imprimirá la n^jocíacion actual. Por este medio,
anticipando propuestas 6 e.xígencias ajenas del estado que tie-
ne el negocio, el General Oribe podría dar lugar á que se le
acusara de esípiivar la aceptación llana de la primera base, y
pre[)ararasi <liscusioiics desagradables, de que el Gobierno
quiero huir sinceramente — Hoy, en el estado que tiene la ne-
gociación, todo lo que hay que hacer es obtener de ambas par-
tes el allanamiento puro y simple de las bases propuestas. Solo
d(;spues (|ue esto se haya conseguido y que estén conocidos el
DI LAS REPCBUCiS DEL PUTA 229
modo 7 las formas de eateuderse, es que tendráa lagar las^ pro-
rogaoíones reciprócaselas díscasiones ]r conferencias á qne ellas
den lagar, y en qae deben iniervenir los señores plenipotencia^
riosr para allanar las diftculfcides qae se presenten en virtud de
su espontánea oferta y de la formal aceptación qu& ha hecho el
Gobierno délos baenos oficios de SS. EE. De este modo, á lo
menos, el Gobierno lo ha entendido siempre porque esa es la
sencillísima marcha que prescriben el orden natural de las
ideas y las prácticas usuales de las negociaciones de paz.
« Ademas la contestación del señor Villademoros es una de-
mostración práctica de la exactitud con que el infrascrito ha di-
cho que el General Oribe no ha adherido á las bases propues-
tas. Su primera condición, que indudablemente es la fundamen-
tal de este negocio, prescribe que — «^el Gobierno actual de
Montevideo reconozca y respete en 1^ persona del Exmo. señor
Brigadier General Oribe al Presidente de la República Oriental
del Uruguay. En seguida se ocupa de dictar otras condiciones
análogas, y es solo cuando ya ha dejado todo preparado y dis-
puesto á su placer, que recien habla de la desocupación del ter-
ritorio de la República por las tropas argentinas diciendo estas
testuales palabras: ejerciendo ya el Exmo. Sr. Presidente Bri-
gadier Genéralo. Manuel Oribe, en virtud de las bases ^pre-
cedentes la plenitud de sus derechos (presidenciales) y consi-
derando en consecuencia innmesarios los recursos de su ilus-
tre aliado el Gobierno de Im Confederación Argentina, se
compromete á restituir las tropas auxiliares argentinas po-
niéndose primeramente de acuerdo con el mismo, para la
retirada del tenntorio de la República. ¿ De esto qué resulta?
que no hay aceptación de la base propuesta por los tres pleni-
potenciarios — 1**. Por que ella depende de la realización de
un hecho ajeno ala intervención, y que como tal, para nada fi-
gura en sus exigencias : — 2**. Por que la evacuación del terri-
torio, como se promete, no es nna concesión á la voluntad d^
230 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
k>s poderes mediadores sínó una coosecaencia completa del tri-
anfo completo del General Oribe sobre sus enemigos, cosa que
aquellos poderes no pueden ni aun consentir, sin ponerse en
abíertay completa contradicción, con la posición que han asu-
mido en esta cuestión, y sin violar todos los compromisos de
honor é interés que pesan sobre ellos — 3**. Por que el cumpli-
miento de esa obligación necesita el concierto previo, con uu
poder ageno de la negociación, y que tiene en sus manos todos
los medios de inutilizarla, ya sea oponiéndose abiertamente á lo
pactado, ó sea pactando los medios de efectuarla, que la hagan
completamente ilusoria : — ^ 4**. Por que el hecho se estipula co-
mo posterior á la efectuación del pacto que se celebre, lo que
está en abierta oposición, con la voluntad expresa de los pode-
res interventores, manifestada del modo mas solemne y unifor-
me por medio de sus respectivos agentes desde 1842, y que
hastaahorano ha sido, ni aun modificada, por otras declaracio-
nes deigual naturaleza.— Pero no es esto solorel General Oribe ha
repelido de plano la 4* base, y este hecho es una comprobación
mas de aquella verdad, conociéndolos gobiernos interventores,
que, no solo del desarme de las legiones, sino especialmente de
la desocupación del territorio, el modo y la forma, pueden im-
portar la cosa misma, á causa de lo fácil que es burlar en la eje-
cución, la realidad de aquella operación esencial, han buscado
alguna seguridad, y estos han creido encontrarla en la presen-
cia é intervención precisa y directa de sus fuerzas en la opera-
ción. Tan es esto asi, que esos Gobiernos no se han limitado á
ofrecer ni proponer, sino que han resuelto imponer y dictar á
ambas ps.rtes la obligación de conformarse con que los dos
hechos, de que la desocupación del territorio, y el licencia-
miento de los estrangeros en armas, se verifiquen median-
te la concurrencia de las fuerzas navales de ambas poten-
cias. De lo contrario los señores Plenipotenciarios no hubieran
colocado á es'i medida en la ya invariable categoría de base
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 234
principal, como lo verificaron en sa citada comunicación de 5
de Abril.
« Bien pues, rechazando el General Oribe aquella base, resis-
te la realización déla i*, porque, destruyela única garantía,
por otra parte, bien incompleta del pleno cumplimiento del
pacto, y autoriza la sospecha de intenciones infieles, tanto mas,
cuanto que la aceptación de tal base, en nada le perjudica. Así
es que el infrascrito no trepida en decir á los señores Plenipo-
tenciarios, que en su concepto, el General Oribe, no solo no ha
aceptado, sino que ha repelido las bases propuestas, porque lo
uno, es concurrencia de lo otro, y por consiguiente, ha roto por
el hecho la negociación.
« En apoyo de esta proposición, el infrascrito se permitirá
observar también á los señores Plenipotenciarios, que aun
cuando lo que ha dicho con referencia á la primera base no fué
exacto, la repulsa aislada de la 4*. bastaría para darle todo el
carácter de verdad que tiene. Desde que los señores Plenipo-
tenciarios no son negociadores sino simples comisarios, como
repetidas veces lo han declarado al Gobierno, el hecho de la
aceptación es indivisible, porque ella no puede admitirse en
una parte, y en otra no, sin entrar por el hecho en una negocia-
ción. Si pues, el General Oribe, rechaza una base cualquiera,
como lo hace, desde que no admite la que se refiere á ese con-
curso de las fuerzas navales, invalida también por el hecho
aquel acto, y le inutiliza para las ulterioridades que debiere
traer.
« Es por todo ello, que el infrascrito con arreglo á lo que
deja manifestado, juzga completamente inútil é intempestivo
ocuparse hoy de las diversas exigencias ó propuestas, que el
General Oribe reproduce en la nota del 15 de Abril y ruega á los
señores Plenipotenciarios que en caso que no miren como rota
ya la negociación por parte del General Oribe, como indudable-
mente tendrán derecho á mirarla, quieran al menos estrecharle
232 II0TOUA POLfTICi T MILITift
a que dentro de an lénnioo corto y perentorio, dé personal-
meóte su aceptación ó negativa á las bases propuestas, y qne
lo haga, como el Crobiemo lo hizo, y él debe hacerlo. Este acto
ddbe ser personal, ano cuando ios señores Plenipotenciarios
hayan reconocido en el señor Viltademoros el carácter con qne
se presenta de órgano del General Oribe. »
Etc., etc., etc.
XANCEL HERRERA T ORES.
iNúm. 18.
Ministerio de Relaciones Exteriores.
Montevideo, Mayo 30 de 1B48.
Los rumores que circulan en esta ciudad desde algunos dias
á esta parte, y que confirman laá publicaciones oficiales del
Gobierno de Buenos Aires, dan casi la certeza de que las ges-
tiones entabladas por los señores Plenipotenciarios para resta-
blecer el orden y la paz en la República, no pueden seguir
adelante, y que por el contrario se hallan rotas por las resis-
tencias tenaces del Gobernador de Buenos Aires, y el someti-
miento del General Oribe á esas voluntades, y á las resoluciones
del Gobierno de quien depende.
En tal caso, la prolongación de la situación que ha creado
la aparición en este puerto, de los señores Plenipotenciarios,
no solo no tiene objeto, sino que es inútilmente ruinosa para
los intereses de todo género que de ella dependen, y aun podria
llegar, á juzgarse mal, sino se le pusiese un término pronto,
justo y necesario. Los señores Plenipotenciarios que saben
hasta dónde está ligado el Gobierno, por los deberes yrespon*
sabilidades que le imponen las instituciones de la República,
comprenderán fácilmente todas las complicaciones y dificulta-
des en que lo enYoWería semejante estado de cosas. S. E. el
séBor Presidente deseando pues evitar esos conflictos, y pre-
imir las malas consecuencias que traerian consigo, me ha en-
r
l&. LM*^ BBPÜBMCáíir. BU». .NMÁ 233
cargado demgar á.lofia^kaiB»Vlnipetefioiaraos q9ÍdraQ.actÍ¥ar
cnanto sea posible, el obtener del GeBAnaLDribe la^coAta&tafiionv
á qoe de refiérela natii^de efitA-Míoialaiáe/da? í2.del Gormante,
y partícipapla luego al Gobierno^ pam ktSrnBsolncíones^^idtecíor
res que ella demande.
Con tal motávo: etc..
Manuel Herrera y Obes.
Señores Ministros Plenipotenciarios etc.
Siguen en fin todos los documentos de esta breve negocia-
ción de los cuales estractamos en algunos la parle mas impor-
tante para evitar los inconvenientes de su estension.
Los Plenipotenciarios contestaron confidencialmente á la an-
terior nota del seüor Herrera, diciendo que los rumores á que
se referia la noto antedicha, parecían fundados, puesto que el
General Oribe* hai)ia. retractado sus propias proposiciones pnoh
sentadas por conducto de los Plenipotenciarios.
Gon fecha 23 de Mayo, los señores Gore* y Gros avisaron lo
siguiente :
(traducción)
Núm, 20.
A bordo del Jín^/anes, R^da do Montevideo á
2:3.de Majo dC' 1B46.
Los infrascritos acaban de recibir ahora mismo una noto dé
S. E. el señor General Oribe, de la que con- esta acompañan co-
pia, y en la que anuncia que se romperán las hostilidades en-
tre las partes beligerantes veinte y cuatro horas después de la
en que dicha nota haya llegado á su destino.
Ella llegó á bordo de la Raleighí medio dia.
Los infrascritos mandarán sin demora una copia certificada á
Maldonadó y á la Colonia, en donde las hostilidades no deben
volver á empezar sino vdate y cuatro horas después de la re-
234 HlSTOlíU MLlnCA T MIUTaB
cepcion oíkial de esta ik/U« lef^ lo establece el artígate 3*. é&
b c/invencíofi de lf7 de AbríK
l>>ft ¡rifraM:rítOi aproreeliafi esta ocasioD para mterar áS. E.
el Kefior Jfíní.^tro de R. E. las seguridades de sa alu coKÍde-
nurion.
Airoii (^rw.
Hffberlú Gore,
Al E%rfu>. iMSrfior b. Jlaniiei H^rrerz j Obes, Ministro de R. Ex-
teriores etir. etic, — Mooterídeo.
Kl Ministro de RelacíoQes Exteriores del Estado Oriental de
L'mgiiay.
Cuartel General en el Cerríto de U victoria.
Maro 23 de l^ia
Al Exmo, señor Plenipotenciario de Francia, enTÍado en misión
es|>eeíal al iMata, Barón Gros.
El que firma, por orden del Exmo. señor Presidente de la
República, Brigadier Genenil D. Manuel Oribe, tiene el honor
de dirijirse al Exmo. señor Plenipotenciario de Francia, para
hacerle saber que no teniendo ya objeto la suspensión de hos-
tilidíides entre las fuerzas al mando de S. E. y las de la plaza si-
tiadla de Montevideo, por haber quedado sin efecto la negocia-
ción proyectada, por intermedio de los Exmos. señores Pleni-
potenciarios de Francia é Inglaterra, cesará dicha suspensión,
y se renovarán las hostilidades en esta linea al cabo de veinte y
cuatro horas, contadas desde que SS. EE. reciban la presente,
con arreglo á la convención de 27 de Abril último, conforme ala
cual obrarán también los jefes á las órdenes del Exmo. señor
Presidente, en los puntos de Maldonado y Colonia.
Con tal motivo, el infrascrito saluda al Exmo. señor Plenipo-
tenciario de Francia con su mas alta consideración y aprecio.
Carlos G. Villademoros .
Es copia — Barón Gros — Roberto Gore.
V
DE LAS REPOBLICiS DEL PLATA 235
En tales momentos se efectuaba en Francia la gran revolución
del 48— Esto vino aponer una traba á las negociaciones, que
como ha podido verse, no llevaban ya una dirección satisfacto-
ria—Asi lo declaró el plenipotenciario francés, al Sr. Herrera,
en contestación á una nota de carácter conminatorio dirigida
por el Ministro Oriental álos P. P., con fecha 27 de Mayo.
^ota dol Plenlpotenoiario Francos
(traducción. )
Núm. 23
Magallanes, Rada de Montevideo, Junio 7 de 1B48.
El abajo firmado. Plenipotenciario de Francia, ha recibido el
1 4 y 29 de Mayo último, las dos notas que S. E. el Sr. Ministro
de Relaciones Exteriores le ha hecho el honor de escribirle el
12 y 27 del mismo mes. En la primera S. E. establece que el
señor General Oribe lejos de haber accedido pura y simplemente
á la invitación que habia recibido para tratar déla paz con el
Gobierno de Montevideo, sobre las bases sentadas por las dos
Potencias mediadoras, ha, al contrario, ó aceptado condicional-
mente esas bases, ó roto de hecho toda negociación : el señor
Ministro de Relaciones Exteriores ruega también á ambos Ple-
nipotenciarios, se dignen exigir del General Oribe, una nueva
respuesta mas categórica que la primera, á la demanda que le
habia sido hecha por la nota de 5 de Abril último, y que sin
duda, debia ser semejante á la que el Gobierno de Montevideo
habia recibido el mismo dia. En la segunda nota el Sr. Ministro
de Relaciones Exteriores ruega al abajo firmado tenga á bien
hacerle conocer los motivos que hayan podido determinar al
General Oribe á retractar las proposiciones trasmitidas por in-
termedio suyo; retractación hecha oficial por la renovación de
las hostilidades, y por las notas que el abajo firmado habia te-
nido el honor de pasarla S. E. el 22 y 29 del mes pasado. El
S36* HISTORIá POCITIGI T HAITAR
St. Minístpo de ReladoDes £iteriores, expone también á los
PknipoteQciarios ladificíl situación cmqne se halla Montevideo.
y les pide se dignen tomar hs medidas que les parezcan inéis-
pensables para mejorar la situación conrnn, j asegurar 4a tle»
fensa de la ohidad, por el tiempo, al menos, qne ellos crean
deber suspender su misión ; es decir, hasta la llegada de las
noticias de Europa que próximamente esperan.
El abajo firmado cediendo á un sentimiento de alta conve-
niencia, queS. E. el señor Ministro de Relaciones Exteriores no
desconocerá, cree deber abstenerse de responder por una dis-
cusión que seria al menos inútil, alas numerosas observaciones
contenidas en esas dos notas ; observaciones qne el abajo fir-
mado debe tanto menos aceptar, cuanto que mnchas de ellas
giran sobre hechos qne S. E. no podía conocer exactamente, ó
sobre suposiciones que no eran fundadas.
S. E. el señor Ministro de R. E., dice, con razón, que los
Üenipotenciarios, no siendo negociadores, sino solamente en-
calcados de hacer conocer las resoluciones y voluntades de sus
gobiernos respectivos, no tienen la facultad de entnr á este
respecto en ningún género áp discusión ; pero por lo mismo que
ellos no tenian que discutir, y qne debian sin embargo, hacer
efectivos los buenos oficios que habían ofrecido y que fueron
aceptados, han debido transmitir á una de las partos beligeran-
tes cualesquiera qne fuesen las proposiciones de paz que pudie-
ran ser presentadas por la otra ; con ti! que, sin embargo, en
esas mismas proposiciones, se hallasen comprendidas las ba-
ses presentadas por las dos potencias y, eapeciahncHlr, la am-
nistía res|)erlo de los indígenas, la seguridad respecto de las
personas y propiínlades de los extranjeros, el desarme de las
legiones, la partida de los argentinc>s, y la simultaneidad de es-
tas dos operaciones. Sí S. E. el señor Ministro de Relacione-s
Exteriores, al aceptar e^tas mismas basas las hubieni Ínteres
lado en un proyecto do pacificación que hubiese enpeudo A
DE LAS REPOBLICÍS DEL PLATA ^37
concluido por todas las cláusulas que hubiese juzgado conve-
niente insertar, el abajo firmado se habría apresurado á trans-
mitirlas al señor General Oribe ; como ha sido de su deber pa-
sar al señor Ministro de.j^elaciones Exteriores una copia de las
proposiciones del General Oribe, puesto que entre ellas se en-
contraban las bases de que solamente tenian que ocuparse las
Potencias Mediadoras. Los Plenipotenciarios no habrían, sin
embargo, hesitado en prestarse á los deseos del señor Ministro
de Relaciones Exteriores, y pedir al señor General Oribe una
nueva respuesta mas categórica que la que habia dado, stnn
hecho, que todo el mundo conoce hoy, no hubiera venido á ha-
cer imposible el suceso de la misión confiada á los dos Agentes :
el señor General Oribe ha retirado las proposiciones que habia
presentado por su intermedio, y esta retractación es una repul-
sa formal de prestarse á la invitación que le habia sido dirigida
por los dos gobiernos, de tratar con Montevideo sobre las bases
sentadas por ellos.
Una nota de fecha 17 de Mayo no puede dejar duda áeste
respecto, y para que S. E. el señor Ministro de Relaciones Ex-
teriores pueda exactamente conocer los motivos que han obli-
gado al General Oribe á tomar la determinación que hace saber
el abajo firmado, agrega aquí una copia certificada de los párra-
fos mas importantes de esa misma nota.
La repulsa del Sr. General Oribe era una de las eventualida-
des necesaríamente previstas por las potencias mediadoras, y
los Plenipotenciarios habrían obrado conforme á las instruccio-
nes idénticas que habian recibido, si el Sr. Plenipotenciario de
Inglaterra no hubiera pasado al abajo firmado dos notas oficia-
les, datadas el 3 y 6 de este mes, para declararle que, desde que
el Gobierno francés no habia enviado nuevas instrucciones al
abajo firmado, ya no consideraba á los agentes como autoriza-
dos en ausencia de esos poderes indispensables (in the absence
of such requisito authoríty) á continuar la misión colectiva que
les habia sido confiada por sus gobiernos respectivos.
238 IIISTORU POLÍTICA T MILITAR
Esta determinación pone forzosamente un término á la mi-
sión que los dos Plenipotenciarios tenían de concierto que lle-
nar, y para obedecer á las órdenes que han recibido, el abajo fir-
mado volverá inmediatamente á Europa, después de haber sig-
nificado al gobierno de Buenos Aires que los gobiernos de Fran-
cia é Inglaterra le consideran obligado á respetar la indepen-
dencia de la República de Montevideo, por muchos testos for-
males, especialmente por la convención de 27 de Agosto de 1828
y por el articulo 4.*" de la convención de 29 de Octubre de 4840.
El abajo firmado aprovecha esta última ocasión para mani-
festar á S. E. el señor Ministro de Relaciones Exteriores toda la
pena que siente al ver que los esfuerzos que habia hecho para
restablecer la paz en este Estado son desgraciadamente inúti-
les. Y renueva también á S. E. la seguridad de sus sentimientos
de alta consideración.
BARÓN GROS.
Al Sr. D. Manuel Herrera v Obes, Ministro de Relaciones Exte-
rioreselc, etc., etc.
(copia).
Ministerio de Relaciones Exteriores del Estado Oriental del
Uruguay.
Cuartel gi^neral en el Corrito de la Victoria,
Maro 17 de I^IS.
Al Exmo. Sr. Plenipotenciario de Francia, Enviado en Misión
Especial al Plata, Barón (iros.
El que firma, por orden del Exmo. Sr. Presidente de la Re-
pública, Brigadier General D. Manuel Oribe,' tiene el honor de
dirigirse al Exmo. Sr. Plenipotenciario de Francia para hacerle
saber que habiendo este Gobierno pasado á manos del Exmo. de
la Confederación Argentina, como su aliado en la presente lu-
• cha, copia de la convención proyectada por intermedio de los
Exmos. señores Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra, para
DE LAS REPCBLICAS DEL PLATA 239
la pacificación de este Estado, con el objeto de consultar el
acuerdo, sobre la retirada de las divisiones auxiliares argen-
tinas, de que habla el articulo G.'^ de la expresada convención,
no ha creido el Exmo. Gobierno mencionado de la Confederación
Argentina, ser llegado el caso de retirarse las tropas auxiliares
argentinas, porque no solo juzga preservados por la antedicha
convención los derechos é intereses de las Repúblicas del Plata,
sino que al contrario, llama la atención de S. E. el Sr. Presiden-
te sobre los graves inconvenientes que traería su consumación.
En tal estado de cosas S. E. el Sr. Presidente de la República
no hubiese establecido, en el referido art. G.° el previo acuerdo
con el Exmo. Gobierno de la Confederación Argentina, sobre las
medidas que deberían tomarse para la retirada de las divisiones
auxiliares, previo acuerdo que siendo establecido sobre una
tan importante base de la proyectada coaveacion, como que de
la sola solución de ella depende la ejecución, en su caso, de to-
das las otras, mantienen necesariamente en suspenso, mientras
aquel no se verifique, toda la negociación, sin producir dere-
chos ni obligaciones para ninguna de las partes ; aunque es-
tos principios y la decidida intención deS. E. el Presidente de
marchar en todo de acuerdo con el Exmo. Gobierno de la Con-
federación Argentina, no hubiesen en varias ocasiones sido
presentados por el órgano del infrascrito á los Exmos. señores
Plenipotenciarios, y aunque el Emo. Sr. Presidente no liubiese
instado en esta ocasión al Exmo. Gobierno de la Confederación
Argentina para que se expresase con la franqueza amistosa á
que la alianza de ambas Repúblicas, sus mutuos sacrificios y su
interés común le autorizaban, siempre seria evidente que el
Exmo. Gobierno déla Confederación Argentina usaría, en vir-
* tud de todas esas consideraciones, de un derecho perfecto al
emitir su opinión, manifestar su modo de ver i respecto de la
proyectada convención, ó indicar también las condiciones con
que en guarda de sus intereses, se prestarla aun arreglo, dere-
949 HiyfORu peLtncA r MaiTAt
eho perfecto que en DÍngana manera le draputaria 9. í., toal-
qniera que fuese el interés que melase.
Por otra parte existe una tez que per
las razones expuestas no se puede obtener este beneficio de la
última proyecfoda conyencion por el intermedio de SS. EE. que
se registra en la nota que el infrascrito tiene el honor de dirigir
áSS.EE. por orden delExmo. Sr. Presidente, Brigadier General
D. Manuel Oribe fecha 34 de Abril próximo pasado, y que por
igual orden declara ahora el que firma no puede ser ya tomada
en consideración
• •• • • • ••••••••••••••
Esto, sin embargo, de ningún modo debilita los sentimientos
de estima y gratitijd que S. E, abriga hacia los EE. SS. Plenipo-
tenciarios, por sus esfuerzos en faror de la paz de estas regio-
nes ; que por su parte S. E. el Presidente vivamente desea.
Con tal motivo el infrascrito tiene el honor de saludar á los
EE. SS. Plenipotenciarios de Francia é Inglaterra con su mas al-
ta consideración.
(Firmado) — garlos g. vaiABEMOROs.
Está conforme — barón gros.
(traducción).
Núm. 24
Fragata de S. M. B. IneonstarUe, Montevideo Julio 8 do 1848.
El infrascrito recibió el 14 y el 29 de Mayo las dos notas que
S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores le hizo el honor de
dirigirle eH2 y el 27 de aquel mes.
En la nota del 12 S. E. afirma que el General Oribe lejos de
haber accedido pura y simplemente á la invitación que recibiera
para tratar de la paz con el Gobierno de Montevideo, sobre las
bases convenidas por las dos Potencias Mediadoras, habia al
contrario, ya sea aceptado condicionalmente, ó roto, de hecho
toda negociación.
El Ministro de R. E. pide asi misaio k los Pleiupoteaeíanos
qtre renben del General Oribe una respuesta mas categériea
que )a primera^ á ta solicitad qie se le dirigió en la nota de 3
de Abril últiiM, la ensat era sm dada semejante á la qme d Go-
bierno de Montevidea recibió el misma dia.
En h npota de 29 de Mayo el Ministro de Relaciones Exterio-
res pide al infrascrito le dé ¿ conocer los motivos que pveden
haber determinado al General Oribe á retractar las proposicio-
nes transmitidas por sa intermedio : retractación qae se tomo
oficial por la renovación de los hostilidades y por las notas qoe
el ínfirascito babia tenido el honor deremitir á S. B. con fechas
23 y 23 de Mayo; el Ministro de Relaciones Exteriores hace tam-
Uen presente á los Plenipotenciarios la crítica posición en qne
Montevideo se encuentra, y les pide qae adopten aquellas medi-
das qne él reputaindispensables para su mejora, y para asega-
rarla defensa de la ciadad, almenes durante el tiempo que
considerasen necesario para suspender su misión, es decir,
hasta la llegada de las noticias de Europa que esperaban, recibir
de un día á otro.
El infrascrito, cediendo á un alto sentimiento de convenien-
cia, que 8. E. el Ministro de Relaciones- Exteriores no puede
dejar de apreciar, juzga que debe abstenerse de entrar en inú-
tiles discusiones sobre las observaciones contenidas en esas dos
notas ; observaciones á que los Plenipotenciarios están tanto
mas lejos de asentir, cuanto que algunas de ellas se refieren á
hechos que S. E. no podia conocer á fondo, y reposan en supo-
siciones destituidas de fundamento.
Razón tiene S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores en
observar que los Plenipotenciarios no siendo Negociadores, sino
solamente autorizados para hacer conocer las resoluciones y
deseos de sus respectivos gobiernos, no tienen poderes para
entrar en ninguna clase de discusión sobre la materia.
Pero aun cuando no estuvieran autorizados á entrar en dis-
te
242 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
cusíones, era sin embargo de su deber hacer efectivos ios bne-
DOS oficios que habían ofrecido, y que habían sido aceptados;
así como transmitirá una ú otra de las partes beligerantes, las
proposiciones de paz, cualesquiera que ellas fuesen, presenta-
das por la otra, siempre que en las dichas proposiciones se
incluyesen las bases sentadas por las dos Potencias, particular-
mente la amnistía para los hijos del país ; la seguridad para las
personas y propiedades de los extranjeros ; el desarme de las
legiones, el retiro de las tropas argentinas y la simultaneidad
de estas dos últimas operaciones.
Si S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores al aceptar esas
bases, lo hubiese hecho acompañando una minuta de pacifica-
ción que empezase ó acabase por todas las cláusulas que juzgase
á propósito introducir, el infrascrito se habría apresurado á
transmitir sus propuestas al General Oribe, lo mismo que ha
sido su deber hacer llegar ámanos del Ministro de Relaciones
Exteriores, una copia de las presentadas por el General Oribe,
desde que ellas encierran las bases sobre las cuales tenían úni-
camente que insistir los poderes mediadores.
Sin embargo, los Plenipotenciarios no habrían trepidado en
acceder á los deseos del Ministro de Relaciones Exteriores, pre-
sentándose á pedir al General Oribe una respuesta mas categó-
rica que la que había dado, si un acontecimiento, hoy conocido
de todo el mundo, no hubiera he(jho imposible el buen éxito de
la misión confiada á los dos agentes.
El General Oribe ha retirado las propuestas que habia pre-
sentado por el intermedio de los Plenipotenciarios, á cuyo res-
pecto una nota del 17 de Mayo no deja duda alguna ; y á fin de
que S. E. el Ministro de Relaciones Exteriores conozca á fondo
los motivos que han inducido al General Oribe á adoptar la
determinación que en ella se registra, el infrascrito incluye una
copia certificada de los párrafos mas prominentes de esa nota. »
Etc., etc., etc.
BARÓN GROS.
DK LAS REPÜBUaS DEL PLATA 243
Estos párrafos no eran mas que la reproducción de los tér-
minos oficíales de la correspondencia del General Rosas, en los
que imperaba su absoluta voluntad respecto de las indicaciones
al General Oribe, sobre las bases propuestas, y retiradas con
muy poco respeto por parte del señor Rosas, y con gran sumi-
sión, por 1^ del señor Oribe, que engañó á los negociadores,
hasta que Rosas creyó llegado el momento de desengañarlos
arrogantemente, declarándose autor de la ruptura.
La Francia se ensañó con Oribe, instrumento de una volun-
tad despótica, y Montevideo quedó bloqueado de hecho, y en
situación no menos aflictiva que antes de la misión. ( 1 )
(1) A este respecto decia La Pressc^diario publicado en Francia con ca-
rácter imiepeiidiento — •
Cuando la noticia tan improvista do la revolución de Febrero llegó á
Montevideo, M. Gros, nuestro Ministro Plenipotenciario, estaba en víspe-
ras do concluir, firmando un arreglo sobre las bases de la convención
Hood, aceptadas i^mnlmente por el Gobierno Argentino y por el Presi-
dente de la República Oriental. La dificultad rejativa á la navegación
de los rios habiendo sido resuelta conforme á los princi[)ios del derecho
público, el Ministro de Inglaterra estaba perfectamente de acuerdo con
M. Gros, cuando este, pensando que sus poderes habían cesado al mis-
mo tiempo que el Gobierno que se los habia dado, volvió á Francia, don-
de eslá todavia. La cuenta que ha dado (de su misión ha hecho justicia
de todos los errores intenjsados por cuyo medio se ha logrado embro-
llar una cuestión muy sencilla; y como todos los Ministros que le han
precedido, el Ministro actual ha debido expedirá sus agentes instruccio-
nes conformes con la convención Hood, de naturaleza, por consiguiente,
capaz de |)roducir la pacificación tan deseada.
Sin embargo, los diarios han anunciado en estos últimos dias que ol
Gobierno habia hecho llamar al Sr. Almirante Lainó, que, como se sabe,
ha mandado ya la escuf.dra que tenemos en el Plata, y se ha concluido
i\ue pensaba en una nueva expedición. No hay nadie hoy que pueda te-
ner semejante idea, de proponer tal medida, sin cubrirH de ridiculo; y
debemos confesar que el Gobierno no na llegado todayiaá este punto.
Se trata de una expedición menos lejana, pero no meúos espinosa.
Cuando se supo en Montevideo que M. Gros iba á volver á Francia, los
jefes de la insurrec<:ion, los mienioros del Gobierno, y todos los interesa
dos en la prolongación de la guerra, le expusieron su extrema miseria,
y la imposibilidad absoluta en que estaban de sostenerse un solo dia
sin el apoyo y el dinero de la Francia. M. Gros, á pesar de la repug-
nancia quesentia en empeñar su responsabilidad, consitió en prome-
ter uua suma mensual de 200,000 francos; pero él hubiera auendo que
este dinero fuese aplicado solamente á las necesidades de los naciona-
les. No era esto lo que con venia al pretendido gobierno de Montevideo
y á los usureros que especulaban con su pobreza. Insistieron, pues, en
24i HISTOBU POLiTia T MILITAR
A8i terminó la aiision Gore y Gros.
Este último se embarcó con desuno á Francia en el vapor
Magellan en el mes de Junio de aquel ano.
EH3 de Junio se pasó á los agentes extranjeros resideates
en Montevideo, esta circular :
CONSULADO GENEBAL DE FRANQA
Circular á los miembros del Cuerpo Diplomático consular
de Montevideo.
Senor :
Tengo el honor de anunciaros, que, de conformidad con las
disposicioues prescritas por el señor Comisario Extraordinario
que estas 200,000 francos fueran dados á toda la guarnición: álos alema-
nes, á los italianos, á los españoles, lo mismo aue á los franceses. M.
Gros cedió también, y el Gobierno de Montevideo pudo descontar el
subsidio prometido.
Desde esta época lia s^irado letras de cambio que no han sido acepta-
das: cada bu(|ue que llega del Plata trae una nueva, y como los hom-
brcs de Montevideo, ó sus agentes, invocan la promesa que se les ha he-
cho, la cuestión empieza á hacerse embarazosa; tanto mas, cuanto (]U0
el Gobierno ha sabido que los franc^eses mismos do Montevideo acaban
por cansarse déla situación deplorable, l)ajo todos respectos, en queso
encuentran hace tanto tiempo, y (jue un gran número han procurado
poner término á ella. Seis ó setecientos de nuestros nacionales han pedi-
do pasaporte para salir déla ciudad; pero cómelos usureros, que son
los amos, han arrendado los pasaportes como to<lo lo demás, era menes-
ter pagarles, lo (¡uc no era posible. Desde entonces, el General Oribe
se ha apoderado de la Colonia y bloqueado a Montevideo mas estrecha-
mente que nunca. Es también desde entonces, y sabiendo estas noticias,
que M. Lainé ha sido llamado. El Gobierno ha (¡uerido sin duda conocer
suopinioD sobre la cuestión antes de pedirá la Asamblea la autoriza-
ción para pagafr las letras de cambio vencidas, es decir, poco mas ó me-
nos do 1.200,0qüá l.;300,000 francos.
La cuestión ebtá bien establecida así, y es en estos términos como
debia haberlo sido desde mucho tiempo. Porque el único medio de
concluir con ella, y concluir bien, es a[)rctar los cordones de la
bolsa: no hay otro. Es, pues, á la Asamblea á ouien conviene ver si la
Francia está en posición de dar cada mes ¿00,000 francos para enrique-
cer á usureros Ingleses, y para mantener aventureros de todos los
paisos, cuyas hazañas han tenido hasta aquí por único resultado com-
prometer el nomi)re de la Francia y arruinar su comercio con las pobla -
cienes de las márgenes del Plata Nos parece que tenemos bastante
con nuestros pobres, y la Asamblea sfiúae algo de eso En todo caso,
8i creyera deber pagar las letras vencidas, debería poner esta oondicioD,
DE LAS BEPÚlLiClS DEL FLáTl 245
de Francia, enviado en mísioB especial al Plata, el Uoqseo del
litoral de la Provincia de Buejios Aires, dejará de hacerse desde
este dia, por la esouadr^ francesa.
Sin embargo, ella continiiará bloqueando los puertos de ia
costa ée la República Oriental qne son osean ocupados por las
tropas al mando del General Oribe.
Ma sido acordado, por otra parte, para la salida de los buques
neutros de esos puertos, un plazo de 25 días, que espiraní el
10 de Julio próximo.
Admitid etc.
El Encargado de Negocios y Cónsul General de Francia.
A. DEVOIZE.
Montevideo, Junio 15 de 1848.
La falta de respeto en las fuerzas extranjeras, tomó creces (1)
(juo el dinero sirviese esclusivamenle para nuestros nacionales, á
quienes so establecería, bien en lo interior del Estado Oriental, bien en
el Brasil, ó bien so les traería aquí, según su elección.
Aquellos que solicitan pasaportes y á quienes se les niegan por falta
de dinero, acogerían semejante proyecto con reconocimiento ; y en
cuanto á los otros, es decir, los que prefieren vivir de la guerra civil
mas bien que de un trabajo honroso, ia Francia no tiene que ocuparse
mas do ellos ; y la falta inexcusable que ha come>tido el Gobierno ha
sido ocuparse tnnto tiempo de ellos.
Se^un lo (jue vemos en los diarios de Montevideo, parece que es esta
la opinión del Almirante Leprédour y de nuestro Cónsul M. Devoize.
Estamos muy lejos, segruraniente, de aprobcu* el pro(;eder samario de
que ha hecho uso este último respecto del Courrter de la Plata : pero
hay en este conflicto algo de significante. Este diario, fundado en el in-
terés del Gobierno do Montevideo, y sobre todo, de los usureros que lo
explotan, sintiendo que llegaba el fin de sus patrones, y el suyo de re-
chazo, echa la culpa á las autoridades Francesas, como si la Francia no
hubiera hecho bastante, y como si ella fuese responsabte de la miseria
Ldel aislamiento de un partido sin raices en el país, y que sucumbe
ijo el peso de sus yerros y de su descrédito. ^
M. Devoize se ha irritado de tanta impej^tinencia é ingratitud : ha
tenido razón. Pero^ no era menester desahogarse con un diario. Basta
cortar los vi venís á esas centes honradas que nos agradecen ocho ó diez
años de sacrificios diciénüooos injurias.
( De la Pre8Ae de París, de 5 de Diciembre último. )
( 1 1 Carta do Thiebaut al Ministro de la Guerra y Marina de Montevi-
deo.
Señor Ministro:
Los voluntarios del 4*. batallón y la compañía de inválidos reclaman
altamente el calzado, y sus oficiales no han (juerido recibir aquel que
les estaba destinado, mientras que su tropa no lo recibiese.
346 HISTORIA política T MILITAR
se subió de tono en el lenguaje que se usaba con el Gobierno,
y se llegó á amenazar su autoridad.
Terminada de un modo tan inesperado, y por causa tan injus-
tificable para el General Oribe, único responsable de las conse-
cuencias que acarreó su debilidad, el Gobierno de Montevideo
pasóá la Asamblea de Notables esta comunicación, que no es
sino un exacto resumen de los procedimientos de los Sres. Ro-
sas y Oribe.
El Poder Ejecutivo.
Montevideo, Junio 12 de 1848.
Honorable Asamblea de Notables-
La 4." intervención de Paz enviada por los Poderes interven-
tores acaba de fracasar. Ni los esfuerzos de todo género emplea-
dos por sus Plenipotenciarios, ni las deferencias del Gobierno
han sido bastantes á prevenir tan fatal resultado. La guerra si-
Las 4 compañías que estuvieron de destacamento en el Cerro, y que
recibieron el calzado en 12 de Diciembre, y que á la vuelta del destaca-
mento se hallaron con los zapatos enteramente destruidos, reclaman
también, ¡)or hallarse completamente descalzos, á pesar que no les toca
la renovación sino el 1^ de Marzo : pero, no obstante que no ha ven-
cido el tiempo, ellos están con los pies en el suelo, y con razón, ó sin
ella, se rehusan en gran parte en concurrir al servicio.
Es desgraciadamente cierto que la legión toda declara abiertamente
<|ue si no se le atiende con el vestuario, que espera desde tanto tiempo,
dejarán las armas para ir á buscar su vida á otra parte, cansados como
están de tantos sufrimientos y miserias.
Ks, pues, indispensable, señor Ministro, que V. E. tome estas recla-
maciones en seria consideración, no solo porque á la legión le asisten
solo la razón y la justicia, sino que también es una obligación sagrada
para el Gobierno, visto el estado manifiesto de desnudez en que se en-
cuentran oficiales y voluntarios: ¿y cómo podria ser de otro modo recor-
dándose que son ya 17 meses recorridos que recibió las camisetas,
mientras los demás cuerpos, escepto ellos y los vascos, han recibido
tres vestuarios cuando ellos uno?
La legión, señor Ministro, está muv disgustada, y á tal estremo que
hoy no son las promesas que la pueden satisfacer, porque tantas se le
han hecho, que no se han verificado, que ya serian superfinas todas
aquellas que se le podrían hacer.
La desconfianza es general, y por mas esfuerzos que so hagan para
ganar tiempo, ellos no harían sino provocar el murmullo que aumenta
cada vez mas los dias que está la legión de servicio. Esta situación no
es ya tolerable, y es de temer que lo que por ahora no pasa de recia-
DE LAS RBPOBLICAS DEL PLATA 2i7
gae, y las calamidades que ha mas de cinco años disecan á nues-
tro país, van á continuar. Esperemos que algún dia la provi-
dencia será justa con el causante de tantos males. D. Manuel
Oribe acaba de asumid toda la responsabilidad : él nació Orien-
tal : la patria le pedirá también, algún dia, cuenta severa de tan
abultado crimen.
Nunca, pues, el valor y la resignación han sido mas necesa-
rios. El P. E. tiene completa confianza en que, ni lo uno, ni lo
otro, faltará á los buenos defensores de la República : lo que
han hecho es una garantía de lo que harán aun : ese es el pre-
cio que tienen hoy el honor y la independencia nacional. Sin
embargo, el dolor se presentará á combatir su constancia, y, en
tal caso, es un deber de las autoridades encargadas de la direc-
ción de la defensa pública, mantenerla y apoyarla con la pala-
bra y el ejemplo. Para tan alta como grave tarea, el P. E. cuenta
con el poderoso auxilio del patriotismo y de las luces de la
H. Asamblea.
El resultado de la presente misión es un nuevo sol que ha ve-
maciones no llegue á ser exijencias, y tal vez no dejenere en una ma-
nifestación, que me parece indudable,' si V. E. me permitiera algunas
observaciones que dicen álfico de estas reclamaciones.
Se ha dicho, y dice ( sin duda con alguna intención } que la legión 2
los cazadores vascos hubieran podido con sus economías hacer lo mis-
mo que lo que han hecho los cuerpos que se han vestido con las eco-
nomías que se pretende que han hecho. A esto responderé, por lo que
á mí toca, como jefe de la legión.
En primer lugar señor Ministro, no puede haber economía sobre las
raciones sin perjudicar al soldado; y en mi administración, lejos de ha-
ber tales economías, se abona un aumento al Comisario para que la tro
pa reciba todo igualmente, tanto en cantidad como en calidad á menos
que y.E. entienda como economía las raciones que abonan á tal ó cual
cuerpo fuera de su efectivo, ó las que pueda recibir indebidamente.
La legión, Sr. Ministro, no está ciertamente, ni nunca ha sido com.-
prendida en el número de los privileiiados, por que ella no tiene exe-
dente do raciones, ni rendimientos ae personerías, ni de quintas, ni de
casas, ni de patentes, ni aumentos de barricas de harina, y solo tiene
las 13 mensualidades concedidas por V. E.
Se ha dicho también, y tal vez con la misma intención, que la legión
no tenia el número de plazas que presentaba en sus Estados: que tenia
un gran número de raciones superabundantes, y otro tanto por conse-
cuencia de calzado y de vestuario.
248 KISTO!» raLMu T wcnrAA
nidoá itamínary mostrar, en todo m esplender, te justicia y
sanlMad de nuestra cansa. Ta hojv Md iiapotentes las arterias de
nuestros enemigos, pava oscuraeer* el deresiiO' y el éeber eon
que combatimos. Son sus mismas sonfesiones las q<ie nos jhs^
tífican. Es el gobernador de^ Buenos Aires, proclamando, en
clara y alta voz, que, en su contienda con la República, no essn
objeto la presidencia de B. Manuel Oribe ; que no son sus pre-
tensiones las que sostiene ; que no es un simple auxiliar en esta
gnerra ; que en ella su interés es esencial y trascendentalmente
ai^entino, pues que rechaza y desbarata un arreglo de paz,
propuesto y basado en la presidencia de B. Manuel Oribe' y te-
das sus exigencias ; es, en fin, «^ mismo gobernador quien sin
arredrarse en los inconvenientes, ni consultar las susceptibili-
Esla calumnia no data de hoy, Sr. Ministro, pues que en 20 de Octu-
bre de 1847, escribía yo á V. K.\iuo me hiciera el favor de veriücar las
cuentas de la legión, sea por el Comisario General, ó por la Contaduría,
á fin do hacer desaparecer toda duda ofensiva á mi administración.
No he sido bastante feliz para conseguir una contestación, y así fué
propagándose é infundiéndose esta insidiosa noticia.
Pero, Sr. Ministro, era y es fácil hacer cesar esta calumnia, aue es-
pan*idaenel público, hace ¡meo honor á los (jue la consienten y (a pro-
pagan, y á las jefes contra <]uienes se dinje: este medio muy sencillo
de acattiar con estas pérí)das acusaciones consiste en conocer la fuerza
efectiva de los cuerpos de voluntarios, pasando una revista simultánea
de ellos. Ksta propuesta so hiro varias veces á V. E., por los jefes juntos,
y otras veces por sepanulo, y no hace diez dias que se la hice yo en el
¡iespacho, y hablando con V."e.
Es, pues, evidente que sin motivos |>eculiares se oponen á estas pro-
puestas, y no conviene á V. K. Yerificarias, los jefes no pueden ser
responsaliles de los abusos que puedan existir, si sc^ les niega el único
medio que está á su disposición, (previa venia , de cortar estas inculpa
dones ofensivas hnciéndolas injnstilicables.
En todo caso, Sr. Ministro, ¿puede ser la legión paciente de la política
de V. E., 6 de la emisión de alguna duda? ¿Tendrá ella que sufrir mise
rias y privaciones en consecuencia de su|>osiciones no justificadas? Per-
mítame V. E., decirle que si no es un pn^testo, es la mayor de las in-
justicias y de las parcialidades.
Reasumiendo lo espuesto debo detiarar francamente á V. E.que toda
demora t»s ya imi>osibK\ v que á V. E. solo |H.»rtenece hac.T ilesa|.wurecer
íA desi\>ntehto, procurando satisfacer á las justas reclamaciones de la
legión.
IMos guanle á V. E. muchos años.
J. C. ThiebanL
D¿ LAB RIPOlLiCiS DÜ. PLilA 249
dades de sa protegido, ie toma oon avano ñxmt, y coa resola-
cioQbiea calculada, le poQdásas espadas, rompe cuanto ha
hecho, y se preseola en la polémica como priucipal ó único
beligerante, diciendo :-- 5(^ yo quien no quiere la paz: ía
guerra, y la desaparición de la RepMica Oriental, son mis
pretensiones— Es D. Manuel Oribe abdicando desnuda y abier-
tamente toda su dignidad de hijo de este pais, y del carácter
con que él se ha investido, ante la voluntad férrea y la ambición
de un gobierno extrangero, que de un modo tan vergonzoso y
elocuente, le impone su obediencia, y le exige el sacrificio de
una patriaqueD. Manuel Oribe llama suya, y por cuyo mando
hace sesenta y cuatro meses que la asuela y la yerma. ; Hay algo
que pueda oponerse a estos dos hechos ? Oh I demos mil y mil
gracias al Todo Poderpso por este nuevo favor, con que ha veni-
do en nuestro auxilio.
Es preciso, pues, continuar en nuestra honrosa é imprescin-
dible tarea. Ahí está la vida de la patria : pereciendo y salván-
donos con ella probaremos que hemos sido y somos dignos de
tenerla. Los pueblos como los hombres, no trasmiten su nombre
á la posteridad, sino con proezas extraordinarias. Si en ello hay
sacrificios para nosotros, hay también inmensa gloria, honra y
dicha para nuestros hijos. El sitio de Montevideo cuenta ya mas
de cinco años. Este acontecimiento es uno de los mas grandes
y notables de los tiempos modernos. Hágase algo mas, y nues-
tros esfuerzos tendrán la mas espléndida recompensa.
Con los números 4 á 25, el P. E. tiene el honor de acompañar
las notas que ha cambiado con los Plenipotenciarios de los Po-
deres mediadores. En ellas verá V. H. el curso de este negocio,
su carácter é importancia.
También está consignada en ellas la conducta que ha observa-
do el P. E. Él cree haber hecho por la paz, cuanto le era permi-
tido hacer. Si tanto bien no ha podido obtener para la República,
el Gobierno está exento de toda inculpación. En esta posición
250 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
bien se puede esperar los acontecimientos. El P. E., sin em-
bargo, someto sus procedimientos á la sanción de V. H.
El P. E. lamenta sincera y profundamente, que, esta vez
también, el plenipotenciario Británico se haya creido desligado de
los deberes en que parece debian constituirlo los compromisos
recíprocos, tomados nuevamente por los Poderes interventores.
Hoy, menos que nunca, el P. E. puede alcanzar la razón de tal
procedimiento. Las esplicaciones que contiene la nota núm. 24
están muy distantes de ser satisfactorias. Esta conducta fija
tanto mas la atención del P. E. cuanto que, según las declaracio-
nes del Ministro de R. E. de Franófá, hechas en ambas Cámaras
del Cuerpo Legislativo, el Honorable predecesor del Caballero
(iore, fué desaprobado en sus procedimientos. Este suceso es
deplorable por su importancia política, y.el gran valor que el
P. E. di á la unión y perfecta conformidad de los gobiernos in-
terventores, en sus relaciones con nuestra cuestión.
El Plenipotenciario francés ha seguido otra conducta. Com-
prendiendo cuan comprometidos se verian el honor y la digni-
dad de su país, siguiendo aquel procedimiento, ha tomado otra
actitud. Ella, por lo menos, impórtala persistencia de la Fran-
cia en llevar adelante y hacer respetar tantos y tan serios com-
promisos como tiene ya contraidos en nuestra cuestión con el
Gobierno de Buenos Aires.
El bloqueo, bajo una forma rigorosa, de las costas de la Repú-
blica ocupadas por el enemigo, está acordado y ordenado por el
Plenipotenciario francés ; y á mas ha celebrado con el P. Ejecu-
tivo otras convenciones, necesarias para el sosten y defensa de
la causa nacional, mientras el Gobierno de Francia no hace saber
sus ulteriores y últimas resoluciones.
Es de esperar, que tanto la República Francesa, cuya política
acaba de ser formulada sobre principios tan nobles y generosos,
como el Gobierno <le la Gran Bretaña, pondrán pronto y definiti-
vo término á una posición tan vejatoria para el buen crédito de
DE LAS REPOBLIGAS DEL PLATA 25t
SUS nombres, j tan inconciliable con su poder y los estrictos de-
beres que les impone la posición qne han asumido. El P. E. se
lisonjea de ello, porque, cualquiera que sea en este momento la
conducta de los agentes de aquellos poderes, no duda que estos
continuarán, como hasta aqui, obrando de concierto, para ha-
cer efectiva la independencia de la República, y dar á estos paí-
ses la paz y la seguridad de que tanto necesitan.
Llenada la tarea que se impuso el P. E., solo le resta pedir á
la H. A. quiera aceptar su respeto y alta consideración.
JOAQUÍN SUAREZ.
Manuel Herrera y Obes.
Para el General Oribe nopodiadarseun arreglo mas satisfac-
torio : su poder quedaba en pié y sus enemigos vencidos. En
su consejo de Ministros el General Diaz le hostigó para que rom-
piese los vínculos que fatalmente le ligaban al General Rosas,
con perjuicio de su porvenir y de su nombre, yaque el de su
patria no era debidamente tomado en cuenta ; pero nada pudo
conseguir — El General Oribe tuvo ocasión mas tarde de arre-
pentirse de su debilidad, pero era doblemente tarde, porque ya
estaba vencido.
Según la Gaceta Mercantil, órgano del General Rosas, los se-
ñores Gore y Gros habian terminado sus procedimientos, pa-
sando al Gobierno de Buenos Aires, escluido de toda discusión,
las notas de Julio 8 y 16, recordando recien que no eran nego-
ciadores, sino mediadores, y como tales no podian devolver la
escuadra é Isla de Martin García, ni dar un corte decisivo res-
pecto de la invasión de los rios Paraná y Uruguay.
Negaba la Gaceta que el General Oribe hubiese sido forzado á
retractar su palabra, y no reconocia en los señores Gore y Gros,
otra misión que la de retractar compromisos anteriores de sus
Gobiernos, y proseguir la intervención, verdadero caballo de
batallado los planes políticos del Genenil Rosas.
352 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
El General Oribe era pues, se^Qn el órgano oficial porteño,
acusado injustamente ante la(^iaioa, por los seiiores Gorey
Gros, que juzgaron salir por este medio de las dificultades
creadas.
Los señores mediadores sabían perfectamente que todo lo dis-
cutido con el General Oribe y todo lo que este mismo propuso,
tenia una dependencia absoluta é inmediata el avenimiento del
General Rosas, condición si ríe qua non, arniigada on la alianza,
que debió ser repelida in limim, antes de en trarjit tratar con el
General Oribe, tanto míis, cuando el Geaftral Rosas dejó siem-
pre subsistente su derecho de beligerante. :
Examinemos ligeramente algunas circunstancias que ponen
de relieve ia conducta de los Generales Rosas y Oribe en esta
ocasión.
Cuando llegaron los Agentes á Montevideo avisaron a los tres
gobiernos en lucha (jue venian á tratar de restablecer la paz en
el Rio de la Plata, en cuyo deseo no habian cesado de perseverar
sus respectivos soberanos.
A este aviso respondió un avenimiento completo por parte del
General Oribe y el Gobierno de Montevideo, habiéndolo partici-
pado á Rosas el primero.
Rosas contestó entonces á Oribe, que la tendencia de la mi-
sión, era dar á la negociación un carácter absohitamente
militar, sindeclinar el de interventores : dividir las cuestiones;
dejar sin solución asuntos políticos implicados en ellas, y de-
sentenderse de las bases Hood — Lo que quedaba plenamente
probado desde que no se empezaba por reconocer al mismo
Oribe como Presidente legal de la República Oriental, reunién-
dose á esto, la actitud que tomaba el señor Gore, después que
Lord Howden había dado por terminada toda inten^encion en el
Plata, concluyendo el señor Rosas por tachar de aislada la re-
ferida intervención. Sin embargo de esto, el General Oribe
hizo á un lado los argumentos del señor Rosas, y contestó de
• DK LAS REPÜBUGA8 DEL PLATA 353
perfecto acaerdo á los mediadores, al mismo tiempo que escri-
bia al General Rosas diciéndola que había preyisto el carácter
que se qaena dar á la negociación, y esperaba conocerla mar-
cha de los Ministros para reglar la saya. Por lo demás, el Gene-
ral Oribe no manifestó preveer tíi esperar nada, y si sucedió lo
contrario, fu^muy raro, que conociendo que se tendia áescluir
á Rosas (que era el verdadero obstáculo y así lo conocieron los
gobiernos europeos) y que se le hacían exigencias agenas al
compromiso ^teríor dejando á un lado las bases Hood, y que
se le ofendía en conclusión no reconociéndole como Presidente
de la República, coatestase como lo hizo entonces cediendo de
plano á los deseos de los mediadores, para abjurar después de
sus propias ideas en vista de la aprobación del General Rosas,
adoptar las ordenes de este, y producir finalmente bajo su firma
el triste documento que hemos registrado con el número 9, que
no es otra cosa, sino una completa retractación de su palabra
escrita.
Los Ministros mediadores presentaron al señor Oribe las
cuatro bases propuestas á los beligerantes ; y habiéndole invi-
tado á tratar con el Gobierno de Montevideo, se tomó el señor
Oribe 17 días para contestar, incluyendo siete proposiciones
aconsejadas por el General Díaz, y escritas bajo su dictado, las
que ya dejamos publítadas, y en las que no quiso asentir el Sr.
Rosas solícitamente instado á ello, forzando al General Oribe á
una retractación bochornosa.
El General Oribe no podía proceder por ignorancia, y lejos
de eso tenia la convicción de su derecho para conducirse así,
tanto mas cuando la reforma que él liizo á las proposiciones
salvaban para él de un modo decoroso, los principios de la lu-
cha, colmando sus aspiraciones, y asegurándole como lo hemos
dicho antes un completo triunfo.
El señor Rosas no tenia pues motivo ostensible para privar á
su aliado, de un éxito tanto tiempo buscado, y por el que se
254 HISTORU POLÍTICA Y MILITAR
había consumado tanto sacrificio y derramamiento de sangre ;
debia por lo menos desearlo ; pero muy lejos de esto, se suble-
va contra el triunfo de su aliado, y desploma sobre él su desa-
piadada indignación, por medio de su nota de 8 de Mayo, en la
cual concluye por amenazarle. Y no es solo esto. El señor Ro-
sas hace constar en su órgano oficial, que el (lenerial Oribe ha-
bia procedido en todo después de una detenida y sensata dis-
cusión con los señores Ministros mediadores, después de una
franca é ilustrada discusión con el señor Rosas. Esta aserción,
cuyo atrevimiento venia á desmentirse inmediatamente, por los
mismos documentos publicados entre los que figuraban, la de-
saprobación del General Rosas, y la retractación del señor
Oribe, solo sirvió para poner de relieve la conducta del dicta-
dor, y el triste rol jugado por el (leneral Oribe, en tan mezquino
asunto prestándose atan repetidos y tristes papeles.
El señor Rosas no emite opinión en su nota de repulsa : —
muy al contrario, y muy terminantemente resuelve y ordena,
se declare que las bases son inadmisibles ; sino son tan latas
para arreglar todas las cuestiones pendientes y complicadas :
resuelve igualmente no retirar sus tropas, porque aun no han
llenado los objetos de su presencia en el Estado Oriental 1 1 Y
después de una humillación semejante, el señor Oribe era alta-
mente encomiado en la Gaceta oficial del General Rosas ! ! —
En esa Gaceta se decía, que Oribe habia retirado sus proposi-
ciones, porque al instruirse de la nota número 12 habia com-
prendido con su ilustración innegable , el grave é irritante
insulto que se hacia á su patria desconociéndosele su legítimo
carácter de Presidente de la República, y pretendiendo aislarle
de su aliado I
Verdaderamente, el General Rosas tenia grandes condiciones,
para sostener en pié osa gran masa de absurdos que consti-
tuían la fuerza principal de su política respecto del Estado
Oriental.
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 255
El 9 de Junio el Sr. Gore presentó sus credenciales al Go-
bierno de Montevideo, y fué reconocido con la misma fecha.
Los Generales Rosas y Oribe acababan de hacer un brillante
•r'
negocio político : el primero con su ambición despótica: el se-
gundo con su falta de vistas, y mal meditada sumisión — Pode-
mos equivocarnos en esta apreciación; pero si no erí» esto ¿qué
pretendían estos hombres?
En Noviembre de 1848 se declaró oficialmente que dejaban de
pertenecer á la Asamblea de Notables, los Generales D. Fruc-
tuoso Rivera, D. José Garibaldi, coroneles D. Gabriel Velazco,
ciudadanos D. Ffiíncisco Hordeñana, D. Manuel Otero, Antolin
Vidal, Juan Gutiérrez Moreno, y Antonio Fernandez, y con fegha
21 del mismo raes, se nombró para reemplazarlos, á los corone-
les D. Francisco Tajes, Manuel Freiré, comandante José María
Echandia, ciudadanos Carlos Muñoz, Adolfo Rodríguez, Rafael
Fernandez Echeaique, y Juan Manuel Besnes é Irigoyen.
El lo de Marzo del mismo año el Dr. D. Manuel Herrera y
Obes, pasó al cuerpo diplomático estrangero, una circular, de
cuyo tenor dá cuéntala nota que damos á continuación.
Montevideo, Marzo 18 do 1848.
Los infrascritos, miembros del Cuerpo Diplomático y consu-
lar residentes en Montevideo, han recibido por conducto del
Sr. Encargado de Negocios del Brasil, decano de este cuerpo, la
nota colectiva qué S. E. el Sr. Ministro de Negocios Extrange-
ros ha dirigido al mismo cuerpo diplomático y consular el 13
del corriente mes de Marzo.
En esa nota el Sr. Ministro cxpon;3 las circunstancias emba-
razantes y difíciles en que se halla el Gobierno del Estado para
obtener los medios de continuar la defensa de la ciudad, y man-
tener la tranquilidad y seguridad de las vidas y propiedades,
sin emplear medidas fuertes y violentas. Pero para obtener es-
tos dos resultados, sin recurrirá medidas semejantes, el Señor
236 BISTORU POLÍTICA T MIUTAB
Ministro declara que le será suficieate el empréstito de la canti-
dad de cincuenta mil pesos, para cuyo abono el Gobierno se
obligaría con la parte que le toca de las rentas de la aduana,
desde el r del próximo mes de Abril : pero como este emprés-
tito no puede realizarse sin el empleo de los fondos extrange-
ros, el Sr. Ministro desea que los Representantes y Agentes de
los Gobiernos extrangeros acreditados cerca del Gobierno de la
República, pongan en ejercicio las medidas que su posición ofi-
cial les dá, para persuadir y convencer á los subditos de sus
Gobiernos respectivos que está en el interés mismo de estos
subditos entrar en esta medida financiera. '*
Los infrascritos sienten con el dolor mas profundo los de-
plorables efectos de la guerra que despedaza el Estado Orien-
tal; dirijen votos al Cielo por que vuelvan lo mas pronto posible
sobre el horizonte de la República los dias de paz y de prospe-
ridad; y al mismo tiempo aprecian justa y debidamente los sen-
timientos de benevolencia y benignidad de que el Gobierno se
declara animado hacia los subditos délas naciones extrangeras
domiciliados en Montevideo. Pero los infrascritos, en su posi-
ción, como Agentes de Gobiernos perfectamente neutrales en la
lucha que desgraciadamente agita á las dos Repúblicas del Pla-
ta, se ven obligados á no salir de los limites que la ley de las na-
ciones les prescribe, y que le son trazados en las instrucciones
de sus gobiernos respectivos; y tanto aquellos como estas se-
rán comprometidas por los infrascritos en el caso que hiciesen
uso, de cualquier modo que fuese, de la ventaja de su posición
oficial respectiva para favorecer á alguna de las partes belije-
rantes.
Por lo que respecta á lo que podia haber en esto de menos
ventajoso en la opinión para los extrangeros neutrales residen-
tes en la ciudad de Montevideo, los infrascritos reposan no
solamente en los sentimientos de benevoleaoia y benigni-
dad de los que han tenido ya el honor de hacer mención.
/
D¿ LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 257
sino también en la rigorosa observancia de los principios y re-
glas del derecho de geites, sobre cuya aplicación exacta á los
intereses y personas de sus subditos respectivos es de su deber
velar constantemente.
Los infrascritos aprovechan esta ocasión para saludar á S. E.
el Sr. Ministro de Negocios Extrangeros con la espresion since-
ra de su respeto, perfecta estima y alta consideración.
Nota del Sr, Emargado de Negocios ds Francia en Montevideo
Adhiero al complexo de la opinión emitida colectivamente en
la nota precedente, reservando empero la excepción que resulta
de la posición particular de mi Gobierno con respecto al Gobier-
no Oriental.
A S. E. el Sr. Ministro de Negocios Extrangeros, etc., etc., etc.
Como se vé, el objeto de la circular del Gobierno de Montevi-
deo, era obtener fondos, recabados por medio de los Agentes
diplomáticos extrangeros, de sus nacionales.
Este acto era sin embargo contrario á la neutralidad, desde
que aquellos recursos eran dirigidos á sostener la guerra por
parte de uno de los beligerantes, y los agentes extrangeros, no
podían tomar sobre sí tal responsabilidad.
La contestación de aquellos Ministros no pódia pues ser otra,
que la que aconseja la previsión en estos casos.
Suoosos do la Oolonla
El asedio de la Colonia, donde se habían acumulado elemen-
tos de la plaza de Montevideo, apoyados por fuerzas y buques
de la marina francesa, había sido estrechado por las fuerzas del
comandante D. Lucas Moreno.
El 1 5 de Enero fué muerto en una guerrilla sobre la linea de
aquel asedio, un negro perteneciente á las fuerzas sitiadas, lla-
mado Arenas, conocido por el mas vaqueano y emprendedor de
aquella guarnición. Con este motivo decia el coronel Moreno lo
siguiente, dirigiéndose al General Oribe.
17
258 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
« He sabido que los salvages unitarios de la Colonia recogie-
ron el cadáver del negro Arenas a los tres dias de muerto y
cuando los perros se lo hablan comido. El indio Medina, que
no habla olvidado las lecciones del manco Paz, llevó el cadáver
frente» á su tropa y proclamó que nosotros habiamos despeda-
zado al negro, y que parecia que hasta asados le habiamos sa-
cado ; sin duda, para hacer creer á los suyos que los nuestros
tienen el hambre que los d(»vor;i á ellos en la Colonia. Un solda-
do de la formaciuii que dijo : « Es mentira eso que dice, pues
se conocí' quo es comido de ptTros » en el acto fué preso y pues-
to con una barra do grillos, donde está hasta ahora. »
« ILigo á V. S. esta relación porque no será estrano que elve-
rídico Comercio de Várela salga diciendo que churrasqueamos
la carne de «-adá veres de los salvajes unitarios. »
Este hí'cho ñor su carácter dio lugar á examen — Véase como
se fuero:) produciendo los datos — Pocos dias después se pre-
sentó en la Colonia un soldado de los sitiadores, y declaró cpie
rl negro Arenas habia sido lomado en una descubierta y muer-
to en la cosía del bañado el mismo dia de su captura — En esos
m')menL<)s !!?gnha una imaginaria que recorra -el Hiampo, tra-
yendo un pió y parte .de la pierna del soldado Arenas, qae ha-
bia sido quiladaá un perro que la traia de afuera. Pocos dias
después, una descubierta enconlró sobre el ¡kvo de Paonero,
en el.'iri'ivo 'kl Molino, los restos de Arenas, cuvos miembros
dis.oersos parecia que hubiesen sido descuartizados, hallándose
de distancia aüilisL-incia las piernas, brazos y cuerpo. >ío pre-
s«;nl:;!)a üíra íio/ida que el cráneo desecho. Arenas fué toma-
do porufiL; pür!i:!adol capitán León ñeniles, á quien |)erteneció
ü¡ i'oferid:; ijegro, y desertó llevándole una trofíiHa de caballos.
Muy pocos (lias antes de este suceso, el comandante Moreno
pasaba al Goiiera! Oribe el parte que registramos.
«Lineado laColonia, Diciembre 1 5- de 1847. — Al Sr. (rene-
ra!, Jefe -le !as fuerzas al Sud del Rio ¡Negro, Brigadier I). Igna-
cio Oribe.
i
DE LIS REPOBUGAS DEL PLATA 3H9
« Señor General : — Los facinerosos salvajes unitarios Juan
Escalada y Gregorio Villalba, acaban de ser fusilados en casti-
go de sus muchos crímenes, y los cuales fueron tomados el doce
del corriente en los bosques de Martín Chico, por el activo te-
niente D. Plácido Machado. Estos asesinos, con Simón Maidana,
hablan sido mandados por los salvajes unitarios de Martin Gar-
cía en la noche anterior á carnear en nuestras playas. En aten-
ción á ser muy joven el último, se le ha castigado con scücien-
tos azotes, y destinudo con una cade^ia á trabajos, salvándo-
sele la vida. Todo lo que deseo sea de la aprobación de V. S.
« Dios guarde á V. S. muchos años. — Lucas Moreno. »
Este hecho, así como el ejercido en cuatro españoles con
corto intervalo de tiempo, los que sufrieron igual suerte como
corsarios ó contrabandistas, no era mas que la ejecución del
decreto del General Oribe de 23 de Febrero de 1 817, por el que
se declaraban piratas, é imponía pena de muerte, « al patrón ó
« capitán, é individuos de la tripulación de los ])uques que lle-
« garen á ?er aprehendidos en la operación de embarcar gana-
re dos sin péfmiso especial, sobre las costas de la República, »
disposición que se hacía estensiva á los buques y subditos de
todas las naciones. . *
Contra esta disposición solo reclamó el^rasil y esa recla-
mación fué publicada por el Gobierno imperial.
En cuanto á los demás agentes estrangeros la otorgaron ghar-
dando silencio un(p, y acusando recibo déla circular, otros.
El asedio de la Colonia continuó con alternativas de mas ó
menos interés, hasta el 18 de Agosto de 1848, en que fué to-
mada aquella ciudad por asalto. De ese episodio dan cuenta
los datos oficiales. Examínense.
260 HISTORIA POLínCA Y MIUTIR
i YIYÁIf LOS DIFENSORKS DR LAS LEVES 1
¡ MUERAN LOS SALYAiES UNITARIOS i
El Jefe de la División en Operaciones en el Departamento de ía
Colonia.
Colonia, Agosto 2S de 1848.
Al señor General Jefe de las fuerzas al Sud del Aio Negro, Bri-
gadier D. Ignacio Oribe.
Señor General .
El 1 8 á la tarde, tave el honor de avisar V. E. el asalto y toma
de la Colonia por las valientes fuerzas á mis órdenes y hoy cum-
plo con el deber de dar á Y. E. los detalles de este glorioso su-
ceso.
La plaza, foseada y amurallada según la arquitectura militar
del siglo pasado, habia sido de nuevo recorrida por las fuerzas
anglo— francesas que la ocupaban después déla intervención.
En sus dos cubos y dos baluartes tenia 1 i piezas de artillería
de diferentes calibres. El bergantín francés Adonu de 46 caño-
nes la defendía por el Norte, á distancia de diez eoadras, y al
Sud el vapor Fulton con dos cañones de á 80 y dos de á 24, á
300 varas. ^
La línea exterior cWfendida por los buques, los cañones y fu-
siles de la muralla, comenzaba por su izquierda con la batería
de la Retama, de tres cañones, y seguían cuatro cantones que
guarnecían los llamados escuadrón Escolta, f|pcnadron 4 .'' y 1 .*
compañía de Guardia Nacional. En el que vivía el traidor salva-
je unitario Anacleto Medina, tenia una pieza volante.
Las dos compañías denopiinadas Voluntarios Vascos, la se-
gunda de la Guardia Nacional, la de empleados, la Pasiva y el
cuerpo de oficiales defendían la muralla.
Con pleno conocimiento de esta posición dispuse asaltar y
tomar la plaza. Al efecto, desde algunas noches anteriores hice
DE LIS BEPCBLICAS DSL PLATA 261
tirotear la linea exterior y aan en la del asalto se hizo esto mis-
mo á las once j media con el objeto de cansar al enemiga
y que no le cansasen mayor alarma los primeros tiros para po-
der ganar el terreno queme era necesario.
Yo sabia que el salvaje unitario Anacleto Medina, habia orde-
nado que, en caso de un ataque, se replegase á la plaza toda su
fuerza de los cantones á escepcion de la batería, y comprendí
que era necesario cortar toda su linea exterior donde tenia su
mejor tropa.
Nuestro ataque ha sido llevado del modo siguiente :
La primera y segunda compañía del batallón « Defensores de
la Independencia Oriental r^ á las órdenes del muy distinguido
y denodado mayor D. Juan E. Lenguas, fueron destinadas á
penetrar por entre el agua y las peñas y escalar el cubo del Sud.
El valiente capitán D. León Benites con 60 Guardias Nacionales
de caballería, fué destinado á hacer un ataque de diversión so-^
bre la parte Norte de la muralla.
Al bravo entre los valientes capitán D. Ensebio Carrasco, cou
cuatro oficiales y cuarenta soldados de la Escolta deS. E.el
señor Presidente de la República, lo destiné á echar pié á tier-
ra en el portón, y que abriéndolo con las hachas que llevaba,
evitase que entrasen los salvajes unitarios, qwlí estaban afuera.
Las compañías « Volteadores » y tercera de « Defensores )►
bajo mis inmediatas órdenes, tenían por objeto sostener al ca-
pitán Carrasco y entrar por el portón. De ellas destiné una mi-
tad á las órdenes del teniente de Volteadores D. Benigno Pérez
para que llamase la atención sobre el terreno que media entre
el portón y Cubo del Sad.
Al valiente teniente coronel D. Leandro Villanueva con tres
Escuadrones de Caballería, y al benemérito comandante D. José
M . Reyes con el suyo, los dejé situados afuera de las quintas
para evitar pudieran salir á la campana los salvajes unitarios.
Con estas disposiciones marché al ataque á la$ tres menos
S63 HISTORIA política t militar
cuarto de la mauana del 18 del corriente. Ocho cuadras antes
de llegar a la muralla encontramos las escuchas enemigas, y
desde alli corrió á escape el capitán Carrasco, y á paso de trote
la infantería, á llenar cada uno el objeto á que había sido desti-
nado.
Pronto rompió el fuego el Fulton, siguiendo los cañones de
la muralla, y los fusiles de esta y del cantón de nacionales á
200 yaras del Portón. En este hacían prodigios de yalor los ofi*
cíales y soldados de la escolta de S. E., recibiendo solos y por
mas de cinco minutos, el fuego á quema-ropa, y las grandes
piedras que los salvajes unitarios arrojaban contra ellos, hasta
que llegué con la infantería.
£1 mayor Lenguas, despreciando los tiros á metralla ádFul'
ton y del Cubo, fué el primero que con la mitad que mandaba el
bizarro capitán D. José Uguarte, entró en la plaza, sin embargo
de la valerosa resistencia que hacia la tropa enemiga.
Los salvajes unitarios de los escuadrones escolta y P. venían
á piéy paso de trote i entrar por el portón, y rompieron el fue-
go sobre mi flanco derecho. Entonces ordené al distinguido
sargento mayor D. Constancio Otondo, los cargase á la bayoneta
con la compañía de Volteadores ; al ejecutarlo se dispersaron
aquellos y disparando para el Norte, fueron a encontrar las lan-
zas y tercerolas del capitán Benítez que había entrado por la de-
recha á cumplir las órdenes que se le dieron.
Deteniendo á los Volteadores se les mandó envainar y dirijir
sus fuegos sobre el cantón de nacionales que nos tomaba por
la espalda. Entretanto, el capitán Carrasco habia hecho un agu-
jero en el portón y entrando por él el valiente soldado Valentín
Machena (que he ascendido á sargento) rompió el candado de la
falleba que lo cerraba, el cual abierto, entraron los valiente ofi-
ciales y tropa de la escolta, sembrando la muerte y el terror en-
tre los salvajes unitarios, á la vez que otro tanto hacían las com-
pañías del batallón mandadas por el mayor Lenguas y las cuales
jí
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 263
demostraban la bravura y disciplina que supo ensenarles su
acreditado jefe el teniente coronel Rincón, que por tantas veces
ha conducido á la victoria á sus veteranos soldados.
En el momento de abierto el portón ordené al capitán D. Luis
Pereira entrase con la 2" compañía que había estado haciendo
fuego al baluarte del Sud. ^
Las voces ¡¡vim Oribe! I resonaban en la plaza: lasbaterias
enemigas eran abandonadas y solo los buques de guerra hacian
fuego. Los salvajes unitarios disparaban en todas direcciones;
la victoria era nuestra. En tal estado, mandé hacer alto, cesar
el fuego, tOGíir reunión y formar las compañías al frcnto de la
muralla.
Fácil me era alcanzar á los que disparaban á embarcarse al
puerto ; poro tuve presente (jue alli habia mujeres y niños y
personas inofensivas que el temor habria llevado, y preferí el
que se salvasen los salvajes unitarios á que hubiese una sola
víctima inocente.
Organizadas las fuerzas y pasados los primeros momentos,
destiné al capitán Ugaríe con su compañía á lo interior de la
ciudad á mantener el urden y con la prevención de no tirar un
tiro sino en el caso de encontrar fuerza que lo atacase. No tar-
dó en regresar trayendo treinta prisioneros.
A la media hora de emprendido el asalto habia cesado el es-
truendo de las armas, y si es glorioso paralas nuestras el triiui-
¡b alcanzado en la mañana del 18, no lo es menos el que ni una-
sola casa haya sido saqueada por nuestros bravos soldados,
sin embargo, de que, varias habian sido abandonadas : hecho
no común en la guerra y propio solo de los sohlados del Plata
(}ue combaten por su gloriosa Libertad y su Independencia. .
Tomada la plaza quedaron sosteniéndose el Cantón de Nacio-
nales y batería, sobre cuyos puntos prohibí se hiciera fuego.
Después que aclaró el dia, le mandé intimar que se rindiesen ;
pero el temor y la protección que les ofrecían los franceses para
embarcarse, los conservó en su puesto.
264 HISTORIA política t militar
Era daeño de la artilleria de la plaza y podría arrasar el cao-
ton de nacionales, pero esos eran orientales y no olvidé que
tanlo V. S. como S. E. el señor Presidente de la República en
SQ magnánima y generosa política, sa mayor complacencia es
perdonar: ofrecí, pues, completo indulto á esos desgraciados
para que se entregasen y me evitasen el disgusto de hacer cor-
rer mas sangre.
D. Domingo Cosío, que mandaba como teniente, vino á ofre-
cerme hacerlo con setenta compañeros confiando en nuestra
generosidad, y les he ofrecido bajo mi palabra que serán |)erdo-
nados. To suplico á V. S. respetuosamente se digne honrar el
compromiso que he contraido con esos hombres, que aunque
criminales, son orientales y desgraciados.
De la fuerza que había en la batería, por su cercanía al río y
por la protección de los buques y lanchas francesas, lograron .
embarcarse treinta y ocho salvajes unitarios. El valiente tenien-
te D. Francisco Laguna con una guerrilla del 3'"' escuadrón de
la guardia nacional les mató algunos hombres antes de veri-
íicarlo.
A las 3 de la tarde del día 48 de Agosto ha quedado libre el
Departamento de la Colonia y los vencedores de este día presen-
tan ante su Patria y como trofeo de ella, la libertad de un pueblo
que conquistaron las fuerzas anglo-francesas, que lo sostenían
con sus cañones tan despreciados por los argentinos y orien-
tales.
Setenta y tres muertos, doscientos treinta y cinco prisione-
ros, veinte piezas de artillería, su parque, armamento y muni-
ciones quedaron en nuestro poder, según demuestra la relación
que adjunto á Y . S. asi como la lista de los prisioneros, el esta^
do de la fuerza que tenían los salvajes unitarios y mn plano de
la plaza y extramuros de la ciudad demarcando las posiciones
enemigas y la situación de los baques de guerra.
Rindo al Ser Supremo mi mas ferviente reconocímieDto por
DE LAS REPÜBLICAS DEL PiATi 265
el triunfo que hemos alcanzado y por que solo bajamos de la-
mentar )a irreparable pérdida del TaHente leniente D. Gregorio
del Cerro y cuatro iAdivíditos de tropa muertos.
Los heridos son tres oficiales y veinte y seis de tropa cuyos
nombres adjunto, los que se curan coa el mayor esmero. Igual
asistencia se tiene ron los que eran <lel enemigo.
Entre los muertos salvajes unitarios se han conocido á los ti-
tulados coronel Ramos, mayor Santin, oficiales Raya, Montoro,
Casco, Díaz, Andrés Torres y Felipe López. Los dos últimos^
muertos á palos en el agua por los marinos franceses para ha-
cerlos retirar de las lanchas que consideraban con demasiada
gente.
El cobarde Anacleto Medina disparó á embarcarse á los pri-
meros tiros : corría en camisa y calzoncillos llevando en la
mano las charreteras de Brigadier, que remito á V. S. á nombre^
de la división y las cuales arrojó al agua, conociendo sin duda
cuan indignos de ellas son los cobardes.
Al cerrar esta nota faltaria á mi deber si no dijese á V. S. que
la gloria en el asalto de la Colonia corresponde en su mayor
parte al denodado Mayor Lenguas y al esforzado capitán Carras-
co, y al recomendarlos á V. S, lo hago también de la bizarra
comportacion del Sargento Mayor Graduado Otondo, Capitanes
Benites, Ugarte, Pereira, Machuca y Pueblas : Tenientes don
Gregorio Abalos, D. Pedro José Rios, D. Isaac Carrasco, D. Se-^
gundo Pueblas, D. Francisco Laguna, D. Fabián Cabrera, don
Ángel Pérez y D. Benigno Pérez : Alférez D. Juan Gil, D. Gabriel
Villagran, D. José Arredondo, D. Francisco Pirez, D. Fernanda
Ortizy D. Pedro Carro, y de mis ayudantes Capitán D. Luis Gil,
Teniente D. Emilio Giró y D. Pacifico Iraola que lian llenada
cumplidamente sus órdenes.
Dios guarde á V. S. muchos años.
Lucas Moreno.
t^
" 1.
206 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Oaedaron prisioneros en poder de Moreno, 2 tenientes co-
roneles, 3 sargentos mayores, 9 capitanes, 15 tenientes, 7 alfé-
reces, 8 músicos y 184 individuos de tropa.
Al parte se adjuntaba el estado de las fuei^as de la guarni-
ción de la plaza el día que fué asaltada, sacado por el que se
lomo en el archivo de fecha 15 de Agosto, y por la revista de la
misma fecha. También el inventario del armamento, municio-
nes y demás artículos tomados.
DE LAS RBPCBLICAS DEL PLATA
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268 HISTORIA POLtnCÁ T MILITAR
Se tomaron 20 piezas de artillería, entre ellas seis fulminan-
les, con sos montajes y municiones, 288 fasites, y cantidad de
armas de toda clase.
Se embarcaron abordo de los baques franceses las siguientes
familias :
Familia del General Fructuoso Rivera y Labandera, 10 perso-
nas ; de Praga, 2 personas ; de Montes, 5 personas ; del francés
Durdos, 4 personas ; del francés Rucon, i personas ; de Evrás,
2 persoBas ; del francés Debdrieur, 2 personas.
El Jefe de la Estación francesa dirigió ai comandante Moreno
la signiente neta :
Hiúm. 4.
Al señor Coronel Comandante de las fuerzas de la Colonia.
Señor Coronel :
V. S. habiéndose apoderado iioy de la Colonia, varias fami-
lias tanto de los del país como extrangeros han venido á refu-
giarse á bordo de los buques franceses para evitar el encontrarse
«n el pueblo en el momento deJ desonlen inherente á la toma
<le una plaza a viva fuerza : pasado este momento no dudo que
muchas de ellas desean regresar á sus hogares y he notado que
pronto el orden se habia restablecido ; no dudo pues que los
sentimientos de humanidad y de justicia que distinguen á V. S.
lo mueva i admitir en el pueblo de la Colonia á estas desgracia-
das familias.
Habrá quizás también otras familias (|ue privadas de sus pro-
tectores naturales, desearían abandonar el país : creo que algu-
nos franceses estañen este caso, espero que V. S. no verá in-
conveniente en devolvérmelos para qae tome á mi cargo el cui-
dado de aliviarlos infortunios en cuanto rae sea posible.
Dios guarde al Sr. Comandante muchos años.
L. Mazere.
Comandante de la estación francesa frent(^
á la Colonia, á 19 de Agosto de 1848.
DE LAS REPOBLICAS DEL PLATA 269
Contestación de Moreno.
I TIYAN LOS DEFEICSOBES DE LAS LEYES I
El Jefe de la DÍTÍsion en Operaciones en el Departamento de la
Colonia.
Colonia, Agosto 19 de 1848.
Al Sr. Capitán D. L, Mazere Comandante de los buques fran-
ceses, etc.
Señor :
He recibido vuestra comunicación de hoy y me es grato con-
testaros, que no hay ningún inconveniente en que regresen á la
ciudad todas las familias que se han embarcado, en los buques
franceses, ciertas que serán tan garantidas y respetadas, cual
lo han sido todas las demás que se hallan aqui, aun en el acto
de la toma de Ta plaza.
Ni las leyes de la República, ni las órdenes que tengo de S. E.
el Sr. Presidente de ella, privan poder salir del pais á las per-
sonas que gusten, y lo podrán verificar de esta plaza todas las
que quisieran hacerlo.
Dios guarde al Sr. Capitán muchos años.
* Lucds Moreno.
Al señor Coronel Comandante de las fuerzas de la Colonia.
Señor Coronel :
No he estrañado el parte de Y. S. para con los desgraciados
de la Colonia; desde tiempo antes conocia los sentimientos ele-
vados que abriga ^u corazón y no esperaba menos de ellos. La
conducta de la tropa ha sido cual la de su jefe, digna de toda
alabanza, ha simpatizado eon el infortunio de los desgraciados y
procurado aliviarlo en cuanto le ha sido posible.
Esta conducta, señor Coronel, que he podido notar al tiempo
de embarcarse las familias, me ha dado el mayor gozo ; me ha
convencido que la irritación y las pasiones desenvueltas durante
270 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
una guerra larga y cruel se habían desvanecido ya, y que tal vez,
no está distante el momento en que se verá restablecida la con-
cordia V una unión fraternal en medio de la familia oriental.
Espero, Señor Coronel, que V. S. tendrá la bondad de admitir
aquí el testimonio de todo mi agradecimiento, por lo que ha hi'-
cho en favor de mis compatriotas y tomarme por un servidor
de V. S.
A. Mazere.
Eu el Adonis, frente á la Colonia, á 21 de Agosto do 1848.
¡ VIVAN LOS DEFENSORES DE LAS LEYES !
t
Sr. Capitán D. L. Mazere, Comandante de los buques franceses.
Señor :
Vuestra carta de ayer me llena de satisfacción- al ver la justi-
cia que hacéis á las tropas que mando, y os quedo muy agrade-
cido al buen concepto que formáis de mi persona y senti-
mientos.
El orden en la tropa, y la protección á las familias, es conse-
cuencia de las terminantes órdenes que tenemos de S. E. el se-
ñor Presidente de la República, y del sentimiento general de los
habitantes del país. Siempre que tengáis ocasión de mirar de
cerca nuestros procederes, los veréis igual á lo que habéis visto
en la Colonia, en los momentos y después de haber sido tomada
por las armas. | Ojalá siempre fuéramos juzgados por personas
ilustradas como vos que conociesen los hechos de vista y no
por informes inexactos ! I
Podéis estar cierto que en este Departamento y en todos los
tiernas de la República vuestros compatriotas son respetados y
protegidos : es nuestro deber y nuestro deseo y así lo mandan
nuestras leyes y nuestro gobierno.
Aprecio con todo mi corazón el servicio que habéis hecho á
las familias Orientales, que han querido regresar á sus hogares.
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 371
Admitid, sefior, la espresion intima de mi afectó y conside-
ración con que soy vuestro atento servidor
/.. Moreno.
Campamento, 22 de Agosto de 1848.
El ejército oribista en campana habia sufrido á unes del 47,
«na pérdida importante con la muerte del teniente coronel, don
(Iregorio Vergara, jefe de la división del Departamento de Pay-
sandú. Este oficial era uno de los que mas se habían distinguido
por su bravura y lealtiid, como soldado, habiendo pertenecido
¿ la Legión Fidelidady que acompañó al General Oribe á su
emigración en 1838. El comandante Vergara fué genefalmente
sentido, y su desaparición dejó un vacio, entre la legión de va-
lientes de los dias de combate. Falleció á la edad de cuarenta
y seis años. No era menos bravo y denodado en la guerra que
afectuoso y recomendable en sus relaciones sociales.
En el resto de la República imperaba el sistema de presión
ejercido sobre los gobernados, y se labraban rápidas fortunas
'Con los actos de depredación ejercidos sobre la propiedad de los
ciudadanos y extranjeros que permanecían lejos del teatro de
aquellos acontecimientos ; el General Oribe los toleraba ; pero
dejando enriquecer á los que él quería que enriqueciesen el
país habia llegado á su mas alto grado de pobreza, y el cansancio
empezaba á apoderarse de las fuerzas que habian sostenido una
lucha tan larga como infructuosa.
Fué entonces que empezaron á aparecer las primeras pincela-
das del gran cuadro que debía desarrollarse un poco mas tarde.
El General Oribe fué instruido de los pasos que daba el Gene-
ral Urquiza, en combinación con el Gobierno de Montevideo, y
entre los principales jefes de su ejército tanto orientales como
argentinos. Véase la carta que fué interceptada, cuyos concep-
tos vinieron al fin á ser justificados.
272 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Caartol K^nf^r^lt ^n «I Cerrito do la Vitioría,
Junio 13 de -1847.
(Juerido Ignacio :
Es (ie precisa iicrosidíul <|ue espies ios pasos de Senraado
Cíoinez, pues no me ((ueda duda <|ue este traidor está de acuer-
do con el malvado Unfuiza y el salvaje unitario Madariaga, Go-
bernador de Corrientes, y [precisamente ha de llegarles la oca-
sión á estos malviuios de tiescuhrirse contra nosotros — no
tengas duda sobre! esto, pues tengo cartas del Restaurador en
((ue me dice que esté en acecho sobre el traidor l'rquiza, porque
ahora, con la venida de los gringos, y viendo que estos no pue-
den sacar nada, Urquiza va á aliarse á los salvajes. Es|g^,
muy ambicioso, y ya sabes qufí sus miras son de colocar *á Gar-
zón en nuestro país ; asi pues, por estas razones, conviene que
me des cuenta del mas peijueno movimiento que veas en ellos
y particularmente en Servando.
No eches en olvido al picaron de Galán, y si acaso pudieras
echármele la mano, mándamelo bien asegurado, pues este bri-
bón os el confidente del traidor Urquiza. Con respecto k ürdi-
narrain, no es menos malvado que estos. No dejes de observar
la mas perfecta reserva en estos asuntos. No me contestes en
este sentido, pues pudiera interceptarse alguna comunicación,
y tú le harás cargo ya de la importancia de este negocio, y
que conviene guardar la mayor reserva.
Te salúdala hermano afectísimo
Manuel Oribe.
Esta carta era conducida por un chasque que se pasó á las
fuerzas de la Colonia.
Elfíeleusor, diario oficial del General Oribe, negó en el acto
el hecho, declarando apócrifa la carta, y forjada por los hom-
bres del partido opuesto, encerrados en Montevideo, con el fio
de introducir la desoonlianza entre los Generales Oribe v Ur-
DE LAS BEPÜHlCiS BEL FLATA 373
quiza, y mas que tcxlo de infloír sobre el úDimo sopteaz y des-
c(mfiado del Geoeral Rosas.
Los beehos, como lo hemos dicho ja, se encargaroii de pro-
bar que la carta era original, y ademas de puño y letra del Ge-
neral Oribe. Este suceso pasó sin embargo inapercibido para la
generalidad, do dándosele por entonces la verdadera impor-
tancia.
En Enero de 1849 el Gobierno brasilero concedió pasaporte
al General D. Melchor Pacheco y Obes para regresar á Monte-
video.
Con tal motivo el Plenipotenciario Argentino elevó al Ministro
del Imperio una reclamación y protesta, que obtuvo esta con-
testación.
TEBCERA SECCIÓN, NÜM. 3.
Rk) Janeiro, Blinislerio de los Negocios £x-
trangeros, en 4 de Enero de 1849.
Refiriéndose el señor General D. Tomás Guido, Enviado Ex-
traordinario y Ministro Plenipotenciario de la Confederación
Argentina, en su nota de 39 de Diciembre último, á una confe-
rencia que tuvo el dia28 del dicho mes con el infrascripto del
Consejo de S. M. el Emperador, Presidente del Consejo de Mi-
nistros, Ministro y Secretario de Estado de los Negocios E\-
trangeros, torna á llamar la atención del Gobierno Imperial
sobre el objeto de aquella conferencia, para que no se conce-
diese pasaporte á Pacheco Obes para volver á Montevideo —
4*. porque obligado á huir de alli se identificó con los indivi-
duos que se refugian en el Imperio, acosados por el enemigo, y
que se mandan venir para esta Corte ; — 2"". porque, no siendo
dudoso de que es hoy llamado á sostener con otros aquella
plaza, los principios de neutralidad que profesa el Gobierno
Imperial le imponen el deber de no facultar que aquel Oriental
vuelva al teatro de la guerra á prolongar las calamidades que
ha traido la lucha en el Rio de la Plata. ,,
274 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Son estas en suma ias consideraciones que ofrece el señor
riuido para que no se consienta en ia ida de Pacheco Obes para
Montevideo ; y en su apoyo recuerda los males que se habrían
rvitado si hubiesen sido atendidas sus representaciones en
otra ¿poca contra los pasaportes concedidos para Montevideo á
Fructuoso Rivera, é invoca á este respecto lo que practican ai-
;;unas potencias de Europa.
El infrascrito, en respuesta á la referida nota del Sr. Guido,
tiene que observarle que por la secretaría de Estado de los Ne-
gocios Extrangeros, se concedió pasaporte á Pacheco y Obes, co-
mo se conceden á todos los que, en las mismas circunstancias,
lo solicitan para fuera del Imperio, ya sean orientales, ya ar-
gijntinos, ó se destinen á Montevideo, ó Buenos Aires, aunque
la intención de unos y otros, que no es fácil ni debe pesquisar-
se, sea de volver á una lucha ; que el Gobierno Imperial es uno
de los mas interesados en ver terminada, mas sin quiebra de sus
princi|)ios y de los deberes del Imperio como potencia, á quien
cumple mantener la mas escrupulosa neutralidad.
El señor Guido no llevaría ábien que, teniendo que ir algún
Argentino ¡i Buenos Aires, se le rehusase pasaporte, en la supo
sicion de que podría pasarse al Estado Oriental y auxiliar el
ejército sitiador de la plaza de Montevideo : y entretanto seria
nsa sin duda la consecuencia de los principios que juzga el
señor Guido ser los de verdadera neutralidad, que tiene que
seguir el Gobierno Imperial.
Adoptando una política franca, leal y esclarecida, el Gobierno
Imperial se ufana de practicar las reglas de neutralidad usadas
por las naciones cultas de Europa y América respecto de los
que buscan refugio en el Imperio, acosados por las tempesta-
des políticas, ó arrojados por los vaivenes de la guerra ; y fir-
me en ese propósito, que mues.tra la buena fé y constancia con
que ha observado los principios del derecho de gentes, no
cuida el mismo Gobierno de las modificaciones que puedan ha-
/"
DE US REPÜBLICiS DEL PLATA 2TÓ
ber sufrido, unas fundadas en tratados, y otras exigidas por
circunstancias especiales, lo que -nada tiene de coman con la
política de neutralidad simple y absoluta que sigue el Brasil.
El infrascrito se limita á estas observaciones para hacer ver
al señor Guido que la concesión de pasaportes a Paclieco Obes
nada tiene de extraordinario : que ella es una consecuencia de
la imparcialidad y uniformidad en la marcha del Gobierno Im*
perial, sin atenciones por individuos, como lo demuestran los
hechos y la correspondencia oficial del Ministerio de Negocios
Extrangeros.
El infrascrito aprovecha esta ocasión para renovar al señor
Guido las expresiones de su perfecta estima y distinguida con-
sideración.
Vizconde de Olinda.
El General Guido concluyó dando cuenta a su gobierno cuyos
derechos consideraba dejar á salvo ; y el General Pacheco pudo
trasladarse libremente á París en misión especial del Gobierno
de Montevideo.
Véase el resultado de aquella misión, en la que sirvió de
principal y mas activo agente Mr. Thiers.
ASA3IBLEA NACIONAL DE FRANCIA
Sesión del iS de Junio de 4850
Exposición de motivos y proyecto de ley, relativo á la abertura
de un crédito extraordinario de 1.200,000 francos, aplicable
al pago, durante los primeros meses del ano de 1830, del
subsidio acordado en favor del Gobierno Oriental por la con-
vención de 12 de Junio de I8i8 ; presentados por el Sr. Gene-
ral de la Hitle, Ministro de Negocios Extrangeros.
Señores —
La Convención de 12 de Junio de 1848, según cuyos términos
un subsidio de 40,000 pesos por mes ha sido acordado por la
276 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
Francia en favor del Gobierno de Montevideo, ha continuado te*
niendo efecto en 1850. Las letras giradas por nuestro Cóosol
General, en ejecución de este convenio, empezarán á vencerse
durante el mes de Junio próximo, y es importante que para
entonces esté asegurado el crédito destinado á garantir la acep-
tación y el pago de esas letras.
Las instrucciones dadaaá M. Devoize ordenaban áeste agente
siguiese atentamente las fases -diversas de la situación que de^
terminó el contrato de 42 de Junio de 4848, y que si esa si-
tuación viniese á modificarse de manera que permitiese al
Gobierno reducir el subsidio sin comprometerlos intereses que
debemos proteger, indicase en qué proporciones podia operarse
esa reducción.
Hal)ieudo demostrado los últimos informes dirigidos al Go-
bierno, que la Francia no faltaria á ninguna de sus obligaciones,
reduciendo el subsidio mensual á 28,000 pesos en lugar de
40,000, es decir, U0,000 francos en lugar de 200,000, a contar
desdo el l.^'do Julio próximo, se han dirigido instrucciones en
este sentido á M. Devoize, con órdeu de informar de ello al Go-
bierno Orientad. Asi, señores, si de aqui á aquella época no
sobreviene alguna nueva circunstancia de naturaleza á poner un
trnnino al convenio que hemos hecho, las cargas que él nos im-
pone sufrirán al menos una notable disminución.
IV»ro, entretanto, debemos asegurar el servicio del primer
semestre de I8o0 : en consecuencia tengo el honor de depositar
on la secretaria de la Asamblea un proyecto de ley abriendo un
crédito extraordinario de 1.200,000 francos necesario al efecto
rogándoos ordenéis su envío inmediato á la Comisión de créditos
suplementarios.
DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 377
PROYECTO DE LIY
En nombre del pueblo francés
El Presidente de la República decreta :
El proyecto de ley del tenor siguiente, será presentado á la
Asamblea Nacional por el Ministro ^ Negocios Extrangeros,
(¡ue está encargado de exponer log^otivos de él, y de sostener
su disensión. "^
Art. i .^ Se abre QQ»«l'presapuesto del Ministerio de Negocios
Extrangeros, para el -ejercicio de 4850, un crédito extraordina-
rio de t .260,000 francos, destinado á asegurar el pago del sub-
sidio mensual acordado á titulo de anticipación en favor del
Gobierno Oriental, por la Convención de 12 de Junio de 1848,
hasta el complemento de esta suma.
El crédito extraordinario anterior será objeto de un capitulo
especial que se abrirá en el presupuesto de Negocios Extrange-
ros, bajo el título de— Subsidio al Gobierno Oriental.
i."" Se proveerá á los gastos extraordinarios autorizados por
la presente ley, por medio délos recursos del ejercicio de 1850.
Hecho en el Palacio del Elíseo I^acional, el 13 de Junio
de 1850.
El Presidente de la República
LUIS NAPOLEÓN BONAPARTE.
El Ministro de Hacienda.
AQUILES FOULD.
El Ministro de Negocios Extrangeros.
DE LA HITTE.
El Sr. Presidente --M. de Laussat ha pedido también la pala-
bra para una moción de orden.
M. de LaussatSehores, hemos recibido en la distribución
de hoy un proyecto de ley presentado por el señor Ministro de
278 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Negocios Extrangeros, que tiene por objeto la abertura de un
crédito extraordinario de 4,200,000 francos» aplicable al pago,
durante los seis primeros meses del año de 1850, del subsidio
acordado en favor del Gobierno Oriental: este proyecto de ley lia
sido enviado á la Comisión de créditos suplementarios.
Esta Comisión tiene mucho que hacer ; se trata ademas de
una cuestión que me parece mucho mas política y diplomática
que financiera; me parece, ademas, que en la última discusión
que ha tenido lugar relativamente á un crédito semejante, varios
de nuestros henorables colegas emitieron la opinión de que
seria mejor encargar la cuestión á una Comisión especial. Pido,
pues, á la Asamblea si no desearía que se decidiese enviar el
examen del proyecto presentado por el Sr. Ministro de Negocios
Extrangeros alas Secretarías, para proveerse al nombramiento
de una Comisión especial.
Varios miembros-^ Xprohüído !
Otros miembros— ^o\ No!
El Sr. Prmdt'nte—Consulto á la Asamblea sobre la proposi-
ción de M. de Laussat, tendente á enviar á una comisión espe-
cial, y no á la Comisión de créditos suplementarios, el eximen
del i)rDyecto de ley presentado por el Sr. Ministro de Negocios
Extrangeros, y queticne por objetóla abertura de un crédito
para pagar el subsidio debido al Gobierno Oriental.
(Tiene lugar una primera prueba; pocos miembros toman
parte en ella, y levantan solamente la mano).
El Sr. Presidente— La mesa no puede decidir sobre una prue-
ba semejante.
Voyá renovarla.
(La prueba es renovada; se declara dudosa.)
Varios wtcm6ro«— Es necesario un escrutinio. (Exclama-
ciones).
M. Lacaze, uno de las secretarios -No ha habido realmente
mas que una prueba; la primera no se cuenta; casi nadie ha
votado ni se ha levantado.
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 279
El Sr. Presidente— Yernos a renovar la prueba.
(Una segunda prueba tiene lugar; la asamblea no adopta la
proposiciou de M. deLaussat.)
El Sr. Presidente— XsU pues, el proyecto de ley se envía ;i
la Comisión de créditos suplementarios.
(De Le Moniteur Vniversalde París, fecha 16 de Junio último.)
Iix^t&sion dol Bax*on. de «JacuUy
A principios de Junio del año de 1849, el jefe brasilero Chico
Pedro de Abren, Barón de Jacuhy, invadió el territorio Orien-
tal, por la frontera del Cuaró, á la cabeza de una fuerza armada;
llegó hasta su establecimiento de campo, situado entre Ñaquiná
y Tacumbú, y emprendió el arreo de 6 á7 mil cabezas de gana-
do de diferentes propietarios.
í;i Jefe de la frontera Oriental comunicó el hecho, y el co-
mandante General del Departamento del Salto, lo avisó oficial-
mente al Gobierno del Sr. Oribe, adjuntando una sumaria in-
formación.
Hé aquí uno y otro documento:
I VIVAN LOS DEFENSORES DE LAS LEYES I
I MUERAN LOS SALVAJES UNITARIOS I
Cuaró, Octubre 3 de 1B49.
El Comandante General del Departamento del Salto al Exmo. Se-
ñor Ministro de la Guerra, General D. Antonio Diaz.
Remito á V. E. para que se sirva resolver una sumaria infor-
mación, levantada contra el Brigadier D. Francisco Pedro de
Abreu, por el relato clandestino de 6 á 7 mil animales vacunos
que se ha llevado para la Provincia del Rio Grande, en los me-
ses Junio y Julio último.
V. E. observará que en este hecho, no solo ha cometido el de-^
lito de contravenir á las órdenes del Exmo. Gobierno, sino
también el de llevar porción de haciendas que por ningún título
pertenecen á su propiedad.
280 HisTOBU política y militar
Cuando esta ComandaDcia tuvo conocimiento del criminal
proceder del referido D. Francisco Pedro de Ábreu, ya este se-
ñor se habia ido para la Provincia del Rio Grande.
Se hallan presos en este campo su mayordomo Femando
Alonso (le Azambuya, y sus peones Mariano Saracho, Juan Mon-
tenegro, Hipólito Calderón, Mariano Goitzalez, José Rodríguez,
Tomás Zenon, Basilio Fernandez, Mauricio Pereira, José María
y Valerio Antonio, todos los cuales en calidad de jornaleros,
contribuyeron á la perpetración del delito.
Celestino Méndez, capataz de un puesto de dichoseñor Abreu,
y José Antonio Francisco, peón del mismo, fueron puestos en
libertad luego que dieron su declaración por no haber tenido
ninguna parte en ei hecho.
Los intereses que en este Departamento tiene D. Francisco
Pedro de Abreu, consisten en una estancia entre Tacumbú y Ma-
quina con 1,200 animales vacunos en costeo, de 6 á 8 mil
alzados, 70 caballos, 25 yeguas, costeadas, y de 2 á 3 mil alza-
das, y que están embargadas hasta la resolución de la superio-
ridad.
Dios guarde á V. E. muchos años.
Diego Lamas,
Guaro, Octubre 3 de 18^19.
En el campamento del Cuaró, á los 4 dias del mes de Setiem-
bre del ano de 1 849, hice comparecer ante mí y los testigos
José M. Piteyra, y D. Juan Mendilarzou, al individuo José An-
tonio Francisco, que se halla preso en la guardia de prevención
de este campo, á quien después de haberle tomado el jura-
mento de estilo, le interrogué del modo siguiente :
Preguntado: Su nombre, edad, patria, religión y ejercicio,
dijo : que se llama José A. Francisco, que es de edad de mas
de 30 anos, natural de Misiones, en el Brasil, C. A. R., y que su
ejercicio es en la actualidad el de peón del Barón de Jacuhy,
en el puesto de estancia que dicho señor tiene entre Naquiná,
y Tacumbú.
DE LAS REPÜBUCAS DEL PLATA 284
Qué número de tropas de ganado vacuno ha pasado el Barón
deJachhypor contrabando. Contestó qae tres tropas.
De qué número se componía cada una de ellas. Contestó que
la primera tropa se compondría de 2000 reses.
De qué calidad era la hacienda. Contestó que era de corte y
de cría. •
Sí toda la hacienda que contrabandeó en esa primera tropa,
sería de la propiedad de su patrón el Barón de Jacuhy. Contes-
tó que no era todfk, de la marca de dicho señor, porque obser-
vó el confesante que iba bastante ganado ageno.
En qué campo fué agarrada. Dijo ; que en el campo de Ja-
cuhy en la misma estancia entre Naquiñá y Tacumbú.
Si el confesante ayudó á hacer la tropa ó á la conducción de
ella. Dijo : que ni ayudó á hacerla, ni á conducirla.
Si sabe como se llama el capitán que condujo esa tropa-
Dijo: que lo ignora, asi como la fecha en que pasó aquella, y en
cuanto á la hora, solo recuerda que fué por la mañana; que iba
haciendo cabeza su patrón el Barón de Jacuhy en el contrabando.
Si tiene algo mas que decir— Dijo: que nó; que lo dicho es la
verdad á cargo del juramento empeñado etc.
José Maria Parias, (hay una cruz).
José Maria Piteyra—Jiuin Mendilarzou.
Los Gobiernos de los Sres. Rosas y Oribe reclamaron al del
Imperio sobre la escandalosa conducta de uno de sus Jefes con
mando activo en la frontera, pero no tuvieron resultado aque-
llas reclamaciones, quedando aplazada una resolución.
La tolerancia casi criminal del Gobierno del Imperio alentó
al mismo Chico Pedro, y el 1 2 de Abril de 1850 invadió por se-
gunda vez el territorio con fuerza armada— Esta se encontró con
la división del Coronel Lamas en Tacumbú, campos de Ja-
cuhy— El Barón fué completamente derrotado y perseguido has-
ta Pay Paso sobre el arroyo Cuareim, que repasaron, dejado
4
383 HISTORIA política T MILITAR
en la persecución porción de muertos, heridos y prisioneros,
ademas del arreo de caballada y ganado vacuno que llevaba.
Con Jaculiy venían el Coronel del Imperio, Juan Severo, y los
coroneles colorados y unitarios Calixto Centurión, Santander y
Manuel Hornos.
El 25 del mismo mes llegaron á Porto Alegre, remitidos por
el Comandante de Armas de la Frontera de Santa Ana, 41 indi-
viduos de los que hacían parle <le los dispersos pertenecientes
;i la fuerza de Chico Pedro, y otros muchos que vagaban por la
campana. Estuvieron detenidos en el cuartel del 8.** regimiento,
donde recibían la etapa de 200 reis diarios mientras no se pro-
porcional)an otra asistencia. A los pocos días fueron puestos en
com[)U»ta libertad, con obligación de comparecer todos los sá-
bados en el cuartel para recibir la etapa.— Estos individuos lle-
garon casi desnudos y la autoridad Imperial se encargó de dar-
les ropas.— El Coronel Centurión se encontraba también entre
estos.
El Gobierno del Brasil empezaba áprotejer las irrupciones •
sobre las fronteras de la República Oriental. —En sus cámaras
se docia por la fracción oficial la guerra, preparémonm para
ella] y se acumulaban cargos, al mismo tiempo que la prensa
tomaba una actitud bélica coíilra los Gobiernos del Plata. En-
tre los c:irgos que se emitían, se notaba el haber mandado el
General Orilveála capital de Porto Alegre, emisarios encarga-
dos «le ponerse de acuerdo con el partido Republicano. Esto no
era cierto : los gobiernos de Rosas y Oribe habían perseverado
á ese respecto en una política, en lo posible, ajustada á la justi-
ciay la lealtad, permaneciendo en ese terreno, aun después que
el gabinete imperial, procediendo respecto de las Repúblicas
del Plata por un sistema enteramente .0|)uesto, había provoca-
do la resistencia autorizando rei)resalias. Todavía ardía la guer-
ra civil en Rio Grande, cuando el ejército á las órdenes del señor
OrilíC puso sitio á la |>laza de Montevideo. Entonces fué el Bra-
DE LAS REPIÍBLIGAS DEL PLATA 383
sil el primero en oponerse al reconocimiento del bloqueo de
aqael puerto por la escuadra Argentina. Tal proceder le hacia
de hecho auxiliar de los sitiados, sin tener muyen cuenta una
flagrante violación del derecho de gentes, al mismo tiempo que
proponia al Gobierno de la Confederación un tratado que no fué
ratificado por el General Rosas, que lo juzg<^insidioso, desde
que la independencia del Estado Oriental de la que él mismo se
habia constituido garante, debía quedar anulada, y hacia ins-
tancias en las cortes de Inglaterra y Francia, para intervenir á
mano armada con aquellas potencias, en las disenciones de los
pueblos del Plata : disenciones que por otra parte fomentaba el
mismo gobierno imperial, auxiliando al partido vencido, y dan-
do una decidida protección á sus caudillos.
La facción ministerial en Rio Grande se encargaba ahora de
reavivar el incendio, y el Gabinete aceptaba sus servicios como
muy provechosos al sistema de su política.
Por otra parte; el partido republicano en el Brasil ha sido
siempre poderoso, y no necesitaba que fuesen de afuera á esti-
mularlo. Si no triunfó en diez años de lucha, nadie ignora tam-
poco, que su espíritu de independencia quedó arraigado en el
corazón de los vencidos. Y aun en el seno de la paz que ejerce
el mas poderoso influjo en la conservación del orden interior,
existia esta disposición revelada en todos los ánimos indepen-
dientes.
La guerra que proclamaba la facción oficial, entrañaba un
peligro , porque seria saludada por el partido republicano,
como la aurora de su emancipación ; fecundaría el germen de
insurrección que en varias provincias del Imperio tendía á
sustraerlas del dominio del Gobierno central, y que en su vio-
lento desarrollo haría tal vez brotar otro de carácter mas gra-
ve, con que estaba siempre amenazado ; la disolución de los
vínculos sociales, producida por la acción de esa masa depri-
mida, de hombres de color que pueblan el Brasil, y que tam-
28& HISTOili POLÍTICA Y MILITAR
bien pugnaban por romper sas cadenas, y establecer an pre-
dominio sangriento sobre la tiranía doméstica, encorbados la
mayor parte bajo el yugo de la esclavitud, U abyección y el li-
tigo. Si tal torrente hubiese llegado á desbordarse, ¿qué diques
hubiesen sido capaces á detenerla en el imperio dei Brasil?
Pero el grito de guerra saUa precisamente de la proyincia de
Rio Grande, una de las partes mas ulceradas del cuerpo políti-
co, y clamaba por esa guerra, cuamlo era precisamente el pri-
mer elemento que debía ser devorado por sus estragos.
Los escritores Rio Grandenses, alzaban el grito, y para esti-
mular el orgullo nacional ofendido, invocaba los reveses que
sufrió el imperio en 4835 y 38, exitando las pasiones vulgares
que estravian la opinión, y los rencores que envilecen la digni-
dad de los pueblos. ¿ En qBAarol se colocarían las naciones, si-
guiendo el sistema de reparar con nuevas calamidades los
reveses sufridos ? Laguerrayel esterminio seria el estado ha-
bitud de la humanidad I
En cuanto al Gobierno que secundaba ardientemente por
medio de su prensa oficial la repetición de aquellas ofensas ó
cargos, era el que menos títulos tenia para invocar los derechos
del Brasil. Mo se necesiUiban muchas pruebas para evidenciar
la versatilidad de su Gabinete, y sus tendencias á establecer un
predominio Europeo sobre los estados del Plata, proponiendo
el vasto proyecto de cambiar el sistema de gobierno de casi la
totalidad del nuevo mundo ; reglar las instituciones de los pue-
blos, y establecer á su antojo, la política interior y esterior de
ellos; proponiendo á los monarcas de la Santa Alianza la su-
misión del Estado Oriental del Uruguay, como base precisa
para cooperar el Imperio con su fuerza y sus recursos á la eje-
cución de aquel plan bajo la condición de ser incorporado á sus
dominios, casi en el momento mismo en que se coustituia ga-
rante de su independencia.
Esa política ha sido notablemente señalada por hechos que
DE LAS lEFÚBLICAS DEL PLATA 295
se hace neeesark) examinar, para la misma etaridad histórica.
Contenido ol Gobierno del Brasil en tiempos anteriores á la
emancipación política de los Orientales, en sus reactivas ten-
tativas sobre el territorio, pero nunca satisfechas sus aspiracio-
nes sobre lo que la España le habia cedido por los Tratados de^
1 777, que ya hemos publicado al principio de esta obra, espe-
raba un pretexto para renovarlas, y creyendo hallarlo en las
disenciones intestinas, que al principio de la guerra americana
se suscitaron en estos pueblos como consecuencia necesaria del
tránsito instantáneo de la ojltesion á la libertad, mandó ocupar
el territorio Oriental por un ejército de 9,000 hombres, alegan-
do como derecho de las naciones, el impedir que la anarquía de
los pueblos contagien á sus colindantes^
Semejante pretexto nó podía prodapír otro sentimiento que
el del patriotismo exitado por lo irritante del hecho y como con-
secuencia regular, se sublevaron los pueblos, y la República
Argentina sostuvo una guerra contra el Imperio hasta el año
de 1828, guerra en la cual salió malparado el Brasil, y que
terminó con la paz de 4828 el 28 de Agosto, en la que se decla-
ró la Independencia del Estado Oriental del (Jruj^ay, bajo la
garantía de ambos Estados beligerantes. Pero aun no se habia
promulgado la Constitución del nuevo Estado, cuando á titulo
de garantir la integridad del Imperio contra las futuras tentati-
vas de la^ Repúblicas del Plata, acordó en consejo privado, uu
armamento extraordinario de diez mil hombres cuya fuerza or-
ganizada casi en su totalidad de tropas europeas, debía estable-
cer una colonia militar en las fronteras del Estado del Uruguay,
sin otro fin real que el de incorporarlo al Imperio, como una
parte del vasto plan que con el mismo fin proponía á los reyes
de Europa, para una monarquía americana. Pero acerca de este
proyecto de tantas trascendencia y gravedad, dejaremos hablar
al mismo Gabinete del Brasil, cuya política exterior estaba en-
tonces á cargo del mismo vizconde de Abrantes que como se
286 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
ha visto en el carso de esta historia fué mas tarde á solicitar la
ínterveDcioQ de la Francia j la Inglaterra conjuntas con el Bra-
sil, en los «asuntos del Plata.
El siguiente clásico documento, en la diplomacia del nuevo
mundo dará una completa ¡dea del espíritu y tendencias de la
política de todos los tiempos, del Imperio del Brasil.
iulnslrucciones resercadüs para el Marquh de Sto. Amaro.
« Exmo. Señor:
«1.*" — Ademas de los negocios relativos á la actual cuestión
portuguesa, hay otros igualmente urgentes que S. M. I. tiene á
bien confiar al experimentado celo, sabiduría y lealtail de Y. E.
« 2."— Consta aKiobierno Imperial que los soberanos déla
Europa, después de establecer la nueva monarquía Griega, inten-
tan ocuparse del modo de pacificar la América llamada todavía
Española: la derrota que sufrió en Tampico la última expedición
militar de España contra Méjico, provee sin duda á los mismos
soberanos un poderoso motivo para obligar á la Corte de Madrid,
ya tantas veces y tan inútilmente escarmentada, á convenir en
algún arreglo que tenga por fin la deseada pacificación. Ni es
posible ciertamente que el mundo civilizado continúe por mas
tiempo observando con fría indiferencia el cuadro lastimoso,
inmoraly peligroso en que figuran tantos pueblos abrasados
por el volcan de la anarquía y casi próximos á una aniqiiilacion
completa.
« 3.'— Siendo pues muy posible que las grandes potencias
traten de discutir este negocio y que V. E. como embajador
americano sea consultado sobre él, S. M. I. ha entendido en su
alta prudencia que seria muy conveniente á los intereses del
Imperio habilitar á V. E. con las instrucciones necesarias para
tomar parte en el mismo negocio con el carácter de su plenipo-
tenciario. A la verdad, colocado como se halla el Brasil en el
centro de la América del Sud y naturalmente abrasado por los
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 287
Estados que fueron de España, no puede ni debe ser indiferente
á su política y acaso á su seguridad extrema, cualquiera nego-
ciación concebida y dirigida por los Gobiernos de la Europa,
para el fin indudablemente justo y conveniente de regularizar y
constituir los referidos Estados poniendo un término á la guerra
civil que los ensangrienta.
« 4."— Quiere por tanto S. M. I. que V. E. luego que sea invi-
tado por alguno de los dichos Gobiernos á dar su opinión sobre
tan delicado asunto, ó en el caso de constarle que se trata seria-
mente del negocio eii cuestión, se declare V. E. autorizado para
concurriry entrar en la negociación referida ciñéndose en el
progreso do ella á la doctrina de los artículos siguientes.
« S.**— V. E. procurará demostrar y hacer sentir á los sobera-
nos que hubiesen tomado parte en esta negociación, que el me-
dio si no único al menos el mas eficaz de pacificar y constituir las
antiguas colonias españolas, es el de establecer monarquías
constitucionales ó representativas en los diferentes estados que
se hallan independientes: las ideas propagadas y los principios
adquiridos en el curso de veinte anos de revolución obstan á
que la generación presente se someta de buen grado á la forma
de gobierno absoluto.
«6.** Cuando se trate de formar monarquías representativas,
y solo en este caso, V. E. sostendrá la conveniencia de transigir
en esta ocasión con el naciente orgullo nacional de los nuevos
Estados de América ya separados entre si é independientes unos
de otros : Méjico, Colombia, Perú, Chile, Bolivia y las provin-
cias Argentinas pueden ser otras tantas monarquías distintas y
separadas. La división de alguno de estos Estados, 6 la reunión
de otros, encontraría graves inconvenientes al espíritu de los
pueblos.
« 7.** En cuanto al nuevo Estado Oriental ó Provincia Cispla-
tina que no hace parte del territorio argentino, que ya estuvo
incorporado al Brasil, y que no puede existir independiente de
S88 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
Otro Estado, V. E. tratará oportunamente y con franqueza de
probar la necesidad de incorporarla otra vce al Imperio. Es
el único lado vulnerable del Brasil y difícil, sino imposible, de
reprimir las hostilidades reciprocas. Es el límite natural del
Imperio, y finalmente el medio eficaz de renovar y prevenir ul-
teriores motivos de discordia entre el Brasil y los Estados del
«S."" En el caso en que la Inglaterra y la Francia se opongan á
esta reunión con el Brasil, V. E. insistirá por medio de razones
de conveniencia política que son obvias y sólidas, en que el Es-
tado Oriental se conserve independiente, constituido en gran
ducado ó principado de modo que no venga de manera alguna
á formar parte de la monarquía argenti na.
«9."* En la elección de los principes para los tronos de las
nuevas monarquías, cuando sea menester haberlos de la Euro-
pa, V. E. no vacilará en dar su opinión en favor de aquellos
miembros de la augusta familia deBorbon que estén en el caso
de pasar á la América. ^
«10. Si en efecto fuera escogido algún joven príncipe, como
el segundo hijo del duque de Orleans ó bien príncipes que ya
tengan hijos, será bueno, y S. M. I. desea que V. E. haga éesde
luego abertura de casamiento ó esponsales entre ellos y las priu-
cesas del Brasil.
«II. y. E. podrá asegurar y prometer que S. M. I. emplea-
rá todos los medios de persuasión y consejo para que se consi-
ga la pacificación de los nuevos Estados por el indicado esU-
bledfliiento de monarquías representativas; obligándose desde
luego á abrir y cultivar las rdaciones de estrecha amistad cea
los nuevos monarcas. Teniendo la gloría de haber fundado y de
sostener casi solo la prímera monarquía constitucional del Nue-
vo Mundo, S. M. el Emperador desea ver seguido su noble
ejemplo y generalizado en la Anérica aun no constituida, el
príncipio de gobierno que ^idopto.
« 12. ffiexijiereí que para esta ultima empresa S. M. I. se
DE LAS REPÚBLICAS DEL P^TA 289
comprometa á prestar socorros materiales 6 abastecer subsi-
dios de dinero y de fuerzas de tierra ó de mar, V. E. prevalién-
dose ()e nuestras circunstancias financieras y políticas mostrará
la imposibilidad en que se halla el gobierno imperial para con-
traer semejante obligación.
«13. Sino obstante después de reiteradas instancias V. E.
Juzgase de absoluta necesidad hacer alguna promesa de tales so-
corros, como S. M. I. no tendrá duda en obligarse á defender y
auxiliar el gobierno monárquico representativo que se estable-
ciere en las provincias argentinas, por medio de una fuerza su-
ficiente de mar estacionada en el Rio de la Plata y de la fuerza
de tierra que conserva sobre la frontera meridional del Imperio.
«14. Esta obligación será efectiva únicamente: 1°. en el
caso de que la provincia Cisplatina sea incorporada al Imperio,
porque entonces S. M. I. con mas facilidad y prontitud podrá
auxiliar la nueva monarquía, con la división del ejército y la
escuadra que deberá tener en la misma provincia : 2"". en el
caso de que el gobierno monárquico constitucional haya sido
previamente introducido en Colombia, Perú y Bolivia; visto
que de otra suerte, el gobierno imperial, siendo el primero á
obrar quedaría expuesto á sufrir algún insulto ó invasión de
parte de aquellas Repúblicas limítrofes.
« Cuando en el curso de la negociación ocurra la idea de vio-
larse la integridad del Imperio, á pretexto de dar mayor es-
tejision ó redondear algunos Estados contiguos al nuestro, V. E.
empleará los medios necesarios para repeler semejante arbi-
trariedad, declarando por fin que S. M. I. no puede consentir,
sin previa aprobación de la Asamblea General Legislativa en la
desmembración ó cesión alguna del te rritorio del Imperto por
tratado celebrado en el tiempo de paz.
« 16. De acuerdo con los principios enunciados en los ar-
tículos de estas instrucciones queda V. E. autorizado por S. M.
el Emperador nuestro amo para negociar y concluir con las
19
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390 HISIj^BIA POLÍTICA Y MILITÁk
grandes potencias de la Earopa una convención 6 tratado que
será sometido á la ratíGcacion del mismo augusto Señor.
« Dios guarde á V. E. muchos anos — Palacio del Rio Janeiro
2! de Abril de 1830. — Miguel Calnwn du Pin é Almeida. » (I)
La elocuencia de este solo documento basta para conocer,
que la política del Brasil fué siempre una amenaza permanente
al principio fundamental délos Gobiernos democráticos. Tal su
conyeniencia y su necesidad política.
Poro los procedimientos á que nos hemos referido en princi-
pio, no hacian mas que preparar un gran acontecimiento que
debia cambiar de un modo imprevisto la faz política de estas Re-
públicas, y que muy pronto veremos desarrollarse. Entre tanto
véase el ?Me/HO/Y¿n¿¿?//H que con motivo de la misión á Europa
lanzó el Vizconde de Ibrautes, y del que hemos hablado ante-
riormente á la ligera, no permitiéndonos la eslension de mate-
riales darlo entonces integro.
>Ioiiioraiitltaiii dol Vis^condo do Al>rantes»
« La Banda Oriental, devastada por Artigas y mílitarmenti^
ocupada por las tropas portuguesas en tiempo del Rey don
Juan IV, se reunió al principio del reinarlo del Emperador D. Pe-
dro I, de gloriosa memoria.
€ La incorporación de este país, bajo la denominación de f ú-
plaiina, al territorio del Imperio, tuvo lugar por la convención
negociada entre el (iabildo de Montevideo, capital de la Banda
Oriental, y elGeneralLecor, Comanlanle de» la fuerza militar
que la ocupaba, defendiéndola de las incursiones de algunos
o^nudillos sucesores de Artigas, é iíistrumenlos, como él, de
an::rquia y devastación.
ti L*i constitución política del Brasil publicada en I8¿1, pos-
terior á esta incorporación, design') la Cisnlatina entre las pro-
l ) ViA:*o:uto lie Abraiit'»s.
DE US BEPÜBLICAS DEL PLATA 291
vincías del Imperio, y en esta categoría la antigua Banda Orien-
tal tuvo un Presidente y otras autoridades elejidas por el Empe-
rador, y sus habitantes fueron representados por dos diputados
y un senador en el seno de la Asamblea General Legislativa reu-
nida en Rio Janeiro en 1826.
« El deseo concebido desde entonces por el Gobierno de Bue-
nos Aires, capital en aquella época de las Provincias Unidas del
Rio de la Plata, de agregar la Banda Oriental á su Union, y la
esperanza alimentada por varios Jefes Orientales de elevarse á
las mas altas dignidades de una república, cuyos asuntos políti-
cos debían plegarse alas decisiones trazadas por sus espadas,
produjeron el alzamiento deLavalleja, y los socorros ostensible-
mente prestados á este jefe por la Union Argentina, encendieron
la guerra entre el Imperio y las Provincias Unidas, guerra que
cesó por la convención preliminar de paz de 27 de Agosto de
1828, firmada bajo la mediación del gobierno Británico.
«Por los artículos I .** y 2.* de esta convención, el Gobierno Im-
perial declaró la Cisplatiíia separada del territorio del Imperio
para el solo fin de constituirse en Estado libre é independiente
de toda otra nación, bajo la forma de gobierno que mejor le
conviniese, y el Gobierno Argentino, accediendo á esta declara-
ción, reconoció la independencia del nuevo Estado. Y por el
art. 4.* las dos partes contratantes, los gobiernos Imperial y
Argentino, convinieron en defender la independencia de la Cis-
platina convertida en Estado libre, durante el tiempo y por los
medios que deberían arreglarse por el tratado definitivo de paz;
y ademas los dos gobiernos se obligaron por el art. n á nom-
brar, después de la ratificación de dicha convención. Plenipo-
tenciarios para negociar este tratado, que debería en el porve-
nir realizarse: y aun cuando hasta ahora no se haya negociado
por causas que han impedido ya al uno, ya al otro gobierno, es
sin embargo completamente indispensable que las estipulacio-
nes, contenidas en los art. I .• y 2.* de la convención menciona-
292 UISTORU POLÍTICA T XIUTAR
da deben quedar en vigor j producir todos sos efectos, porque
laiudepéudenciadel Uruguay eo maom'a alguna quedó sqeta á
condición de la confección de dicho tratado definitiyo, ni del
acuerdo sobre el tiempo y los medios que las Altas Partes con-
tratantes emplearían para defenderla.
« La condición única para la cual el Imperio consintió en la
separación de la Císplatina de su territorio, fué la que debería
contituirse esta proTincia en Estado libre, de modo que jamas
hiciera parte de un Estado cualquiera. Y en efecto, á pesac de
la no existencia del tratado definitivo, el Uruguay se mantiene
hace poco mas ó menos veinte años en la comunión de las na*
clones, y durante todo este tiempo ha sido considerado como
Estado soberano, no solo por el Imperio y la Confederación Ar-
gentina, sino también por casi todos los gobiernos de la Europa,
señaladamente los de la Gran Bretaña, mediadora de la conven-
ción que declaró su independencia, y la Francia que estipuló
expresamente, en ei articulo i"", de la convención del 29 de
Octubre de 1 840 con el gobierno Argentino, el mantenimiento
de su independencia.
« Entre tanto los acontecimientos que se suceden hace dos
años en el Rio de la Plata, son como para atraer la atención del
gobierno de S. M. I. sobre el examen y consideración de las
medidas que han de tomarse, para que no se vulnere de hecho
ó de derecho la independencia del Estado Oriental.
« ?Iingun gobierno que tenga relaciones con el General Rosas
puede seguramente desconocer cuanta aspiración tiene esteje-
fe á uncir al yugo de Buenos Aires, por los lazos de una federa-
ción nominal, las provincias que formaban el antiguo vireiaato
Español, conocido bajo este nombre, comprendidas las de Mon-
tevideo y Paraguay.
« La guerra civil entre Rivera y Oribe, la emigración del se-
gundo á Buenos Aires, la acogida que alli ha recibido, su empleo
como General al servicio de Rosas contra Lavalle v contra Ri-
'BE LAS REPDBLIGAS DEL PLATA 293
vera; en fín, la invasión déiTJragaay. y el sitio y el bloqueo de
Montevideo, son hechos queefnvnetven, en sustancia, la prueba
del fin ambicioso á que Rosas aspira. Oribe teniente de Rosas
•una vez colocado en la presidencia del Uruguay gobernando á
la manera del jefe á quien es deudor de su restauración, puede,
«in dejar de respetar las aparienoias legales, someter de hecho
el Uruguay, ó también cambiando sus instituciones, agregarlo
de derecho á la Confederación Argentina.
« Por lo que respecta al Paraguay, en vida del dictador Fran-
cia, el gobierno de Buenos Aires do pudo mostrar claramente
sus miras ; pero bajo el aotual régimen consular de la Asun-
ción, él ha 'revelado, por algunos hechos que son notorios, sus
proyectos de contar todavía ese Estado entre las provincias so-
bre las cuales domina.
« Si por una parte los acontecimientos arriba indicados han
puesto en claro las miras ambiciosas del gobernador de Buenos
Aires, que maneja los negocios exteriores de la Confederación
del Plata, han sido por otra parte altamente dañosos á las na-
ciones neutrales, y sobre todo á la nación Brasilera. Graves
pei^uioios al comercio ex trangero han sido causados por una
guei*ra devastadora, y por el bloqueo de los puertos del Uru-
guay : y el Brasil, pais IhnitroCe, mira comprometidos en la
continuación de esa guerra sus intereses morales ; porque el
ejemplo de tantas escenas de anarquía y de barbarie, qne ha-
cen estremecer la humanidad, no ^ede míenos que ser funesto
á los países limítrofes.
«En estas circunstancias, el gobierno de S. M. el Emperador
del Brasil ha observado hasta aquí la neutralidad ; pero empie-
za á proveer que lacontínuacion de^e sistema no puede con-
venir á sus miras. T «deseando reglar su conducta por los
principios de 'la justicia y la "benevolencia que ha mostraído
siempre á los gobiernos amigos, ó interesados oomo él eivel
comercio Argentino, t^ree que oeuvíene ante todo; entsndense
294 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
con el gobierno de S. M. B., comunicándole con franqueza su
pensamiento sobre el estado actual de los negocios del Rio de la
Plata.
«Parece al gobierno, que es pí^ra él un deber — y un deber,
de que no puede apartarse — mantener la independencia y la
integridad del Estado OrienUd del Uruguay ; y cooperar tam-
bién á que la República del Paraguay se mantenga en Estado
libreó independiente: parécete ademas, que siendo de interés
general la independencia de esas dos Repúblicas, es absoluta-
mente necesario adoptar medidas que tengan por fin contener
al go!>ienio de Buenos Aires en los limites prescriptospor el
derecho de gentes, é inutilizar todas las pretensiones ambicio-
sas. Finalmente, el gobierno Imperial piensa que la humanidad,
cuya causa debe ser defendida por los gobiernos cristianos, no
solo en el Viejo Mundo, sino también en el Nuevo, y que los in-
tereses comerciales, que tan ligados están al pit)greso de la
civilización y álos beneficios de la paz, exigen imperiosamente
que se fije un término á la guerra encarnizada que se agita en
el territorio y en las aguas del Estado Oriental.
« No tiene el gobierno Imperial la mínima duda sobre la ad-
quiescencia del gobierno Británico á los principios y á las miras
que acaban de ser lealmente manifestadas.
« Si conviene al gobierno Brasilero, por muy adherido que
permanezca á la observación de los articules 1*. y 2^. de la
convención de 1828, mantener la independencia del Uruguay,
el gobierno Británico, como mediador en esa convención, no
puede ser indiferente á la vida ó á la muerte de esa propia in-
dependencia.
« Si el estado de prosperidad y de quietud de que goza el Pa-
raguay, por el hecho solo de ser independiente, y de permane-
cer neutral en medio de las interminables discordias civiles de
la Confederación Argentina, ofrece ventajas al comercio brasi-
lero, igual ofr 3ce también al de la Gran Bretaña.
BE LAS REPÚBLICAS BEL PLATA 295
« En fin, si la terminación de esta guerra calamitosa es faro-
rabie á los intereses comerciales j morales del Imperio, no lo
es menos al desarrollo del comercio británico en el Rio de la
Plata.
«Sin embargo, el gobierno imperial desea que esa adquies-
cencia le sea concedida de un modo esplícito y auténtico, j es-
pera, que el gobierno Británico se dignará comunicarle su pen-
samiento sóbrela cuestión del Plata; y, ademas, que en caso de
prestarse al objeto y á los deseos del gabinete imperial, se ser-
virá expedir sus instrucciones á su Enviado Extraordinario en
Rio Janeiro, autorizándole á entenderse con el gobierno Impe-
rial, tanto sobre los negocios actuales y conocidos, como so-
bre todas las ocurrencias que en lo futuro pudiesen ocurrir en
las Repúblicas de Buenos Aires y del Uruguay.
« Londres, 9 de Noviembre de 1844.
« Firmado— £/ Vizconde de Ábranles.
En Noviembre de 1850, el Ministro Argentino residente en Rio
Janeiro, se habia retirado á Buenos Aires en desacuerdo con el
Gabinete de San Cristóbal, y el Brasil aprestaba armamentos de
mar y tierra en gran escala— se preparaba á declarar la guerra
á la República Argentina. Hasta entonces solo se suponía que
el Imperio tomaría por base de sus operaciones el auxiliar á la
plaza sitiada de Montevideo, pero muy pronto se vio que un
plan vasto en combinaciones peligrosas para la causa de los Ge-
nerales Rosas y Oribe debia .desarrollarse con éxito.
Con el título de Política Brasilera en el Rio de la Plata,
publicó el Agente Oriental en Rio Janeiro D. Andrés Lamas,
un folleto, que no tenia otro objeto, que la justificación de la
política del Gabinete de San Cristóbal, respecto de los asun-
tos del Plata. No se hizo esperar una refutación que escalpelo
el escrito del señor Lamas, débil en argumentación, aunque
pródigo en fraseología.
296 HinORlJl POLÍTIOA T HlLITAfi
La rofutacíoQ es maj estensa y no podemos estractaria.
V/^anse alganos párrafos :
BELACIONES CON EL BRASIL — LIBELO DE LAMAS.
« Uno de los agentes mas riles de la intervención eittrangera
reitera sus ataqnes, y reproduce sus calumnias contra las Be-
|)úblicasdel Rio de la Plata, y sus ilustres Jefes, los Generales
Rosas y Oribe. Partidario acérrimo de Rivera, apologista im-
[)/ivído de sus atentados ; precursor y modelo del redactor del
¡Saeional, ([ue habia erigido la calumnia en dogma, y la men-
tira en principio ; companero inseparable de Pacheco y Obes,
(|ue se hizo espectable por su ferocidad en una época en que la
moderación era un crimen entre los desertores inmundos de la
causa Americana, es el que levanta ahora la voz para increpar
al Brasil, no por lo (|ue ha hecho' .sino por lo que ha dejado de
hacer contra sus vecinos. Este es el lema y el objeto de ese fár-
rago inconexo de necedades é imposturas que acaba de publicar
en el Janeiro el ex -Jefe de Policía de Fructuoso Rivera, con el
título pom|)oso de Política del Brasil en el Rio de la Plata.
Y para dar algún |>eso á sus opiniones, habla no como Oríental,
sino como Brasilero interesado en la dignidad y honor de su
|)ai8 y de su (loibierno — Pero, como el cuervo de la fábula, de
nada le ha servido vestirse con plumas agenas, porque le ha
bastado su primer graznido á descubrir su origen. Lo que dice
ahora es lo que ha dicho antes, sin variar un solo concepto, sin
agi*egar una sola idea, mintiendo y calumniando siempre, y re-
volcándose en el lodo en que se ha arrastrado portantes años.
La imeguridadde los enlrangeros, el despojo de las famiUrís,
la matanza de los prisioneros : las arbitrariedades, las espo-
naciones^ los degft4!llos.... caicos que solo un escritor apoca-
di> é impudente puede atreverse á repetir después de tantos
desmentidos, y I pesar do tantos desengaños.
Las últimas páginas del libelo de Lamas contienen la repetí-
(DE J4I6 HERÚIUOüSAMLrHláTA ^^7
/
okm 'laBliidiosa de idesioucdliiinas ásq^ntrntes «que au uaior
idíscoteoeoíi^ia wísmaipai^HdBdiétjigiioram^ ODoquetha ha-
ü^ladoideikB' demás. iL&'^^7mmgacimiidél\RéD -úeiaíPlutary ^vs
afhientes, y lu 4ñddpmdmtiaipa^iDía y nal del^^mgnay,
' iMnoho jse Donpa áe\ ; intecée ^del Arasil. ^Aetestas dos cuestíimes,
la iprimenra está \(iisDiilida m^^íe iúd manseum ; Ja ísegnDdabha
sido úhimarlneste^de(»diialpoI^JeBiqlle,^áialsligaoion^^
.liahiaQrpFetendído ÜD^sadir ^uimeiivDfi iríi>sifileiáoires, y *^e itaa
deiilanado «después <ipie ípectemoea ^enofaiflíiiiaifieiite á:8U6 rdae-
nos : éldPavaDá'y sos^aflaeDlesiá Ja^CoBGaderaQÍoii Aírgeotína, y
elUruguay, en común con. la .República Oriental. Si esto no
ibastase a .acalhir.'al IBrasil, cpiedaria ique BKominar olvo punto
limpontante áe jder«oho ipúblico ; -á .^aber,« el «valortqne tienen
>Ias eMtpnlacioDes . aooesoitías 'de un tcalado paca laqnelqtte ^lia
fáhadoá'laspriDqpates. » ^
íCAPITOL© V.
1Sltiuioioxi^oltt¿Eica>úl>Uaft«A3:e«n1%Ina — tfíu^l&cio Ae Cami-
la O'OoormaA — E2x.p¥Llsiozi dol tM>ñor f*looiot — Oapita-
— Aotltua de laH Cúiuaras BrasULoras — r^x-ataao I^oppe-
donz* — XlatiftoaGflon a.olt''X*x-art;aao -centro Xn§;later-na T'la
Sbopi6fl>]d»a sAjrpeíatána — >: Mbmaxrte^ «t^Jt iaiaifcgi*'ml *Waia. SCsar-
tiu » ISSl — PronunoiaiKLiQnto del Oeneral XIiMiuiza
— PulUioaoloiieM ocMvtx-a casie — X^avlda de un traidor —
. A.e€BBfteol«aiionto»«n taaa:l«k9licaiv&l>licNHOrieaitxU — flVtno-
"vo ódc>den de xumau ^ I>laeXuoioziid€stl 4;vl°^r«ito.del»GKisie-
ral D. IMlainiiei Orll>e — B^ormaolon del g^ran-ojéroito —
SSaPCA&a de«a««o «K>a*ra «A iG^aarflA lOB
ESTADO M, U AEPÚBLICA yiJlG£3ÍXIM XL QWRiJ^
£L ÁISO IXE 'l«47
Los^aucesos doas notalílefi de la CoBfiadecatían AvgBtttiaa^se
rosefiaffon m'^el^igoieiite eatcactDídelim6i»aje delt&eBeralflo-
298 HISTORIA POLÍTICA Y MILITAR
sas á la Sala de Representantes de la Proyincia de Buenos Aires.
« Os di cuenta en mi anterior Mensaje, que el Gobierno de
S. M. B. había confiado el mando de su estación naval en estas
aguas, en reemplazo del Contra-Almirante Inglefield, al Como-
doro Sir Tomas Herbert. Su nombramiento ha cambiado la
deplorable situación creada por el Comodoro D. Juan B. Purvis
sostenida por el Comandante Sir Tomás Sabino Pasley, y rea-
gravada por el Contra-Almirante Inglefield. El esclarecido Como-
doro Sir Tomás Herbert ha correspondido con su moderación y
cordura á sus honrosos antecedentes en las Repúblicas del Plata.
« Aun no ha podido el Gobierno ratificar la declaración de
D. Santiago Dasso, de haber una población inglesa en el Estre-
cho de Magallanes, como á cincuenta leguas al Norte de este.
Según los datos que ulteriormei)^ obtenga, procederá como
corresponda para dejar ilesos los soberanos derechos de la
Confederación í^. ....
« El Gobierno ha apreciado alta y muy sinceramente la ele-
vada misión diplomática que cerca de él acreditaron los de
S. M. B., y de S. M. el Rey de los franceses. Llegaron á esta ciu-
dad los honorables Lord Howden y C^onde Walewski, Encargados
por sus Gobiernos de concluir definitivamente el arreglo inicia-
do por su Agente Confidencial, caballero D. Tomás S. Hood,
para la pacificación de las Repúblicas del Rio de la Plata. Os di
cuenta de esta distinguida misión, y de la correspondencia que
.en ella tuvo lugar. Impuestos os halláis de los serios inconve-
nientes que hicieron inadmisibles las proposiciones de paz de
los Gobiernos de S. M.B. y de S. M. el Rey de los franceses,
presentadas por los Honorables Lord Howden y Conde Wale-
wski. Dieron por terminada su misión, y se retiraron . . .
« Muy sensible es al Gobierno manifestaros que el Honorable
Encargado de Negocios de S. M. la Reina de Portugal en la Con-
federación, fué alevosamente ofendido en su persona por un
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 399
•
infame malhechor, y que en tan escandaloso suceso el General
D. José María Oyuela asumió un rol ofensivo á las leyes, y á la
dignidad del país. El Gobierno eficazmente adoptó justas y
prontas medidas. El reo descubierto, que según recientes noti-
cias aparece estaren Montevideo, es activamente buscado; y el
general ofensor, depuesto de su empleo, y borrado de la lista
militar ^i^^\ ejército, se halla en la cárcel del Cabildo á dispo--
sicion del Juez del Crimen que conoce en la causa hasta poner-
la en estado de sentencia, dando cuenta
« El Gobierno fué informado por el de la Provintia de Salta,
que tres jóvenes Bolivianos hablan bajado en dos pequeñas ca-
noas desde losrios YtanyTarija, bástala confluencia del Ber-
mejo y del Zenta.— Presentándose como viajeros naturalistas
recabaron permiso de la Tenencia del Gobierno de Oran para
continuar su cacería en esas inmediaciones, y luego emprendie-
ron una fuga precipitada al territorio de Tarija— Según las in-
dicaciones practicadas, se supo que habían recibido recursos
pecuniarios de la caja de Tarija para tal reconocimiento.
« Simultáneamente con las órdenes convenientes dadas al Go-
bierno de la Provincia de Salta, dirigió el de la Confederación
el debido reclamo al de Bolivia, significándole su confianza de
<]ue dictaría medidas eficaces para que no se produjesen iguales
sucesos, poj; las desagradables complicaciones que pudieran
presentar en perjuicio de la buena armonía existente entre am-
bos países, y que este Gobierno sinceramente desea conservar
sin alteración.
« El Gobierno Boliviano informó que los tres jóvenes explo-
radores, empleados en la mesa topográfica de aquella Repúbli-
blica, habían tenido orden de ir á Tarija, para levantar el plano
de ése Departamento, y preparar los datos que á su juicio con-
vendría tener presentes, cuando los dos Gobiernos de común
acuerdo, pudiesen contraer su atención á demarcar las respec-
tivas fronteras de las dos Repúblicas, y para su mejor desem-
'X'
300 HISTOMA POUnCA T MLIUA
peüo, habían enprendiile U navegMSÍMi de Im ríos YUft y Tadja
atinentes del B^mejcK ▼ UbnuiM alirafíMNto losagiias eitcaoMs
peqn^daa (^ «perfiNtlaft y ei cujtiMfci i sohrerenidaAv se ppe-
l^a&aroii lia»te inliNrMvw en toraliMria- Jbf^nlinei . . . .
« Han MHpsulo á baPraviMia» dftSftlla.T Jq|íií algUBM^ Bo-
IíV'Ímmi^^-AiImI <iekieni» pwMñrna imh sos idens de pai y
amiirtad con h» yaiAtost A» U C^>nltdeiqtttQa. SJnailttneaiiiente
h'á mtitíiá^ el i'iÉA*en>»> dh^feedeSnlU y iiqiPr corres|iendeft-
oia« dándole cuente de U atümá de Mím« en las medidas da
estvkíl» nenlrftlidntt aitipliilar
« Se itt grJenide i be yéienwtf de Salla y Ji^ntla» medidas
de piki». i^m 4iie desanaaáis lee enigradoe por diehoe go^
bietuee» :m> oenaetteft e» aetilMl inelMsiva ; los haga interna»
á cftMiiente legua* de dietaneú^ de la. hroalera de Bolivier reeo*-
j¡ieMb Ie4e su anaamenle y nniiHeienesvy qnedel mismo* huk
do preeeiian con cnalqnier caadal páblieo qwhsbíeseo cenéis
cido al territoríe de diehae-pvovíneiaa — tea» bqp inventarío,
V con la inlerreneion de la autoridad SetJvíana<.
# Blí<iebamador deiojuí hai (wiftietpado una grave violafiion
del terríleriO'argenUiiD, . ejecutada por {áencaepertene^^
ejéreilfrdeiBelívía, at meiMlD. de da» oicieiefr qjoe- peRetr.aren
violenlaaiente kastai Qníaeav desamando á. Jes emigrados (\m
se habían internado hastAAlürf— fiehawclafliado eljiístocaeligo
de lospefpetfadere»deta&eseaiidal6saB' vialaniones ^ .
« Eu el anterior mensaje os-di cnenla^déh tríimfo' del General
Tacheco sobre los indios ladrones, en las escabrosas- soledadea
ilt>l desierlo^ trionfe-^pie había asegurade-dilatades fórtüear camr
|Hi^ y gitan persioii' de laint^ueza déla Proviociau. Despueede
eso, njngonai iavasien ni* robo haa eoaetídoi. Los cafiiqpes
Molkilaroula paz; yse>les ofreGÍó«admi4i>la bi^ eondídeae»
coavenientes .
ti Kn las Vrov4neias de Góndeba^y San. Luis* hubo» una inouD-
ikioH depredadora: de les indios ;da afaeUos terríteríes^ Se han.
lvi4Madi^ medidas, para su persecución y castigo
DE LAS REPOBLtCAS PEL PLATA 301
« La Provincia de San Luis; ha manido á los auxiliares de los
Andes con algún armamento.
« El Gobierno pidi6 á los de Córdoba y San Luis, un conocí^
miento de los daños y robos hechos por los indios ; el número
de estos, el punto por donde hicieron su escursion, el nombre
de los caciques invasores, muertes que hubieran hecho, nom-
bres, sexos y edades de los cautivos que hubieran llevado, y
cantidad clasificada de las haciendas que hubiesen robado.
« Que si quieren siga la negociación padica, deben d6Vt)lver
á los gobiernos de Córdoba y San Luis, todas las cautivas que
han llevada, las haciendas que han robado, pidiéndoles perdón
de su delito, y mandarles indios que permanezcan en rehenes,
por los que aseguren no robar mas, y estar arrepentidos. Que
«1 Gobernador de Buenos Aires no puede seguir la negociación
de paz ni perdonarlos, mientras los de Córdoba y San Luis no
le comuniquen haberios indultado.
« Agregó creer si, como siempre ha creido, y habia de creer,
que donde haya en las poblaciones salvajes unitarios, y sobre
todo Jesuítas, no conviene alli recibir ni hacer permanecer in*
dios enemigos procedentes de sus tolderías.
4( De la correspondencia de! Gobierno de Mendoza, seguida
desde 1845, resulta que vanos caciques asesinaron al de igual
clase Guimané, amigo de esta República, teniendo parte en el
asesinato los caciques Ayllal, Poran, y Cristiano.
« Aparece que e! cacique Zúñiga, á la cabeza de indios amigos
de Chile, fomenta incursiones á la Confederación. Que algunos
subditos chilenos, al regreso de los indios, con e( pillaje hecho
on esta República, les compran ganado, á pesar de ser conocida
su procedencia ; y que un capitán Salvo, al servicio de Chile,
mandó una carga de municiones de guerra á Baigorría . • .
« El comandante del Fuerte Azul avisó haber llegado alli va-
rios indios Ranqueles enviados por sus caciques á solicitar la
paz, y el perdón del gobierno. As^uraban su buena fé, prome*
\
:i(N) HISTORIA POLlnCA Y MiUTAH
\mM, liiUiian oinprtMidiilo la n.'wegHcieu de los ríos YUn y Tarija
;il1iionU*s del B(H*mejOvy Ubradea aloiirüHKle las aguas encaaoas
p<H|iiefia8 o impiTÍetitas y con crecÍMtes solii*e venidas ^ se pvo-
plisaron luista iiiieriiarse on terrilorío* Avgfenlino
« Han enU))rado ¿i la» Provínnias í\h Salta-v Jujui algunos Bo-
IÍY^M)0s<--.4<)tt6l Gobierne persmera tM» sus itle^is de paz y
amii^Ud con los piiebk^s tb* la r.onf<eileraciou. Stmuliáneamentp
ha ciN^ibklo ol iWtbíevno. do los de Salla y Jujjijlí, corresi^mlea-
oia. dándolo ciuMita do la aoliUid de Bfvüvios en las medidas de
osiríota neiitralhiail aikiplBiibs^
« Si^ ha onlma^lo a lus pUiioruos do Salla y Jnjui las medidas
do piUicia. para que dosarmados los emigrados por dichos go-
lútHiiiVü, s<^ consorvoa on aeiílud iaofensira : los haga inler nar
a oínratHila logiias do díslaiitfta de la trouteni do Bolivia reoo-
i^ionitu Uhío su armanionK) y inuiiieiones* y que del mismo mo-
do pr\>cOi)an i^)n oiiak)iittH' oaoiial ^mblico que hubiesen coada-
oido al tenrilorío do ibVhas {Hvviucias — todo bajo iovoDlario.
> ixm la iniorvMOHHi do la auliMridait Botíviana.
« El ti<4Mtiailor lU» i^/tá ba parlicípado una graw TiolafHHi
dol terrtMri<>ar^Mili«o. i^tyttcaida por átonas peftiNitcieotos ;ki
ojortiwi doi B^vñk. a) mando de iWis otiriaies que peaecrv^o
X iol»»iiMionW basta O^iaiu^ d(>saraiaihk> á [it$ oia^nAÍ6& que
so bahian ñnomailo basca alli — Se ba nviaaudo ei ju>K> oaso^o
do k^ l>erpirtnidtirv6S^ de taa osMOtbd^sas tmíacíoao^
« Kn el juiterKir nwsajo i^«U raMU «M Tniuio «ir: Moerjii
TiohAV xKm:>:» k>s iriJivVi laip»<. - v. liS r>:./: r. SrS ?»^
vU^t %bMíiiK%ík inani^^Tio había asiwmiie «itUL^v^ ietta^
;vvs< y ip;Mi ^wnrkw do ¡a minea *»* a IV'^r ana. D^fSf aift«
«'s«v w^pMM uih«as««« ni rv>c^ baa AvarC^o. L.? ::dj:
v\^
. "S" u '". ¿r^
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* ^ ■? -JET'"* m: liülri ral t*Kí«iii.
conundante de! Fuorte Aiwl /aínv V^v i<y,t^v %»!» v,
mdies Banqoeies enTüuios |v>r su* . jk^^h^w í xnv.,;.^ <•
y el perdón del gobierno. Ast>jnuMlv*5^ si^ lsii,v>v^ ^n ^^^s
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ÍCÍJO
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iM'io
30¿ HISTOHIA Pt>LÍ'nCÁ Y MILlTAh
ti.'iíi observar en adelanto una conducta pacífica, y enviaron
como garantía algunos de sus hijos, y hermanos.
« Se le ordenó les diese á saberlas siguientes proposiciones,
compendiadas.
« Kl (iobierno acepta la |)az <]ue prometían.
K A BaigoiTÍ:i lo perdonaba.
« Si se efectuaba la paz, debiiin entregar los cautivos cris-
tianos.
I
« Kl comandaníe dio cuenta haber recibido los indios las pro-
posiciones con placer, y regresado á dar cuenta á sus caciques.
w Kleslatlo del empréstito de Inglaterra es el mismo que os
manifeslóel (Iobierno el ano.anterior
^v Tor nu^livos poderosos de justa defensa nacional, el Cío-
bierno ha prohibido, de acuerdo con su aliado el Gobierno le^al
tiela llt^pública Orientad, el tráfico con el Puerto de Montevideo.
prohv'Vii'l^ííd coníercio licito de las introducciones directas !o
nllraniar ^^
ri GtMHMal llosas ndopló en Marzo del 47 una medida de
j'ian influencia para el mercado monetario de la plaza de Bae-,
ni»^ \ir(\-. Orden '^ se prestase á la casa do Moneda, cinco mi-
/*.»ííf.sde pesos» de los pertenecientes ala caja de amortización
de la diMnIa púídica, para que se empleasen en prestarlos j
• liS.MUMilo. á p.irliinl.'i\v<, al ínteres mensual de I ,S p%. Con
I :! uíedida. los !, íu^ l-uvs de papel que le habían retirado del
niercadt) para ítuvaila baja ileloro, alzando latosa del interés,
se encontraron Iruslrados en su plan, tauto mas, cuanto que
no lisiaba en sus intereses, tomará rédito de la casa de Moneda,
la casi lolalidad de los cinco millones. El interés del dinero,
bajó, y el pa|>el retirado volvió á la circulación, abvíando por
el momento la. situación de aquella plaza, cuyo estado econó-
mico era ruinoso. Tero el beneficio que obtuvieron la circula-
ción y el comercio, no podía ser de larga duración, desde que
al cesar el estímulo que por entonces tenía el papel fuera de cír-
Df U8 REPGBLIGAS DEL PLATA 303
€ulacion volviendo á entraren ella, todo el que ex¡st¡a,su abun-
dancia llegó á ser perjudicial. Entre tanto, la medida del Gene-
ral Rosas, seguia de cerca, á la enorme baja artificial del oro,
promovida por el mismo señor Rosas, y ocasionó grandes ga-
nancias, que levantaron grandes fortunas ú los allegados al
poder cuyas secretas disposiciones conocían de antemano.
fSuplicio <lo Oainila O*0oz*xnan
En el Último mes del ano 1847 fué sorprendida la sociedad
Argentina, con uno de aquellos golpes terribles que derriban el
antemural que la humanidad está oponiendo constantemente á
las acciones bárbaras con que agobian á los pueblos los tiranos.
Un clérigo Gutiérrez, ex-cura de la parroquia del Socorro en
Buenos Aires, logra seducir á una joven perteneciente á una
decente y honrada familia de aquella ciudad.
La joven tiene 22 anos, y huye con su seductor— La pareja
llega á Corrientes y fija su residencia en un paraje solitario de
aquella Provincia — Se lanzan decretos por el General Rosas,
para la persecución y captura de los prófugos, y estos son por
* fin denunciados por un cura irlandés llamado Gauon— Gutiér-
rez y la joven son conducidos á disposición del General llosas;
y llevados al campamento de Santos Lugares, donde son pasa-
dos por las armas, el viernes 18 de Agosto á las 10 de la ma-
ñana.
La joven Camila estaba en cinta y muy próxima á ser madre
—Todo esto denuncia un drama rápido y terrible, con episoijios
aislados entre las sombras y el silencio de la tiranía.
Véase como dá cuenta del suceso la crónica de la época, bajo ,' ,
la infiuencia dictatorial: it
El 16 de Diciembre de 1847 el Cura de la Parroquia del So-
corro Uladislao Gutiérrez, que seguia una vida escandalosa y ^
habia convertido la Iglesia del Señor y su sagrado Ministerio
en sacrilegas profanaciones, abusando de la Religión, fugó de
aoi
lUMroHu rouna y viuuh
o*«liH uiil.itl i'w rom^uAu (lo tl^iuülu OVionuoii. perdida pin
l.i >oouhIiiI > |MiM su iltvoulo v liouruila fAUíilíj— Esto escán-
il.ilo ituudilo iM\ lUioiuvs Aiivs. > do Uii liiuo>u iiulueocia ea U>
lamdt«^N« OH ol KNL^do. \ oii ol sj^ooixLvio. luo uoiioiado al Gi>-
Imoh^^ |mi l^s ,^ui\M(dAdos Kciosuslioa.< y r.i\iloi^--IiuB«du&k-
moiuo ÍdM\^ l.u\io ou «\siji hvxiuoKt o^^iu»^ i Uv< in^lucYiK^ «k k>
dom.*N,lo iMouhNloiAx'UM^ Ias .m\ío:ío> oorrt*>;vHi.:-t r.:e* york
Iv^^AwdAxO o;\ ítI Rio •W' lji^\ii--F'i N)L::ti Ks |vc m«dKi>ñ&-
d,\\'^^xAí J^vS.< XN.V ¿,'55C»:i«i\^*> .•.^•i;vfc«:c.: >.Hr;«^iiiiKr i
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NkiJi% i£P0WICi8 DSL ^UTA 305
áetucefo horroroio : Biiestpo JliislriMino >Sr. Obispo J)io€eBa-
no, » nota 'del 2i del mismo lo cUaifieó de pr^^eedmieñto
enorme y e$cündúU§a. Todoi» los .Cpobieroos ^e la Goidedera*
cion¿ cofitosiaodo & la ^oulaFdelfíobierjao^eiiarsdiSe proouií-
ciaron debidamente «nel propio sentido.
Los crímeAes de engaño y faÍ5ífioacion cometidos por los reos
después de su escandalosa iuga de Buenos Aires constan tam-
bién de comunieaciones oficiales de los £xmos.8res. Goberjoya-
dwes de las Pro vinoias de Santa Fé y Corrientes» y del sojuiHo
seguido en la Villa de Goya por orden del Gobierno de Corrien-
tes por el Jaez de primera instancia asociado del Ccduandante
deesa Villa. Por dicbo ;»umario consta también: 4.^ que los
dos reos obtuvieron pasaporte en £ntre-Rios, en la ciudad del
Paraná, el 4 .* de Febrero «Uímo, bajo los supuestos nombres
de € Máximo Brandier y su esposa Valentina», coEMorciante el
primero y natural de Jujui: que ante las autoridades de Goya
declaa*óUladíslaoGrutierrezser comerciante, llamarse Máximo
Brandier, y^r esposo de Valentina San: que iguales falsifica-
ciones sostuvo su cómplice Camila O'Gorman: y que en U con-
fesión se ratificaron los reos en las mismas ficciones.
De esta manera burlaron las leyos humanas, como babian
violado las Divinas; y de crimen en crimen ofrecían solo á la
sociedad, con el escándalo de sus deli4os consumadoSt ia triste
perspectiva de otros en una interminable cadena, que el Gobier-
no cortó con un golpe saludable de justicia.
No se trata de faltas, en que incurren nuestros semejantes,
porque á ellas estamos snjetos, y nadie es perfecto, ó de delitos
ordinarios, en que pueda mitigarse la severidad de la justicia,
sin grande perjuicio del Estado y de la Religión sin autorizar
un desorden profundo y fatal, sino de crímenes graves y corro-
sivos, inauditos, respecto de los cuales la contemplación viene á
ser funesta á la sociedad, y la indulgencia una ofensa á aquellos
grandes principios é intereses conservadores de las nacipnes ;
20
308 HISTORIA POLÍTICA T «LITAR
En tal suposición, en tal estado, no intocanos en su faYorni
sn debilidad ni su inesperíeneia : no pedimos para día d^
mencía alguna, sino justicia cruel é inexorable. ¿ Debia morir?
pues qne mariose ; que la lej fuese complida. Bien. ¿ Fbto
qné ? La lej ¿ solo habrít de ser en manos de los tiranos an
elástico rnstnunento de muerte, que se prolonga 6 se contrae,
segon sos caprichos élas necesidades de su sistema? ¿EstniB»
ca acaso T ¿ Es acaso dirisible ? ¿ Es licito acojer solo lo r^ido
deek, y^lesechar lo benigno ? ¿ Lo es qne eliasinra para todo
al terdogo, para nada á la Tictima T ¿ Ha de poder un gobierM
invocar la lef para matar, estar exento de cmmplirta en lo dé^
mis? ¿«Es josto esto? | Oh, no I Esa misma ley que decía «-
Camila mmera — esa misma decía también ~ Camila sea oída y
juzgada.
¿ T lo fué por rentara ? Ni por un instante se pensó en eso,
como jamas lo pensó Rosas en los miles de muertes que por
motiros 6 con?eniencias políticas ha ordenado. ¿Porqué pues?
¿ Cómo se justifica esto ?
Porlo mismo de ser tan probado el delito, el enfuidamiento
era tanto mas fácil y rápido. A bien que el protesto de ser nece-
sario que el castigo fuese pronte, no puede jamas autorizar la
ausencia total y absoluta de las formas ; porque una Tez admi-
tido ese protesto^ el interés de los tiranos les inducirá á aplicar^
lo á todos los casos. En Buenos Aires se han visto crímenes es^
pantosos, respecto de los cuales ef pueblo clamaba por un pron-
to castigo ; y un pronto castigo presenció, sin que por ese la:
ley dejara de ser plenamente acatada. T precisamente el ulti-
mo de esos casos acaeció al concluir Rosas su primer gobierno :
á los ocho dias del parricidio, el criminal estaba ya colgado en
la plaza de Lorea, después de un juicio que hizo iionor á los
jueces de Buenos Aires , en el que se obsenraron absohiia^
mente todos los trámites y formas de la ley, que corrió to-
das las instancias que ella permite, y en el cual, uno de ios jue-
DE BUS BfiPÜBLKJc» DEL PKffXi 3M
ce» saperJovesy ftié ebaetnil mnwtra áft iielacioQea^ esteríoi^es ;
asi eoBM^ d' da- prínenu imitatm, tm eI:iiD«ii& que' )Nqrv eontra
su «oacienem, j antoeli e»peeti(nilo>(te la» lojes destFOtadas de
Su patr», ¥9 i asentar ]iieiilída«erite m» lor satey qHO Smeiio»
Aires progresa en todo sentido. ¿Pero qué mas? Rosas ons*
me',af'pviii<iipi0 ds& sw segiide g^Aietno^ estn eSrCWoíds'se
mostiRd[Kki)iA»eonl0QÍAB' respes de^e^fam (jle qne no resot-
tas0a^iinaralílídia(dl<ár«M sistoaai, aiiaqiw«jeeal6 áva^ríBUiialv
lekf»^ tanbiea|azgair: parodéspKS,. m (ÁiaimfcéitAimMla
sxmm9m[í9aíB^f9mfmtmfEí^(sék¡sú»^; awsísimiaJeiwpinHEHlfl
necresHiaid ée s^entear j sosUner éütevroír ; y á esta nefMídtai
fué kmoiádaí fo Hifo9tana«ki Canífi»,. e» quien rO' ser respeCfr en
IMS^el santa derecho de set JKgaéav qoe en 483& habiasídl»
respetaéo'en n» negro esebnn», asesiaetde^sv señor.
]fe pretendemeft tortivar la se&sífaHMadi éef nuesteos leeto^
re9, desaproitaadé ante sos ejes el eaaéro éajeriosay repulsivo
que presentan ios fastos criminales de todos los pueblos, yqne
haría ress^r lo ridieato» éte-esa esce9mi.inpottaflM3a qxie ae
quiere dar at meesode CamiAsL.
Tam ines^vsaibte es el asesínalo que ésto lia (mmetide y taor la
conoce el misHu^ReeaSr (pie | obsécrese Men I él cwda muelle
de esparcir, como de paso, ciertas pabÉcas- que, teníencto'en
to€fGf6 tee paiees^una sígniíieacieii fija.f oonoeida,. aKrejen en
el esteríer ta idea de que^ Camila fué" JMCgada* Es pw ese que
intreáiice'bsToee^de^fiRMmev €§»fesmñy mmteiwmí. Esteti"'
ranei Uama n^marm yt efmfemm^r á; éselaraeieoes que din* se
towó efr eerrientes á fios preses : 7 la sí afolar es qae, peeséíii'^
diento de ta falta totab dema* dsfeaea, dice que todo cuante^
los presos dijeron en esas declaraciones, fué falsedad y fwckh
nes^ ?te ceusiguiente : esaieita «a pasoA masí pava que, cuando
llegaroná la jnpisdSceioa de san JMBcesy á Buenos itinres;^ s% ]b»
formase caasa ; á i» de que,, aunqne no^ fáesesin» per lienar
lasteiijenciaséetaélegp, se les eenvendese de esas falsedades.
34 2 fiKTdSIA «OLtUA ir sblizoí
'OSOS '^5 progresoi *6f» 4o/lo ^ntéá» fae iiaoeB bajo sxi& varas
íéiitAs y gaaggifiar, ias iofooíwpséufcometgia» del Piatau
I 'Qaé coulcaate I BieBÉras fM*ai el ihtíégiáidWíBO au«ljuie-
¥^ iMindo, .todos í05jnmUo€ se ajüan en «na sieceádad de
regeDeracim y 4t ipr^gnew^ 7 neooiKpnsi», ms «b lasnooar-
qjúas mas abMbitas« lei«fdMdades derechas ^tenbreyfdel
ciudadano ; se predica altasMOle ea Baeods iAáoes por los ^fne
osM üafnaPQOS'einirüeoídosy «alirqes^ qse reside «en los gcfcíer-
(Ms MUldaoidos, m las jatonidaéBS públicas, la ireme&da fá-
cithtad de des^dazarios nodos, i iíúé espactáoalo I Ea Evopa,
aun los sanpraadidosfen la^ calles con áas anai^ que eapiiia-
ron contra todos üos priscipios sootales, son oídos r, y al .-ser
castigados, no sdo no lo son con la pérdida de la «vida, sino
que al aplicárseles aoa pena, la aittoiridad cmda de manifestar
«US imotrvGfi, (pie la prensa se «acaí^ de:a|pO]rar ó oombatir :
mieulras qne en Buenos Aires, asa itirania :siiifliodelo, f«e se
dlama gotÁemio, bisiia «n larmas áaiBa<)é^eafleduoida, eael
acto^deibaberlaenireaQsinfanosíbonttcidafi ; la pneasa no exás-
le; el paebloanaldioe y tiembla; da aator&dad caUa; j recien
á las 84 dias«e pnesoüta fermulaDdo laacisacion, y justíficaiido
eUremondo asesinado )Gon la espantosa dootrmaideiqiiefiebafla
onvestÁdo coa la faonltad <le asesinar.
Pero M aun considerada aisladameaite la peraoaa de Ca-
mila, sa (muerte ha sido un joaigne crmm { cujuatosmas ne-
bros no apai*ecen los ^^otores de este borriUe «onadro, si se
^contempla ademas dÜNiiado con la sangre de «n inooettte de
siete tmeses I 'Que la napudeate dictadura j sus deignadados
escritores, .apoiren, TaspecAe de Camila, toda Ja iasensatei; de
sus 'doctrinas :al)seliititftas y féreK^es. Nosotros los desafiasaios á
que las apliquen €0& édlo al Ju^o^de esa infeliz : á qve^ienmes-
1i*en que ese ser desrenlurado, baUa deliiKiukloyiiiiereGÍdo»el
suplicio, ¿que solo la atrocidad de un Rosas pudo «oadenarie :
jÁ que arranquen, por coasigakarte, de Jo bondo de las con-
DE Li» BtPtBLUIAS DEL WhA^ 313
ciencias, la universal convicck» de qae este cmiel y doble
asesinato, ha sido el mas bérbaDO^ ; paTcnroso ateatado*, que- en
la edad presente haya eometido an gobierno.
Y ese gobierno asesino^ que siente sobne so; cminmal cabeza
el peso de la maldición • general, cree bailar ttoa sindicación
imposible, buscando en vano k otros tantos malvados como ¿1 :
conócese culpable, y acusa- á todos los gobiernos : conócese in^
justificable, y calun»nia k toda la especie humana. No tienen
otro significado que este, aquellas desvergonzadas^ palabras :
« Gomo si fuese posible atribuir at castigo de los crímenes el
carácter de inhumanidad ; y como si no se practicasen en to-
das las naciones civilizadas, ó no esluviésemos presenciando
hoy mismo, en toda la Europa cultay saludables esGarmíento&
que los gobiernos adoptan para contener el desorden social, y
preservar al Estado de males sin cuento. »
I Qué miseria I Esas palabras constituyen la mas irresistible
demostración de su falta total de medios justificativos : algo mas :
esas palabras, tan inhábilmente traídas,, son una potente acusa-
ción de Rosas. ¿Quién, al leerlas, no hace en el acto, entre los
sucesos de Europa, y el del 18 de Agosto en Buenos Aires, una
rápida comparación, cuyo resultado es la condenación irrevo-
cable del verdugo de Camila?
Sí : porque es mentira — | y vindiquemos en esto el honor
de todos los gobiernos I — es una audaz mentira, que ni en
Europa, ni en parte alguna del mundo, exista otro Rosas : es
mentira que ningún gobierno, ejíi ningún país, haya ofrecido el
horrible espectáculo, que en aquel dia de crimen estremeció á
Buenos Aires : y es mentira en fin, que si alguno de ellos, en
instantes de frenesí, llegara ár tener el infortunio de cometer
atentados tan feroces, tuviese también la osadía de presentarse
ante el mundo proclamando que le asiste la facultad legal de
cometerlos.
8i hay puerilidad é inepcia en querer asimilar, bajo ningún
314 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
respecto, un delito absolutamente particular j aislado, con los
del (leiórdeTi 50ctaí europeo, consiguiente á tremendas conmo-
ciones políticas, hay también inhabilidad y rudeza en asociar al
atroz sacrificio de una joven seducida, los recuerdos de los pro-
cederes observados por los gobiernos de la Eurpa revoluciona-
da. El alto contraste entre los «actos de esos gobiernos, y las
.sangrientas demasías del déspota del Plata, es precisamente la
acusación mas formidable que contra él podía haberse formu-
lado. Én Europa los intereses y las pasiones políticas, arras-
tran á empresas altamente culpables, y á delitos de estensas
dimensiones : y sin embargo, cuando los gobiernos han re-
sultado vencedores, han sabido respetar en sus autores, no
obstante la ardiente esfervescencia de sentimientos enconosos,
los santos derechos del hombre : han rendido homenaje á las
primarias condiciones de la sociabilidad : no han abjurado au-
dazmente á las prescíones venerables de la humanidad y del si-
glo : han penádolos, sí, pero | ni una sola ejecución ha enne-
grecido hasta ahora su victoria I
Eso es lo que se ve en Europa. Mas en Buenos Aires . . .
I llosas, Rosas I Tu audacia al provocar estas comparaciones
acusadoras, solo es comparable ala magnitud de tus delitos. . .
Eso os lo que so ve en Europa ; pero por solo el delito de se-
iluccion y fnga, recibir á una mujer y sentarla en el acto en un
banquillo, en medio de una quietud profunda, con espantosa
sangro fría, y ;i los ocho meses de haber delinquido ; y á una
mujor en cuyo seno se agita un ser inocente, esto es | bárbaro 1
no so vo ni m osa Europa exilia, ni en la África salvaje : esto
I monstruo ! solo so ve en ese gran teatro de tus grandes ase-
sinatos : solo on el campamento militar de los Santos Lugares.
Tal es la vindicación de Rosas.
Por lo demás: la justicia, la humanidadad, la civilización,
hallarán sin dmla esa vindicación tan osada v abominable, co-
mo el crimen mismo que la motiva, y sin hesitar, ratitícarán el
DE LAS BEPÜBLICIS DEL PLATA 315
perdurable fallo que, al saberlo, proauQciaroQ indignados : —
piedad y absolución hacia la victima, inexorable maldición so*
bre el verdugo.»
Finalmente, el proceso levantado al General Rosas, algunos
años mas tarde, nos proporciona los datos que damos á conti-
nuación; los que no dejan ningún género de duda, que el Gene-
ral Rosasen esta época, habiacaido en un extravio de razón
que acabó por serle funesto.
En ese proceso, Antonino Reyes declara que habiendo llega-
do al campamento Camila O'Gorman y el sacerdote Uladislao
Gutiérrez, según las instrucciones de Rosas, les puso grillos, y
que en virtud de esas instrucciones los hizo fusilar. Que se
atrevió el declarante á dirigirse a Rosas, hacerle algunas obser-
vaciones, y manifestarle el estado avanzado de preñez en que se
encontraba Camila, para ver si conseguía la revocación de la
orden; pero tan lejos de conseguirlo se le intimó ejecutarla,
reconviniéndole el tirano y haciéndolo responsable con su vida.
El Dr. D. Mariano Beascoechea dá los siguientes detalles so-
bre este espantoso suceso. Dic^ asi: « Luego que el Presbítero
€ Gutiérrez y la joven Camila llegaron al dicho Cuartel General,
« le dirigió Reyes á Rosas una carpeta en que le participaba el
« arribo de ellos, y le manifestaba que por la premura del tiem-
€ po no les había hecho formar las clasificaciones, pero que lo
« haría después y se las maindaria con la prontitud posible,
« advirtiéndole á la vez á Rosas, que aunque según estaba or-
« denado debia haberle puesto grillos á la joven, habia por en-
€ tonces omitido hacerlo en razón de haber esta llegado algo
« indispuesta por el traqueo del carretón en que venia, y estar
« muy embarazada; y que si en esta omisión habia él hecho mal
€ se dignase perdonarlo. Esa carpeta en que asi hablaba Reyes á
« Rosas, la tuve yo mismo en mis manos en borrador escrito
« por Reyes, y se la dicté á este, quien la puso en limpio. No sé
« todo lo que Rosas le contestaría, pero sí sé que al otro dia si
316 HISTORIi ?OLlnGÁ T ULITli
-€ no me^jwvoQO, BiaDd¿ Rosas que se Ic^pnsidrau gríUos i la
«jtWen Camila, á quien aales «de oso asi ^oao al Presbítero
« (iutíorrez, so los había ya formado osas especies ée iiMiagato-
« rías á qae Rosas daba el nombre ile clasificaciones; pero estas
^ eotonces todavía estakiD «en IwTador. Al silente ¿ á los
« dos días después -del que qneda meacionado, envió Rosas al
« amanecer ana larga car|)0iaÁRefes, ki fue este recibió im-
a poniéndose do ella en el instante, y algo sorprendido por su
« lectura, me la hizo leer a mi. En esa carpeta que era ioda^lla
« escrita dep9iño y tótru M Ikctadar Rrnas^ le ordenaba éste á
« Reyes.entre otras cosas que no tengo ya presente, las siguíea-
« tes, de que me acnoitio muy bien por la fuerte y disgustaale
« improsioB que me causaron, i ."* que luego de recibir esa
« carpeta proceiliese á llamar al Oura que habia entonces en
. « Santos Lugares, y al que habia dejado de serlo, PresUtero 4on
n Pascual lUvas para que sunúoislrase los auxilios esfMrituales
« al IDO Ulailislae Gutierres y á la rea 4Iamila 0*German (así
« los «deiMiHM naba Rosa« en la tal carpeta.) 2."* Que á las diez
» en puuti) do la mañana de «se díalos hiciese fusilar. 3.*" Que
^ sí á las diez de osa mañana «el reo v la re;i no se habían aon re-
« coucilíade con Dios nuestro Seííer, (4K4a[bras de Rosas según
H recuerdo) no por eso sus|)endiese Reyes la ejecución, sinoque
« la llevase á efecto coflio se le ordenaba, i."" Que antes de todo
f( pusiese Reyes en completa -ínoomunicaoion todo el Cuartel
^ (ieneral, de ánodo que iKidse entrase á él, ni tampoco saliese
< hasta después de la ejecución de les reos; y asi lo verificó Re-
« yes haciendo oeicar con soldados armados el f efmdo Cuartel
«tienoral. 5*'' (^ concluida la eyecucíon, le coiAostase Reyes
« la carpeta, dándole cuenta del puntual cum^ílimíeioto de todo
« lo qae en ella ordenaba. )^
Un {pueblo -gobernado del modo que lo estaba Buenos Urea,
donde á |>edar del toi*i*or de la tiranía, el imperio de las masas
había sentado su solio sobre la sociedad» por lo mismo que el
Q£ US RCPDfiUCAS DXL PLATA 317
dictador reposaba en aquellas; im pueblo gobernado a&U decía*
mos, no podía meiu>s qud caer ^n la dBsmoralizacioB y la ioibo-
ralidad mas completa ~ Con muy i^as excepciones, los em-
pleados de la administración, que representabanilgttn iitf ujo
se entregaban á las esplotaciones mas escandalosas — Machos
personages á quienes el General Rosas había sacado de La nada,
para emplearlos ya fuese en la categoría de sus ¥erdiigos pasivos,
ó en agentes de su política, eran hombres de mucho dinero, gran
casa, ygiro de negocios. Estos personages, se hacían tratar con
todas las adulaciones que se dispensaban al General Rosas. Cada
uno de ellos, establecía su negocio, con arreglo al emplee que
gozaba — El Capitán del Puerto, por ejemplo, tenía balleneras
y carretillas de su propiedad : un empleado alto de la aduana,
tenía carros de descarga, y barraca, y un encargado de Santos
Lugares, tenia bairaca, á la que iban todos los cueros de los
animales que se consumían en aquel campamento, cueros que
compraba su socio : tenia también en Lujan y en el Pilar mata-
deros de yeguas, cuyos cueros se vendían en Buenos Aires —
Uno de los mas pangues negocios para estos hombres^ y que
daba idea del modo como se vivia en aquella terrible época, era
la cosecha del trigo, del cual se hacían recojídas inmensas, has-
ta de 3,000 fanegas por ano, sin que les costase absolutamente
nada, empleando en la cosechai los desgraciados miUctanos,
que trabajaban para estos — El modo de hacer estas grandes co-
sechas, era ordenando por los Jueces de Paz que se hiciese sem-
brar tal cantidad de fanegas, y de ese modo tenían sementeras
en todas partes, y los Jueces de Paz, aunque en eso no gomaban
nada, tenían qne cumplir la órdeo — Otras veces para encubrir
los cargamentos de toda clase de efectos, que se enviaban á ven-
der á Montevideo, se reducían á prisión por medio de acusacio-
nes falsas á personas que nada habían hecho, como sucedió con
D. Ciríaco Bueno, D. Agustín Castriz, D. Justo Bengochea, y D.
Adrián Martínez — Sin embargo los verdaderos contrabandistas
320 HISTOBIA POLfTKA T MILITAR
esperando sea de su aprobación las medidas adoptadas para el
cumplimiento de la disposieioB vigente sobre el particular.
Dios guarde á V. S. muchos años.
Pedro Romero.
Para espulsar al señor Picolet se hizo valer la especie de
que su conducta era incompatible con el decoro con que la
Confederación Argentina sosteniasu dignidad, y sus derechos
políticos, agredidos según el señor Rosas, por este agente.
Se le permitió un plazo, en atención á estar encargado de los
consulados Inglés y Francés. De ese modo quedaron tres con-
sulados acéfalos : la balija de correspondencia en vez de ir
directamente á ellos, al arribo de los paquetes, fué entonces al
correo; y esto proporcionó á la policía de Buenos Aires la oca-
sión de estar al corriente, de lo cual los Gobiernos como el del
señor Rosas saben sacar partido.
Antes de alejarse de Buenos Aires, el diplomático italiano,
pasó al ministro argentino Arana, esta nota :
( TRADUCCIÓN. )
Buenos Aires, Setiembre T de 1848.
A Su Excelencia el señor Arana, Ministro de Relaciones Exterio-
res de la Confederación Argentina.
Señor Ministro :
El 4 del corriente, á las diez y media de la noche, recibí la
nota de V. E. el señor Gobernadar, y los pasaportes que eran
adjuntos.
Si he tardado en responder, es porque debi tomarme tiempo
para volver en mí de la penosa sorpresa que me ocasionó labrus-
ca y muy injusta medida adoptada á mi respecto por S. E. el se-
ñor Gobernador ; y por mas que be consultado mí conciencia y
mi memoria, no me ha sido dado hallar un acto en mi conducta
que haya podido merecerla. A decir verdad, señor Ministro, no
r
DE tkS REPÜBUGAS ML VLkTk 381
i
be eocoDtrado en la nota de V. E.,, y en el decreto del 6r. Gober-
nador, mas que una acusación Yaga é indeterminada de enemis-
tad por parte mía, hacia este Gobierno, y de contravención al
derecho de gentes. Semejante acusación seria grave, sin duda,
si estuviese apoyada en hechos comprobados ; y yo declaro so-
lamente que desafio á que me sea presentado uno solo, durante
mi larga gestión, que haya podido merecer la censura de este
Gobierno. Sin duda ninguna la determinación que acaba de to-
mar respecto á mi, sin haber recibido de mí previamente la
mas ligera esplicacion, y que no puede ser sino el resultado de
un error, de uaa equivocación ó de una calumnia, es un proce-
dimiento inaudito en los fastos de la diplomacia, y contra el cual
protesto, del mismo modo que rechazo, con toda la fuerza de la
verdad-, las indicaciones contenidas en la nota de Y. E., que
tienden á hacer suponer que he podido cometer algún acto hos-
til á ese gobierno, 6 á desviarme un ápice de cuanto es prescrip-
to por el derecho de las naciones, mientras que á este respecto
no se me den pruebas positivas, estoy en el derecho de recha-
zar las inculpaciones que me son dirigidas. Cierto de haber
llenado mis deberes en todo su rigor, y de haber hecho cuanto
estaba en mi poder hacer para mantener amigables relaciones
con este gobierno, en el mas breve plazo posible, dejaré, no sin
pena, este país donde he residido cerca de dos años, y tranquilo
con mi conciencia, iré á someter mi conducta al juicio de mi
gobierno.
Tengo el honor de ser, señor Ministro, con el mas profundo
respeto, de V. E. muy humilde y muy obediente servidor.
BARÓN PICOLET d'HERMILLON.
El 29 de Agosto, el Capitán del Puerto de Buenos Aires D.
Pedro Ximeno, que como se ha dicho tenia innumerables nego-
cios, y entre ellos uno de carros de descarga, tomó á nn peón de
estos, y por alguna falta cometida en aquel servicio, lo hizo es-
21
322 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
taquear en la Alameda paraje el mas concurrido de Buenos Ai-
res. En ese bárbaro tormento le tuvo estirado por mas de dos
horas. Este espectáculo presentado en el paseo público de aque-
lla ciudad repugnó á sus habitantes y en particular á los estran-
geros, que nunca habian visto estaquear.
En ese mes salió de Buenos Aires el General Mansilla con
dirección al Norte ; llevaba la misión de pasar tropas al En-
tre-Rios, para formar allí un ejército de observación — Se em-
pezaba á temer de Urquiza.
El General Rosas en su política de investigación y procedi-
mientos secretos, no descuidaba medio alguno para seguir la
pista á las tramas que ya empezaban á organizarse contra su po-
der. Ordeno que los Alcaldes y Tenientes de Alcalde, tomando
reservadamente las noticias necesarias, las anotasen en los' mi-
nuciosos padrones levantados años atrás, así como los nom-
bres de los habitantes de cada casa capaces de tomar las armas;
su opinión política conocida ; su posición social, y propieda-
des.
En la campana no era menos depresiva la situación que su-
frían sus habitantes, por los delegados del señor Rosas. En
Chapaleofú se levantaron haciendas, por orden del comandante
del Azul, Pedro Rosas. Igual cosa se hacia en los otros depar-
tamentos ó secciones, y esos ganados venían á Buenos Aires, y
se faenaban en los principales saladeros de altos personajes sí-
tuacioníslas. En el Azul y otros puntos se cuereaban miles de
yeguas por cuenta de los capitanejos de la Dictadura.
Los vecinos de Chapaleofú y otros puntos que presenciaban
las volteadas de yeguas y envío de haciendas de toda marca, á
los saladeros de Buenos Aires, se reunieron y trataron de bus-
car remedio contra tal proceder, conviniéndose en dar la cara
y dirigir una representación al General Rosas, manifestándole
los actos de D. Pedrito, pero después de estar convenido todo,
un individuo délos mas comprometidos, por efecto del envile-
DE US EEPDBLICAS DEL PLATA 323
cimiento á que se reduce á los hombres viles, el sistema de
terror, se presentó al enunciado D^ Pedrito j delató á sus com-
paneros, muchos de los cuáles, sufrieron bastante por esta
circunstancia ; pero D. Daniel Arana, hijo del Ministro de este
nombre, que era hacendado lindero con Pedrito Rosas, y per-
tenecia á los de la liga, se indignó, y escribió á su padre. El
Ministro Arana presentó la carta á Rosas, quien le prometió
hacer justicia, agregando temo mucho que en esto ande la m^
no de los salvajes unitarios I No obstante ordenó que se le-
vantase una investigación, pero el sumario pasó después á
Pedrito Rosas para que informase, quien le puso una piedra, y
le apretó para siempre.
Los demás hacendados como D. Manuel Sánchez y D. Manuel
Saavedra, del Arroyo Chico, viéndose igualmente perseguidos,
escribieron á Buenos Aires, y lograron quedar tranquilos,
encargando á un coronel Ventura Miñana de patrocinar sus ha-
ciendas, mediante una recompensa. Este Miñana (a) Cuíco que
fué el que presentó al General Rosas la cabeza de Zelarrayan,
degollado en el Colorado, por un indio sargento de Dragones,
concluyó por vender á sus comitentes poniéndose en combina-
ción con el comandante del Azul.
El cepo, los grillos, la estaca, y los castigos corporales de
300 azotes arriba, era moneda corriente. Un vecino D. José Al-
varez sufrió un castigo de 300 y tantos palos, porque reclamó
enérgicamente y protestó, llamando robo, al arrebato de sus
haciendas.
En varios distritos de campana mandados por tiranuelos
como este, los vecinos se veian convertidos en soldados vetera-
nos, y como tales recibían vestuario y paga, asistiendo á ejerci-
cios d(Jctrinales. Tales capitanejos se conslituian en señores
de vidas y haciendas. Por su influxo se estafaba el sudor de los
pobres, y la justicia era insolentemente desconocida.
En la Provincia de Santa Fé, á 60 leguas de la Capital en el
324 HISTORIA pocflrtci irlnLitxR
sitio llamado Laguna Brava, fbé campistamente eKtermniaéb^
ua cuerpo de indios Tbba$. Estb coerpo mandado por el cscT^
que Amatolec* se preparaba en nnion con otro coerpo nnmerem
de Indios situado á 30 leguas mas arriba, para atacar h Colonfa
de Santa Rosa, distante 30 leguas de Santa Fé. —Eos indios
fueron atacados en su guarida, bajo una Ruria torrencfaf, j
aunque hicieron una resistencia desesperada, descalcando mss
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, ftieron finalmente con-
cluidos, muriendo de los primeros, eF cacique Amatetec— Se
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado racuno y lanar,
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas.
El resto de las provincias de la República y sus fronteras con
Chile y Solivia, permanecían tranquilas.
El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la
frontera de la Confederación Argentina con BoHvia y propendi-
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for-
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua-
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en
Europa, por personas que seguian los pasos á Flores.
Itesnltado del proyecto de og;re«Íto« de Balares oonitrai
la Ixidependenola Amevioi
ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos
que confiere el nacimiento; lleno de orguHo y de Ténganla,
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada;
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoyo de la
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi-
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talento, se
lanza á los azares de un proyecto insensato, hdfa enSoropa
quien se deje seducir por tan necias esperanzas.
Bl LA9 BfPÚBUftAS DEL PLAXá 3S5
El Gaoeral Fioresv j^omotor de esta agresión, uno de lo&
jeie&mas d^radados^ detk)& ejéreitos Golombianos; solo medc6
ea las disensiones civAes- de sa país por actos inauditos de
crueldad y codicia. ¿ Qaién no (pusiera arrancar de la Ustoría
del General Bolívar ks páginas IncUiosas de la administración
de Flores en PastoP Los hechos mas inhumanos de los procón-
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barJbaríe á
las medidas que dictó y lleTÓ á efecto el verdugo del Coronel
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden
y en su presencia, cayeron ba|o el plomo homicida de sus '
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortal del Gran
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci-
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom-
bros de Siquitan,. de Chimbatangua, de Tangua, y sobre todo el
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares,
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa
y de sus hijas antes de recibir la muerte! Y esta familia de
mártires uñé después encerrada y quemada viva bajo su techo
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenada! 1 1
¡estos son los servicios prestados á su patria por el General
Flores!
Este suceso, sumamente fatal á la suerte de Colombia, favore-
ció las miras ambiciosas defleresv que asestó el primer g^ripe
á lar integridad de aqiella ftepúMica, usurpando ese misino
territorio quov incapaz degcribernar^ quería convertir üton eot
infemta^o para un hijo del Duque deRianzares. T á la soad>ra
de este trono iiapro^ásado para on vastago impuro de ladiflastíai
324 HidTORu pocflrtci irkiLitiR
sitio llamado Laguna Brava, fbé compfetamente otterannado
ua cnerpo de indios Toba$. Estb coerpo mandatio por el cacf^
que Amatolec* se preparaba eo anión con otro cnerpo numefroso
de Indios sítnado á 30 legnas mas arriba, para atacarla Colonia
de Santa Rosa, distante 30 legnas de Santa Pé.— Eos indios
fueron atacados en sn goarida, bajo una Tluria torrencfaf, j
aunqne hicieron una resistencia desesperada, descalcando mas
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, fueron finalmente con-
cluidos, muriendo de los primeros, ef cacique Amatelec.— Se
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado vacuno y lanar,
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas.
El resto de las provincias de la República y sus fronteras con
Chile y Solivia, permanecían tranquilas.
El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la
frontera de la Confederación Argentina con Bolívia y propendi-
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for-
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua-
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en
Europa, por personas que seguian los pasos á Plores.
Itesnltado del proyecto de ag^resfion de WXajpom oowtrai
la litdependenoia Amerioi
ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos
que confiere el nacimiento; lleno de orgullo y de venganza,
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada;
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoyo de la
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi-
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talento, se
lanza á los azares de un proyecto insensato, halTa en Buropa
quien se deje seducir por tan necias esperanzas.
DI US nrllULKAft BiL puiá 385
B General Flores, proHiotor de esta agresíoo, anodelo»
jefesnae degradados de. los ejércitos Coionibiaiios, solo medró
eft las disensiones cÍTfles da sa país por actos inauditos de
craeldad y codicia. ¿ Qoién no quisiera arrancar deb historia
del General BoliTar las páginas loctoosas de la adminislracion
de Flores en Pasto? Los hechos Hias inhumanos de los procón-
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en badbaríe á
las medidas qne dictó y lleTÓ i efecto el verdugo del Coronel
Nerchancano, del General Saenz, y del qne, no contonto con
haber enlatado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sai^re
granadina en los campos de Huilquú>amba, donde por su orden
y en su presencia, cayeron bajo el plomo homicida de sus
hermanos mas de mil prisioneros de guerra ! casi no hay un
rincón del vasto torritorío sometido al genio inmortal del Gran
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci-
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom-
bros de Siquitan, de Chimbatangua, de Taogua, y sobre todo el
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares
de su propia casa tovo que presenciar el deshonor de su esposa
y de sus hijas antes de recibir la muerte! T esta familia de
mártires fué después encerrada y quemada viva bajo su techo
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenada!!!
¡estos son los servicios prestados á su patria por el General
Flores!
Este suceso, sumamento Cailal á la suerte de Colombia, bfore-
ciólas miras ambiciosas de Fiares, que asestó d primer golpe
á la integridad de aqwUa Bepúhlica, usurpando ese miemo
territorio qne, incapaz da gobemar, quería convertir ahon ea
ii^alaigo para un hijo del Daque daRianiares. T á la sombra
de este trono impnmsado para un fáaUgo impuro de la dimaúa;
324 HidTORu poimcA r muríM
sitio llamado Laguna Brava, fbé completamente extern^ado
ua cnerpo de indios Tbbas. Estbcoerpo mandado por el cacf^
que Amatolec* se preparaba en nnion con otro cnerpo numerosa
de Indios situado á 30 legaas mas arriba, para atacar la Colonfa
de Santa Rosa, distante 30 leguas de Santa Pé.— Eos indios
fueron atacados en su guarida, bajo una IFuria torrencfaf, j
aunque hicieron una resistencia desesperada, descargando mas
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, fueron finalmente con*
cluidos, muriendo de los primeros, ef cacique Amatelec.— Se
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado vacuno y lanar,
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas.
El resto de las provincias de la República y sus fronteras con
Chile y Solivia, permanecían tranquilas.
El General Santa Cruz, que había amenazado otras veces la
frontera de la Confederación Argentina con BoKvia y propendí-
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for-
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua-
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en
Europa, por personas que seguían los pasos á Flores.
Itevaltado del proyecto de agresión de BUovea oopwtrai
la Ixidependenoia AmerioaiLa
ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde
había ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos
que confiere el nacimiento; lleno de orgullo y de venganza,
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada;
y odioso al pueblo que había oprimido, solicita el apoya de la
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi-
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talento, se
lanza á los azares de un proyecto insensato, halla enBoropa
quien se deje seducir por tan necias esperanzas.
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BK LAS BBPÚBLKAS DEL PUTA 325
El General Flores, j^omotor de esta agresión, uno de los
jefe&mas degradados de los ejérGÍtos Colombianos, solo medro
en las disensiones civHes de sa país por actos inauditos de
cmeidad y codicia. ¿ Quién no quisiera arrancar de la historia
del General Bolivar las páginas luctuosas de la administración
de Flores en Pasto? Los hechos mas inhumanos de los procón-
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barbarie k
las medidas que dictó y lleTó á efecto el verdugo del Coronel
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden
y en su presencia, cayeron bajo el plomo homicida de sus '
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortal del Gran
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci-
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las
espoliacíones que decretó en su provecho en Pasto, los escom-
bros de Síquilan^ de Chímbataogua, de Tangua, y sobre todo el
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa
y de sus hijas antes de recibir la muerte! ¥ esta familia de
mártires fué después encerrada y quemada viva bajo su techo
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenadalll
¡estos son los servicios prestados á su patria por el General
Floresl
Este suceso, sumamente fatal á la suerte de Colombia, favore-
ció las miras ambiciosas de Plores, que asestó el primer golpe
á la int^ridad de aqHella Bjepública, usurpando ese mismo
territorio qo^ incapaz de gobernar, quería convertir ahorir ea
infantaigDpMra un hijo del Duque deRíanzares. T á la sombra
de este trono improvisado para on vastago impuro de la dinastía!
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sitio llamado Laguna Brava, fbé completamente
ua cnerpo de indios Tbba$. Estb coerpo mandado por el cscf^
que Amatoléc* se preparaba en nnion con otro cuerpo numerem
de Indios situado á 30 leguas mas arriba, para atacar h Crolonfa
de Santa Rosa, distante 30 leguas de Santa Pé.— Eos itidíos
fueron atacados en su guarida, bajo una Ruria torrencfaf, y
aunque hicieron una resistencia desesperada, descargando mas
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, ftieron finalmente con-
cluidos, muriendo de los primeros, eF cacique Amatelec.— Se
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado racuno y lanar,
cantidad de lanzas, y como 3,000 flechas.
El resto de las provincias de la República y sus fronteras con
Chile yBolivia, permanecían tranquilas.
El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la
frontera de la Confederación Argentina con BoHvia y propendi-
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for-
mó alianza con el General Flores, presidente prófugo del Ecua-
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en
Europa, por personas que seguian los pasos á Flores.
Itevaltado del proyecto de apresten de BUovea cowtrai
la Independenoia Amerioana
ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos
que confiere el nacimiento; lleno de orguHo y de venganza,
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada;
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoya de la
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi-
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos
y sin el prestigio que solo grangean el mérito y el talenta, se
lanza á los azares de un proyecto insensato, hdfa en Soropa
quien se deje seducir por tan necias esperanzas.
Bl LA9 BfPÚBUftAS DEL PLATA 3S5
El Ganeral Flores^ j^omotor de esta agresión, uno de lo&
je£e&ma6 degradados de^lofr ejércitos CobiHbianos; solomedcó
ea las ^sensiones dvfles* de sa país por actos inauditos de
craeUad ; codicia. ¿ Qaiéa noipii&iera arrancar de la Ustoria
del General Bolívar ks páginas IncUiosas de la administración
de Flores en PastoP Los hechos mas inhumanos de los procón-
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barJbarie k
las medidas que dictó y lleTÓ á efecto el verdugo del Coronel
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden
y en su presencia, cayeron ba|o el plomo homicida de sus '
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortd del Gran
Capitán de Colombia, que no conserve algún rastro de la feroci-
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de la Independencia
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom-
bros de Siquitan,. de Chimbataogua, de Tangua, y sobre todo el
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor
sobreunvecinode estos pueblos, que amarrado á los pilares,
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa
y de sus hijas antes de recibir la muevtel Y esta familia de
mártires faé después encerrada y quemada viva bajo su techa
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenadalll
¡estos son los servicios presaos á su patria por el General
Plores!
Este suceso, sumamente fatal á la suerte de Colombia, favore-
ció las miras ambiciosae dePIeresv que asestó el primer golpe
á lar integridad de aqiella ftepuMica,^ usurpando ese mismo
territorio qnev incs^az degobernftr^ quería comvertir zkon eot
in£aBta¿go para un hijo del Duque déRianzares. T á la sombra
de este trono ínproiúsada para ontáataga impuro de ladioustia!
324 nsTOui FKflpiCi r nutu
5ítío namado Laguna Brava, fbé eomplétaiiieote
un cuerpo de ¡odios Tobas. Esfe oierpe Bandado por H
qoe Amatolec, se preparaba eo unión con otro cuerpo nnaiermo
de Indios situado á 30 leguas mas arriba* para atacar h Cohma
de Santa Rosa, distante 30 legnas de Santa Ft.— Los indios
fueron atacados en su guarida, bajo una Huria torrennal, j
annqne hicieron una resistencia desesperada, descargando ñas
de 2,000 flechas sobre sus asaltantes, fueron finalmente con-
cinidos, muriendo de los primeros, el cacique Amatelec. — Se
les tomó la caballada y su gran arreo de ganado racnno t lanar,
cantidad de lanzas, j como 3,000 flechas.
El resto de las provincias de la República t sus fronteras con
Chile y Solivia, permanecían tranquilas.
El General Santa Cruz, que habia amenazado otras veces la
frontera de la Confederación Argentina con BoKvia y propendi-
do á su desmembración territorial, derrotado y proscripto, for-
mó alianza con el General Flores, presidente prófn^ del Ecua-
dor, y se dirijeron á Europa, á negociar un protectorado, 6 algo
mas, según la manifestación siguiente, ala cual creemos poder
dar algún crédito, porque está basada en informes recogidos en
Europa, por personas que seguían los pasos á Flores.
nosnltado dol proyecto de ag r e sl io n de BUcnrea
la Iit dependencia Ani.erioi
ün hijo espúreo de América, proscripto de un país donde
habia ejercido el poder supremo, faltándole hasta los derechos
que confiere el nacimiento; lleno de orguHo y de venganza,
concibe el plan temerario de restablecer su autoridad usurpada;
y odioso al pueblo que habia oprimido, solicita el apoyo de h
España, á quien halaga con la idea de volver á levantar el edifi-
cio derrocado de su poder colonial. Sin partidarios, sin amigos
y sin el prestigio qua solo grangean et mérito y el talento, se
lanza á los azares de un proyecto insensato, halla en Snropa
quien se deje seducir por tan necias esperanzas.
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Bl LA9 BBPttBLMJUI^ DEL PU>Xá 385
El General Fioresv j^OHiotor de esta agresión, uno de lo&
j eies mas degradados dei los- ejércitos Colorabianos^ solomedcó
ea las disensiones GÍvMes- de sa paá^ por actos inauditos de
crueldad y codicia. ¿ Qaíén no (piiúera arrancar de la historia
del General Bolívar las páginas Inctoosas de la administración,
de Flores en PastoP Los hechos mas inhumanos de los procón-
sules Franceses en la Tendea y en León, ceden en barbarie á
las medidas que dictó y llevó á efecto el verdugo del Coronel.
Merchancano, del General Saenz, y del que, no contento con
haber enlutado al Ecuador, hizo correr á torrentes la sangre
granadina en los campos de Huilqujpamba, donde por su orden
y en su presencia, cayeron bajo el plomo homicida de sus '
hermanos mas de mil prisioneros de guerra I casi no hay un
rincón del vasto territorio sometido al genio inmortal del Gran
Capitán de Colombia, que no conserve aigun rastro de la feroci-
dad de este vil tránsfuga de la noble causa de ia Independencia
Americana. Monumentos indelebles de sus atentados son las
espoliaciones que decretó en su provecho en Pasto, los escom-
bros de Siquitan„ de Chímbatangua, de Tangua, y sobre todo el
suplicio horrendo que inventó para descargar todo su furor
sobre un vecino de estos pueblos, que amarrado á los pilares,
de su propia casa tuvo que presenciar el deshonor de su esposa.
y de sus hijas antes de recibir la muerte! Y esta familia de
mártires uñé después encerrada y quemada viva bajo su techo
en medio de la algazara feroz de una soldadesca desenfrenada! II
¡estos son los servicios presaos á su patria por el General
Flores! ^
Este suceso, sumamente fatal ¿ la suerte de Colombia, iávore*
ciólas miras ambiciosaedePkirBSv que asestó el primer gelpe
á la* integridad de aqielln ftepúMica, usurpando ese miemo
territorio quev incapaz de fgobermr^ queria convertir altor» eni
in£aBta¿go p«ra un hijo del Duque d&Rianzares. T á la sombra
de este trono ínpnmsada paira on vastago impuro de ladionstia*
326 HISTOBIA POLÍTICA T MILITÁll
Española, debia revivir sa poder, y con mas brillo, por el titalo
que asamia de Regente del reino darante la minoridad de sa
candidato. Una vez afianzada la monarqaia en Qaito, se hubiera
pensado en estender sus ramificaciones en los Estados limítro-
fes, mas bien por las intrigas que por las armas.
Otro colaborador de Flores era Santa Cruz, que se mantenia
en asecho para obrar con seguridad cuando los primeros suce-
sos hubiesen pronosticado el triunfo. Entretanto habia puesto
ala disposición de Flores, al español Mora, su antiguo conseje-
ro, y actual editor del Heraldo, para activar en Londres los
aprestos de esta infame agresión contra un pais que lo habia
hospedado I Ya se habia conseguido enrolar soldados en Irlanda
y en varios puntos de la península, y los buques que debian tras-
portarlos habian sido comprados y armados en Inglaterra
contraías leyes vigentes del reino, y lo que es mas, contra la fe
de los tratados.
La Independencia de los Estados Americanos tiene sus ene-
migos como los han tenido todos los que nos han precedido en el
camino de la libertad. No faltaron hombres eminentes que la
defendieron en otros tiempos contra la ambición de los tiranos.
Se preciaba Esparta de haber recibido sus leyes de Licurgo, y
de haber sido defendida porPausanias yLisandro: y con igual
orgullo recordaba Atenas el nombre de Solón, el genio de Pe-
ndes, las virtudes de Arístides, los triunfos de Milciades, de
Cimon y de Temístocles. Pero ni los talentos, ni los esfuerzos
de tantos héroes bastaron á consolidar los destinos de la Grecia
que, agitada por la rivalidad de sus Estados, sucumbió al oro
de Felipe, y a las intrigas de sus sucesores.»
Respecto de los asuntos de la Confederación con la Francia,
véase un informe dirigido al Ministro de Negocios Extrangeros,
por Mr. de Mareuil, ex-Ministro de Francia en Buenos Aires, en
H de Julio de '1849. Es luminoso y lleno de interés, respecto
de estas repúblicas ^Solo extractamos algunas lineas.
-DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 327
m Para apreciar los efectos qae debía tener, j que ha tenido
la intervención de los negocios del Plata, es menester entrar en
una cuenta exacta de nuestros verdaderos intereses en aquellos
países. Sobre las dos márgenes del Plata se estiende un país
admirablemente preparado por la naturaleza, para la explotación
de la industria humana. Su clima templado conviene perfecta-
mente á la constitución europea ; sus campos ofrecen un suelo
fértil y fácil de cultivar. En estas vastas llanuras, innumerables
ganados se multiplican, sin intervención del trabajo humano, y
sus despojos proveen al comercio de un elemento de una utili-
dad general y constante.
Estos paises están escasamente poblados por una raza hospi-
talaria, pero celosa de su independencia. Esto es exacto sobre
todo, en la margen Argentina ; del lado de Montevideo, la raza
mezclada de portugueses y españoles, no presenta un carácter
de nacionalidad tan puramente señalado.
Se han establecido muchos paralelos entre Montevideo y Bue-
nos Aires : ya se nos ha dicho, que teníamos veinte mil nacio-
nales en Montevideo, y un pequeño número en Buenos Aires, ya
se ha dado vuelta la medalla, y atribuido la superioridad á este
último. La fijación de la cifra respectiva es bastante difícil.
Aquella población es flotante ; se dirige de una margen á la
otra, al menor incidente político que la moleste.
A mi salida de Buenos Aires, en el momento del estableci-
miento del bloqueo, dejé cerca de 5,000 franceses, un gran nú-
mero habían ido ya á Montevideo, y después han vuelto.
Lo que necesitamos, en aquel país, el único objeto á que debe
dirigirse nuestra política, es la paz ... . Pero para asegurar
la paz interior ; para poder recojer su fruto, se necesita un go-
bierno estable, regular, protector para el extranjero como para
3S8 HISTOWIA POLÍTICA T 9U.ITAR
^1 mdigena ....£& Mmitevideo no eúste por desgracia, des-
de mucho tiempo, na gobierno regular ; la paz solo podría
operar su restablecimiento. Fero esta paz tan deseada, ¿cómo
puede establecerse, cómo maiftenerse entre aquellos dos Esta-
dos vecinos, cnyas direcciones nos son tan molestas ? .... La
intervención de i 8*5 era mala. Los gobiernos de Francia é In-
glaterra no tardaron en réconocedo
La prensa se ha ocupado en estos últimos tiempos, de mi
nuevo proyecto, que consistía en trasportar á Montevideo, en
el estado actual de las cosas, unos 8,000 vohintarios, mitad co-
lonos, y mitad combatientes ; triste producto de nuestras dis-
cordias civiles.
Enviarlos como colonos á Montevideo, que no puede mante-
ner su guarnición actual, sería condenarlos á morir de hambre,
ó k entregarse al pillaje : enviarlos como combatientes, es sim-
plemente empezar la conquista del Estado del Uruguay — una
vez arrojados allí, no podríamos abandonarlos. En lugar de
dirigir su acción, nos seria preciso seguirla. Esta seria una po-
lítica nueva sobre la cual no me es dado esplicarmé.
Es por un sistema de falsas representaciones, por una cons-
tante acumulación de hechos inventados, de documentos su-
puestos, que los señores Vázquez, Indarte, Várela, Alsina, los
principales sostenedores de la causa de Montevideo en la pren-
say en los negocios, han conseguido crearle en Europa una es-
pecie de popularidad. Otras circunstancias los han segundado.
Habiendo llegado al fin de mi trabajo, permítame. Señor, re-
sumir en pocas palabras mi opinión sobre el todo de este ne-
gocio.
La paz es necesaria al desarrollo de nuestros intereses en el
Ptata.
El poder del General Besases favorable á estos intereses.
El antagonismo de Buenos Aires y Montevideo hace la paz
imposible.
DK háA BEBCBUfiiS. BEL. ¥UJÜk 3SSk
£1 restabi^ekmeotada Ovüm j 4e sa partido bari eesar este
a<ilagoQÍ9mo^. El tdrkuifi» d« Iftfr gmtes qoA. d€«iaaa k eittdad d»
Montevideo k> pecpeUtasia
La intenrencion de 1845^ que desconocía estos principios, era
mala; hafracasado.
El sisteíaa. de traDsacaioae& qm usaUa de. las proposieioDes»
Hood está basado sobre estos priocipiosr; bubiera tenida bueo
éiáto sin la oposición de nuestros propios agentes. Aplicada
con sinceridad, debe aprdvediar todam.
No tefiemos nii^[]uií eomprottiso eoa Montevideo.
£1 cuidado de nuestro honor y del porvemr de nuestras rela^-
cienes con aquellos países, exigen el desarme de laleg^on.
Toda expedieíoa militar ea el Plata, nos conducirá inevitable-
mente á emprender la conista del ISruguay. Ea fin, la cues-
tión de la navegación del Paraná; es cuando Buenos prematura.;
es por lo pronto de ua resultado imposible, y valdría bsuls de-
jarla á un lado.
En cuanto á la actitud del Brasil para con los gobiernos del
Plata véase cual era esta, al tratarse de la cuestión, el Paraguay ,^
y el asunto fronteras del Estado Oriental — Se aglomeraban ya
las nubes que debían desencadenar la tormenta, que se desplo-
mó muy pronto sóbrenlas cabezas de los dictadores.
(Sesión dei'3 de Junio de 4850.)
El Sr. Fema/ndo Chaves (continúa) —Señores, á vista (fe es-
tas atrocidades, de estos vejámenes eontinuadoss de estas estor-
siones, ¿ cuál será el brasilero (fue no disculpe al barón de Tar
cuí y á sus compañeros de haberse lanzado ea una carrera de
peligros para vengarse de esos bárbaros, y para protejer sus de-
rechos ? (apoyados). Yo gusto oír censurar de lejos al barón de
Tacui; mas querría ver á sus censores en las circunstancias de
él y de sus compaSeros,.con numerosa familia y rodeado de hijos
pidiendo pan, sin tenerlo para darles, acordái^se al Busma
330 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
tiempo que seo ricos, que tieoeo una fortana de que un gobier-
no bárbaro y opresor no los deja gozar (machos apoyados). Es
en esa situación que yo los querría oir respecto del barón.
En esta ocasión no olvidaré de repeler la comparación que
se ha hecho entre el barón de Tacui y Pedro Ivo. Este desertó
de las banderas á que habia jurado fidelidad (apoyados), com-
batió las instituciones de su pais (apoyados), clavó el puñal en
el corazón de sus compatriotas (apoyados); mas el barón de
Yacui no hi2o mal á sus compatriotas; combatió al estranjero en
defensa de derechos suyos, y siempre obediente al gobierno,
dejó las armas en el momento que el gobierno le hizo saber que
tal era su voluntad (muchos apoyados). En la causa d^I barón de
Yacui hay alguna cosa noble y generosa, mas en la de Pedro Ivo
no hay sino pasiones mezquinas y sanguinarias ; no hay com-
paración entre un buen servidor del Estado que ha derramado
su sangre por la patria y un bandido (muchos apoyados).
He mostrado, pues, señor presidente, cual es el origen de
los acontecimientos que útimamente tuvieron lugar en el Rio
Grande del Sur. Aun cuando estos acontecimientos hayan per-
dido un poco de interés después que el barón de Yacui disper-
só sus fuerzas, es preciso con todo tener presente que las causas
que los produjeron subsisten aun, y que dia ó año mas ó menos
han de dar los mismos resultados (apoyados); conviene, pues,
que el gobierno emplee todos sus desvelos para desviar esos
males (apoyados); es preciso que tenga siempre presente la
necesidad de protejer á sus subditos (muchos apoyados): esta
es una de sus obligaciones mas rigurosas, y que tengo toda con
fianza en que desempeñará con lealtad (muchos apoyados). Go-
bierno, es lo mismo que protección, y perdería mucho de su
carácter, desconocería su fin, su origen, todo gobierno que no
diese protección al menor de sus subditos (muchos apoyados).
Señores, repárese en lo que hacen las grandes naciones; á cada
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 331
momento estamos leyendo en los diarios que la Inglaterra y la
Francia emplean sus armas contra las potencias que se niegan á
indemnizar á sus subditos ó que no les dan la protección que
es debida á todo extrangero; una actitud asi, respetuosa y fuer-
te, es la que yo queria que el gobierno tomase con relación á las
repúblicas del Plata (muchos apoyados). To, señores, no soy
partidario de la guerra, deseo que el gobierno agote todos los
recursos pacíficos (apoyados), todos sus medios diplomáticos
(apoyados); mas si al fin fuese preciso, venga la guerra; para
sustentar la dignidad del Imperio, (apoyados), para que se dé
la protección que debemos á todos nuestros conciudadanos,
abracemos en último caso esa fatal necesidad.
Después de haberme esplicado respecto de los negocios del
Rio Grande del Sur, séame permitido hacer algunas reflexiones
sobre la política del Imperio en relación á Buenos Aires y al
Paraguay; no quiero ser mas fastidioso y por esto seré muy
breve.
Señores, hoy es sabido que la Inglaterra, después de haber
intervenido eficazmente en las cuestiones del Plata, se apartó de
la intervención, y ha renegado todas sus pretensiones y todo su
pasado: creo que todos están convencidos de que la Francia no
tardará igualmente en apartarse de la cuestión. ¿Qué resta
pues? Resta Rosas dominando el Estado Oriental completamen-
te por intermedio de Oribe. Aunque el dictador en sus notas
oficiales protesta por la independencia del Estado Oriental, esas
protestas están en contradicción con sus actos y conducta; no
citaré muchos hechos que prueban esta aserción : me limitaré
á dos que son bien significativos.
En 1836, Rosas, siempre fué celoso de la prosperidad que
gozaba el puerto de Montevideo, queriendo favorecerá Buenos
Aires, á costa de ese gran mercado colocado mas felizmente en
la embocadura del Plata, hizo un decreto estableciendo que to-
das las mercaderías que fuesen reexportadas de Montevideo pa-
332 HI5Ta«A FeLlflOL T HlLlTlIt
ra Boeoos Aires, pagarían veinte y dneo por ciento masifM (as
importadas-tn Buenos Aires de <niÉ^[iiier otra pais: se «Glá
fiendo que esta medida atacaba •¿¡rectamente sd cemeroíe j «a-
Tegacion de aquella ftepáblica. — La Sala de Representantes 4e '
IBoQlevidee, con el lia de desatarlos males efectos qne sobre 4a
prosperidad de su país pedia tener «eeta medi(k, hizo una ley
estableciendo derechos díferonci^es ¿lodos los prodmotos im-
pertaáos de Bnones Aires, ignáles á4o8 qse pagasen en Bvenos
itres los productos de ffmteriéeo. Esfta ley debía necesaria-
mente traer a Roeas al canpo de la razón; ms» ¿se <^reera ^e
esta ley no foé sandonada por Oribe? ¿Tpor .qiié? Por laá-
fluencia de Rosas qne asi le exigía.
El segando beofho es de mas rectente data, -es sacado del de-
senlace de la negociación Gore^ros, plenipotenciarios de Ingla-
terra y Francia, y encargados on 164*8 de tratar de la Rocíen
de las coestiones áA Rio de la Plata. Trataron ürectaineQle oon
Oribe, aconsejados por el lenguaje de Rosas, que les decía ^qne
se entendieran con aqoel general, ^íste qne w trataba de 'Cues-
tiones que «e referían á la República óú Vmgnay. fin poco
tiempo pusiéronse <le acuerdo con (Mhe sobre las bases prind-
pales, y una de ellas ora el srmStaneo desarme de las legones
extranjeras que estaban en Monto¥Í4ee, y la retirada de las tro-
pas ; en eonsecuencta de esta dispoéicmi. Oribe bi&Q de diri-
girse á Rosas para fK>mbinarse 'Con él sobre la manera de dar
ejecución a esta parte que se neferia á 4a retirada de las arepas
argentinas; Rosas le respondió duramente, estrañó qneae se
le hubiese tenido en ouenta, qm bebiese lieche á «i lado los
intereses de la Confederación; ordenóle rompiese tasnego-
^GÜones, y que se hiciese saibor i los iiílerventores que m% re-
tiraría las foerzas argenl^nas de la República dd Vrvfoaír,
mientras no seentendieseB directaneoteK^on él, y diesen (as «-
itisfaccioMS que exigía.
Oribe, victima del terror de que tanitas voces hibípt sido «ius-
M US REPJOBUCAS DKL PLATA 333
irumeato» obedeció j retiró las propuestas ^ue había hecho.
Creo que estos dos hechos quitan toda duda respecto de la in-
flueuciat j la dominadou que Rosas ejerce sobre el Estado
Oriental Í9s^aéo$)r, y, si se pudiese dudar de esto, bastaría
reparar eu Ja persona. á cuyas manos están hoy entregados los
destiuM 4e Aquetta J^áblica. ¿Qué es Oribe sino criatura de
Rosas ? ¿ No íueron los ejérntos de Rosas los que trajeron á
Oribe al Estado Oriental, los que lo habilitaron á vencer ¿ su
oontandor 7 ¿ ¥ puede creerse que un país que es gobernado
por un .hombre ^ue está enteramente subyugado á la voluntad
deRosds, por el terpory por la gratitud, que ese país es inde-
pendiente? ¥o creo que nadie lo dirá. Es preciso que nadie se
equivoque sobre la independencia del Estado Oriental : esa in-
dependencia es ilusoria ; ¿y seráconveniente á los intereses del
Brasil, será conforBfte con la Convención de 1828, que Rosas
ejerza aUi una supreuiacia decidida ?
Esa convención de 1828 creó un Estado intermedio entre los
Estados contendores, esto es, el Brasil y la República Argenti-
na, para servir de'COAtrapeso á esos Estados ; mas ese equili-
brio desa^pareoe desde que Rosas posee el Estado Oriental; ¿y
será conforme coa nuestros intereses que se rompa ese equili-
brio, ese único fruto ^ue se sacó de la guerra larga y (i^esastro-
sa de 1 828 ? ¿ Será de la dignidad del Brasil que se deye impu-
nemente violar esa convención ? ¿Será también sin peligro que
dejemos i Rosas aprocímarse tanto al Brasil ; á Rosas que es
tan ambicioso ?.¿Se]:áen provecho de esos intereses comercia-
les que Rosas, con Ja ocupación del Estado Oriental, reduzca á
ese Estado i la miseria, porque este ha sido su anhelo, que-
riendo completar iaüsticidad de Buenos Aires á costa de Monte-
video ? San cuestiones estas sobre las cuales no pido solución al
gobíeroo, por qie «en lae cárciiwtandas melindrosas en que se
halla, noAQiveBdrá tal Tez ser esplioíto ; mas son ^cuestiones
que yo estiipdo de tti deber presentar á su consideración y i la
del pais.
350 HISTOIU F0LITIC4 T HILITAl
lYin u CoNFEDKRiaoM Aegentina!
IMUERAll LOS ENEMIGOS DE LA ORGiHIZACION IVAaONALl
El Gobernador j Capitán General de la Provincia de Entre-Rios.
Coartel General en San José, Mayo 1.*de 1851 — Año 42
de la Libertad, 37 de la Federación Entre-Riana, 26 de
la Independencia, y 22 de la Confederación Argentina.
Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de
Buenos Aires, Brigadier General D. Joan Manuel de Rosas.
El infrascripto ha recibido la estimable comunicación, que
por orden de S. E. le ha dirigido el Ministro de Relaciones Ex-
teriores de esa Provincia, con fecha 26 de Diciembre último, en
la que, después de transcripta la nota de este Gobierno de Enero
anterior, agrega lo siguiente:
4( El Exmo. Sr. Gobernador se ha instruido con intima com-
placencia de la transcripta nota, y ha ordenado al infrascripto
conteste á V. E. lo siguiente—
« S. E. aprecia debidamente el patriótico interés con que
y. E. procura la continuación del Exmo. Sr. General D. Juan
Manuel de Rosas en el mando supremo de la República. Este
noble empeño de V. E. es para S. E. un alto motivo de satisfac-
ción, y si razones de un orden invencible impiden á S. E. defe-
rir al sentimiento nacional y al sufragio de Y. E., le dejan la
gran satisfacción de recibir esos relevantes testimonios de sim-
patía y respeto, con que los pueblos de la Confederación y sus
Gobiernos, liberalmente recompensan su consagración á la Re-
pública. »
Si cu las circunstancias á que la citada comunicación del in-
frascripto se refiere, rehusii este Gobierno prestarse alas reite-
radas súplicas de V. E. para que se le exonerase del mando
supremo de esa Provincia, fué porque no estaba en sus atribu-
ciones ingerirse en el orden interior administrativo de un pue-
DE US REPÚBLICAS DEL PLATA 351
blo independiente, aunque ligado con fuertes vinculos emana-
dos de un pacto federativo. Se limitó, pues, á asegurar á V. E.
que si no tenia otra razón para dimitir el mando, que la deca-
dencia de su opinión en la República, ningún temor debia abri-
gar relativamente al pueblo Entreríano, desde que este no babia
retirado las facultades delegadas en la persona de Y. E.— cir-
cunstancia debida únicamente á la falta de motivos justificados;
pues de lo contrario su Gobierno ni habría continuado deposi-
tando su confianza en V. E., ni tolerado mucho tiempo la viola-
ción de sus derechos naturales, contra los sacrosantos deberes
de su posición y de su conciencia.
Mas hoy que aparece V. E. gravemente afectado de su salud y
deveras resuelto á verificar su renuncia, fundándose en la ab-
soluta imposibilidad física en que se encuentra de atender al
despacho, el Pueblo Entreríano y su Gobierno convienen gusto-
sos, en la parte que les corresponde, en acceder á lo que á V. E.
tan repetida, como vehementemente solícita : y aceptando, co-
mo desde hoy aceptan, la formal renuncia de V. E., por lo que
toca á la dirección de las Relaciones Exteriores, negocios de
Paz y Guerrade la Confederación Argentina, declaran del modo
mas solemne : Que es la voluntad de la Provincia Entreriana
reasumir el ejercicio de los altos derechos y prerogativas dele-
gados en el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Nación,
quedando de hecho y de derecho en la aptitud de entenderse
directamente con los demás Gobiernos del mundo, hasta tanto
que, reunido el Congreso General Constituyente de las Provin-
cias del Plata, sea definitivamente organizada la República.
El infrascrito se permite observar que sin duda por una in-
voluntaria distracción del Ministro de Relaciones Exteriores de
esa Provincia, se ha dado diversa interpretación al verdadero
espíritu de su nota fecha 21 de Enero del año anterior, donde
se supone á este Gobierno patrióticamente interesado en procu-
rar la continuación de V. E. en el mando supremo de la Re-
336 Hlfif MU f OlinGÜ T MlUCilt
da por persona algana, ó tnaasgpedSda en ninguna loma, Mr
cnanto 96 haHe en Mwstfo toder. Faja majror Testiiioníd^y
Validez de todo Ii» cual,. Hemos hetho' se fije el Aran Sello de
nuestro Reino Unido de la Gran Bretaña é klaadla á las Presen-
tes Letras, que hemos firmado OM Nuestra Real Mano-. Dado eft
Nuestra Corte en el Palacio de Buckingham; el dia Catorce de
Febrero en el año de Noestm Señor Mil Ochocientos Cincii/mta,
jen el Décimo tercio de Nuesfro Reinado.
VICTORIA R.
Por cuanto, habiendo sido concluida una Coutendon^ el dia
24 de Noviembre del año fe Nuestro Señor mil ochocientos cnar
renta y nueve, por el Ministre de Relaciones Exteriores, Cama-
rista Dr. D. Felipe Arana, Plenipotenciario de parte del Gobier-
no de la Confederación Argentina ; y S. E. el Honorable Caba-
llero D. Henrique Southern, Plenipotenciario por parte de Su
Magestad Británica, cuya Convención es literalmente como sigue:
( Aqui la Convención que ya hemos puMicado en el curso de
esta obra. )
* Por tanto, el General Juan Manuel de Rosas. Gobernador y
Capitán General de la Provincia de Buenos Aires, Encargado de
las Relaciones Exteriores de la Ccmfederacioii Argentina, ha-
biendo dado cuenta de la precedente Convención á la Honorable
Junta dé Representantes, y obtenido su aprobación y pleno po-
der para ratíficaüda ; por el presente la ratifica en toda forma,
obligándose el Gobierno de la Confederación Argentina á cum-
plir fiel é inviolablemente todas las estipulaciones contenidas
en ella.
En fé de lo cual, el General Juan Manuel de Rosas, Goberna-
dor y Capitán General de la Provincia de Buenos Ahm, firma la
presente ratificación, seUándola con el sello del Gdi>iemo En-
cargado de las Relaciones Exteriores de la Confederaeío» Argenr
tina, en Buenos Aires, á diez de Mayo del año de NuestroSefior^
mil ochocientos cincuenta.
JUAN MANUEL DE ROSAS.
I
I
DS US BBPQBUCiüS' DK. H>A2A 3817
£1 f 7 de Agosto de 1^50, dB]/!>áBwtistk en Vowmis^ el Gena-
ral D. José de San Martin.. Esta faUecú&ieiito filó. GomoBíeado
oficialmenle al.GeneraLBoBas, por la Legación Argentina en Pa-
rís, quien puso al mismo tiempo á disposición de este manda-
tario la espada con que el ilustre guerrero habia lidiado para
gloría de Sud América, y que ahora ponia á disposidon^Bl l^r.
Rosas, instítttjéiuklersHlieEedeiQL
lYlYA LA C0NFEDERAGI0I«íAR6ENTI1IáI
I VUSBANLOS^ SALTAJES UNITA»IÓfil
Et Ofidaf de ta Legación Argentina en París.
Tours, 30 de Agosto de 1850~Año 41 de la Libertad, 35 de
la Independencia y 21 de la Confederación Argentina.
Al 1^. Ministro de Relacioises Exteriores, Camarista Dr.. IK FeM-
pe Arana.
Penetrado del mas justo dolor, cumple el infrascripto con el
penoso d^er de participar áiV. E., para que se digne ponerlo eu
conocimiento delExmo. Sr.Gobemador, qne el Uustire Brigadier
da la Confederación Argentina, Capitán General de la República
deshile, Generalísimo y Fundador de Ea libertad delPerú, don
José de Saa Martia, Medóenla dudad de Boloña-sobre-el-mar,
Departamento del Faso de^Calés^.-el dia 17 del que ríge, á Eas3
da la tarde*
Aunque una. tai^ y penosa enfermedad habia agotada su»
fuerzas físicas, conservó siaembargo hasta el postrer momento,
toda fai eoeri^ y lucMei: de sq idmov y coa toda 1& serenidad
que inspura una conciencia puna y sin tacha^ rodeado de sos
amados hijos, exhaló tranquilamente su último suspiro. Sus res-
tos mortaie» fueron conénddos sin pompa alguna ¿la Catedral
^ Bolona, en cuyat bóveda quedan depositados provisoríamente
350 HISTORIA política T MILITAR
¡VIVA LA Confederación Argentina I
¡MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios.
Cuartel General en San José, Mayo 1.*de 1851— Año 42
de la Libertad, 37 de la Federación Entre-Riana, 26 de
la Independencia, y 22 de la Confederación Argentina.
Al E\mo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de
Buenos Aires, Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas.
El infrascripto ha recibido la estimable comunicación, que
por orden de S. E. le ha dirigido el Ministro de Relaciones Ex-
teriores de esa Provincia, con fecha 26 de Diciembre último, en
la que, después de transcripta la nota de este Gobierno de Enero
anterior, agrega lo siguiente:
4(EI Exmo. Sr. Gobernador se ha instruido con intima com-
placencia de la transcripta nota, y ha ordenado al infrascripto
conteste á V. E. lo siguiente—
« S. E. aprecia debidamente el patriótico interés con que
V. E. procura la continuación del Exmo. Sr. General D. Juan
Manuel de Rosas en el mando supremo de la República. Este
noble empeño de V. E. es para S. E. un alto motivo de satisfac-
ción, y si razones de un orden invencible impiden á S. E. defe-
rir al sentimiento nacional y al sufragio de Y. E.,le dejan la
gran satisfacción de recibir esos relevantes testimonios de sim-
patía y respeto, con que los pueblos de la Confederación y sus
Gobiernos, liberalmente recompensan su consagración á la Re-
pública. »
Si en las circunstancias á que la citada comunicación del in-
frascripto se refiere, rehusó este Gobierno prestarse á las reite-
radas súplicas de V. E. para que se le exonerase del mando
supremo de esa Provincia, fué porque no estaba en sus atribu-
ciones ingerirse en el orden interior administrativo de un pue-
DE LAS BEPÚBUCáS DEL PLATA , 339
General déla Bepública ArgeDtinaD. Juan Manuel de Rosas,
como una prueba de la satisfacción que como Argentino he teni-
do al ver la firmeza y sabiduría con que ha sostenido el honor
de la República contra las injustas pretensiones de los extran-
geros que trataban de humillarla.»
Tan pronto como se presente una ocasión segura, tendré el
honor de remitir á V. E. esa preciosa memoria legada al Defen-
sor de la Independencia Americana por un viejo soldado, cuyos
servicios á la Patria, se ha dignado V. E. recordar constante-
mente en términos tan lisongeros como honrosos.
Con este motivo tengo el honor de renovar á v. e. las protes-
tas de respetuosa adhesión, con que me suscribo de V. E. muy
humilde y obediente servidor.
Mariano Balcarce.
El Sr. Rosas tuvo la necesaria modestia para no considerarse
autorizado á llevar la espada del General San Martin, y la hizo
depositar en el museo de Buenos Aires, ordenando que los res-
tos del guerrero Sud Americano, fuesen trasladados oportuna-
mente á Buenos Aires por cuenta de la Nación.
En Diciembre del mismo año y por gestiones ordenadas por
el General Rosas, el Gobierno deBolivia expidió este decreto :
Manuel Belzu, Presidente Constitucional de la República,
Capitán General de sus Ejércitos. ^. ^. ^.
Considerando : Que los Argentinos unitarios emigrados que
se han asilado en la República desde el año de 1831, primera
época de su proscripción, han observado una conducta repren-
sible, lomando una parte activa en los trastornos políticos del
país, y excitado la guerra civil en todos sentidos, haciéndose
por consecuencia indignos de la consideración del Gobierno ;
decreto :
Art. 1"". Los Prefectos de los Departamentos mandarán salir
3M HISTOni MLITICA T mJITJLt
en iií término de qmiice éias, faera dd territorío bolmaM, á
todos los Ar^nlÍDOS onitaríos.
2." Se escept&an de la dísposidon del articido anterior, los
qat se hallaren casados, y los que hicieren constar legalmenAe
ser Argentinos federales.
3"*. Los Prefectos qnedan autorizados para hacer estonsm) lo
dfspnesto en el articalo precedente á los demás extrangeros,
cnjra eenéneta en negocios poUtioos no feese escrapnlosamente
coq^forme á los principios de estricta nentnfidad y de aésolita
presciadencia^qne deben guardar, especiáhnente los asilados de
todo pais en la RepÜMfca.
Comuniqúese, y pubKqnese. Dado en Oraro, Primer Saja-
dor de las Instituciones, á 18 de Diciembre de 1850, 42 dek
Independencia, 2^. de Ja Libertad.
MANUEL ISIDORO BELZÜ.
El Ministro de lo biterior,
TOMAS BALBIYISSO.
Es conforme— £1 Oficial Mayer^
JforúuioDon«te Mmoz.
Esta medida solo fué cumplida en parte, j la deportación se
efectuó como sucede siempre, en la persona de los menos im-
portantes y .peligrosos. Sin 4dwbvgo^ el Gobierno de Boliñ^i
consideró lleno el espediente y el «General J&osas se limitó por
entonces á considerarlo asi, reservándose ulterioridades.
1854
X^romiaLOiaamlento dbel -Oeacural XJrqeaímwí
Las incursiones del Bajron de ¥actthy« jasando iUu {Mifoñ^
nki^delEstado Oriental, como se llamó á estas depredaciones,
con fnentas d6llmperio,7 emigiados argentinos yorientofles,
liieran el preliminar del movimiento dél General Urquisa oontra
el poder fle Rosas.
fJoa naeva era se únibk la Febabllitaoioii 'moral de les fne-
blos , que por tanto tiempo vivían ¡bajo la influencia destn^tora
y morbera de la guerra, y en d eomsígniente atraso que eeta
prodoce.
Lacnestion del F9ata llegaba íneeperadamenite á^ desenlace
y 'lo que no habían poffido haeer >ias .principales y mas fuertes
potencias de la fiuropa ceaüfaéais conebGdriemovde Montofí-
deo, lo hizo un ^mptte gobeiuiador de una promcia argentina.
EI'General D. íusto lesé de (Dvquisa ievantaba inia alianza snd
americana contra los Generales tilosas y Oribe^ lo que por otra
parte y dado el estado á que hablan llegado estos ipueblos, no
podia estar mas:en armonía con eus intereses generales.
El General Crquíza ha sido severamente juzgado bajo distin-
tas faces. Vosotros haremos tamliien^u juicio recto é impar-
cial, sin detenernos en «el que 7a ee ha hecho de él, y haremos
también figurar en «e^ thistma. Sus hechos nos servirán de
Dorma.
La libertad, la justicia, y los derechos del bombre habían de-
saparecido completamente de los pueblos Oriental y Argentino;
— una coalición destinada áirevindicarlos se organizó con fuer-
zas y elementos suficientes para derrocar el poder del General
llosas, bajo cuya dominación Férrea se doblegaban los pueblos.
La intervendon que se 'levanítaba ofrecía establecer jos fon-
damentos de una paz sólida, 7 al |iareoer se apartaba del triun-
fo de los partidos, promulgando un completo olvido déla larga
y «angríeirta lucha ^stenñda en «el JHata« La rehabilitación de
los derechos, devolución de pnopiedafies, y seguridad de la
vida eran los puntos principales de >la coruzada que se hacia
contra ell General Rosas.
Bemejante promesa, era im^posflideiqíie no Henase satisfocto-
riamente los deseos ^edaimayoríaide eetos pueUositan ü^b-
342 HisTORU política t militar
lados por el azote de la anarquía y la dictadura. La guerra
bábara debía. pues cesar, desapareciendo los gobiernos que
reposaban bajo un sistema tal, con ausencia j desconocimiento
completo de las instituciones. Tal era la bandera que levantaban
los gobiernos del Brasil, Paraguay, Comentes y Entre-Rios.
Con respecto al Brasil, se ha venido viendo en el curso de
esta historia, que su política de espectativa, empezó á pronun-
ciarse desde qué recibió y hospedó en su territorio, á los restos
del ejército derrotado en India Muerta, abriendo su tesoro al
Gobierno de Montevideo para ayudar á su defensa; y en cuanto
al General Urquíza, sus pasos fueron sentidos por los Generales
Rosas y Oribe, una de cuyas cartas datada ya en el ano 47, de-
jamos publicada.
Según un folletista oriental defensor de la política del Brasil
sobre los Estados del Plata, encerrado el Imperio, á pesar de la
Dictadura de Rosas y sus actos, en su política de neutralidad,
por no considerar como extranjera la que el General Rosas ha-
bía llevado al Estado Oriental por causas que hasta aquí son ya
harto conocidas, se víó desviado el Brasil de aquella actitud por
los trabajos del Gobierno de Montevideo. El Memorándum de
D. Francisco Magariños era en efecto una pieza importante en
aquellos trabajos y preparo muy bien el terreno que encontró
después el agente oriental. Lamas enviado por el Gobierno de
Montevideo en 1847 para reemplazar al señor Magariños. Este
agente llevaba órdenes para insistir en la intervención del Brasil
en el Plata, diestramente negociada por el doctor D. M. Her-
rera, hasta que en Abril del 31 fué oficialmente solicitada
aquella intervención, por medio de la Legación Oriental en Ja-
neiro, en cuya nota se leen los párrafos siguientes :
« Los defensores de Montevideo reducen todas sus pretensio-
nes á la salvación de la Independencia del país; y es esta la que
le dá el coraje y la abnegación que exigen todos los nuevos sacri-
ficios precisos para conseguir ese objeto supremo.
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 343
Nada de personal, por parte de ellos, determina su actual re-
sistencia.
Resisten a D. Manuel Oribe, como se ha presentado ante los
muros de Montevideo, y no por su p^sona: le resisten como
principio, como símbolo, como sistema.
Si D. Manuel Oribe, por su parte, no se somete al voto de la
nación, si persiste en derivar su titulo de las armas y de la vo-
luntad del dictador Rosas, que en 1843 lo condujo al territorio
oriental, los defensores de Montevideo se resistirán siempre
hasta perecer con las armas en la mano; buscarán como hasta
ahora, para resistirle, cualquier punto de apoyo que les ofrezca
la civilización y la humanidad.
Y aqui cabe decir, aunque de paso, que el Gobierno Oriental
ha procurado y debia procurar apoyos externos, porque, sin un
cambio favorable en su situación, sin adquirir Montevideo fuera
de sus murallas una cooperación que restableciese el equilibrio
entre su poder y el de su enemigo, toda tentativa de concilia-
ción seria de facto un desdoro, una degradación mas que inútil,
porque era también un peligro.
El dictador Rosas la escluia por sus vistas y por su sistema,
D. Manuel Oribe por su desgraciada y completa sumisión al
dictador.
Montevideo estaba postrado, y los Orientales que existen en
el campo de Oribe, oprimidos por la fuerza y fortuna de las ar-
mas invasoras.
En este estado, toda tentación de conciliación entre los orien-
tales seria noble, pero funesta.
Conservando pues la dignidad de la defensa de Montevideo, —
prolongando esta defensa,— y solicitando combinaciones que le
permitiesen equilibrar la fuerza enemiga, el Gobierno Oriental
no solo ha cumplido y cumple el deber de sostener la indepen-
dencia del país, sosteniendo su puesto hasta morir en él, pero
también ha tratado de adquirir, del único modo posible, una
34i HUTeBiA Pdiíraiic. i iraxrAit
peftícion qua lo babiliiase pora hacer la ¿q^aeioD práctica^ pro-
vechosa, honrosa, de los sentimientos y de las vistas de las ^le
elabaio firmadcb ha tenido la fortonai áe\ ser órgano* cerca del
Gobiarnaddlkíiperí^§iifr 1q> habilitase parai poder dedrsia
rídícalo, sin desdoro, parai poder decir con bsen suceso á tedos
les Orientates: PademM combatir^ pero debemo$^ ébraxamss;
podemoi(xmibalir,perQypúmíqiiiehaya tode$ es
neeeíwrio, mdwpenMbk'r fM no Aaya inimtíalss venisido$>,
otriaiiUales.íwncedQrei^
Era este el úAieo eaiaiiioqiae podía y puede eoodiicir i la
deseada fosion de todoa ios oiieatales^ ea el seno de una pairía
independiente. Todo lo demás es gnimera ó decepeioii. »•
El GobiemO' del Brasil, contestó por su órgano:
Ministerio de negocios Extrangeroa.
Ría JaiiBÍFO,.a da Julie de 1S51..
El abajp firmado^,del Conseja de S^ M. el Emperador, Miní»-
tro' Secretario deEstado^de Negocios Extrangeros, reeibió la no-
ta qne en fecha 1 2 de Abril próximo pasado, bajo el número 1 46,
le dirijió eLSr. D. Andrés Lamas, Eaviado Extrordinario y ¡Mi-
nistro Plenipotenciario de la Rep^lica Oriental del Urognay.
El Gobierno Imperial queda enterado de las esplicaoiones
qne se contienen en dioi^nota, sóbrelas intenciones y vistas
del gobierno de la República en la larga y calamitosa lucha que
ha sostenido. Entiende que las disposiciones que ha manifesta-
do y manifiesta dicho gobierno están enteramente conformes
con sus derechos como Estado independíente, con h convención
preliminar de paz de 27. de Agosto de 1828; y que solamen-
te su realización; puede traer la paz y la tranquilidad al Estado
Olriental y á sus vecinos*
El Gobierno Imperial juzga desnecesaria una nueva manifes*
tacion de sus vistas para contestar á aquellos que, para sos fi^
nesv le atribuyen pensamientos de dominación y conquista so*
bre el Estado Oriental.
DE 118 IEFOBUCAS OBL iPULTA S45
f oda la disensión habida con laLe^acioQ Argentina en Rio
Janoro en diversas épocas, rdatiraá la independencia del lis-
tado Oriental ; las repetidas declaraciones hechas por los mí-
mstros de & M« el Emperador en lasxámaras legislatlTas ; el
discurso con qne el mismo aogn^to Señor abrió la asamblea ge-
neral legislativa el dia 3 de Mayo del corriente año, son actos
muy solemnes para que puedan ser puestos en duda, y cuando
lo úieren, esas dudas no merecerían contestación.
Las palabras de aquel discurso « teniendo siempre por un de-
« ber respetar la independencia, las instituciones y la integri-
« dad de los Estados vecinos, y nunca envolverme en manera al-
4( gnna en sus negocios internos > no ¿e refieren únicamente al
Estado Oriental, pero también á las Provincias Argentinas.
Tal es la base principal de la política del Gobierno Imperial
por lo que respecta á los Estados vecinos, cualquiera sea el cur-
so de los sucesos, base que respecto del Estado Oriental se ha-
lla consagrada y esplicada en la convención preliminar de paz de
27deAgostodel828.
Ningún Gobierno se liga esj^nlé/newmmte par declarojcio-
nes tan francas y repetidas, cuando abriga pensamientos
contra/rios.
El abajo firmado, etc. etc.
PAULINO JOSÉ SOAREZ DE SOUZA.
A una detenida negociación se siguieron al fin los tratados.
Estos tratados que se consignan al fin de este Capitulo, eran
cinco. De alianza, de límites, de comercio y navegación, de
estradicion de criminales y desertores ; convención sobre sub-
sidio ala República Oriental.
De los cinco pactos internacionales, solo el de limites debía
tener cumplimiento.
El Brasil protestaba contra las ideas de conquista que se le
atribulan y hacia valer por boca de D. Andrés Lamas todo el
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DE LAS lIPdBLICÁS DEL PLATA 347
Argentina á Chile, Dr. D. Bernardo Irígoyen, para preparar los
' espíritus, difundiré! terror, ahogar todas las esperanzas^^ y
marcar el punto de partida de donde debían arrancar mas tarde
pronunciamientos como el de Y. E., que todo será, menos la
expresión franca de un pueblo patriota como el de Catamarca,
que si conñó la dirección de sus destinos á Y. E., no fué por
cierto, para que arrpjase sus derechos; sus prerogativas, honor
y dignidad á las plantas del usurpador de su soberanía.
Y. E. invoca el pacto federal, al mismo tiempo que abre una
honda herida en el corazón de las instituciones republicapas,
consagradas por el inmortal tratado de las Provincias litorales,
á que se unieron después sus hermanas, las del interior, y for-
man esa célebre alianza, que se llama Confederación Argentina.
Y. E. traiciona, pues, la augusta misión que le encargó su
Patria, cuando valido de suposición, de su influencia, y del
triste estado en que se halla esa benemérita Provincia, merced
á la infame política del General Rosas, encabeza un pronuncia-
miento vil en su origen, ilegal en sus medios, funesto y antina-
cional en sus fines.
Tan lejos está el infrascrito de contribuir al desdoro de la
República, segundando la marcha de Y. E., y de ofrecer al Ge-
neral Rosas la heroica Provincia Entre-Rianá, como pábulo á
su ambición, que por el contrario ha jurado á la faz de la Amé-
rica y del mundo no envainar su espada mientras el usurpador
Argentino influya en los destinos de la República, y sacrifique
á sus innobles aspiraciones la actualidad y porvenir glorioso de
una nación ilustre digna de mejor suerte.
Sorprende á primera vista el cuadro de los hechos y calida-
des personales del General Rosas que Y. E. ha trazado, faltando
á la fidelidad de la historia, y exagerando la importancia moral
de un hombre que Y. E. no conoce, y que acostumbrado á te-
mer hífeta hoy su poder sostenido por otros, le consagra un
párrafo laudatorio sobralamente ridículo, si él no fuera de tan
graves consecuencias.
30 inMftU PQÜIIU r BIUBMI
n 6eMnl &. Joan HuMb da Bbs» — elqaesthakedio
dBfUMoiiiir Gmmii Ammiemm^^ el eneaugo de las iostitncioiM»
Runopeas coim de sos fiíolMriios - ei D^emsar Eti^éiko dé
UkImhpmd$MÍaMOmiinmUe — el anior del iMmMmtmo
piro etc. etc., e^e mismo anda hoj á las pneitats de los poteatar
dos de Europa, pidiendo de rodillas- protección y auxilio, para
continuar la obra de sn sonado trono, coyos cio^entosse des-
ploman al amago de la: Provincia de Entre-Itiana. La Soi^aterra
T «i Austria han oido ja los clamores con que el Héroe de T. E.
ha implorado hamiidemente la cooperación de esas naciones
en faror de la dictadora. T sin embargo hace diez años que
reitera la dimisión del mando, con el reprobado objeto de con-
seguir en la República pronunciamientos análogos al de Y. E.,
que lo coloquen en la silla del poder supremo nacional sin res-
ponsabilidad alguna, para obrar según su ciencia, que es la de
los déspotas — y según su conciencia^ que es la de los tiranos.
V. E. se refiere á las actuales dificiles circunstancias de la
Confederación, y el infrascrito no ve otras que la persona del
ffeneral Rosas, oprimieado á los pueblos, agotando sus recur-
sos, impidiendo el desarrollo de su industria, y aniquilando su
inteligencia, para alejar cada vez mas la suspirada época de su
organización, y dol libre reinado de las instituciones democrátí-
confedérales.
De las precedentes reflexionos inferirá V. E. cual será la mar-
cha política del ínfrascrito,y la actitud que va á asumir á la faz de
laRepública^ en cumplimiento de los sagrados deberes quele im-
pone la Provincia de su mando, como representante de su terri-
torial soberanía, y la Confederación^ como Argentino que no
puede ser indiferente á sus infortunios.
Con esta misma fechase remiten al Exme. Sr. Grobernador de
Corrientes oopias autonizadas de la comunícasion de V. E., y de-
mas documentos oficiales, asi como la contestación respectiva.
OfOSiguaideáY. E* muchos años.
JUSTO j. DE URQUizA — Juan F. Seguí^. seorotaría^
DE léS WFÜaiiiCAa ML KáT4 349
Ua mes antes, la reelección del Gobernador de Corrientes ha-
bia preocupado hi afeMion de los Cobismos de Catamarca,
Mendoza y SanLuia.-^Eitce tanto una foeria paragaajai,, per-
manecía en territorio correntino, atrincherada entre las dos
tranqueras de San Miguel y Loreto. Su número era de 3,000
hombres -^ Et Gobernador (te Gorrientes jo^galifa' que aquella
circunstancia no deMa Hámar su afencron, y se lfmit6i una li-
nea ligera de destacamentos de observacitm aparente.
Los coroneles D. Hilario Lagos y D. Viceate González,, diesta-
cados en Entre Rios,. decian al seior Xímeno, que pusiese en
conocimiento del General Rosas, que inconyeBienles de grave-
dad les habían impedido saKr del Entre Ríos» desd» que hdiHa
asomado alK el esciodala de* ideas subversivas ; que el Ministro
General de aquella provincia aa había querido admitir sus re-
nuncias, ni concederles su pasaporte, y que esperaban poder
sacar sus familias para trasportarse á Buenos Aires, llevando á
D. Severa González que también se encontraba alLL
El 21 de Mayo de 1831, invadió nuevamente el territorio
Oriental el Barón de Yacuhy, al f reate de una fuerza armada del
ejército imperial ; coa él venian jefes y oficiales imperiales co-
nocidos. Este movimiento respondía ya al preparado por el
General Urquiza, que escribió una serie de cartas dirigidas des-
de el General Oribe, hasta el jefe mas subalterno de los ejércitos
oriental y argentino.
También (firigió el General Urquiza á Rosas una nota oficial
datada ea I"", de Mayo de 185tl, cuyo tenores el siguiente :
350 H18T0ÍIÁ POLfTICÁ T MILITAR
|V1VÁ U CONFBDKRÁCION ArGKNTINAI
IMUEBAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL!
El GoberDador y Capitán General de la Provincia de Entre-Ríos.
Cuartel General en San José, Mayo 1/de 1831 — Año 42
de la Libertad, 37 de la Federación Entre-Riana, 26 de
la Independencia, y 22 de la Confederación Argentina.
Al Exmo. Sr. Gobernador y Capitán General de la Provincia de
Buenos Aires, Brigadier General D. Juan Manuel de Rosas.
El infrascripto ha recibido la estimable comunicación, que
por orden de S. E. le ha dirigido el Ministro de Relaciones Ex-
teriores de esa Provincia, con fecha 26 de Diciembre último, en
la que, después de transcripta la nota de este Gobierno de Enero
anterior, agrega lo siguiente:
«El Exmo. Sr. Gobernador se ha instruido con intima com-
placencia de la transcripta nota, y ha ordenado al infrascripto
conteste á V. E. lo siguiente—
« S. E. aprecia debidamente el patriótico interés con que
V. E. procura la continuación del Exmo. Sr. General D. Juan
Manuel de Rosas en el mando supremo de la República. Este
noble empeño de V. E. es para S. E. un alto motivo de satisfac-
ción, y si razones de un orden invencible impiden á S. E. defe-
rir al sentimiento nacional y al sufragio de V. E., le dejan la
gran satisfacción de recibir esos relevantes testimonios de sim-
patía y respeto, con que los pueblos de la Confederación y sus
Gobiernos, liberalmente recompensan su consagración á la Re-
pública. »
Si en las circunstancias á que la citada comunicación del in-
frascripto se refiere, rehuso este Gobierno prestarse á las reite-
radas súplicas de V. E. para que se le exonerase del mando
supremo de esa Provincia, fué porque no estaba en sus atribu-
ciones ingerirse en el orden interior administrativo de un pue-
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 351
blo independiente, aunque ligado con fuertes vínculos emana-
dos de un pacto federativo. Se limitó» pues, á asegurar á Y. E.
que si no tenia otra razón para dimitir el mando, que la deca-
dencia de su opinión en la República, ningún temor debia abri-
gar relativamente al pueblo Entreriano, desde que este no habia
retirado las facultades delegadas en la persona de Y. E.— cir-
cunstancia debida únicamente á la falta de motivos justificados;
pues de lo contrario su Gobierno ni habría continuado deposi-
tando su confianza en Y. E., ni tolerado mucho tiempo la viola-
ción de sus derechos naturales, contra los sacrosantos deberes
de su posición y de su conciencia.
Mas hoy que aparece Y. E. gravemente afectado de su salud y
deveras resuelto á verificar su renuncia, fundándose en la ab-
soluta imposibilidad física en que se encuentra de atender al
despacho, el Pueblo Entreriano y su Gobierno convienen gusto-
sos, en la parte que les corresponde, en acceder á lo que á Y. E.
tan repetida, como vehementemente solicita : y aceptando, co-
mo desde hoy aceptan, la formal renuncia de Y. E., por lo que
toca á la dirección de las Relaciones Exteriores, negocios de
Paz y Guerra-de la Confederación Argentina, declaran del modo
mas solemne : Que es la voluntad de la Provincia Entreriana
reasumir el ejercicio de los altos derechos y prerogativas dele-
gados en el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Nación,
quedando de hecho y de derecho en la aptitud de entenderse
directamente con los demás Gobiernos del mundo, hasta tanto
que, reunido el Congreso General Constituyente de las Provin-
cias del Plata, sea definitivamente organizada la República.
El infrascrito se permite observar que sin duda por una in-
voluntaria distracción del Ministro de Relaciones Exteriores de
esa Provincia, se ha dado diversa interpretación al verdadero
espíritu de su nota fecha 21 de Enero del año anterior, donde
se supone á este Gobierno patrióticamente interesado en procu-
rar la continuación de Y. E. en el mando supremo de la Re-
353 nsTMU POLtncA t flniriB
péMka. loétfles habrían sido las sacrificios de todo genero
qoe la Profíoda de Enlre-Rios, sa jefe j egército han oUadoen
las aras angostas de la dación, para asegurar el triunfo del sis-
lena Federal RepresentatÍTo, sí este gobierno se empeñara hoy
en procurar ti mando Supremo de la RepühUca á faror de ín-
díTídoaiidad alguna, por espectable qne ella sea, cuando seme-
jante proposición es atentatoría, j destructora de los fundamen-
tales principios de la Confederación de los Pueblos.
Dios guarde á V. E. muchos años.
JUSTO JOSÉ DE UROCKA.
lUAH F. seguí. Secretario.
En cnanto al sentido de las cartas dirigidas á los jefes orien-
tales y argentinos, bastará con la publicación de las mas impor-
tantes. Por otra parte todas ellas estaban escritas en el mismo
sentido, con variación de ideas.
¡Viva la Conpederacioii ArgentinaI
¡Mueran los e^iemigos de la Orgaiuzaoon NáaoKALl
San José, Mayo 10 de 1851.
Sr. General D. Ignacio Oribe.
Mi queridoamigo — 'Vo dudo que al recibo de esta mi carta,
estará Vd. instmido de todos los acontecimientos que han teni-
do lugar en Buenos Aires relativamente á mi persona, y de la
posición en qne esos mismos me han colocado. Vd., mi amigo,
qne conoce mis principios y mi vida pública se habrá asombra-
do de verme en armas contra el hombre á quien he conquistado
tantas glorias, á esfuerzos y con sacrificios de todo género. Co-
mo ai campo de Vd. no llegarán sino los alaridos rabiosos de
D. Juan Manuel de Rosas, que desde mucho antes lanza contra
mí, y siendo Vd. un amigo á quien distingo, quiero darle una .
prueba de simpatía manifestándole alguno de los muy justos y
poderosos motivos que me%an obligado á poner coto á la am-
bición tiránica y opresión en que nuestro encargado de entre-
DE ¿As RÉPtBLICAS DEL PLATA 353
tener las Relaciones £Kteriores de la Confederación y eútender
en ios Begocios de paz y gaerra lia mantenido á todos los Pue-
blos Confederados. Tfocreo qne Vd. me haga el disfavor de
persuadirse que yo hoy recién conozco los derechos propios de
la soberanía de los pueblos, ni lo que conviene á su prosperidad
y engrandecimiento, no menos que los deberes que me imponen
la altura en que.me han colocado mis compatriotas, cuando to-
do esto lo conocen todos los pueblos, como lo han comprobado
en la resistencia que nos han hecho. Mi silencio y mis sacrifi-
cios han tenido dos objetos: primero, destruir el partido de los
unitarios, cuyas opiniones pugnan con la voluntad de los pue-
blos enérgicamente pronunciados por el sistema federal; y se-
gundo, restablecer y afianzar la paz pública, con la halagüeña
esperanza de que ese hombre que nosotros habíamos elevado
al poder, y en quien habíamos depositado tanta confianza, no
desmentiría de los principios fundamentales del pacto que nos
une y ha proclamado, con la esperanza de que, destruido el
bando unitario que se oponía á las instituciones suspiradas por
los pueblos, estableciese el cuerpo nacional que dictase la Carta
Constitucional sobre las bases sancionadas por la opinión pú-
blica. Hé aquí por lo que he combatido y he hecho todo lo que
Vd. sabe, hasta humillarnos.
Ahora bien, ¿cuál es el fruto que he conseguido ? V. lo sabe
también, y se lo repetiré: mayores exigencias, mas humillación,
y lo que es mas, la convicción de que si no derribamos esa en-
tidad, jamás, jamás tendremos Congreso, instituciones nacio-
nales, jamás tendremos Patria. Este convencimiento que he
sofocado en mi corazón, traicionando á mis compatriotas y en-
gañando á toda la República y al mundo, me lo ha arrancado la
conducta hostil con que me ha provocado el mismo Rosas ; ese
hombre tan pérfido y malvado como ingrato y desleal. Separado
ya de la política rastrera y anti-nacional de D. Juan Manuel de
Rosas, me uno á los buenos y verdaderos federales, á los que
23
VA umwi rutnck r siuzái
reipeUn U soberaaá j íib^tUá de bs ProfíAcáas Ir^paiibii&k. i;
laj» que de tNiefu fé« jr eoooo deseo stocerojsaalo píde&hBr-
giaizacíoa nuiouná ba|o d sisteau fedenJ. Saida mais fñeni.
níogooa otra z.%\/kr4á<m ocupa mí eorazoo, j á este la saoftii «s^
tojr resuelto 4 sa/rrífic^Lmie ; y i mi amigo D. Ignacio Oribe «$ i
qnieo se lo declaro ea esta, aunque moj lacdoicaoiéslei. fon
que me liaga jostícía, y deseando qne no se enToelTa e& b$
des que tenderá el osurpador de los derechos dd Pod4o lr¿
tÍQO al incauto como al inocente.
Me queda la satísf^iceíon de haber compUdo con h
y amídUul que V. me merece, r me repito su atento senidor.
q/b. S, M.
JUSTO i. DE nocizi.
I riTA LA C05fEDEBACI0H ABGEfTriHA !
San José, Abril 22 de 1S51.
Seuor Teniente Coronel D. Lucas Moreno.
Mi distinguido amigo :
Los acontecimientos que durante los últimos 10 auos se han
multiplicado en ambas riberas del Plata, han revelado de una
manera inequívoca las tendencias funestas del Gobernador de
Buenos Aires, á cuya infame política deben las Repúblicas
Oriental y Argentina su mal estado de relaciones con las demás
naciones del mundo, y la completa ruina interior, que amenaza
a sus mas vitales intereses.
Desde que me contraje á mejorar la situación de mi país,
después de terminada la campaña Oriental, y la de Corrientes,
ya se hizo sentir el desagrado del General Rosas, pretestando
que mi política no estaba en armonía con lá suya. Si por políti-
ca se entiende una desmoralización general y sostenida en toda
la esfera de la administración, es indudable que mi marcha en
nodu fe parece á la del déspota, que no contento con asesinar
BE LAS MPÚBLICÁS DEL PL4TÁ 355
impíamente á los hombres, ha querido asesinar impíamente
también las ideas santas, los hechos nobles que inspira la vir-
tud y el mas generoso patriotismo.
En este sentido Rosas pretende continuar dirigiendo los des-
tinos de dos Repúblicas dignas de inejor suerte, dirijiéndolas,
mi querido amigo, con esa sabia perversidad que le es propia,
hasta conseguir el mas pronunciado envilecimiento en el espí-
ritu, y el total estrago en todos sus intereses materiales.
El General Oribe se ha empeñado hace tiempo en imitar á
Rosas, á pesar de mis repetidas insinuaciones para que cambia-
ra de política, y no tolerara la devastación de su hermoso país.
El ha rechazado aceptar mis ideas, y su caída no será mas que
una consecuencia de su obstinación importuna.
Mi divisa será « Guerra al tirano Juan M. de Rosas y sus sos-
tenedores, )k y el programa de mi política, restauradora del or-
den y la libertad de la República Argentina, dejando á la Orien-
tal en el pleno goce de sus derechos constitucionales, para que
se dé la organización, forma y Gobierno que mejor le convenga.
Si el plan consignado en la presente obtiene las simpatías de
Vd. puede manifestarlo á todos los amigos que le parezca, y
sean capaces de cooperar á tan noble empresa.
Aprovecho esta ocasión de saludar á Vd., y de suscribirme
afmo. amigo y S. S.
0. B.S. M.
JUSTO JOSE DE ÜRQÜIZA.
Muchos jefes argentinos se escusaron de contestar al General
Urquiza ; otros le contestaron acremente, y casi todos enviaron
al GeneralRosas, la carta de Urquiza, con una nota poco mas ó
menos idéntica en sus términos á la del Coronel D. Gerónimo
Costa, dirigida al Sr. Rosas el 31 de Mayo desde el pueblo de
San José, en el Estado Oriental, donde se encontraba ya con su
batallón formando parte del ejército en campana.
I
DI LÁ8 REPCBUCAS DEL PLATA 359
I VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA I
^ I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I
Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 —
Año 42 de la Libertad, 37 de la Federacioil
Entre-Riana, 36 de la Independencia» y 22 de
la Confederación Argentina.
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Eotre-Rios.
Considerando —
Primero — Que la actual situación física en que se halla el
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires»
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y
guerra de la Confederación Argentina-
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido álaHo*
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe*
dorados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re-
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas
y cada una de las Provincias que integran la República-
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi-
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal-
tar á la consideración debida á su salud, y cooperar también á
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa
no poder atender con la actividad que ellos demandan —
Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni-
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac-
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre-
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos —
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y
aid HificoftiA rouncA f muxut
K;^a nota m re^islra on e\ Defensor déla Independencia^ pa-
hluMiliM'u el r.errílo, ;tsi como todas lascarlas ¿ que nos fcu-
lUtis ivlirionilo.
Kl t'itronol Lamas i|iio también hahia sido va invitado por el
r.tM)i*nl I n|iii/:i |»ar:i iMitrar en el movimíeato, docia al Genenl
(M'iIm\ \\^ si^uuMito. síu liocer mencíon alguna ú la invitación de
rn|iii/:i.
Salto. Abril 26 de 1851.
r\mo. MMior riv<i«lo!ilo !>. Manuel Oribe.
Mi (mmiim.iI ; l.t»^ aLinuantes aconteríniienlos que se desar-
i.ill.iii iMi Li IVo\inria tlt> Kntre-Rios mo precisaron ¿ dar un
i; >|.)p«> h.ist.i t'Ñit' |Mii'lil(t, lanto para palparlos mas de inmedia-
1 1, riiiniit pu. I tomar las mnliJas de prerauciou que fueran ne-
I •« «ai ii*« iltts horas liare t|iie lie llegadi).
I II hiomoiiio (l(*s|iii,^s S(' me presentó una persona de mí con-
h iti/.i. «pío li.ht».M»is ílias estuvo en el Arroyo tirando con el
i..«iieiahiai/on. qiti' it^íoii lle^'alu á aquel punto de tener ana
iMiinm-ij.i rtm t*l t;iMU'r.il l'rqui/a. á la cual asistió Pedro Vírase-
lo iMir.ithl.i. I «!(« au^Mili^le su hermano ¡). Benjamin ; esa per-
.111 1 n i«li pulo tr.isliit ir tie la tal entrevista ; pero so supone
•|iii< lia\.) .hlo pan A uiiiTílo de operaciones que proyectan.
i:h;iMi«M.il ti. II /.Olí ;iM*i,Miró ipit* ya estaba el (ieneral ürquíza
i! Iinili* \\A tHMhM.il l(<t>:is : que ya estaban rotas las hostilida-
(Ir. qupdiMiiro di' inu\ poco se entraría á o|)erar desarro-
II. indo los podiTOMK (elementos que se habían reunido; que
líos nii'M's \\\ di'bíaiuos haber sufrido una invasión brasiliense,
ipil* había coiil(>niilo el (uMieral llrqui/a, parque no quería que
ni» oiivohitvsiMMi males nuestro pais, muy seguro de que V. E.
><M-ia impi*lído por los acontecimientos á plegarse al nuevo
ónlenderosas. y linalmente que lo único que se pretendía y
que iM'ci'sariamentt» s(» conseguiria era el que descendiese de su
puesto el tienoral llosas, como un obstáculo insuperable para
la paz de estos países.
DI LAS áEPOBLlGAS DEL PUXA 857
Ese sujeto me ha dicho tambieri, que le han asegurado que^
José María Muiioi, en oalidad de agente de los salvajes unitarios^
de Montevideo, asistió ala entrevista de Urquiza, Garzón y Pe-
dro Yirasoro ; y que un doctor Leiva fué enviado por Urquiza
al Paraguay, hace muy pocos <lias.
Sin embargo que cuando V. E. reciba esta ya habrá recibida
otras noticias de este mismo orden que dirigí al señor Brigadier
Oribe (D. Ignacio) antes de mi salida del Cuaró, diciéndole
también que me diese órdenes con relación á las fuerzas Argen-
tinas que están á mis órdenes para ser mandadas al General
Urquiza inmediatamente que me las pidiese, pues qué si me
eran'pedidas antes de recibir sus nuevas órdenes me serviría de
toda clase de pretesto para no mandárselas hasta que el dicho
señor Brigadier no me lo ordenase.
Dentro de cuatro ó cinco dias regresaré al Cuaró : el coman-
dante Egaña participará áV. E. prontamente cuanto ocurra por
esta parte ; yo haré otro tanto con el señor General D. Ignacio.
De V. E. muy amigo.
Diego Lamas.
m
La Provincia de Entre-Rios se habia insurreccionado comple-^
tamente, siguiendo sus pasos la de Corrientes — EH3 de Mayo,
decia la prensa oficial :
«Los sucesos y las manifestaciones se agrupan en vez de suce-
derse, de tal manera, que no nos dejan el tiempo indispensable
para consignarlos en nuestras páginas con toda la detención que
ellos merecen. La Efervescencia popular nos arrebata con el
ímpetu de un torrente que ha roto el dique que lo contenia, y
fuerza es confesar que nos arrebata sin el menor esfuerzo, pues
nos gloriamos de participar de ella con todas las fuerzas de
nuestra alma.
Pero por amor de Dios, que alguno no vaya á entender que
aquí, en Entre-Rios, donde manda el Ilustre General Urquiza,
358 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
la EfervescencUi popular se manifiesta con vergas y degüellos^
con mazorcas ni azotes al bello sexo. Oh I muy lejos de eso —
El pueblo Entre-Riano se reúne expontáneambnte, sin que lo
citen los Jueces de Paz, ni lo custodien esbirros ; y con músicas
y banderas, saludados y alentados por las damas, dan vivas ¿ la
libertad, á la Confederación, á Urquiza el Grande, al ilustre Vi-
rasero, y al bravo y progresista General Garzón, honory espe*
ranza de su noble patria, con un grito unisono, tremendo, fatí-
dico de i ABAJO LOS TIRANOS I á la realización de lo cual no hay
unoioloqne no esté pronto, ó se apreste.
I ABAJO LOS TIRANOS DEL PLATA I Y la efcrvescencia popular, no
puede evitarse, no puede contrastarse, no puede silenciarse; co-
mo lo ha dicho mil veces el General Rosas, en justificación de
hechos'y cosas que el pueblo Entre-Riano no practicará.
El bravo coronel Virasoro dejó á San José el día 8 del corrien-
te, y se separó de S. E. y de una espléndida comitiva de damas
y caballeros que lo acompañaron hasta tres leguas del Cuartel
General.
Dado el último adiós, el bizarro Coronel volvió su caballo, y
descubriendo su noble y elegante cabeza, dio vivas que retum-
baron en nuestros magníficos campos, a la libertad, a la alian-
za FEDERAL DE LOS PUEBLOS, A LA ORGANIZACIÓN NACIONAL; COU Un
muera á los tiranos del Plata.
Dos dias antes había sucedido lo mismo con el Coronel Cáce-
res, una de las mas brillantes y patrióticas espadas de la heroi-
ca Corrientes.»
El General Urquiza empezó por borrar del frente de las pu-
blicaciones oficiales, el lema Mueran los salvajes unitarios, y
expidió un considerando sobre la permanencia del General Ro-
sas al frente de los destinos de la Confederación, desconociendo
su autoridad, y retirando su obediencia.
DI LAS BEPDBUCÁS DXL PLATA 359
I VIVA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA 1
I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I
Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 —
Año 42 de la. Libertad, 37 de la Federacioa
Eotre-Riana, 36 de la Independencia, y 23 de
la Confederación Argentina.
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios.
Considerando —
Primero — Que la actual situación fisica en que se halla el
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires,
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y
guerra de la Confederación Argentina-
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido á la Ho-
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe-
derados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re*
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas
y cada una de las Provincias que integran la República-
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi-
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal-
tar ala consideración debida á su salud, y cooperar también á
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa
no poder atender con la actividad que ellos demandan —
Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni-
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac-
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre-
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos —
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y
362 RlSTOHIi POLlTlU T HIUTAI
Corrientes, Enlre-Rios y Montetideo, garantiéndose en este tra-
tado, ademas de los fines políticos en vista, la libre navegación
délos ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. £1 General Garzón, á la cabeza de los
orientales que existían en Entre-Rios pasarla al Estado Orieatal,
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien
nombraría ú Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la República y declarado solomncmonto asi, osla ya decidMa y
ganada la gran cuestión Ai^ntina. Porquo el ejército do la Provincia
¡le Entre-Rios no se hará esperar, siempre que el general Rosas insista
en sus absurda» tiránicas preteasionos y no ceda ante el poder omnipo-
tente de la opinión nacional que lo recliaza y que será sostenida por las
lanzas v bayonetas vencedoras en la parte oriental y occidental del
Plata.
El acrisolado patriolismo de V. E. y los importantes servicios que ha
prestado á la Confederación Argentina, justifican la esperanza que abri-
ga el infrascriplo de oljtcner su cooperación para llevar á cabo el noble .
y generoso pcnsamimto de salvar á las Rupúlilicas dul Plata del abisma
profundo á curas simas las conduce aceleradamente el ^ónio matufien 1
<juc preside i-n los consejos del gobernador do Buenos Aircs. '
Dios guarde á V. K. muchos anos.
Firmado : JUSTO JOSÉ DK URQÜIZA.
El 25 de Mayo lanzó esla proclama á la Confederación Argentina:—
Pueblo» de la Repúblicaí—Vainltí añoshacequc, despuc^dcunaluchit
sangrienta alimenlada con los errores de la anarcgulii, brotó en lasmír-í
genes del Bin Paraná, la csiicranzaconsoladoradel ónleny lic la orga-í
nizacion nacional. Un hombro se presentó en la esci'ua polftica, j si-
mulando ideas cotistilucionales, y amor á la confraturnidad da la Pro-
vincias Argenlirins, fué saludado por los pueblos, y ilístingiiido con sj
ilimitada con(iaaza.EHe hombre abngalia sin embafííoeu su i^nrazon io-
tenciones sinieslras, y no dominaba orí su cabeza otro pensamiento, qu
el de elevarse sobre las ruinas de la dignid id nacioii.il, liacicnilo pedas
colas aras de su ambición las riixis anales de valor y Klorin, iju» d
habiao legado nuestros padres. Desdu enlonL'cs han corrido vein
años,ycl nuevo Croinwellna desarrollado su liúrliaro programa nu to
la extensión dü la R<!públiüa, grabando en la frente de un millón
Argentinos el sello de la mas de;;radante dicladura. Ronag '
ahlun nombre, que nunca sonó en el teatro de los peligros de la Pat
pero que fué siempre asonado como cau.-wá los infortunios di' la iiac
Boiaa Ved alil un hombre, que ha hollado con su pió las vi
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas
ahf al déspota, que no contento con verter á torn-ntes la sangro d(
hermanos, ha querido también exterminarla inteligencia, y ha'
hasta olvidar que sois hijos y herederos iegilimosde un pasado tlf
heroísmo -■ -■■• embriagadores recuerdos. ¿Ouú ha quedado á la F
blica> ispues do haber lidiado veinte años pura alcanza
DI LAS BEPDBUaS DXL PLATA 359
I VITA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA 1
I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I
Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 —
Año 42 de la. Libertad, 37 de la Federacioa
Eotre-Riana, 36 de la Independencia, y 23 de
la Confederación Argentina.
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios.
Considerando —
Primero — Que la actual situación fisica en que se halla el
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires,
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y
guerra de la Confederación Argentina-
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido ala Ho-
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe-
derados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re-
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas
y cada una de las Provincias que integran la República-
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi-
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal-
tar ala consideración debida á su salud, y cooperar también á
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa
no poder atender con la actividad que ellos demandan —
Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni-
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac-
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre-
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos —
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y
Corrieotes, Enlre-Rios y Montevideo, garantiéodose en este tra-
tado, ademas de los fines políticos ea vista, la libre navegación
délos ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los
orienlales que exislian en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental,
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la República y declarado sol emn emente asi, está ya decidida 3
Sanada la gran cuestión Argeatina. Porque el ejército de la Frovinuia
e Enlre-Bios no se liará esperar, síempra que el general Rosas insista
«o sus absurdas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo-
tente de la opinión nacional que lo recnaza y que será sostenida por las
lanzas v bayonetas vencedoras en la parle* oriental y orcideiital del
Plata.
El acrisolado patriotismo de V, E. y los imporlanles servicios que ha
prestado & la Conrederacion .argentina, justilican la esperanza que abri-
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble
y generoso pensamiento de salvar á las Repúblicas del Plata del abismo
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el gi'mio maléOcn
que preside en los consejos del ^bernador de Buenos Aires.
Dios guarde á V. E. muchas anos.
Firmado : JUSTO JOSÉ DE URQUIZA.
El 25 do Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:—
Puebloi de la República!— y oinlfí años hace que, daspuei de una lucha
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las már-
genes del Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y do la orga-
nización nacional. Un hombre se presentó en la escena oolitica, y si-
mulando ideas constitucionales, y amor á la confraternidaa de la Pro-
vincias Argentinas, fuá saludado por los pueblos, y distinguido con su
ilimitada con lianza. Ese hombre abrigaba sin embargo en su corazón in-
tenciones siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, que
el de elevarse sobre las minas de la di^id nd nacional, haciendo pedazos
en las aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos
hablan legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte
años,; el nuevo Cromwell na desarrollado su bárbaro programa en loila
la extensión de la República, grabando en la frente de un millón ile
Argentinos el sello de la mas degradante diclndura. Romu Ved
ahí un nombro, que nunca sonó en el teatro de los peligros de la Patria,
pero que fué siempre asociado como causa á los infortunios de la nación.
Rotas Ved ah( un hombre, que ha hollado con su pié las virgi-
naJes sienes de una joven, desgraciada Rcpiiblíca. Rosa» Ved
ah! al déspota, que no contento con verter A torrentes la sangre de suí
hermanos, ha querido también exterminarla inteligencia, y haceros
hasta olvidar que sois hijos y herederos legítimos de un pasado lleno de
heroisn^^^e embriagadores recuerdos. ¿Quó ha quedado á la Bepli-
■■""" "^^^^ despncs de haber lidiado veinte años para alcansar una
DI LAS BEPDBLICÁS DXL PLATA 359
I TIYA LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA 1
I MUERAN LOS ENEMIGOS DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL I
Cuartel General en San José, Mayo 1* de 1851 —
Año 42 de la Libertad, 37 de la Federacioa
Entre-Riana, 36 de la Independencia» y 23 de
la Confederación Argentina.
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Entre-Rios.
Considerando —
Primero — Que la actual situación fisica en que se halla el
Exmo. señor Gobernador y Capitán General de Buenos Aires,
Brigadier D. Juan Manuel de Rosas, no le permite por mas
tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo
las Relaciones Exteriores, y los asuntos generales de paz y
guerra de la Confederación Argentina-
Segundo — Que con repetidas instancias ha pedido á la Ho-
norable Legislatura de aquella Provincia, se le exonere del
mando supremo de ella, comunicando á los Gobiernos Confe-
derados su invariable resolución de llevar á cabo la formal re*
nuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas
y cada una de las Provincias que integran la República-
Tercero — Que reiterar al General Rosas las anteriores insi-
nuaciones, para que permanezca en el lugar que ocupa, es fal-
tar ala consideración debida á su salud, y cooperar también á
la ruina total de los intereses nacionales, que él mismo confiesa
no poder atender con la actividad que ellos demandan —
Cuarto — Que es tener una triste idea de la ilustrada, heroica
y célebre Confederación Argentina, el suponerla incapaz, sin el
General Rosas á su cabeza, de sostener sus principios orgáni-
cos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su ac-
tualidad, y aproximando el porvenir glorioso reservado en pre-
mio á las acreditadas virtudes de sus hijos —
En vista de estas, y otras no menos graves consideraciones, y
Corrientes, Entre-Ríos y Montevideo, garantiéndose en este tra-
tado, ademas de los Qncs políticos en vista, la libre navegación
de tos rios, pactándola entre la comunidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los
orientales que existian en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental,
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la República y declarado solemne me oto así, está ya decidida y
Sanada la gran cueslfon Argentina. Porque el ejército de la Provincia
e Kntrc-Rios no se haré esperar, siempre que el general Rosas insista
en sus absunlas liránicas preten.siones y no ceda anle el poder omuipo-
lente de la opinión nacional que lo recñaza y que será sostenida por las
lanzas y bavonotas vencedoras en la parle oriental y omdenlal del
Plata.
El acrisolado patriotismo de V. E. y los importantes servicios que ha
prestado á la Confederación Argentina, jusülican la esperanza que abri-
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble
y generoso pensamiento de salvar a las Repúolicas del Plata del abismo
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el ^¿nio maléfico
que preside «ñ los consejos del gobernador de Buenos Aires.
Dios guarde é V. E. muchos años.
Firmado : JUSTO JOSÉ DE DHQUKA.
El 25 de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:—
Ptifblos de la nníiiftíimf— Veinte años hace que. después do una ludia
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las már-
genes del Río Paraná, la esperan/a consoladora del órJony de la orga-
nización nacional, lln hombre se presentó en la eseona política, y si-
mulando ideas constitucionales, y amor á la confralernidad de la Pro-
vincias Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con su
ilimitada conlianja. Ese hombre abrigaba sin embargo eu su corazón in-
IcncíOLias siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, qus
el ríe elevarse sobre las ruinas de ladiitnid.id nacional, haciendo pedazos
unías aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos
liahtan legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte
años.y el nuevo Cromweil ha desarrollado su bártaro programa en toda
la extensión de la República, grabando en la frente do un millón de
Argentinos el sello de la mas degradante dictadura, fíosfu Ved
ahí un nombre, que nuuca sonó en el teatro de los peligros de la Patria,
pero que fuii siontpre asociado come causa á los infortunios do la nación.
Rosas Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pié las virgi-
nales sienes de una Jóveu, desgraciada República. Rasas Ved
ahí al déspota, que no contento con verter á torrentes la sangro de sus
liennanos, ha querido también exterminar la inteligencia, y haceros
ha'íta olvidiir que sois hijos y herederos legítimos do un pasado lleno de
beroisEU|^^ embriagadores recuerdos. ¿Qué ha quedado á la Repú-
blica i^^^^^ después de haber lidiado veinte años para alcanzar uno
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 363
■
Ed consecuencia se le incorporarían los emigrados en Río
Grande — Urquiza debía ponerse en campaña el 25 de Mayo
de iHoi.
Al mismo tiempo que el General Urquiza se colocaba al fren-
te de una revolución argentina contra el General Rosas, debía
pues aparecer simultáneamente un movimiento contra el Gene-
ral Oribe en el Estado Oriental colocándose á Garzón al frente
de este.
paz diffna de ella? Su denuedo, y nada mas que su denuedo. Porque
Rosas ha tocado con su mano todas las fuentes de la prosperidad y de
la riaueza, y secado como la plaga de los insectos venenosos, la savia
queda vida*^á los pueblos regidos por instituciones salvadoras. Ha lle-
gado ya el día de robustecer el sentimiento nacional, y de finalizar esa
exhibición sangrienta, que los buenos Argentinos miran coií horror, ▼
á ios extraños sirve de titulo suficiente para acusarnos ante el respeta-
ble tribunal do la opinión del mundo. Vuestro sufragio en favor de
Rosas fué para que constituyera esa nación que es vuestra. Pero él solo
quiere oprimiros, y el baldón entonces, si lo consigue, no será tanto
para el tirano, como para los que dóciles se dobleguen á sus inmundas
plantas. Habéis jiu'ado sostener la Convención Nacional por la que fuis-
teis federalmcnte constituidos, /{osas ha convertido en cenizas esa Carta
inmortal depositarla de nuestros derechos, y de vuestras preciosas li-
bertades. En vuestra mano está dar vida con un soplo á esos polvos
sagrados, que testifican la muerte de una nación; pero nación que resu-
citará al primer grito de sus hijos, para revindicar su honor ultrajado.
Pueblos Confederados! — La Provincia heroica que me ha honrado con
la dirección de sus destinos, ha hecho resonar en todos sus ángulos el
clamor uniforme de Libertad, Organización y guerra al despotismo^
Su ardoroso entusiasmo, su voluntad soberana que fué siempre la ley
de todos mis procedimientos, me ponen en el grato deber de segundar-
la, y al considerarme el órgano de sus creencias, y de sus sentimientos
patrióticos, he jurado á la faz de la América y del Mundo, sostener su
Í glorioso pronunciamiento á despecho de los íiranos. Nuestra hermana
a ilustre Provincia de Corrientes ha respondido ya, y ligado su resolu-
ción magnánima á la de Entre-Rios, y la grande alianza Argentino-
Americana libertadora de las Repúblicas del Plata, tiene á su favor el
poder de las armas, la elevada justicia de su causa, y las bendiciones
de los buenos.
¡Que la Providencia Divina derramando su luz en el espíritu, y el
amor sublime de la Patria en el corazón de vuestros hijos, ligue su
cooperación firme y unísona á la heroica empresa, que aunque iniciada
por el Pueblo Entre-Riano, os dejará no obstante su triunfo una parte
no pequeña de inmarcesible gloria!!! Tales son los ardientes deseos que
abriga mi corazón, cuando me considero el mejor amigo de vuestra
Libertad, y futuro engrandecimiento.
JUSTO JOSÉ DE URQUIZA.
362 HISTORIA POLÍTICA T MILITA!
CorrieDtes, Entre-Rios y Montevideo, garantíéadose en este tra-
tado, ademas de los Qnes politicos en vista, la libre navegación
de los ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los
orientales que existían en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental,
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la República y declarado solomncmonte así, está ya decidida y
ganada la j?ran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia
de Entro-Rios no s(; hará esperar, siempre que el general Rosas insista
en sus absunlas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo-
tente de la opinión nacional que lo recfiaza y que será sostenida por las
lanzas v bayonetas vencedoras en la parte' oriental y occidental del
Plata. "
£1 acrisolado patriotismo de V. E. y los importantes servicios que ha
prestado á la Conf(;deracion Argentina, justifícan la esperanza que abri-
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble
y generoso p(3nsami(>nto de salvar a las Repúblicas del Plata del abismo
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el (i^ónio maléflco
que preside (»n los consejos dol gobernador do Buenos Aires.
Dios flfuarde á V. E. muchos años.
Firmado : JUSTO JOSÉ DE ÜRQüIZA.
El 2ó de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:—
Pueblos de la /ÍP/>M6ííca/— Veinte años hace que, después de unalncha
sangrienta alimentada con los (errores do la ananjuía, brotó en las má^
goinisdel Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y de la orgi-
nizacion nacional. \}n hombre so presentó en la escena apolítica, y si-
mulando ideas ctonstítucionales, y amor á la confraternitlad de la Pio-
yiniMas Argentinas, fue saludado [)nr los pueblos, y distinguido con si
ilimitada coníianza.Ese hombre abrigaba sin embargo cu su corazón in-
teniMom»»* siniestras, y no dominaba on su cabeza otro pensamiento, qw
el do elevarso sóbrelas ruinas do la diínid id nacional, haciendo peito*
en las aras do su ambición los ritmos anales de valor y gloria, que M
habían Irgado nuestros padres. Desdi; entonces han corrido veinte
años, y el nuevo Cromwell ha desarrollado su bárbaro programa cntodi
la exlrrisiun de la República, grabando en la fronte de un millón,^
Ar^fiMitinos el sello do la mas degraiiante dictadura. Roscas .Vw
ahí un nombre, que nunca sonó en oí teatro do los peligros de laPabiit
poro t¡no fu«' siempre asociado como causa á los infortunios de la n a^
Ros(U Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pió las virp-
nales sieno^ido una joven, desgraciada República. Rosas V«
ahí al <lé<poia, que no contento con verter á torrentes la sangredeflllahri;
hermanos, ha querido también exterminar la inteligencia, y baoflr¡||íj|,^.j
hasta olvidar que sois hijos y herederos legítimos de un pa.saao lleDoli|
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363
RlSTORIl POLITIU T HIUTAI
Corrientes, Entre-Rios y Montevideo, garantiéndose en este tra-
tado, ademas de los fines políticos en vista, la libre oavegacioa
de los ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. El General Garaon, á la cabeza de los
orientales qne existían en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental,
poDíéadose en contacto con el Gobierno de Montevideo, qoien
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la Bnpública y doclarado .lolemncmonlo asi, está ya decidida y
Sanada la tfran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia
e Entre-Rios no se liará esperar, siein|ire que el general Rosas insista
en sufl absurdas tiránicas pretensiones v no ceda ante el poder omnipo-
tente de la opinión nacional que lo recñaza y que será sostenida por las
lanzas v bavonctas vencedoras en la parte' oriental y occidental del
Mata. ^ ,
El acrisolado patriotismo de V. E. y los importanles servicios que ha
prestado á la Con rede ración Arfjentina, justilican la esperanza que abri-
ga el iurrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el nobJe
y gennroBo ponsamionto de salvar a las Rupúblicas del Plata del abi^nw
profundo áuiiyus simas las conduce aceleradamente c.^1 gúuio maléfico
•lUe preside cii los con.sejos dol gobernador do Buenos Aires.
Dios guardo á V. E. muchos años.
Firmado : JUSTO JOSÉ DE URQUIZ.4.
FJ 25 do Mayo lanz>'> esta proclama á la Confederación ,\rgontina:—
Pu^lon de la /íepiífeítea/— Veinle añas liaue que, después do unalncfii
sangríetita alimentada con los nrrores do la anarquía, brotó en las at-
genes del RIoi'araná, la esperanza consoladoradel ónieny de la '
iiizauion nacional. Un hombro se presentó en la escfna politica,
mulaudo ideas conslítuciouales, y amor á la confralerniílad de la _
viudas Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con
ilimitada conl1anza.Ese hombre abrigaba sin embargo en su corazón'
tenciones siniestras, y no dominalia oii su cabeza otro poosamieolft >
el de elitvarse sobre las minas ríe la dii;iiiil id nacional, tiaeicndopáli
en las aras de su ambición los rii:o.s an.'iles de valor y íf loria, mt M Fin,,
haliian legado niirstros padres. Desilit entonces lian corrido V^Baoh
año3,y ul nuevo Cromwell na desarrull,-ido su túrbaro programa alflfjocj.
la eüteitsiun déla República, grabando en la frente de un —"»-'■' ■
Arpnlinris el sello de la mas oegra'lante dictadura. Roxa». . - .
ahí un nombre, ijue nunca sonó en el teatro de los peligros de lal
jwmque fuií siempre asociado comn causa á losinfortuninsdelaf
Roiax. . . . Ved ahí un hombre, que lia hollado con súplelas
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas. . . .
ahi al ddspota, que no contento con verter á torrentes la sangra del
hermanos, lia querido también exterminar la inteligencia, t f^
hasta olvidar que sois hyos t here<lero5 legítimos de un paáanoL
heroísmo, v de embriagadores recuerdos. ¿Qué ha quedado á U!
blica Argí '«npocs de habcrlidiado veinte años para ' ""
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362
HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
CorrieDtes, Entre-Rios y Montevideo, garantiéndose en este tra-
tado, ademas de los Qnes políticos en vista, la libre navegación
de los ríos, pactándola entre la comanidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza de los
orientales que existían en Entre-Rios pasaría al Estado Oriental,
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, qoien
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la República y declarado solemnemente así, está ya decidida y
fañada la gran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia
e Entre-Rios no se hará esperar, siempre que el general Rosas insista
en sus absurdas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo-
tente de la opinión nacional que lo recñaza y que será sostenida por las
lanzas v bayonetas vencedoras en la parte' oriental y occidental del
Plata.
El acrisolado patriotismo de V. E. y los importantes servicios que ha
prestado á la Confederación Argentina Justifican la esperanza que abri-
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble
y generoso pensamiento de salvar a las Repúblicas del Plata del abismo
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el ^énio maléfico
que preside oh los consejos del gobernador de Buenos Aires.
Dios guarde á V. E. muchos anos.
Firmado : JUSTO JOSÉ DE URQUIZA.
El 25 de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina: —
Pueblos de la República¡^\ qáwíq años hace que, despuo*? do una lucha
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las mar-
genes del Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y de la orga-
nización nacional. Un hombre se presentó en la escona política, y si-
n^ulando ideas constitucionales, y amor á la confraternidaa de la Pro-
vincias Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con su
ilimitada confia nza. Ese hombre abrí<j:aha sin embargo en su corazón in-
tenciones siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, que
el de elevarse sóbrelas ruinas de la diprnitl-td nacional, haciendo pedazos
en las aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos
hablan legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte
años,y el nuevo Cromwell na desarrollado su bártmro programa en U)da
la extensión de la República, ¿o'abaiido en la fronte de un millón de
Argentinos el sello de la mas (íeííradante dictadura. Rnaan Ved
ahí un nombre, que nunca sonó en el teatro do los peligros do la Patria,
pero que fué siempre asociado como causa á los infortunios de la nación.
Rosas Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pié las virgi-
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas Ved
ahí al déspota, que no contento con verter á tornuites la sanare de sm
hermanos, ha querido también exterminar la inteligencia, v haceros
hasta olvidar que sois hgos y herederos legítimos de un pasado lleno de
heroísmo, v d« embriagadores recuenlos. ¿Qué ha quedado á la Repú-
blica An' después de haber lidiado veinte años para alcanzar udü
DE LAS REPÜBLICAS DEL PLATA 363
Ed coDsecuencia se le incorporaríaD los emigrados en Rio
Grande — Urquíza debia ponerse en campaña el 25 de Mayo
de i8oi.
Al mismo tiempo que el General Urquiza se colocaba al fren-
te de una revolución argentina contra el General Rosas, debia
pues aparecer simulláneamenteun movimiento contra el Gene-
ral Oribe en el Estado Oriental colocándose á Garzón al frente
de este.
paz digna de ella? Su denuedo, y nada mas que su denuedo. Porque
Rosas ha tocado con su mano todas las fuentes de la prosperidad y de
la riaueza, y secado como la plaga de los insectos venenosos, la savia
que dá vida* á los pueblos regidos por instituciones salvadoras. Ha lle-
gado ya el dia de robustecer el sentimiento nacional, y de fínalizar esa
exhibición sangrienta, que los buenos Argentinos miran coií horror, ▼
á los extraños sirve de titulo suficiente para acusarnos ante el respeta-
ble tribunal de la opinión del mundo. Vuestro sufragio en favor de
Rosas fué para que constituyera esa nación que es vuestra. Pero él solo
quiere oprimiros, y el baldón entonces, si lo consigue, no será tanto
para el tirano, como para los que dóciles so dobleguen á sus inmundas
plantas. Habéis jurado sostenerla Convención Nacional por la que fuis-
teis federal mente constituidos. Rosas hei convertido en cenizas esa Carta
inmortal depositaría de nuestros derechos, y de vuestras preciosas li-
bertades. En vuestra mano está dar vida con un soplo á esos polvos
sagrados, que testifican la muerte de una nación; pero nación que resu-
citará al pnmer grito de sus hijos, para revindicar su honor ultrajado.
Pueblos Confederadml—hdi Provincia heroica que me ha honrado con
la dirección de sus destinos, ha hecho resonaren todos sus ángulos el
clamor uniforme de Libertad, Organización y guerra al despolisma.
Su ardoroso entusiasmo, su voluntad soberana que fué siempre la ley
de todos mis procedimientos, me ponen en el grato deber de segundar-
ia, y al considerarme el órgano de sus creencias, y de sus sentimientos
patrióticos, he jurado á la laz de la América y del Mundo, sostener su
glorioso pronunciamiento á despecho de los tiranos. Nuestra hermana
la ilustre Provincia de Corrientes ha respondido ya, y ligado su resolu-
ción magnánima á la de Entre-Rios, y la grande alianza Argentino-
Americana libertadora de las Repúblicas del Plata, tiene á su favor el
poder de las armas, la elevada justicia de su causa, y las bendiciones
de los buenos.
¡Que la Providencia Divina derramando su luz en el espíritu, y el
amor sublime de la Patria en el corazón de vuestros hijos, ligue su
cooperación firme y unísona á la heroica empresa, que aunque iniciada
por el Pueblo Entre-Riano, os dejará no obstante su triunfo una parte
no pequeña de inmarcesible gloria!!! Tales son los ardientes deseos que
abriga mi corazón, cuando me considero el mejor amigo de vuestra
Libertad, y futuro engrandecimiento.
JUSTO JOSÉ DE ÜRQUKA.
360 HISTOMA FOLITICA T XttlTAR
en uso de las facultades ordinarias y extraordinarias con que ka
sido investido por la Honorable Sala de Representantes.de la
Provincia, declara solemnemente á la faz de la Repúblfca, de la
América y del mundo —
<•. Que es la vokntad del pueblo Entre-Riano reasumir el
ejercicio de las facultades inherentes á su territorial soberanía,
delegadas en la persona del Exmo. Sr. Gobernador y Capitán
General de Buenos Aires, para el cultivo de las Relaciones Exte-
riores, y dirección de los negocios generales de paz y guerra y de
la Confederación Argentina, en virtud del tratado cuadrilátero
de las Provincias litorales, fecha 4 de Enero de i 83i .
2**. Que una vez manifestada así la libre voluntad de la Pro-
Tíncia de Entre-Rios, queda esta en aptitud de entenderse di-
rectamente con los demás gobiernos del mundo, hasta tanto
que congregada la Asamblea Nacional de las demás Provincias
hermanas, sea definitivamente constituida la República.
Comuniqúese á quienjes corresponde, publíquese en todos los
periódicos de la Provincia, é insértese en el Registro Oficial.
JUSTO J. DE ÜRQÜIZA.
Juan F. Seguí, secretario.
El General ürquíza escribió al doctor Herrera y Obes y á los
principales personajes de la defensa de Montevideo, una carta
datada en 3 de Abril, incluyéndoles la circular pasada á los Go-
bernadores de las Provincias Argentinas, (1 ) en la cual les in-
vitaba al movimiento.
(1) COPU DE LA CIRCDLAB
Viva la Confederación Argentina !
El Gobernador y Capitán General de Ui Provincia de Entre-Rtos—Ál
Exmo. Sr, Gobernador y Capitán General de la Provincia de. . . .
Cuartel General en San Josj, Abril 3 de 1851 —Año i2, de la Li-
bertad, 37 de la Federación Entreriana, 36 de la Independencia
y 22 de la Confederación Argentina,
Ha llegado el momento de poner coto á las temerarias aspiraciones
f
DE LAS BEPUBUaS i)EL ZLÁXk 3SJ
Agrejgaba el Ganaral Urquiza^ que costaba «on la mayaría üb
los Gobernadores de Pxo\ÍDCÍa« asiicomo syon la de Jeíes. orien-
tales y arj^entiuos al servicio de los señares Rosas y Oribe^ coa
lo cual contaba cambiar el orden de ias cosas sin efo&ion de
s^Higre.
El doctor Molina habia sido enviado ai Paraguay con el fin de
formar una alianza ofensiva y defensiva entre los Gobiernos de:
del Goiúerno de Buenos Aires^ quien no satisfecho con las inmensas
dificultades que lia creado á la República por su caprichosa política»
fjretoTide ahora prolonj^ar indáSnidamento su dictadura odiosa repro-
duciendo las farsaicas renuncias, á fin de que los gobiernos confedera-
dos por tcjnoT ó interés mal outondido encabecen el suspirado pronun-
ciamiento que lo coloque do hedió y sm responsabilidad alguna en la
silla do la Prcsiilencin Arprcnitina.
La provincia de Etilre-Rios que ha trabajado tanto á la par de sus her-
manas las del interior V litorales por el restablecimiento de la paz en la
diílce esperanza de ver en eíía constituida la República, se ha desenga-
ñado al nn y convencido plenamente de que lejos de ser necesaria la
persona de I). Juan Manuel Rosas á la Confederación Argentina, es ella
por el contrario el único obstáculo á su tranquilidad, orden y futuro en-
grandecimiento.
Colocado el infrascripto al frente de los destinos de un puel)lo gene-
roso y valiente, ha suírido impasililo la^ccion funesta del poder despó-
tico con que el ICncarí^ado do las Relaciones Exteriores ha querido
perpetuar su dominación en todo ol territorio Argentino; y cansado ya
de esperar un cambio, una modificación racional en la poh'tica del Ge-
neral Rosas, ha resuelto al fin ponerse á la calKiza del ^an movimiento
de libertad con que las provincias del Plata deben sostener sus creen-
cias, sus principios políticos, sus pactos federativos: no tolerando por
mas tiempo el criminal abuso que el ^bernador de Buenos Aires ha
hecho de los altos, imprescriptibles derechos con que cada sección de
la República contri buyo por desgracia, á formar esenúcUío <lc faculta-
des que el general Rosas ha (?stendido al infinito, desarrollándolo en
su provecho v en ruina de los intereses y prero^tivas nacionales.
En virtud ae eslas serias consideraciones, el infrascripto esfera que
V. K. como representante do la soberanía territorial do esa heroica Pro-
vincia Argentina, no so plegará á las insidiosas sujestioues del Gober-
nador de Buenos Aires, ni continuará prestando su a(]uies(cncia á las
deliberaciones oficialrs del General Rosas, cuya caida es un resultado
necesario del ¡)oder de las cosas y el triunfo de la justicia pública, que
tarde ó temprano es c/mdignamente satisfeclia. V. E. no na menester
Hogar á las armas para sostener una declaración semejante. Las lanzas
del í^ércilo Entre-Riano bastan, por sí solas, para derril)ar eso poder
ficticio del Gobernador do But'.nos Aires apoyado únicamente on el ter-
ror y en la desmoralización que ha tenido la execrable habilidad de
difundir en todo el territorio do su mando.
•Persuadido y. E. de la necesidad de retirar las facultades delegadas
en la persona del General Rosas para la xUreccion de los asuntos gene-
362 HISTORIA POLÍTICA T HIUTil
Corrientes, Entre-Rios y Montevideo» garantiéndose en este tra-
tado, ademas de los fines políticos en vista, la libre navegación
de los ríos, pactándola entre la comunidad de los interesados,
del modo mas ventajoso. El General Garzón, á la cabeza* de los
orientales que existían en Entre-Rios pasaria al Estado Oriental^
poniéndose en contacto con el Gobierno de Montevideo, quien
nombraría á Garzón, General en Jefe del ejército en campaña.
rales de la República y declarado solemnemente asi, está ya decidida y
fañada la gran cuestión Argentina. Porque el ejército de la Provincia
e Entre-Rios no se hará esperar, siempre que el general Rosas insista
en sus absurdas tiránicas pretensiones y no ceda ante el poder omnipo-
tente de la opinión nacional que lo rechaza y que será sostenida por las
lanzas y bayonetas vencedoras en la parte oriental y occidental del
Plata.
El acrisolado patriotismo de Y. E. y los importantes servicios que ha
prestado á la Confederación Argentina Justiflcan la esperanza que abri-
ga el infrascripto de obtener su cooperación para llevar á cabo el noble
y generoso pensamiento de salvar a las Repúblicas del Plata del abismo
profundo á cuyas simas las conduce aceleradamente el ^ónio maléfico
que preside en los consejos del ^bernador de Buenos Aires.
Dios guarde á V. E. muchos anos.
Firmado : JUSTO JOSÉ DE ÜRQUIZA.
El 25 de Mayo lanzó esta proclama á la Confederación Argentina:—
Pueblos de la Repúblical^Y emie años hace que, después de una lucha
sangrienta alimentada con los errores de la anarquía, brotó en las már-
genes del Rio Paraná, la esperanza consoladora del orden y de la orga-
nización nacional. Un hombre se presentó en la escena política, y si-
mulando ideas constitucionales, y amor á La confraternidad de la Pro-
vincias Argentinas, fué saludado por los pueblos, y distinguido con su
ilimitada confianza. Ese hombre abrigaba sin embargo en su corazón in-
tenciones siniestras, y no dominaba en su cabeza otro pensamiento, que
el de elevarse sóbrelas ruinas de la di^^nid.id nacional, haciendo pedazos
en las aras de su ambición los ricos anales de valor y gloria, que nos
habian legado nuestros padres. Desde entonces han corrido veinte
años,y el nuevo CromweII na desarrollado su bárbaro programa en toda
ia extensión de la República, grabando en la frente de un millón de
Argentinos el sello déla mas degradante dictadura. Rosas Ved
ahí un nombre, que nunca sonó en el teatro de los peligros de la Patria,
pero que fué siempre asociado como causa á los infortunios de la nación.
Rosas Ved ahí un hombre, que ha hollado con su pió las virgi-
nales sienes de una joven, desgraciada República. Rosas Ved
ahí al déspota, que no contento con verter á torrentes la sangre de su.%
hermanos, ha querido también exterminar la inteligencia, v haceros
hasta olvidar que sois hyos y herederos legítimos de un pasado lleno de
heroísmo, y de embriagadores recuerdos. ¿Qué ha quedado á la Repú-
blica Argentina, después de haber lidiado veinte años para alcanzar una
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 363
Eq consecuencia se le itacorporarían los emigrados en Rio
Grande — Urquíza debia ponerse en campaña el 25 de Mayo
de 1851.
AI mismo tiempo que el General Urquiza se colocaba al fren-
te de una revolución argentina contra el General Rosas, debia
pues aparecer simultáneamente un movimiento contra el Gene-
ral Oribe en el Estado Oriental colocándose á Garzón al frente
de este.
paz digna de ella? Su denuedo, y nada mas que su denuedo. Porque
Rosas na tocado con su mano todas las fuentes de la prosperidad y de
la riqueza, y socado como la plaga de los insectos venenosos, la savia
queaá vida*^á los pueblos regidos por instituciones salvadoras. Ha lle-
gado ya el dia de robustecer el sentimiento nacional, y de finalizar esa
exhibición sangrienta, que los buenos Argentinos miran coií horror, y
á los extraños sirve de titulo suílciente para acusamos ante el respeta-
ble tribunal de la opinión del mundo. Vuestro sufragio en favor de
Rosas fué para que constituyera esa nación que es vuestra. Pero él solo
quiere oprimiros, y el baldón entonces, si lo consigue, no será tanto
para el tirano, como para los que dóciles so dobleguen á sus inmundas
plantas. Habéis jurado sostenerla Convención Nacional por la que fuis-
teis federalmenlc constituidos. Rosasha. convertido en cenizas esa Carta
inmortal depositarla de nuestros derechos, y de vuestras preciosas li-
bertades. En vuestra mano está dar vida con un soplo á esos polvos
sagrados, que testifican la muerte de una nación; pero nación que resu-
citará al primer grito de sus hijos, para revindicar su honor ultrajado.
Pueblos Confederados! — La Provincia heroica que me ha honrado coa
la dirección de sus destinos, ha hecho resonar en todos sus ángulos el
clamor uniforme de Libertad, Organización y guerra al despolisma^
Su ardoroso entusiasmo, su voluntad soberana que fué siempre la ley
de todos mis procedimientos, me ponen en el grato deber de segundar-
la, y al considerarme el órgano de sus creencias, y de sus sentimientos
patrióticos, he jurado á la faz de la América y del Mundo, sostener su
Í glorioso pronunciamiento á despecho de los tiranos. Nuestra hermana
a ilustre Provincia de Corrientes ha respondido ya, y ligado su resolu-
ción magnánima á la de Entre-Rios, y la grande alianza Argentino-
Americana libertadora de las Repúblicas del Plata, tiene á su favor el
poder de las armas, la elevada justicia de su causa, y las bendiciones
de los buenos.
¡Que la Providencia Divina derramando su luz en el espíritu, y el
amor sublime de la Patria en el corazón de vuestros hijos, ligue su
cooperación firme y unísona á la heroica empresa, que aunque iniciada
por el Pueblo Cntre-Riano, os dejará no obstante su triunfo una parte
no pequeña de inmarcesible gloria!!! Tales son los ardientes deseos que
abriga mi corazón, cuando me considero el mejor amigo de vu&stra
Libertad, y futuro engrandecimiento.
JUSTO JOSÉ DE URQUIZA.
an msTOBU MLfEKA T mJLnkm
EnciiMto al^ Brasü, dabía oiovar su» féems áe mar j tierra,
desde el momento en qae Ur(|«sa se proniinciase públicamente
contra Rosas.
Aceptado qne fué per Urquiza el tratado qoe celebró coi el
Brasil el Gobierno de Montevideo, quedaba definitivamente se^
liada la aliansa.
Hé aquí las bases de aquel tratado :
Navegación libre de los ríos.
Reglamentación de fronteras.
Artículos sobre limites (con reserva). ( I )
Independencia def Estado Orientad.
Elección libre, sin candidato impuesto.
Amnistía completa.
Devolución de los bienes confiscados, con garantías para lo
eucesivo.
Apoyo á los Gobiernos, para que cumplan su período.
Hé aquí la comonicacion oficial del Gobierno dlel Brasil cor
municando la realización del tratado.
Ilimo e Exmo Sur. ~ Satisfazondo os desejos de V. E. nea-
huma duvida tenho em declarar-lhe aquí, para que conste ao
sea Governo, de urna maneira mxiis formal, o que ja por vezes,
em conferencias, tenho dito a V. E. : — Que nao tendo podido
o Governo Imperial, nae obstante os seus esforcos, obter do
general Oribe que atienda as reelamacoes feitas contra os ve.xar
mes e violencias practicadas no territorio Oriental por elle ocu-
pado^ contra subditos e propriedades Brazileiras, está firme-
mente deliberado a procurar huma solugao estavcl e satis&beto-
ria aesse estado, de coasas, que nao pode continuar, solUifao
que parece imposivel obter amigavelmenfee sendo ellaprlnci^
( I ] Este acuerdo en el míe se reservaron artícuros, produjo el (iune-
so modificado que cerceno el territorio y despegó do los derechos á tos
nos fronterizos al Estado Oriental, quedando estos bajo el absolul» do-
minio brasilero. El padre de ese tratado, fué el Sr. D. Andrés Lamas —
Mas adelante lo pabncaremos.
DE LM& BEPOBLIGAíS BEL PLATA 365
pálmente emb^m^fada pela ingerencia que indeyidameiite tem
tomado nestes negocios o govemador 4e Buenos Aires.
Que nao convindo por tanto ao GoTomo Imperial qne o general
Oribe se fortále^ maís, e se apodere da praga de Montevideo,
nao m por qae isso difficnitaria mais aquella soln^ao, commo
por qiae no estada 6m qne as cousas t^Bi chegado, pona em pe-
rigo a independencia da República Oriental, que o Brazil tem
obrigacao de manter, está o mesmo Governo Imperial resolvido
a coadjuvar a defesa d'aquella pra^a, e a embarazar a sua to-
mada pelo general Oribe.
. Tenbo a honra de ser de V. E., etc.
Firmado : Paulino José Soares de Souza.
Rio, 16 de mar^^ de 1851..
Por parte del Brasil habia marchado á ponerse en combi-
nación con el General Urquiza y el Gobernador de Corrientes el
teniente cortnel entonces, y hoy Mariscal Manuel Luis Osorio —
Urquiza proclamó en Cala las divisiones de su ejército, y 61 to-
mó el cargo con nombramiento de Comandante en Jefe de las
operaciones de vanguardia.
£1 General Rosas por su parte no habia descuidado sus me-
dios de prevención y defensa ; hal)ia hecho pasar fuerzas en
protección de la provincia de Santa Fé: su escuadrilla del Paraná
al mando de€oe se h¿d»ia puesto en actividad, y finalmente remi-
tió en 7 de Junk)«ndos buques, cantidad de municiones y ar-
mamento al General D. Manuel Oribe, á fin quede este se apres-
tase para la próxima campaña.
El movimiento del General Urquiza levantó sobre su cabeza
tremendas acusaciones referentes á su vida pública.
Aparecieron varías publicaciones mas ó menosí fundadas ó
voridicas y entre estas una pequeña memoria, escrita por una
persona, que le habia servido en dase<le secretario, y estaba al
corriente de to(k)s sus actos tanto públicos como privados-—
366 HISTORIA POLÍTICi T MILITAR
Esta memoria llevaba ei título de Álgun tiempo cerca de Urqui-
za en la campaña Oriental. El escrito no es exagerado y puede
decirse uno de los mas esactos — Su narración es sencilla, y se
nota en ella la trasparencia simple délos hechos.
El General Rosas, como era consiguiente, se indignó con mo-
tivo de la nota del General Urquiza, en la que negaba que él hu-
biese insistido en la permanencia de Rosas en el mando, cuando
por el contrario la consideraba atentatoria á la libertad y las ins-
tituciones. Si alguna duda (que ya no podia quedarle) hubiese
abrigado sobre la rebelión de Urquiza, aquella nota se la puso
evidentemente de maniüesto — Entonces revolvió sus archivos
particulares, compiló documentos, investigó los archivos Argen-
tinos, y surgió esa publicación tremenda contra Urquiza, que
con el título La vida de un traidor vio la luz pública, en el acto
mismo del pronunciamiento del General Entre-Riano — ístos
no son generalmente conocidos, y los damos por su importan-
cia histórica reservándonos como ya lo hemos diclw) abrir juicio.
Estas son las piezas históricas á que nos referimos.
# . . . • . . .
« Después que se sepa que he sido amigo del personaje que
tanto ruido se propone hacer en ambas margenes del Rio de la
Plata ; después que se sepa que le he prestado importantes
servicios desempeñando delicadas y peligrosas comisiones, me
juzgo con derecho á que los sucesos que narraré á continuación
serán creídos tal cual los presento desnudos, ó con aquellas
observaciones que sean rigorosamente precisas. Hé aquí los
sucesos á que me refiero.
Estando el ejército acampado en el Arroyo de los Perros, pre-
sencié el primer hecho notable por su crueldad, del salvaje
unitario Urquiza. Un soldado, antiguo en el ejército, conocido
por hombre de bien, y muy estimado por el Jefe de su cuerpo
por su mucho valor en la pelea, fué acusado de haber robado
un cuchillo. Era de cabo negro envenado, y pequeño como de
i
BI LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 367
ocho pulgadas de largo. Tomadas al acusado las declaraciones
de estilo, cuyo acto no se cometia generalmente áotro, sino,
que el mismo Regenerador Urquiza lo hacía por si, con un in-
terrogatorio en que se observaba el mas rigoroso laconismo, el
acusado contestó que su ánimo no había sido robar el cuchillo,
que habiendo perdido el suyo, tomó el de su compañero para
servirse entre tanto se proporcionara otro y pudiera devolverlo.
I Desgraciado I Concurriendo al tribunal infalible en que Urqui-
za era su único y supremo Juez, muy bien pudiera decirse que
su muerte estaba decretada de antemano I Ese fallo dictado con
la impasibilidad de que se revestiría el tigre á la vista de la
victima que poco después devoraría, se ejecutaba sin apelación
entre las osamentas de la carneada del Ejército, con el mismo
cuchillo que se decía haber robado, confundiéndose sus despo-
jos sangrientos con los de los animales que poco antes habian
sido degollados como él. Pero no se crea que estos excesos de
poder y crueldad inaudita eran aplaudidos ó aprobados por los
miembros de aquel ejército, cualquiera que fuese su clase. Los
que como yo lo han ¡fresenciado, podrán decir si esas ejecu-
ciones fueron alguna vez acompañadas de la algazara estwien-
dosa que precede regularmente á las que se practican con los
grandes criminales, cuyos hechos probados arrastran la opi-
nión pública ya pronunciada en su contra.
En la misma costa del arroyo de los Perros, donde aun per-
maneciael ejército, llegaron rumores hasta Urquiza, de que de la
División del comandante Palavecino pensaban desertar algunos
soldados. Estos rumores, que como tuve ocasión d^ compren-
der, carecían de toda razón probable, dieron origen á que Ur-
quiza en personase dirigiese á aquella División, interrogase á
varios individuos de ella, de quienes no pudo obtener ninguna
luz para el esclarecimiento del hecho que se proponía averiguar,
y como sí le disgustara volverse sin imponer el género de pena
q ue aquel día se había imaginado aplicar, hizo entresacar hasta
368 usfouA raiincA r iuuue
catorce iodÍTídiios^ que dyo inu de maUm amlecedml€$^ y te
mandó degollar, lotes «ran teudados nridaitotamaMie a
preseocia de Urquixa, pata que las ropas no se lanftaeen. Las
mismas ropas se mandahaa Iscfo i la Gomisana ps^p disiri
boirlas después i aqaellos de su soldados mas necesitados.
KI suceso que roj á referir, auque por sos resaltados menos
horroroso que los anteriores, por figorar en él personas mi^
caracterizadas de aquel ejercite, he creído deber reserrar sos
nMibres. En la costa del Yí on comandante despidió so jófen
querida por motíros qae no alcancé á penetrar. Esta se laoientó
tiernamente á on major del oiismo ejército, de la ingratitud ton
que habia sido tratarla ; él, movido de compasión la recibió
en su alojamiento, donde permaneció hasta que, acompañada
por on asistente de este, fué ¿ la estancia del primero á buscar
algunas ropa que allí tenia. Aunque no parezca creíble, aseguro
que por la sola razón de haberse senrído del caballo del major.
coa su consentimiento, el humano, el comlüudonal Urquiza la
mandó dejfo//ar. Sin embico, merced á las súplicas del coman-
dante citado, esta desgraciada mujer se sairó, en consideración
á que estaba en cinta, y que matándola, moría también on ino-
cente hijo de un soldado benemérito : pero puso al mayor, al
rato sin permitírsele armar su tienda ó formar una ramada para
guarecerse de la intemperie, ó librarse de los rayos del sol de
Enero ; se le tuvo en pena seis meses, bajo la vigilancia de un
centinela de vista ; y el soldado sufrió la de quinientos palos,
sin mas delito que haber salido de su campo, á cumplir las ór*
denesüe su jefe.
Cuando la primera tentativa de sitio al Cerro-Largo por Rive-
ra, hizo el ejército una jomada pesada que duró dos días, y en
los cuales no se dio tiempo á los soldados ni para comer; impe-
lido por el hambre un asistente del Coronel Urdinarrain, joven
de 16 años, se apartó del Ejército por la noche, y á una vaca que
encontró la boleó, y creyéndola bien ligada de ambas patas, se
DK US^ REPÚBUCAS DU PLiXÁ 36&
ba]6 á loataclsu Pero* estaba solo de una, cuando el muchacha
descuidado se apercibió de su erriir y del peUgo eft que estaba,
fué embestido f or el animal, que no pudo e?itaF, y recibió una
feroz cornada en una ualgsk. id dia siguiente el Gorooel Vrdinar-
rain dio el parte correspondiente, y pocos momentos después^
recibió orden de que inmediatamente fuese el soldado degolla-
do. El Coronel pudo eludir en aqpiel momento la ejecución con
el. pretesto de que ya la dimisión iba eo marcha, y proponiéndo-
se cumplirla tan luego como campara; pero calculando las cocí*
secuencias de la iniquidad de que iba á ser objeto, se apersonó
al Jefe de £. M.. el que le prometió^ como se lo habia pedida
Urdioarrain, hacer conversación del suceso con el General,
basta obtener el perdón absoluto del reo, ó cuando menos la
conmutación de su pena en otra que no lo privara de la vida. El
Jefe de E. M., hombre sensato y de juicio, inició la conversación
con tiento, ponderando las virtudes de aquel soldado, su pa-
triotismo y el de su familia; de la cual habia cinco individuos en
la división y que le hacian honor: y concluyó rogando al Geno-
ral que le perdonara. Srquiza, después de haberse conservado
p<^ mucho tiempo silencioso, y como con pereza de tener que
pronunciarse sobre la vida ó muerte de un hombre, mandó con
una calma estúpida, se le diesen ochocientos azotes en la parte
del cuerpo donde habia recibido la herida. Este soldado lo re-
cogió la Sra. Da. María Ajraufe en el paso del Rey del Yi, y
gracias á los esfuerzos de esta buena mujer, el soldado fué
curado, y algún tiempo después ella misma se lo presentó á
Urquiza.
En esta marcha tuve que ser testigo de otros acontecimientos
mucho mas notables que los que quedan descritos. Desertaron
de la División Urdinarrain dos soldados con sus mujeres, ma-
dre, é hija: fueron tomadas en las alturas de Malbajar, costa del
¥1, y remitidos al ejército, que á la sazón se hallaba en el Cor-
iobés, para ser presentados ¿ Urquiza. Este malvado, violando
24
370 HISTORIA POLínCA T MILITAR
todas las leyes que le mandaban respetar la vida del inocente
(]ue no ha podido delinquir, desatendiendo los ruegos de una
de las mujeres que estaba en el último periodo de su embarazo
las remitió á su Coronel Crdinarrain para que fuesen degolladas
inmediatamente aquellas personas. La humanidad del Coronel
se subleva contra una orden tan bárbara y atroz; y esperando*
que aun pudiera evitarse el injusto y bárbaro castigo deparado
á aquellos infelices, mandó á un ayudante á avisar al General
del estado de una de las mujeres, que tal vez no fué notado, y
le rogaba finalmente se sirviera, en cuanto á esta, conmutar la
pena en otra arbitraría, ó esperar 15 ó 20 días en cuyo tiempo
saldria de su cuidado, y entonces se le aplicaría el casti-
go. Pero Urquiza hecho una furia, se levantó, y por el mismo
ayudante mandó decir al coronel que si alguna otra vez tenia el
atrevimiento de indicarle lo que debiera hacer, y retardar el
cumplimiento de sus órdenes, lo baria degollar al frente de su
división, y pisotear por toda ella. Un ayudante suyo acompañó
al otro encargado de esta orden para que en caso que no la die-
ra tal cual la había recibido, lo hiciese degollar delante del
mismo coronel. Después que hizo sentir Urquiza su mal humor,
fácil será comprender que la ejecución no se hizo esperar ya ni
un solo momento, y los dos soldados y las mujeres fueron de-
golladas al frente de la división, según lo había mandado aquel.
De regreso el ejército de Cerro Largo, se le encontró á una
mujer vivandera, vecina del pueblo de San José, y esposa de un
platero llamado Pequera, un chiripá de lustrina negro que habia
sido robado en Tupambay al comandante Peñarol por un solda-
do infante. Esta mujer procuró justificar su inocencia, dicien-
do que lo habia tomado empeñado por cuatro reales de pan al
soldado Carancho, lo que era verdad. Sin embargo, Urquiza
mandó degollar al soldado, y azotar á la mujer con ochocientos
palos en caso de declararse su complicidad, pero si nó, ordení
al capitán Basabilvaso, joven de lo mejor del ejército, de qm
HE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 371
siguiera el castigo hasta que espirase. Por la noche, ya entra-
da, se suspendió, y el comandante Sanz, con peligro de su vida,
favorecido por la oscuridad, la sustrajo y salvó. El mayor Mu-
ríllo, que era el jefe de la escolta que custodiaba á esta infeliz,
calculando bien el riesgo que corriasu vida, luego que esta no-
ticia llegase al Gobernador, anduvo ocho dias loco, vagando por
todos aquellos montes y asperezas, buscando la persona ó el
cadáver de D*. Maria de Pequera.
Esta fué una campaña de acontecimientos extraordinarios :
las ejecuciones se sucedian unas á las otras, y algunas de un
carácter especial por la naturaleza del delito. Tenia Urquiza
una mujer llamada Tránsito que la hacia acompañar constan-
temente por el sargento Galeano, quien no era indiferente á las
gracias de la Tránsito, y se atrevió un día, dominado según pa-
rece por esceso de amor, á proponerle que si viniendo el tiem-
po, el Gobernador la abandonaba, se casaría con ella, en lo que
bien mirado no cabia ofensa, y en su atrevimiento era un modo
muy decente de significarle su pasión. Esta mala mujer, por
hacerse aun mas recomendable á Urquiza le contó lo sucedido
con el sargento, que lo tuvo cuatro dias en continuas declara-
ciones, lo mismo que á ella, y luego la mandó desterrada para,
esta línea, pero con orden al piquete que la conducía, deque
solo anduviera una ó dos leguas por dia; Después de algunos de
marcha la hizo regresar al campo, la careó con el sargento, y
cuando éste ¡ba á ser degollado, se preseentó D. Juan Antonio
Méndez, á quien contó Urquiza su historia con la Tránsito , y la
de esta con Galeano. Méndez le hizo ver hábilmente, que el de-
lito de este no merecía la pena que se le tenia destinada, y que
había un medio mejor de lograr el resultado que S. E. se pro-
ponía obtener, cualquiera que fuese, colocándole una cadena,
y haciendo espiar su delito en prisión, si así convenía. Aprobó
Urqiiza el consejo, y mandó al comandante D. Juan Carballo,
entornes ayudante de campo, que le hiciera preparar una ca-
í'
» "
372 HISTORIA política y militar
(lena €on eslabones de media vara de largo, y en el remate un
perno para clavarlo en la guardia de prevención de la infantería.
A este individuo le sucedió lo que al mayor Salazar, no permi-
tiéndosele carpa ni ramada, adonde hasta ahora poco tiempo
segnia purgando su delito.
De regreso el ejército det Cerro-Largo, la última vez que tuvo
que hacer esta marcha, hallándose campado en las costas de
Fraile Muerto, el mayor Murillo jefe de la escolta, por resenti-
mientos particulares con el alférez Vera, entre-riano, lo delató á
Urquiza, imputándole un delito que -el infeliz estaba muy lejos
de cometer. Ninguna información se levantó : nada quiso ave-
riguar Urquiza ; y la calumnia del infame Mnnllo bastó para for-
mar en el ánimo del General una convicción, que llevaba ala
muerte á un valiente oficial, sin proceso ni causa averiguada.
Esta ejecución, vistos los antecedentes del alférez Vera, cho-
caba al buen sentido de todos los jefes del ejército. Entre estos,
dos, el coronel argentino D. Carmelo Oarcia, y el comandante
D. Juan Carballo, oriental, se presentaron á Urquiza en favor de
Vera; le probaron evidentemente que este era calumniado por
Murillo, que era un oficial muy conocido por su mala conducta,
desde que habia servido de ayudante del finado General Nuñez,
y concluyeron rogándole que hiciese suspender la ejecución y
encausar al reo. Accedió Urquiza, y mandó que se suspendiera,
' si aun era tiempo, por que Vera habia marchado al lugar donde
debía decapitársele,
£1 comandante Carballo, encargado de la orden de libertad,
anduvo con tal presteza, que corriendo dejó los zapatos enterra-
dos en la humedad del campo, y llegó descalzo cuando ya Ver¿i
habia sido desnudado. Vera se salvó, y la conducta heróici del
comandante Carballo en este caso, no será olvidada jamás poi
los hombres de corazón.
Poco después de los sucesos de que acabo de hacer una verí-
dica relación, tuvo lugar la batalla de India Muerta, en fue las
DE LAS llEPllBLICAS DEL PLATA
anuas de los argentinos y orientales Oieroii un ilra Jo gloria mas
á estas Rcpóliticas con el triunfo que yealiabao de obtener : pe-
ro ¡ cnán caro costó este á la del Uniguay ! Aun permanece gra-
liado con ciarcteres indelebles en el corazón de lodos los ciuda-
danos de este Estado el espantoso degñello de octinctentos ó no-
vecientos americanos, de los cuales la mayor parte eran Orien-
tales I Estos no eran todos prisioneros; los mas se habían pre-
sentado vüliiiilariamenlü después de la batalla. Pero ceircmos
los ojos :'i tantos estragos, y pasemos á otros hechos, i^ue aisla-
dos, por sangi'ientos fine sean, no harán una impresión tan
Tuerte, aunqne puedan considerarse resaltados ile la misma vic-
toria de la ludia Muerta.
El mismo dia como á las cuatro de h tarde contando l'rqui-
za el peligro en que lo liabia puesto el General Echagüe on la
íialaila doD. Cristólial. y prostcstandonos niáolü (e nJai-aaJ
agru 'Jeca rul.Exmo. Sr. rresídcnleD.-Mapuel Oribe, el servicio
¡im le habla prestailn. flanqueamlo y deshaciendo persniíalmen-
te_una fuerte divisinn del salvaje unitario I.avalle, roconlú que
ei'adfa de .Vuestra Seiíora del Oárnit-n, por la que era su devcrto,
y^como en pniclia de ello, abríii su camisa y con aife de devo-
cipa sacó un esmimlario y no los mosln') busanduio riípclidas
teces, ctianihi á ese tiempo sube la barranca en que rilábamos
Upjyudanie del Comaudanle Palavecino conJuciendo an pre-
^sentiido de los derrotados, hombre como de setenta años de
edad. Le pregunto Urquiza que como siendo tan viejo, andaba
con los salvajes unitarios ; el viejo contestó que arrebatado do
su casa con su mujery o-ho hijos jior el pardejón Rivera, hahia
permaDccillo en el convoy contra su voluntad, esperando siem-
pi"c nn momento favorable para escaparse, poro que le hahia
íido imposible ercciuario.
No necesitó mas Ur<|nÍzaqiio las últimas palabras de aqnel
desgraciado decrépito paramandar al ayudante cífj7o//fT¡ifffl7Wí;¡
mkajfí que uo había tábido vencer imposibles. Esta sentencia
374 . HISTORIA POLÍTICA Y MlLITAk
se ejecutó á poca distancia de nosotros, estando ann Urquiza
con los escapularios en la mano, y sin interrumpirse por este
accidente en ios votos de agradecimiento al señor Presidente,
por el servicio que su valor le había rendido.
Al dia siguiente de la batalla, un brasilero que habia escondi-
do algunas ropas y otros objetos entre un p«ajonal, se presentó
quejándose de que una partida del ejército se lo habia tomado y
pedia le fueran devueltos.
El monstruo, que el dia antes se habia gozado contemplando
la horrible carnicería que él mismo habia decretado, aun esta-
ba sediento de sangre. Ordena al Comandante Palavecino le re-
mita el ofícíal y tropa que habifi comisionado para tomar disper-
sos, con todo lo que hubieren encontrado en un pajonal de la
margen derecha de la India Muerta, y mando al mismo tiempo
al Mavor Francia le enviara cincuenta hombres de infantería.
Llegan, el oficial ordena á los soldados presentar todo lo encon-
trado y el brasilero á la vista de todos sus objetos, declara que
nada le faltaba. Urquiza sin embargo,no satisfecho, creyó deber
hacer un gran escarmiento y ordenó que el oficial y soldados
fuesen conducidos por la infantería hasta el campo del Mayor
Fran&á, para ^er degolladas. £1 Comandante Palavecino, llo-
rando como un niilo. se interesó por sus soldados, rogó á Ur-
quiza los perdonara* y uniendo sus ruegos á los ruegos de aquel
el Coronel barcia, decidió el monstruo el perdón cuando calcu-
ló que no sería ya tiempo de salvados. Pero D. * Juan Antonio
Méndez que se habia colocado en una cuchilla á mucha distan-
cia del campo del General y muy inmediato al de la ejecución,
á una señal convenida del Coronel García, corre y entra por
meilio de los grupos de soldados gritando : perdón ! cuando ya
algunos habían sido arrojados al suelo. Un minuto después no
hubieran podido salvarse tantas victimas.
Algunos días después de la batalla salió el Coronel Galana co-
mo á veinte cuadras de su campo, y tras ¿I, con poco ínlenralo
DE L\S REPÜBLICAS DEL PLAtI 375
de tiempo, uq sobrino que poco despaes pareció degollado en el
camino. Siempre $e ignoró si este asesinato faé cometido por
algano de los matreros de la sierra, ó si fué una venganza per-
sonal de sus mismos compañeros. Ño obstante esta dada, Ur-
quiza mandó degollar^ poruña bárbara represalia, den indivi-
duas que habian sido tomados dispersos unos, y presentados
otros en los dias después de la batalla, y estaban diseminados
en los diferentes cuerpos del ejército. El Coronel Urdinarrain
dio escape á 40. Los 60 restantes sufrieron la pena de ser dego-
llados en hilera, por espiacion á la muerte de^sobrino de Ga-
larza. ^
Tenia Urquiza un hijo que le servia de ayuda de cámara, ó
sirviente. Averiguó que este habia dado á la mujer de un solda-
do de su escolta algunos dulces de su despensa. Esta falta le
mereció á la mujer, que ningún delito tenia, trescientos azotes,
y al hijo de aquel quinientos. Después de^sano, lo puso de sol-
dado, y al mes era alférez.
En este hecho es incomprensible el proceder de un padre para
con su hijo. Castigarlo sin culpa, pues la que habia cometido
apenas podría llamarse abuso de confianza, colocarlo luego de
soldado, para en pocos dias ascenderlo hasta alférez.
¿Qué puede deducirse de todo esto? Que quiso darle una
carrera brillante, en que ascendiera progresivamente ; pero es
incomprensible, lo repito, habiendo sido antes azotado.
Un sargento de la División Palavecino tenia un hermano que
desertó del ejército y emigró al Brasil. Pasado algún tiempo, el
desertor trabajando, parece que adquirió una fortuna regular
que le proporcionaba ofrecer á aquel, en caso que quisiese acep-
tar su ofrecimiento, mucha parte de ella y las comodidades de
su casa.
Al efecto le escribió una carta, que fué recibida en la costa
del Fraile Muerto, y en la cual le decia que se hallaba en el Bra-
sil desde que habia tenido la fortuna de escapar de manos de^
376 AfirTORU foUuga y miuxar
carnicero Urqiii2a ; que se foefle con ^» j que le aseguraba qna
nada k faltaría. Lo sabe Urquiía j manda recoger aquella carta
y degoUar al sargeoco, como se efectuó.
En la costa del Ckamfso, donde cam^ el ejército no día por
la tarde, por medio del E. M*^ en la orden general» preTino Ur-
(jaiza, que ningua individno de sos subordinados llegase á casa
alguna» aunque estaviese abandonada ó fuese tapera.
Campado, como se lia dícbo» ei ejército ea este punto» el Co-
mandante D. Joan Carballo j el Mayor D. Casto DomiD^z,
mandaron sus asistentes á un ra7who inmediato al Cnartel Ge-
neral, que estaba completamente en el suelo, á traer un poco de
lefia. Es de advertir que la salida de los soldados fué anterior á
la publicación de la orden goneraL Notado por Urquiza se pu-
so en acecho hasta que vi6 salir á los dos soldados con sus tiros
de lena. Entonces los manda llamar; vienen; los que se paran á
distancia conveniente del General, por respeto á la moral y dis-
ciplina militar, arrojan al suelo sus cargas; y cuando se dispo-
nían á marchar hacia el General, éste les manda llegar con ellas
ásu presimcia. Las alzan nuevamente, llegan y entonces les
pregunta Urrjuizaque si no sabian la urden que había dado res-
pecto ú no llegar á casa alguna: los soldados contestai^on que la
ignoraban, y que liabian sacado aquella leña por órdon del Co-
mandante Carbalio y del Mayor Domínguez. Urquiza les manda
callar y les .previene que si hablan una palabra mas serian dego-
llados y quemados con h misma leTin. En seguida fueron con-
ducidos al batallón, donde recibió cada uno 50 palos.
Al día siguiente Carballo y Domínguez pidieron sus pasapor-
tes para el Cuartel General del Exmo. Sr. Presidente D. iManuel
Oribe; pero les fueron denegados.
Marchando el ejército en persecución de Rivera en el Depar-
tamento de Minas, no se replegó a él lan pronto como debía,
una guardia de infantería compuesta de un sargento y doce sol-
dados. Urquiza mandó al Mayor Hermelo los condujese á su
í
BE LÁ8 IEFOBUCAS ML FLATÁ 377
presencia; los interroga, j haciendo despaes que unm á los
otros se desnudaran, los hiio dagfoUar á su presencia.
Unos vecinos canarios que trab^^aban esn los campos del fi-
nado D. N. Fuentes, les díerofi sepaltiira en el mismo valle de
Fuentes, bien conocido en el departamento, porque ni ese tri-
buto de respeto, que no puede negarse & los restos de los que
han dejado de existir, quiso permitir Urquiza á indirjduos de
su ejército.
Entre los prisioneros tomados en la India Muerta Tino al
ejército una joven que iiabta pertenecido al Pardejón. Se la pon-
deraron á Urquiza de baena moza, y mandó se la trajesen del
escuadrón Almanza. Vino la prisionera, la vio, le gustó y empe-
zó á cortejarla. Como el campo presentaba poca comodidad,
tuvo que alojarla huéspeda en su mismo rancho. Para esto fué
necesario pretestar algún enojo con Dv Tránsito; y poco des-
pués se sintió bulla, gritos, y la Riojana que salía corriendo
para su tienda que estaba como á veinte varas de la del General,
.de la cual jamás volvía sin que éste la hiciese llamar. Es muy
probable qne la mujer comprendió el pretesfto del aparente
enojo de D. Jiislo José, porque como á las nueve de la noche se
volvió, riñó á la prisionera, y como Urquiza se riese de las
ociirrenciiis que les suscitaran los celos á la titular, esta lo llamó
inconstante, desleal y falso. A estos dicterios se incorpora Ur-
quiza, que estaba en cama, grita á su guardia, y dá orden de que
inmediatamente la degollaren. La toman entre tres, empiezan
por quererla voltear, y ella, mujer vigorosa, se resiste y brega
<!on sus enemigos. Urquiza anfma á sus soldados y les previene
la pronta ejecución; pero la riojana esforzándose extraordina-
riamente, se escapa de entre las manos de sus asesinos dejándo-
doles todas sus ropas, y en este estado se abraza del General,
que no pudo desprenderse de ella.
Este oyó sus ruegos, y el cuento de qne soñando que una cu-
lebra se le había enrollado en el pescuezo, asustada y dormí-
y
378 HISTORIA FOLÍTICA T MILITAR
da había ido á incomodarlo. Se calmó el enojo de S. E. y ocho
días después hastiado de la prisionera se la mandó de regalo al
Coronel Gaiarza, que la admitió y llevó á Entre-Rios.
Entre los varios muchachos que hizo quitar á las madres
prisioneras, se^encontraba uno de 15 á 16 años, extremada-
mente vivo, que lo divertía mucho con cuentos bastantes gra-
ciosos que frecuentemente hacia de Rivera de quien su madre
habia sido lavandera. Parecía quererlo y lo tenia constantemen-
te consigo ; pero como niño que no conocía, ni podía conocer
la crueldad natural de Urquiza, le tomó unas masitas sin pedír-
selas : suficiente causa para que lo mandase degollar. Pero un
jefe que llegó en aquel momento, le dijo que con una docena
de azotes se corregiría y seria bastante castigo. Entonces lo hizo
traer, lo ataron al pértigo de una carreta y le dieron cincuenta
azotes. A los doce ya habían cesado los clamores de aquella ino-
cente criatura ; pero asi mismo siguió el castigo hasta el cum-
plido de la porción recetada. Juzgúese de la crueldad de este
hecho por sus resultados. El niño perdió el uso de una pierna
por mucho tiempo, y hasta la época en que me retiré del ejérci-
to, no lo habia recobrado enteramente.
Cuando se preparaba Urquiza para regresar al Entré-Ríos,
uno de los muchachos, que ya se ha dicho entresacó de las
familias prisioneras y que agregó á su escolta, dijo en un fogón,
que no seguiría al ejército, que no quería abandonar su tierra.
Entre estos se hallaba un mozo entreriano de la misma escolta.
Sábelo el Regenerador Urquiza, hace formar esta, aparta algu-
nos de sus antiguos soldados, entre ellos el entreriano y lo hace
degollar como á los otros por no haber acusado al muchacho,
que también fué degollado con cinco de sus compañeros. De es-
tos muchachos, uno de muy pocos años, gritó varias veces al
Coronel García y lo exhortaba á que no permitiera que se le de-
gollara ; pero Urquiza le dijo, no llames, porque si viene lo
hago degollar contigo. Este infeliz que apenas habría llegado á
DE Li8 IMEPOBLICAS DEL PLATA 379
la edad de la pubertad, y que amaba su vida como la aman to-
das las criaturas racionales, cuando comprendió que ya el Co-
ronel García no podía salvarlo, calló, se dispuso á morir, y tu-
vo el valor de indicar aquel de sus companeros que deseaba
fuese su ejecutor. Se presentó este ; cree el joven que el cuchi-
llo no cortaba y á fin de no penar mas, le ruega lo chairase.
Concluida esta operación sin la menor muestra de temor, esten-
di j el cuello que le fué cortado hasta la nuca, y espiro con hor-
ribles contorsiones.
Después de todas estas ocurrencias se fué Urquiza á casa de
su Jefe de E. M.,y en presencia de este, del ayudante Burgos,
del capitán Basabilbaso, y otros dijo : á este, mostrando alen-
tre-riano, le he defl'oWado al padre y cinco hermanos ; él solo
quedaba, y pensaba darle una hermosa estancia que tienen en
Entre-Rios : pero la inconsecuencia de este malvado le hizo
sufrir la pena que antes sufrió el padre y sus hermanos.
Como esta última ejecución se hizo en el Cuartel General, era
necesario arrojar los cadáveres.
Los soldados se prometían sacarlos á brazo entre cuatro ; pe-
ro Urquiza, se enfureció de modo tal, que estuvo en peligro la
vida de estos, que se escusaron diciendo que los miembros en-
durecidos por el frío estaban resbaladizos y que no podían asir-
los con facilidad.
Entonces Urquiza mandó abrirles ojales en el antebrazo y las
corbas, y llevarlos así al lugar donde se arrojaban las basuras
del ejército.
Los hechos que dejo escrito^, y que presento al pueblo tal
como han sucedido, son un desmeitído palpable ala humani-
dad y respeto a las leyes ostentado por el Regenerador de Entre-
Ríos. No exijo me crean bajo mi palabra ; mil personas como
yo lo han visto : pero si hay alguna á quien interesen pruebas
de ellos, tendrá mucho gusto en darlas.
Un testigo ocular. »
382 HISTORIA política t militar
aquellos jefes á iacorporarse i la divisioa argentina que man-
daban el Coronel Hidalgo j Comandante Peredo» y al Batallón
Patricios que mandaba D. Cesáreo.Dominguez» los cuales busca-
ban también la incorporación del General D. Ignacio.
El Capitán D. Dionisio Trillo que quedó guarneciendo la fron-
tera tuYo que emigrar al Brasil.
Hechas estas incorporaciones el General Oribe emprendió
la concentración sobre la picada de Oribe en el Rio Negro, dan-
do espacio al mismo tiempo para que el Comandante D. Juan
Valdez se incorporase con la división de Tacuarembó, com-
puesta de 600 ginetcs y mas 230 infantes. La incorporación no
pudo efectuarse porque las fuerzas de Urquiza cuya vanguardia
la mandaba el General Gómez se interpusieron, teniendo Val-
dez que vadear el Rio Negro por el paso de Zamora.
Con el Rio Negro crecido, con un inmenso bagaje, con seis
piezas de artillería y sin una lancha ni un bote, el General
Oribe después de seis dias de constantes escaramuzas y de al-
gunas guerrillas hizo vadear al ejército en botes de cuero, lan-
zando al Rio Negro algunos carros de municiones y dos piezas
de artillería.
Perdió también el ejército la flor de sus caballadas.
En tal estado el General D. Ignacio, esperaba la incorporación
del Coronel Muñoz, con su división, pero la defección del coman-
De allí pasó con el General Mansilla al Entre-Ríos, donde ascendió á
Sargento Mayor, acabando por traicionar á su protector entrando en
una revolución destinada á derrocarle.
Tratándose de un candidato para el Gobierno de Entre-Rios, y cono-
ciendo el mal concepto que gozaba entre sus com patriotas, fuóáBuenos
Aires á instar á D. Mateo García para que admitiese el mando de la Pro-
vincia. El señor García contestó rehusándose.
Desairado en Buenos Aires, volvió al Entre-Rios en busca de otro
candidato.
Alli recorrió la escala de todas las intrigas y traiciones plegándose á
unos, vendiéndose á otros, hasta que desterrado y perseguido se refu-
fió en el Estado Oriental, enganchándose con La valle para invadir el
utre-Ríos, de donde tuvo que huir derrotado, repasando al Estado
Oriental donde se plegó á Rivera.
Indultado mas tarde volvió á Entre-Rios, donde so ocupó siempre en
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 383
dante Peñaroi y los capitanes Garrido y Mojano ocasionó la de
la división del Yí.
El comandante D. Faustino Méndez que mandaba en el Duraz-
no se incorporaba también pocos dias después, solo,s\n un asis-
tente, como Coronel y Muñoz.
Si bien es cierto que hubo defecciones señaladísimas en
aquella campaña, también lo es que el comandante Caxara-
villa con los de igual clase D. Tomás Gómez, D. Tomás Yillalba,
y los Acostas mantenían la subordinacien y disciplina en la Divi-
sión Soriano compuesta de 700 ginetes y 300 guardias nacio-
nales de infantería de Mercedes, Soriano y Dolores.
En tales momentos D. Dionisio Coronel, disputaba á los bra-
sileros la linea del Yaguaron y les dispersaba su vanguardia ea
el Paso de las Piedras.
El coronel Barrios y los capitanes Olid y Aparicio se conser-
vaban en Minas y Maldonado, con las Divisiones de sus Departa-
mentos.
Un suceso sangriento tenia lugar el r de Agosto de 1851 en
la Colonia. Los señores José Vicente Yillalba, Pedro Arce y To-
mas Corrales, que habian sido prisioneros en 1848, cuando el
conspirar contra la autoridad procurando su elevación, que consiguió
ai íln, traicionando á su protector Echagüe.
Corrientes acababa de celebrar un tratado con los Franceses y el Go-
bierno de Rivera. El General Rosas levantó un ejército en Entre-Rios, que
penetró en el territorio Correntino, y deshizo en Pago Largo la fuerza
(fue le opuso Beron de Astrada.
La parto c]ue tuvo Urquiza fué odiosa, asolando el departamento de
Curuzucuatiá.
¿Cómo pintar los escesos y herreras de este monstruo que se atreve-
ahora á hablar de regeneración y leyes?
Despu&s de la sumisión del ejército correntino, pasaba Urquiza delan-
te del cuerpo de CrispinVelazquez.unode sus jefes, que estaoa ocupado
en reunir los prisioneros : y sin sofrenar el caballo, le gritó — ¿ Qué
haces qm no los matas ? Si a mi vuelta no los has degollado te degolla^
re con ellos. Eran cerca de 400 los que oyeron esta atroz sentencia, y
que no tardaron en ser inmolados ! ! ! No contento con
tantas víctimas, y como si no fuesen bastantes los ejecutores, hizo venir
delante de si á todos los cornetas de su división, que por su edad y ofi-
cio no tomaban parte en esta carnicería, y les dyo que aprendiesen á
matar, y mataron.
38i HISTORIA FOLÜriai Y ULITAR
señor Moreno se apoderé á vmi faena de la Colonia, y ^ue ob-
tuvieron mas tarde su libertad, fueron víctimas de un paso im-
premeditado.
Se hallaba el comandante D. Lucas Moreno campado en las
puntas del Rosario, distante 20 leguas de la ciudad de la Colo-
nia, cuando los señores Villalba, Arce y Corrales, ejecutando
un movimiento reaccionario, se apoderaron del pueblo sor-
prendiendo la pequeña guarnición que allí existia. A esto se
siguió el pronunciamiento de la guardia nacional y el de un
piquete de artillería. El movimiento respondía á una combina-
ción que los revolucionarios tenían con el jefe de una corbeta
de guerra Brasilera, el que no concurrió sin embargo á su de-
fensa, quedando reducidos á un personal de 80 á f 00 hombres
de fusil, y tres piezas de artillería bien servidas.
El comandante Moreno se movió apenas tuvo parte del suce-
so, y entró á la Colonia después de una corta resistencia que le
opusieron los insurgentes.
Moreno perdió algunos hombres, y persiguió á los vencidos
Rivera había invadido Entro-Rios, (¡ue ürquiza abandonara eol>arde-
mente.
Urqiiiza, quí? á su vuelta del Tonelero había reunido una fuerza bas-
tante numerosa, quiso oponérselo; pero fué completamente derrotado, y
perseguido por corea de 20 leguas: y hubiera tenido que despeñarse,
segunda vez, por las barrancas del Paraná, si el Presidente Oribe no hu-
biese destacaao al General Pacheco para salvarlo. De todas las derrotas
do ürquiza esta fué la mas vergonzosa, no solamente por la muy notable
inferioridad del enemigo, sino poniue el escuadrón í\\xq¡ lo corrió^ per-
tenecía á la ^'anguardid de Mascarilla, el mas despreciable de todos los
sublevados. Y fué el espléndido triunfo del Arroyo Grande el que resta-
bleció La suerte de las armas, y ven^xó gloriosamente la afrenta hecha al
envilecido Gobernador de Kntre-Ríos. Triste y singular ej?mpk> de la
perversidad humana es el que suministra ese traidor I Conspira contra
el poder y la vida del General MansiUa,que lo sacó de la abyección en (juc
vivia; Irama contra el General Echagüe, que lo habia protegido: traicio-
na al General Rosas ({ue lo habia amparado; y saca la espada contra el
Presidente Orib;:, (¡ue lo repuso en su asiento.»
Basta do ocuparnos de esta clase de publicaciones — Los hechos irán
enscúaiKlo sucesivamente hasta donde pudieran ó «no ser fundados los
cargos hechos á ürquiza sobre su rebelión contra Rosas.
Tiota del Autor,
D8 LIS R£?tiBLIGAS 9EL PLATA 385
hasta ser sacados de la iglesia donde se refugiaron, y fusilados
los cabezas principales, señores Yillalba, Corrales y Arce.
Mientras eH\ y 2"^. cuerpo del Ejército Entre-Riano invadia
el territorio Oriental, las Provincias de Enlre-Rios y Corrientes
quedaban protejidas por un cuerpo de reserva de 7,500 hom-
bres, al mando del General Virasoro — Este cuerpo estaba cam
pado en el Diamante, sobre la costa del Paraná.
En cuanto al Ejército Brasilero, este pisó recien el territorio
Oriental el i de Setiembre de 1 831 , pasando en el orden si-
guiente:
Una división de 4,000 hombres, 2,000 de infantería, pasó
por la frontera de Santa Teresa, trayendo de vanguardia al coro-
nel D. Erigido Silveira con algunos emigrados orientales.
Otra división de 4,500 hombres invadió por Cerro-Largo —
En su vanguardia venian los coroneles Santander y Camilo Ve-
ga con algunos orientales, mientras que por la Cuchilla de Hae-
do, entraba el Conde Caxias, General en Jefe de aquel ejército,
con las tropas á sus inmediatas órdenes, cuyo personal era for-
mado de 4 1 batallones de linea ; volteadores y fusileros — Cua-
tro regimientos y un escuadrón de caballería de línea — Caba-
llería de Guardias Nacionales — 32 piezas de artillería ligera
— 2 coheteras á la congreve — Estado Mayor é ingenieros, for-
mando en todo un personal de 16,000 hombres, 7,000 de in-
fantería, y 9,000 de caballería, formando 4 divisiones, con 19
piezas de artillería, y dos congreves.
Este cuerpo destinado á pasar simultáneamente con el Gene-
ral ürquiza el Rio Negro, debía marchar paralelo con el ejér-
cito llamado libertador.
En cuanto á las fuerzas de que disponía el General Oribe, eran
las siguientes :
Las situadas de observación sobre el Uruguay á las órdenes de
Gómez que defeccionaron, 1,150.
Sobre la frontera de los Departamentos de Cerro-Largo y
25
386 HISTORIA POLÍTICA T MILITAR
Tacuarembó, 600 — Sobre la frontera de Maldonado, 500 — So-
bre el Rio Negro con el General D. Ignacio a,500. En San José
se encontraba la división de caballería de aquel departamento
compuesta de 600 hombres.
En el Arroyo de la Virgen, un cuerpo de ejército desprendido
del sitiador, al que se incorporaron las divisiones de los depar-
tamentos, cuyo total ascendía á 4,000 hombres de caballería.
La infantería era exactamente la que demuestra uno de los es-
tados diarios formados en el mismo ejército — es este :
Kjórcito do Ox*il>o- Infantería dol mismo al mando dol
Oonoral D. Antonio Dioz
EJÉRCITO DE 1 8'3i— CUERPO DE EJÉRCITO CAMPADO EN EL ArROYO DE
LA Virgen
Resumen de los Estados particulares que demuestra el perso-
nal de la fuerza de infantería del ejército en su totalidad
FUERZA EFECTIVA PRONTOS Á DATIRSE
¿ I I 5 -S I
^ O H «n O H
Batallón Independencia. . . I 14 409 1 14 386 V
Id Def/" de la Independencia
Oriental 2 19 514 2 17 483
Id Patricios 2 21 321 2 21 307 V
Id Libres de Buenos Ares . 2 8 220 2 8 209 \^
Id Bazo 1 11 156 1 11 150 v^
Id Libertad Oriental ... 1 19 384 1 18 374
Id Restauradores Orientales . 2 15 400 1 14 381
Total. . .11 107 2404 10 103 2290
NOTA— Los 114 individuos que se rebajan de la fuerza efectiva son
enfermos de los diferentes batallones.
Filmado— Fawíííno J. Méndez.
Jefe del E. M. Divisionario.
DE LAS REPÜBUCAS DEL PLATA 387
La artillería se componía de quince piezas volantes. En este
ejército se encontraba el General Oribe, con el mando en jefe.
El resto del ejército guardaba la linea sitiadora de Monte-
video y se componia de 2,500 infantes, alguna caballería y 25 á
30 piezas de artillería. Al mando de este cuerpo de ejército es-
taba el Coronel Lasala. Todo el personal de que disponi» el
General Oribe, finalmente no pasaba de 12 á 13 mil hombres.
A penas tuvo conocimiento como queda dicho, el General don
Ignacio Oribe de la invasión del territorio, por Urquiza y los
brasileros, y de la defección del General D. Servando Gómez,
se replegó sobre el Yí. Desde que se puso al frente del segundo
ejército, el General D. Manuel Oribe no tuvo jamas plan de
campaña, ni reunió un consejo de jefes para organizarlo, ó im-
ponerlo al menos. Se hubiera dicho al principio, que su inten-
to era concentrar sus fuerzas en el Departamento de San José
para aventurar un combate, pero pronto se vio que no era aque-
lla su determinación, porque se situó en el Arroyo de la Vir-
gen donde tuvieron los sucesos un desenlace inesperado.
Como se ha dicho, el Geaeral D. Ignacio Oribe, que se había
replegado sobre el Rio Negro y fué alcanzado por la vanguardia
de Urquiza al mando de Gómez, dejó en poder de este como
5000 caballos el 6 de Agosto, pasándose á Urquiza cerca de 400
hombres con el comandante Barbat, y las milicias de Tacua-
rembó.
Cuando llegó al Arroyo de la Virgen, su cuerpo de ejército
solo se componia de divisiones Argentinas.
^ Por la frontera de Yaguaron había entrado Yacuhy, con Ca-
milo Vega, que venía con una fracción de orientales como van-
guardia de Muriiígue. Campado á dos leguas de Cerro-Largo,
fué sorprendido por el Comandante D. Dionisio Coronel, en el
momento en que estaban carneando. Arrollado y disperso Vega,
se lanzó sobre Jacuhy, quien también disperso fué á detenerse
en el Rio Yaguaron dejando porción de muertos y algunos prí-
388 nnORIA POUtlCi T MOItAl
sioneros. Sa caballada qaedo en poder de Coronel. Sste hecho
tuTO lagar el 11 de Setiembre. Bt Comandaiite H. Tomas Bor-
ches, el Capitán Soilo, j nn alférez eon 14 hombres se incorpo-
raron á las fuerzas brasileras á fines de Setiembre. Los bra-
sileros dieron á Borches el cargo de jefe de tasPoUcíasde cam-
pana.
Muríngue, ó Jacahy, entró por la azotea de Farruco deján-
dola á la derecha, asi como las Cañoí; siguiendo el arrojo de
Sarandí y Cuadra campó en este punto para esperar la incorpo-
ración del grueso del ejército Imperial, que avanzaba en direc-
ción al Paso de Polanco del Rio Negro.
Ilíicia la frontera de Santa Teresa ú Olimar, se corrió el Ge-
neral brasilero Fernandez. El Coronel Marcelo Barrete se le pre-
sentó con 120 hombres, y. quedó encargado de la Tigilancia de
aquella frontera.
Los Coroneles Brígido Silveira y Hornos, el Comandante de
Milicias Goyo Suarez, y otros jefes y oficiales queveniancon
los brasileros, quedaron á disposición del Gobierno de Monte-
video. Al llegar el ejército imperial al Rio Negro se le incor-
poró el Comandante D. E. Villaurreta y \'arios jefes y oficiales
del Departamento del Durazno. La situación del General Oribe
se iba haciendo desesperada. No le quedaba otro recurso según
lo creyó él mismo que retirarse á Buenos Aires.
En tales circunstancias, el General Oribe envió al Dr. Villade-
moros á conferenciar con el almirante Lepredourá fin de que
*
abriese una nueva negociación tendente á parar el golpe que le
amenazaba.
Vi llademoros era portador de una carta del General Oribe
escrita en 6 de Setiembre de 1851, y datada en el Arroyo de la
Virgen. Es esta:
Dt IkSf REPÜBEieAS DEC RATA 389
E^ma. Sr. CóDtüa-Afotfrante 1^: Fortrraato Lepreátoiir.
Cnartel Generar en el Arroyo de lá Tfrgen
Setiembre 6 de 1851.
Exmo*. Señor:
La gravedad de la situación en que se encuentra este país por
consecuencia de los sucesos que han tenido lugar de tres meses
á esta parle, y el deseo de evitar á mi patria la efusión de sangre,
me decidieron á aceptarla resolución de retirarme del pais con
las tropas argentinas y las orientales que quisieran seguirme,
cesando de ese modo la causa ostensible de la guerra y sus con-
siguientes desastres.
En esta virtud autoricé al Sr. Ministro de Relaciones Exterio-
res Dr. D. Carlos G. Villademoros para que recabe de V. E. una
garantía de las fuerzas navales de su mando á fin de poder veri-
ficar el transporte de dichas tropas á Buenos Aires ; y confor-
mándome con la promesa de Y. E. y del Sr. Contra-Almirante
Reynolds de apoyar moralmente mi resolución con su valiosa
influencia, esperé el caso que creia oportuno, para hacer uso
de ella ; y no dejé de contar con esa generosa protección á pe-
sar del desagradable incidente de la suspensión de hostilidades
solicitada sin mi orden y aun sin mi consentimiento, y cuyo
error he deplorado mas que nadie, por la parte que en éi se hizo
tomar áV.E.
En el estado presente de las cosas, y firme siempre en mi pro-
pósito de ahorrar la sangre de mis compatriotas por una causa
que ha querido hacérseme personal, deseo llevar á efecto mi re-
solución de trasladarme á Buenos Aires con las tropas argenti-
nas y orientales que quisiesen seguir para aquel destino ; y que
quiero ejecutarla tanto mas pronto, cuanto una sola gota de
sangre que se derrame ya no puede producir mas resultado que
el de aflijir la humanidad. En tal concepto he de merecer de la
generosa amistad de V. E. que se sirva indicar al Sr. Ministro de
Relaciones Exteriores Dr. D. Garlos G. Villademoros, á quien
Iró que babia sido eonpleUoiieate abwdoBido, defeockmiado-
le los prÍDcipales Jefes orieotales. Entotices apeló al C gn ei ' jl
Rosas, por medio de ana larga correspoadencía, de la caalfto
oonBífaró otra cootestacioi) que una ordeA íttfunante, para que
se le qmitase el mando ; orden que paUícareHios a su tiempo.
Entre tanto, para conocer mejor el estado en qne se encon-
traban los elementos del General Oribe, véase la corresponden-
cia á que aludimos, cuyos borradores originales existen en
nuestro poder asi como los autógrafos mas importantes— Nada
de esto Yió nunca la luz pública, estando como estaban reser-
vados á la historia.
El 25 de Julio recién lanzó el General Oribe al pais la siguien-
te proclama:
£1 Presidente de la República Oriental del Uruguay.
Orienlalesl -Un desertor de la sagrada causa que defienden
las Repúblicas del Plata, unido á los salvsrjes unitarios, amena-
za nuestra Libertad é Independencia.
El traidor Urquiza, burlando la confianza del Jefe ilustre que
preside los destinos de la Confederación Ái^entina, y olvidando
todo lo que el hombre y el Ciudadano miran como mas caro á
su corazón, no ha trepidado en hacerse el instrumento de los
mismos que ha combatido, para trastornar el orden y las ins-
tituciones de las Repúblicas aliadas, trayendo sobre ellas el lu-
to, la devaslacion y todos los horrores de la guerní, en cambio
de k prosperidad que gozaban.
Degradado el pérfido Urquiza hasta el estremo de hacerse vil
ftgiMe de iosqse antes trató oomo á mortales enemigos, soste-
niendo la justa causa á que pertenecia, vuelve almra las armas
contra sus hermanos y companeros, existiendo aun los intere-
ses y las necesidades que formaron esa causa misma, y el sa-
grado compromiso que lo ligaba á ella. Pero pronto ese dejéne-
rado americano y vil salvaje unitario, recibirá el premio que la
Providencia justa depara á los pérfidos y á los traidores.
Dft. uia- RiPiHiMiJi. Dii. njok 383
berataá)B;g^MCQM.lUillyKu2a(l(Hl^ esalave^
cido General Rosasy ^o(oc&adiOÍaefi&bi6mdjk4e U g)aríat; é iut
grato taobieo ioste^ pais^ dekqte nagUiOí agravio ba Ee6^íbiáo<,
jr antes Inafi b am&tad mas afe^tao^a y^ku oiieperai^ioa mas
írazikca para ^e apaccftL^e. aiiie esla& BeyuUiisas con el e${déiir
dar de la vktoiriaM, eorrespoade á taoi señalada distiocieo y W
aeficvosy coQspiraAdo ^otíLi^ ei (ipdiBA ; la tciA^uUidad que la
CoAÍederaeieo disfruta, ba^o la sabia dkeeciQQ de aquel emineAr
te ciudadano, y se pirepara á aceiaetei? akiv^fsamente aL Estsuto
Orie&tal del Uruguay,, asoeiador con el banáa de feroces salvajes
unitarios. Mas no conseguirá su intento: la República Argén-
tÍEía coBservará ladicha,. la prosperidiaá y gloria que debe al
Ínclito héroe que la preside.anouadando al tránsfuga imfame que
pretende arrebatárselas,, y el Pueblo* Oriental sostendrá co^mo
sdemp^esus dereebosy su hou^ y dignidad, y oiarchará imper-
turbable á sus gloriosas destiuos.
OrietUalesl. — ^Preparaos pues á combatir por la libertad y la
independencia de la Patria amenaizada por esa nueva alianza de
traidores salvajes unitarios^.
Soldados del ¡¡jércitO' Unid&l — columnas indestructibles del
HONOR Y LA DiGMDA» ÁMERXCAPÍA.L Empuñad esos armas Siempre
vencedoras. Alzad vuestros frentes radiantes de gloria y de
laureles, y deaoiosirad á vuestros enemigos qiue^ sois los mismos
que fuisleis eaPagOr-Largo,.D. Cristóbal, Sauce Grande, Qae^
bracho, San Cala, Monte Grande, Rodíeo del Medio y Arroy^í
Grande. Recordad los prodigios de valor con que os habéis
ilustrado en mil combates. To es aeómpaBro-, y como siempre,
veréis á vuestro frente participando de vuestras^ fatigas y peli'-
grosá vuestro compañero. . . •
MMUEL OiUBE.
Cuartel General^ 35 d£. Julio de 18S1.
Dos meses próximamente invirtió et General Oribe en perder
lastimoeameirteeltfiefDpoy enesperaor de Buenos Aidres reeur-
394 HISTOEIA POLÍTICA T MaiTÁR
SOS para batir á Urqniza, qae no hubiese pasado al Estado Orien-
tal, sí en yez de confiar en el General Gómez, ni en nadie, hu-
biese acudido el mismo señor Oribe á levantar su ejército de
observación sobre el Uruguay— Por lo menos esta medida ha-
bría detenido la instantánea desmembración de sus fuerzas, y
los conatos de decepción que invadieron el ánimo de sus Jefes.
El 4 de Setiembre empieza el General Oribe su vacilante cor-
respondencia—Ella sin embargo es importante y altamente his-
tórica, á la par que irreprochable como autógrafa.
La daremos sin interrupción muy pronto; sigamos entre tan-
to á ürquiza.
Este habia ya pasado Santa Lucia recogiendo en su tránsito
todos los Jefes y tropa Orientales que se le plegaban.
Ta desde este punto debia ponerse en comunicación con la
fortaleza del Cerro cuya guarnición obedecia al Gobierno de
Montevideo, y con el Comandante en Jefe de la Escuadra Brasi-
lera, que estaba en observación sobre el Buceo y las costas
ocupadas por Oribe en aquel estrecho radio, á fin de no dejar
embarcar ni un solo soldado argentino.
Estrechado ya el General Oribe por fuerzas superiores ;
abandonado por todos los orientales, con la sola escepcion de
muy pocos jefes que le permanecieron fieles, y anulado en su
propia autoridad que cada instante era desconocida (i) escribió
á Lepredour, á Gore y otros agentes extrangeros la carta fecha 6
de Setiembre que dejamos ya copiada.
(1) Citaromos un hecho dol que fuimos testigo.
Se encontraba el autor de esta obra sentado, con el comandante D.
Lesmes Bastarrica, hoy General, en un banco inmediato á la habitación
diel General Oribe, en la noche del 9 do Octubre, cuando se aparecieron
dos soldados del batallón de Maza, preguntando por el General Oribe —
El comandante Bastarrica contestó que estaba durmiendo Vaya Vd. á
despertarlo, replicaron los soldados, con tono y ademan audaz — El co-
mandante Bastarrica y el que habla se pusieron de pió, echando ma-
no á sus armas — Bastarrica avanzó con el sable desenvainado - Los
soldados se contuvieron. . pero se retiraron muy despacio y en actitud
amenazante — Esa misma noche se sublevó el batallón de Maza, como
se verá después.
Nota del Autor.
DE LAS REPÜBLIGAS DKL PLATA 395
* Hé aqai las que dirigió al General Rosas sucesíyamente.
Exmo. Sr. Gobernador D. Jaan M. de Rosas.
Campamento General en el Arroyo de la Virgen,
Setiembre 4 de 1851.
Mi distinguido y buen amigo :
Una ocurrencia muy desagradable y tanto mas sensible cuan-
to que ella afecta la dignidad del Gobierno, y los principios in-
variables de la política adoptada para sostener nuestra justa
causa, ha tenido lugar en la línea sobre Montevideo, el día 30
del ppdo. Teniendo yo previsto para un caso en que la suerte de
las armas nos fuese irreparablemente adversa, el salvar los res-
tos del virtuoso ejército argentino que está á mis órdenes, pre-
vine al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores Dr. D. Carlos G. ■
Villademoros, se acercase al Sr. Contra-Almirante Lepredour
con el fin de recabar de S. E. una garantía de las fuerzas nava-
les de su mando, para poder verificar en el caso indicado la tras-
lación de aquellas tropas hasta ese destino,- en buques que yo
haría fletar al efecto, sin que fueran molestadas en su tránsito
por la escuadra brasilera, ó por otros buques que pudieran ar-
mar los salvajes unitarios.
Esta proposición fué admitida por parte del Sr. Contra-Almi-
rante Lepredour, del modo que consta de la correspondencia
que original he mandado se remitaáVd., y habiendo dicho se-
ñor manifestado al Sr. Villademoros, la necesidad de gue se
diese igual paso con el Agente Británico, con quien dijd debía
proceder en todo de acuerdo, se obtuvo del Sr. Almirante Rey-
nolds el resultado de que también ya debe. Vd. estar instruido.
Hallándose las cosas en ese estado, y mas tranquilo yo res-
pecto de la suerte de aquellas tropas en el último caso, con la
seguridad que podía inspirarme la interposición de la influencia
moral de los dos Almirantes de las fuerzas navales de la Francia
y la Inglaterra, vino á sorprenderme en la mañana del día 31 del
398 HISTORiá .POUliCá r üiUTAE
ppdo., bk imtkñSi 4e foe «I £r. dr. ^¡UadfiMores, &in autoriza^
cioD mia, para hacer «tea oo^ mas qie le que dqo expaesbh
sobrecojido de temor acerca de la suerte de este ejército, por
la relación Terbál que dice tiaberrie hecho «b particular llamado
D. Hermenegildo Fueates, en la que síq fundamento alguno le
representó el estado de su moral coa ténsinos mxsf descoosola-
d<M>es, ya»a alarmantes, había procedido sinmis^rdenes ásolí-
citar^éel mismo Sr. Almirante Lepredouf^ que propusiese ima
siBjpenskm de hostílidades á los salvajes «laitariús encerrados
en la Plaza de MiHitevidee, y la que coBVdiMda por aquellos se es-
tftUecié por 72 homs^ Ueváfidose á ejecocion s¿u6l menor cono-
cimieiito de mi parte y sin aguardar mí resolución acerca de tan
extraña, iudecondsa é incancebibie ocurrencia.
Cuanto ella ítaya 4ebido afectarme lo dejo á la consideración
de Vd. y darán alguna idea 4e la viva impresión causada por tan
ioj^usUíicable procedimiento, las adjuntas copias de que consta
midesaprobacioen, asi como verá Vd. por ellas misivas que ni la
situación ni d eisfúritu de este ejércilo, es la que ha pistado y
qne'OlSr. Míaistro Villademoros xicredító con una precipitación
tan éKtrana á su prudencia y tan a^ena de.» deber, pues que ce-
diendo á las impresiones del terror, que le infundió la simple
relación éd un partioular, sin misión, ai carácter públicQ, m ür'
dea é instrucción mia, dio im paso tan contrario á nuestros
prificipios constantemente observados, tan ¿adigno de la auto-
ridad en cuyo nomí^re ha procedido y de tal trasceudeacia en la
moral/^oe ni la<lesaprobacia^n instantánea con que destruí todo
loipactado, m la consiguiente renovacíi>n de las hostilidades po-
drían de «odo alguno reparar, sik virtud ejemplar de este ejér-
cito y su decidida resolución de sacrificarse por la causa que
soste&emos, no aos diesen la mas .s^«ira garaaüa de que sea
cual luere el aspecto que presentaseu los .sucesos, lian de con-
servarse el faouor y la dignidad de las éds Repúblicas del Plata
y todos hemos de sucumbir a^les dedar an paso ind^^ao de los
gloriosos antecedentes de nuestras armas.
ÜB Lk% BBPOBUCAS DIL VLkU 387
»
toda b eslrafieza que debe baber causadoa Vd^
una ooirreQcia tan inesperada é inctisculpable, caando ella bar
ya llegado á m Boticía. Quiera Vd. considerar á su Tez qué im-
presión debo ye liaber sMtído, y cuál será la que todavía me
afecte á pesar de la pronta pero siempre tardía represión con
que procuré atajar peores efectos.
Remitiéndome á hs adjuntas copias en las que hallará Vd.
expresados mis ceñimientos respecto de este fatal incidente,
sdo me resta reiterar á Vd. la fina volantad con que invariable-
mente soy sumas sincero y afectísimo amigo.
MANUEL ORIBE.
Exmo. Sr. Gobernador D. Juan Manuel de Rosas.
Cuartel Geospal en el Talita, 19 de Setiembre de 1851.
Mi distinguido y buen amigo:
No obstante la infame defección del envilecido traidor Servaa-
do Oomez, y la pemiciosa influencia que ese fatal ejemplo ha
tenido en la moral de nuestra causa, siempre conservé, la espe-
ranza de poder hacer frente y triunfar con los orientales que
han permanecido fieles á su deber y al honor, en unión con los
denodados y vlrluosos argentinos que están á mis órdenes, de
la invasión del loco traidor salvaje unitario Urquiza y demás
traidores que han desertado de nuestras filas para incorporár-
sele. Contaba para esto no solo con la lealtad y patriotismo del
pueblo Oriental en su generalidad, sino también con la perseve^
rancia de los Jefes de las Ouardias Nacionales de los Departa^
mentes de campana que deberian formar una parte muy consi*
derable del personal de este Ejército, debiendo en ese concepto
reunir próximamente un cuerpo de operaciones de 42,000 hom-
hombres, sin debilitan las fuerzas que mantienen el sitio de
Montevideo. Pero- al impartir mis órdenes para reconcentrar-
las en el panto que be juzgado conveniente, varios de esos mis-
mes jefes desataros! indignamente k s^^da causa de sa
4M ilISNIIA FOLÍTICá T «LITAR
contra las faenas combinadas de los eférodts iii?as«cas jei4^
la goarnieion de la |4aia. Resalto c&mo lo estof oon los viden-
tes j leales jefes qHO me acompañan á IndMu* basta el tilímo
trance por la cansa de la independencia y ^ dignidad de estas
Repúblicas, esperaré en aquel ponto la snerte qne deba caber
á los restos gloriosos de las tropas de mi mando.
Debo advertir á Yd. qrne en el presente estado de las cosas
cualquier auxilio que pudiera venir directamente aqni sería del
todo infructuoso, j que en mi opinión el único medio eficaz de
varíar la situación y producir importantes resultados, sería el
invadir al Entre-Rios con una fuerza capaz de llamar la aten-
ción dei traidor salvaje unitario Urquiza y ponerle en la necesi-
dad de retirarse del terrítorio de estailepública.
Deseo queVd. me favorezca con sus comunicaciones, siempre
de grande interés para mi, pero nunca mas importantes que lo
que deben serlo en circunstancias tan graves como las que dejo
p espresadas. En ellas como en todo tiempo soj con la mas
fina é invariable voluntad su muy afectísimo amigo y seguro
servidor.
MANUEL ORIBE.
El General Oribe, sin embargo, habia ya abierto negociaciones
con el General Urquiza aceptando un tratado que fué ei primero,
y que no firmó por sus vacilaciones esperando la contestación
del General Rosas. — Este existe en nuestro poder — Cuando
el General Oribe quiso firmario, ya era tarde. Urquiza se negó
rotundamente.
RISKRVADA
Bases de la Convención ajustada el 20 de Setiembre de 4854.
Art. f^ Se reconoce que los servicios que han prestado los
militares y ciudadanos que han servido al Exmo. Sr. Presidente
D. Manuel Oribe, son kechos á laNacion Oriental del Uruguay.
DI US KEPüBUCAS BEL nin Mt
Art. ^. S^raecAOceifiielaresistdMiaqaehaDhechologmi-
Ktaiw y erodadaiios i k üüterreiicioii AagloJ^rstBeesa, ba sido
cim el objeto de defender la IndependraGÍa de la ItofMáblica
Orreotai det Vrtigaajr.
Art. 3"". Se declaran legales todos los actos Gubernativos y
Judiciales que en eonlormidad á las Leyes de la República, se
han ejefCHlo en el territorio que han ocupado las armas de S.E.
e) Sr. Presidente D. Mwuel Oribe.
Art. 4"". Se declara completamente garantidas las ridas y
propiedades, y demás derechos civiles de todos los habitantes
de la República.
Art. 3^ La Nación Oriental reconoce como deuda pública las
cantidades que quedare adeudando el Gobierno del Exmo. Se-
ñor Presidente D. Manuel Oribe.
Art. 6"*. Se reconoce en lodos los ciudadanos Orientales de
las diferentes opiuianes en que ha estado dividida la República
iguales derechos, iguales servicios y méritos, y opción á los em-
pleos públicos en conformidad á la Constitución.
Art. 7". Se reconoce la independencia del Estado Orienta'
del Uruguay, y la integridad de su territorio en la forma que lo
establece su Constitución.
Art 8". Lu^o que se retiren las tropas argentinas que esta-
ban á las órdenes de S. E. el Sr. Presidente D. Manuel Oribe,
se retirarán los brasileros , los enlre-rianos y correntinos,
y S. E. el Sr. General Urquiza ofrece que al marchar para su
pais no quedará en el territorio del Estado Oriental ninguna
fuerza extrangera bajo ningún pretexto.
Art. 9*. ElGeneralD.JustoJ.de Urquiza ofrece hacer uso
de sus buenos oficios para que el Gobierno del Brasil no pre-
sente ninguna reclamación al Gobierno Oriental (caso de tener
que hacerlas) hasta seis meses después de establecido el Gobier-
no Covistitociona).
Art. ÍO. El ejército OFÍental que obedece las órdenes d^ S. E
26
402 HISTORIA política T MILITAR
el Sr. Presidente D. Manuel Oribe, quedará interinamente man-
dado por un jefe del mismo que nombrará el expresado señor
Presidente, y que quedará á las órdenes del General D. Eugenio
Garzón, hasta que se verifique la elección del Gobierno Na-
cional.
Art. 1 1 . Se procederá en conformidad á la Constitución á la
elección de Senadores y Representantes en todos los Departa*
mentos, los cuales reunidos en Asamblea nombrarán el Presi-
dente de la República.
Art, 12. Se declara que entre las diferentes opiniones en que
han estado divididos los orientales no ha habido vencidos ni
vencedores ; y que todos se reúnen bajo el Estandarte Nacional *
para el bien de la Patria y la defensa de sus Leyes y de su Inde-
pendencia.
CONVENCIÓN PRIVADA
Art. i^. Las fuerzas argentinas se retirarán por el puerto del
Buceo con sus armas y las municiones en .sus cananas y armo-
nes, quedando todos aquellos que no quieran voluntariamente
hacerlo.
Art. 2°. S. E. el Sr. Presidente de la República Brigadier
General D. Manuel Oribe, podrá retirarse donde guste; igual-
mente todos los Jefes, Oficiales y Ciudadanos que voluntaria-
mente quieran acompañarlo.
Están conformes -r antonio diaz.
Esta es la verdadera convención ajustada entre los Generales
Oribe y Urquiza — Poseemos el documento autorizado por el Mi-
nistro del Sr. Oribe.
Exmo. Sr. Gobernador de Buenos Aires, D. JuanM. de Rosas.
Arroyo de la Virgen, Setiembre 21 de 1851.
Mi distinguido amigo :
Con fecha 19 del corriente escribí á Vd. manifestándole la ex-
trema situación á que me hallaba reducido por consecuencia
M LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 403
del estado áe la desmoralización que difundió en el pais el
fatal ejemplo del infame traidor Servando Gómez. La noticia
de la aproximación de un ejército brasilero, cuyo número exa-
gera la malignidad de los perversos enemigos de nuestra causa,
ha esparcido repentinamente un terror pánico en las Guardias
Nacionales que constituyen una parte muy principal de la fuerza
de este ejército, de tal modo que su disolución parecia inevita-
ble é inminente. En tan críticas circunstancias teniendo siempre
en vista salvar los restos gloriosos de las tropas argentinas que
se hallan á mis órdenes, y cerrada por parte de los Ministros
de Ja Francia é Inglaterra la única puerta que quedaba abierta
con la esperanza de conseguirlo, hice proponer una transac-
ción á Urquiza, en cuyas bases esté comprendida la del retiro
de dichas tropas, y de mi persona á Buenos Aires con los orien-
tales que quieran seguirme. Eso ya está obtenido ; y en todo
lo demás concerniente á este asunto y á los detalles de su eje-
cución, me remito al conductor de esta D. José A. Iturriaga,
que va plenamente instruido y á quien puede Yd. darle entero
crédito.
Queda de V. muy affmo. S. S. y amigo.
MANUEL ORIBE.
Cuartel General en Mata-Ojo, 28 de Setiembre de 1851.
Señor Dr. D. Carlos G. Villademoros.
Mi querido amigo:
Ayer encargué á Vd. recabarla garantía de los Sres. Almiran-
tes Lepredour y Reynolds en la convención ajustada con urqui-
za, y á cuyas principales disposiciones guiado de mi acostumbra-
da buena fó, di cumph'miento aun antes de estar firmada. Tales
son, el licénciamiento de los Guardias Nacionales que marcha-
ban para sus departamentos y mi retirada con el resto del ejérci-
' to á esta parte de Santa Lucia. Estos hechos son de tal notoriedad
que no podian ser desconocidos á Urquiza, pues que se han
M4 II810BU POfinai r maitm
efectoade á wtsta4e ms airaQZJMbs f htt pando por su msmo
caiii{>o tos ctteqH» qoe ya lie liceiioíado.
üoy «wrié al fir. B. BeraabéCanm á-saCaartel (General pan
proponerfe el Mjahramíeiilo per su ftrte de la persona que
debía firmar el Iralade, estando ya nombrado por mi á qae
debe verificario. En esta situación acaba de sorprenderme el
contenido de la carta áá General «Urquiza, qne en c(4>ia incluyo
en ai cootestaoiOB que también hallará Vd« adjunla. A vista de
la nuda íé «oon ^ne f rocede, no me queda otro remedio qne
segiurmi neéírada bástala linea, y qnieP04¡ae veaYd. i los
seitwes Almirantes Lepredour y Reynolds y les manifieste los
antecedentes que revelan la leahad de mi procedimiento y la
perfidia de nuestros enemigos. Vea Yd. si en 4ales circunstan-
cias puede obtener la inten^encion y garantía de ellos para la
ejecución de lo pactado, v cnando menos lalíbre y segura tras-
lación délas tropas Argentinas á Buenos Aires, como la de mi
persona y demás que quieran acompañarme.
Esto le mando á Yd. que lo haga con absoluta reserva, supli-
cando á dichos Almirantes que la guarden igualmente en el caso
de que no quisieran intervenir en el asunto; pties si sucediese
asi, lo que no -espero, estoy resuelto á pelear y resistir hasta la
extremidad.
Queda de Yd. affmo. amigo y servidor.
MANUEL ORIBE.
Exmo. señor Presidente de la República.
Mi^elcte, Setiembre S8 de 1851.
Mi distinguido amigo y señor : En este momento vuelvo de
á bordo. Manifesté al Almirante Lepredour la carta del señor
Presidente é instmido de todo, bajo la reserva prevenida, me
contestó que la convención estaba muy buena ; que él mismo
no hubiera esperado un arreglo tan bueno ; pero que en ma-
nera alguna podía garantir esa oonveMioii ni en lo tocante al
W ÍM RÍPÚBI4CA» DEL .flAHi Mi
eabK^^ de las Iropas^, ^ntg n^da de vaM «a de ^ resorte :
<f«e io 4iie4[>odia y puede Éa«er ja áe iha «dicte j ea>e90 ^ man-
Uefte; q^ por iodemis nada híxf que temer de parte deGrenfell,
pues conoce su caráeter y qae es kica^M de ftdtar á^suproinesa,
mucho mas cuando la menor falta, en asuate 4an sérío^ seria
considerado por él (Lepredour), p'or los ingleses y por todas
las naciones como una abeminacioR, y enese se alegraba <le ha-
ber triste su ñtíU (la que se me efi¥i¿ de ahí ra copia) para te-
ner couockaioQto de lescompiraimsos que aquel liabia contraí-
do, les que baria oeoooer tamUefi, coitto cosa suya p vamente,
al Almirante Inglés.
Como la carta de Vd. me pi^evieAO qae vea á esté último, solo
en el caso de jrespnesta favorable de Lepredoury de acuerdo
com él; come además tuve por el ¡modo de hablar de este, la con-
vicción de que igual respuesta obtendría del inglés, no pasé
adelante y me dispuse á dar cuenta áVd. como lo hago.
Lepredour me dijo si podria^dejarleuna'Copia de la conven-
ción para anticipar ¿ sti Gobieroo; pero yo le respondí que no
podÍ4isiii auiorizacion de Yd. á quien haría saber esos deseos
del señor AJmirante y cuyo permiso obtenido, le daría la copia
que solicitaba. El señor presidente podrá resolver sobre ello
lo que guste.
Sin otro objetóme repito 4e Vd. ^ffmo. amigo y S. Q. B. S. JU.
Carlos G. Villademoros,
IVada podia levantar el espíritu abatido del dineral Oribe, en
su estrecha situación.
En la campaña de ^8oi debió reconquistarse el territorio
usurpado por el Brasil, debió concurrir á la proclamación déla
República en Rio firande para lo que se contaba^en el General
Neto Ismael Süarez y tantos otros lirasileros que se ofrecieron
al tieneral D. I^acio Oribe para i)per^ de acuerde.
108 wmmmtL mtínau x musa
Grai iudigaama ptodajo esle suecso^, pero la retunda conti-
noó bada las Bnj as hs^^ las kostaídodes ét Ifr^prat
El coronel Raiaosv como s« ba duiío,, habia llegado sícmEo
portadorde mía nota para losjefesargBntkiosjrBiiaease de re-
cibo fnura el fteneraLdríbe — La MkL para los; jefes ai^entí tos
Venia abierta, y como Oribe estranaae la coaduetadet General
Rosas para «Aélj apurase á Ramos sobre este pmto, este tavo
la debcHdad de mostrársela. Oribe Iteno de disg^to: le dtp), si
Vd. muestra ó entrega esa nota á les jefes me soicido^, porque
no puedo yo aceptar el papel de traidor que el Generaá Rosas
me atribuye.
Esa nota dice lo siguiente :
El Gobernador y Capitán General de la Provincia de Buenos
Aires y Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confe-
deración Argentina.
Buenos Aires, Agosto 24 de 1851.
No mereciendo la confianza del Gobierno de la Confederación
el General en Jefe del Ejército Unido de Vanguardia, Presidente
del Estado Oriental del Uruguay Brigadier D. Manuel Oribe, los
jefes de las divisiones Argentinas en operaciones en la Repúbli-
ca Oriental, procederán á nombraren consejo el jefe que haya
de dar cumplimiento á las instrucciones de que es portador el
edecán del Gobierno coronel D. Pedro Ramos.
•
JUAN MANUEL DE ROSAS.
A los Sres. Jefes del Ejército de Vanguardia de la Confederación
Argentina en el Estado OrientaL
Las instrucciones; qae traka el coroael Ramos, eran que se
atase al General Orrbe, y las fuerzas argealinas tratasen de
pasar al Entre-Rios, pasando á la provincia de Bueiios-Aires.
Reducido ya á sus últimos atrincheramieiitos, y casi sin es-
peranza de quenada se te etKicediiese, el General Oribe escribió
entonces á Urquiza esta carta :
DS LAS REPÜlUiCiS ML BLAXA 199
I ViyiS LOS D£FENSOaES DE LAS LS7£S I
I MUERAN LOS SALVAJES ÜKflARIOS I
Extno. Sr. General D. Justo J. de Urquiza. '
Cuartoi general cu Mataojo, Setiembre 28 de 1851.
Señor General :
Me precio de ser un fiel cumplidor de mis compromisos ; y
ahora como en todo tiempo lo he acreditado poniendo «n ejecu-
ción las principales disposiciones de la Convención ajustada; no
obstante <!e no haberse aun estendido y firmado. Tales son la
de haber licenciado los Guardias Nacionales enviándolos á sus
Departamentos y retirarme yo con el resto del ejército al Sur
del Rio Santa Luda conforme á lo pactado. Se equivoca, pues,
seííor General, en suponer que por mi parte ha habido falta de
cumplimiento en lo que hemos convenido ; y es estraño que el
señor General forme un juicio tan inexacto á vista de los hechos
que dejo referidos.
El último paso que creí deber dar, lo he Uevdo á efecto, en-
cargando al señor doctor D. Bernabé Caravia de acercarse aJ
señor General, para que nombrase una persona por su parte
autorizada para firmar la Convención, asi como por la mia ya
está nombrada. Aguardo el regreso de dicho señor doctor Ca-
ravia, y quedo de V. E. atento servidor.
MANUEL ORIBE.
26 Setiembre 1851.
Señor D. Antonio Díaz.
Mi querido General y amigo— Tengo su carta del 26 y hoy es-
cribí al Dr. diciéndole que si puede recabar i Lepredour la
palabra de garantimos en el últiao caso para salir dd país ; es
cuanto debemos esperar sí la suerte no nos íavoreciese— con
esto todo estaría allanado {mes nada ddiemos esperar sino en
nosotros—^ la convención es aprobada ea Fraáciay los Ajentes
M9 msTORU votVtKk r xilitar
nandolos pueble» á h inffiíeBcia del candítto agresor sin etapo-
jTD y fa confianza qae debía daries la presencia de tas fuerzas
orientales mandadas por el mismo Presidente de faKepública;
pero esta falta era una consecuencia ya inevitable de la inacción;
<nl principio hubiera sido fácil guardar la línea del Uruguay
obligando á Urquiza á permanecer en el Entre-Rios, hasta que
los brasileros pasasen la frontera ; lo que de cierto nunca hu-
bieran hecbo sino obtenian primero la campaña, y la ventaja
de algún suceso que no les dejase duda del buen resultado de la
campaña.
Resuelta por fin la marcha, dispuso dejar al General Diaz al
mando del ejército sitiador, pero en la víspera de su partida
determinó llevarlo consigo á campaña para darle el mando de
la infantería del ejército al que se reunieron siete batallones
que debían acuartelarse.
El dia 28 de Julio hizo dar á reconocer al coronel Lasala de
Jefe de las fuerzas sitiadoras que quedaron reducidas entonces
al batallón Libertad Oriental, al batallón Maza, dos batallones de
la división del General Diaz, el batallón Voluntarios de Oribe y
la Guardia nacional de Infantería, un piquete de caballería y
tres piezas de artillería ligera, fuera de la pesada.
El 29 dft Julio salió el General Oribe del Cerrito, y el 31 lo
verificó el General Díaz de donde no habían de volver sino para
entregar las tropas argentinas al General Urquiza y las orienta-
les al Gobierno de la plaza : y esto sin haber peleado. Las tro-
pas que habían de formar el ejército de operaciones en campaña
debían reunirse en el Departamento de San José y en el siguien-
te mes de Agosto constaba de 7,000 hombres campados en el
Arroyo de la Virgen :áesa fuerza debian incorporarse las divi-
siones de los Departamentos de Cerro-Largo, Minas, Maldonado
y Soriano que contaban de cuatro á cinco rail hombres.
El 23, resolvió eí General Oribe levantar el sitio para incor-
porar al ejército de operaciones las tropas que lo sostenían ;
M 119 REPÜBUGAS DBt PUTA 40
pero esa medida presentaba grandes difienlta^es y debía pro-
ducir consecuencias fatales k la moral, y et dia Sí5 dio contra or-
den. Hasta entonces el ejército estaba animado del mejor espí-
ritu, pero el mismo dia 23 el General Oribe habia dado orden
al Ministro Yillademoros de verse con los Almirantes de las
fuerzas navales de Francia y Inglaterra, y solicitar de ellos una
garantía para poder retirarse á Buenos Aires con la división au-
xiliar argentina embarcándose en el puerto del Buceo. Este
paso fué dado por él con reserva ; pero á los dos días se supo en
el ejército y generalizada eSta noticia, en pocas horas produjo
un gran desaliento, particularmente en los jefes de los cuerpos
orientales, que se veian amenazados de un próximo abandono.
Los Almirantes Lepredour y Reynold se escnsaron con el pre-
texto de su neutralidad, limitándose á ofrecer su apoyo moral
cerca del Gobierno de la plaza y del Jefe de las fuerzas brasile-
ras, y el Presidente Oribe creyendo que esa oferta produciría el
efecto que deseaba, ordenó á las divisiones de Cerro-Largo que
se hallaban en marcha, que regresasen para su Departamento
no considerándolas necesarias ya, supuesto que pensaba iría
con los argentinos para Buenos Aires, y creia que el apoyo mo-
ral ofrecido por los Almirantes seria bastante eficaz para poder
verificarlo.
El General ürquiza habia pasado el Rio Negro y el Rio Yí sin
oposición alguna, con 4,800 hombres de caballería, única arma
de que se componía su fuerza, y siguiendo sus marchas, llegó el
6 de Setiembre á la vista del ejército del Presidente Oribe, que
estaba acampado en el Arroyo del Talita. La presencia del ene-
migo, reanimó el espíritu del ejército, no obstante que se le ha-
cia entender que á dos jornadas de distancia estaba una división
de 8,000 brasileros y que de cerca le seguía otra de 4,000, las
cuales se hallarían incorporadas dentro de 3 ó 4 horas á la di-
visión del General ürquiza — Sin embargo, en esa fecha no exis-
tia aun un solo brasilero en el territorio Oriental. El Presidente
iU HISTORIA POLínCA T MILITAB
Oribe io sabia may bien, y sia embargo él mismo era quien hacia
esparcir esa falsa noticia, pues su intención reservada era aban-
donar el pais, con las tropas argentinas, suponiendo que le seria
fácil obtener de los almirantes de las escuadras Anglo-Francesas,
garantía para poder embarcarse en el puerto del Buceo y seguir
íi Buenos Aires. Este era su plan fijo desde que en los primeros
dias de Agosto supo que los comandantes Crosa, Moyano y otros
estaban con Urquiza— En ese concepta aparentaba por una par-
te una determinación firme de pelear, y por otra no se decidía
á hacerlo, escusándose con la supuesta inundación de las tropas
brasileras. Su objeto era engañar al ejército. Al efecto manda-
ba personas de su confianza como bomberos, con la comisión
de decir á su regreso que las fuerzas brasileras se hallaban
próximas i las de Urquiza asegurando que las babia reconocido
detenidamente y habia acompañado á la distancia de tales á tales
puntos, y estos mismos confidentes de Oribe, decian luego á sus
amigos la realidad do lo que habia, haciéndose luego público
en el ejército el conocimiento de aquella superchería. El Presi-
dente Oribe estaba resuelto á no pelear y se habría ido a Buenos
Aires con las tropas Argentinas. En tales circunstancias y cuando
nadie ío esperaba, dio orden el dia 6 de Setiembre que se pre-
parara el ejército á dar una batalla y nadie dudo de la resolución
anunciada y menos del resultado favorable que debia tener. El
dia siguiente al amanecer todos los cuerpos del ejército estaban
en marcha, cuando recibió orden el General Diaz, que hiciese
alto; y poco" después se dio igual orden á las divisiones del ejér-
cito; y mas tarde el mismo General en Gefe mandó que todas
las tropas volvieran á ocupar las posiciones que tenían en sus
puestos del campamento. Este nuevo desengaHo, convenció á
todos que el General Oribe no quería decidir la cuestión por
medio de las armas; al mismo tiempo se hizo público en el
ejército la orden dada alas divisiones de Cerro Largo, Maldo-
nado y Minas, de regresar á sus deparlamentos hallándose ya
DE LAS BEPÜBLIGAS DEL PLATA 415
en marcha para el Cuartel General. El ejército empezó á des-
moralizarse dividiéndose en dos partidos el uno por la guerra y
el otro por la paz. A la cabeza del primero estaba el General
D. Antonio Diaz, y. el mismo presidente Oribe á la del segundo,
pero fingiendo siempre una disposición contraria.
La mayoría de los Jefes y oficiales de los cuerpos, estaban
con la opinión del General Diaz, y ciertamente que este no so
engañaba en asegurar que ningún soldado brasilero habia pa-
sado aun esta frontera que distaba nada menos de 1 00 leguas
del campo del General Urquiza que teníamos á la vista, ni se
engañaba tampoco en creer que derrotada y dispersa la fuerza
de este, lo que solo dependía de la resolución de hacerlo por
otra parte, los brasileros se abstendrían de penetrar en el Esta-
do Oriental, donde en casó de hacerlo se verían en la necesidad
de luchar con un ejército de 12,000 hombres aguerridos, y sin
contar con la fuerza del ejército sitiador que el General Diaz
jnzgaba necesario conservar en sus posiciones.-
En ese estado de disidencia ocurrieron algunos actos escan-
dalosos originados por la genialidad del General Oribe, pre-
dispuesto por aquel motivo contra el General Diaz, cuya pre-
sencia le era muy embarazosa , por la franqueza con que
discurría acerca de la situación, y del modo único y mas digno
que habia para dominarla. Esta desavenencia trascendental al
ejército, tenia en agitación los ánimos ; y el General Oribe que
no hallaba un pretesto para alejar del ejército al General Diaz,
resolvió enviarlo á Buenos Aires para recabar del Gobernador
Rosas, le mandase un cuerpo de tropa de 6 ú 8 milhombres á
la costa del Paraná, para llamar la atención de Urquiza, y en-
viar á la costa de San José ú otro punto inmediato á ella, 3,000
hombres de infantería. Esta solicitud habia sido hecha ante-
riormente por el General Oribe, que mandó con ese objeto á
Buenos Aires al señor D. Agustin Iturriaga. El General Oribe
sabia ya por el mismo Gobierno de Rosas que no debia contar
416 HISTOBU FOLinCÁ T HILIT4I
COD ooa ni coa otra cosa. El General Díaz, sin negarse á complir
sos órdenes, le dijo : que era mejor qoe folfiese á enriar á
Itarriaga annqne suponía qoe era inútil ; pero qne él estaba
persuadido qne le haría mucho mejor senicio, no separándose
del ejército. En este estado de cosas el General Oribe con la
Tiolenta situación en que se habia encerrado él mismo, y decidí-
do á no combatir porque temia un fin funesto si la suerte de
las armas llegaba á ponerlo ¿disposición desús enemigos, y
no sabiendo como salir de olla si no podia realizar su marcha á
Buenos Aires, se franqueó al fin con el General Diaz.
EM6 de Setiembre, después de algunas breves palabras acer*
ca del dicho objeto, y de la promesa de los Almirantes de In-
glaterra y Francia, le dijo, que le parecia que en caso de ser
necesario tratar de una transacción, debería hacerlo mas bien
con el General ürquiza, que con el Gobierno de Montevideo.
El General Diaz le contestó, que respecto de la oferta de los
Almirantes cscusado le parecia el hablar pues que la considera-
ba enteramente ilusoria, y que en el estado de la moral del ejér-
cito, creia necesario resolverse en el mismo dia ó 4 pelear ó á
transigir, porque toda dilación sería fatal para aceptar después
cualesquiera de los dos estremos de la disyuntiva. Que él creia
seguro el triunfo marchando inmediatamente sobre Urquiza,
cuyo solo anuncio, restablecería la moral del ejército ; pero que
de lo contrario no habia tiempo que perder en sacar el mejor
partido posible de un arreglo paciñco entendiéndose con Ur-
quiza, y no con el Gobierno de la Plaza, que nada habia de ha-
cer por si mismo. El General Oribe opuso ¿ esta reflexión su
antigua quimera que siempre habia tomado por pretesto los
brasileros.
El General Diaz no insistió sobre el particular,conociendo que
seria inútil tratar de convencerle de la falsedad de todos los
anuncios personales respecto de la incorporación del ejército
brasilero con el de Urquiza. Pero estrañando el General Oribe el
DE LAS REPÚBLICAS DEL PUTA 417
silencio del General Díaz, dijo : ¿ pues qué duda Yd. aun que los
brasileros estén reunidos á Urquiza? No señor, no lo dudo, si-
no que sé positivamente que tal reunión no existe ; y lo que
dudo es que el ejército del Brasil haya pisado aun nuestro terri-
torio.
Hay mas de veinte dias que según las noticias que usted
me ha dicho tener ese ejército, estaba ya reunido con Ur-
quiza ; es decir, que sus fuerzas en número de diez y sais mil
á diez y ocho mil hombres están solo á una legua de distancia de
nosotros. ¿ Qué ha hecho ese ejército hasta ahora que no ha
venido á batirnos y á arrojarnos de este punto ?
¿Pues qué seis mil hombres que aquí estamos acampados al
raso, y sin fortificación de ninguna. especie, podrían detenerla
marcha de un ejército tan numeroso? Hagamos si Yd. quiere
un reconocimiento con dos mil hombres de armas, arrollando
á una vanguardia que está en aqaella cuchilla, hasta descubrir
el ejército y nos desengafiaremos por nuestros propios ojos, si
hay ó no tales brasileros reunidos con Urquiza. El General Ori-
be, puso término á esta polémica, diciendo al General Diaz
que habia tiempo para -resolver ; pero que él sabia de cierto
que el ejército brasilero si no estaba reunido á Urquiza se halla*
ba á dos ó tres leguas á su retaguardia. Siendo eso asi, le dijo
el General Diaz, escusado espensarenninguna operación con
las armas, porque ciertamente no hay probabilidad alguna del
suceso si tratásemos de medirlas con fuerzas tan considerables.
El General Orí be se veia en aquel momento atacado como
diariamente lo estaba en aquella campaña, de su habitual y do^
lorosa enfermedad, la que sin duda contribuía mucho á debili-
tar su valor moral, y el Gsneral Diaz se retir j profaniamente
disgustado de la indecisión del General en Jefe, viendo que el
Ejército marchaba á pasos acelerados hacia su disolución. El
espíritu de este habia sido exelente antes del paso dado por
Oribe con los Agentes extrangeros, pero este acontecimiento y
448 HISTOBIA política Y MILITAR
la conducta débil y vacilante de aquel Jefe, debía necesaríameo-
te Ijacer traidores, jr en efecto, varios Jefes se habían puesto ya
de acuerdo con el General Urquiza.
El día 13 de Setiembre al medio dia el General Oribe mandó
llamar al General Diaz; cuando este llegó al Cuartel General ha-
lló allí al Comandante Moreno que había sido uno de los mas
acalorados partidarios para laguerra, pero que había compro-
metido su persona é intereses por la irresolución de Oribe, y ha-
bía cambiado repentinamente de opinión. El General Oribe dijo
al General Díaz: he llamado á Vd. para que lea esta carta y me
diga su parecer acerca de su contenido. La carta era del Coman-
dante Moreno al General Urquiza, en la que le decía: que de-
seando el General Oribe poner término á la guerra por medio de
un arreglo pacííico, lo había autorizado para dirigirse á él
por medio de aquella carta, con el fin de saber si estaba dis-
puesto á oir proposiciones que pudieran conducir á una tran-
sacion. El General Diaz, en vista de esa carta, dijo al Gene-
ral Oribe: que si efectivamente estaba resuelto á transigir,
animado por el deseo de restablecer la paz en el país, des-
pués de tantos años de guerra, le pareoia bien aquel paso; pero
que si en esa resolución podía influir algo la suposición de ha-
llarse incorporado el ejército del Brasil con el de Urquiza, su
opinión ya le era conocida, y que se mantenía en ella. El co-
mandante Moreno dijo entonces, que la paz era deseada por to-
dos ó la mayor parte de los jefes del ejército, y que respecto de
los brasileros, él tenia por indiscutible la incorporación de los
cuerpos de su ejército, con las tropas del General Urquiza.El Ge-
neral Diaz le contestó: que dudaba mucho lo primero y que no
creia absolutamente lo segundo; pero el General Oribe, que no
habló palabra durante la conversación aquella, resolvió que Mo-
reno saliese al dia siguiente temprano para el campamento del
General Urípiiza cuya vanguardia estaba á nuestra vista. En esa
misma tarde el General Díaz llamó la atencíoa del General Orí-
DE L^S REPÜBLIGAS DEL PLATA 4J9
be sobre la seguridad con que Moreno afirmaba que la mayor
parte de los jefes del ejército, opinaban por el arreglo pacifico
con ürquiza, y le propuso, que hiciese reunir á todos aquellos
jefes antes que Moreno saliese para el Cuartel General de ür-
quiza, para informarse de su modo de pensar, en la materia de
que se trataba ; en el concepto de que en el estado en que se
hallaban las cosas, parecía conveniente oir su parecer en un
asunto de tanta gravedad.
El General Oribe convino en eso, y en el acto ordenó al ede-
cán D. José Zermeño fuese á decir á Moreno que no marchase
para el campo de Urquiza antes de venir á verlo. Diaz le pro-
puso que al mismo tiempo hiciese convocar para la mañana si-
guiente á los jefes del ejército, y el General Oribe le contestó
que iba áverificarlo. El General Diaz, al retirarse para su campo,
le preguntó á qué hora quería que se citase á los jefes, y señaló
las 8 de la mañana. En esa inteligencia, le dijo el General
Diaz, voy á ordenarlo á los jefes de los 7 batallones de mi divi-
sión. Así lo hizo y al dia siguiente fué al Cuartel General antes
de salir el sol con el fin de hallarse presente cuando Moreno
fuese á ver al General en Jefe ; pero cuando llegí, fué infor-
mado por el ayudante de servicio, de que Moreno habia mar-
chado para el campo de Urquiza al toque de diana por disposi-
ción del General Oríbe.
El dia 15 regresó Moreno anunciando de parte de Urquiza
que estaba dispuesto á oir proposiciones El 16 el General Ori-
be con el Coronel Moreno, fueron al campo del General Diaz, y
en su carpa, después de una pequeña discusión sobre las bases
que se habia de tratar, quedó acordado el proyecto, el cual llevó
Moreno al General Urquiza en la tarde de ese mismo dia.
El 18 regresó con la noticia de que Urquiza lo aceptaba con
las pequeñas.variaciones que iban anotadas. El General Oribe
hizo llamar á Diaz para decirle ese resaltado. El General Diaz
se quedó algo suspenso, y Oribe le dijo: sin duda se admira Yd.
422 HISTORIA POLínCA T MILITAR
pensü en las coDsecuencias desagradables que podía traer aquel
proceder inconsecueote, y habiendo manifestado el Coronel La-
mas, que sin (levar una autorización le parecia inútil ir solo y que
se retirase á su campo, 6 bien que el Sr. Presidente nombrase
otra persona que fuese con él á entenderse con el General ürqui-
za, sobre la conclusión del tratado, y que él le acompañarla como
encargado de la discusión del artículo.— El General Diaz indicó
entonces al Presidente Oribe á su secretario al Dr. Caravia. Vi-
no éste y pronto ya para marchar le dijo, que solo esperábala
credencial que debia autorizarle para Armar el tratado, y traerlo
luego á la ratificación. El Presidente Oribe contestó nuevamen-
te que no firmaba esa autorización, y que si quería ir sin ella
que fuera, y sino que se retirase. Finalmente el Dr. Caravia dijo
que iria de cualquier modo que el Sr. Presidente lo mandase, y
estando ya para montar á caballo con el Coronel Lamas, le dijo
el presidente Oribe, que demorase su marcha hasta el dia si-
guiente; sin embargo, como no eran mas que las 3 de la tarde,
el General Diaz le dijo que era mejor no perder tiempo, pues
saliendo entonces llegarian al ponerse el sol al campamento del
General Urquiza. El Presidente insistió en que se demorase
hasta el dia siguiente, y asi se hizo.
Al dia siguiente mandaron al Coronel Lamas y al doctor Cara-
via, y el ejército continuó su marcha hacia Santa Lucía Grande,
y á las 1 1 de la mañana llegó un chasque del General Urquiza,
conduciendo una carta cuyo contenido era avisar que rompía
las hostilidades. Una hora después llegaron de regreso el doctor
Caravi i y el coronel Lamas que habían llegado al Cuartel Gene-
ral de Urquiza, después de haber salido aquel chasque y venia
ya en marcha; por consiguiente nada hicieron ni pudieron hacer
respecto del objeto de su comisión. El General Urquiza dijo
sin embargo al doctor Caravia las razones que tenia para reno-
var las hostilidades, y entre otros motivos le dijo, que sabía á
no dudarlo que el General Oribe estaba de malafé refíriéudole
.y
DE LAS REPÚBLICAS DEL PLATA 423
el contenido de la carta del comandante Moreno y lo que el
comandante Valdez y algunos ofíciales le habían informado
personalmente; el Presidente Oribe determinó sin embargo
enviar nuevamente á ios mismos comisionados con la contesta-
ción á la carta de ürquiza, encargándoles procurasen recabar de
él la observancia de lo convenido, estipulado etc. etc.
El ejército marchó al dia siguiente al rio de Santa Lucia por
el paso del Soldado, y á las 10 de la mañana acampados al
Norte del Mata Ojo, antes del paso del Soldado. El General Diaz
le dijo al Presidente Oribe que creia mejor aguardar en aque-
llos, el resultado de la comunicación de Caravia, porque sí
ürquiza convenia en renovar el tratado, era preciso dejar en
aquel puesto los batallones Libertad é Independencia Amen-
cana, coa arreglo al articulo, y que si esos cuerpos pasaban con
el ejército al Sur del rio, seria para ürquiza un motivo ó pre-
testo para continuar las hostilidades. El Presidente Oribe, no
quiso sin embargo demorar el paso del rio, diciendo que en
todo caso esos cuerpos volverían á cruzarlo. Mandó del paso de
Mata-Qjo á los comisionados, á donde regresaron estos sin ha-
ber obtenido de ürquiza ningún resultado.
El dia siguiente continuó el ejército su marcha hasta el sur
del Arroyo de las Piedras ; y alli dio orden el Presidente de pre-
parar las tropas para pelear al dia siguiente; pero á la noche de
ese dia cuando el General Diaz se retiraba á su campo después
de haber revistado los batallones que formaban la división, lo
llamó el presidente y le dijo que había resuelto seguir mas bien
la marcha hasta el Cerríto de la Victoria para dar alli una bata-
lla, y como en ese caso seria preciso pelear á un mismo tiempo
con ürquiza y con la guarnición de la plaza, creia que aquello
era lo acertado.
El dia 7 de Octubre las tropas de ürquiza estaban en las in-
mediaciones, de la quinta de Legris, detenidas por algunos bata-
llones del ejército que manteniau estériles guerrillas,eQ las avao-
índice del tomo VII I
PAGINAS
(k>ncluye el capítulo anterior 3
OAI»ITUlL.O H
Sesión parlamentaria en Francia sobre los uuntos de la República Argentina ... «7
OAI>ITlJI-iO III
Muerte del Dr. D. Santiago Vázquez — Maldonado — Sucesos políticos y militares
en aquel punto — Muerte del teniente coronel D. José M. Caballero — Otros
SUC&H09 parciales — Prisión y destierro del General Rivera á Santa Catalina
— Importantes documentos de la referencia — Montevideo, su situación po-
lítica y militar — Sucesos en el campamento sitiador — Estado general del
resto de la República 117
OAI>ITUIjO IV
Anuncio de la misión Gore y Gros — Asesinato del doctor D- Florencio Várela
— Documentos diplomáticos —Sucesos de la Colonia — Asalto y toma de
esta ciudad — Situación de Montevideo — Carta del General Oribe sobre
l'rquiza — Pasaporte á Pacheco y Obes — Reclamación y protesta de la
Legión Argentina — Invasión del Barón de Yacuhv (a) Chico Pedro - - Se-
gunda invasión y derrota de este - Actitud del Brasil — Sus antecedentes
políticos respecto del Estado Oriental — Instrucciones reservadas para el
MarqutVs de Santo Amaro — Memorándum del Vizconde de Abrantes . . 192
OAI^ITULO V
Situación de la República Argentina — Suplicio de Camila O'Gonnan — Expulsión
del señor Picolet — Capitanejos — D^írrota del cacique Amatolec, y ester-
mínio de sus tribus — > Informe del Ministro franc<^s Mareuil — Actitud de
las Cámaras Brasileras - Tratado Lepredour — Ratiñcacion del Tratado
entre Inglaterra y la República Argentina — Muerte del General San Martin
— fgSI — PronuQciamif;nto del General Urquiza— Publicaciones contra
t^tc — La vida de un traidor •> Acontecimientos en toda la República
Oriental — Nuevo orden de cosas — Diso ucionde* ejército del General don
Manuel Oribe ~ i^ormadon del gran ejército — Marcha de este contra el
General Rosas 297
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V.3
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